Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, ya todos los conocen, así que sí, la trama es mía.


Bella

25

Don't blame me, your love made me crazy.

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¿Tienen idea de cómo puede cambiar tu vida en pocos meses? Conocí a mi actor favorito Edward Cullen, ahora es mi novio, vivo en Londres, trabajo en un colegio privado de muchos hijos de famosos, mi libro está a una semana de publicarse y quedan tres días para mi cumpleaños número veinticuatro.

Cuando viajé con Rose para hacer nuestro tour europeo jamás pensé que en siete meses mi vida iba a cambiar tanto, empezando porque tomé una decisión importante, seria y muy difícil.

Me iba a quedar en Londres.

Mis padres siguen sin creerlo, yo sigo sin creerlo, pero en mi mente me digo que estoy de vacaciones, unas muy largas vacaciones.

Sigo acostada, son las once de la mañana del sábado y estoy sola en la cama. Me siento tan bien, para no decir muy satisfecha, que me acomodo otra vez en la cama y cierro los ojos sólo para recordar lo perfecto que fue el día anterior.


—Señorita Swan…

Me di la vuelta para ver a la hija de Carlisle y Esme mirarme con una carita de necesitar algo urgentemente.

—¿Qué pasa, Vera? ¿Necesitas ir al baño?

No es que puedan aguantar sus ganas, tienen siete años, los comprendo totalmente.

Ella negó con su cabecita rubia y se acercó más a mí.

—Eric me quitó mi fruta, y dijo que si le decía a alguien me iba a tirar mi cabello.

Sí, aquí tenemos problemas serios y muy graves.

—Iré a hablar con él, pero ven a sentarte al lado de Charles, ¿de acuerdo? Esa será tu mesa desde ahora.

Kebi me había hablado de Eric cuando llegué, el niño es inteligente, pero su actitud es mala, muy mala.

—Pero… ¿qué voy a comer ahora? —dijo con tristeza y con sus ojitos azules llenándose de lágrimas.

Me dieron ganas de abrazarla, Vera era una niña muy sensible y alegre, Eric tendría muchos problemas si seguía así, apenas tiene siete años y recién llevamos casi dos semanas de clases del nuevo año. Lo que nos esperaba no quiero ni pensarlo.

—Te traeré algo.

Kebi estaba de cinco meses, no podía esforzarse mucho ni estar de pie por mucho tiempo, su embarazo no era de alto riesgo pero tampoco era normal. Necesitaba cuidado y no quería dejar de trabajar. Así que aquí estaba yo, sentándome en la silla que era de Vera y mirando a Eric, que me ignoraba muy bien, por cierto.

—¿Qué te enviaron de casa para comer? —le pregunté.

—Emparedado.

De acuerdo, está comunicativo.

—Vera trajo fruta pero se le perdió, ¿sabes dónde está?

—Se la comió —dijo rodando los ojos.

Sí, mala actitud.

—¿Crees que alguien se la quitó? Porque eso sería muy malo, ¿te imaginas un niño o niña robando comida? Creo que debería venir el señor Murphy a investigar el salón ya que hay un posible ladrón en esta clase.

Dejé esa información ahí y me fui al mueble donde guardaba mis cosas a buscar la comida saludable extra que siempre traía para casos especiales. Se la llevé a Vera, era una manzana roja picada.

—Es la mejor manzana del mundo, así que debes comerla toda.

Sonrió y comenzó a comer.

—Gracias, señorita Swan.

—De nada, cariño.

A la hora del término escolar del día viernes, muchos padres venían a buscar personalmente a sus hijos, con Kebi los ordenábamos y salíamos con ellos a la entrada de primaria para vigilar que los quince niños se fueran con la persona correspondiente. La madre de Eric era una mujer de unos cuarenta y cinco años que me daba la impresión de ser demasiado altiva y soberbia cuando la veía caminar y hablar, podía ver por qué su hijo era así.

Ah, olvidaba decir que se llama Brianna y es la madre de Bree, la amiga de la ex de Edward. Juro que no hay nada personal aquí, y soy sincera, descubrí esta información leyendo los datos de los niños hace un mes.

—Hola, cariño —dijo ella cuando llegó frente a su hijo—. ¿Listo para irnos de viaje? Papá nos espera en París, te tiene tu regalo de navidad adelantado —ella le sonrió y Eric también, luego la sonrisa se le borró y me miró—. ¿Qué ocurre? ¿Algún problema?

¿Por qué la gente adinerada piensa que levantando una ceja perfectamente depilada y maquillada tiene efecto en otra persona?

—No lo sé, ¿hay algún problema, Eric? —pregunté directamente mirando al pequeño matoncito que se estaba formando.

Se acercó a mí y me incliné para que me confesara su crimen.

—Vera no se comió su fruta, yo se la quité, lo siento.

De verdad lo sentía, él nunca se disculpaba.

—¿Eric? —llamó su madre sonando un poquito indignada de nuestro secreto.

—Eres demasiado inteligente para que andes haciendo esas cosas, espero que el lunes le traigas a Vera lo que le quitaste y le pidas disculpas, ¿de acuerdo? Eres muy valiente al decirme la verdad, no se repetirá, ¿cierto?

—No, no volveré a hacerlo.

Le creí. Me levanté y miré a su madre.

