Capítulo 20: Tras Las Rejas

La oscuridad comenzó a disiparse poco a poco cuando Squall abrió los ojos, dando lugar a un gris oscuro. Respiró, sintiendo en el aire la mezcla del olor metálico con productos químicos mientras abría por completo los ojos, y se encontró observando un techo de color gris metálico.

Un rápido repaso de sus sentidos al comenzar a recuperar la conciencia le informó lo que necesitaba saber; podía escuchar el sonido distante de la maquinaria trabajando detrás de las paredes metálicas de su pequeña habitación, la superficie muy poco cómoda en la que estaba recostado pretendía ser una cama, y el gusto pastoso que sentía en la boca le decía que, por lo menos, había dormido por un día entero. Sentía en su pecho el aire frío, y se dio cuenta que solo vestía sus pantalones negros y botas, aún sucias con sangre de Iguion. Su chaqueta y su remera, junto con todo su equipo ya no estaban, y las paredes de metal negro del pequeño cuarto le decían a Squall todo lo que necesitaba saber.

Él era un prisionero.

Squall sacudió la cabeza mientras se sentaba, intentando borrar el mareo que sentía mientras recordaba las últimas imágenes antes de perder la conciencia. Había luchado con Edea, y la Hechicera lo había atacado con magia helada…

Squall llevó una mano hasta su pecho, y descubrió que la herida había desaparecido misteriosamente. Eso no lo tranquilizaba demasiado; Galbadia cuidaba muy bien de los prisioneros a quienes pretendía interrogar, para asegurarse de que no murieran durante el proceso. Aún así, pudiendo tener su salud en buen estado (o al menos tan bueno como se podía en esas circunstancias) resultaba ventajoso si la oportunidad de escapar se presentaba en algún momento.

Sus pensamientos viajaron hacia la pelea en el arco, recordando la mirada de Edea al herirlo, el grito de Rinoa, y la sonrisa lunática de Seifer mientras luchaban. La ira invadió a Squall por un momento al pensar en la traición de su rival. Squall había tenido esperanzas de que Seifer estuviera bajo el control mental de Edea, pero casi parecía que su rival se había unido a ella por voluntad propia.

- Maldita sea, Seifer.- siseó Squall mientras comenzaba a levantarse. En ese momento, sin embargo, el piso tembló debajo de él, haciéndole perder el balance y tirándolo de regreso sobre la fría cama. Él inmediatamente sintió su celda moviéndose hacia un costado, y podía escuchar la maquinaria trabajando sobre él y en la dirección en que su celda se movía. Un momento después, Squall sintió que la gravedad apretándolo cuando su celda pareció elevarse en el aire. Squall frunció el ceño, sintiéndose confundido. Al parecer esta prisión operaba con celdas transportables.

Squall recordó una clase que había tenido en el Garden acerca de una prisión ultra-secreta operada por Galbadia, al sudoeste del país, una cárcel de alta tecnología que trabajaba con celdas aisladas movidas por un brazo robótico. La prisión del Distrito D, o "Prisión del Desierto". Bueno, al menos ahora poseía un nombre y una ubicación aproximada.

El ascenso de la prisión llegó a un fin, y directamente enfrente de su cama Squall vio la puerta deslizarse y abrirse. El SeeD levantó la vista par ver a quien quiera que estuviese entrando, y de inmediato sus músculos se tensaron y sus puños se cerraron.

Seifer Almasy entró en la celda, sacudiendo la cabeza.

- Squall, te ves terrible.- comentó él, sonriendo. La respuesta de Squall llegó en forma de puño derecho hacia la mejilla, que Seifer atrapó y desvió muy fácilmente. El brazo de Squall hacia un costado, la otra mano de Seifer se disparó hacia delante, golpeando justo en la boca del estomago y vaciando de aire los pulmones del SeeD. Squall cayó de rodillas ante la fuerza del golpe, dándose cuenta que sus Guardian Forces estaban silenciados. Seifer seguramente los había extraído.

Squall no se iba a dar por vencido, sin embargo, incluso si Seifer estaba enlazado y él no. El SeeD fue hacia delante con otro golpe. Seifer levantó las manos para bloquear, pero el puño era solo una finta para esconder una patada izquierda hacia las costillas de Seifer. El pie impactó fuerte contra su costado, y el caballero gruñó un poco. Cansado de juegos, Seifer se lanzó hacia delante con una combinación de puños a velocidad impresionante. Squall sintió el dolor explotando en su cara una, dos, tres veces, desplomándose sobre sus rodillas una vez más. Una vez en el piso, Seifer lo agarró por el cabello, aplastando la cabeza de Squall contra la rígida pared metálica.

Estrellas volaron alrededor de Squall, y luego se sintió lanzado a través del cuarto. Él golpeó fuerte contra la pared opuesta, y pudo escuchar lejos como Seifer daba órdenes a alguien para que se lo llevaran. Varias manos lo agarraron sin delicadeza y Squall sintió como lo levantaban por las axilas y lo obligaban a ponerse de pie, arrastrándolo fuera de la celda. Una puerta de metal se abrió detrás de él mientras comenzaba a recuperar la visión.

Los pies de Squall eran arrastrados por el piso, pero de repente ya no los arrastraban cuando él los presionó firmemente contra el piso de metal, resistiendo a los dos guardias que lo estaban cargando. Los dos hombres se detuvieron por un segundo, sorprendidos por la resistencia del prisionero, y ese tiempo fue todo lo que Squall necesitó para tirar el cuerpo hacia atrás y liberarse del agarre de los dos guardias, quienes no esperaban la sorpresiva maniobra de escape. Squall corrió hacia delante, fuera del agarre de los carceleros, y plantó con firmeza los pies sobre el suelo metálico.

