¡¡Hola!! Casi un mes, sorryyyy!! Sólo digo que he tenido una "leve" crisis de inspiración y que he estado bastante ocupado. Pero bueno, muchísimas gracias a:DarkPotter90, HarryPeru, Nick Merlin Magus, Saiyury, Vreth Lillmans, Liss Snape, Juansorvolopotter, Sabrina, Roger00Black, DragFire, Juan Rodriguez, LupinaBlack, V&7a, Scarlett, Akiles, C.Antonio y Sabrii.

DarkPotter90, una historia dark buena?? y que actualice rápido?? pides algo imposible, xD, pero si alguien que lee esto conoce alguna Dark buena acabada o que actualice frecuentemente, que le deje en un review, que yo también estoy interesado :P Liss, la serpiente la lleva Harry dentro de él (por eso hipnotizó a Angelina, aunque muchas veces la deja en el bosque prohibido). Roger00Black, ya te conteste por el msn, pero esto lo digo por si los demás se hacen las mismas preguntas: Al hijo de Voldemort lo entrenó la madre, a excepción de este último año y algo, cuando ya volvió a por él y lo acogió como a su sucesor. Lord Ruacet, es poderoso, frío, implacable, pero es incluso más joven que Harry, (y está estudiando en un colegio, no diré cual, xD). Scarlett, no, no he visto Trinity Blood, es interesante?? porque si es así lo veo... espía de Dumbledore? es una pregunta incontestable, x) Lord Ruacet, pues cuando el fic esté más avanzado ya se sabrá de donde viene Lord Ruacet. Y como se llama? quien? el verdadero nombre de Lord Ruacet?? Esa pregunta es aún más incontestable. C.Antonio, tienes razón, pero lo que dices es algo que el Harry de mi historia sabe, por eso se alió con los vampiros. Es consciente de que él podría derrotar a Voldemort, pero no ha todo su imperio. Por eso, busca a otros aliados, ya sean del bando de la luz o no, pero que no tengan nada que ver con Dumbledore. Además, dale poder ilimitado a un adolecente... algo así hace que piense que puede comerse el mundo.

V&7a... jajaj analicemos tu review punto por punto: -Lo de Angelina, no te puedo decir nada, pero no me parece tan desproporcionado siendo amigos y teniendo el nivel de confianza que tienen. -Lo siento, pero Remus no estuvo sólo para rellenar espacio, ¿de qué estaban hablando Dumbledore y Remus?? además, que se tropezara con harry era la unica forma de hacer ver que seguía arrepentido o avergonzado por sus actos.- Hermione si aparecerá, pero no puedo poner a todos los personajes en todos los capitulos, en este por ejemplo, no sale Angelina.- El tema de Ron, este capítulo responde a tu comentario.- Normal que no sepas quien es la madre de lord Ruacet, es un personaje mío, xD, y la arrogancia... No era Draco un completo arrogante con sólo 11-12 años?? imaginate si en vez de tener a lucius como padre, tienes a Voldemort. -Y ya te contesto a todo lo demás, Dumbledore, pues sí, es un pesado, pero yo ahí no puedo hacer nada, xD, Stumlich tampoco podía llegar en su primera clase del ED y ponerse a practicar el avada kedabra, aunque el que "supuestamente" da las clases en el ED es Harry, aunque ya importarle no es que le importe mucho esas clases. Harry, el interesante?? jaja puede verse así, pero es que ha cambiado mucho, y no puede participar en un duelo con el director porque con el odio que le tiene, si lo tiene delante en un duelo, se lo carga...(en sentido metafórico..., o tal vez literalmente?? no sé...)

Bueno, ya está, aquí les dejo el cap, un aviso, en este cap pongo dos recuerdos, pero no los introduzco con el típico flash back, sino que estarán en letra cursiva. Espero que les guste...

PD: En este capítulo empiezo con un Beta, un saludo para él si lee esto.

Capítulo 21: Nuevos planes

- ¿Estás concentrado Neville?-preguntó Harry dando vueltas alrededor del Griffindor, que estaba en el centro de la sala, de pie y con los ojos cerrados.

-Sí…

-No, no lo estás…-lo contradijo tajante Harry- Si lo estuvieras como te he pedido no me hubieras contestado. Vamos de nuevo…-lo animó Harry. Estuvo callado aproximadamente un minuto y volvió a hablar mientras lo rodeaba-Estás escuchando mi voz…-empezó suavemente- Pero la sientes cada vez más lejana, más difusa, menos importante… La mente está en blanco, absolutamente nada pasa por ella, tienes cada pensamiento almacenado en su sitio, y seguirán ahí hasta que tú decidas lo contrario.-seguía hablando Harry mientras caminaba- Lo único que sientes es la varita en tu mano, algo que te da más poder y seguridad. Y ahora tienes que sacar los sentimientos que más protegidos tienes… Estás recordando la tortura a tus padres, estás recordando a Bellatrix, el miedo que sientes por tu abuela, por tus amigos… El miedo es bueno, el miedo te ayuda, conviértelo en energía, al igual que el odio, la furia… notas como todos esos sentimientos se apoderan de ti. Tu mente sigue en blanco, a pesar de esas malditas imágenes que luchan por formarse en ella, pero no lo dejas, tú lo controlas, tú lo dominas… Esos sentimientos que recorren tu cuerpo, contrólalos y canalízalos… Quieres expulsarlos de tu cuerpo, quieres sacarlos de ti… ¡Y puedes! ¡Tienes delante a tu enemigo, al causante de todo ese dolor! ¡Acaba con él!-exclamó Harry casi gritando.

-¡Avada Kedabra!-pronunció Neville alzando la varita y abriendo los ojos por primera vez. Un fuerte rayo verde salió de la varita dirigiéndose a toda velocidad hacia un muñeco de entrenamiento, el cual explotó cuando fue alcanzado por la maldición.-Creo que esta maldición ya la controlo Harry…-opinó Neville con normalidad.

-Tal vez tengas razón…-asintió Harry algo dubitativo-Muchos aurores profesionales no consiguen realizar la maldición asesina, eso es verdad… pero no te olvides de que has practicado con objetos inanimados.

-Y con ratas…-se defendió Neville. Harry miró a su amigo con cara de burla.

- Seguro que te costó mucho matar una rata…-se rió Harry.- Vamos a probar una cosa, si tan preparado te ves, no tendrás problema. Intenta lanzarme la maldición a mí.-propuso Harry alejándose unos cinco metros de él.

- Pe…Pero, ¿cómo voy a intentar matarte, Harry? ¿Estás loco?-preguntó Neville sin creer lo que proponía el moreno.

- No sabes cuantas veces me han preguntado eso y al final he tenido razón… Vamos, ahí está el verdadero desafío. A mí no va a pasarme nada, ten cuidado de que no te pase algo a ti.-comentó Harry con una media sonrisa intentando motivar a Neville para que se atreviese. Y lo consiguió, últimamente la seguridad de Neville había incrementado debido a grandes sus progresos, y con ella su orgullo.

-Está bien, prepárate.-avisó Neville agarrando fuertemente su varita y concentrándose. Sólo esperó unos segundos hasta que se decidió-¡Avada Kedabra!-como la otra vez, un rayo verde salió de la varita de Neville, sólo que esta vez era evidente que no era tan potente. Harry sólo levantó levemente su mano izquierda y cuando la maldición chocó contra ésta, se disolvió enseguida, sin necesidad de pronunciar ningún hechizo.