—El lunes debe traer una porción extra de frutas, se comprometió con una compañera sobre eso.

—Él no come frutas —dijo Brianna frunciendo el ceño.

—Su compañera sí —respondí lo más dulcemente que pude.

—Bien. Vamos, el chofer nos espera.

Tomó de la mano a su hijo y se lo llevó. No conocía al padre, pero rezaba para que fuera más centrado que su mujer sino pobre muchacho.

—Ten cuidado con ella, no es muy amable y tiene mucho dinero, si quiere joderte, lo hará —murmuró Kebi en voz baja, aún nos quedaba Vera que me tenía abrazada por la cintura—. Su esposo es mucho más persona, pero siempre está de viaje, debemos conformarnos con ella.

—Me hago la idea —murmuré de vuelta.

Esme venía entrando con Carlisle de la mano, eran tan lindos juntos, los shippeaba demasiado.

—¡Mami!

—¡Princesa!

Carlisle sólo rió, nos saludó con dos besos y comenzó a preguntar por exámenes y trabajos, Kebi era la indicada para responder, yo me iba a ir al salón de nuevo para empezar a ordenar cuando Esme me detuvo.

—Bella.

—Esme.

Me sonrió y se acercó confidencialmente.

—¿Cómo va todo?

—Bastante bien, los maestros me agradan, no me ignoran por ser alguien nueva y los padres de los niños son muy cordiales, con excepciones, por supuesto.

—Ya veo, puedes contar conmigo por cualquier cosa, no dudes en eso, Vera está más que encantada contigo, por cierto, te adora.

Vera se acercó y me sonrió enseñando todos sus dientes.

—Hasta el lunes, señorita Swan.

Tomé su rostro y le di dos besitos ruidosos en sus mejillas.

—Hasta el lunes, cariño. Ten un divertido fin de semana.

—Hasta la noche, Bella —se despidió Esme—. Supongo que irás, ¿no?

—No es que haya podido negarme, Edward tiene un alto nivel de persuasión.

Rió y asintió con su cabeza.

—Puedo imaginarlo, espero que no nos hayan sentado tan lejos, Carlisle cree que estaremos en la mesa de sus compañeros de reparto.

—Entonces Edward estará con Leah —ambas hicimos una mueca.

—De acuerdo, nos deseo suerte esta noche —dijo riendo.

Esta noche era la cena benéfica anual en Londres donde sólo participaba gente del cine y televisión británica. Lo encontré un poco clasista para no decir discriminador porque es benéfica, ¿no requieren toda ayuda posible? Luego Edward me dijo que es una «tradición» así que no quise discutir las tradiciones británicas con un británico.

Hace unos días llegó un vestido a casa que yo no había pedido ni comprado. La tarjeta decía:

«Lo vi y dije "Oh, Dios mío, ¡es perfecto para Bella!" Sé que no te gusta que te compre cosas pero este vestido merece ser usado por ti la noche del viernes. Espero que lo hagas, Isabella.

Te quiero.

Rose.»

No puedo negar que cuando lo vi no me enamoré, digo, es un vestido de Zuhair Murad, son hermosos. La etiqueta del vestido decía que era de la colección de París. No me interesaba mucho de qué colección o año era, no podía dejar de mirarlo porque era más que perfecto. Lo escondí en la habitación de invitados para darle una sorpresa a Edward el mismo día, me estuvo preguntando si necesitaba ayuda de alguien para la cena benéfica, cuando contesté que tenía todo resuelto, él supo que le escondía algo pero sólo sonrió. No iba a decirle nada más.

—Hey —levanté la vista de un libro y ahí estaba Edward—. ¿Estás lista?

Los viernes él me iba a buscar al trabajo, se hizo una rutina; me pasaba a buscar, almorzábamos en algún local, íbamos a casa y, al menos yo, dormía una siesta porque levantarte todos los días a las 7 AM y sacar toda tu energía durante el día con niños pequeños te pasaba la cuenta. Imaginen esa mamá con tres hijos todo el día dedicada a ellos, hermosos momentos pero a las ocho de la noche yo no querría más guerra.

Sólo tendré un hijo, por cierto.

—Estoy lista —busqué mis cosas y caminé a la salida del salón donde me esperaba.

—Te ves cansada —pasó una mano por mi cabello hasta llegar detrás de mi cuello donde me dio pequeños masajes—. ¿Dónde prefieres almorzar?

—En casa, por favor, empiezo a tener un pequeño dolor de cabeza.

—Lo que quieras.

Me dio un beso y empezamos a caminar hacia el estacionamiento, no era sorpresa que un actor se viera en el colegio, sería muy extraño que alguien perdiera la cabeza si ve a un famoso o le pidiera un autógrafo o foto, eso aquí no pasa, hay demasiada clase para caer en cosas comunes de gente clase media.

Odiaba lo clasista y elitistas que podía ser esta gente cuando veía la oportunidad.

—Rose llamó, dijo que irías a su casa a prepararte para la cena de esta noche —comentó él cuando íbamos en la carretera—. ¿Por qué tanto misterio?

—Me acabo de enterar que iré a su casa —Rose a veces podía ser muy mandona, pero agradecía infinitamente su ayuda—. Eso significa que me irás a buscar allá.

—Sí, lo que es injusto porque quería ser yo quien te viera primero —ow, hizo un puchero muy lindo.

