Annabeth escuela de adiestramiento para perros

En la gran sala…

Todos se acomodaron en sus asientos… Sally pidió leer el siguiente capítulo…

-Annabeth escuela de adiestramiento para perros (Leyó no en absoluto extrañada de las ocurrencias de su bebe)

Estábamos en las sombras del bulevar Valencia, mirando el rótulo de letras doradas sobre mármol negro:

«ESTUDIOS DE GRAVACIÓN EL OTRO BARRIO.»

Debajo, en las puertas de cristal, se leía:

«Abogados no, vagabundos no, vivos no.»

-¿Ese cartel pueden leerlo los mortales? (Cuestiono Jasón a su tío)

Hades asintió con la cabeza. –Pueden leerlo, pero la niebla los convence de que no hay nada raro. (Informo casualmente, Jasón asintió conforme)

Era casi medianoche, pero el recibidor estaba bien iluminado y lleno de gente. Tras el mostrador de seguridad había un guardia con gafas de sol, porra y aspecto de hombre duro.

Me volví hacia mis amigos.

-Muy bien. ¿Recuerdan el plan? (Cuestione con entusiasmo)

-¿El plan? (Grover tragó saliva) Sí. Me encanta el plan. (Dijo pero no parecía muy convencido)

-¿Qué plan? (Pregunto Thalía confundida, no habían leído ningún plan)

-Espera… (Murmuro Annabeth)

-¿Qué pasa si el plan no funciona? (Preguntó Annabeth)

-¿Por qué siempre eres tan negativa Anna? (Inquirió Piper a su mejor amiga)

-Yo no soy negativa Piper… (Aseguro Annabeth dándole fin a la conversación)

-No pienses en negativo. (Le pedí/Suplique)

-Vale… Vamos a meternos en la tierra de los muertos y no tengo que pensar en negativo. (Dijo con sarcasmo)

La ignore.

Saqué las perlas de mi bolsillo, las tres que la nereida me había dado en Santa Mónica.

-La nereida claro… (Se burló Annabeth con celos)

Los semidioses rieron por lo bajo.

En su palacio las ojiverdes reían de las payasadas de su novia/esposa.

Si algo iba mal, no parecían de mucha ayuda.

Todos en la sala miraron a Annabeth esperando un comentario sarcástico, ella solo los ignora centrando su mira en Sally.

Annabeth me puso una mano en el hombro.

-Lo siento, Persi, los nervios me traicionan. (Admitió sonando verdaderamente apenada)

-¿Tú te disculpaste? (Cuestiono Luke mirándola sorprendido)

-Desde que Persi llegó a mi vida cambie mucho Luke… (Contesto Annabeth con voz seca)

-Y para mejor… (Agrego Thalía sonriendo)

Luke solo se limitó a asentir, sabía que otro comentario no sería bien recibido por las semidiosas.

-Pero tienes razón, lo conseguiremos. (Aseguro sonriendo brillante) Todo saldrá bien. (Y le dio un codazo a Grover)

Él sátiro se sobo las costillas adoloridas, le envió una mirada de muerte a Annabeth, después hablo. -¡Oh, claro que sí! (Dijo asintiendo con la cabeza) Hemos llegado hasta aquí. (Señalo su espalda donde el estudio estaba) Encontraremos el rayo maestro y salvaremos a tu madre. Ningún problema. (Aseguro palmeando mi hombro)

Los miré y me sentí agradecida. Sólo unos minutos antes, por poco habían muerto en unas lujosas camas de agua, y ahora intentaban hacerse los valientes por mí, para infundirme ánimos.

-Espera… (Gritó Annabeth) ¿Hacernos? (Cuestiono con molestia) Somos valientes… ¿Verdad Grover? (Le pidió al sátiro, que asintió enérgicamente, sacando pecho)

Los semidioses y dioses se quedaron callados, se formó un silencio incomodo en la sala…

-Mmm Sally… continúa por favor… (Alentó Hazel, ya no soportar el silencio)

La madre de la azabache asintió enviándole una sonrisa dulce a la semidiosa adorable.

Me metí las perlas en el bolsillo.

-Vamos a golpear un poco al dios de los muertos… (Dije con convicción, comenzando a caminar)

Hades levanto una ceja cuestionante a los únicos dos integrantes del trio de oro que estaban presentes, estos se sonrojaron y bajaron la mirada.

Entramos en la recepción de EOB.

Una música suave de ascensor salía de altavoces ocultos.

La moqueta y las paredes eran gris acero. En las esquinas había cactus como manos esqueléticas. El mobiliario era de cuero negro, y todos los asientos estaban ocupados. Había gente sentada en los sofás, de pie, mirando por las ventanas o esperando el ascensor. Nadie se movía, ni hablaba ni hacía nada. Con el rabillo del ojo los veía a todos bien, pero si me centraba en alguno en particular, parecían transparentes.

Veía a través de sus cuerpos.

-Eso fue escalofriante… (Murmuro Grover)

Todos los que habían estado en presencia de algún fantasma asintieron.

El mostrador del guarda de seguridad era bastante alto, así que teníamos que mirarlo desde abajo.

-Pulgas… (Murmuro Heracles, para su suerte nadie lo oyó)

Era un negro alto y elegante, de pelo teñido de rubio y cortado estilo militar. Llevaba gafas de sol de carey y un traje de seda italiana a juego con su pelo. También lucía una rosa negra en la solapa bajo una tarjeta de identificación.

-Al parecer el sigue teniendo un gusto por cosas caras aun en el futuro… (Murmuro Hades con diversión)

Nico asintió y bufo con falso fastidio, en verdad le gradaba Caronte…

Intenté leer su nombre.

-¿Se llama Quirón? (Dije, confundida)

Él dios de los muertos cerró los ojos y suspiró sabiendo lo que venía…

Él se inclinó hacia delante desde el otro lado del mostrador. En sus gafas sólo vi mi reflejo, pero su sonrisa era dulce y fría, como la de una pitón justo antes de comerte.

