"Mi hermano mayor no es un ghoul". Eso fue lo que leyó Takagi en la primera oración.
Por alguna razón de nerviosismo que se sintió en su estomago y entrañas, el joven Dove dejó de leer y se concentró en mirar el suelo como si fuera una pizca más interesante que lo que tenía en la pantalla de su notebook. Tenía un escozor raro en su interior, como cuando ves una película de terror y sabes que el pobre idiota que se separó del grupo será la próxima víctima del asesino, ese picor interior de saber que algo malo pasará pero debes seguir mirando. Levantó la vista y continuó:
"Si estás leyendo esto, es porque no te convenció la explicación de los inspectores Doves". Leyó a continuación. De nuevo dirigió la mirada hacia un lado de su departamento. Sus ojos descansaron en la ventana de su departamento. Era de noche y parecía ser de esas tranquilas y normales.
Debería dejar de leer cada oración y parar, solo le generaba más suspenso a la situación.
Desvió la mirada hace el cursor y dio una vista preliminar a la página web para notar que el blog solo tenía una entrada, pocos comentarios y que no había sido actualizado desde la publicación de dicha entrada.
Respiró profundo.
Lo leería todo, de una sola vez:
"Mi hermano mayor no es un ghoul.
Si estás leyendo esto, es porque no te convenció la explicación que dieron los inspectores Doves. Igual que a mí.
No creo tener mucho tiempo para escribir esto, así que déjame relatarte brevemente lo que pasó: El día X del mes X del año 201X, mi hermano mayor (quien no diré su nombre para evitar que cierren esta página también) de 20 años de edad se cayó de su bicicleta cuando volvía a casa de la Universidad M. No estaba usando casco así que se dio con el asfalto en la cabeza. Aunque el golpe no parecía gran cosa, fue a hacerse un chequeo en el hospital para sacarse las dudas de una contusión o algo peor.
No lo vimos de nuevo.
El personal de hospital dijo haberlo visto y retirarse una hora después de su ingreso, pero jamás regresó a casa.
A veces me siento una basura por no acompañarlo ese día."
Takagi sintió un mal gusto en la boca por la persona que escribió ese blog.
"Reportamos su desaparición, pusimos carteles, y todo lo posible. Mi hermano no es de los que desaparecen así nada más. Sabíamos que algo malo había ocurrido.
3 días después, un escuadrón Dove entró a nuestra casa, armados, y asustando a mis padres y a mí. Yo estaba en mi habitación, había rechazado la cena porque no me sentía bien para comer. Tuve mucho miedo cuando patearon mi puerta. Realmente creí que moriría cuando me apuntaban con sus armas y pistolas. Fueron 15 minutos de terror, hasta que gritaron un código raro (10-4, por si alguien sabe que significa, aun busco qué es). Nos clavaron unas agujas en los dedos y cuando el test resultó negativo, se fueron, al menos los que tenían armas.
Nos llevaron a la Sede y ahí nos informaron que el cuerpo casi carbonizado mi hermano había sido recuperado en un horno rudimentario que estaba localizado en el sótano de un edificio abandonado, en una zona poco transitada.
Lo primero que pensé fue que había sido devorado por un ghoul, y sus restos quemados para ocultarlo. Empecé a sollozar en el pecho de mi madre.
Pero luego siguieron otras preguntas raras.
Si era mi hermano de sangre, si realmente era el hijo de mamá y de papá, si fue cambiado de bebé, si fue adoptado y todo sarta de cosas. Eso era simplemente estúpido. Solo tienen que mirarme para saber que me parezco a mi hermano, y si ves fotos de papá de joven, mi hermano es su vivo retrato.
Todo era incomodo y extraño. Cuando papá se atrevió a preguntar si podían recuperar los restos de mi hermano para velarlo apropiadamente, se negaron, dijeron que esos restos aun seguían bajo investigación. No sé mucho de ciencia forense, pero si no quedaba mucho como dijeron, ¿para qué lo necesitaban aun?
