Capítulo 25: De vuelta a Hogwarts

Harry Potter reaccionó antes que cualquier otra persona en la habitación. Con un movimiento ágil y veloz, se lanzó sobre la bruja enmascarada que sostenía tanto la varita de ella como la de Potter. Antes de que la mujer hubiera reaccionado, Harry le había arrebatado ambas las varitas y había hecho aparecer unas sogas con la suya, que se amarraron con fuerza alrededor de la bruja. Entonces, le quitó la máscara, para mostrar a una mujer joven, más joven que el propio Harry.

–En nombre del Departamento de Aurores está usted detenida por intento de secuestro, uso de maleficios imperdonables, y conspiración contra el Ministerio de Magia británico–habló la voz dura y autoritaria de Harry, mientras que obligaba a la mujer a ponerse de pie, y la arrastraba hasta uno de los desvencijados sillones. La obligó a sentarse allí, e hizo aparecer un nuevo juego de sogas, que la amarraron al mismo. –Le recomiendo que mantenga su boca cerrada, y que no haga nada estúpido –agregó luego Potter. La mujer apenas asintió con la cabeza, sus ojos no dejaban de mirar el punto en el cual Brida Von Howlen se había convertido en polvo.

Albus, todavía de pie en el sitio donde Brida lo había liberado, miraba fijamente a Hedda. La muchacha parecía haber entrado en un estado de shock luego de apuñalar a Von Howlen, y sus ojos brillaban, fijos en el pequeño montículo de polvo, con una intensidad que él nunca le había visto. Y entonces, de repente, su cuerpo entero pareció temblaron y sus piernas fueron incapaces de sostener el peso de su cuerpo. Albus corrió justo a tiempo para atajarla, mientras que ella caía, semi inconciente, al suelo.

–¡Albus! –lo llamó su padre, mientras que se acercaba a ellos. El joven Potter apoyó gentilmente a Hedda en el suelo. La chica tenía los ojos apenas abiertos, con la mirada perdida. Sus manos temblaban, y al tomarlas, Albus las sintió más frías que nunca. –Déjame a mi, hijo –le pidió Harry, en tono gentil, pero apartando a su hijo con firmeza.

Harry apoyó su mano sobre la frente de la chica, apartándola casi inmediatamente al comprobar que se encontraba helada.

–Hedda, ¿me escuchas? –susurró Potter. La chica pareció fijar sus ojos en los del padre de Albus.

–Lo… siento… tanto –murmuró ella con voz débil.

–Tranquila… todo esta bien. Te sacaré de aquí, Hedda –le respondió Harry, amablemente, mientras que le sonreía. Harry comenzó a mover su varita sobre Hedda, pronunciando palabras que Albus no comprendía. Una tenue luz celeste brotaba de la varita, rodeando casi de manera imperceptible el cuerpo de Hedda. Lentamente, el cuerpo de Hedda dejó de temblar bajo el efecto de aquel hechizo.

Albus escuchó a alguien toser levemente a su espalda, y entonces, se acordó de sus otros dos amigos. Giró hacia donde estaba Scorpius. El muchacho había logrado sentarse, y se sujetaba el brazo derecho.

–Creo que Von Howlen me rompió el brazo cuando me golpeó para quitarme la varita –explicó Scorpius. Tenía la respiración entrecortada, y Albus podía ver los moretones en el cuello donde los dedos largos y fuertes de la vampira se habían cerrado.

–Déjame que te ayude a pararte –le dijo Albus, acercándose hacia él. Lo tomó del brazo izquierdo, y tiró levemente para ayudarlo a ponerse de pie.

–¿Y Lysander? –le preguntó el rubio, una vez que hubo encontrado estabilidad sobre sus dos pies. Albus se dirigió entonces a paso rápido hacia donde se encontraba derrumbado su amigo de Gryffindor, todavía inconciente. Estaba boca abajo, así que Albus trató de girarlo con el mayor cuidado posible.

–¡Papá! –llamó entonces Albus, algo alarmado. Su amigo tenía un corte en la frente, de donde brotaba bastante sangre y se encontraba inconciente.

Ennervate –dijo la voz de Harry Potter. El rayo de luz golpeó con suavidad a Lysander. El muchacho soltó un leve gemido, mientras que abría perezosamente los ojos.

–¿Qué paso? ¿Me perdí toda la acción? –preguntó Scamander, bromeando, mientras sonreía levemente. Albus no pudo evitar reír ante la ocurrencia de su amigo.

–No te preocupes, no fue gran cosa. –le respondió el morocho, aliviado de ver que todos sus amigos estaban a salvo.

–¡Harry! –exclamó otra voz, de mujer, que Albus no conocía, desde algún otro sitio en la Casa.

–¡Acá abajo, Morgana! –le respondió su padre, asomándose hacia las escaleras. Segundos después, la Aurora que había llegado junto con Harry Potter a rescatarlos apareció en el cuarto.

La mujer a quien su padre había llamado Morgana tenía un feo corte en la pierna, que la hacía renguear levemente. Pero fuera de ello, parecía ilesa.