-Buena analogía jefa alga… (Aprobó Thalía)

Nico asintió en acuerdo.

-Mira qué preciosidad de jovencitos tenemos aquí. (Tenía un acento extraño, británico quizá, pero también como si el inglés no fuera su lengua materna) Dime, ¿te parezco un centauro? (Cuestiono con sarcasmo frio)

-N… n… No. (Tartamudeé)

-Señor (Añadió con suavidad, pero severo, sin lugar a quejas)

-Señor (Repetí automáticamente)

-Hey está intimidando a mi bebe… (Hera y Sally se quejaron a coro, totalmente indignadas)

Hades se encogió de hombros. –No puedo hacer nada… (Dijo indiferente)

Las mujeres resoplaron… Sally continúo leyendo…

Agarró su tarjeta de identificación con dos dedos y pasó otro bajo las letras.

-¿Sabes leer esto, princesa? Pone C… A… R… O… N… T… E. Repite conmigo: Ca… ron… te.

Hablo lentamente como si estuviera enseñándole a un bebe, un poco me irrito. -Caronte. (Dije duramente)

Los semidioses fruncían el ceño un poco irritados también por la actitud del tipo.

-¡Impresionante! (Dijo ignorando mi tono) Ahora di: señor Caronte. (Mando nuevamente con la voz irritante)

Apreté los dientes. -Señor Caronte. (Masculle)

-Muy bien. (Volvió a sentarse) Detesto que me confundan con ese viejo jamelgo de Quirón.

Quirón frunció el ceño indignado. Lupa rio.

-Y bien, ¿En qué puedo ayudarlos, pequeños muertecitos? (Cuestiono con facilidad)

La pregunta me golpeó en el estómago como un puño. Miré a Annabeth, vacilante.

-Queremos ir al inframundo (Intervino ella)

Nico negó con la cabeza. –Va a sospechar. (Aseguro)

Annabeth y Grover asintieron.

Caronte emitió un silbido de asombro. -Vaya, niña, eres toda una novedad. (Admitió)

-¿Sí? (Annabeth cuestiono vacilante)

-Directa y al grano. (Dijo) Nada de gritos. Nada de «tiene que haber un error, señor Caronte». (Se nos quedó mirando, evaluándonos) ¿Y cómo murieron, pues? (Inquirió)

-Les dije… (Hablo Nico con suficiencia)

Thalía lo golpeo en la cabeza. -Nadie dijo lo contrario aliento de muerte. (Se burló)

Le solté un codazo a Grover.

-Bueno… Esto… ahogados… en la bañera. (Respondió él)

Annabeth y yo lo miramos incrédulos… ¿Eso era lo mejor que pudo reunir?

-¿Los tres? (Cuestiono incrédulo y no lo culpo)

Sin otra opción asentimos.

-Gran bañera. (Caronte parecía impresionado) Supongo que no tendrán monedas para el viaje. Verán, cuando se trata de adultos puedo cargarlo a una tarjeta de crédito, o añadir el precio del ferry a la factura del cable. Pero los niños… Vaya, es que nunca se mueren preparados. Supongo que tendrán que esperar aquí sentados unos cuantos siglos. (Dijo no sonando lo siento en absoluto, es más parecía divertido)

Los dioses miraron a Hades con una ceja azada cuestionante, este se encogió en su trono. –Hablare con él al respecto… eso es desconsiderado… (Admitió. Hestia asintió con una sonrisa satisfecha, al igual que los demás, el rey del inframundo suspiro aliviado)

Bufe por lo bajo. -Si tenemos monedas. (Dije y puse tres dracmas de oro en el mostrador, parte de lo encontrado en el despacho de Crusty)

-Bueno, bueno… (Caronte se humedeció los labios) Dracmas de verdad, de oro auténtico. Hace mucho que no veo una de éstas… (Sus dedos acariciaron codiciosos las monedas)

-¿De verdad? (Inquirió Nico exasperado) ¿No quieren mejor colgar un cartel en su cuello que diga "semidiosas"?

Annabeth se encogió de hombros indiferente, Sally lo tomo como señal para continuar.

Entonces Caronte me miró fijamente y su frialdad pareció atravesarme el pecho.

-A ver (Dijo) No has podido leer mi nombre correctamente. ¿Eres disléxica, princesa?

¿Por qué ese empeño de todos en llamarme princesa? Pensé con molestia.

-No (Mentí entre dientes) Soy una muerta.

Caronte se inclinó hacia delante y olisqueó.

-No eres ningún muerto. (Arrugo la nariz) Debería haberme dado cuenta. Eres una diosecilla.

Cerré los ojos y frote mi cara con cansancio, no llegue hasta aquí para ser detenida ahora. -Tenemos que llegar al inframundo (Insistí)

-No lo hagas enojar… (Murmuro Artemis)

Caronte soltó un profundo rugido. Todo el mundo en la sala de espera se levantó y empezó a pasearse con nerviosismo, a encender cigarrillos, mesarse el pelo o consultar los relojes.

-Márchense mientras puedan (Nos advirtió Caronte) Me quedaré las monedas y olvidaré que los he visto. (Hizo ademán de guardárselas, pero yo se las arrebaté)

-¿Por qué no escuchas? (Suspiro la diosa de la caza con frustración)

-Es Persi… (Contesto Piper casualmente)

-Sin servicio no hay propina. (Intenté parecer más valiente de lo que me sentía)

Caronte volvió a gruñir, esta vez un sonido profundo que helaba la sangre.

Los espíritus de los muertos empezaron a aporrear las puertas del ascensor.

-Es una pena (Suspiré) Teníamos más que ofrecer. (Comente con falsa tristeza)

Le enseñé la bolsa llena con las cosas de Crusty. Saqué un puñado de dracmas y dejé que las monedas se escurrieran entre mis dedos.

