CAPITULO VEINTICINCO
Lentamente, con paso firme
Un libro comienza siempre con la primera letra, la más importante. Después, un entretejido va desenvolviendo distintas capas de significados, de adjetivos y verbos, para dar forma a una historia, un contexto que nos sitúa en la imaginación. Dependiendo del hilo conductor, se adapta o se pierde el interés, pero como él recordaba las palabras sabias de su madrina, siguió leyendo las líneas de texto, que lo transportaban a un pasado. Y ese pasado era exactamente lo que él quería rememorar, poder dibujar en su mente trazos irregulares de las paredes, brillos interminables que golpeaban los cuerpos de muchos magos, queriendo pelear por sus derechos; por minutos, cerraba sus ojos y se dejaba llevar a un mundo donde todos sus deseos eran alcanzados y cumplidos. Olía el aroma de libro nuevo, de ese papel grueso que se confundía con el perfume de una cabellera plateada, de una pequeña niña que corría a través de un campo, repleto de flores. Y él, siguiéndola desde atrás, era invadido por la luz del sol que golpeaba en aquel rostro. Carcajadas inocentes hacían eco en sus oídos seguido de aullidos de quien no aguanta las cosquillas, luego de tirarse boca arriba para acariciar la calidez de los rayos en sus mejillas y el viento suave de verano, que suspiraba momentos de infancia.
Y de nuevo ahí estaba, observando el perfil afilado de una extraña. Sus ojos cerrados sonreían ante la muestra de amor de esa tarde primaveral, mientras que sus pestañas reposaban en las mejillas rosadas. Su nariz, respingada y algo torcida, disfrutaba del respirar, se emocionaba con los distintos olores que la naturaleza le regalaba. Y a los costados de su cuerpo, esa larga melena cubierta de plata y rulos casi perfectos, se esparcía por el césped. Era un ángel, un ángel que sin tener alas parecía volar.
-Un ángel –suspiró James, volviendo a la realidad.
Dado que últimamente no se podía dar el lujo de imaginar ni mucho menos de cerrar los ojos y permitirse viajar a otro mundo, James tomó una última bocanada de aire antes de cerrar el libro y guardarlo en su morral. Se acomodó a penas la ropa arrugada y revolvió un poco más el desastre que tenía de pelo, algo de herencia suponía. Luego, por obra del inconsciente, atrajo el par de anteojos al puente de su nariz y se levantó del piso. Tarde o temprano tenía enfrentarlo.
-¡Déjame! ¡No necesito que nadie me cuide!
James quiso voltearse a observar, a una pareja de adolescente que venían discutiendo. Pero lamentablemente no tuvo tiempo de eso, ya que en un abrir y cerrar de ojos un cuerpo delgado y minúsculo, arremetió contra su pecho, impulsándolos a los dos hacia el piso. Hacia el duro y frío piso del castillo. Automáticamente, los gritos cesaron y la vista de él se convirtió en un borroso ambiente.
-¡Lo siento mucho! Yo no quise empujarte, de verdad, perdón.
Él quería decirle que no había nada que disculpar en aquel accidente, pero debido a la falta de sus anteojos, la inseguridad corría por sus venas y paralizaba todo sentido del habla. A veces su timidez actuaba por impulso.
-Aquí están, ten.
Y de repente, unas manos suaves como el terciopelo y tan blancas parecidas a la nieve, rozaron la piel de James alrededor de sus ojos casi ciegos, introduciéndolos al cristal de los anteojos que se apoyaron en su nariz. Y después de ello, todo lo que él consideraba como un espacio se transformó en dos orbes color hielo. Las antorchas que iluminaban el pasillo, simplemente se fueron y en su lugar, iluminaba una sonrisa triste que lo incitaba a querer besarla. Por encima de esta, unas mejillas rosadas se intimidaban con la hipnotización de nuestro querido amigo James.
-¿Estás bien? ¿Te lastimé? –preguntó aquella muchacha que, tirada en el suelo junto a él, lo observaba con mucha atención. Y no fue hasta unos minutos después que, el mago respondió con una risita nerviosa.
-Sí, gracias. Estoy perfectamente. ¿Y tú? –respondió ayudándola a ponerse de pie.
-Sí, es que estaba corriendo y no te vi.
Quizás fue la manera en cómo lo dijo o tal vez la mirada perdida, que muchas chicas tienen luego de tener un episodio de llanto fuerte. Como en este caso. Y él, que siempre había sido bueno con las mujeres, suspiró y volvió a sonreírle.
-Pasa la mayoría de las veces, cuando quieres escapar de algo.
-¿Disculpa? –dijo ella, confundida, aturdida.
-Ya sabes, estás tan empecinada en alejarte que no miras a lo que te acercas. A mí me sucede muy a menudo.