—Creo que valdrá la pena —le dije tomando su mano izquierda y entrelazando nuestros dedos, me encantaba hacerlo—. Incluso no me negaré a que subas a tu instagram las fotos que quieras.

Sonrió mucho, como si le hubiese dicho otra vez que me quedaría a vivir en Londres.

—No más quejas por mi parte.

Entramos a la calle de su casa. Bueno, mi ahora casa también, Edward se molestaba cuando no la incluía como mía. Le di razones de por qué no era mi casa pero dejé de discutir con él cuando dijo que la solución a mi problema sería buscar otra casa para ambos. Lo encontré un poco extremista y en cierto modo él bromeaba pero no quise tomar ese riesgo por ahora. Me encontraba muy feliz donde estaba.

Después de comer me fui al cuarto y me quité la ropa para tomar mi siesta, desde un tiempo hacia acá no podía dormir si llevaba puesto pantalones ajustados, algo más que una camiseta y sostén. Duermo de lado y el sostén se mueve, al final se te sale un seno igual, mejor me lo quito y quedo en libertad, ganamos todos, incluso Edward, pero ese es otro tema.

Dormí hasta que el sonido de mi celular me despertó, por supuesto que era Rose diciéndome que en cinco minutos estaba aquí para llevarme y empezar a «pulir tu belleza, Bella», ridícula.

—Adoro a Rose, pero siempre nos interrumpe —murmuró contra mi cuello.

Me di la vuelta en la cama para estar cara a cara a él, tenía sus ojos cerrados y el cabello desordenado, me encantaba pasar mis manos y desordenarlo más, así que lo hice, vi su sonrisa y su mano en mi cintura me acercó aún más. Después de muchas cosas que hemos pasado, he descubierto varios puntos débiles en mi cuerpo que Edward sabe también, por ejemplo su mano en mi cintura, no debería producirme nada pero lo hace, él mueve sus dedos y da pequeños toques con la presión justa, me hace querer más y eso significa que me empiezo a pegar a él y al final no queda espacio entre nosotros.

Es ahí cuando algo se apodera de mí y hago lo que estoy a punto de hacer y que él sabe que haré pero no me importa que se aproveche de mis debilidades, porque me encanta.

Suena a que soy un poco fácil pero recomiendo dejarse llevar de vez en cuando.

Lo beso ni despacio ni rápido, pero voy al grano de inmediato porque tengo unos segundos para tener ventaja antes que él use su fuerza y yo sólo me deje querer. Paso mi lengua por su labio antes de morderlo una y otra vez, me desespera un poco hacerlo porque me encanta morder sus labios y parar no es una opción hasta que él toma el control, como ahora.

—No quiero que llegue tu amiga y estar en medio de algo…

Lo besé de nuevo subiéndome encima de él.

—Cobraré este momento cuando regresemos de la cena y no quiero que me detengas en nada, estaré horas mordiéndote y vas a tener que aguantar, Edward Cullen.

Muchas veces me sentía frustrada porque cuando empezábamos a besarnos y todo se ponía un poco más caluroso y emocionante, debíamos parar. No es que no hayan pasado cositas entre nosotros, cuando sentí que no me importaba si me veía cambiarme y le daba una vista de dos montes, di el primer paso. Edward me respetaba mucho y es una de las cosa que me enamoró, jamás me hizo sentir presionada ni nada por el estilo, de hecho siempre era él el que detenía todo intento de manoseo que quería darle, me hacía gracia que cuidara mi virtud porque a estas alturas no me interesaba seguir manteniendo un templo lleno de flores cerrado.

Rose ayudó en eso el día en que las cosas con Edward subieron de tono, al nivel en que ambos quedamos jadeando y con un desastre en nuestra ropa interior, sólo diré eso. Mi amiga me hizo sonrojar cuando preguntó por qué me había cambiado de ropa cuando nos vimos el mismo día para cenar, no podía decirle directamente que fue porque un volcán había hecho erupción, pero ella pudo imaginarlo porque me llevó a un salón de belleza.

A depilarme con cera.

En muchas partes dolorosas.

Partes que a los ojos de los demás eran sólo mías.

No es que yo no me hiciera nada ahí abajo, creo que la mayoría de las mujeres puede cuidarse solita su zona femenina, pero Rose insistió y no es que haya sido fácil pero tenía curiosidad.

Dolió. Mucho.

Quise matarla y quitarle las pestañas una por una cada vez que la mujer contaba hasta tres, dos, y tiraba. Rose me decía que le iba a agradecer algún día, quizás mañana pueda reflexionar si llamarla y decirle gracias, o llamarla y decirle que mi dignidad estaba en el subsuelo.

Esta noche tenía expectativas personales, nada que ver con la cena y fotógrafos y salir en internet otra vez, esta noche me sentía una ganadora de la vida y como ganadora de la vida tenía mi vista y atención puesta en Edward. Sólo necesitaba preparar mi terreno y ya había comenzado.

Mi entrometida amiga me hizo preguntas muy íntimas que no contesté, obvio, era como darle material de burla a Emmett, estos dos en serio que eran el uno para el otro.

—De acuerdo, no me digas nada, pero yo siempre te cuento todo, Bella.

—Yo no te pido que me cuentes nada, menos tus aventuras sexuales con Emmett, desde que lo hiciste con él no paras de enviarme mensajes alusivos a sexo. Asquerosa.