Los guardias empezaron a gritar cuando Squall se agachó, girando y lanzando una pierna en una larga barrida que impactó detrás de las rodillas y tiró al piso a ambos hombres. Squall arrancó del cinturón de uno de los guardias el arma que llevaba, un pesado bastón metálico. El bastón se levantó e impactó contra el costado de la cabeza de uno de los guardias, dejándolo inconsciente en el piso. Aquellos carceleros vestían simples uniformes, sin casco o armadura, y Squall fácilmente noqueó al otro con un segundo golpe. Él SeeD se había levantado rápidamente, su nueva arma lista, cuando algo chocó contra su nuca, tirándolo inconsciente sobre el frío y duro piso de metal. Squall pudo escuchar la risa burlona de Seifer antes de que las sombras lo envolvieran una vez más.


Zell se movió un poco, levantándose de donde había colapsado una hora atrás, y se sentó. Las paredes de la habitación larga y circular seguían tan vacías y frías como antes, y Rinoa, Selphie y Quistis seguían sentadas en el piso alrededor de la prisión. Selphie se encontraba cerca de la puerta, examinándola en busca de una forma de forzarla y escapar, mientras Quistis se sentaba contra la pared a un costado de Zell. Rinoa se sentaba al otro lado de Zell, en silencio y con mirada fija en el suelo.

El artista marcial sacudió la cabeza intentando deshacerse del mareo, y su mano fue a su nuca, sintiendo el lugar donde los soldados lo habían golpeado con la culata de sus rifles al llevarlos dentro de la celda. Al menos, eso suponía él, ya el grupo entero había sido llevado con capuchas negras sobre la cabeza luego de la pelea en el arco. Quistis, Zell y Selphie habían comenzado a descender de su posición para ayudar a Squall en la pelea con Edea cuando un pequeño ejército de soldados y policías había llegado. Los SeeDs habían tomado la única ruta de escape posible, a través de las alcantarillas, pero luego de una larga y tediosa persecución bajo las calles de Ciudad Deling, el grupo había quedado atrapado entre una pared y cerca de cien furiosos soldados.

- Bienvenido de vuelta, Zell.- dijo Quistis al verlo conciente.- ¿Estuviste en el "mundo de sueños" de nuevo?- el artista marcial asintió y sacudió la cabeza para librarse completamente del sueño. Él había colapsado y caído en aquel "mundo" de Laguna una hora después de llegar a la prisión. Rinoa también había sido empujada a la misma celda que los SeeDs, como si ella ya los estuviera esperando cuando llegaron. Squall e Irvine no estaban con ella. Rinoa había explicado que se habían llevado a Irvine poco después de llegar y que a Squall se lo habían llevado luego de la pelea, y luego no había dicho nada más, manteniéndose en silencio. Los cuatro estaban igualmente preocupados por lo mismo¿Dónde estaba Squall?

- ¿Cómo estaba Laguna?- preguntó Selphie con una mirada ansiosa en sus ojos, como si esperara las últimas novedades de su celebridad favorita. Zell simplemente se encogió de hombros.

- En realidad, no estuve con Laguna.- explicó Zell.- No sé mucho sobre Ward, pero pudo decir que está frustrado. ¡Está trabajando como conserje en una prisión, totalmente aburrido!- al escuchar esto, Rinoa levantó la vista, interesada.

- Todo lo que quiere es encontrarse con Laguna y Kiros.- añadió Zell, negando con la cabeza. Sentía lástima por el grandote y su frustración.

- Entonces¿qué es esto que estuvimos experimentando?- preguntó Quistis, poniendo un dedo sobre el mentón pensativamente.

- ¿Y cómo se supone que voy a saber?- gruñó Zell, poniéndose de pie. El artista marcial deseaba tener sus Guardian Forces, pero había algo extraño sobre esa prisión que suprimía los GFs y la magia; incluso Quistis casi no podía conjurar su innata Blue Magic, que resultaba ser solo un simple y débil espectáculo de luz.

El grupo quedó sentado en silencio por varios minutos, hasta que Rinoa volvió a hablar.

- Hey, Zell.- llamó Rinoa. El artista marcial volvió la vista hacia ella.

- ¿Si¿Qué pasa?- preguntó él.

- Dijiste que Ward trabajaba en alguna prisión¿verdad?- preguntó ella. Zell asintió.

- Bueno¿esta celda te parece familiar?- preguntó Rinoa. Zell la miró confundido, preguntándose qué quería decir ella, pero luego una imagen llegó a la cabeza del luchador. Ward era conserje en una prisión con celdas circulares…

- ¡Si!- exclamó Zell, poniéndose de pie de un salto, tratando de recordar todo lo que pudiera del sueño. ¡Rinoa tenía razón, la prisión era familiar! Era la misma prisión en la que Ward trabajaba, y lo más importante era que como empleado le habían confiado no solo la limpieza, sino las tareas de mantenimiento y operaciones en la sala de control en el piso más alto. Zell recordaba el esquema de la cárcel, a pesar de que sus experiencias como Ward habían sido por poco tiempo. Aún así, él rápidamente pudo componer un mapa de aquella sección de la cárcel gracias a la experiencia de Ward como conserje.

Incluso mientras la mente de Zell corría con la nueva información, un temblor corrió a través de la prisión. Todos levantaron la vista, confundidos, al escuchar el ruido distante de la maquinaria trabajando.

