25. La Nueva CFO de La Dolce Marina
Lucy Conté se quedó mirando la vacilante llama de la hoguera casera y se recordó a sí misma que no estaba loca.
Era sólo una mujer enamorada.
La mano le temblaba alrededor del pedazo de papel. El libro violeta de Hechizos de Amor situado en la hierba junto a sus pies. Miró a su alrededor y pidió a dios que su familia no se despertase. Le había prometido a su cuñada que no intentaría lanzar un hechizo, pero Marina no tenía que saberlo.
Ubicada en la parte trasera de la propiedad, el aroma de la madera quemada y el dulce crepitar del azafrán llenó sus fosas nasales, y rezó porque la luz del fuego no revelase su ubicación. Lucy echó un vistazo a la página. Bueno, era hora de llamar a la Madre Tierra. Esperaba que el Padre Richard no se enfadara. Rápidamente recitó las palabras para convocar que los poderes de la Madre Tierra para convocar a un hombre con todas las cualidades escritas en su lista.
Entonces tiró el papel al fuego.
Ligereza fluyó a través de ella y dejó escapar un suspiro de alivio. Hecho. Ahora, todo lo que tenía que hacer era esperar. Se preguntó cuánto tardaba generalmente la Madre Tierra en entregar su regalo. Por supuesto, le había puesto el trabajo muy fácil a la entidad. En vez de una larga lista de cualidades, la lista Conténía el poder de un solo nombre. El nombre del hombre que había estado enamorada toda la vida, el hombre…..
Lucy esperó hasta que el papel se convirtió en cenizas, y luego arrojó el cubo de agua sobre el fuego. Limpió con movimientos rápidos y eficientes, recogió el libro de tela y se dirigió de nuevo a la casa. La hierba suave cosquilleó contra sus pies descalzos, y su camisón blanco se elevó a su alrededor como un fantasma. Una sensación de emoción le pasó por la espalda mientras ella se colaba de nuevo a su habitación. Deslizó el libro en el cajón y se metió en la cama.
Finalmente, estaba hecho.
…..
he contratado a un nuevo socio. Ella estará bajo tu dirección y serás responsable de su formación.
Latis cortó su mirada hacia el hombre que estaba sentado al otro lado de la mesa. Sus terminaciones nerviosas se erizaron ante el anuncio, pero permaneció en silencio. Estiró las piernas debajo de la mesa de conferencia, cruzó los brazos frente a su pecho y arqueó una ceja. Había trabajado muchas horas y sudado sangre para sacar el imperio familiar de La Dolce Marina, rama americana . de La Dolce Famiglia con base en Italia, de la tierra, y maldita fuera si se salía limpiamente.
-¿Buscándome un remplazo, jefe?
Más como un hermano que como un jefe, Clef Conté le disparó una sonrisa.
-¿Y lidiar con tu mamá viniendo detrás de mí a patearme el culo? Ni pensarlo. Necesitas ayuda con la expansión.
Latis sonrió.
-Es curioso, Kailu. La boda no era problema. Fueron tus dudas acerca de mi esposa las que verdaderamente nos metieron en problemas.
Latis hizo una mueca.
-Lo siento. Trataba de proteger a un amigo de una mujer hambrienta de dinero. De todos modos, ahora me encanta Marina. Es suficientemente fuerte como para llevar tu basura.
-Sí, ahora hay como un club de admiración mutua entre el ustedes dos.
-Es mejor que la guerra. Entonces, ¿quién es el pez gordo entrando?
-Lucy.
Latis cerró la boca con fuerza.
-¿Perdón? ¿Lucy, tu hermanita? Tienes que estar bromeando. ¿No está todavía en la escuela?
Clef se sirvió un poco de agua del refrigerador y tomó un sorbo.
-Ella se graduó en mayo pasado de su MBA de la SDA Bocconi, y ha estado entrenando en el Dolcedi Notte.
-¿Nuestro competidor?- Clef sonrió.
-No lo creo. No están tratando de conquistar el mundo como nosotros, mi amigo. Pero puedo confiar en que le enseñaron competencias básicas en el negocio de la panadería. Quería que se entrenara con Anais, pero se niega a quedarse a la sombra de su hermana mayor. Ha estado rogándome por venir a Estados Unidos y ya le corresponde su pasantía. Es hora de unirse a la empresa familiar. ¿Capisce?