Hades sonrió satisfecho. –Ho esa es una buena idea sobrina… (Alabó)

El gruñido de Caronte se convirtió en una especie de ronroneo de león.

-¿Crees que puedes comprarme, criatura de los dioses? (Pregunto con sarcasmo, luego miro la bolsa con avidez) Oye… sólo por curiosidad, ¿cuánto tienes ahí?

-Si… Curiosidad… (Se burló Leo)

Los dioses y semidioses rieron.

-Mucho (Contesté con confianza) Apuesto a que Hades no le paga lo suficiente por un trabajo tan duro.

Hades que estaba bebiendo un poco de agua se atraganto y tosió. –Ella no pudo haber dicho eso… (Espetó cuando se recuperó) Sabes cómo va molestarme… ya de por si lo hace… no me imagino si le dan la "razón" (Se quejó como un niño)

-Hades compórtate. (Lo regaño Hestia)

El dios de los muertos iba a protestar, pero una mirada de su hermana lo hizo echarse para atrás.

-Uf, si te contara… (Murmuro frotando su cara) Pasar el día cuidando de estos espíritus no es nada agradable, te lo aseguro. Siempre están con «por favor, no dejes que muera», o «por favor, déjame cruzar gratis». Estoy harto. Hace tres mil años que no me aumentan el sueldo. ¿Y te parece que los trajes como éste salen baratos? (Informo señalado su traje)

-Te merece algo mejor (Coincidí) Un poco de aprecio. Respeto. Buena paga. (A cada palabra, apilaba otra moneda de oro en el mostrador)

El señor del inframundo bufo y gimió de frustración con cada palabra.

Caronte le echó un vistazo a su chaqueta de seda italiana, como si se imaginara vestido con algo mejor.

-Debo decir, princesa, que lo que dices tiene algo de sentido. (Estuvo de acuerdo) Sólo un poco, ¿eh? (Espeto al ver mi sonrisa)

Apilé unas monedas más. -Yo podría mencionarle a Hades que usted necesita un aumento de sueldo…

-¿Está siendo seria en esto? (Se quejó/cuestiono el dios de los muertos a Annabeth y Grover)

Los semidioses rieron. Annabeth y Grover se encogieron de hombros divertidos para irritar al dios.

Suspiró. -De acuerdo. El barco está casi lleno, pero intentaré meterlos con calzador, ¿Bien? (Se puso en pie, recogió las monedas y dijo) Síganme.

Se abrió paso entre la multitud de espíritus a la espera, que intentaron colgarse de nosotros mientras susurraban con voces lastimeras.

La hija de Atenea hizo una mueca de tristeza al recordar a una niña que no parecía más de 5 años rogarle que la llevara con ella y como tuvo que dejarla allí, aun cuando el corazón le dolía por ayudarla.

Caronte los apartaba de su camino murmurando: «Largo de aquí, gorrones.»

Hestia estaba cada vez más indignada con Caronte, los muertos también merecen respeto. Pero ya se había hecho una promesa de bajar a los bajos fondos y enseñarle a ese hombre unas cuantas lecciones ni bien la lectura termine.

Nos escoltó hasta el ascensor, que ya estaba lleno de almas de muerto, cada una con una tarjeta de embarque verde.

Caronte agarró a dos espíritus que intentaban meterse con nosotros y los devolvió a la recepción.

La diosa del hogar bufo. Los otros dioses temían por la salud del portero si alguna vez se cruzaba con su hermana/tía.

-Bien. Escuchen: que a nadie se le ocurra pasarse de listo en mi ausencia (Anunció a la sala de espera) Y si alguno vuelve a tocar el dial de mi micrófono, me aseguraré de que pase aquí mil años más. ¿Entendido?

Cerró las puertas. Metió una tarjeta magnética en una ranura del ascensor y empezamos a descender.

-¿Qué les pasa a los espíritus que esperan? (Preguntó Annabeth con preocupación)

La diosa del hogar miro a Annabeth cariñosamente y le sonrió, a lo que la hija de Atenea correspondió.

-Nada (Repuso Caronte indiferente)

Fruncí el ceño, abrí la boca para hablar, pero Annabeth me interrumpió, robando las palabras de mi boca…

-¿Durante cuánto tiempo? (Inquirió un poco irritada por la actitud de Caronte)

-No es la única… (Murmuraron varios en la sala)

-Para siempre, o hasta que me siento generoso. (Dijo con aire de suficiencia)

-Vaya (Hablo Annabeth con dureza) Eso no parece… justo.

Caronte arqueó una ceja. Miro a Annabeth de pies a cabeza, deteniéndose más de lo necesario en ciertas partes de su cuerpo, mientras se lamia los labios. Mi ceño se profundizo y mi sangre hirvió.

"Él no tiene derecho a verla de esa manera…" Mi mente gritó con rabia.

Tome aire y te de controlar mi ira.

-Alguien esta celosa… (Canto Piper con malicia)

Afrodita y Drew tanto chillaron en acuerdo.

Annabeth se sonrojo, pero sonrió contenta por la información.

-¿Quién ha dicho que la muerte sea justa, niña? (Inquirió con brusquedad) Espera a que llegue tu turno. (Rio con sarcasmo) Yendo a dónde vas, morirás pronto.

Grover palideció, Annabeth cerró los ojos y suspiro.

-Saldremos vivos (Respondí con firmeza)

-Ja. (Se burló)

-Realmente está poniendo aprueba mi paciencia… (Murmuro Sally con molestia)

Las diosas y semidiosas asintieron en acuerdo.

De repente me sentí mareada.

No bajábamos, sino que íbamos hacia delante. El aire se tornó neblinoso. Los espíritus que nos rodeaban empezaron a cambiar de forma. Sus prendas modernas se desvanecieron y se convirtieron en hábitos grises con capucha. El suelo del ascensor empezó a bambolearse.