¿Y por qué demonios nos atacaron en nuestra casa? Mamá preguntó eso, indignada y dolida. Los inspectores se miraron avergonzados y nos dijeron primero que no podían discutir información del caso con civiles. Papá amenazó con demandarlos y otras cosas más si no recibían una explicación. Él es un hombre muy calmado, pero que agentes Doves destruyan tu hogar, te apunten con armas, amenazan a ti y a tu familia, y encima de todo, dicen que tu hijo está muerto, colma la paciencia de cualquiera.
Uno de los inspectores, el más empático, según mi parecer, dijo que no todos los tejidos estaban quemados, y se les hizo un examen para ver si era ghoul o humano.
El inspector dijo que la prueba salió ghoul. Y es por eso que atacaron nuestra casa. Habían encontraron los documentos de mi hermano, su libreta universitaria en su mochila, su ropa, su identificación… Ellos realmente creyeron que mis padres y yo éramos ghoul pretendiendo ser humanos. Como si eso fuera posible…
Mamá se puso al borde de la histeria, gritando que su hijo no era ghoul, de que qué clase de broma era esta, que ellos no saben hacer bien su trabajo, etc., etc.
Simplemente fue una mierda.
El otro inspector no dijo nada, incluso creo que aun pensaba que nosotros ocultábamos algo.
Nos negaron cualquier otra información.
Nos sorprende que en los siguientes días, no haya noticias sobre mi hermano, ni siquiera al menos un artículo en el periódico o algo pequeño. Pero es bueno que los vecinos hayan filmado el ataque a nuestro hogar, algunos foros se llenaron de los videos y fotos del escuadrón Dove ingresando a nuestra casa y rompiendo todo. Ellos tuvieron que contestar en respuesta que los restos encontraron (y nadie cuestiona que esto no haya sido informado antes) habían sido comprometidos, haciendo que se establezca un protocolo diferente y blah y blah y blah, solo dijeron que tenían información errónea. Y mencionando que solo toman precauciones por nuestra seguridad y cosas así. Esos payasos sí que saben lucirse para quedar bien.
Misteriosamente, las notas en los portales de noticias y blog cerraron o desaparecieron misteriosamente. De ahí aclaro que esta no es mi primera vez escribiendo esto.
No soy de las personas que creen en conspiraciones, pero para ser un ataque de un ghoul, sobre lo que dicen pasó con mi hermano, hay demasiadas brechas abiertas.
Ellos creyeron que mi hermano era realmente un ghoul, no sé cómo ni por qué, pero estaban muy seguros.
Yo sé que no lo era, he vivido con él toda mi vida, he comido pasteles y guisos de carne y verduras con él, lo he visto lastimarse y sangrar como cualquier humano normal, e incluso mi hermano es una persona que prefiere el té que el café.
Investigué y la prueba para distinguir un ghoul de un humano no es muy difícil. Una tira que reacciona a una célula especifica en la sangre, casi como una prueba de embarazo. Los Doves no serian capaces de cometer un error tan simple.
¿Realmente qué pasó con mi hermano?
Quiero saberlo pero por el bien de mis padres, es mejor que me concentre en mi futuro, los exámenes de la universidad se acercan, y creo que ellos quieren que vaya a la misma universidad de mi hermano, me están prestando más atención, creo que por miedo a que me pase lo mismo.
A los que quieren buscar la verdad, les dejo el resto."
Silencio en el departamento.
Takagi sintió por primera vez en mucho tiempo, que realmente se estaba metiendo en algo malo.
No pudo dormir nada esa noche.
Al día siguiente, se presentó en la oficina como haría cada día hábil de la semana. Se registró en la entrada como cualquier día normal. Y se dirigió a su pequeño escritorio. Todo fuera de lo extraño. Pero esta vez, con una idea horrible en la cabeza.
Siguiendo las pistas que tenía hasta ahora, quizás la supuesta "muestra contaminada" hallada en las últimas escenas de crímenes tenía algo que ver con ese caso del "chico del horno".
Escalofrío.
Tenía que buscar un nombre menos aterrador.
Pero realmente no sonaba tan mal.
Quizás era solo el espectro de que esto tenía una pinta de conspiración macabra.
Luego de revisar varias veces los casos de la chica suicida, la pelea de los ghouls en el dojo y la muerte de su compañero. Podía indicar que esta "muestra contaminada" estaba en los últimos dos. Pero el de la chica suicida parecía un callejón sin salida.