-A esto me refiero…-determinó Harry seguro de que ocurriría aquello.-No es fácil lanzar esa maldición contra un ser humano… aunque debo reconocer que es aún más difícil hacerla contra alguien a quien no deseas matar.-explicó Harry caminando hacia Neville.

-¿Cuándo podré hacer lo que haces tú?-preguntó Neville algo resignado recordando la facilidad con la que Harry había detenido la maldición.

-No te desanimes… Yo he estado todo el verano, y aún sigo, entrenando para poder hacer lo que has visto. Pero si continúas así, tú también podrás hacer algo de magia sin varita en algunos meses, hay que tener paciencia.

-Espero que tengas razón… ¿Cuándo pasaremos a la magia oscura?-preguntó Neville impaciente. Era increíble lo que había cambiado Neville. De pensar que no lograría desarmar a alguien, ahora se proponía aprender magia oscura y hacer magia sin varita, pero aunque lo sorprendía, esa era la actitud que quería.

- Quien te ha visto y quien te ve…-comentó Harry sonriendo- Si ya logras hacer la maldición asesina y la Cruciatus, no deberías tener problemas para sentir las demás maldiciones. Aunque te aviso, hacer la Cruciatus una vez es relativamente fácil, incluso dos, pero cuando hay una persona sufriendo delante de ti… cuando grita de dolor, cuando te suplica que te detengas, no es tan fácil conseguir el sentimiento que requiere la maldición, por eso insisto tanto en que en esos momentos vacíes tu mente… Una vez logrado eso, sólo hace falta la habilidad específica del hechizo o maldición, algo que se consigue simplemente con entrenamiento… ¿Empezar? Mañana estaría bien, hoy ya es demasiado tarde.-consideró Harry sacando un calcetín y el mapa del merodeador de un bolsillo de su túnica- Toma, es un traslador, te llevará a un armario que hay cerca de la sala común, espera un momento…-dijo mientras consultaba algo en el mapa-Está despejado, Dumbledore ha aumentado la vigilancia en el castillo durante la noche.-le informó Harry pasándole el calcetín.- No está usado…-bromeó.

- ¿Por qué no quieres participar en el duelo inaugural, Harry?-preguntó Neville de repente.-Estoy seguro de que desarmarías a Dumbledore, y asombrarías a todos…

-Ese es el problema, no quiero llamar más la atención. Has visto como detenía tu maldición… eso no es nada Neville, así que es mejor que sea prudente, y será mejor que tú también lo seas. Date prisa, Snape se acerca a esa zona…-Apreció Harry mirando el mapa.-Buenas noches Neville.

-Hasta mañana.-se despidió Neville tocando con su varita el calcetín, activando el traslador y desapareciendo de allí.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Entrenamiento, horas y horas de entrenamiento sólo para conseguir una cosa, poder. Eran las cuatro de la mañana y estaba en la sala de entrenamiento de los herederos, el único lugar donde podía soltar todo su poder sin que fuera detectado. Estaba sudando, llevaba ya dos horas concentrando poder y practicando algunas maldiciones, pero aún así, todavía no había logrado hacer lo que se proponía. El fuego era su elemento y también su mayor arma. Controlándolo y aumentando su poder se convertiría en alguien mucho más poderoso de lo que ya era. El problema era que consumía demasiada energía, energía que tenía pero que lo agotaba igualmente. Pero lo que quería hacer requería algo más que simplemente energía, algo más que solamente magia.

Había estado informándose al respecto, existían distintas clases de fuego: El que él dominaba en la actualidad, el normal, el rojo, sin cualidades mágicas pero poderoso; El verde, un fuego protector, que disminuía en poder pero aumentaba en manejabilidad; El azul, el fuego mágico más poderoso, procedente de la magia blanca y capaz tanto de proteger como de destruir. Pero había leído acerca de otro tipo de fuego, por supuesto en un libro que había comprado en la biblioteca de Albania. El fuego negro, procedente de la magia oscura, no aconsejado para la protección pero con un poder destructivo inimaginable y una maniobrabilidad perfecta. Solamente conseguía malamente dominar el verde, aunque los fuegos de magia blanca no le llamaban la atención, el tenía claro su objetivo. Sin embargo, aún no había logrado ni tan siquiera acercarse a crear una sola llama de fuego negro.

Tal vez no podía porque realmente nunca se había dejado arrastrar por la magia oscura. Incluso cuando mataba o torturaba a los mortífagos, hacía lo que le había dicho a Neville, dejar su mente en blanco. Puede que tuviera que avanzar un poco en ese aspecto para poder evolucionar en su magia.

-Llévame a un incendio…-pidió Harry a la sala, cerrando los ojos y permaneciendo quieto. Sólo pasaron cinco segundos hasta que sintió como un calor insoportable lo rodeaba. Abrió los ojos y se encontró en medio de un bosque en llamas, algo lógico, lo que no se esperaba era ver un dragón negro de unos siete metros delante de él lanzando bocanadas de fuego hacia todos los lados.- Dije un incendio, ¿por qué tenía que ponerme el bicho este también?-comentó para sí mismo desapareciendo un momento antes de que una llamarada llegase hasta él. Se apareció treinta metros más alejado del dragón, aunque seguía teniendo fuego por todas partes, el calor era asfixiante y tenía la cara bañada de sudor, pero eso era lo que quería. Se concentró un poco y al instante controló todo el fuego que tenía a su alrededor. Lo atrajo hacia él y se vio envuelto por el fuego. Ya no le daba calor, ahora simplemente sentía una calidez que lo reconfortaba. Caminando hacia él, lanzó un torrente de fuego hacia el dragón. El fuego lo molestaba, pero el dragón se libraba de él fácilmente sólo con agitar sus alas. El dragón alzó el vuelo y desde el aire, lanzó otro chorro de fuego hacia él. Extendiendo los brazos, pudo contener el ataque hasta que el animal dejó de escupir fuego. Viendo que el dragón tenía la intención de bajar hasta él, volvió a desaparecer hasta salir de su campo visual.

Extendió el brazo derecho hacia delante con la palma de la hacia arriba y creó una llama de aproximadamente medio metro en ella. Puso toda su concentración en acumular poder en la llama, y al cabo de unos segundos, ésta comenzó a coger una tonalidad roja más intensa, a la vez que se hacía más densa y empezaba a formar una especie de esfera. Cabreado, lanzó con furia la esfera de fuego, produciendo una gran explosión a escasos metros de él. No podía, o no sabía, pero de cualquiera de las maneras, no conseguía aproximarse a ese tipo de fuego que él quería. Él ya podía desde hacía tiempo crear esferas de energía con el fuego, y le parecía una pérdida innecesaria de poder ponerse a lanzar una y otra vez el mismo ataque sin conseguir avanzar.