Se rió por unos buenos diez segundos. ¿Así eran las amigas sexualmente activas? Porque regalo a ésta si la quieren.

—No todas las veces son por sexo, me encanta molestarte, eres tan tierna —apretó mis mejillas y le saqué la lengua—. Bien, basta de sexo. Ponte los zapatos para ver lo hermosa y sexy que quedaste.

Cuando estuve lista me vi al espejo. Seré sincera y objetiva: me veía muy bien. No, no bien, me sentía y veía demasiado bien, creo que me amo un poco más de lo que ya hacía, ya saben, hace tiempo aprendí a quererme, creo que si no lo haces tú jamás vas a permitir que otro lo haga, es como algo lógico sobre autoestima y respeto, de igual manera encuentro que me veo bellísima.

Me encanta el vestido y su color, realmente no sé el color exacto pero es entre gris azulado bien claro, algo así, en todo caso lo que más me gustó fue el escote en v pronunciado, era recatado, lo juro.

—¡Me encanta, me encanta, me encanta! —gritaba Rose detrás de mí acomodándome el cabello—. ¿Te gustó la trenza? ¿Y el maquillaje? Quise hacerlo natural.

Me hizo una trenza cascada dejándome el cabello con ondas naturales, amaría saber hacer trenzas para poder peinarme y verme tan bien como ahora, y el maquillaje resaltaba mis ojos cafés, parece una tontería pero de verdad los ojos cafés están infravalorados.

—Rose —me di vuelta para abrazarla bien fuerte—. Muchas gracias por todo, no sé qué habría hecho sin ti.

—Nada, por supuesto, soy única e inigualable —ese ego era enorme—. Ahora hay que tomarte muchas fotos.

Le envió una foto de mi escote a Edward, me dio mucha risa porque Rose dijo que me habían crecido y fue raro que ella estuviera más pendiente de mis senos que yo.

—¿Edward te está dando masajes especiales? Dicen que crecen pero nunca he puesto en práctica esa teoría.

—Cállate y deja de mirar, están iguales —me las toqué con ambas manos por encima del vestido. Sí, iguales.

—¿Están con el SPM? Porque también puede influir.

—No tengo nada, mis amigas están bien, todas estamos bien, todo mi cuerpo está bien, gracias por preocuparte pero no es necesario.

—De acuerdo, pero acuérdate de mí cuando tu mamá o primas te envíen mensajes preguntándote si te agrandaste las bubis.

Edward llegó a buscarme y mis senos quedaron en el olvido, Emmett había ido a casa para dejarnos solas y ayudar a su amigo así que lo primero que oí cuando se abrió la puerta fue un silbido.

—Pero miren nada más, Bella Swan mostrando su pechonalidad.

Bien, mis bubis seguían siendo tema.

—¡Emmett! —dijimos los tres—. Espero no volver a oír algo como eso —comentó Edward.

—Te estoy preparando para lo que se viene cuando ella baje del auto, además ni siquiera la has visto, me vas a dar la razón.

Él apareció en su traje negro, por supuesto era Dior, y le quedaba tan bien a su cuerpo, se ajustaba a todas esas partes hermosas que quería abrazar. Y su cabello… me encantaba verlo peinado, le daba un toque serio y sexy, pero quiero desordenarlo todo.

—Me estás jod…

—¡Te dije! —exclamó Emmett aplaudiendo.

—¿Crees que son una distracción? —le pregunté acercándome a él, estaba bromeando pero él no tenía por qué saberlo.

—Sí… no, digo, no, me encanta, te ves hermosa, muy sexy y hermosa.

—Mira cómo babea, mi trabajo fue un éxito —murmuró Rose llenándose de sí misma—. Bien, fuera de aquí, espero ver fotos en internet donde ambos se coman con la mirada y se desnuden frente a todos. De nada, Edward, por Bella hago lo que fuera. Adiós.

Edward no dejó de sonreír en todo el trayecto, me dijo muchas veces lo hermosa que estaba y que a cualquier evento que él fuese yo iba a ir con él, no fue una pregunta. Llegamos y Sue nos esperaba, dio unos pequeños saltitos cuando nos vio, me saludó diciéndome lo maravillosa que me veía y lo celosas que iban a estar todas cuando me vieran, lo dijo en tono de broma pero sentí que había algo escondido ahí.

Por supuesto las malas noticias se saben primero. No es que yo creyera que ella era una mala noticia, pero Tanya siempre quería dar que hablar. Y estaba aquí.

—Bien, se van a sentar con Carlisle, Esme, Jasper, Alice, Leah y quien les habla, o sea yo —informó Sue mientras esperaba que otras personas pasaran por la alfombra—. No quiero problemas, sólo sonrían y sean felices, dicen que la comida es buena. Por cierto, Tanya vino con Bree, no se sentarán cerca de ustedes pero evítenla, la prensa sólo quiere chismes.

No pensé más en la ex novia cuando Sue le dijo a Edward que era hora de posar. Si casi quedo ciega para el cumpleaños de Edward con tanta fotografía y flash, ahora podría quedar completamente ciega o mínimo viendo puntitos negros por días.