- ¿Qué fue eso?- preguntó Selphie, levantándose de un salto. En ese momento, una sección de la pared se deslizó abierta y un grupo de diez guardias carcelarios uniformados entraron en la celda, guiados por un oficial alto y fuerte y de aspecto malicioso, con un brillo sádico en los ojos. Zell frunció el ceño; no le gustaba para nada aquel hombre.

- Eso es el sonido de su amigo recibiendo lo que basura como ustedes merece.- dijo el guardia, riendo. Él se cruzó de brazos, y Zell vio la mirada básica en los ojos del hombre al observar a las mujeres. El luchador cerró los puños, temblando de ira, casi incapaz de controlarse, pero logró no hacer nada imprudente al ver que la mitad del grupo de guardias llevaba sub-ametralladoras.

El líder de los carceleros se giró hacia Zell, resoplando. Él caminó hasta el artista marcial, y sonrió. Zell hizo una mueca al sentir el aliento horrendo del bruto en la cara.

- ¿Tenés algún problema, imbécil?- gruñó el guardia, su sonrisa más grande. Zell respondió levantándose de un salto y dando un pisotón, encontrando la mirada viciosa del hombre. El guardia sadista rió una vez más antes de plantar un bastonazo en la cara de Zell. El luchador se tambaleó hacia atrás bajo el golpe, pero volvió desafiante, solo para que le pegaran de nuevo. Zell ignoró el segundo golpe del bastón metálico, atrapando el tercero con su antebrazo.

Al instante, la mitad de los guardias fueron hacia delante, blandiendo bastones y sub-ametralladoras y golpeando a Zell con los pesados garrotes o la culata de las armas. El artista marcial recibió una docena de impactos en su cara y torso, y varias patadas en el estomago. Él se dobló hacia delante, y dos sub-ametralladoras chocaron contra su espalda expuesta. Otro bastón explotó contra la nuca de Zell, e incluso él no podía aguantar aquel brutal y violento ataque. Zell colapsó contra el piso, y recibió cuatro fuertes patadas contra las costillas, y luego el guardia líder se agachó frente a él y lo agarró del cabello puntiagudo. El hombre tiró hacia arriba, levantando la cara de Zell para que el SeeD pudiera verlo a los ojos.

- Supongo que con eso van a aprender imbéciles.- gruñó el guardia, sonriendo de nuevo.- ¡No jodan conmigo!- El carcelero soltó a Zell y lo dejó caer con fuerza sobre el piso de metal, para después patearlo una vez más solo por gusto.

- Ahora, antes de que me olvide.- dijo él, mirando a las mujeres.- Estoy buscando a alguien llamada Rinoa. ¿Quién de ustedes es?

Las tres chicas dudaron por unos segundos, y el guardia se volvió hacia Zell para plantarle otra patada en las costillas, recibiendo un gruñido del maltratado luchador.

- ¡Basta!- gritó Rinoa, incapaz de ver como seguían golpeando a Zell sin piedad.- Yo soy Rinoa.

- Bien.- dijo el guardia, aunque sin esconder su descontento al no poder seguir golpeando a Zell.- Vos venís con nosotros.

- ¿Qué le vas a hacer a Rinoa, pelotudo?- gruñó Zell, poniéndose de pie. Dos bastones y la culata de una sub-ametralladora lo lanzaron de regreso al piso, y el guardia líder volvió a patearlo en el estomago.

- ¡Vamos!- rugió el guardia a Rinoa, quien asintió lentamente y comenzó a caminar hacia la puerta. Antes de salir, ella se volvió hacia los demás y asintió, como para decirles que iba a estar bien.

Quistis y Selphie no estaban convencidas, pero no dijeron nada cuando los guardias abandonaron la celda con Rinoa. La puerta se deslizó detrás de ellos, encerrándolos una vez más en la fría prisión de metal.


Squall sentía un dolor insoportable en sus brazos al recuperar la conciencia. Su cabeza colgaba hacia delante, y sentía una fuerte presión alrededor de sus muñecas y tobillos. Él abrió los ojos, y entonces entendió.

Sus brazos estaban atados por grilletes a la pared sobre su cabeza, y sus pies estaban sostenidos de manera similar. Él estaba atado a una fría pared metálica a aproximadamente tres metros y medio del suelo, aunque juzgando por la presión en sus muñecas no había estado ahí por mucho tiempo. La habitación era de color marrón oxidado, todo de metal, y Squall pudo notar dos enormes generadores de energía eléctrica al final de la sala. El SeeD observó alrededor de la habitación y encontró otro guardia, con una insignia especial negra sobre su hombro que o marcaba como el carcelero de la prisión. El carcelero estaba hablando con Seifer, pero se detuvo en el momento en que Squall comenzó a moverse. El caballero asintió al hombre y avanzó hacia Squall. Seifer se detuvo debajo de él, y levantó la vista, mostrando la misma sonrisa que tenía durante la pelea en el arco.

- Seguro sabés que va a pasar a partir de ahora.- dijo Seifer, cruzándose de brazos. Squall no dijo nada, solo apretó los dientes y la mirada. El Garden había dado instrucciones sobre cómo resistir la tortura, y Squall recorrió la lista en su mente. Él sabía qué tenía y que no tenía que rendir, y recordó el estado mental en el que alguien necesitaba encontrarse para soportar el dolor y aguantar la tortura.

Squall tensó los músculos de sus brazos, probando las esposas, y entendió cuán sólidas eran. Tal vez si él hubiera tenido sus Guardian Forces, habría tenido una oportunidad…

- ¿Qué querés?- preguntó Squall luego de unos momentos.

- Edea quiere saber qué es el SeeD.- replicó Seifer, desenvainando a Hyperion y apuntando con él a Squall.