–Logramos neutralizar al vampiro, y Kevin lo está custodiando arriba, para evitar que escape. Encontramos a Octavius Genrich desmayado en uno de los cuartos, pero la bruja escapó…–comenzó a explicarse rápidamente Morgana.

–No te preocupes, está acá –le aclaró Potter, señalando hacia la bruja que se encontraba amarrada al sillón. –¿Smith se encuentra herido? –preguntó luego, refiriéndose al otro Auror que había ido con ellos. Morgana negó con la cabeza.

–Apenas unos rasguños. Nada para un fortachón como él –le dijo ella, sonriendo levemente. –¿Ustedes? –preguntó preocupada. Su vista viajaba desde Lysander, quien todavía no se había incorporado, hacia Scorpius, quien se sujetaba el brazo roto mientras que se agachaba junto a Hedda, quien estaba casi desmayada en el suelo.

–Vamos a estar bien –le respondió Harry, mientras que también miraba a los chicos. –Necesito que llames refuerzos… envía a tu patronus. Quiero que tú y Smith se queden acá con los prisioneros hasta que lleguen los demás… asegúrate de informar a Ron Weasley, y aclárele que su hija se encuentra bien. Luego quiero que trasladen al vampiro, a Octavius Genrich y a ésta mujer a Azkaban, y no quiero que nadie hable con ellos hasta que yo llegue. ¿Entendido? –ordenó Harry. Albus pudo ver que su padre había vuelto a adoptar su postura de Auror, que denotaba autoridad y respeto.

–Sí, señor –afirmó ella, obedientemente. Harry asintió, y giró entonces para dirigirse hacia donde Hedda permanecía acostada en el suelo. Con delicadeza, levantó a la chica entre sus brazos, como si se tratara de una pluma.

–Yo voy a llevar a estos chicos a Hogwarts para que los revisen y los curen… estaré allí hasta asegurarme de que todos están bien, y luego me reuniré con ustedes en Azkaban –le explicó Potter. Morgana Winchester volvió a asentir, respetuosamente, incapaz de contradecir una palabra de su jefe. –Buen trabajo, Morgana –agregó Harry, mientras que una sonrisa confidente se dibujaba en sus labios. Morgana le devolvió la sonrisa, mientras que se sonrojaba levemente ante las felicitaciones. –Muchachos, ¿ustedes creen que pueden caminar? –preguntó entonces Potter, dirigiéndose hacia Albus, Scorpius y Lysander. Los tres asintieron, y comenzaron a seguir a Harry escaleras arriba.

Harry los guió a través de la casa de los gritos. Albus no tenía idea de a dónde iban, pues su padre no parecía buscar la salida de la casa, sino que por el contrario, parecía internarse cada vez más dentro de la misma. Se metió dentro de un cuarto, y apoyó gentilmente a Hedda en la cama que había allí. La chica se encontraba, para ese entonces, completamente inconciente.

Albus y sus amigos observaron como Harry recorría el cuarto con la mirada y expresión de concentración. Finalmente, una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios, mientras que caminaba decididamente hacia un gran librero, de aspecto pesado. Harry sacó su varita y apuntó hacia el mismo, y éste se elevó, levitando varios centímetros sobre el suelo, y se movió hacia un lado, casi sin hacer el menor ruido. Detrás del mismo, en donde se suponía que debía de haber una pared, Albus vio que había en realidad, un túnel.

–Adelante, muchachos. Por acá creo que llegaremos más rápido –aseguró Harry, sonriéndoles, mientras que les señalaba que ingresaran al túnel. Albus fue el primero en obedecer e introducirse por aquel pasaje oscuro y angosto. Scorpius y Lysander lo siguieron. Detrás de ellos, Harry hizo levitar con cuidado el cuerpo de Hedda, evitando que golpeara contra las paredes, y lo introdujo en el mismo. Luego de entrar él mismo al pasadizo secreto, volvió a sellarlo con la biblioteca, y continuó avanzando, con el cuerpo de Hedda levitando delante de él.

Albus sintió que habían pasado cerca de quince minutos cuando el camino comenzó a elevarse levemente, dándole a entender que pronto terminaría ese recorrido.

–Albus, cuando llegues al final, ten cuidado. Te encontrarás con el Sauce Boxeador a la salida. Quiero que apenas salgas, presiones un nudo que se encuentra justo encima de la salida del pasadizo –le advirtió Harry, cuando casi estaban llegando al final.

Albus fue el primero en salir de nuevo al aire libre. Comprobó que efectivamente, el Sauce Boxeador estaba colocado sobre el túnel. Pero antes de que árbol pudiera reaccionar y comenzar a lazarle golpes, Albus presionó el nudo que su padre le había indicado. El árbol se detuvo, permaneciendo completamente quieto en su lugar. Los demás salieron también del túnel, y tuvieron que entrecerrar los ojos al encontrarse con el brillo de aquel mediodía de verano.