Era hora de probar algo nuevo. Sabía como tendría más posibilidades de conseguirlo, y aunque era peligroso, dentro de aquella sala no podría ocurrir nada grave, o eso esperaba. Volvió a concentrarse, ésta vez cerrando los ojos. Dejó la mente en blanco, dejó a su poder salir libremente, y sintió como su poder envolvía todo a su alrededor. Ningún pensamiento se cruzaba ahora por su cabeza, oía el crujir de la madera a causa del fuego, pero ese sonido no lo desconcentraba, llegó incluso a olvidarse de él. Cuando llegó al momento de concentración y relajación máxima, abrió la puerta a sus sentimientos mejor protegidos. Pensamientos, recuerdos, ideas, sentimientos que tenía enterrados en su mente. La muerte de sus padres, de su padrino… torturas de mortífagos, recordó al niño llorando por la muerte de su padre en Italia… sintió odio, furia, desesperación, impotencia, deseos de venganza… sintió como se entremezclaban todos esos sentimientos y luego dejó que se apoderaran de él, que lo poseyeran, lo llenaran por completo, lo controlaran…

Inmediatamente abrió los ojos, ojos que habían dejado atrás el precioso verde esmeralda y habían sido consumidos por un negro electrizante. Con un gesto brusco abrió la mano derecha y al instante apareció una poderosa llama sobre ella, negra como el carbón. Con el mismo gesto, abrió la izquierda y apareció otra llama exactamente igual. Extendió ambos brazos hacia delante, lanzando una potente llamarada negra que calcinó al instante todos los árboles que se cruzaron en su camino, un camino que se alargó más de ciento cincuenta metros, deteniéndose sólo cuando Harry bajo los brazos, con una escalofriante sonrisa dibujada en su rostro. Todo el fuego desprendido llamó la atención del dragón, que alzó el vuelo hasta plantarse a pocos metros de Harry, volviendo a atacarlo lanzándole otro torrente de fuego. Harry esperó que el fuego llegara hasta él y una milésima de segundo antes de alcanzarle se cubrió con una llama negra. El fuego del dragón lo rodeó, envolviéndolo por completo. Cuando el ataque cesó, Harry seguía estando como al principio, envuelto en un fuego tan negro como sus ojos. Sin poder aguantar un segundo más sin probarlo, creó una bola negra de fuego con su mano derecha, y la lanzó hacia la cabeza del animal, donde quedó ardiendo. Pasaron cinco segundos en los que el dragón emitió un rugido de dolor hasta que cayó desplomado al suelo del bosque, con la cabeza completamente chamuscada.

-¡Quiero más!-musitó Harry con voz ronca, desesperado por probar su poder. Se sentía dominado por una fuerza superior, perdía el control de sus acciones, sentía una fuente inagotable de energía dentro de él que luchaba por salir. No tuvo que esperar hasta que vio aparecer cinco dragones de más de nueve metros volando hacia él. Desplegó su poder, oscureciendo todo a su alrededor. Elevó los brazos provocando una llama gigante de unos diez metros de diámetro, sentía un poder ilimitado, sentía placer con cada llama que creaba. Creó dos esferas oscuras más, pero éstas mucho más grandes e intensas que la anterior. Antes de que los dragones llegaran hasta él, soltó las bolas de fuego hacia las dos bestias más próximas que tenía. Su ataque llegó hasta los dragones, dándole a uno en la cabeza y matándolo al instante, y al otro quemándole una de sus alas, desintegrándosela, provocando que cayese derrumbado al suelo incapaz de volar e incluso de moverse. Los demás si pudieron llegar a posarse en el suelo, pero al momento, Harry extendió el fuego negro que tenía alrededor hasta ellos, dejando que fueran consumidos lentamente por el fuego. Iba a provocar una explosión para acabar con ellos definitivamente cuando escuchó un sonido detrás de él, sintió temblar el suelo e incluso antes de poder girarse sintió un horrible golpe en la espalda que lo lanzó por los aires, chocando después duramente contra la tierra del suelo. Todo el fuego a su alrededor volvió a coger la tonalidad rojiza característica, sus ojos fueron suavizándose poco a poco hasta teñirse de nuevo de verde y por último todo el lugar se disolvió hasta aparecer de nuevo en la sala de piedra.

Miró extrañado a su alrededor, recordaba el golpe que le habían dado, y aunque cualquier herida provocada por las ilusiones visuales de la sala no eran reales, se sentía magullado. Sin embargo, al querer levantarse y posar las manos en el suelo duro y frío, sintió como si le clavasen cientos de agujas en las manos. Despegó las manos del suelo y al mirarlas las vio más rojas de lo normal, se había quemado las palmas de las manos. Cerró fuertemente los ojos y agitó la cabeza negativamente intentando recordar. Se había dejado llevar por el odio, por sus deseos de venganza, había perdido el control sobre su cuerpo, se había dejado consumir y manipular por la oscuridad, por el mal… Sabía que era peligroso y sabía lo que podía ocurrir, agradecía haberse despistado y haber recibido aquel golpe, de no ser así, podía haber causado o haberse causado algún daño serio si hubiera desplegado todo su poder. No quería volver a perder el control de esa manera, dejaba de ser él mismo, eran sus peores instintos los que controlaban su cuerpo, los que controlaban su poder. Pero aún así, nunca se había sentido tan poderoso, era una sensación indescriptible el poseer más poder del que pudiera utilizar jamás. No podía dejarse arrastrar por la oscuridad, pero era esa misma oscuridad la que lo hacía sentir invencible, absolutamente indestructible, incluso… inmortal.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

El cielo sobre Hogwarts estaba cubierto de nubes que no amenazaban lluvia pero que escondían el sol. Era perfecto para jugar al Quidditch, aunque no tanto para él, ya que la snitch era mucho más difícil de ver. Aún así, su trabajo en aquellos momentos era supervisar al equipo, no atrapar la pelota dorada.

- Venga, ¡Vamos!-exclamó Harry animando a su equipo cuando a uno de los cazadores se le cayó la quaffle.-Tenemos el primer partido en una semana…

-¿Ya sabemos contra quien será?-preguntó Ginny llegando hasta su altura.

- Contra Hufflepuff…-respondió Harry pensando que tendría que enfrentarse a Angelina. El equipo de Hufflepuff en sí no suponía demasiados problemas, pero enfrentarse a su amiga se le hacía extraño.

- He escuchado que tienen una buscadora nueva…-comentó Katie Bell uniéndose a la conversación.

-Sí, y me han dicho que vuela bastante bien.-informó la bateadora, Celia Keegan. Todos se habían acercado hasta él, todos menos Ron, que aunque se había acercado, permanecía en segundo plano.

-Nosotros tenemos a Harry Potter, a ver quien mejora eso…-contestó el único cazador, Eric Clapton, haciendo reír al resto.

-De todas formas, ya nos ocuparemos nosotros de evitar que coja la snitch…-determinó con seguridad uno de los nuevos bateadores, Albert Harrison.

-No-negó tajante Harry recibiendo las miradas confundidas de sus compañeros.-Yo me encargo de la snitch y de la otra buscadora, vosotros encargaros de proteger a los cazadores…-se explicó Harry. Bastantes riesgos corrían ya en las batallas como para mandar que lesionasen a Angelina. Aunque la verdad era que también quería tener un duelo bonito contra ella para ver si era tan buena como le habían dicho.- Bueno, ¿qué hacemos aquí? El entrenamiento no ha acabado…-expresó Harry cambiando de tema- Katie defiende, Ginny y Eric intentan marcar, y los bateadores intentan derribarlas… sólo a las atacantes…-explicó Harry haciendo que el equipo reanudara el entrenamiento sin protesta alguna.