—No dejará que le tomen muchas fotos a él si tú estás aquí, mira sus manos —las tenía en sus bolsillos—. Se está conteniendo de venir a buscarte y no soltarte. Ah, ahí viene.

Edward miró hacia nosotras y estiró su mano. Con nervios y todo, quién era yo para hacerlo esperar, caminé y tomé su mano, las entrelazamos dos segundos antes de que pasara su brazo por mi cintura.

—Te ves increíble —susurró en mi oído, lo miré y sonreí—. No sonrías así.

Sonreí más.

—¿Por qué?

—Porque me dan ganas de besarte. Mucho.

Las fotos no paraban mientras avanzábamos, en cierta parte se encontraban los periodistas, Edward entrelazó nuestros dedos mientras seguíamos a Sue, me quedé un pasó detrás de él mientras respondía unas preguntas, no soltó mi mano.

—¿Qué donaron esta noche? —preguntó la mujer con la que él estaba hablando.

—Hoy todos donan el vestuario para una subasta —respondió Edward.

—¿Tu novia donará ese hermoso vestido? —preguntó ella mirándome—. Se ve increíble, fantástica, ¿es de Zuhair Murad?

Puso el micrófono más cerca de mí. Miré a Edward que sonreía discretamente y me acerqué un poquito.

—Sí, lo es.

—¿Lo vas a donar? Puedo imaginarme cuánto valor tiene ahora —dijo ella apreciando otra vez mi vestido.

—Lo haré —dije sonriendo—, no vienes a una cena benéfica donde tu ropa será subastada sin algo que de verdad haga un aporte.

—Oh, querida, esa es la actitud, Zuhair Murad y Dior hacen una explosiva combinación, por cierto. ¿No han pensado en hacer una sesión de fotos? Juntos.

Le dejé la respuesta a Edward.

—No lo hemos pensado pero le diré a mi agente que te avise para que tengas la primicia —respondió bromeando.

—Llevo años esperando a que me des alguna primicia —dijo ella rodando los ojos y se veía que se llevaban bien—, voy a jubilar esperando. Al menos dime algo sobre tu próxima película, ¿es cierto que la dirigirá un director mexicano?

—Aún estamos en conversaciones, no puedo decir nada por el momento.

—Bien, nunca puedes decirme nada, Edward —se quejó rodando los ojos de nuevo—. Gracias por la entrevista, se ven increíbles, en serio que sí. La primicia de la boda la estaré esperando, ¿de acuerdo?

—Serás la primera periodista a la que llamemos —le respondió Edward dándole un apretón a mi mano.

Los tres reímos antes de seguir avanzando. Él seguía respondiendo sobre sus películas, beneficencia, intentaron sacarle información personal como si íbamos en serio o camino al matrimonio, si vivíamos juntos permanentemente y una pregunta sobre Tanya. ¿En serio estudian cinco años para entrevistar a famosos y preguntarle sobre su ex novia cuando estás viendo que tiene una nueva pareja justo al lado?

Me di una palmada en la frente mentalmente. Ridículo.

—No la he visto pero estoy seguro que ayudará mucho con su aporte esta noche, que es el por qué estamos todos aquí.

Sí, Edward lo dijo y siguió avanzando, le di palmaditas en su espalda en mi mente también. Bien hecho.

—Pasemos a tomar asiento, recuerden que también hay fotógrafos adentro y no quiero decir esto, pero estoy segura que tu ex hará algo, tú sólo sonríele —Sue me dijo esto último a mí.

—¿No hablaste con su agente? —le preguntó Edward mientras entrábamos.

—Lo hice, pero no confío en ellos, lo sabes.

Nos ubicamos en nuestros asientos, Esme estaba a mi lado izquierdo y Edward al derecho, Jasper estaba junto a Edward y Alice a su lado, ambos me saludaron muy amables. Sí, Alice me saludó amablemente. Su panza de ocho meses la hacía ver muy bella, se ve hasta tierna cuando pasa su mano y acaricia su barriga. Por qué no podía ser así de encantadora con Rose y conmigo, pareciera que le molestase que sus amigos tuvieran novias, no sé, quizás se sintió dejada de lado.

Voy a seguir culpando a sus hormonas.

—¿Cómo te ha ido en el trabajo? Edward dice que estás feliz —preguntó Jasper.

—Muy bien, me encanta el grupo y la gente que trabaja ahí, no hacen diferencias por nada —le contesté mientras de reojo veía a Leah sentarse al lado de Sue.

—No sabía que eras maestra, nunca lo comentaste —dijo Alice amablemente, en serio no sé qué pasa con ella.

—En realidad nadie preguntó, Edward se enteró cuando Esme me llamó.

—Lo de ser muy privada te lo tomaste en serio desde siempre —dijo Esme bromeando.

—¿Esa es tu ex? —preguntó Leah mirando hacia el frente de ella—. No es muy sutil, ¿eh? ¿No te molesta que lo persiga?

Bien, eso iba para mí.

—No me molesta —por supuesto que no—, mientras no se meta en mi camino, cosa que no ha hecho.

—Lamento informarte que tu camino ahora tiene dos piedras no deseadas.

—Hola, Edward —esa voz no era de Tanya, pero no quise mirar—. ¿Cómo estás Alice?

Era Bree, la hermana del matoncito en potencia.

—Estaba muy bien hace un segundo —respondió Alice muy seria y yo sonreí, era divertido cuando su mal humor no iba hacia mí.