En silencio, sintiéndose dolorido y cansado, Albus recorrió el tramo de parque que lo separaba de la gigantesca construcción que era el castillo de Hogwarts. Junto a él, marchaban sus amigos Lysander y Scorpius, con un aspecto tan lamentable como el suyo propio. Detrás de ellos, iba su padre, quien había preferido, al salir del túnel, cargar él mismo a la pálida muchacha en brazos en vez de hacerla levitar, para mayor seguridad.

Estaban ya cerca de la entrada al castillo cuando Albus pudo distinguir que había figuras esperándolos en las escaleras. La Profesora Levington fue la primera en adelantarse hacia ellos, con expresión de preocupación en el rostro. Detrás de ella iban Minerva McGonagall y Neville Longbottom. Y corriendo a todo lo que le daban sus cortas piernas, venían también Rose Weasley y Elektra Cameron, quienes miraban a cada uno de sus amigos completamente aterradas.

–¿Qué diablos…?–escuchó decir a Zaira, cuando hubo llegado junto a ellos. Minerva, incapaz de formular su pregunta, miró a Harry de manera significativa. Albus pudo ver que su padre dibujaba con los labios, pero sin sonido, las palabras: Más tarde.

Finalmente, llegaron a la enfermería. Harry depositó con cuidado a Hedda en una de las camillas. Inmediatamente, Madame Pomfrey, una mujer entrada en edad, y que ejercía el puesto de Sanadora en Hogwarts, se acercó a la cama donde Hedda estaba recostada, y comenzó a revisarla.

Albus se dejó caer en una de las camas contiguas, completamente agotado. Sentía una puntada en la espalda, donde se le había roto una costilla, y todo el cuerpo agarrotado como consecuencia de haber recibido la maldición Cruciatus.

Junto a el, en otra de las camas, se derrumbó Scorpius, boca arriba, sosteniéndose con fuerza el brazo, con los ojos cerrados y una respiración dificultosa. En la cama siguiente, Albus pudo ver que Lysander también se había acostado, de costado y levemente acurrucado, y parecía ya encontrarse dormido.

–¿Dónde te duele, muchacho? –Madame Pomfrey le preguntó a Albus, al mismo tiempo que lo examinaba minuciosamente.

–Creo que me fracturé una costilla –respondió Albus. La mujer frunció levemente el entrecejo, mientras que tomaba uno de los frascos que tenía sobre la mesa de al lado, y le servía un extraño líquido de color verdoso en un vaso.

–Bebe esto… reparará tu hueso para mañana –le indicó Pomfrey. Albus obedeció, y bebió el asqueroso brebaje de un solo trago. La Enfermera insistió en terminar de revisarlo, para comprobar que no tenía ninguna otra herida. Luego, se dirigió hacia la cama de Scorpius. Observó durante unos segundos el brazo roto de su amigo.

–Esto puede llegar a dolerte un poco, muchacho. Pero tengo que acomodarte los huesos antes de poder repararlos del todo –le explicó Pomfrey, cortésmente. Entonces, hizo un movimiento de varita, y Albus escuchó un "crack" proveniente del brazo del rubio. Scorpius soltó un grito ahogado. –Listo… ahora bebe esto –le indicó ella a continuación, extendiéndole un vaso que contenía el mismo líquido que Albus acababa de beber.

Luego, avanzó hacia Lysander, quien se encontraba dormido. Con cuidado, y tratando de no despertarlo, le revisó y limpió las heridas del labio y de la frente, y le colocó un ungüento que, como explicó luego, cerraría las heridas en poco tiempo.

Albus, una vez que se hubo asegurado de que sus amigos se encontraban bien, giró a mirar a su padre. Harry Potter conversaba en ese momento con la directora del colegio, y con Zaira Levington.

–Si puedes comunicarte con todos los padres, Minerva, y avisarles que sus hijos se encuentran a salvo aquí, me harías un gran favor –le decía Harry en ese momento. Albus notó entonces que su padre lucía cansado, y también algo dolorido. Tenía grandes tajos en el brazo, causados por las garras de Von Holwen. A la altura del hombro, su túnica se encontraba chamuscada, revelando una severa quemadura.

–No te preocupes, Harry. Me aseguraré de que todos los padres sepan que sus hijos están aquí –le confirmó Minerva.

–Gracias. De todas maneras, Minerva… no quiero que se lleven a los chicos. Necesito hablar con ellos antes de que partan con sus padres –le dijo Harry. Minerva alzó levemente las cejas.

–Harry, creo que estos niños han vivido una inquietante experiencia hoy…–quiso refutarle la directora. Harry negó con la cabeza.

–Lo sé. Y es por eso que necesito hablar con ellos, Minerva. Quiero que ahora descansen, que se recuperen. Yo tengo que atender algunos asuntos en Akzaban, pero trataré de volver cuanto antes –le explicó Potter. –Sé que no puedes detener a los padres si ellos quieren llevarse a sus hijos. Pero te agradecería que hicieras todo lo posible por convencerlos de lo contrario –agregó entonces, dedicándole una mirada significativa. Minerva simplemente asintió.