Sentía que podrían estar conectados, después de todo, ese fue el primer caso de actividad ghoul en ese districto que no fuese tan discreto. Tenían las marcas de dientes en los huesos. Pero no ADN. Lo único que pudieron sacar los forenses era que era una dentadura mayor a 15 años de edad. Eso podía descartar el niño ghoul que mencionó su ex mentor.
"Los únicos que se alimentan de carne no fresca son los ghoul jóvenes… Muy inexpertos para cazar… O los ghoul heridos…"
En los otros dos casos, si bien había mordidas en ambas víctimas, era difícil reconstruir el registro dental desde el tejido blando.
Probablemente lo que planteaba no era nada. Solo un desperdicio de tiempo.
Lo sabía, de hecho.
Pero tenía que pretender que estaba trabajando, al menos… Hasta la hora del almuerzo.
Takagi miraba con una cara cansada el reloj. Después de varias horas, ya era casi el momento.
Cuando sonó la pequeña alarma en los altavoces indicando el medio día, la mayoría de los Doves sacaban sus almuerzos en tuppers o sus bentos. Otros se levantaban y se irían a comer en los establecimientos de los alrededores. Y solo unos pocos se quedaban en sus escritorios con sus papeles o investigaciones. Demasiados sumergidos para comer aun.
Takagi no era ninguno de los anteriores.
Se levantó inmediatamente y sin parecer desesperado por ir a su destino, se dirigió al Departamento de Genética Forense de la sede.
Estaba casi al otro lado del edificio, pero valió el recorrido, porque al llegar vio que casi todos se habían retirado para comer para ese entonces.
Al entrar por una oficina con la puerta abierta, encontró a la persona que justo estaba buscando.
La Doctora Misaki estaba anotando unas cosas en su pizarra cuando Takagi ingresó con un poco de agitación.
Ella le dedicó una mirada desinteresada y siguió con unos dibujos que el joven agente Dove podía identificar como moléculas o su composición quizás, en el cual había varias notas pequeñas en cada costado.
-¿Se le ha perdido algo? – Preguntó cortésmente sin mirar la pizarra blanca con el marcador rojo pintado en todos lados.
-No realmente. – Le contestó mirando hacia todos lados, asegurándose que no había nadie en la habitación. – Me preguntaba si podía ayudarme en algo.
La doctora de mediana edad, dejó el marcador en un borde y le puso atención al ese impertinente niño que interrumpe su trabajo.
Él, sin decir ni una palabra, saca algo de su bolsillo y le extiende con decisión el pequeño trozo de papel que acababa de imprimir en una tienda de fotocopiado hace unas horas.
Las expresiones de la mujer eran variadas. Primero abrió los ojos grandes con sorpresa, luego le miró fijamente con suspicacia y finalmente se relajó con tranquilidad.
Ella arrugó el papel y se lo guardó en sus pantalones. Takagi aun esperaba una respuesta… O algo… Lo que sea.
-¿Sabías que hay un pequeño local de ramen a un par de calles aquí? No es muy conocido, quizás porque lo abrieron hace poco.
Takagi estaba confuso, lo primero que pensó es que trataba de comprarlo con comida. O de evadir el tema, sí, eso era más sensato.
-Yo no…
-No, no sabes nada. – Le interrumpió la doctora con una sonrisa que trataba de sonar relajada, pero denotaba un poco de tensión. Y luego, con la mirada le dedicó un pequeño vistazo hacia arriba. Takagi observó hacia donde la mujer indicaba y notó una pequeña cámara. - No sabía que también conocías ese local. – Habló la mujer con una voz amistosa. – De habérmelo dicho nos hubiéramos ahorrado esos cupones vencidos.
¿Cupones vencidos? ¿Pero qué…?
Ella sacó un papel de otro bolsillo de los pantalones, escribió algo con un bolígrafo que tomó de cualquier escritorio y le tendió el papel.
-Dale esto al mesero, te hará un descuento si sabe que te mando yo. – Le tendió el papel: un cupón por un descuento en 2x1 en ramen clásico. Estaba escrito la hora de salida del trabajo. – Te veré más tarde supongo… Señor…
-Takagi, me llamó Takagi.