Ah, demonios. Sí, entendía. Latis estaba siendo reasignado a la labor de niñera para la hermana menor del clan. Claro, él la quería como a una hermana, pero su tendencia de echarse a llorar en escenas emocionales no iba bien con el negocio. Latis se estremeció. ¿Y si hería sus sentimientos y se derrumbaba? Esta era una mala idea por todos lados.
-Um, Clef, tal vez deberías ponerla en contabilidad. Siempre has dicho que es capaz con las figuras, y no creo que gestión sea un buen ajuste. Tengo un horario loco y estoy en negociaciones delicadas. Por favor, dásela a alguien más.
Su amigo negó con la cabeza.
-Con el tiempo, la voy a pasar a CFO. Pero por ahora la quiero contigo. Ella tiene que aprender el manejo adecuado y cómo funciona La Dolce Marina. Tú eres el único en quien confío para asegurarse de que no se menta en problemas. Eres de la familia.
Las palabras simples cerraron el último clavo de su casa de vampiros. Familia. Clef siempre había cuidado de él, y él le había probado que valía la pena. También había soñado con un lugar tallado para él. El pico de la cadena alimentaria, por así decir.
Nadie había cuestionado nunca su trabajo como CEO, pero últimamente se preguntaba si la falta del apellido Conté le hacía daño a su posición.
Los contratos eran temporales y se renegociaban cada tres años. Anhelaba un lugar más permanente en el imperio que ayudó a construir, y la ampliación de otras tres panaderías podría ser la joya de la corona.
Si hacía bien su trabajo, podría asegurarse estar en la cima, justo al lado de Clef, como socio permanente en vez de un director ejecutivo designado. Preocuparse por una joven recién salida de la escuela de negocios le distraería. A no ser…
Dio unos golpecitos con el dedo contra su labio inferior. Tal vez Clef necesitaba que le recordaran lo importante que eran sus esfuerzos para la compañía. Al arrojarle a Lucy ciertos desafíos, estaría seguro de resaltar sus deficiencias y su corta edad, manteniéndola todo el tiempo bajo su supuesta protección.
Después de la expansión, Latis intentaría abordar a Clef respecto a la sociedad. Lucy podría ser capaz de abogar por su causa, sobre todo si era su mentor y ella dependía de su retroalimentación.
Sí, tal vez esto era lo mejor.
-Está bien, Clef, si eso es lo que quieres.
-Bien. Ella llegará dentro de una hora. ¿Por qué no vienes a cenar a casa esta noche? Tendremos una pequeña celebración de bienvenida por su llegada.
-¿Marina va a cocinar?
Clef sonrió.
-Diablos, no.
-Entonces estoy dentro
-Hombre inteligente. -Clef aplastó el vaso de papel, lo tiró en la basura y cerró la puerta detrás de él.
Latis miró su reloj. Tenía un montón de trabajo que hacer antes de que ella llegara.
….
Lucy se quedó mirando la elegante puerta de madera con la brillante señal dorada. Tragó el nudo en su garganta y secó las palmas húmedas en su falda negra. Esto era ridículo. Ella había crecido y hacía mucho que había pasado los días bebiendo los vientos por Latis Kailu.
Después de todo, tres años era mucho tiempo.
Se alisó un mechón de pelo, enderezó los hombros y llamó a la puerta.
Atravesó de una manera tan fuerte que sólo una monja podría ignorarlo. Quizás.
Abrió la puerta y se dirigió con falsa confianza.
Lucy sabía que no tenía importancia. El mundo de los negocios sólo observaba lo que estaba sobre la superficie. Saberlo la tranquilizó, había aprendido muy bien a ocultar sus emociones durante su formación. Se trataba simplemente de una cuestión de supervivencia.
-Hola, Latis.
El hombre detrás del extenso escritorio de teca la miró con una extraña mezcla de calidez y sorpresa, casi como si no estuviera esperando a la mujer que estaba delante de él.
Los penetrantes ojos violetas se afilaron y vagaron sobre su figura antes de que su rostro se suavizara en uno amable de bienvenida.
Su corazón se tambaleó, cayó y se mantuvo estable. Por un momento, se permitió beber en su apariencia.