Harry giró entonces a mirar a Zaira. La mujer de ojos miel y cabello rubio le mantuvo la mirada. Algo en ella había cambiado. Albus lo podía ver. No tenía esa expresión de tristeza que la había abrumado los últimos tiempos. Había en ella una nueva expresión… era una nueva Zaira. No como la anterior, la Zaira que había conocido antes de la muerte de Jacob Malone… no, esa Zaira jamás volvería. Se trataba de otra mujer… una mujer de aspecto desafiante. Decidida. Una mujer deseosa de actuar.

–¿Vienes conmigo, Zaira? –le preguntó Harry, de manera amable.

Ella simplemente asintió. Entonces, Harry giró la atención hacia las otras dos personas que se encontraban allí, encogidas en un rincón, todavía con gestos turbios en los rostros.

–Rose, Elektra… gracias por la ayuda que nos dieron hoy, chicas–les dijo Harry, sonriéndoles.

–Tío… ¿estarán bien? –preguntó Rose, con voz temblorosa. Harry le acarició la cabeza, revolviéndole los cabellos.

–Por supuesto que estarán bien, Rosie –le respondió él. La pelirroja le sonrió de vuelta.

–¿Podemos quedarnos acá, señor Potter? –preguntó Elektra, quien no quitaba la vista de las camillas ocupadas por sus amigos.

–Si Madame Pomfrey se los permite, no veo por qué no. Se lo han ganado –accedió Harry. Y luego, giró a mirar a Zaira, con esas miradas que expresan "¿Vamos?". Ella asintió levemente, y ambos salieron de la enfermería.

–Bébete esto, Potter… te hará dormir un poco –habló repentinamente la voz de la Enfermera a Albus. El muchacho se sobresaltó levemente en su camilla. Aceptó de buena gana el vaso que le extendía la mujer, y lo bebió de un solo trago, como el anterior. Segundos después, se encontraba en un profundo sueño.


Cuando Albus despertó de nuevo, la noche había caído sobre Hogwarts. La luz de las estrellas se filtraba suavemente a través de los ventanales de la Enfermería, derramándose sobre las blancas sábanas de las camillas. Comprobó que a su lado, todos sus amigos seguían durmiendo, a excepción de Lysander, quien lo miraba, sonriente.

–Buenas noches, bello durmiente –se burló Scamander, mientras que se sentaba mejor en la cama. Albus le devolvió la sonrisa.

–¿Qué hora es? –preguntó, mientras que él también se sentaba en la cama.

–Cerca de las nueve de la noche –le respondió Lysander.

–¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

–Bueno… según lo que escuché, llegamos acá cerca de la una del mediodía… así que supongo que llevas unas ocho horas de profundo e impasible sueño –volvió a responder el muchacho de brillantes ojos celestes.

–¡Albus estas despierto! –exclamó entonces otra voz, femenina y aguda. Albus vio como una cabellera pelirroja se le lanzaba encima.

–¡Ouch! ¡Rose, cuidado! –le pidió Potter, mientras que se separaba del fuerte abrazo de su prima. Pero se sentía muy alegre de volver a verla.

–Ay… lo siento mucho. Oh, Albus, nos tenías tan preocupados a todos. Voy a avisarle a la tía Ginny que has despertado –dijo entonces Rose, y salió nuevamente de la enfermería.

–Hemos estado muy inquietos por ustedes…–habló otra voz femenina. Pero Albus tardó en reconocer aquel tono triste y apagado como el que normalmente salía de los labios de la alegre y vivaracha Elektra Cameron.

–¡Ey, ninguno esta muerto, Ely! –dijo entonces Lysander. Elektra sonrió levemente, mientras que se acercaba a la camilla de Albus.

–Eres el segundo en despertar… Hedda no se ha movido siquiera en todo este tiempo… y Scorpius suelta algún que otro quejido cada tanto, pero tampoco da señales de querer despertar –explicó Ely. Albus comprobó que la joven tenía los ojos negros enrojecidos de tanto llorar. Llevaba el cabello rubio atado en una colita, despejándole completamente el rostro, y Albus pudo ver que su cara angelical, normalmente alegre, estaba surcada por una inmensa preocupación. Sintió unos terribles deseos de consolarla. No estaba acostumbrado a ver a Elektra de esa manera, y le dolía.

–Todos vamos a estar bien, Ely –le aseguró Albus. Ella apenas le sonrió, mientras que una de sus manos tomaba con delicadeza la mano de Potter, apretándola de manera cariñosa.

En ese momento, Albus escuchó varios pasos que se dirigían hacia la enfermería. Vio a su madre, alta y delgada, con el cabello pelirrojo suelto sobre los hombros, y los ojos abiertos como platos de la emoción. Tenía lágrimas acumuladas en los ojos. Detrás de ella, estaban tío Ron y tía Hermione. Elektra soltó la mano de Albus instantáneamente, y se hizo a un lado, dejándole paso a la madre del muchacho. Ginny avanzó rápidamente hacia la camilla de Albus, y se sentó sobre la misma, junto a su hijo, tomándole dulcemente las manos, y besándolo con ternura en ambos cachetes, en la frente.