—Hey, tanto tiempo —esa sí era Tanya hablando detrás de mí—. Me alegra verte Alice.

Alice… ella sólo parecía querer lanzarle algo en la cara.

—Gracias, pero supongo que siguen teniendo fotos de nosotros como para recordarnos, ¿no, Bree? —alzó una ceja mientras las miraba—. Yo las borré, lo lamento.

Alice 1 – Bree 0.

—¿Tanya? Deben volver a su mesa —reconocí la voz de su agente, pasa que yo veía todos los videos donde saliera Edward y ellos eran muy unidos entonces… sí.

—Felicidades por tu película, Edward —dijo Tanya antes de irse, le tocó el hombro. Se. Lo. Tocó.

Sonreí. Sonreí por todo, porque tengo vida, trabajo, a mi familia, un novio… un novio que su ex quería primera plana, por supuesto, pero quién se cree que es la loca esa.

—Gracias —fue el comentario de Edward.

Cuando se retiraron lo suficiente, Alice tuvo que dejar salir todo.

—No puedo creer que hayan tenido la cara para hacer eso, puedo tolerar que saluden pero otra cosa es tocar, ¿entiendes eso? Mañana internet estará repleto de ustedes. Bella, tienes que hacer algo.

Qué. Por qué.

—No es necesario montar nada, no debemos caer a su nivel —murmuró Sue seriamente—. Dejemos que las cosas ocurran de forma natural.

De forma natural se refería a dejarlo pasar y no hacer nada. Encontré que tenía razón, no me iba a poner a besar a Edward para que tomaran fotos y vieran que estábamos bien, digo, estamos bien.

La única mal y loca es la ex esa.

Me caía bien.

Los shippeaba.

Por Dios.

—¿Hay una subasta? —le pregunté a Edward cuando vi que a cada persona le estaban entregando su número para pujar.

—Sí, puede ser cualquier cosa, desde alguna joya hasta un viaje, la publicidad es la que entrega las cosas.

—¿Y la ropa la subastarán online?

—Es más fácil, si compran tu vestido te avisarán con una tarjeta y te darán las gracias por ayudar —tomó mi mano y se acercó a mí—. ¿No estás enojada? —murmuró.

Sí, sabía a lo que se refería.

—En realidad no, sólo me dan lástima.

Dejó un beso cerca de mis labios y pusimos atención al maestro de ceremonias que iniciaba su presentación. Muchos famosos participaron y también hubo muchas risas cuando el señor dijo que se subastaba una hora de conversación con la actriz de la serie más famosa del último tiempo para contar los secretos, mucha gente empezó a pujar dinero, mucho dinero.

—Eso es no saber en qué ocupar tu dinero —dijo Alice viendo cómo se cerraba el trato con un actor de renombre—. Es como cuando el príncipe árabe pagó para hablar media hora con Heidi.

—Bueno, el dinero va a una buena causa —respondió Jasper.

—Pero la conversación puede no ser buena —replicó ella.

La cena terminó a las once de la noche, había una fiesta después a la que nos invitaron pero decidimos no asistir así que después de despedirnos y que de Alice nos deseara una buena noche, sí, sigo impresionada, nos fuimos a casa. Revisé mi celular en el trayecto y Rose, por supuesto, ya había hecho algo.

—Mi escote está en el instagram de Rose —comenté riéndome—. No puedo creer que haya subido una foto donde se me ve…

—¿Por qué siempre va un paso adelante? —dijo él interrumpiéndome—. Tengo tu autorización para subir cualquier foto y Rose me gana. No es justo.

—Tienes montones de fotos más, no creas que he olvidado cuáles tienes.

Sonrió.

—Me encantan —dijo encogiéndose de hombros.

Me ayudó a bajar del auto y no soltó mi mano hasta que estuvimos en el dormitorio, me quité los aros y pulseras mientras él quitaba su chaqueta y corbata, mi vestido tenía botones en la espalda, muchos botones. Me di vuelta para pedirle ayuda pero quedé con la boca abierta mientras miraba su pecho. Se quitó la camisa, qué más podría ver, digamos que mi temperatura subió también, no es mi culpa.

Soy humana y de carne y hueso, por favor.

—Eh… —me di la vuelta—. Tiene botones.

No dije nada más sino mis mejillas iban a explotar del calor de la vergüenza. Él no dijo nada cuando se acercó y quitó mi cabello de la espalda dejándolo a un lado de mi hombro. Sentí cómo el vestido se aflojaba mientras él lo desabotonaba hasta mi trasero. Lo siguiente era que él me dejara quitarlo y así cada uno se pondría su pijama, pero no, Edward pasó su mano por mi espalda, una suave caricia hasta mi cuello.

Me di la vuelta y lo besé. Lo besé y mordí, toqué su pecho, su cabello, su cuello y su espalda, él me tenía de la cintura, una mano en mi espalda y otra en el culo, debo ser franca.

—Hey…

—No.

Por Dios, si me detiene voy a golpearlo. Este volcán lleva meses activo, sólo quiere hacer erupción. Seguí besándolo y él dejó de querer detenerme, sé que quiere hacerme preguntas sobre este momento, si estaba segura o que no era necesario apresurarnos.

Créeme, siete meses me hacen sentir muy segura, soy una chica grande, sé lo que quiero.