- Nos vemos el jueves, que nadie falle, es el último entrenamiento antes del partido…-avisó Harry dando por concluido el entrenamiento. Los componentes del grupo se despidieron y salieron del campo de Quidditch, en el que había algo más de una decena de alumnos desde las gradas observando el entrenamiento. Antes de marcharse se montó en la escoba, quería dar una última vuelta a toda velocidad, no había tenido tiempo de divertirse en el entrenamiento. Se acercó a los postes de gol, esquivándolos a ambos lados, y por último subió unos doscientos metros de altitud para después bajar a una velocidad increíble, deteniéndose a un palmo del suelo. Saciado su capricho, bajó de la escoba y empezó a caminar hacia los vestuarios, aunque al avanzar sólo unos metros Hermione se le cruzó en su camino.

- Buen entrenamiento Harry….- valoró la castaña sonriente.

- Gracias…-dijo Harry desconcertado por la actitud tan agradable de su amiga.-¿Ocurre algo?

-Pues ahora que lo dices…

- ¡Harry!-exclamó una voz femenina tras él. Al girarse puso ver a una chica rubia que caminaba hacia él seguida de su grupo inseparable de amigas. Era Lindsay Gray, imposible olvidarse de una cara que había visto en todos los entrenamientos que habían tenido esas primeras semanas de clase. Incluso había tenido que organizar dos entrenamientos clandestinos para practicar tácticas en secreto, ya que era imposible mantener una táctica en secreto con diez o veinte personas observando todo lo que haces desde la grada.-¿Podemos hablar un momento?-preguntó lanzando una mirada fulminante a Hermione, algo que no pasó desapercibido para él.

- Espera un momento…-murmuró Harry a Hermione yendo hacia donde Lindsay se encontraba, aunque no tuvo que dar más de un par de pasos.-¿Qué tal? Dime Lindsay…-saludó el moreno haciendo que la chica se ruborizara al escuchar su nombre pronunciado por Harry.

- Bien, gracias. El entrenamiento ha estado genial…-valoró la chica, aunque era un comentario que escuchaba constantemente.- Quería comentarte algo…-empezó la chica. Harry le hizo un gesto afirmativo con la cabeza instando a la chica a continuar.- ¿tienes pareja para el baile?

- En realidad no…- contestó él. Parecía mentira que no se esperara algo como aquello, aunque la verdad era que no había prestado ni la más mínima atención al baile de Hallowen.

- ¿Te gustaría ir conmigo?-preguntó esta vez la chica con una valentía que a él le faltaba para ese tipo de situaciones.

- Lo siento, pero no tengo pareja porque no tengo pensado ir…- La cara de Lindsay cambió por completo, la chica no se esperaba esa respuesta.

- ¿E…Estás seguro? Te aseguro que te divertirías conmigo…-se recompuso la chica. No sabía si esa última frase significaba algo más que un simple baile, pero en cualquier caso, la decisión estaba tomada.

- Lo siento, estoy seguro. Espero que te diviertas en el baile, nos vemos.-se despidió Harry sin dejar que la chica volviera a insistir. Cuando volvió a donde Hermione lo estaba esperando, Lindsay se rindió y abandonó resignada el campo de Quidditch, junto al resto de chicas que la acompañaban.- Perdona, sólo quería decirme una cosa, ¿qué estabas diciendom…

- ¿No vas a ir al baile?-preguntó Hermione extrañada.

- ¿Lo has oído?-preguntó Harry, aunque la respuesta era obvia-No, tengo cosas mejores que hacer y cosas más importantes en las que pensar.

- ¿No irás a verme?

- ¿A verte? ¿Por qué tendría que…

- Voy a participar en el duelo inaugural con Dumbledore.-desveló Hermione sonriente. Harry permaneció algunos segundos callado antes de decir algo.

- Ten cuidado…-fue todo lo que dijo el Griffindor.

-¿Por qué tendría que tener cuidado?-preguntó la castaña molesta porque su amigo no la hubiera felicitado.

-Sólo tenlo, controla tus poderes y protege bien tus pensamientos…

- ¿No será que estás molesto porque no te lo hayan pedido a ti?-preguntó su amiga buscando una razón a la reacción tan, podría llamarla negativa, de Harry.

- No lo digo por eso, Dumbledore me lo pidió hace casi dos semanas y le dije que no.-contó Harry dejando a la heredera sin palabras.- Intentará entrar en tu mente durante el duelo…

- Ya lo hizo cuando me lo pidió-dijo Hermione con voz apagada.

- Supongo que lo dejarías entrar y que viera algunas tonterías…-la chica asintió-Bien, pero durante el duelo querrá investigar más a fondo aprovechando que estarás concentrada en otras cosas, protege lo mejor que puedas la información importante Hermione, no podemos permitirnos el lujo de que nos descubra, al menos aún.

- De acuerdo ¿Y cómo que, al menos aún?-preguntó intrigada por las últimas palabras de su amigo.

-Es sólo una manera de hablar. ¿Volvemos al castillo? Estoy cansado.-alegó Harry pasando una mano por su alborotado cabello.

- Ron quiere hablar contigo.-añadió Hermione de repente.

- Díle que te diga lo que quiere preguntarme y un día de estos me paso por el despacho de Dumbledore y ya se lo digo yo en persona.-contestó de mala gana Harry.-¿Has hablado con él? ¿No se suponía que también estaba enfadado contigo?

- Quiso hablar conmigo… y lo escuché. Yo saqué mis propias conclusiones sobre lo que me dijo, habla tú con él y si quieres creerlo bien y si no pues como quieras, pero al menos escúchalo.-pidió su amiga hablando sinceramente- Te está esperando en los vestuarios. Le dije que irías… Nos vemos después.-concluyó Hermione despidiéndose y dirigiéndose hacia el castillo.

Al final tendría que hablar con Ron. Podría marcharse y no hacerlo, le daba igual. Después de saber que asesinaba a los mortífagos, estaba seguro de que Hermione aceptaría que no hablase con Ron. Aunque en el fondo tenía curiosidad, Hermione lo creyó y Dumbledore le había dicho que Ron no le había contado nada, quería comprobarlo por él mismo.

...

- Mira a quien tenemos aquí…-soltó Harry entrando a la zona de los vestuarios y viendo a su amigo sentado a uno de los bancos de madera.

- ¿Hermione habló contigo?-preguntó Ron en voz baja.

-Sí. ¿Qué quieres?-preguntó Harry rudo.

- Disculparme…-respondió Ron con la cabeza gacha y sin atreverse a mirar a Harry.

- ¿Disculparte? Que…inesperada sorpresa.- dijo irónicamente Harry dejando la escoba en un banco y yendo a por su túnica de Hogwarts, ya se ducharía en su dormitorio de heredero más cómodamente.

- Quería disculparme por lo que pasó en la sala común. Siento haber reaccionado así y siento haber hecho lo que hice…-se disculpó Ron hablando aparentemente con absoluta sinceridad.

