-Empecemos de cero. –Dije volviendo a apoyarme en su cuerpo. -¿Cómo te gustaría empezar nuestra vida?
-Me gustaría empezar diciéndote algo para que lo recuerdes siempre. –Jugó con mi pelo y pegó sus labios a mi oreja, causándome un placentero escalofrío. –Yo haré cosas que no te gustarán, en nuestra vida. Haré cosas que te harán daño, te harán sufrir y llorar, y querrás odiarme. Intentarás odiarme con todo tu corazón. Y, cuando eso pase, quiero que te acuerdes de este momento, aquí, en esta calle fría y sucia. Porque cada cosa que haga, Lexa, todas y cada una de las cosas que haga las haré pensando cuánto te amo. Porque nunca nadie me hizo querer ser mejor persona. Solo tú. Llegaste sin querer y me cambiaste. Nunca querré hacerte daño. Si sufres por mi culpa, quiero que lo sepas, que sepas que todo lo que hago y haré a partir de este instante, será pensando en que te amo. –Sus brazos me cubrieron como la nieve cubre a las colinas, protegiéndolas del viento, del sol, de las pisadas, de las nubes oscuras. -¿Lo tienes claro, mocosa? –Me susurró con una sonrisa de esas que lo derriten todo.
Lexa recordó nuevamente aquel instante, y el dolor que sintió al decirle a Clarke que se iba se multiplicó infinitas veces en su pecho. Estaba a punto de marcharse en un taxi, la calle estaba vacía, al igual que esa última noche en la que Clarke le había hecho esa promesa.
-Si sabías que ibas a irte, ¿por qué has venido? -Musitó Clarke, rota, inmóvil, exhausta de ilusionarse. -¿Estás intentando hacerme daño? -Reclamó mirándola a los ojos. Lexa tembló. -¿Estás vengándote de mí?
-No. -Respondió ella con la voz temblorosa.
-¿Y por qué me haces esto? ¿Por qué no simplemente te fuiste?
-No quería que fuera como la última vez. -Dijo Lexa. -No quería volver a quedarme con palabras que no pude decirte, besos que no pude darte... No hubiera sido justo para ninguna. -Clarke miró al cielo, abatida. Observó una pequeña luz arriba, muy alto, en el cielo oscuro, junto a los ojos de Lexa. Era un avión. Pensó en la gente que se estaría yendo en él, y en si alguna persona estaría dejando tantas cosas atrás como Lexa las estaría dejando en unas horas. Una gota cayó sobre su frente.
-Gracias por la despedida que me has dado. -Musitó con la voz rota. -Espero que tu futuro te brinde todo lo que esperas de él.
-Clarke... -Se dirigió Lexa ahogada en angustia, acercándose a Clarke. -Tú también encontrarás lo que buscas en tu futuro, te lo prometo.
-No, Lexa. Lo único que quiero en mi futuro se marcha mañana a Inglaterra.
-Clarke, por favor. -Suplicó mientras sentía algo aprisionarla por el cuello.
-Ya hemos tenido nuestra despedida. Ya puedes irte. -Le dijo con un tono neutral. Las gotas de lluvia se multiplicaban, caían con una velocidad dañina.
-¡Volverás a estar bien! El tiempo curará todo.
-Eso te pasará a ti, que no cometiste el peor error de tu vida. Pero yo tengo que vivir recordando que pude haberte tenido y decidí renunciar a ti.
-Yo no te pedí que te fueras... -Musitó Lexa.
-Ni yo que vinieras hoy... -Respondió Clarke. Lexa la miró, parpadeando lentamente para alejar las lágrimas.
-¿De verdad hubieras preferido que me fuera sin más? ¿Sin decirnos adiós?
-No... -Respondió Clarke. -Pero no intentes convencerme de que esto lo haces por la chica que fuiste una vez... No me voy a tragar eso de que ya no me quieres, que te está poseyendo tu "yo" pasado. No me lo creeré. Hoy he hecho el amor contigo, con la que eres ahora, y me da igual que hayas cambiado, Lexa. Puedes cambiar muchas cosas; puedes no ser una psicóloga, puedes no llevarte bien con tu padre, pero hay un cincuenta por ciento en cada ser humano, y es inamovible. Y yo amo a esa mitad tuya que sigue ahí, que también me quiere a mí.
-Clarke, no... -Dijo ella. -Yo ya no te quiero a ti. -Clarke se acercó a ella y la encaró con fervencia.
-¿Y qué diablos sientes por alguien con quien haces el amor? ¿Simpatía? ¿Te caigo bien? ¿Te hago reír? -Gritó exasperada. Lexa se quedó de piedra, mirándola, con un torrencial de pensamientos y emociones atravesándola de lado a lado. No quería llorar, no. Esa no iba a ser su despedida, no iba a ser como la última vez. Intentaba convencerse de que no iba a repetirse. Pero no quería dejar a Clarke con un millar de incertidumbres, como se quedó ella el día de la explosión. Quería ser justa, dejar todos y cada uno de los temas zanjados, todas las respuestas que procedían. Parecía frío, pero necesitaba saber que no dejaba ningún cabo suelto, para que quizás así, Clarke pudiera pasar página algún día.