Ninguno sabía qué decir y a raíz de esa tensión emblemática, él extendió la mano y tomó la de su nueva conocida, apretándola suavemente en forma de respeto.
-Me llamo James Sirius, un placer. ¿Cómo es tu nombre?
-Me dicen Lex, el placer es todo mío –respondió Alexa, con una diminuta muestra de aprecio– perdón, otra vez.
-No hay de qué.
-Espera un segundo… ¿James Sirius Potter? –inquirió Lex, casi riéndose de su propia torpeza.
El famoso hijo del niño que sobrevivió, se encogió de hombros y volvió a acomodar su morral. Pero antes siquiera de poder responderle a esa atractiva adolescente que lo miraba con sorpresa, la directora del colegio apareció por uno de los pasillos. Su preferida mujer en el mundo, le echaba una mirada inquisitiva y con una ceja encarnada, negaba rotundamente.
-No tienes remedio, James Potter. Vamos, te estaba esperando en mi escritorio.
-Yo, enseguida voy directora –tras ver partir a su antigua maestra, James soltó la mano de su nueva amiga–. Bueno, debo irme. La directora McGonagall no es de las más pacientes del mundo.
-En eso coincido, ve antes de que te de una reprimenda. Un gusto, señor Potter.
-Por favor, sólo dime James. Adiós Lex.
Un beso en su pómulo, bastó para tomar el corazón de James y unirlo al de ella, hasta un futuro indeterminado. Claro que él no tenía conocimiento de la gravedad que eso implicaba, o incluso del deber de siempre poner excusa para encontrarla en los pasillos de su antiguo colegio, una vez que se instalara allí.
Y mientras caminaba al despacho, James Sirius olvidó por completo que hacía unos minutos se había encontrado con un libro que lo transportaba a una época, en la que su presencia sólo estaba completa cuando una niñita corría cerca de él. Y esa niñita, cómo solía pensarla, pronto volvería a tomarlo de la mano y volvería a iluminarlo.
Ya sentado en el asiento frente a la directora, tomaba su té de hierbas a la vez que escuchaba el monólogo menos convincente, que en su vida tuvo que oír. Sin embargo, el amor que le profesaba a su vocación, a su querida maestra e incluso, a ese hogar que él consideraba suyo, lo hacían permanecer allí, apoyado en el respaldo y asintiendo a cada petición, a cada palabra que formaba la oración de sus frases.
-Y luego, para el banquete de fin de año, organizaremos el baile. Y sólo esa noche, sólo esa, podrás tomarte el descanso merecido, con un título apropiado de profesor ¿Entendido?
-Entendido profesora –pero su querido alumno siguió indiferente, mirando la taza con la que tomaba el té, pensando– ¿A qué casas enseñaré? ¿Estaré en slytherin como profesor? Hay una chica…
-¿Enseñar? ¿Ha estado escuchando lo que dije, señor Potter? No enseñará, acompañará a la disciplina de los alumnos. Usted nos ayudará a encontrar soluciones a todos los problemas que se generan en este castillo, aconsejará a las casas de mejorar sus relaciones…
-¿Seré un espía de usted? –interrumpió James, anonadado por la propuesta.
-No, no será un espía mío. No tendrá necesidad de comentarme todo los accionares y problemas que tenga que atender. Sólo quiero que asegurarme de que…
-Profesora McGonagall, ¿acaso está pidiéndome ser un peón de la disciplina? Si no mal recuerdo, mi padre ha estado en más embrollos que cualquier otro, incluso mi abuelo ha sido de los más problemáticos. Y yo, no he estado en ningún momento, en el cuadro de honor. Ni siquiera me he ganado el puesto de prefecto. ¿Puedo saber cuál es la razón de su repentina, propuesta? No considero ser el adecuado para la vacante.
El joven no era ningún iluso al que se le pudiera engañar fácilmente, por el contrario contaba con una capacidad increíble de descubrir el significado oculto, la razón madre por la cual todos se manejaban. Y eso era lo que nuestra directora apreciaba profundamente. Así que, asintiendo al hecho de que su mentira había durado poco, suspiró y suspiró tan fuerte que cualquiera hubiera escuchado, y entregándole un sobre blanco, se levantó. Su mano temblaba y las inscripciones de tal carta, la asustaba de sobre manera:
-Esto es de suma confidencialidad, señor Potter. Espero que pueda entender lo que eso, requiere.
-¿De qué trata, profesora? ¿Esto es por lo que se encuentra tan nerviosa?
De espaldas al hijo mayor de Harry Potter, la directora se disponía a mirar por la ventana. Una tormenta se acercaba a los confines de las montañas, dirigiendo su angustia a los terrenos del colegio, repleto de niños estudiando y maestros, vigilando. Pero acaso, ¿Qué se vigilaba con tanta pasión? ¿Qué era lo que a muchos les ponía los nervios de punta?