- Podrías decírselo vos mismo.- contestó Squall, sin entender la preguntar.- ¿Es que no lo sabés? Es sentido común.

- Yo no soy SeeD.- explicó Seifer.- Ese es el problema. Debe haber algún secreto que te dicen una vez que llegás a SeeD¿no es así? Cuál es?

- No hay ninguno.- replicó Squall, negando con la cabeza. ¿A qué se refería Seifer?- E incluso si hubiera alguno, serías estúpido en pensar que te lo diría.

Seifer asintió, como si hubiera estado esperando eso desde el principio.

- Ya me di cuenta.- dijo Seifer, descansando a Hyperion sobre su hombro.- Estás en lo más alto de mi lista de nueces para romper. Sabía que no ibas a hablar tan fácil, y a decir verdad me alegro que estés siendo terco. ¡Me hace sentir orgulloso!

- Qué honor.- replicó Squall sin emoción, entendiendo qué iba a suceder a continuación. Él cerró los ojos y trató de distanciarse de su cuerpo y la sensación que estaba recibiendo.

- ¡Por eso tengo al especial preparado para vos!- dijo Seifer, y Squall escuchó al caballero chasqueando los dedos, y el carcelero activó una palanca.

Un rugido gutural que Squall ni siquiera sabía que estaba haciendo escapó de su boca cuando la agonía se disparó a través de su cuerpo. Squall comenzó a sufrir una serie de violentas convulsiones mientras el dolor penetraba en todo su cuerpo, la electricidad centelleando sobre su piel.

Terminó antes de lo que Squall podría haber esperado, y él se desplomó sobre sus grilletes, pero rápidamente se recuperó, flexionando los músculos. Él bajó la vista hacia Seifer, mostrándole una mirada desafiante que burlaba la tortura y la hacía ver como algo trivial.

- Incluso si vos no hablas, otros lo harán.- comentó Seifer, sin inmutarse ante la impresionante resistencia de Squall al interrogatorio.- La instructora, la pequeña niña mensajera, el gallina.- Seifer rió entre dientes mientras hablaba.- ¡Maldita sea, él no duraría ni tres segundos!

Los ojos de Squall se abrieron grandes en sorpresa, y Seifer sonrió satisfecho, sabiendo que había alcanzado un punto que la tortura física no podía tocar.

- ¿Están acá?- preguntó Squall, pero incluso mientras hacía la pregunta, Squall se dio cuenta que tendría que haber sabido que sus compañeros también habían sido atrapados.

- Oh, podés apostar.- replicó Seifer, pareciendo disfrutar cada segundo de aquel momento.- Están todos abajo en el séptimo piso, esperando su turno. Pero ya que me caés tan bien, pensé que tendrías que ir primero.

- Siempre haciendo favores a tus amigos¿no?- djo Squall en tono burlón, riendo entre dientes. Seifer asintió, también riendo.

- ¿Dónde está mi equipo?- preguntó Squall, más para demorar a Seifer de repetir la tortura y tener más tiempo para prepararse. Seifer señaló con el pulgar a una caja metálica al final de la habitación.

- No te preocupes, está todo ahí.- contestó Seifer, sonriendo.- Bueno, tus ropas al menos. Todavía tengo que traer tu gunblade de la habitación de materiales confiscados. Regulaciones, vos me entendés.

- ¿Querés la revancha?- preguntó Squall, riendo.- Vos fuiste el que quedó con la cara partida esta vez.- Seifer no rió, pero luego de unos segundos, mostró una sonrisa.

- Mientras estamos en el tema, Squall, decime.- dijo Seifer, envainando a Hyperion.- ¿Qué te pareció mi momento de triunfo? Mi sueño de la infancia finalmente realizado! Me he convertido en el caballero de la Hechicera, y en el último guerrero!

Squall parpadeó, confundido. Él recordó que su rival había hablado de su sueño. ¿Ese era el sueño del que Seifer había hablado? Convertirse en el más grande guerrero de todos los tiempos? Era eso lo que Edea le había prometido por convertirse en su caballero? Pero aún así, Seifer se había convertido en algo mucho más bajo que eso. Seifer se había convertido en un simple torturador sádico para la Hechicera.

- ¡Vamos, Squall, decí algo!- continuó Seifer, riendo.- ¡Esta es la escena en que jurás tu eterno odio hacia mi! El mercenario maligno contra el caballero de la Hechicera! No me decepciones!- Squall no dijo nada durante el bizarro y lunático monólogo, hasta que Seifer volvió a chasquear los dedos.

Squall trató de distanciarse de las sensaciones físicas cuando la palanca bajaba de nuevo, y la agonía se disparaba sobre su cuerpo una vez más.


Selphie había tratado de conjurar hechizos curativos en las heridas de Zell, pero los moretones y cortes casi no mostraban mejoras. Su magia todavía seguía siendo suprimida de alguna manera, al igual que sus enlaces Guardian Force. Zell había escuchado sobre algunas tecnologías capaces de contener e inutilizar la magia, y si algo así estaba siendo usado en la prisión explicaría bastante.

Los SeeDs se habían sentado, Zell ocasionalmente acariciando sus heridas, y comenzado a formar planes de escape. No tenían demasiada información, solo la experiencia de Zell como Ward, que sería muy útil si alguna vez lograban salir de la celda. Desafortunadamente, las paredes estaban construidas de metal sólido, virtualmente impenetrable, y tampoco había forma de abrir la puerta desde el interior, ni hablar forzarla o romperla. Había un panel con un lector de tarjetas al costado de la puerta, pero estaba totalmente protegido; Zell sospechaba que el panel exterior era una simple fachada de metal grueso y fuerte para que nadie fuera capaz de quebrarlo y deshacerlo y llegar a los circuitos interiores para tratar de abrir la puerta.