Ella le sonrió y se dirigió a su pizarra.
El joven se fue con un poco de miedo. Eso pintaba peor.
¿Por qué la doctora estaba siendo observada?
Muy ajeno a todo lo que pasaba, un Karamatsu tranquilo tomaba un café frio en unos asientos del área comercial.
A pesar del tiempo transcurrido, parecería que nunca se acostumbraría a esos atuendos que era forzado a usar. No tenían nada de malo, es solo que… No eran él. Rogaba el día que Osoko le permitiera usar al menos sus pantalones marca registrada.
Pero no, ahí estaba el segundo de los Matsuno (humanos), con un conjunto simple de jeans, camisa y zapatos aburridos, esperando a la castaña-roja que terminara sus compras. Él solo cargaría con los paquetes y bolsas. Y por alguna razón, Osoko le ordenó con un tono irritado que lo esperara afuera luego de recitar algunas ideas en forma de canción sobre su vestuario.
Supongo que las mujeres son más especiales con eso.
Al menos le permitió usar sus lentes oscuros. De cierta manera se sentía menos expuesto cuando usaba eso, era como una sensación de estar ocultándose todo el tiempo. De su familia, de sus amigos… De sus posibles enemigos…
Salir poco le molestaba, pero no tanto como dejar de ver a su familia. Mas de 3 semanas y ninguno de sus hermanos o padres había llamado o algo. Se supone que era mejor así, pero eso no evita que no hiriera un poco sus sentimientos.
Desde afuera de la tienda, Karamatsu podía ver a Osoko yendo de un lugar a otro, se supone que esta salida era algo del trabajo, por el horario por supuesto, algo sobre buscar unos vestidos que había encargado la esposa de su jefe, pero se notaba que la mayor de las ghouls Matsuno aprovecharía ese momento para conseguir algo bonito para ella.
"Osoko es una mujer hermosa". Tiró un pensamiento suelto. "Todas las chicas lo son". Reformuló. "E Ichiko…"
Y ahí agitó la cabeza como para tratar de desaparecer esos sucesos raros con la ghoul de purpura.
Se avergonzó un poco al recordar que los últimos días, pareciera que su cuerpo y mente reaccionan independientemente de sus deseos mentales con respecto a una específica ghoul de cabello largo y negro.
Algunos sueños eróticos, si, algo normal en un virgen que vive con 5 hermosas damas.
Se le agita el sistema cardiaco y la respiración cuando se le acerca mucho y es capaz de oler su aroma fresco. Hormonas de ghoul, sí, eso es.
Se ha preguntado un par de veces, ¿si arruinaría la dinámica del lugar pedirle salir a tomar café como la ultima vez?
Se siente atraído, es verdad. Lo admite. Pero no es la misma atracción que solía sentir con Totoko o con ciertas señoritas que veia.
Es como si fuera algo que no lograra dominar del todo. Y sospecha que tiene que ver con Gimi.
No es fácil de explicar, ni él lo sabe bien qué pasa. Pero aunque agradezca que su otra parte no ande haciendo travesuras por ahí, todo lo que no puede controlar a su voluntad se relaciona con su otra personalidad.
Kagune, la fuerza ghoul, los recuerdos, la estabilidad mental… Son cosas que Gimi sabe, y él no.
Le hace falta Ichimatsu, quien podía ayudar de intérprete para Gimi, pero ya no está esa opción.
Se ha resistido a ver a su familia varias veces. Los extraña, sí, pero en parte siente que su otro yo también le hace falta.
Lo máximo que ha hecho hasta ahora solo ha sido desordenar su habitación, pero en comparación con sus travesuras en la otra casa Matsuno, Gimi ha estado muy calmado con las chicas.
Solo ruega que ninguna de ellas se encuentre con él. Hasta ahora no ha pasado. Solo una ocasión que Ichiko le "recordó" que dejara de hacer ruido por las noches porque ella regresa de "hacer las compras" tarde y no podía dejar de oír una especie de parloteo.
Gimi no sabe hablar (o eso cree) pero no se imagina que escuchó la ghoul de avellanas esa noche. Afortunadamente, quedó olvidado y punto.
Sorpresivamente, Karamatsu levanta la cabeza hacia una dirección a su derecha.