Su cuerpo era delgado y asentado, y a su impresionante altura siempre se añadía un comportamiento intimidatorio que era una ventaja en la mayoría de sus tratos. Su rostro reflejaba la imagen de un demonio y un ángel atrapado en una historia de amor. Pómulos agudos, una nariz elegante y una ceja curvada que aparentaba aristocracia. Una sexy mandíbula acentuando la curva rolliza de sus los labios, hechos a la medida para el sexo.
Su cabello grueso, negro como el carbón caía en ondas a través de su indomable frente y salía disparado hasta sus ojos. Él se acercó a ella, caminando con una gracia natural que un hombre alto por lo general no mostraba y el aroma tentador de su colonia bromeó con sus sentidos. La extraña combinación de madera, especias y limón le provocaba ganas de enterrar la cara en la curva de su cuello y respirar.
Por supuesto, no lo hizo. Ni siquiera cuando la estrechó brevemente en un abrazo de bienvenida. Sus dedos descansaron sobre los anchos hombros apenas Contenidos en un traje azul marino hecho a la medida.
-Ha pasado un largo tiempo.
-Demasiado largo, cara. —La inquietud brilló en sus ojos y luego desapareció—. He oído que te graduaste entre los primeros de tu clase. Bien hecho.
Ella dio una breve inclinación de cabeza.
—Gracias. ¿Y tú? Clef dice que estás trabajando duro en la ampliación de La Dolce Marina.
Su mandíbula se apretó.
-Sí. Parece que me ayudarás en este aspecto. ¿Has hablado con tu hermano ya?
Lucy frunció el ceño.
—No, vine directamente a la sede, para poder adelantarme un par de horas. Pensé que me daría el recorrido. ¿En qué división voy a empezar? ¿Cuentas por pagar, presupuesto u operaciones?
Él estudió su cara durante un rato, su mirada era una caricia real mientras sondeaba cada rasgo. Ella resistió con fuerza y se sometió a la inspección. Tenía que acostumbrarse a su presencia ya que estaría tropezando con él en el trabajo. Gracias a Dios que había sido enterrada en contabilidad. Su núcleo de concentración y sus habilidades con cifras eran sólidas y Latis rara vez tendría que supervisar su progreso.
-Mi división. Vas a trabajar conmigo como mi asistente. Te estaré entrenando.
Horror la inundó. Dio un paso atrás como si él fuera el demonio pidiéndole que renunciara a su alma.
-No creo que eso sea una buena idea. -Una risa loca escapó de sus labios-. Quiero decir, no quiero entrometerme en el camino. Voy a hablar con Clef y convencerlo de empezar en otro lugar.
-¿No quieres trabajar conmigo? -Él levantó las manos-. No tienes nada de qué preocuparte, Lucy. Voy a cuidar muy bien de ti.
Una imagen de él deslizando sus dedos en su húmedo calor y acariciándola hasta el orgasmo ardió frente a su visión. Dios sabía que él sabía cómo cuidar bien a una mujer. En todos los sentidos. El color inundó sus mejillas por lo que se volteó rápidamente como si estudiara la oficina. Ridículo. Estaba perdiendo el control en apenas cinco minutos de su primera reunión.
Sus tacones sonaron en el azulejo de madera mientras paseaba y fingía interés en la gran foto de la bahía. Esta era su última prueba y se negaba a fallar. Latis era un tonto enamoramiento que sentía desde su juventud, y ya ella no vivía su vida en una prisión emocional. Había venido aquí por dos principales razones: demostrar su valía y exorcizar el fantasma de Latis Kailu.
Hasta el momento, había fallado en ambos propósitos. Se aclaró la garganta y se enfrentó a él una vez más:
-Agradezco tu buena voluntad de entrenarme -dijo agradablemente-, pero me sentiría más cómoda en otro lugar.
Sus labios se curvaron.
-Haz lo que quieras. Pero creo que tu hermano tiene una idea clara de lo que quiere. ¿Por qué no te doy una breve gira mientras lo llamo? No creo que te esté esperando hasta más tarde.
-Bien. -Ella levantó la barbilla con desafío-. Quizás es el momento de recordarle a mi hermano que ya no está a cargo de mí.
Lucy se aseguró de liderar la salida.
¿Qué demonios estaba pasando?
