Comienzo: Desde el año pasado que no publico. Creo que mi reaparición fue mucho más tardía que la que tuvo MagnaAngemon en la primera serie.

Antes que nada, y para comenzar con esto… Lamento mucho el haberme tardado TANTO. Es el posteo más tardío que tuvo y lo reconozco, de seguro fue pesadez y molestia para algunos, lo lamento tanto. Me hubiera encantado haber podido postear antes pero no pude, exactamente no pude. Estuve de un compromiso en otro en todo Enero, para ser exacto tuve cerca de 20 acontecimientos en enero que no me dejaban tranquilo. Con que "vamos al cumpleaños de… vamos a jugar un partido, te lo pago yo… mañana está el casamiento de…" Ni siquiera yo hubiera pensado que podría tener un mes tan agitado. Pero gracias a la playa, y la tranquilidad que emana cuando no hay nadie, pude conseguir la inspiración necesaria para escribir, y como retribución por mi tardanza, este es el capítulo más largo que he escrito, no sé si será tan "interesante" como los anteriores, pero espero que sea de su agrado y disfrute. Para no irme de tema, los invito a leer y a comentar si es que gustan y son tan amables…


Capítulo 26

En los rincones inimaginables de la costa lóbrega que tanta tribulación había traído a millares de vivientes, lejano a cualquier vislumbre, allí se podía apreciar un orificio que daba lugar a un túnel, por poco, interminable. En aquel terreno, del cual muy pocos conocían su existencia, parecía haberse colocado un castillo subterráneo, al cual lograba llegarse en los finales de los diferentes túneles.

Allí ya no había olas que escuchar, no había arena que pisar, no había viento alguno que chocara contra los cuerpos que permanecieren allí. Pues parecía tratarse de un lugar muerto, un residente de cuerpos fallecidos y sin vida alguna. Sin embargo, no todo fue así al ver la aparición de bestias por aquel lugar. Grandes bestias de origen indefinido, pues por más que pareciesen ser Monstruos Digitales y demás, en sus corazones se notaba grandes sentimientos que normalmente los mismos no tenían la capacidad de poseer. Como si se tratara de una evolución a una raza mucho más capaz, pero no por ello menos violenta e inmadura.

En el momento en el que Daemon llegó allí, no estaba deshabitado, pues había encontrado a un desdichado Digimon en busca de auxilio por una persona en específico.

Había aprovechado la oportunidad, negándose con fuerzas a los deseos de volver al mundo humano y hacer desaparecer lo que quedara de él. Había visto en aquel Digimon de apariencia terrorífica un momento propicio para ejecutar una de sus deseadas venganzas. No podía dejar pasar una ocasión como aquella, lo entendió al momento de escuchar hablar a Dragomon acerca de su desdicha.

Y sonrió petulante al entender que aquella Elegida a quien deseaba, por más que temiera estar en aquel lugar, no se negaría a ofrecer de su ayuda. Creyó que sería benéfico levantar nuevamente la guerra que hacía tanto tiempo había sido pospuesta, pues no supo cómo, pero en ese momento, cuando cayó al Mar Obscuro, grandes deseos de utilizar el poder de la luz en contra de su progenitora nacieron en su cabeza. De todos modos no quiso cuestionarse, pues se convenció a sí mismo de que sería gran idea.

Largos tiempos pasó en aquel lugar juntando huestes y huestes de ángeles caídos, logró llevar el Castillo que había estado deshabitado en el Área Obscura, y que recordaba le pertenecía a un Digimon de épocas antiguas. Cuando ordenó a sus tropas que trajeran el baluarte, vio algo en ellos que parecía haberlos incomodado, pero no dejó que ello molestara sus planes, pues mayor ímpetu en el trabajo que les había asignado les dio. Los obligó a que lo trajeran, de ese modo los demás Elegidos pensarían que se trataba de aquel Digimon de antaño, y mantendrían distancia al saber de su poder. Sin embargo, algo había dentro de aquel Castillo, y fue demasiado ingenuo como para poder notarlo con sus ojos vendados de la verdad.

Al momento en el que entró en la idea de que sería mucho más fácil lograr que la muchacha entrara al obligarla, puso todo su énfasis en querer controlarla y guiarla hacia aquel lugar como si fuera su real intención. Sin embargo, no pudo ver su paradero, por más que tuviera ojos en cualquier parte. Incomprensiblemente la estaban protegiendo, y sabía muy bien de quien, o quienes, se trataba.