-Mírame-exclamó Harry haciendo que Ron lo mirase a los ojos. No veía mentira o falsedad en sus palabras, lo que lo confundía aún más.-¿Y que puedes decirme de Dumbledore…?-preguntó Harry serio, tal vez podría engañarlo con sus sentimientos, pero era imposible que le mintiera en un hecho concreto y que no se percatara, controlaba "un poco" de Legeremancia.- Sé que fuiste a verlo…

- Es verdad que fui, pero no le conté nada de ti…

- Adelante… -expresó el director dando paso a una persona que acababa de tocar en la puerta de su despacho. Tras su permiso, un chico pelirrojo entró en el despacho con un rostro que reflejaba claramente el enfado y la rabia que sentía en aquellos momentos. No habló al entrar, pero al verlo, Dumbledore sabía perfectamente que pensaba Ron- Me alegro de verle señor Weasley, sabía que acabaría por cambiar de opinión…-aseguró Dumbledore con una pequeña sonrisa.- Adelante, tome asiento…¿Dígame, que le ha hecho cambiar de opinión, y por lo que veo, drásticamente?

-No he venido por eso, no he cambiado de opinión con respecto a lo que me pidió, director.-negó Ron con una seriedad extrema.-He venido a decirle que he pegado a Harry, antes de que se entere por otra persona…-confesó seguro de lo que hacía.

- ¿Cómo? ¿Por qué ha hecho eso señor Weasley?-preguntó el director contrariado por la actitud del muchacho.

- Hemos discutido y perdí el control, la culpa es mía. Vengo a que me diga que sanción debo cumplir por ello…-determinó el pelirrojo con valentía, estaba furioso con Harry, pero el director tampoco le inspiraba demasiada confianza.

- ¿Está seguro de lo que dice? ¿Cuál fue el motivo de esa discusión?-inquirió el director queriendo indagar sobre que podía haber sido tan importante como para separar a los dos amigos.

- Estoy seguro. El motivo de la discusión es algo personal, profesor.

- Lo que me cuenta es algo muy grave que no puedo tolerar en mi colegio, ¿está seguro de que no desea explicarme el motivo de esa reacción por su parte?-insistió Dumbledore incitando a Ron a que le dijese la verdad.- ¿Quiere pensarlo mejor tomando una taza de té, o tal vez algún zumo?

-No, gracias.-rechazó el Weasley recordando las palabras de Harry sobre las invitaciones del director y su particular gusto por mezclarlas con cierto tipo de pociones.-Y soy consciente de la gravedad de mis actos, por eso he venido, para que me informe del castigo.-reiteró Ron sin dejarse convencer por el director.

- No me deja otra opción que restarle cien puntos a Griffindor y asignarle algún tipo de sanción, mañana se la comunicará nuestro celador, el señor Filch, o algún profesor.-informó Dumbledore-Si mañana cambia de opinión, no dude en venir a mi despacho, estaré encantado de escucharle. Buenas noches.

- Buenas noches.-se despidió Ron seguro de que no volvería al día siguiente a habar con el director, aceptaría cualquier sanción que le impusiera Dumbledore y permanecería callado.

- ¿Se supone que tengo que creerme esta historia?-inquirió Harry medio riendo, aunque sabía que Ron no lo había engañado, al menos voluntariamente. Debía comprobar si todo lo que decía el pelirrojo era verdad, o estaba influenciado por algún hechizo o maldición. Veía poco probable que estuviera bajo la maldición Imperius, de hecho, imposible, el director no usaría esa maldición, sería arriesgado a que lo descubrieran y ya se lo hubiera notado. Podía ser posible también un hechizo desmemorizador para que Ron creyera que realmente ocurrió lo que le había dicho y así no se percatara de su mentira, aunque tampoco veía señales que le dieran a pensar en esa posibilidad.-¿Cual fue el castigo de Dumbledore?

- Limpiar calderos para Snape y ayudar a Filch con algunas de sus paranoias. Es la verdad, aunque entiendo que no me creas…-confesó Ron agachando la cabeza y poniéndose de pie.-Me he comportado como un imbécil.-murmuró sin mirarlo. Parecía arrepentido, pero había cambiado y aprendido mucho, ya no se dejaba engañar por las apariencias. Buscó la varita falsa en la túnica de Hogwarts que aún no se había puesto y la sacó.

- Ron…-lo llamó antes de que se marchase.- Si me estás engañando estoy seguro de que esto le interesará a Dumbledore, y te aseguro que esta vez sí tendría consecuencias… "Legeremens"-exclamó Harry elevando la varita hacia el pelirrojo. Entró sin contemplaciones en su mente y observó detenidamente todos sus recuerdos con Dumbledore, ignorando en la medida de lo posible los demás para respetar su intimidad. No veía señal alguna de que estuvieran modificados, lo que significaba que lo que su amigo le contaba era la verdad.- No será fácil volver a como estábamos antes…-comentó Harry saliendo de su mente y guardando la varita.

- ¿Has…Has entrado en mi mente?-preguntó Ron aún confundido por la brusca intromisión en sus pensamientos.

- Sí, era la única forma para poder creerte…-contestó Harry quitándose el uniforme de Quidditch.- Lo siento, ¿estás bien?

-Sí, pero… ¿sabes legeremancia?

-Sólo un poco, por eso he dicho que le interesaría a Dumbledore.-consideró Harry, ya con la vestimenta del colegio.-Vámonos…-instó cogiendo su escoba para salir ya de los vestuarios y no continuar con el tema-Por cierto, hay una cosa que no sé si vi o es mi imaginación… ¿le has pedido a Hermione que fuera contigo al baile?-preguntó sonriendo, tintando las mejillas de Ron del mismo color de su pelo.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Acababa de salir de Hogwarts y ya se encontraba en otro país, un viaje de cientos de kilómetros en dos segundos, amaba su magia. Se encontraba en Suiza, tenía una reunión con el Ministro de aquel pequeño país para llevar a cabo un plan que había surcado su mente la primera vez que había ido al castillo de la vampiresa Evelyn. La diferencia que había con la visita a Amelia Bones era que en Suiza no era un asesino buscado, lo trataban de otra manera, incluso el Ministro había aceptado su propuesta de reunirse aquella noche con él.

El ministerio de magia suizo se encontraba en la capital, en Berna, en el centro de la ciudad. El edificio se erguía alrededor de construcciones medievales, y suponía que los muggles verían otra simple construcción más que tenía el acceso restringido. Se dirigió a la puerta principal, donde había dos hombres con una túnica azul oscuro custodiando la entrada. Antes de que llegara, los hombres bloquearon la puerta impidiéndole el paso.

- Identificación y varita…-determinó uno de ellos tajantemente, extendiendo la mano.

-Me gusta cuando piden las cosas con esta amabilidad…-ironizó Harry entregando la varita pacíficamente.-Soy Torprey Hart, y vengo a una reunión con el Ministro Marshall.-Los hombres no mostraron reacción alguna, sin embargo, había notado su nerviosismo al escuchar su nombre.

- Sígame…-dijo el que no había hablado abriendo la puerta que tenía detrás, instándolo a que entrase. El recibidor del ministerio no era muy espacioso, aunque si acogedor y bien cuidado. Había una señora mayor detrás de un mostrador, que se quedó mirándolo con interés al verlo. El hombre que lo guiaba no se detuvo y se dirigió directo a un ascensor que había a la derecha.

- No hay mucha seguridad…-comentó Harry casualmente ya dentro del ascensor. Tras su comentario vio como el mago llevaba su mano al bolsillo de su túnica.