Aún seguían haciendo planes con lo poco que tenían cuando la puerta se deslizó nuevamente. Los SeeDs levantaron la vista para ver a una extraña criatura entrar en el cuarto. Medía poco más de un metro, con un brillante pelaje naranja que se tornaba rojo a lo largo de su cola con forma de látigo. La criatura poseía cuatro enormes patas con garras cortas y filosas, y una cara que aparentaba una combinación tanto de rasgos humanoides como de león. El pelo en la parte superior de su cabeza estaba parado y hacia atrás, y las puntas del cabello eran carmesí.

La criatura caminaba sobre sus patas traseras, raramente similar a un humano, y sostenida en sus patas delanteras cargaba con una bandeja que parecía tener una gran, sino completamente apetitosa, comida, pero los SeeDs estaban impresionados por la pequeña criatura roja y naranja. Ninguno de ellos había visto a un Moomba en persona. Los Moombas eran nativos de Trabia, donde Selphie vivía, y eran la versión evolucionada de la extraña raza de no-humanos en aquella región conocida como Shumi. Los Moombas tenían sentimientos, pero su poder mental real era menor que los de un humano o un Shumi no evolucionado. Sin embargo, las criaturas eran grandes trabajadores, por esto Galbadia era notorio por secuestrar Moombas como esclavos.

El Moomba entró en la celda con la bandeja y se acercó a los SeeDs, caminando con la mirada en el piso y moviéndose con la mayor resignación, la cual se acentuaba con el par de grilletes atados a sus patas traseras. Los tres SeeDs sentían el dolor de la criatura, y sabían que el Moomba era tan prisionero como ellos.

El Moomba caminó hacia el grupo, y estaba a punto de dejar la bandeja con comida cuando pisó mal y cayó hacia delante, dejando caer la bandeja con un sonoro golpe de metal contra metal. Casi inmediatamente, el sádico guardia apareció en la celda, alertado por el ruido.

- ¿Qué pasó?- preguntó él, corriendo dentro del cuarto hasta el Moomba. La pequeña criatura naranja inmediatamente se puso de pie, pero retrocedió un poco y bajó la cabeza ante el maligno guardia. El carcelero frunció el ceño, observando la comida desparramada.

- ¡Moomba idiota!- gritó el guardia, pateando al Moomba en la cara tan fuerte que lo hizo girar sobre si mismo y caer sobre su estomago.

- ¡Hijo de puta!- bramó Zell, demasiado enojado para contener su cólera más tiempo. Él se levantó de un salto, y cuando el carcelero se giró para aporrearlo con su bastón, Zell bloqueó el golpe con su antebrazo. Los ojos del hombre se agrandaron la ver a Quistis y Selphie ponerse de pie.

- ¡Eso, dejalo en paz, malo!- reprochó Selphie, poniendo sus manos sobre la cintura. El guardia levantó su garrote para atacar de nuevo, pero Zell lo atrapó con la mano izquierda y lo sostuvo con fuerza. El carcelero sadista trató de liberar su arma, pero el agarre de Zell era demasiado fuerte. Cuando el hombre abrió la boca para pedir ayuda, Zell lo silenció con un poderoso gancho derecho al estomago. El hombre ahogó un grito al sentir el aire abandonar sus pulmones, y se dobló hacia delante, dejando un excelente golpe a su nuca. El guardia se desplomó sin gracia sobre el suelo.

- Jeh, cayó fácil.- comentó Zell, chocando las manos como si quisiera limpiarlas. Selphie ya estaba en la puerta abierta, observando hacia fuera. Ella podía ver que aquel piso era circular, con una pasarela rodeando la cámara y una baranda al nivel de la cintura de una persona, que protegía de no caer por el amplio agujero en el centro. Selphie observó dos escaleras cerca de la celda donde ellos estaban, una que llevaba a los niveles superiores y otra a los inferiores, y por lo que parecía, la prisión entera tenía aquella forma.

Un segundo después, Quistis y Zell se habían acercado hasta la puerta, el Moomba sumándose a ellos.

- ¿Dónde están los guardias?- preguntó Quistis, escaneando el piso. Con la excepción del bastardo sádico del que Zell se había encargado, no había más carceleros uniformados en aquel nivel. Al final de la habitación había un par de soldados galbadienses cargando bastones, escoltando a un grupo de Moombas que repartían la comida, pero ningún guardia.

Zell asomó la cabeza fuera de la puerta y vio el número marcado sobre la puerta de su celda. 7-B2. Él asintió, luego se volvió hacia Selphie y Quistis.

- Séptimo nivel. Si recuerdo bien, la habitación de materiales confiscados y evidencia están en el noveno nivel, y ahí es donde todo nuestro equipo y nuestras armas están.- Zell observó a los soldados, asintiendo.- Si también me acuerdo correctamente, los guardias suelen tomarse descansos para el almuerzo, así que no debe haber muchos de ellos.

- Pero aún así, estamos desarmados.- dijo Quistis.- Sin mencionar que a aquel hombre que desmayaste lo van a empezar a buscar.

- No se preocupen.- replicó Zell con una sonrisa.- Mis armas son mis puños. Me va a ser más fácil esconderme si voy solo, y además, conozco este lugar mucho mejor.

- Mejor cerrar la puerta para que los guardias no sospechen.- añadió Selphie. El Moomba aparentemente había entendido la conversación y fue hasta el guardia inconsciente. Regresó un segundo después con un par de tarjetas electrónicas. Zell tomó una, mientras Quistis se quedó con la otra.