Grande fue su suspiro al entrar algo más en su mente, y al ver al Elegido de la Esperanza confundido por sus sentimientos, creyó que sería mucho más fácil utilizarlo, haciéndole creer que se trataban de cuestiones que no entendía por completo o, en otras palabras, sentimientos humanos confusos. Y cuando quiso poner sus manos sobre su cabeza, fuerte fueron sus dominios al poder controlarlo cual desdichada marioneta en manos de tirano siniestro.

Sus planes fueron calculados fervientemente, se podría decir con exactitud que dedicó todo su tiempo allí con tal de efectuar su venganza. Sin embargo, había olvidado al Digimon que utilizaría, y grande fue su sorpresa al ver que Dragomon lo había descubierto, e intentaba alertarles a los Elegidos de la Luz y la Esperanza por medio de sueños. Ese fue el momento en que su vida expiró, pues lo ultimó al ver que interfería en sus planes, y se hizo pasar por aquel Digimon para confundir a la muchacha, y para traer al joven abriendo puertas en los momentos en el que él dormía. De ese modo su control sobre el muchacho fue completo: Estoico cuando se requería de una reacción propia, e iracundo cuando estaba con la joven que deseaba poseer. Creyó que si no podía conseguir a la muchacha, el control sobre el otro Elegido sería de gran uso. Pues aquel joven, con su afanoso emblema lleno de poder, tenía una potestad desconocida sobre el otro atributo celestial. Y se sintió satisfecho al saber que si no tenía a uno, el otro le serviría casi de igual modo.

Pero cuando la tuvo en sus manos, disponible para cualquier acto, caída en sueños al ser poseída por sus poderes mentales, se sintió más completo que en cualquier otro momento, e inquirió en la soberbia y el orgullo propio que tanto poseía. Eso tuvo consecuencias, y creyó que sería buena idea llamar a uno de sus compañeros en cargos, siempre manteniendo la postura frente a ellos. Sin embargo, solo uno accedió, los demás no se dieron por aludidos al llamado siquiera.

Escuchó en Lilithmon grandes consejos y verdades en cuanto a los poderes de la Luz que tanto ansiaba manipular. Y se llenó de confianza al entender el increíble lazo que unía aquel poder con la deidad del Digimundo que deseaba, por el momento, derrocar y extinguir. Las palabras sabías de aquel Digimon quedaron grabadas en su cabeza, y no quiso preguntarle de dónde había conseguido tal información, pues creía que había adquirido conocimiento con el paso del tiempo. Titulado como históricamente se conoce, sabiduría.

Extrañamente, y de un momento a otro, sintió cómo su cuerpo comenzaba a moverse por sí solo, sin que él diera sus propias órdenes. Y en aquel momento fue cuando perdió toda potestad sobre sí mismo. Sintió una fuerza, que extrañamente lo confortó, agudizarse dentro de todo su ser, y aquello parecía tener como deseo aniquilar todo obstáculo en contra de sus planes, que por el momento desconoció.

No tuvo tiempo para cuestionarse, siendo que de un momento para otro, realmente rápido, el enemigo había dado aparición. Y nunca creyó que sería posible que la situación, que tan a favor estaba de él y sus planes, tuviera un cambio tan rotundo, que podría llegar a ser nombrada totalmente en contra…

El en ese entonces, pequeño Digimon de color naranjado comenzó a ser completo en radiación pura y celeste. Pues allí fue más que notoria la acción de su benefactor a favor de su voluntad; se lo permitió, al ver la unión que habían optado aquellos portadores de emblemas astrales, juntando los deseos de sus corazones en un último y mismo latido, y provocando que esto sea la puerta para que esta fuerza entrara en la situación completamente, le regaló la Digievolución milagrosa, que anteriormente habían conocido como "Warp-Digivolves".

De un estado a otro fue pasando la línea evolutiva de Poyomon. Creciendo desde el pequeño cuerpo del estado en entrenamiento, pasando por lo celestial de Angemon, y de éste al ostentoso cuerpo del gran MagnaAngemon, del cual su siguiente fue su última etapa.

Ya no hubo vestigio de sus heridas por aquel lugar. No quedaron huellas de lo que en su momento fue una tortura a un arcángel magno, en ese momento la restitución daría inicio y presente. Se daría a conocer la verdadera y única voluntad santa, que prevalecería en contra de los ruines que habían osado a intervenir en los caminos de la divinidad reinante en el Digimundo. Su régimen se establecería en ese lugar también, pues al haber Digievolucionado, no solo su cuerpo cambió, sino que su mente se expandió, y llegó a saber todo lo que su bienhechor quería que sepa. En otras palabras, su conocimiento fue extendido cual océano vivo.