- La puerta de la entrada sólo puede abrirla alguno de los dos aurores que la protegen en ese momento…-respondió el auror defendiendo su trabajo.

- Aún así, sería fácil con un simple Imperius, o si uno de los aurores trabajara para el enemigo.-le contestó Harry con indiferencia.

- Suiza no tiene enemigos-finalizó el hombre a la vez que llegaban a la última planta, "Dirección del Ministerio".- Toque en la puerta que está frente a usted, el Ministro le estará esperando…

- No se engañe, el mundo entero tiene el mismo enemigo…-añadió Harry antes de que las puertas del ascensor se cerraran. Sin esperar más, se acercó a la puerta del despacho del Ministro y dio varios toques en ella. Escuchó la voz de un hombre al otro lado y entró.

- Buenas noches señor Hart. Soy el Ministro de Suiza: Frederic Marshall -saludó el Ministro levantándose de su sillón y yendo a saludarle físicamente. Hablaba en un inglés duro pero perfecto, en Suiza se hablaban varios idiomas, aunque el inglés no estaba entre ellos.-Debo decir que no esperaba que realmente cumpliera su palabra de venir esta noche.

- Buenas noches Ministro, siempre cumplo mi palabra, y más siendo yo quien propusiera esta reunión.

- Me alegro de escuchar esas palabras, francamente, pensaba que no era más que un egocéntrico que quería llamar la atención, imitar a Voldemort…

-Veo que pronuncia su nombre, en Inglaterra no mucha gente lo hace…-lo interrumpió Harry.

- Aquí no tenemos motivo para temer su nombre, nunca nos hemos entrometido en esta guerra, ni para un bando ni para el otro. Tome asiento por favor.-ofreció Marshall sentándose él tras su mesa.

- ¿Puedo preguntar por qué me ha recibido con esta… amabilidad?-preguntó el heredero buscando la palabra correcta mientras tomaba asiento.

- He oído hablar de usted, me comentó que era algo importante y que Suiza saldría ganando, estaba obligado a aceptar su proposición…-contestó el Ministro haciendo un gesto que hacía ver que era algo obvio.

- Vengo a pedirle algo, ¿Empezamos por lo que me gustaría obtener o por lo que puedo hacer por usted o Suiza?-preguntó Harry sin querer demorarse demasiado en aquel asunto.

- Me gustaría comenzar por lo que ha venido a buscar, teniendo en cuenta la neutralidad de este país.-apreció Marshall poniendo especial énfasis a la última parte.

- Soy de Inglaterra…-comenzó, diciendo casi una evidencia.- Pero como creo que usted sabe, no soy del todo aceptado o comprendido en ese país. Necesito tener una base en otro lugar, y había pensado que tal vez ese lugar podría ser Suiza, por esa condición de neutralidad que posee.-reveló Harry diciendo la verdad, Suiza era un país perfecto por su situación tanto política como geográfica para establecer un "refugio" en él.

- Como usted mismo está diciendo, Suiza en un país neutral. Proporcionarle una base aquí significaría posicionarme de su lado, algo que no puedo hacer.

- Hablemos entonces de lo que puedo hacer yo por usted…-instó Hart apoyándose en el respaldo de su asiento.

- Podría contarme qué ocurrió dentro del ministerio italiano, me han dicho que lo reconquistó en menos de veinte minutos. Es un secreto lo que ocurrió allí dentro.-consideró el Ministro suizo con una media sonrisa.

- No ocurrió nada especial…

- Veinte minutos... ni uno más, ni uno menos... – musitó Harry acomodándose la capa y dirigiéndose hacia la puerta del ministerio, que estaba franqueada por dos mortífagos. Empezaba la cuenta atrás.

"Espero que lo consiga..."- deseó Favio Piconi mentalmente mientras observaba como aquel hombre se dirigía hacia el imponente edificio. Harry detectó el pensamiento del ministro y no pudo menos que sonreír.

Entró en el Ministerio sin impedimento alguno. Era extraño, pero no se escuchaba nada, lo rodeaba un macabro silencio. Veía cuerpos a su alrededor, tanto de aurores como de mortífagos, aunque había mayor cantidad de los primeros. Notó como un mortífago a su derecha se removía en el suelo, intentando incorporarse. Dio algunos pasos hacia él en silencio y tras un destello verde, el cuerpo quedó rígido en el suelo. Iba a subir por unas escaleras que tenía a unos metros cuando cinco mortífagos entraron en el ministerio desde el exterior.

- ¡Imper rax!-exclamó sin darle tiempo a los mortífagos a reaccionar. Ocho rayos azules salieron de la mano de Harry derribando a todos los mortífagos.- Es la hora de la comida, amiga…-siseó mientras salía deslizándose de la parte inferior de su túnica una imponente serpiente de un color verde oscuro con líneas anaranjadas que le recorrían el cuerpo.- Mata a los que no estén muertos y no dejes que entre nadie…-ordenó con otro siseó mientras se dirigía a las escaleras para ir al piso superior. Cuanto más avanzaba se iba haciendo más clara la voz de algunos hombres y mujeres que gritaban de júbilo, seguramente por haber conseguido el ministerio italiano.- Largo de aquí…-objetó con voz dura y fría cuando llegó hasta los mortífagos, quienes estaban aún destrozando algún retrato o estallando alguna ventana. La voz de Harry los tomó por sorpresa, alterándose y apuntándolo con la varita al instante.

- Muy valiente… y muy estúpido venir hasta aquí para hacerte el héroe.-le espetó con asco una mortífaga con un acento melódico, italiano.

- He hecho una promesa de que en veinte minutos aquí dentro no habrá ni un solo mortífago, así que hay dos opciones…-comentó el heredero de Griffindor con una tranquilidad que no reflejaba que estuviera delante de aproximadamente una decena de mortífagos.- La retirada o la muerte…

-¡Crucio!-conjuró la mortífaga sin dejarlo terminar. Harry abrió la mano, haciendo rebotar la maldición y que alcanzara a quien la había conjurado.

- Me parece una opción acertada, ¡Avada Kedabra!-bramó creando varias maldiciones asesinas y desapareciendo justo después en una llama de fuego. Los mortífagos supervivientes miraban desesperados a su alrededor buscando al individuo.

- ¿Dónde está?

- Ha desaparecido…

- ¡No seas idiota! Nadie puede aparecerse o desaparecerse en esta parte del ministerio-argumentó furiosa la mortífaga que había recibido la cruciatus mientras intentaba levantarse.

- Eso no es del todo exacto…Incendio.-determinó una voz desde la oscuridad de un rincón creando al instante una llama que iluminó toda la estancia.-Debe ser doloroso morir quemado, ¡Cirfirecle!-expresó extendiendo una línea de fuego que los rodeó para después elevarse sobre ellos, dejándolos encerrados en una esfera gigante de fuego. Los mortífagos empezaron a gritar y a arrancarse las prendas que llevaban, estaban asándose vivos. Uno de ellos intentó cruzar la esfera de fuego para salir de aquel infierno, pero sólo consiguió incinerarse voluntariamente, aunque según creía, era lo mejor que podía haber hecho, ahorrarse sufrimiento. Sin esperar a ver como se calcinaban los demás, se envolvió en otra llama y desapareció camino de otra planta superior.