Cerré los ojos con fuerza. Cuando los abrí, el traje de Caronte se había convertido en un largo hábito negro, y tampoco llevaba las gafas de carey. Donde tendría que haber habido ojos sólo había cuencas vacías; como las de Ares pero totalmente oscuras, llenas de noche, muerte y desesperación.

Los semidioses hicieron una mueca.

-Gracias por las imágenes Persi… (Dijo Leo con sarcasmo)

Jasón y Franck asintieron a lo dicho por su amigo.

Advirtió que lo miraba:

-¿Qué pasa? (Pregunto con molestia)

-No, nada (Conseguí decir sin que mi voz se quiebre)

Pensé que estaba sonriendo, pero no era eso. La carne de su rostro se estaba volviendo transparente, y podía verle el cráneo.

-EW PERSI… (Chillo/Quejó Drew)

Los semidioses y dioses hicieron una mueca a su tono alto, ya que daño sus oídos. Las semidiosas y diosas rieron por lo bajo.

El suelo seguía bamboleándose.

-Me parece que me estoy mareando (Dijo Grover arrastrando las palabras, como si estuviera ebrio)

Hubiese reído, si no estuviese mareada también.

Volví a cerrar los ojos, al abrirlos el ascensor ya no era un ascensor. Estábamos encima de una barcaza de madera. Caronte empujaba una pértiga a través de un río oscuro y aceitoso en el que flotaban huesos, peces muertos y otras cosas más extrañas: muñecas de plástico, claveles aplastados, diplomas de bordes dorados empapados.

-El río Estige… (Dijo Atenea en su tono de maestra)

-El río Estige (Murmuró Annabeth bajo aliento)

Poseidón rió. – ¿Por qué no me sorprende? (Hablo divertido) De tal madre tal hija… (Miro a Atenea) Tienes que estar orgullosa…

-Lo estoy… (Asintió la diosa de la sabiduría, sonriendo a su hija, que se sonrojo por el tono de orgullo en la voz de su madre)

-Está tan… (Comencé solo para cerrar la boca sin saber que decir)

-Contaminado (Me ayudó Caronte, asentí) Durante miles de años, ustedes los humanos han ido tirando de todo mientras lo cruzaban: esperanzas, sueños, deseos que jamás se hicieron realidad. Gestión de residuos irresponsable, si vamos a eso.

La niebla se enroscó sobre la mugrienta agua. Por encima de nosotros, casi perdido en la penumbra, había un techo de estalactitas. Más adelante, la otra orilla brillaba con una luz verdosa, del color del veneno.

El pánico se apoderó de mi garganta. ¿Qué estaba haciendo allí? Toda aquella gente alrededor… estaba muerta.

Thalía estallo en una gran carcajada, seguida poco después por todos los demás.

-Ho dioses… ella es algo más… (Resoplo la hija de Zeus entre jadeos)

Annabeth estaba rodando por el piso, agarrando sus costados, su cuerpo convulsionando por el ataque de risa masivo.

En ese momento hubo un resplandor y la familia Jackson se quede allí en el medio de la sala, sonrisas divertidas al ver el estado de los presentes, ya que hasta los dioses estaban riendo.

Nadie había notado su llegada aun.

-Wow… Feliz de que mi mini ataque de pánico les de gracia… (Ironizo la azabache mayor con sarcasmo)

Artemis y Annabeth se quedaron sin aliento al sonido de su voz, notando ahora su repentina presencia.

-Persi… (Gritaron ambas mujeres y se lanzaron para abrazar, primero a sus hijos y luego a las ojiverdes)

Poco después los demás también notaron su presencia, corrieron a besar y abrazar a los recién llegados con entusiasmo.

Comenzaron a lanzar preguntas a las azabaches, las cuales negaron con la cabeza y levantaron las manos en señales de stop.

-Hablaremos cuando se termine el capítulo. (Sentencio la ojiverde mayor, retomando su trono, Persi (J) y sus hijos sentándose al rededor)

Asintiendo a regañadientes y regresaron a sus lugares para continuar la lectura…

Annabeth me agarró de la mano. En circunstancias normales, me habría dado vergüenza, pero entendía cómo se sentía. Quería asegurarse de que alguien más estaba vivo en el barco.

-¿Seguro que era? (Se burló Piper)

Annabeth se sonrojo. –Uff Pip… (Se quejó, pero no lo negó)

Las azabaches sonrieron con malicia, pero no dijeron nada.

Me descubrí murmurando una oración, aunque no estaba muy seguro de a quién se la rezaba. Allí abajo, sólo un dios importaba, y era el mismo al que había ido a enfrentarme.

La orilla del inframundo apareció ante nuestra vista. Unos cien metros de rocas escarpadas y arena volcánica negra llegaban hasta la base de un elevado muro de piedra, que se extendía a cada lado hasta donde se perdía la vista.

Llegó un sonido de alguna parte cercana, en la penumbra verde, y reverberó en las rocas: el gruñido de un animal de gran tamaño.

-Cerberos… (Murmuro Nico con cariño)

-El viejo Tres Caras está hambriento (Comentó Caronte. Su sonrisa se volvió esquelética a la luz verde) Mala suerte, diosecillas.

La quilla de la barcaza se posó sobre la arena negra. Los muertos empezaron a desembarcar. Una mujer llevaba a una niña pequeña de la mano.

Un anciano y una anciana cojeaban agarrados del brazo. Un chico, no mayor que yo, arrastraba los pies en su hábito gris.

-Qué pena por esas personas… (Se apiado Hestia)

-Estoy de acuerdo hermana… (Concordó Hera)

-Te desearía suerte, princesa (Dijo Caronte) pero es que ahí abajo no hay ninguna. (Rió) Pero oye, no te olvides de comentar lo de mi aumento. (Dijo con burla)

Persi (J) bufó. -¿Enserio? ¿Por qué todo el mundo insiste en llamarme princesa? ¿Me veo como una? (Pregunto con molestia)

Todos en la sala la miraron de pies a cabeza evaluadoramente. Pero nadie dijo nada y volvieron a mirar a Sally, alentándola a continuar.