—¿Estás…?

—Sí.

Muy segura.

Juntó nuestras frentes un momento, lo sentí respirar hondo antes de separarse y mirarme. Me miró a los ojos, mis labios y bajó a mi escote. En algún momento me besó de nuevo, solía no prestar atención a nada más cuando me besaba así, tan dulce y profundo a la vez, no me di cuenta cuando bajó los tirantes de mi vestido hasta que se rozaron nuestros pechos.

Oh. Dios. Mío.

—¿Quieres pa…?

—No.

Me tocó con suavidad, acarició mis caderas que aún tenían mi vestido agarrado, subió sus manos por mi estómago hasta tocar mis senos con las yemas de sus dedos, respiré hondo y él volvió a besarme, me acerqué más y lo que quedaba de vestido cayó al piso, me tomó del trasero y me levantó, envolví las piernas en su cintura y comenzó a besar mi cuello, ese era un punto débil, sobre todo cuando pasaba sus dientes, sobre todo cuando empezó a bajar lentamente hasta que su rostro quedó en medio de mis senos. Yo ya respiraba más rápido y cuando sentí sus besos en mi pecho derecho mis neuronas ya me estaban dejando.

Gemí un poquito, y Edward lo besó con lengua y dientes.

—Vamos a tener un problema —murmuró con voz ronca—. Quiero seguir haciéndote esto. Mucho.

Quedé de espaldas al colchón de la cama, juro que si estuviésemos en el piso no me daría cuenta, este hombre quita la razón de mí. Me acomodó contra las almohadas, él entre mis piernas, besando mis pechos por muchos minutos, minutos en donde tiré su cabello y enterré mis uñas en su espalda, lo siento por eso.

Mi cuerpo palpitaba, literalmente palpitaba, él quitó su ropa y la única prenda que me quedaba, no estaba pensando en otras cosas que no fuese lo que iba a pasar, lo que quería que pasara, pero le di gracias a mi amiga por hacerme sufrir en ese salón de belleza cuando salté de la cama al sentir un roce justo ahí. Sí, decían que era más sensible de esta manera.

—Voy a morir —susurró yendo por mi boca.

Lo abracé porque necesitaba tenerlo más cerca, su cuerpo pegado al mío, ese roce que me encantó tanto. No dejó de tocarme allí abajo, sé por qué lo hacía pero no era necesario, tenía bastante estimulación por mí misma. Iba a tomar su mano para que se diera cuenta que estaba más que lista pero no llegué a mi destino, apreté mi mano en su brazo cuando empezó a ir todo más rápido.

—Oh, Dios…

Me sujetó hacia abajo cuando empecé a volar fuera de la cama, enterré mi cabeza en la almohada y traté de no gritar pero fue imposible cuando sus labios sustituyeron su mano, juro que si seguía así iba a tener que raparse porque mi mano sólo tiraba de su cabello.

—Te voy a dejar calvo… —traté de decirlo sin parecer que me ahogaba pero sus habilidades lingüísticas me querían hacer gritar de nuevo.

No dijo nada porque estaba realmente ocupando esa lengua tan bendecida que tenía. Empecé a sentirlo, mis piernas se pusieron rígidas y él me abrazó por la cadera para mantenerme quieta mientras ese volcán respiraba al fin. Dios, dame una larga vida para tener más de esto.

Respiré hondo y fuerte para calmarme, quité mis manos de su cabello mientras él subía dándome pequeños besos hasta llegar a mi boca. Me miró a los ojos, se aseguró de que estaba bien y se acomodó contra mí.

—Sabes muy bien cómo será pero debes decirme si te hago mucho daño, ¿de acuerdo?

Asentí ante su preocupación. Él se acercó más, ambos brazos en la cama mientras estaba sobre mí, me besó a modo de distraerme pero estaba a punto de perder mi virginidad, iba a sentirlo con besos o no.

—Bella…

Lo sabía.

—Estoy muy segura, no te detengas —ahora fui yo quien lo besó, se rozó contra mí y solté un sonidito gracioso al parecer porque se rió.

—¿Quieres que use preservativo?

Qué.

Oh, Dios.

Ni siquiera pensé en eso, estaba con pastillas, el doctor me dijo que también eran anti-embarazos.

—No.

—¿Segura?

—Sí.

No grité, pero en mi mente maldije a todas las madres del mundo y a sus hijos y esposos y…

—¿Duele mucho? —no contesté porque estaba mordiendo fuertemente mis dientes para no gritar—. Bella —esa preocupación me hizo soltar el aire.

—Duele —susurré respirando otra vez, no quería moverme.

No se movió, ni más adentro ni más afuera, de igual manera más adentro no podría. Me dio besos en la mejilla, en mi nariz, en mi mentón, en mis ojos, sonreí porque a pesar de que estábamos en una situación tan íntima y dolorosa para ambos, sé que debe querer moverse demasiado pero se controla, Edward estaba siendo tierno conmigo, me relajaba su toque y su voz diciendo que me amaba en cada beso que me daba.

No iba a llorar, por supuesto, estoy bien.