- ¡Vuelvo enseguida!- dijo Zell, abandonando la celda. Detrás de él, la puerta se deslizó y cerró.


La agonía terminó, pero el cuerpo de Squall seguía ardiendo de dolor por la electricidad. Él respiraba fuerte, su cabeza colgando hacia delante del agotamiento, su garganta seca del grito de dolor del que estaba remotamente consciente que estaba haciendo. Obstinadamente, el SeeD levantó la cabeza, mirando ferozmente a Seifer.

- Voy a preguntar de nuevo.- dijo Seifer, recostado contra la pared opuesta.- ¿Qué es SeeD¿Por qué se oponen a la Hechicera?

- ¿Oponerse?- murmuró Squall con voz ronca, confundido. Si Seifer se refería al intento de asesinato, eso era un acto en defensa propia. Pero Seifer lo hacía sonar como si el Garden y los SeeDs se estuvieran oponiendo activamente a Edea por alguna otra razón.

- Sir Seifer.- llamó un guardia desde la puerta de la sala. Squall observó hacia ahí, igual que Seifer.

- ¿Qué pasa?- preguntó Seifer ásperamente, molesto por la interrupción.

- Los misiles ya casi están listos para el lanzamiento, señor.

- Bien.- replicó Seifer.- Envíe un mensaje al comandante de la base diciendo que voy a reunirme con Edea para confirmar el lanzamiento de los misiles.- El guardia asintió y salió rápido. Seifer se volvió hacia Squall y desenvainó a Hyperion.

- Es parte del plan de Edea para encargarse del SeeD.- explicó Seifer, totalmente casual.- Los misiles van a ser disparados a ambos Trabia y Balamb Gardens.

Squall se sacudió como si hubiera recibido un golpe. ¿Galbadia iba a disparar contra el Garden?

- Qué mal¿no?- añadió Seifer, encogiendo los hombros.- Yo también crecí ahí, pero órdenes son órdenes. Garden va a ser destruido por entrenar SeeDs para oponerse a la Hechicera.

- No…- murmuró Squall, sacudiendo la cabeza.

- Luego de que el Garden sea aniquilado, la cacería de SeeDs comenzará.- añadió Seifer, sosteniendo a Hyperion como un rifle de caza.- Voy a cazar a cada uno de ustedes. Va a ser divertido.- Seifer soltó una carcajada, yendo hacia la puerta.- No te mueras todavía, Squall.- Con eso, Seifer cruzó la puerta, la cual se deslizó detrás de él.

El guardia con bigote cruzó la habitación y observó a Squall, brazos cruzados sobre el pecho.

- ¿Listo para hablar?- preguntó el hombre, y Squall le lanzó una mirada feroz.

- No sé qué es lo que querés saber.- replicó él honestamente.

- ¡No me vengas con esa mierda!- respondió el carcelero, cruzando la habitación hasta el interruptor.- ¡Edea cree que sabés algo sobre SeeD¡Ecupilo!

Squall soportó varios largos, agonizantes segundos mientras la electricidad viajaba a través de su cuerpo, hasta que el carcelero cortó la energía. Squall jadeó de nuevo, colgando de los grilletes, mientras el guardia regresaba hasta él.

- ¿Y¿Tuviste suficiente?- ladró él, y esperó mientras Squall permanecía desplomado varios segundos a causa del dolor. Finalmente el SeeD levantó la mirada, y el carcelero alzó las cejas, creyendo que Squall hablaría.

En vez de eso, una bola de saliva lo golpeó entre los ojos.

- Imbécil.- añadió Squall, devolviéndole una mirada venenosa y desafiante.

La mandíbula del carcelero crujiendo de furia, el hombre corrió hasta el panel de control y golpeó el interruptor. Para ese momento, Squall estaba listo, preparándose y distanciando su mente de su cuerpo cuando la electricidad desgarró su piel una vez más. El carcelero elevó la energía al extremo, y Squall rugió en agonía, y luego, afortunadamente, cayó inconsciente.


Cuando Rinoa había sido llevada al nivel más alto de la prisión, esperaba que la llevaran para torturarla, o algo incluso peor. Ella no esperaba ser guiada hasta la entrada de la Prisión del Distrito D, y tampoco imaginaba quien la estaba esperando para llevarla a casa.

- ¿Qué estás haciendo acá?- demandó Rinoa luego de que los guardias le anunciaran que estaba libre. Ella había entrado en un elevador que rápidamente descendía hasta el hangar de vehículos, junto al hombre que había venido a buscarla.

- Sacándote de acá.- replicó Irvine Kinneas encogiendo los hombros de manera incómoda.- Tu padre me pidió que te buscara.

- ¿Y los otros?- preguntó Rinoa, furiosa al saber que Caraway no los había incluido.

- No dijo nada sobre eso.- contestó Irvine cuando el ascensor se detuvo fuera del hangar de vehículos.

- ¡No podemos dejarlos atrás así!- protestó Rinoa, pero Irvine simplemente la ignoró. Él cruzó el hangar hasta un camión militar y abrió la puerta del acompañante. Rinoa lo siguió a pesar de su ira. Estaba segura de que no podría rescatar a Squall sin la ayuda de Irvine.

- Entrá.- añadió Irvine, indicando el asiento del acompañante. Rinoa obedeció, sentándose y lanzando una mirada asesina a Irvine cuando este se sentó. El francotirador la ignoró de nuevo y encendió el motor. Minutos después estaban fuera de la prisión, bajo la brillante luz del sol y la arena amarilla.

- ¡No puede ser que los vayas a dejar y no hacer nada!- dijo Rinoa luego de varios minutos. Irvine no la miró, y Rinoa contaba con eso. Sabía que él no quería dejar a sus compañeros atrás, y Rinoa jugó con eso todo lo posible.