Contó nuestras monedas de oro en su bolsa y volvió a agarrar la pértiga. Entonó algo que parecía una canción de Barry Manilow mientras conducía la barcaza vacía de vuelta al otro lado.

-Estamos solos… (Suspiro Grover cuando la barca desapareció)

-Que deprimente Grov… (Dije Jasón divertido, intentando aligerar el ambiente)

Grover se encogió de hombros sonriendo levemente, los demás rieron, confirmándole al rubio que había logrado desesterarlos un poco.

Nos dimos vuelta y seguimos a los espíritus por el gastado camino.

No estoy muy segura de qué esperaba encontrar: puertas nacaradas, una reja negra enorme o algo así. La verdad es que la entrada a aquel mundo subterráneo parecía un cruce entre la seguridad del aeropuerto y la autopista de Nueva Jersey.

Había tres entradas distintas bajo un enorme arco negro en el que se leía:

«Está entrando en erebo.»

Cada entrada tenía un detector de metales con cámaras de seguridad encima. Detrás había cabinas de aduanas ocupadas por fantasmas vestidos de negro como Caronte.

El rugido del animal hambriento se oía muy alto, pero no vi de dónde procedía. El perro de tres cabezas, Cerbero, que supuestamente guardaba la puerta del Hades, no estaba por ninguna parte.

-Solo espera… (Susurro Hazel con una sonrisa, pensando en el perro adorable)

Los muertos hacían tres filas, dos señaladas como «EN SERVICIO», y otra en la que ponía: «MUERTE RÁPIDA.» La fila de muerte rápida se movía velozmente. Las otras dos iban como tortugas.

-¿Qué te parece? (Le pregunté a Annabeth)

-La cola rápida debe de ir directamente a los Campos de Asfódelos (Dijo en su tono de "Yo lo sé todo") No quieren arriesgarse al juicio del tribunal, porque podrían salir mal parados.

-Por supuesto… Nadie quiere ir a los campos de castigo… (Espeto Hades con indiferencia)

Los semidioses asintieron en acuerdo, los dioses ni se preocupaban y ellos no tenían, total jamás morirían.

Fruncí el ceño sin entender. -¿Hay un tribunal para los muertos? (Pegunte con curiosidad)

-Sí. (Asintió) Tres jueces. Se turnan los puestos. El rey Minos, Thomas Jefferson, Shakespeare; gente de esa clase. (Enumero con simpleza) A veces estudian una vida y deciden que esa persona merece una recompensa especial: los Campos Elíseos. (Sonrió) Espero ir allí algún día. (Confeso) En otras ocasiones deciden que merecen un castigo. Pero la mayoría… (Se encogió de hombros) en fin, sencillamente vivieron, son historia. Ya sabes, nada especial, ni bueno ni malo. Así que van a parar a los Campos de Asfódelos.

Mire las líneas y luego de nuevo a ella. -¿A hacer qué? (Inquirí)

-Imagínate estar en un campo de trigo de Kansas para siempre (Contestó Grover)

Me estremecí. -Qué agobio (Respondí con lastima viendo la fila rápida)

Deméter frunció el ceño. –No es tan malo… (Regaño)

Persi (M) y Persi (J) levantaron las manos en señal de rendición.

-Tampoco es para tanto (Murmuró Grover) Mira. (Un par de fantasmas con hábitos negros habían apartado a un espíritu y lo empujaban hacia el mostrador de seguridad. El rostro del difunto me resultaba vagamente familiar) - Es el predicador de la tele, ¿te acuerdas?

-Claro, sí. (Ya me acordaba. Lo había visto en la televisión un par de veces, en el dormitorio de la academia Yancy. Era un telepredicador pelmazo que había recaudado millones de dólares para orfanatos y después lo habían sorprendido gastándose el dinero en cosas como una mansión con grifos de oro y un minigolf de interior. Durante una persecución policial su Lamborghini se había despeñado por un acantilado)

Hestia chillo escandalizada. – Que hombre más desagrádale… (Miro a Hades) Espero que hagas que se arrepienta de todo lo que hizo… (Espeto con molestia)

-Por supuesto hermana… (Se apresuró a contestar Hades, no queriendo estar en el lado malo de su hermana)

La diosa del hogar asintió satisfecha.

-Castigo especial de Hades (Supuso Grover) La gente mala, mala de verdad, recibe una atención personal en cuanto llegan. Las Fur… Las Benévolas prepararán una tortura eterna para él.

-Bien merecido. (Mascullo Hestia aun molesta)

Pensar en las Furias me hizo estremecer. De pronto caí en la cuenta de que en aquel momento me hallaba en su territorio. La buena de la señora Dodds estaría relamiéndose de la emoción.

-Eso ni lo dudes… (Aseguro Nico) De hecho aún me pregunta si puede matarte…

Persi (M) se encogió de hombros. –En mi tiempo Alecto es una gran amiga para hablar. (Informo despreocupada)

Nico, Hazel y Hades la miraban atónitos.

-Dices que mi furia… Alecto… es tu ¿Amiga? (Hablo el dios de los muertos, choque evidente en su voz)

La azabache puso los ojos. –Si tío eso es lo que dije… (Contesto fingiendo exasperación, la verdad es que le divertía, sus reacciones)

-Ni se porque me sorprendo… (Hazel dijo pareciendo decepcionada de ella misma, por no recordar lo especial que es su prima/hermana)

-Pero si es predicador y cree en un infierno diferente… (Objeté confundida)

Grover se encogió de hombros. -¿Quién dice que esté viendo este lugar como lo vemos tú y yo? (Pregunto con indiferencia, mirando a ningún lugar) Los humanos ven lo que quieren ver. Son muy cabezotas… quiero decir, persistentes. (Reformulo al ver el ceño de Annabeth)

-No eres el único que le tiene miedo Grov… (Lo compadeció Travis)

-Por lo menos no fue la mirada helada… (Complemento Connor)

-Esa sí que asusta… (Retomo Travis)

En ese momento Annabeth les dio la mirada. -¿Perdón? (Inquirió en voz peligrosamente tranquila)

-Ven… (Chillo Connor y se escondió tras su hermano, que parecía que el color se había esfumado de su rostro)

-Cállate… (Espeto Travis a su gemelo, no queriendo enojarla más) Puede continuar Sally… (Pidió muy amable, después de todo, Sally también era como una madre a ellos)

Sally le sonrió y asintió.