-Siento muchas cosas por ti, cosas que dejaré de sentir con el tiempo. Pero ninguna de ellas es amor. -Repuso, haciendo que Clarke se derrumbara.
-¿Cómo no puedes quererme después de todo? ¿Qué es lo que sientes si no es amor? -Reclamó cayendo de rodillas ante ella y abrazándose a su cintura.
-Siento cariño. Y quiero que todo te salga bien, -Decía Lexa llorando. -aunque te vayas de mi vida, y no vuelva a verte. Te deseo lo mejor.
-Lexa, por favor. Sé que me quieres, no te vayas. Déjame recuperarte. -Le pedía.
-No, Clarke, por favor. -Lexa lloraba, ya no tenía fuerzas. Intentaba que Clarke se pusiera de pie, tiraba hacia arriba de sus brazos, pero ella no quería levantarse.
-No puedes convencerme de que no me quieres. No puedo creerte.
-¡Te quiero! -Gritó Lexa soltándola. Llorando, y dejando caer ambas manos sobre los hombros de Clarke, exhausta, rendida. -Te quiero. -Repitió sollozando. Clarke se abrazó más fuerte a su cadera y la miró. -Pero lo quiero más a él.
-¡¿Por qué?! -Cuestionó Clarke, como un niño obstinado que rehúsa irse a dormir.
-¡Porque él no me abandonó cuando más lo necesitaba! -Gritó. -¡él nunca me decepcionó, nunca me dejó sola!
-¡Ya te he dicho que lo siento! -Dijo volviendo a ponerse de pie, y mirando el rostro empapado de Lexa, empapado por la lluvia y por las lágrimas.
-Sé que lo sientes... -Musitó. -Pero no podré confiar en ti, Clarke. Ni siquiera aunque lo intente.
-Dame una segunda oportunidad. -Dijo tomándola de la mano.
-No puedo. -Repitió agachando la cabeza, y casi enmudecida por el dolor.
-Sí puedes, -insistió. -puedes porque me quieres.
-Ya te lo he dicho. -Decía. -Le quiero más a él. Y sé que él no me haría daño, por nada del mundo. No me dejaría sola, por nada del mundo.
-¿Cómo puedo demostrarte que te quiero, que no volveré a abandonarte?
-Ya tuviste tu oportunidad. -Respondió mirándola a los ojos. -Y decidiste marcharte. -Los ojos de Clarke se humedecieron, y las lágrimas empezaron a caer.
Lexa la miró directamente, y recordó que solo la había visto llorar una vez; aquel día, en la casa de Monty, cuando creía que Wallace se la había llevado para matarla. Clarke solo había llorado cuando creyó que Lexa había muerto. Y eso, para Lexa, significó algo. Significó que, igual que aquella vez, en la cabeza de Clarke, ella había muerto, y le dolió. Le dolió muchísimo.
-Lexa... -Insistió una última vez mientras Lexa extendía el brazo para parar un taxi.
-Espero que todo te salga bien. -Lexa no fue capaz de dedicarle una última mirada siquiera. Simplemente se subió al taxi, junto con León y se marchó. Llorando, muda, mirando hacia otro lado para no volver a recordar, para no volver al pasado. Para no tener que arrepentirse nunca más.
Clarke se quedó mirando cómo el taxi se marchaba, y a Lexa irse dentro de él. Dijo adiós a todo, sin decir adiós del todo. Allí se marchaba Lexa, y esta vez era todo al revés... Era ella la que se quedaba de pie, observando cómo todo moría sin poder hacer nada, abandonada, como una vez ella dejó a Lexa. Y pensó que puede que así se hubiera hecho justicia. La lluvia no perdonaba, pero no quería hacer nada más que quedarse en ese lugar en el que acababa de sentir sus manos...
Las farolas se reflejaban en el cristal de la ventanilla mientras las lágrimas le caían sin que pudiera hacer nada. El pelaje mojado de León bajo su mano hacía que tuviera frío; y deseó haberse quedado junto a Clarke para que le diera calor. Pero sabía que se arrepentiría para siempre si se iba lejos de Liam. No le había mentido a Clarke; a él lo quería más. Y en un momento de vida o muerte, no hubiera dudado en elegirlo a él, una y mil veces. Con él estaba segura, siempre. Y Clarke no era más que un capricho, un capricho estúpido que le causaba mucho daño. Pero ella en su corazón sabía que podría superar a Clarke como ya lo había hecho una vez. Porque esta vez era ella la que se marchaba.
Clarke agachó la mirada, y subió las escaleras reclamándose una y otra vez. Se dio cuenta que abandonar nunca duele tanto como ser abandonado; acababa de descubrirlo, y se lo guardó para cuando lo necesitara. Ahora lo que necesitaba era fumar un cigarrillo y pasar la noche, porque, ya que Lexa se iría, no tendría a quién proteger. Y podría volver a su vida en Francia, volver a lo que hacía antes. Trabajar en la tienda de antigüedades, beber café e intentar olvidar a Lexa y todo lo que había sucedido antes de ella. Abrió la puerta, alcanzando a oír las últimas notas del teléfono.