Sí… Reconocería ese aroma dulce en cualquier parte… Junto con otro más…
Pelea mentalmente si esconderse o dejarse encontrar… Frunce los labios por ser tan débil, pero al final se queda.
Los extrañaba mucho.
-¡Karamatsu-niisan! – Escucha a su espalda, y en un par de segundos se le avienta un Jyushimatsu.
Recibe un golpe cohete, cortesía de su hermano amarillo, pero se sobrepuso rápidamente.
-¡Que sorpresa, mis Little brothers! – Dice entusiasmado.
Detrás de Jyushimatsu venia el resto: Todomatsu quien se le acercó y le dio una especie de abrazo entrecortado. Uno que simulaba que todo estaba bien pero al mismo tiempo que delataba una oculta necesidad de melancolía y cariño.
-¡Ha pasado tiempo! – Exclamó Jyushimatsu con alegría. - ¿Qué tal te ha ido?
-He estado "very well". – Señala con los dedos en forma de pistolas. - ¿Y qué hay de ustedes?
-Nada nuevo. – Respondió Todomatsu rápidamente. Quiso preguntarle sobre su atuendo normal, pero era mejor omitirlo. – Pero cuéntanos, ¿dónde trabajas? ¿Y en qué principalmente? ¿Tan ocupado estas que no puedes visitarnos? – Pregunta en un tono caprichoso.
-Bueno, yo…- Se puso nervioso, aun no se le había ocurrido una mentira apropiada.
-¡Oye! ¡Karamatsu! – Se escuchó una voz femenina detrás. Los chicos voltearon y vieron a una mujer de cabello castaño rojizo y con un atuendo de oficina con casi una docena de bolsas en ambas manos. Parecía dar la impresión de estar atareada. – ¡Vamos! Se me hizo tarde y… - Guardó silencio al ver a los hermanos del azul.
"Hermanos idénticos", pensó curiosa. Era la primera vez que olía 3 personas físicamente iguales pero con un aroma que se diferenciaba entre ellos.
-Ah, sí, disculpa. – Contestó automáticamente y sostuvo un poco más de la mitad de las bolsas.
Osoko se mantuvo neutra por unos momentos, pero esbozó una sonrisa que normalmente usaba para ganar simpatía con extraños.
-Así que ustedes son los hermanos pequeños de Karamatsu, un gusto en conocerlos. – Hizo una leve reverencia. – Él ha sido de mucha ayuda en mi hogar.
-¿Acaso vive con usted? – Preguntó Todomatsu con esa mirada sorprendida y casi shokeada.
-Bueno, es mi asistente a tiempo parcial, así que se podría decir… - Dijo ante la mirada atónita del de rosa. El de amarillo seguía normal… O tan normal como podría estar.
Ella volvió a mirar su reloj y se volteó al azul.
-Tenemos que irnos. Que tengan un buen día, ¡adiós! – Y se fue arrastrando a Karamatsu consigo.
-¡Díganle a los demás que estoy bien! – Alcanzó a gritar Karamatsu antes de desaparecer entre la gente.
Esa noche, Takagi fue al local de comida que mencionó la doctora.
No fue difícil de hecho. Las comidas que vendían alrededor de la sede eran de comida rápida o restaurantes familiares.
El único lugar donde vendían ramen clásico era un pequeño lugar con capacidad de 15 personas en una calle que ocultaba bastante su facha. No tenían muchos letreros luminosos o indicaciones. Así que tenias que tener suerte para toparte con ese lugar así nada más.
Takagi se sentó en una mesa enfrente de la única ventana del lugar, estaba muy ansioso.
Cuando un jovencito adolescente se acercó para tomar su pedido, él dijo que esperaría un poco. El chico se fue sin prestarle atención.
El lugar parecía bastante nuevo o bastante mediocre. Las mesas y sillas de madera parecían usadas, les faltaba barniz. Algunas mesas tenían manteles, otras no. Y el olor era el fuerte recuerdo del caldo y especias que podría (o no) ser del dichoso ramen.
¿Y por qué solo ramen? ¿No había más cosas en el menú? La comida japonesa se supone que tenía más variedad…
Antes de seguir quejándose del lugar, una mujer con cabello negro y corto, algunas canas aflorando su nuca y un bolso sencillo ingresaba al lugar.