Latis trotó obedientemente detrás de la fresca y preparada mujer delante de él y trató de reunir su ingenio. Esta no era la joven que había visto por última vez en Italia, que era emocional, dramática-auto-consciente.
No, esta Lucy Conté había crecido. Estaba acostumbrado a ser pateado por su mirada de admiración y por verla bajar la cabeza con timidez cuando algo la avergonzaba. Lucy estaba acostumbrada a escuchar las demandas de otros. Ella era una chica complaciente con la gente, extra sensitiva y amorosa por la que siempre se sintió sobre protector.
Pero la mujer que había encontrado esta vez parecía completamente en control y capaz. La idea de ella enfrentándose a su hermano mayor le sorprendió. Se imaginó la rápida puñalada de decepción ante los cambios, luego se encogió de hombros. Tal vez ella terminaría siendo más que un activo para la empresa, como originalmente había pensado.
Por supuesto, su cuerpo también había florecido. ¿O sería que nunca lo había notado? Latis arrancó su mirada de la curva de su trasero mientras balanceaba sus caderas al antiguo ritmo creado para volver locos a los hombres.
Más bajita que sus hermanas mayores, se tambaleaba sobre tacones de diez centímetros que mostraban la musculosa longitud de sus piernas. Mientras la presentaba con varios empleados y hacían su camino hacia la planta baja, se dio cuenta que también había crecido en otras formas. Especialmente en el escote.
El calor se precipitó a través de él y apretó. La delicada blusa blanca estaba abierta en el cuello y revelaba un toque de encaje. Sus pechos llenos se tensaban contra el material como si estuviesen muriendo por escaparse, volviendo su traje de negocios respetable en un vehículo para un stripper. Horrorizado ante el repentino giro de sus pensamientos, rápidamente imaginó monjas en ropa interior y recuperó el control.
Lucy estaba fuera de los límites. Él era su tutor y segundo protector. Latis negó con la cabeza y estudió su cara en una luz casi académica. Siempre había sido una chica bonita, pero por lo general se aplicaba demasiado maquillaje por lo que no podía ver sus rasgos. Hoy, sus labios rojos escarlata eran su único accesorio. El tinte oliva en su piel brillaba bajo la luz y tentaba al hombre a tocarla.
Aquellos indomables rizos habían desaparecido en una trenza severa que desataba espesas cejas y altos pómulos. Su nariz era fina y dominaba su rostro, pero el poder de aquellos tormentosos ojos oscuros mantenía a una persona cautiva y negada a escapar. Nunca había sido demasiado delgada, y se preguntaba por qué la mayoría de las mujeres querían serlo. Las exuberantes curvas que tensaban su traje de corte recto eran tentadoras.
¿Tendría un amante?
Mierda, ¿de dónde provino de ese pensamiento? Se frotó la los ojos y medio gimió con alivio al ver a Clef por el pasillo.
Su hermano alzó los brazos en antigua tradición familiar, pero Lucy no se apresuró a su encuentro. En su lugar, sonrió y caminó lentamente por el pasillo, y le devolvió el abrazo. La fortaleza de su vínculo brilló alrededor de ellos, y una vez más, Latis experimentó una punzada de soledad. Siempre había anhelado un hermano con quien compartir su vida. Por lo menos, Clef y sus hermanas eran su familia adoptiva. Pero después de que el padre de Latis muriera, la única meta que lo mantenía en el camino de la venganza era: el éxito.
Así que no lo arruines.
-¿Y cómo lo está llevando mi cuñada?
-Irritable.
-¿La culpas? -Ella se echó a reír-. Le dije a tu chofer que había un cambio de planes. Me imaginé que tomaría un tour, arreglaría mi escritorio y luego llegaría a casa. Latis me dio una breve visión general del diseño.
Clef le dio una palmada en la espalda y se dirigió a Lucy.
-Estás en buenas manos. ¿Por qué no tomas la oficina al lado de la suya? Ha estado vacía durante un tiempo y puedo conseguir que limpien las cajas hoy mismo. Mañana tendremos una reunión de estrategia sobre algunos nuevos desarrollos.
Un silencio incómodo se estableció en torno a ellos. Clef pareció confundido al ver la mirada pedregosa de su hermana.
-Sí, parece que primero tenemos que establecer algunas reglas. ¿Podemos vernos en tu oficina? Latis asintió.
-Los dejaré solos y te veo esta noche.