–¡Menos mal que estás bien! –exclamó Ginevra, entre lágrimas. Luego, se separó levemente de su hijo, y su gesto cambió. Albus pudo ver que su madre se preparaba para reprimirlo. –¡Albus Severus Potter! –exclamó entonces la pelirroja. –Tenías que heredar de tu padre esa tendencia a buscar siempre problemas y peligrosas aventuras. No, el chiquillo no podía quedarse tranquilo en su primer año en Hogwarts. Tenía que involucrarse en algún problema. De tal palo, tal astilla –comenzó a quejarse Ginny.

–Déjalo en paz, Ginny… él no tiene la culpa de los genes Potter –sentenció Ron, alegremente, mientras que se acercaba a la camilla de su sobrino. Le dio una palmada amistosa en el hombro. –Así que una costilla rota, ¿eh? Recuerdo que tu padre perdió todos los huesos de un brazo una vez…–bromeó Ron, guiñándole un ojo.

–¿Dónde esta papá? –preguntó Albus entonces. Todos parecieron adquirir expresiones serias.

–Esta en Azkaban, muchacho. Dijo que llegaría en poco tiempo –le respondió Ron.

–¿Ha llegado ya algún otro padre? –preguntó Albus, interesado.

–Los míos. Agentes del Ministerio los trajeron hasta acá… ya sabes, ellos son muggles así que no entienden mucho de todo esto –le explicó Elektra, recobrando levemente la sonrisa que la caracterizaba.

–¿Y qué hay del resto? –insistió Albus.

–Bueno, Luna y Rolf ya deben de estar llegando. Los Malfoy estaban en Versalles cuando los contactamos. Iban a tomar un traslador internacional, y llegaban acá cerca de las nueve, diez de la noche. Jaques Le Blanc vive en las afueras de París, así que supongo que también tardará en llegar –respondió Hermione a su pregunta.

Albus asintió, y volvió a recostarse contra el respaldo de su cama.

Cerca de media hora después de que Albus despertara, Harry Potter llegó nuevamente a Hogwarts, al mismo tiempo que lo hacían una preocupada Luna y su excéntrico esposo, Rolf Scamander. Luego de comprobar que el menor de sus dos hijos se encontraba sano y salvo, Luna y Rolf accedieron al pedido de Harry, de esperar a que él hablara con los muchachos antes de llevárselos.

El Jede del Departamento de Aurores saludó con un suave beso a su esposa, quien aún estaba junto a la cama de su hijo, y sonrió a Ron y Hermione de manera amistosa al entrar en la enfermería. Albus se encogió levemente en su cama cuando su padre clavó su mirada en él. Su expresión era seria e inescrutable.

–¿Podrían dejarnos solos, por favor? –pidió Harry hacia los presentes. Ron y Hermione fueron los primero en salir, arrastrando con ellos a Rose. Elektra y Lysander se encontraban fuera de la enfermería, en habitaciones privadas con sus padres. Sólo quedaron en aquel lugar Scorpius y Hedda, quienes aún dormían profundamente.

–Papá… lo siento mucho. No cumplí mi promesa, lo sé, pero es que Hedda se encontraba en peligro, y no podíamos abandonarla –quiso explicarse Albus, apenas la puerta de la Enfermería se hubo cerrado. Su padre sonrió levemente.

–No, claro que no podías. Me hubiera sentido muy decepcionado de ti si hubieras abandonado a una amiga cuando ella te necesitaba – le aseguró Harry, amablemente. Hubo una leve pausa. –Sin embargo, hoy se expusieron a un terrible peligro, Albus. Todos ustedes podrían haber terminado muertos…–agregó Potter, en tono serio. Albus bajó ligeramente la mirada.

–Si nosotros no hubiéramos ido, Von Howlen hubiera secuestrado a Hedda y escapado –quiso justificarse Albus.

–Albus, es importante que no confundas valentía con temeridad, hijo. Lo que hicieron hoy fue peligroso e imprudente. Tuvieron suerte de que nosotros llegáramos a tiempo –le dijo Harry, con mayor severidad.

–Imprudente o no, sigo pensando que fue lo correcto –afirmó Albus, y esta vez, levantó la mirada para enfrentarse a su padre. Harry lo miraba fijamente, de una manera extraña.

–Zaira me ha contado que eres muy bueno en Defensa contra las Artes Oscuras –comentó repentinamente su padre, tomándolo por sorpresa.

–No es gran cosa –dijo Albus, humildemente. Harry le dedicó una breve sonrisa.

–Sé lo que se siente, hijo. Yo estuve también ahí. Crees que es tu responsabilidad salvar a las personas que te rodean, porque en parte puedes hacerlo. Pero no es tu obligación, Albus. No tienes porqué velar por la seguridad de todos los que te rodean. Tienes un gran talento, y no dudo que con el tiempo, te convertirás en un gran mago y llegarás hacer grandes cosas. Pero todo poder requiere de una gran responsabilidad, hijo. No puedes arriesgarte a ti mismo y a tus amigos de esa manera –le dijo Harry, en un tono amable y paternal. Albus se sintió sonrojar levemente.