Nos acercamos a las puertas. Los alaridos se oían tan alto que hacían vibrar el suelo bajo mis pies, aunque seguía sin localizar el lugar del que procedían.

Entonces, a unos quince metros delante, la niebla verde resplandeció.

Justo donde el camino se separaba en tres había un enorme monstruo envuelto en sombras. No lo había visto antes porque era semitransparente, como los muertos. Si estaba quieto se confundía con cualquier cosa que tuviera detrás. Sólo los ojos y los dientes parecían sólidos.

Y estaba mirándome.

Persi (J) se estremeció, aunque ahora se llevaba bien con Cerbero, en ese momento esa mirada le helo la sangre.

Casi se me desencajó la mandíbula. Lo único que se me ocurrió decir fue:

-Es un rottweiler. (En voz pánico)

La sala que estaba en un silencio tenso, de repente estallo en carcajadas. Las ojiverdes se sonrojaron y miraron el suelo, aunque estaban sonriendo.

-¿Rottweiler? (Inquirió Thalía entre jadeos)

-Lo que sea… (Murmuro Persi (M) cruzando los brazos sobre el pecho) mamá sigue…

Siempre me había imaginado a Cerbero como un enorme mastín negro. Pero evidentemente era un rottweiler de pura raza, salvo por el pequeño detalle de que también era el doble de grande que un mamut, casi del todo invisible, y tenía tres cabezas.

-¿Pequeños detalles? (Le pregunto Artemis divertida)

Las Persi´s solo le sacaron la lengua.

-Muy madura… (Se burló la diosa de la caza)

Las azabaches solo se encogieron de hombros.

Los muertos caminaban directamente hacia él: no tenían miedo. Las filas en servicio se apartaban de él cada una a un lado. Los espíritus camino de muerte rápida pasaban justo entre sus patas delanteras y bajo su estómago, cosa que hacían sin necesidad de agacharse.

-No digas nada… (Advirtió Persi (J) a Nico que iba a abrir la boca, este la cerro he hizo un puchero)

-Ya lo veo mejor (Murmuré) ¿Por qué pasa eso? (Pregunte dudando de si quería saber la respuesta)

-Creo… (Annabeth se humedeció los labios y por alguna razón ese movimiento me fascino tanto que me dieron ganas de besarla tan mal)

Persabeth… (Chillo Piper con alegría)

Annabeth se sonrojo, pero aun así sonreía como tonta. Las Persi´s solo sonreían satisfechas.

-Me temo que es porque nos encontramos más cerca de estar muertos. (Continúo y así como el deseo de besarla vino, murió)

-Uff… ¿Por qué?… (Se quejó la hija de la diosa del amor)

La cabeza central del perro se alargó hacia nosotros. Olisqueó el aire y gruñó.

-Huele a los vivos (Dije sin procesar aun cuan malo es eso para nosotros)

-Pero no pasa nada (Contestó Grover, temblando a mi lado) Porque tenemos un plan.

-¿Eso fue sarcasmo Grover? (Inquirió Leo curioso)

Grover negó rápidamente. –No lo decía de verdad. (Contesto con una mueca)

-Ya (Musitó Annabeth) Eso, un plan.

Leo la miro intentando arquear una ceja, Annabeth resoplo y negó con la cabeza. –No era sarcasmo… (Respondió a la pregunta no formulada)

Nos acercamos al monstruo. La cabeza del medio nos gruñó y luego ladró con tanta fuerza que me hizo parpadear.

-¿Lo entiendes? (Le pregunté a Grover)

-Sí lo entiendo, sí. (Se estremeció) Vaya si lo entiendo.

No haciendo caso a su cuerpo tenso cuestione. -¿Qué dice?

-No creo que los humanos tengan una palabra que lo exprese exactamente. (Murmuro con pánico)

Los semidioses hicieron una mueca, pero nadie dijo nada, todos querían saber que pasa a continuación.

Saqué un palo de mi mochila: el poste que había arrancado de la cama de Crusty modelo safari. Lo sostuve en alto, intentando canalizar hacia Cerbero pensamientos perrunos felices: anuncios de exquisiteces para perro, huesos de juguete, piensos apetitosos. Traté de sonreír, como si no estuviera a punto de morir.

Annabeth rodo los ojos. –Sesos de algas… (Murmuro con cariño)

-Hey, grandullón (Lo llamé) Seguro que no juegan mucho contigo.

-Si lo hago… (Espeto Hades) una vez al mes… (Dijo satisfecho de sí mismo)

Persi (M) lo miro con una ceja alzada. -¿Y eso te parece mucho tío? (Inquirió con voz peligrosamente suave) juego con la señorita O'Leary por lo menos 2 horas al día. (Informo) y a veces no es suficiente.

Hera y Sally miraban a su hija con ternura. Hestia miraba a su hermano con desaprobación.

-Gracias por hacerme quedar mal sobrina. (Murmuro el dios de los muertos)

-No hay de que tío… (Contesto Persi (M) alegremente)

-¡GRRRRRRRRR!

-Buen perro (Contesté débilmente)

Moví el palo. Su cabeza central siguió el movimiento y las otras dos concentraron sus ojos en mí, olvidando a los espíritus. Toda su atención se hallaba puesta en mí. No estaba muy segura de que fuera algo bueno.