-No, Latis. Me gustaría que te unieras a nosotros -dijo Lucy.
Su mirada directa causó una extraña sensación de picor en su piel, pero la ignoró. Asintió y se reunieron en la oficina de Clef. Las sillas eran profundas y cómodas, hechas para largas horas de conferencias. Él luchó contra una risita cuando su pequeña figura fue tragada por el acolchado terciopelo y rodó su trasero hasta el borde del asiento.
Ella le arrojó una mirada de disgusto que le dijo que se había dado cuenta de su diversión y de inmediato cerró sus piernas, colocando sus tacones firmemente en el suelo. Esas pantorrillas bien definidas estaban hechas para engancharse a las caderas de un hombre mientras empujaba dentro de ella.
Jesús, contrólate. Era un viejo a los treinta y cuatro. Claro, el aspecto de bibliotecario caliente era un shock, pero Lucy todavía era como de la familia y años más joven. Protegida. Inocente. Probablemente moriría de vergüenza si ella sospechaba que su aparición había sacudido su mundo... y partes de su anatomía.
Rápidamente dispersó la imagen.
-Clef, tengo algunas preocupaciones acerca de mi lugar aquí. Tal vez puedas hacerme saber cómo percibes mi rol y podamos hacer los ajustes necesarios.
Su hermano se echó hacia atrás. Parecía que no era el único sorprendido por la racional Lucy Conté.
-No debes preocuparte por eso, cara. Eventualmente, ocuparás la posición de CFO, pero por ahora ayudarás a Latis en todos los aspectos de funcionamiento de La Dolce Marina. Necesito que primero aprendas todos los niveles de operación. Por supuesto, vivirás con Marina y conmigo. He organizado una suite privada y la puedes decorar como quieras. Cuando tengas alguna preocupación, vienes a mí y la resolvemos. -Clef prácticamente resplandeció de orgullo por su generosa oferta.
De alguna manera, Latis sospechaba que se estaban gestando problemas. Un gran lío. Esperó la explosión de mal genio femenino.
Lucy asintió.
-Ya veo. Bueno, eso es muy generoso de tu parte y agradezco la oferta. Por desgracia, no he venido a Nueva York para vivir en la casa de mi hermano y estar a la sombra de su CEO. Tengo mis propios planes. Me estoy mudando al antiguo apartamento tipo loft de Esme este fin de semana. En cuanto a La Dolce Marina, creo que serviría mejor a la empresa en contabilidad y operaciones dado que esa será mi posición permanente. Latis no necesita que alguien lo distraiga de su papel aquí.
Latis rápidamente cerró la boca de golpe y oró porque nadie lo hubiese notado. ¿Dónde estaban los fuegos artificiales y el drama familiar? Lucy era una joven mujer apasionada, emocional, que nunca se mordía la lengua y seguía cada sentimiento que tenía. Por eso se metía en tantos problemas. Él recordó aquella ocasión en que ella saltó del auto para seguir a un perro perdido en el bosque y se perdió.
Dios, que fiasco. Pensaron que la habían secuestrado y la encontraron horas después con una bola sucia de la piel en sus brazos en un improvisado refugio que había construido con ramas y hojas. Sin siquiera una lágrima en los ojos, había anunciado que confiaba que la encontrarías y salió con ese perro mientras su hermano gritaba y Latis casi se desmayaba de alivio.
Clef la miró fijamente.
-De ninguna manera. Eres mi hermana y te quedarás con nosotros. Nueva York es un lugar aterrador. En cuanto a la empresa, no necesito otra persona en el departamento de contabilidad por el momento. Aprenderás más de Latis.
-No. -Sonrió amablemente, pero su palabra explotó en la habitación como un globo pop.
-¿Qué?
—No me estás escuchando, Clef. Si no podemos comunicarnos de manera adulta, esto no va a funcionar. Ya he recibido dos ofertas de empleo de empresas en Manhattan y no les he dado mi decisión final. Quiero demostrar mi valor aquí, pero si continúas tratándome como a una hermana pequeña, no voy a ser capaz de hacer mi trabajo correctamente. Eso no sería justo para nadie. Ahora, si tienes alguna razón válida que no sea que quieres que Latis tenga un ojo sobre mí para que no me meta en problemas, me gustaría oírla. Si no, con mucho gusto seguiré adelante sin sentimientos heridos. ¿Capisce?