Me moví para saber si aún dolía, respiré de alivio cuando no sentí nada. Edward levantó su cabeza de mi cuello para darme un beso no apto para el público sensible. Lo sentí moverse despacio, me moví contra él también, de alguna manera diciéndole que no tuviera cuidado, todo estaba bien. Se acomodó entre mis piernas, y eso fue todo, fui un manojo de sensaciones que no quería que acabaran, me sentía bien, amada, llena de una forma física y emocional, me agarré a él cuando todo empezó de nuevo, no pude evitar hacer ruido.

Me besó y aceleró el ritmo, lo perdí en ese momento, ni siquiera sentí cuando él explotó en mí, yo sólo quería quedarme ahí arriba y no bajar. Sentí el colchón moverse, abrí los ojos para verlo desnudo salir del baño con una toalla, no iba a pelear con él por lo que iba a hacer, acabábamos de tener sexo completamente desnudos, no me iba a cohibir ahora.

—Abre —pidió él amablemente, sonreí ante eso. Abrí mis piernas porque él iba a limpiarme, si hubiese usado preservativo esto no habría pasado, pero digamos que perder la virginidad trae consigo otra cosa—. ¿Estás bien? ¿Te duele?

—Estoy demasiado bien —murmuré con una sonrisa, él me sonrió de vuelta, con sus ojos brillantes.

Después de ir al baño otra vez me hizo meterme dentro de las sábanas, iba a decirle que quería ponerme una de sus camisetas o mi camisola pero algo duro bajo su cintura me dijo que iba a ser una pérdida de tiempo. Me abrazó y me acomodé en su hombro, él pasó sus dedos por mi cabello y me hizo mirarlo.

—No quiero darte las gracias por haber tenido sexo conmigo —empezó a decir en voz baja, fruncí el ceño—, pero agradezco tu confianza, sabes que hubiese esperado lo que fuese necesario, ¿no?

—Lo sé, cuidaste mi virtud muy bien —le dije sonriendo—. Gracias por cuidarme, hace un rato… Lo hiciste mucho mejor de lo que había imaginado.

—¿Y llené tus expectativas? —preguntó bromeando.

—Me llenaste, eso estuvo claro.

Se rió de mi broma en doble sentido, a veces se me salían sin querer.

—Te amo —murmuró bajando su cabeza hasta besarme.

—Te amo también.


—Hey…

Abrí los ojos para ver a Edward sentado en la cama. Tenía una sonrisa hermosa.

—¿Me trajiste comida? No tengo fuerzas para levantarme.

Me dio una palmada en el trasero, estaba debajo de las sábanas pero de igual manera le di una palmada en su brazo.

—Deja de golpearme, te traje el desayuno aunque ya es tarde, mamá nos invitó a almorzar a la una.

—Entonces comeré poquito —me acomodé en la cama y él puso la bandeja sobre mis piernas, le di un sorbo al té.

—Me gusta verte con mi ropa.

—No me digas —dije divertida—. ¿Cosa de hombres?

—Completamente —asintió él observándome—. ¿Decidiste qué hacer para tu cumpleaños?

—Quiero trabajar, estar con los niños.

—Graciosa —se acomodó frente a mí en la cama—. Sé que tienes que trabajar, pero podemos hacer cualquier cosa que quieras después. ¿Estás bien con la idea de mamá haciéndote una cena? Estarán mis primas.

—Lo sé, me agrada más esa cena que salir a alguna parte, no soy de salir a fiestas, ¿no te has dado cuenta? —fingí fruncir el ceño.

—Sé eso, ¿de verdad no quieres nada? —preguntó más serio.

Por supuesto que quería algo, por veintitrés años he celebrado mi cumpleaños junto a mi familia, los extrañaba mucho, sobre todo a mamá, ya saben, soy apegada a ella, así que sí, los quería a ellos aquí pero no iba a decírselo. Bajé mi atención a las tostadas antes de que él viera que me estaba deprimiendo un poco.

—Sólo la cena, debo trabajar al otro día de todas formas.

Dejé el tema y le pregunté si había algo interesante que saber este día, él era de leer el periódico.

—Nada por hoy, pero internet está en llamas.

—¿Por Tanya? —inquirí dejando el pan en el plato.

—No fue mucho tema, hay unas fotos pero nadie las tomó mucho en cuenta además de sus fans, la gente habla de ti.

¿Mm?

—¿Qué? ¿Por qué?

Internet era muy amplio así que era mucho más fácil ver qué había pasado desde los links de twitter, lamentablemente Edward no seguía cuentas sobre chismes ni blogs de famosos, pero no era necesario cuando de repente tu amiga empezaba a enviarte links sobre ti. Te debo tanto, Rose.

—Bueno, al menos no dicen nada malo —le dije luego de leer algunas notas—. Dicen que me veo bien al lado tuyo, no quiero ser grosera, pero tú igual te verías bien al lado mío.

Sí, eso fue muy sexista de escribir.

—Claro que me veo bien al lado tuyo, somos perfectos —quitó la bandeja de mis piernas y la dejó en la mesita de noche—. ¿Necesitas ayuda para llegar a la ducha?

Lo miré un segundo antes de reír. Esperaba no llegar tarde al almuerzo con los Cullen.


Hello! Qué vergüenza demorar tanto pero más vale tarde que nunca.

Muchas gracias por las alertas y reviews que recibo, me alegran el corazoncito. Espero sus comentarios ahora, cualquier cosa no duden en decirlo o preguntar, los leo siempre.

Saludos.