- ¡Órdenes son órdenes!- contestó Irvine bruscamente.- Tu padre te quiere segura, y se está arriesgando mucho solo para sacarte.

- ¡No me importa!- chilló Rinoa, completamente furiosa.- ¡Tenemos que regresar a la prisión!- Cuando Irvine sacudió la cabeza, aunque de mala gana, Rinoa agarró la manija de la puerta y la abrió de golpe. Irvine exclamó en sorpresa y apretó los frenos, deteniendo el vehículo en mitad del movimiento. Rinoa saltó fuera del auto y se quedó de pie al costado del vehículo con los brazos cruzados frente al pecho, mientras Irvine salía también.

- ¿Qué carajo estás…?- comenzó él.

- Vamos a volver.- dijo Rinoa, desafiante. Irvine negó con la cabeza.

- Squall y los otros van a estar bien. Saldrán de ahí cuando llegue el momento.

- ¡No sabés eso!- replicó Rinoa.- Squall tal vez se quede, diciendo que nadie le ordenó escapar. Tenemos que ayudarlos.- aunque el comentario sobre Squall era algo exagerado, Irvine entendió el mensaje. Él parecía indeciso, hasta que Rinoa rodeó el vehículo y empujó rudamente a Irvine dentro del camión.

- ¡Hey¡No empujes, y… ouch!- Irvine retrocedió cuando Rinoa le arañó la cara con sus uñas.- ¡Hey, basta con eso!

- ¡Hace girar esta cosa, ahora!- demandó Rinoa, arañándolo de nuevo.

- ¡Okay, okay¡Basta!- suplicó Irvine ante la táctica poco ortodoxa, pero definitivamente eficaz, que Rinoa usaba.- ¡Andá a tu asiento!

Rinoa volvió a rodear el vehículo y subió en él. Irvine llevó el vehículo en reversa y giró. Él sacudió la cabeza mientras iban de regreso hacia la prisión, y luego levantó la cabeza para mirar sobre su hombro a los asientos traseros, donde reposaba un gran bolso negro.

- Mirá, iba a volver de todas formas, luego de sacarte.- explicó Irvine, lo que sorprendió a Rinoa.- Mientras regresamos¿podrías abrir ese bolso que está sobre los asientos de atrás?- Rinoa volvió la vista hacia atrás para ver el enorme bolso negro del que Irvine hablaba. Ella se inclinó hacia atrás y abrió el cierre, luego parpadeó impresionada al ver el contenido.

- Una colección personal que saqué del Garden por si las cosas se ponían un poco complicadas.- comentó Irvine con una amplia sonrisa mientras la Prisión del Desierto se cernía sobre ellos una vez más.


Zell asomó la cabeza alrededor de la esquina, solo lo suficiente para poder observar el noveno piso. Una rápida inspección dejó claro que no había guardias cerca, y él avanzó un poco más. Una vez en el piso, Zell vio un par de soldados galbadienses escoltando Moombas, pero esos hombres estaban al otro lado de la cámara, y Zell pasó inadvertido. No obstante, él se movió sigilosamente, siempre agachado, asegurándose de que no hubieran dispositivos o cámaras de vigilancia observándolo, o guardias en sus recreos ubicados en lugares inconvenientes.

Zell logró alcanzar la habitación de materiales confiscados fácilmente, y utilizó la tarjeta robada en el panel electrónico para abrir la puerta. La puerta de metal se deslizó abierta silenciosamente, y Zell se asomó dentro. El cuarto consistía en numerosas estanterías metálicas sobre las cuales había pilas de todo tipo de objetos, formando pasillos entre estantería y estantería. Casilleros, algunos con cerraduras y candados en ellos, ocupaban las paredes. El artista marcial se detuvo al sentir dos voces dentro, pero venían desde detrás de una de las estanterías a la izquierda. Silenciosamente, el luchador avanzó, manteniéndose agachado y tratando de no hacer ruido.

Ni siquiera lo hubiera necesitado, ya que ambos hombres hablaban en voz alta, ahogando los pasos de Zell. Él se acercó despacio hasta la estantería en la cual los dos hombres se encontraban, atraído por la conversación.

- ¿Así que estas son armas SeeD?- comentó uno de los hombres. Ahora que Zell podía verlos mejor, pudo observar que estaban vestidos con los uniformes regulares de la infantería galbadiense, aunque se encontraban armados con bastones en lugar de espadas, y llevaban una insignia redonda y negra con la sigla "PM" sobre la hombrera de la armadura. La policía militar de Galbadia, y guardias de la prisión, aparentemente.

- Cosas interesantes.- replicó el otro.- Nunchaku, látigo de cadena.- dijo el hombre, observando las armas dispuestas sobre el estante, y luego se detuvo sobre el Revolver de Squall.- ¿Esto es un gunblade?

- Nunca ví uno de verdad.- añadió el otro PM, observando la intrincada artesanía. Sin ser visto, Zell comenzó a acercarse.

- Escuché que usan algún tipo de alta tecnología involucrando energía mágica en los cartuchos.- el segundo PM comentó, abriendo la cámara del gunblade. Él nunca tuvo la oportunidad de observarla mejor, ya que la mano izquierda de Zell envolvió su cuello, agarró su mentón, y tiró hacia arriba y atrás mientras la mano derecha empujaba con fuerza hacia delante. Su columna vertebral se partió como una ramita seca, e incluso mientras el hombre caía al suelo, Zell ya había girado hacia el otro hombre. El segundo PM arrancó el bastón de su cinturón, pero Zell atrapó su muñeca y retorció, ardiente dolor a través del brazo del soldado. Él soltó el bastón, y Zell lanzó un su otro puño contra la garganta del hombre, aplastando su traquea.