Latis se preparó para el genio italiano de su amigo y jefe. Había una cosa que Clef perseguía con el vigor de una guerra medieval, la protección de su hermana pequeña. Su palabra era ley en el hogar Conté, pasada por generaciones de tradiciones de vieja escuela. La idea de que Lucy de repente desafiara sus decisiones en el momento que aterrizara en su propio terreno le fascinaba como el infierno.
Y entonces el mundo se inclinó sobre su eje.
Clef hizo una breve inclinación de cabeza. Un indicio de sonrisa tocó sus labios.
-Muy bien, cara. Quiero que te quedes en mi casa porque Marina podrá disfrutar de tu compañía. Podemos mostrarte todo alrededor hasta que te sientas más cómoda en tu entorno. En cuanto a la empresa, conozco tus habilidades en Excel con cifras, pero necesito que recibas capacitación en todos los aspectos del negocio, sobre todo en gestión. Latis es el único en quien confío para pulir correctamente tus habilidades.
¿Eh?
Latis miró a su alrededor buscando cámaras, pero no encontró ninguna. Lucy pareció complacida.
-Muy bien, estoy de acuerdo en que Latis será la persona idónea. También he echado de menos a Marina, así que voy a pasar la semana entera. Pero realmente tengo que mudarme. Vivir con mi hermano mayor no es lo que esperé cuando llegué aquí. Es hora de conseguir mi propio lugar y el apartamento de Esme suena perfecto. ¿De acuerdo?
Él no lucía feliz por perder la última mitad del acuerdo, por lo que Latis esperó más negociaciones.
-De acuerdo.
Los hermanos se sonrieron entre sí. ¿Quiénes eran estas personas?
-Ahora, déjame ir al baño, después, ¿me puedes llevar a casa? Estoy agotada y necesito cambiarme.
-Por supuesto. Vamos a tener una pequeña cena para celebrar tu llegada, pero tendrás la oportunidad de dormir una siesta.
-Maravilloso. -Ella graciosamente se levantó de la silla y se detuvo frente a él—. Gracias por la visita, Latis. Te veré esta noche.
Él asintió con la cabeza, todavía estupefacto por la civilizada reunión que acababa de presenciar. Salió de la habitación y se quedó mirando a su jefe.
-¿Qué demonios fue eso? ¿Por qué no estableciste la ley como siempre haces? ¿Y qué pasó con ella? No ha llorado o enfadado ni una vez desde que llegó.
Clef hizo un gesto con la mano en el aire y se encogió de hombros en su traje de chaqueta.
-Marina me convenció de que tengo que respetarla como un individuo con el fin de que tome sus propias decisiones. ¿Lo odio? Si. Pero ella ya creció y necesita encontrar su propio camino. -Sus ojos se ensombrecieron-. Soy su hermano, no su padre. Pero te agradezco mantengas un ojo sobre ella, mio amico. Confío en que la mantengas a salvo y la ayudes a aprender lo que necesite para llevar adelante esta empresa.
La inquietud se deslizó por su espina dorsal.
-¿llevar adelante la empresa?
Clef se echó a reír.
-Por supuesto. Ella es una Conté y un día tomará las riendas a pleno derecho de La Dolce Marina. Es para eso que la estamos entrenando.
Latis miró a su amigo, y la frialdad se filtró en su pecho. ¿Alguna vez realmente se sintió verdaderamente como de la familia y lo suficientemente bueno como para tener una porción de la empresa?
¿Estaba siendo egoísta o ingrato? Habían construido La Dolce Marina juntos, pero en sus entrañas, Latis sabía que era reemplazable.
Lucy podía ser nombrada directora financiera, pero también era dueña de una parte de la empresa. Él nunca le exigió permanencia a Clef, preocupado porque su amistad pudiera nublar una decisión que debía ser estrictamente de negocios. ¿Por qué siempre sentía la necesidad de luchar más duro para realmente pertenecer? Claro, su cretino padre lo había tomado, pero la constante lucha por dignidad lo estaba cansando.
-Te veré a las siete de esta noche. Gracias, Latis. La puerta se cerró detrás de él.
Latis se quedó en la habitación con el silencio. Con el recuerdo.
Y con una sensación de malestar en el estómago que nunca parecía irse.