-James, no te imaginas lo que está por venir. Por eso, pedí tu incorporación al cuerpo docente de Hogwarts.
-¿Mi padre sabe al respecto?
-Tu padre te recomendó para esta tarea, considera que eres lo mejor que puede haber en estos días para nuestra misión.
-¿Misión? ¿Va a haber otra guerra? –preguntó, con su cara descompuesta del terror.
-Esperemos que no. Lo único que nos falta es que Malfoy quiera reunir un ejército para marchar en contra de Krum.
-Perdón, profesora, ¿Qué tienen Malfoy y Krum en común?
-Esa carta –respondió McGonagall, mirando el sobre coléricamente. Nuevamente, tomó un sorbo de aire y abrió la puerta de su escritorio–, estaré en las cocinas por si me buscas, Potter. Y no olvides, que nadie sabe al respecto. Sólo tu padre.
Al instante en que la puerta se cerró, James abrió el sobre. Y deseó tanto no haberlo hecho.
En él, había dos cartas:
Estimada Directora McGonagall,
Una vez usted dijo que, las pérdidas en nuestra última guerra eran el resultado de muchas luchas. Muchas de las cuales, valieron la pena ser vividas. Recuerdo que usted recitó con ferviente amor, que nosotros, sus alumnos, representábamos cada pelea interna que los hermanos tuvieron que realizar para ser "el Amo de la Muerte". Tanto Ron como Hermione, como yo, fuimos eso que Dumbledore esperó que fuéramos. Pero me temo que la hemos decepcionado a usted profesora, porque sólo esperaba que pudiéramos terminar siendo alumnos normales y ninguno lo logró. Por el contrario, víctimas del destino. Y ahora este está cobrando sobre nuestros hijos, nuestras imágenes replicadas en una nueva generación.
Hoy hemos tenido una audiencia en contra de Víktor Krum, sí, ese búlgaro jugador de quidditch que en su época, tan perdidamente enamorado de nuestra Hermione. Y hay una fuerte sospecha de que haya contribuido al secuestro de Alexa, incluso me atrevería a decir que… él fue quien la llevó, que la quitó de nuestros brazos. Debo decirle que, fue verdaderamente triste el hecho. Acompañé luego de la sesión a los Malfoy a casa, ella estaba devastada y lloró hasta quedarse dormida en la falda de su esposo. Él, corrompido por el pasado que lo atormenta, juró vengarse de Krum y sé que lo hará. Sé que lo matará y no habremos tenido respuesta a nuestros interrogantes. Ni siquiera sabe si es o no el culpable, pero lo asesinará igual por ser parte de la lista de sospechosos. Bien tiene en conocimiento usted que el embarazo de Mione avanza con rapidez y tememos por la vida del pequeño, que se alimenta de la angustia de la madre, de la carga que tiene ahora siendo un feto. Y por eso me veo en la obligación de acudir a su ayuda, una vez más.
Gracias a la colaboración de George, hemos descubierto que un collar mantiene en secreto la identidad de Alexa, disfrazándola de una alumna común y corriente entre sus pasillos. Esos pasillos que tienen que ser vigilados y observados por usted. Y ese collar no sólo la oculta de nuestras miradas, sino de ella misma, porque lo que tiene dentro es una prueba irrefutable de la verdad. Y tenemos que encontrarlo cuanto antes. Alerté a mi hijo Albus al respecto, pero lo mantendrá en silencio porque no queremos que Scorpius intervenga más de lo necesario.
También le encargo que preste suma atención en el chico, es un solitario. Un adolescente que necesita más amor que nosotros.
Harry James Potter
La otra, pequeña y de letra despareja, fue la que causó en su hijo, lágrimas de emoción y de tristeza. La que dio comienzo a esa búsqueda por encontrarla. James, hijo de Harry, por primera vez lloró desconsoladamente, no por lo que fue, sino mucho peor, por lo que pudo haber sido. Por las esperanzas rotas y la fe corrompida por el diablo del pasado.
Mi querido padre,
Hoy por fin pude hacer más amigos. Sé que odias a los que pertenecen a slytherin y más si están cerca de un Malfoy. Inevitablemente, así es y considero que tus prejuicios alejan ese concepto que tengo de la amistad. Justamente hoy, vi que un pequeño Malfoy era seleccionado por la casa de Gryffindor y lo vi alegre, contrario a tus cuentos de noche. Era terriblemente feliz por ser un león y eso me dio pie a mí para entender algo nuevo: también soy feliz por ser serpiente.
Volví a soñar con esos gritos de mujer, pero esta vez fueron muy fuertes. También hubo un llanto, mordí a alguien y después un destello que me hizo despertar. Parece una locura, pero mi sueño es más real que mi propio cuerpo.
Tu amada hija, Alexa Nupcia
P.D: perdí mi collar, imposible de encontrar siendo tan delicado y pequeño. Espero que esté en casa. Te amo.