Saludó al chico mesero y tomó el periódico que descansaba en el mostrador. Avanzó con pasos cautelosos hasta sentarse enfrente de Takagi. Solo estaban ellos y un hombre gordo al otro lado del lugar, devorándose sin ningún tipo de educación los fideos como si se tratara de un concurso.
-¿Tu realmente quieres meterte en problemas? – Dijo con una voz dura.
Antes que él pudiera contestar, ella sacó el papel que Takagi le había dado. La foto que había visto en el blog de conspiraciones. La única foto que podía verse bien a la mujer que estaba mirando la cámara con ese rostro de preocupación y misterio. La doctora Misaki rompió ese papel donde estaba ella en una escena del crimen hace más de un año. Los muchos pedazos fueron a parar al suelo, donde seguramente serian barridos y tirados a la basura.
- Entonces, es verdad que ocurre algo sospechoso sobre ese caso. – Dijo convencido.
La mujer tomó el periódico y lo dobló, lo levantó a la altura de su rostro, cubriendo estratégicamente la ventana, como si no quisiera que alguien afuera pudiera leer sus labios. Le dio un último vistazo al sujeto del fondo, cerciorándose de que éste estuviera enfocado en su comida.
-Eres la primera persona que viene a mí desde ese incidente. Supongo que los que controlan la parte informática no hacen un buen trabajo… ¿Qué quieres?
-Respuestas. – Contestó directamente. – El chico del horno…
-¡SH! – Calló apresuradamente la mujer. - No digas eso, es de mal gusto…
-Encuentro de peor gusto que la propia organización de la que trabajo este ocultando información relevante. – Dijo desafiante.
La mujer lo miraba fijamente a los ojos con una especie de intimidación que no lograba conseguir. El chico es duro.
Ella aun no había bajado el periódico.
-Haz lo que quieras, pero no traigas esta mierda a la sede. Las consecuencias pueden ser muy malas. Por eso estoy en este districto de cuarta…
Antes de que el joven agente pueda responder, ella sacó de su bolso un folio que parecía nuevo.
-Esto…
-No es el original, es solo unas copias que pude sacar antes de que destruyeran todo.
Takagi lo guardo rápido en su bolso, y se le apresuró el corazón cuando entendió que habían eliminado esos archivos importantes que se supone que debían estar almacenados para siempre, como le habían enseñado en la academia.
-¿Por qué lo destruyeron? – Preguntó el joven.
-Porque si la hipótesis que plantea el archivo es real, entonces esa verdad debe ser ocultada.
-¿Qué hipótesis? ¿Qué verdad? – Cuestionó de nuevo con una mezcla de miedo y tensión.
-Por eso te doy el archivo, para no hablar más al respecto. – Ella baja el periódico, toma su bolso y se levanta para retirarse. – Dos últimas cosa, primero: Si te atrapan, no digas que fui yo quien te dio eso. Y lo segundo y más importante: Yo escribí en parte ese archivo… Y yo nunca me equivoco. – Dijo mirando con firmeza.
-¿Por qué me está ayudando? Ni siquiera hemos hablamos lo suficiente…
-No lo sé, eras el compañero de Hattori. – Dijo con un ligero dejo de tristeza. – Me gusta creer que veo algo diferente en ti que en los demás.
A Takagi le pareció que esto era demasiado bueno para creerlo, pero por una vez, su primitivo instinto le guiaba que estaba en buen camino.
-Gracias.
-No me contactes de nuevo. – Dijo con frialdad antes de dejar el periódico en su sitio e irse.
El adolescente de hace rato se pasó de nuevo mientras miraba a la Doctora irse por la puerta.
-Disculpe, ¿va a ordenar ahora?
El pobre niño de secundaria se puso un poco ansioso por la vista del señor, toda perdida y agitada.
En algún momento volvió a la realidad.
-¿Ah? Yo… Tienen… ¿Para llevar?
No había tiempo de pensar… Quería llegar a casa de una puta vez.
Notas: Uno sabe que esta yendo muy bien en la universidad cuando ya no escribis fanfics (? Esa es mi razón y estoy feliz.