Había ido de planta en planta acabando con todos los mortífagos que se iba encontrando a su paso. Él había prometido recuperar el ministerio, no en que estado lo recuperaría. Los mortífagos habían destrozado el ministerio, pero su fuego había terminado por dejarlo hecho un desastre, ya se encargarían otros de repararlo. Otro problema que veía cuanto más avanzaba era que el grupo de aurores de Italia había sufrido un duro golpe con aquel ataque, había visto al menos veinte cadáveres de aurores. Después de una reducción tan drástica en la seguridad del país, estaba seguro de que Voldemort podría volver a derrotar el ministerio italiano si se lo propusiera. Entró en la última planta, en la que se encontraba la dirección del ministerio y una mayor cantidad de mortífagos. Una planta con pocos despachos pero muy amplia y de color beige. Suponía que normalmente había varias mesas con documentos en la estancia principal, pero ahora mismo sólo veía muebles y papeles destrozados, desparramados por el suelo.

Debido a su indumentaria, más del medio centenar de mortífagos que tenía alrededor lo ignoró, estaban demasiado ocupados celebrando una precipitada victoria. Se sintió extraño, no sabía como comenzar en aquella ocasión, pero tenía que hacer algo ya. Sentía asco, las personas que estaban a su lado estaban disfrutando de la destrucción y el caos de un país, de la muerte y el dolor de las personas. Y sólo estaba en su mano vengar todo ese sufrimiento.

- ¡Firextend!-pronunció Harry sobresaltando a los mortífagos más cercanos. Tras dos segundos de espera, en los que a los mortífagos no les dio tiempo más que para percatarse de que algo no iba bien, se produjo, exactamente con él como centro, una explosión. Esta explosión fue potente, pero lo que verdaderamente causó daño entre los mortífagos fue la onda de extremo calor que se expandió en un diámetro de más de diez metros, matándolos al instante debido al brutal impacto del calor. Los más alejados pudieron sacar sus varitas y protegerse, aún desconcertados por el motivo de tal explosión. Cuando la nube de polvo que se había creado debido a la explosión se disolvió y los mortífagos restantes pudieron vislumbrar a Harry, se percataron de lo que estaba ocurriendo. Conscientes de la comprometida situación en la que se encontraban, se apresuraron a lanzar toda clase de maleficios contra aquel que intentaba estropearles una misión que había ido hasta el momento, a la perfección.

Bajó la cabeza susurrando algo inaudible y creó un escudo de magia negra que absorbió todas las maldiciones que llegaban hasta él, produciéndose un destello de luz con cada maldición que recibía. Los mortífagos pararon de atacar, cegados por todos haces de luz que se originaban al chocar contra su escudo.

Notaba todas las maldiciones que su hechizo había absorbido, notaba la energía que tenía atrapada. Le temblaban las manos, no se esperaba tener que soportar tantas maldiciones, le era terriblemente difícil controlar tanta magia ajena. Sabiendo que los mortífagos pronto recuperarían la visión sobre él y que no quería seguir soportando ese escudo, se liberó de aquella tensión. El escudo, que tras todas las maldiciones había cogido una tonalidad oscura, se liberó de cada una que había recibido, soltándolas hacia todos los ángulos. Algunos mortífagos pudieron defenderse, otros, sin embargo, fueron víctimas de sus propios conjuros. Con la confusión, Harry pudo recuperarse del último hechizo que había realizado sin que ningún mortífago intentase atacarlo. Al cabo de aproximadamente medio minuto volvieron a percatarse de su presencia, aunque no se atrevieron a hacer nada, sino que permanecieron quietos y con la varita en dirección a Torprey Hart.

- Vuestro ataque ha fracasado-determinó el heredero de Griffindor serio, atemorizando aún más a los hombres y mujeres que tenía delante, quienes no sabían que hacer contra él.- He acabado con absolutamente todos los estúpidos mortífagos que cometieron la insensatez de enfrentarse a mí, planta por planta.-comentó indiferente pero con fuerza y determinación en su voz.- Repetiré por enésima vez algo que he ofrecido a todos antes de llegar hasta aquí… hay dos opciones: Se van y abandonan el ministerio o se enfrentan a mí y...-no acabó la frase, pensaba que no hacía falta hacerlo, era evidente el final. Hubo variedad de opiniones entre los mortífagos, unos escondieron la varita, otros la apretaron con más intensidad, furiosos, y algunos otros se quedaron dubitativos.-Veo que hay una clara división…-alegó Harry con una media sonrisa dibujada en su rostro.- Los que no desean morir y quieran salir de aquí que se hagan a un lado.-ordenó claramente. Siete mortífagos asustadizos ante su presencia se apartaron formando un pequeño grupo a su izquierda, con la varita ya guardada o al menos bajada.-¿Saben que hay más repugnante que un mortífago?-inquirió hacia ese grupo de mortífagos, aunque no espero respuesta-Un mortífago cobarde. ¡Multairfixia!-exclamó hacia ellos. Al instante, todos se llevaron las manos hacia el cuello, una reacción innata a la asfixia.- El hechizo que invierte el efecto es el fintxia…-informó con una sonrisa macabra a los mortífagos restantes que habían decidido enfrentarse a él.- No olviden que estos hombres han elegido traicionarlos, ¿Quien de ustedes es lo bastante…"bondadoso" para salvar a una persona que ha tratado de traicionarlo?-preguntó mientras los siete mortífagos acababan de asfixiarse, arrodillándose y abriendo la boca de manera exagerada, buscando un oxígeno que no conseguían. Los demás mortífagos estaban paralizados, se miraban unos a otros como preguntándose entre ellos qué hacer. Finalmente, uno de ellos, se atrevió a elevar la varita y a pronunciar el contrahechizo hacia uno de sus compañeros. El mortífago que recibió el contrahechizo abrió los ojos anormalmente y cayó rígido al suelo, mientras el que lo había conjurado miraba hacia él, pidiendo una explicación. Lo único que obtuvo por su parte fue una sonrisa macabra.- Ha sido muy generoso por tu parte librarle del sufrimiento de morir asfixiado…¡Avada Kedabra!-pronunció el moreno matando al mortífago, mientras los otros seis iban cayendo uno a uno al suelo, sin vida.

- No te saldrás con la tuya… Nelb Neus Camp.-concluyó uno de los mortífagos restantes conjurando un hechizo que él conocía muy bien. Lo que le sorprendía era que los mortífagos querían escapar de él, ya eran conscientes de que no podían hacer nada contra él.

- Eso no va a funcionar conmigo…-contestó él a la vez que sonreía y hacía un gesto con la mano.-¿Quién es el líder de esta operación?-preguntó a los algo más de diez mortífagos que tenía delante. Ninguno respondió.-Repito por última vez, ¿quién es el cabecilla de este ataque?

-Soy yo…-respondió algo inseguro uno de ellos elevando la varita hacia él. Los mortífagos no sabían que hacer, no podían huir, y atacarlo a él era un suicidio. Esperaban un milagro.