–Yo nunca quise poner en peligro a mis amigos –le aseguró Albus, algo avergonzado al caer en cuenta que ese día, tanto Lysander como Scorpius podrían haber muerto.

–Lo sé, Albus – coincidió Harry. –Pero ustedes son sólo niños…

–Tú también eras un niño de mi edad cuando te enfrentaste a Voldemort por primera vez –lo interrumpió rápidamente Albus. Harry lo miró extrañado unos segundos. Y es que su padre rara vez hablaba con él, o con sus hermanos, de Voldemort. Albus, como siempre cuando refería a las grandes hazañas de su padre, se había enterado a través de otras personas, o bien de libros.

–Era diferente. Yo era demasiado impulsivo en esa época. Y cometí muchas veces el error de creer que yo solo podía con todo… mucha gente pagó caro por mis errores, Albus –lo corrigió su padre, y Albus vio un leve destello de tristeza en sus ojos verdes.

–Yo no soy impulsivo, ni creo que puedo solo, papá. Fui yo quien les dijo a Rose y Elektra que buscaran ayuda –le recordó Albus tratando ante todo de no sonar arrogante.

–Y aún así, te mandaste a la Casa de los Gritos –le puntualizó Harry.

–Bueno, tan mala idea no fue… gracias a nuestra intervención Hedda pudo terminar con ese monstruo de Von Howlen –soltó Albus finalmente, y aunque no era su intención, su voz sonó imperante y orgullosa. Harry alzó una ceja, analizándolo.

–¿Crees que eso fue algo bueno? –le preguntó el Auror, con curiosidad.

–Claro que lo fue. Se merecía morir –sentenció Albus, seguro de si mismo. Harry continuaba mirándolo fijamente, con cierta curiosidad que comenzaba a intimidarlo.

–Vaya… pareces muy convencido –comentó el adulto Potter.

–Esa mujer era un ser malvado, y una asesina. Causó mucho dolor a gente que no se lo merecía. Por su culpa Hedda no tiene padres, y Zaira…–se interrumpió antes de terminar aquella frase. Sus pensamientos habían escapado por sus labios antes de que él pudiera contenerlos.

–¿Entonces piensas que su castigo era la muerte? –volvió a preguntar Harry en tono calmo, como si estuvieran hablando de algo tan trivial como el clima. Albus asintió. –Debes tener mucho cuidado con lo que deseas, hijo. Es muy fácil quitarle a la vida a alguien, pero es imposible devolvérsela.

–¿Tú no crees que se merecía morir? –preguntó entonces Albus, atónito y algo confundido. Harry tardó en responder.

–Posiblemente si se lo mereciera. Von Howlen causó mucho daño a este mundo, y posiblemente hubiera seguido causándolo si Hedda no la hubiera detenido –confirmó Harry. –Pero debes entender, hijo, que matar a una persona, incluso a un vampiro, no puede tomarse nunca a la ligera. Las muertes dejan marcas, no solo en quien muere, sino en quien se convierte en asesino. Sólo debemos caer en ella como último recurso, cuando no tenemos otra opción valida. Después de todo, no nos corresponde a nosotros decidir quien vive y quien muere –le explicó Harry pacientemente. Sus ojos miraban fijamente a su hijo. –¿Comprendes lo que te digo, Albus? –preguntó entonces. Albus asintió levemente, todavía masticando aquellas palabras de su padre. Harry volvió a sonreírle, mientras que le palmeaba suavemente el hombro. –Te dejaré descansar un poco más. Al menos hasta que despierten todos tus amigos.

Y entonces, Harry Potter se puso de pie, y salió de la Enfermería, dejando a Albus pensativo en su cama.


Draco Malfoy y su esposa, Astoria, llegaron poco tiempo después. Fue el mismo Harry quien los recibió en la entrada del colegio, y les explicó brevemente lo que había sucedido. Evitó nombrar varios eventos en la historia, como el hecho de que una sociedad secreta estuviera involucrada en todo aquello. Simplemente les dijo que Brida Von Howlen, junto con otros cómplices, habían secuestrado a Hedda Le Blanc, y que su hijo Scorpius, junto con sus amigos, habían ido a rescatarla.

Ambos fueron a visitar a Scorpius a la enfermería, quien ya se encontraba despierto para ese entonces. Albus, quien se encontraba del prácticamente recuperado, salió de la misma para darle a la familia algo de intimidad. Minutos después, Draco emergió de la Enfermería.

–Potter, ¿puedo hablar contigo a solas? –pidió el rubio. A pesar de los años, Draco todavía conservaba esa expresión arrogante y altanera en el rostro. Harry asintió al pedido, y ambos se metieron en una de las salas vacías.