Nico negó. –No es para nada bueno primita… (Se burló)

-Soy mayor que tu primito… (Le recordó Persi (J) sabiendo cómo le molestaba al pelinegro)

Nico bufó. –Lo que sea.

-¡Agárralo! (Lancé el palo a la oscuridad, un buen lanzamiento. Oí el chapoteo en el río Estige)

Cerbero me dedicó una mirada furibunda, no demasiado impresionado.

Tenía unos ojos temibles y fríos.

Bien por el plan.

-¿Ese era todo tu plan? (Pregunto Hera con preocupación)

Las azabaches tuvieron la decencia de parecer avergonzadas y murmuraron un "Si" tranquilo.

Cerbero emitió un nuevo tipo de gruñido, más profundo, multiplicado por tres.

-Esto… (Musitó Grover) ¿Persi?

-¿Sí? (Inquirí sin sacar la vista de Cerbero)

-Creo que te interesará saberlo. (Dijo entrecortadamente)

-¿El qué? (Cuestione con cautela, ya imaginando lo que viene)

-Cerbero dice que tenemos diez segundos para rezar al dios de nuestra elección. (Informo) Después de eso… bueno… el pobre tiene hambre.

-Ho mi bebé… (Susurro Sally angustiosamente)

-Estoy bien mamá… (Le aseguro con una sonrisa)

Trague audiblemente.

-¡Esperen! (Dijo Annabeth, y empezó a hurgar en su bolsa)

«Oh—oh», pensé. «Esto no es bueno»

-Cinco segundos (Informó Grover, comenzando a ir hacia atrás) ¿Corremos ya? (Pidió con urgencia, negué con la cabeza levemente y mire a Annabeth)

Ella sacó una pelota de goma roja del tamaño de un pomelo. En ella ponía: «waterland, Denver, co.» Antes de que pudiera detenerla, levantó la pelota y se encaminó directamente hacia Cerbero.

-¿Ves la pelotita? (Le gritó con voz severa) ¿Quieres la pelotita, Cerbero? ¡Siéntate!

Cerbero parecía tan impresionado como nosotros.

Artemis también miraba a la semidiosa impresionada, al igual que varios en la sala.

Inclinó de lado las tres cabezas. Se le dilataron las seis narinas.

-¡Siéntate! (Volvió a ordenarle Annabeth)

Yo estaba preocupada, me daba terror que aquel perro le hiciera daño. Quería tomar la mano de Annabeth y sacarla de allí lo antes posible.

-Awa… (Arrullaron todas las mujeres)

Annabeth y las ojiverdes se sonrojaron.

Estaba convencida de que en cualquier momento se convertiría en la galleta de perro más grande del mundo.

La hija de Atenea la miro con fingida ofensa. –Gracias por el apoyo amor. (Falsa reprocho)

-Te amo bebe… (Contesto Persi (J))

Persi (M) solo le guiño un ojo.

En cambio, Cerbero se relamió los tres pares de labios, desplazó el peso a los cuartos traseros y se sentó, aplastando al instante una docena de espíritus que pasaban debajo de él en la fila de muerte rápida. Los espíritus emitieron silbidos amortiguados, como una rueda pinchada.

Los semidioses y dioses inmaduros rieron a carcajadas, los demás solo sonreían, pero era debido a las payasadas de los presentes y no a lo que decía el libro.

-¡Perrito bueno! (Alabo Annabeth, y le tiró la pelota)

Él la cazó al vuelo con las fauces del medio. Apenas era lo bastante grande para mordisquearla siquiera, y las otras dos cabezas empezaron a lanzar mordiscos hacia el centro, intentando hacerse con el nuevo juguete.

-¡Suéltala! (Le ordenó Annabeth)

Las cabezas de Cerbero dejaron de enredar y se quedaron mirándola. Lo mismo hicimos Grover y yo.

¿Acaso estaba loca?

La ojigris miro a la Persi (J) con el ceño fruncido. Esta solo le sonrió con inocencia.

Tenía la pelota enganchada entre dos dientes, como un trocito de chicle. Profirió un lamento alto y horripilante y dejó caer la pelota, ahora toda llena de babas y mordida casi por la mitad, a los pies de Annabeth.

-Muy bien. (Recogió la bola, haciendo caso omiso de las babas del monstruo. Luego se volvió hacia nosotros) Vayan ahora. La fila de muerte rápida es la más rápida. (Ordeno)

-Pero… (Quise protestar)

-¡Ahora! (Mando con el mismo tono que usaba para el perro)

Me estremecí.

-Hey Persi ¿Es Annabeth así en la cama también? (Cuestiono Connor con malicia, Travis lo miro como si estuviera loco y lo golpeo en la nuca)

La ojigris se debatía entre sentirse furiosa o mortificada por las palabras del hijo de Hermes.

En cambio las Persi´s fruncieron el ceño. –No es de tu negocio Connor. (Contesto Persi (M) con voz dura)

Connor se estremeció y asintió, dándose cuenta de que había ido muy lejos. –Lo siento… (Murmuro lo suficientemente fuerte para que todos oigan)

Grover y yo avanzamos poco a poco y con cautela.

Cerbero empezó a gruñir.

-¡Quieto! (Ordenó Annabeth al monstruo) ¡Si quieres la pelotita, quieto!

Cerbero gruño, pero permaneció inmóvil.

-¿Qué pasará contigo? (Le pregunté a Annabeth con preocupación, cuando cruzamos a su lado)

-Sé lo que estoy haciendo, Persi (Murmuró) Por lo menos, estoy bastante segura… (Me guiño un ojo y le sonreí)

Grover y yo pasamos entre las patas del monstruo.

«Por favor, Annabeth (Recé en silencio) No le pidas que vuelva a sentarse.»

Annabeth rió. –Admito que lo pensé… (Confeso divertido)

Grover y Persi parecieron escandalizados. La sala rió por sus payasadas.