- Muy bien. ¡Imper rax! ¡Multdescray! ¡Incarcero!-exclamó Harry seguidamente abatiendo a todos los mortífagos menos al que le había dicho que era el líder del asalto al ministerio. Necesitaba mortífagos vivos para el ministerio, no podía hacer una matanza y no dejar ningún superviviente para que el ministerio hiciera la típica pantomima legal y tener a alguien encerrado. En realidad si podía hacerlo, pero prefería en la medida de lo posible contentar al Ministro Piconi, la inmunidad no se la regalaban en todos los países.- Tú volverás con Voldemort… quiero que le des un mensaje.-consideró tajante mientras el mortífago permanecía paralizado, estupefacto, sin creer nada de lo que ocurría a su alrededor.

- No…no puedo volver…-farfulló el mortífago cayendo de rodillas, derrotado. Había llevado a cabo el plan que le habían encomendado, y ni siquiera había recibido la orden directa del Lord, sino de un mortífago del círculo interno. Había llegado a conquistar el ministerio, pero lo había perdido a los pocos minutos.-Mátame a mí también.-sentenció el mortífago quitándose la máscara y mirándolo a los ojos, ojos que no veía en Torprey Hart debido a su capucha.

- ¿Cómo? ¿No preferirías ir a prisión como los demás?-preguntó Harry confundido porque fuese el propio mortífago quien le estuviese pidiendo aquello.

- No, él nos sacaría de allí… me exigiría una explicación, y le diga lo que le diga me matará igual… la diferencia es que él me torturará hasta la saciedad. Te lo pido, por favor, mátame y acaba con esto.-le rogó el mortífago completamente acabado.

-¿Cómo te llamas? ¿Estás seguro de lo que me pides?-volvió a preguntar preparándose para hacerlo.

- Francesco Natale. Sí, he cometido un error… pero ya no hay vuelta atrás. Te lo suplico, no dejes que sea él quien me mate.

- Es tu decisión… Avada Kedabra.

- Salí del ministerio, hablé con el Ministro Piconi y volví a casa. Eso fue lo que pasó, lo que tenía que pasar.-terminó de explicar Harry al Ministro Marshall.

- Con usted es difícil aburrirse…-bromeó el Ministro lanzando un suspiro y recolocándose en su asiento tras escuchar la historia.- Pero volviendo a la cuestión por la que ha venido… posicionarme de su lado sería mi suicidio y el de mi país.

- Creo que no ha acabado de entender lo que quiero… No quiero que nadie sepa lo más mínimo de lo que ocurre ni de donde me encuentro. Esto sólo lo sabe y debe saber usted, ya me ocuparé yo de que nadie más se entere. Ahora sólo debe decirme si acepta el trato y si hay algo que pueda hacer por usted.-comentó el Griffindor siendo claro. Frederic Marshall se mantuvo en silencio unos segundos, pensativo, y después habló.

- Puedo proporcionarle un buen lugar para que pueda organizar todos sus movimientos desde Suiza, pero… esta información no puede salir de aquí, y deberá hacer dos cosas: por Suiza, y por mí.- Harry asintió ante las palabras del Ministro.- No hace mucho los gigantes han entrado desde Francia hacia Italia, y ahora están entrando en Suiza. Este país no está acostumbrado a convivir con gigantes, y éstos tampoco están acostumbrados a vivir en una zona como esta. Están causando estragos en pueblos de muggles, algo que me está provocando más de un problema. Están en el sur-sureste del país, en los alrededores del Monte Cervino, no me causan problemas mientras se queden en los Alpes, pero están dejando de hacerlo. Me gustaría que los echase de esa zona y que les diera algo así como un aviso para que no vuelvan a tener contactos con los humanos de este país. ¿Puede hacerlo?

- Sí, sólo tiene que darme un mapa explicándome exactamente donde están y donde quiere que estén… ¿y la otra cosa, de qué se trata?-preguntó aceptando la primera condición que le había puesto el Ministro, no le parecía algo de extrema dificultad.

- Se trata de algo comprometido.-comenzó el hombre con la mirada perdida.- Pero antes de comentárselo, me gustaría que me dijese que quiere exactamente que le proporcione.-pidió cambiando radicalmente de tema. Harry notó ese cambio pero prefirió contestar y no presionarlo.

- Me gustaría que me proporcionara un edificio relativamente grande, alguna construcción antigua, que esté alejada de cualquier punto de civilización, a ser posible escondida en alguna montaña. Y lo más importante, cuantas menos personas sepan que alguna vez allí hubo una construcción, mejor.-explicó detalladamente, tenía en la mente la imagen de lo que quería exactamente.

- Tengo varios castillos antiguos abandonados, escondidos en las montañas. Suiza es rica en ese tipo de construcciones, lo que quiere decir que tenemos bastantes castillos, pero también que son estudiados y catalogados, aún así…- se detuvo Marshall mientras se levantaba y buscaba algo en una estantería que tenía detrás. Pasaron más de diez minutos en los que el Ministro estuvo enfrascado en la búsqueda de algún documento y Harry esperó pacientemente a que el hombre encontrara eso que tanto ansiaba.- ¡Aquí está!-exclamó sacando un viejo papel de detrás de unos libros, que se cayeron al suelo, aunque el Ministro lo ignoró.-¿No le importaría pasar frío?-preguntó con una sonrisa.

- En absoluto.

- Pues entonces tengo lo que está buscando. Situado en los Alpes Berneses, aquí vienen explicadas las instrucciones que hay que seguir para encontrarlo. No sé en que estado se encontrará, hace más de ciento veinte años que nadie hace una expedición a ese lugar para realizar una comprobación. Aún así, creo que puedo decirle que estará bastante bien. Aquí tiene…-finalizó extendiéndole el papel. Harry lo miró un momento y sólo las primeras instrucciones para localizar el castillo lo sorprendieron. Debía unir mediante líneas rectas cuatro picos: Mönch, Jungfrau, Aletschhorn y Finsteraarhorn, hasta formar una figura cerrada de cuatro lados, después debía unir las esquinas opuestas, y en el punto donde se cruzaran las dos diagonales, sería el paradero del castillo. Ya tendría tiempo de encontrarlo, porque tenía el presentimiento de que le costaría hacerlo.

- Muchas gracias, espero que sea lo que busco. ¿Quién fue la última persona que estuvo allí?

- Un explorador del ministerio, pudo encontrarlo, pero debido al intenso frío del glaciar y a las protecciones mágicas del castillo, murió poco después de volver, el pobre.-contó el Ministro haciendo una leve mueca de disgusto.

- Lo lamento.-mintió Harry, que la última persona en estar allí estuviera muerta reducía enormemente la posibilidad de que encontraran el castillo, y la noticia de defensas mágicas en el lugar era algo que le intrigaba y encantaba por igual. Pero lo que quería saber exactamente era cuantas personas conocen actualmente el paradero o al menos la existencia de este castillo.

- Ahora, mismo, sólo usted, yo y el jefe de monumentos históricos del ministerio, un hombre mayor al que le falta poco para retirarse…-contestó el suizo sabiendo por qué lo preguntaba.

- De acuerdo, y ahora…¿Me puede decir que es eso tan comprometido que quiere pedirme para que se tome tantas molestias en que obtenga algo de mi agrado?-preguntó el heredero tomando una actitud más seria, no sabía que era eso tan "importante" que debería hacer. El suizo se volvió a sentar y esperó algunos minutos antes de responder.

- Quiero que asesine a una persona.

...

N/A: Interesante el cap ¿no?, bueno, espero que les haya gustado.