El hombre de desplomó agonizante sobre el piso, tratando de respirar por una garganta destruida, mientras Zell tomaba las armas y el equipo fuera del estante y abandonaba la habitación velozmente. No le gustaba matar de esa manera, pero considerando la situación no tenía opción. En una pelea justa no habría tenido oportunidad, sobretodo con sus enlaces suprimidos.

Luego de unos tensos minutos de evadir guardias, Zell había logrado regresar hasta la celda donde Quistis y Selphie lo esperaban. Él entró en la habitación, cerrando la puerta para evitar cualquier guardia que pasara por ahí.

- ¡Les traje regalos!- anunció Zell, entregándoles las armas a Quistis y Selphie, junto con el equipo y los cuchillos de combate. El pequeño Moomba, que había decidido quedarse con las mujeres, gruñó aprobatoriamente.

- Bueno, ahora tenemos nuestro equipo de regreso.- dijo Quistis, inspeccionando su látigo para ver que no tuviera daños.- Pero sin nuestros enlaces, no somos mucho.

- Perdón, no pensé en eso.- replicó Zell, encogiéndose de hombros.- No sé donde está el generador de anti-magia. Deben haberlo instalado luego de mi experiencia como Ward.

Mientras Zell hablaba, sin embargo, la puerta de la prisión volvió a abrirse. Los SeeDs levantaron la vista para ver a dos hombres entrando en el cuarto, ambos con insignias de PM, aunque uno de ellos vestía el uniforme rojo de un oficial de infantería.

- ¿Así que esta es la celda con los prisioneros nuevos?- preguntó el oficial, hablando con una voz extrañamente familiar.

- ¡Si, señor, Teniente Biggs!- replicó el oficial de menor rango, con voz igualmente familiar. El nombre "Biggs" era lo único que Selphie y Zell necesitaban para recordar al dúo de incompetentes soldados galbadienses en la Torre de Transmisión de casi una semana atrás.

Biggs y Wedge también parecían recordar a Selphie y Zell, ya que los dos soldados se paralizaron inmediatamente al ver a los SeeDs.

- ¡Hey¡Mirá a quién nos encontramos!- exclamó Biggs al darse cuenta quienes eran en realidad los nuevos prisioneros.- ¡No esperaba tener la oportunidad de pagarles por lo que nos hicieron en Dollet!- El degradado Biggs tiró la cabeza hacia atrás y rió.- ¡Sé que parece cobarde apalear prisioneros desarmados, pero bueno, así es el mundo después de todo, y…!

Quistis hizo chasquear su látigo y las cadenas del nunchaku de Selphie traquetearon cuando sus armas aparecieron, cortando a Biggs en mitad del monólogo. El oficial se detuvo, observando a las SeeDs armadas, y al chico del tatuaje haciendo crujir los nudillos, dando a entender que él no necesitaba arma alguna.

- Señor, parecen bien armados.- comentó Wedge, una mano sobre su bastón.

- ¡Ya me di cuenta de eso!- gruñó Biggs en respuesta. Él cargó las ametralladoras montadas en sus brazos.- ¡Armados o no, están muertos¡Me escucharon¡Muertos!

El látigo de Quistis se enrolló en la pierna de Biggs mientras este hablaba, y un rápido y fuerte tirón mandó al oficial al suelo. Biggs golpeó el suelo pesadamente, y un segundo después sintió como el aire era expulsado de sus pulmones cuando cerca de ochenta y cinco kilogramos de Zell Dincht caían sobre su estomago. Biggs gruñó y perdió el conocimiento bajo el impacto.

Wedge había comenzado a desenfundar su bastón cuando el nunchaku de Selphie enredó el garrote. La pequeña SeeD dio un tirón, sacando el bastón de las manos del soldado, y Wedge comenzó a retroceder, solo para recibir su propia arma en la cara cuando Selphie giró su nunchaku, lanzando el bastón hacia el soldado. Wedge se tambaleó bajo el golpe, y luego cayó al suelo cuando Selphie cruzó la distancia y estrelló al soldado en el costado de la cara con una de las barras de su nunchaku, blandiendo su arma desde atrás y horizontalmente.

- Simple.- comentó Zell, levantándose de arriba del oficial inconsciente.- ¡Ahora es el momento de escapar.


-
¡Feliz navidad y año nuevo para todo! Si, ya sé que ya pasaron unos cuantos días, y la verdad esperaba tener este capítulo listo para año nuevo, pero tuve algunos problemas con la computadora que por suerte ya pude solucionar.

Bueno, me gustó este capítulo. Me hace recordar mucho a Metal Gear Solid en el momento en que Snake está prisionero y tiene que sobrevivir la tortura de Ocelot. Hay algunas líneas de MGS, sobretodo durante los diálogos entre Squall y Seifer. Me parece que la voz de Solid Sanke quedaría muy bien para Squall, y la voz de Liquid perfecta para Seifer.

También hay muchas desviaciones del guión original en este capítulo. Las más importantes durante las escenas con Zell, Selphie y Quistis, y la escena con Rinoa e Irvine. Ahora que estamos en el tema, la escena con Rinoa e Irvine está hecha de esa manera para comenzar con el próximo capítulo. Seguramente se preguntan qué es lo que tiene Irvine en su bolso, bueno, no se los voy a decir : P pero si piensan un poco seguramente se van a dar cuenta.

Bueno, eso es todo, no se olviden de dejar sus reviews diciéndome que les pareció!

Hasta el próximo...