Conseguimos cruzar. Cerbero no daba menos miedo visto por detrás.

-Eres rara Persi… (Dijo Claris con diversión)

-Pero es mi rara… (Murmuro Annabeth con dulzura sonriendo a sus novias)

-Y la mía… (Hablo Artemis en voz alta también)

-De ambas… (Contestaron los azabaches guiñándoles un ojo)

-¡Perrito bueno! (Le dijo Annabeth)

Agarró la pelota roja machacada, y probablemente llegó a la misma conclusión que yo: si recompensaba a Cerbero, no le quedaría nada para hacer otro jueguecito. Aun así, se la lanzó y la boca izquierda del monstruo la atrapó al vuelo, pero fue atacada al instante por la del medio mientras la derecha gruñía en señal de protesta.

Así distraído el monstruo, Annabeth pasó con presteza bajo su vientre y se unió a nosotros en el detector de metales.

-Bien hecho hija… (Felicitó Atenea a su hija con orgullo)

-Gracias mamá. (Contesto Annabeth radiante ante el elogio de su madre)

-¿Cómo has hecho eso? (Le pregunté alucinada)

-Escuela de adiestramiento para perros (respondió sin aliento, y me sorprendió verla hacer un puchero, nuevamente las ganas de besarla vinieron) Cuando era pequeña, en casa de mi padre teníamos un doberman…

Miraba como sus labios se movían y cuando comencé a inclinarme para estrellarlos con los míos…

Piper, Afrodita y Drew estaban en el borde de sus asientos…

-Eso ahora no importa (Interrumpió Grover, tirándome de la camisa) ¡Vamos!

-¿Por qué Grover? (Cuestiono/Quejo Piper) Solo faltaba tan poco…

Afrodita y Drew parecían igual de indiganadas.

-Pip sabes que no va a pasar… (Admitió Persi (J) sonrojándose) por lo menos no todavía…

-Uff si lo sé… solo porque eres una lenta… (La regaño) años… Persi… años te tomo…

-Tranquilízate amor… (Le pidió Jasón al ver su respiración desigual)

-Lo que sea… (Murmuro cruzándose de brazos)

Nos disponíamos a adelantar la fila a todo gas cuando Cerbero gimió lastimeramente por las tres bocas. Annabeth se detuvo y se volvió para mirar al perro, que se había girado hacia nosotros. Cerbero jadeaba expectante, con la pelotita roja hecha pedazos en un charco de baba a sus pies.

-Awa pobrecito… (Arrullo Hazel)

-Perrito bueno (Le dijo Annabeth con voz ahogada)

Las cabezas del monstruo se ladearon, como preocupado por ella.

Annabeth sonrió pensando en el adorable perrito. Una visita al Hades está pendiente ni bien termine la guerra.

-Pronto te traeré otra pelota (Prometió Annabeth) ¿Te gustaría?

El monstruo aulló. No necesité entender su idioma para saber que Cerbero se quedaría esperando la pelota. Sonreí con ternura a la interacción.

-Perro bueno. Vendré a verte pronto. Te… te lo prometo. (Annabeth se volvió hacia nosotros) Vamos. (Mando tratando de sonar normal, pero antes de que la secara pude ver una lagrima correr por su mejilla)

Me acerque a ella y la abrace, Annabeth se aferró a mí por unos segundo y luego me soltó, recomponiéndose rápidamente.

-Persabeth… (Suspiro Afrodita en sueños)

Grover y yo cruzamos el detector de metales, que de inmediato accionó la alarma y un dispositivo de luces rojas.

«¡Posesiones no autorizadas! ¡Detectada magia!»

Cerbero empezó a ladrar.

Nos lanzamos a través de la puerta de muerte rápida, que disparó aún más alarmas, y corrimos hacia el inframundo.

Unos minutos después estábamos ocultos, jadeantes, en el tronco podrido de un enorme árbol negro, mientras los fantasmas de seguridad pasaban frente a nosotros y pedían refuerzos a las Furias.

-Bueno, Persi (Murmuró Grover con voz maestro, que era muy parecida a la de Quirón) ¿qué hemos aprendido hoy?

-¿Que los perros de tres cabezas prefieren las pelotas rojas de goma a los palos? (Inquirí con esperanza)

Grover rodo los ojos a su amiga, quien se encogió de hombros. –Valía la pena el intento… (Admitió)

-Lo que tú digas jefa alga… (Se burló Thalía)

-No (Contestó Grover serio) Hemos aprendido que tus planes son perros, ¡perros de verdad! (Espeto con falsa irritación, ya que estaba sonriendo)

Hice un puchero.

Yo no estaba tan segura. Creía que Annabeth y yo habíamos tenido una buena idea. Incluso en ese mundo subterráneo, todos, incluidos los monstruos, necesitaban un poco de atención de vez en cuando.

-Tiene razón… (Admitió Annabeth) Si ella hubiese sido firme con él, su plan hubiese funcionado… (Informo)

Las ojiverdes levantaron a barbilla y sacaron pecho en una pose de arrogancia. Artemis y Annabeth rodaron los ojos divertidas. Sus hijos rieron de las payadas de sus madres.

Pensé en ello mientras esperaba a que los demonios pasaran. Fingí no darme cuenta de que Annabeth nuevamente se enjugaba una lágrima de la mejilla mientras escuchaba el lastimero aullido de Cerbero en la distancia, que echaba de menos a su nueva amiga.

-Awa… Pobre perrito… tenemos que ir a verlo Anna… (Pidió Piper a su mejor amiga)

-Por supuesto… (Estuvo de acuerdo Annabeth rápidamente)

-Aquí termina el capítulo… (Informo Sally)

-Bien… (Acepto Hera y se volvió para mirar a su hija) Ahora ustedes nos dirán ¿Dónde estuvieron?

-Bueno verán… (Comenzó Persi (M) con cautela)