–Dime, Malfoy. –lo apremió Harry. Draco giró para mirar fijamente a Potter. Sus ojos grises se clavaron en los verdes de Harry. Harry lo vio vacilar unos segundos antes de hablar, como si le costara formular las palabras correctas.

–Creo que hace tiempo te debo un agradecimiento, Potter… salvaste mi vida hace diecinueve años, y hoy has salvado a mi hijo. –habló de repente Draco. Su voz era la misma de siempre, fría y arrastrando las palabras. Y sin embargo, Harry notó que algo era distinto. Draco extendió la mano hacia Potter. –Gracias, Harry. –le dijo finalmente. Potter estuvo seguro que aquella era la primera vez que Draco Malfoy lo llamaba por su nombre.

Luego de unos segundos, Harry estrechó su mano. Veintiséis años después de la primera vez que Draco le había extendido una mano a Harry, éste finalmente la aceptó. Claro que ahora la situación era completamente diferente. Ellos eran diferentes. Muchas cosas habían pasado en esos veintiséis años.

Potter se sintió sorprendido frente a aquella actitud, pero también alegre. Era como cerrar un capitulo de si vida. La enemistad entre él y Malfoy parecía por fin haber encontrado su final, y nada menos que en la amistad de sus hijos.

–No hay nada que agradecer, Draco. Quiero creer que tú hubieras hecho lo mismo por mi hijo –respondió Potter. Draco torció una sonrisa de lado, algo sarcástica.

–Siempre te gusta creer lo mejor de la gente, Potter –bromeó Malfoy, mientras que reía levemente. Aquellas palabras hicieron a Harry evocar un viejo recuerdo. Muchos años atrás, él, Harry Potter, había pensado lo mismo de su querido director, Albus Dumbledore. Y el viejo director no se había equivocado al creer en lo mejor de las personas.

–Necesito tener una charla con tu hijo antes de que te lo lleves, Draco –agregó entonces Potter. Draco lo miró unos segundos.

–Cuestiones del Ministerio supongo –comentó el rubio. Esta vez fue Harry quien sonrió levemente mientras que soltaba una suave risa.

–Ya sabes, el trabajo es trabajo – Argumentó Potter, encogiéndose levemente de hombros. –Te prometo que serán solo unos minutos. En cuanto despierte Hedda, la otra chica, los juntaré a todos, y luego podrán irse.

–De acuerdo –accedió Draco, finalmente.

Cuando Harry y Draco volvieron a la enfermería, se encontraron con que Hedda se había despertado. Se encontraba todavía acostada en su camilla, pero con los ojos abiertos, y la mirada perdida en el cielo que se veía a través de las ventanas.

–Hedda… necesito hablar contigo, y con los demás –le dijo Harry, tratando de sonar lo más bondadoso que pudo, y buscando evitar que aquello pareciera una orden. Ella giró a mirarlo, y asintió en silencio, mientras que se levantaba y bajaba de la camilla.


Tienen que confesar que he actualizado muy, muy rápido!! Para que no digan después que soy demasiado cruel con ustedes.

NOTA 1: He creado un Blog de la historia, donde subí fotos y dibujos que me han mandado de varios de los personajes, así como otras fotos que yo misma busqué para representar a algunos de los personajes. También hay una sección para que cada uno pueda hacerme las preguntas o dudas que tiene, y una sección con encuestas (jajaja, no les diré para que son!!). La página es: http: // albuspotteryguadianes . wordpress . com/ (todo juntoo!!!)

NOTA 2: Queda un sólo capítulo y termina esta historia. Así que disfruten este trecho final!!!

NOTA 3: En poco tiempo me estoy yendo de vacaciones, pero en cuanto regrese, comenzaré con la escritura de la Segunda Parte. Es una promesa de honor.

NOTA 4: quisiera que señalar una especial atención a la charla entre Albus y Harry en la enfermería... creo que tiene muchas cosas interesantes para analizar. ¡Lo dejo en ustedes!

NOTA 5: gracias KobatoChan por betear este capítulo también!!

Ahora sí, respondo reviews :

Yukime Hiwatari: los chicos hicieron un muy buen aporte, verdad? Sin embargo, nada de eso hubiera pasado si ellos no se hubieran metido en problemas en primer lugar... en fin, viva por Hedda! James y Hedda son personalidades muy diferentes, y por eso chocan bastante... en fin, talvez cuando crescan un poco aprendan a llevarse mejor. Y Scor y Rose, parece que todo el mundo quiere a esa pareja!! Jaja... pero como ya dije, yo ya tengo pensada en mi mente con quien termina cada uno de los personajes, y no hay nada que puedan hacer para cambiarlo, jua jua jua! *risa malvada*. Mmm... si quedan todavía muchas cosas por terminar de saber, pero lamento decepcionarte... no te enterarás de todo, al menos no en esta historia, jajaja. Tendrás que esperar la segunda parte para aprender algunas cosas mas! Y prometo apartarte a Scor o a James si alguno de los dos termina solo y abandonado!!

Anvampi16: me alegro que te haya gustado el capítulo, jaja. Y veo que no soportas demasiado a Lancelot, verdad? Jaja. Sí, Hedda estuvo muy, ehm... como decirlo... heroíca? Pero todo tiene su precio, claro... ya lo verás. ¡Asi que estás en pos de escribir una historia! ¡Felicitaciones! Avisame cuando la publiques y me pego una vuelta para leerla y darte mi opinion!

Rose Weasley de Malfoy: a mi también me gusta que Harry aparesca en la historia. Creo que le da un aire más "creible" en cierto sentido. Además, tengo mucho cariño por el personaje... hemos vivido muchos años juntos como para que yo pueda simplemente apartarlo de esta historia, jajaja. Y me alegro que te haya gustado las escenas de acción. La verdad es que no me tengo mucha fé al momento de escribir peleas o luchas, o cosas con demasiado acción... pero era necesario!! Mmm... me gustó tu observación sobre el hecho de que Hedda haya sido quien mató a Brida. Claro que tiene su parte de venganza (que tipo de Slytherin sería ella si no quisiera vengar a sus padres?)... creo que es un rasgo muy patente en dicho personaje. Hedda tiene una noción bastante distorcionada de la justicia... y creo que el capitulo anterior nos comienza a mostrar una faceta bastante vengativa de ella. Hay que recordar que para Le Blanc, todo es en extremos... los grises no existen. Y en cuanto a un acto heroico... pues también. Pero como dije anteriormente en otro review, todo tiene su precio... Por qué la Casa de los Gritos? Pues, nose... me pareció el lugar perfecto para que unos vampiros se escondieran sin que nadie sospechara nada... despues de todo, es una casa encantada, verdad? si alguien escuchaba gritos, o ruidos provenientes de allí, pues no se sorprendería. Es la Casa de los Gritos, jaja. Creo que este capítulo comienza a aclarar un poco dónde estaban Rose y Elektra... en el prox capítulo prometo una mejor explicación.

G-Annie: digamos que Hedda tuvo bastante sangre fría para acabar con Brida... y en cuanto a Harry, pues no había mucho que él pudiera hacer. De haber podido elegir, estoy segura de que Harry no hubiera permitido que Hedda la matara. Pero por otro lado, creo que Hedda verdaderamente quería ser ella quien clavar esa estaca. En fin, espero que te haya gustado este nuevo cap! Y ya casi terminamos!!

jjaacckkyy: excelente pregunta la tuya... quien será el malo en la próxima historia? Jajaja, yo nunca dije que habría un malo en la segunda parte!! Pero si llega a haberlo, creo que ya sabes que no te lo diré!! Jajaja, sí, soy malísima. Creo que este capítulo comienza a responderte un poco dónde estaban las chicas y qué estaban haciendo... pero prometo más información en el próximo (y último) capítulo.

Nat Potter W: gracias, gracias!! Me alegro que te haya parecido tan emocionante el capítulo anterior, porque yo le tenía mis ciertas dudas... como ves, no he tardado mucho en actualizar,y voy a tratar de mandar el próximo capítulo cuanto antes!!

Madrileño: vaya, que imaginación la tuya!! Zaira infiltrada en las lineas enemigas? Es una posibilidad. Aunque creo que la profesora disfruta más del frente de batalla. No tiene la paciencia y la precaución necesaria para ser un topo... Por cierto, muchas gracias por las palabras de aliento con respecto al capitulo anterior!! Me es un alivio que a la gran mayoría le haya gustado como quedó. Y te espero para el próximo capítulo... que será el último.

Mirlaure: jajaja, gracias, muchas gracias!! Me siento tan halagadaa! Y si pudieras ver como eran las peleas en mi mente... ojala pudiera hacer una pelicula con ellas, ajjaja. Espero que te guste este capítulo.

yesica7448: jajaja, me he reido muchísimo con tu review! Creo que fuiste muy expresiva jajaja. En cuanto a tus preguntas: verdaderamente crees que puedo responderte donde se encuentran las Joyas? Jajaja, ese sería el mayor SPOILER en la historia de jajajaja. No, perdón, pero no puedo decirte donde están. La segunda pregunta, en cambio, si puedo responderla. Brida esta muerta. No, no va a volver... al menos por ahora no se me ha ocurrido como revivirla jajaja.

KobatoChan: que haría yo sin ti!! Jaja, creo que esta historia no sería la misma si tu no fueras la beta. Gracias por estar siempre en los detalles. Y me alegro que te gustara la pelea. Como dije ya más arriba, obviamente que la muerte de Brida afectará a Hedda. ¿Se arrepiente de haberlo hecho? No. ¿Volvería a hacerlo? Si. Pero eso no quita que no deje marcas sobre ella... creo que la charla de Harry y Albus de este capitulo es bastante instructiva en el tema. ¡Tienes que admitir que no he sido tan cruel esta vez, y he actualizado muy muy rapido! Por cierto, si tienes algo de tiempo pasate una vuelta por el blog que creé y decime que te parece. Gracias por todo!

Saludos, y nos vemos en el final,

G.