Kari observó con total asombro cómo es que aquel pequeño Digimon, del cual recordaba lindos momentos junto a su amigo, había dejado de ser. En ese momento ya no podía formular otra acción más que sorprenderse, y maravillarse de lo ostentoso de la imagen que en aquel momento escuchó nombrar como Seraphimon. Su magnificencia era de renombre, su esplendor vivo cual sol radiante, su brillo más culminante y resaltante que el de la luna frente a todo el firmamento. No podía llegar a entender en aquel momento que su nacimiento era gracias a la unión que había dado junto a TK, pues no hacía más que asombrarse más y más ante tan brillantez.

Diez alas doradas surgían de su espalda. Su cuerpo estaba completamente cubierto por una armadura que tenía brillo propio, que para sobresalir mantenía colores plateados y azules. Sus hombreras resaltaban alzadas llegando a la altura de su casco, el cual cubría por completo su rostro, teniendo tallada una especie de cruz dorada en el centro del mismo, y dos alas metálicas a sus costados elevándose del mismo modo que la cresta del yelmo.

En su falda de batalla, que del mismo material estaba hecha, caían unos gravados de escritura desconocida en una tela que hacía eco al dorado de las alas. Y por todo lo magnífico de su armadura, gravados dorados, del mismo tinte que sus alas, había por ella. Resaltando entre todas el emblema que todo había hecho posible, residiendo en el centro de su abdomen cubierto.

No llegó a pensar siquiera qué es lo que ocurriría después, se mantenía boquiabierta arrodillada con la cabeza de TK en su regazo. No haciendo más que observar cómo toda la faz de aquel Digimon de dimensión inconmensurable era cubierta por una luz de muchas tonalidades, del mismo modo que había visto residir en su Digimon en su quinto estado de entrenamiento. Quiso seguir admirando lo mucho que desconocía de lo divino del Digimundo, por más que parte de ello haya reinado en ella un momento, pero no lo hizo, pues de un momento a otro Daemon retrocedió, mientras que su cuerpo se mantenía en un continuo temblor, dando a denotar su nerviosismo al ver frente suyo su contraparte nacer de entre las cenizas.

— ¡No tendrás tiempo de atacar! — Y vieron cómo extendía sus brazos hacia los costados y los levantaba como si estuviera alzando algo de un peso considerable.

Pero entendieron de qué se trataba al ver cómo surgían desde el suelo millares de armadas de ángeles caídos. Entre los cuales, muchos visitaron las pesadillas de la muchacha atónita frente a ellos.

Desde el polvo se vio nacer a Bakemon, Phantomon, DeviDramon, SaberDramon, Devimon, IceDevimon, NeoDevimon, LadyDevimon, Ghoulmon, Astamon, SkullSatamon, DemiDevimon, Phelesmon, y otros que desconoció, pero reconoció lo terrorífico de su imagen. Todos en plural, como si de imágenes repetidas se trataran, lo cual la aterró de sobremanera, pues fue allí donde entendió que nuevamente intentaban quitarle la vida junto con lo poco que le quedaba. Y su espanto creció al ver cómo nuevamente desde el suelo nacían más y más, allegándose a un número milésimo. Relatando tristemente una verdad que prevalecía desde la acción que había dado vida a todo. Pues entendía que aquello llevaba un mensaje claro, dando a entender entre líneas lo que en realidad significaría el gran número de seres obscuros.

Y allí las carcajadas dieron presente, cantando en una tonalidad soberbia y maligna. Sin embargo no duró mucho, pues vio cómo Seraphimon se alzaba del suelo y extendía su mano hacia arriba, reuniendo para ella un conjunto notable de luz, acción que calló toda risa petulante. Entonces, descendió su mano, y ésta pareció desaparecer entre una pequeña puerta, pero la luz que esto adquirió cegó a todo vidente de su acción. Y cuando pareció desaparecer tanta brillantez, devolviéndoles a todos su capacidad de ver, de la nada vieron a un pequeño Digimon de cuarto nivel con la mano de Seraphimon sobre su cabeza, donde la sorpresa nació en Kari. "Gatomon".

Y entonces, ya recibiendo la bendición de aquel Digimon del rango más superior, recibió las fuerzas y energías suficientes de su Creador para lograr lo que su compañero, minutos atrás, había logrado.

Misma majestuosidad dudaba que pudiera igualarse, no creyó que sería capaz lograr un esplendor parecido, sin embargo era del mismo grado, y lo medía con la brillantez que emanaba su compañera Digimon.

Recordó que había llegado a amar la imagen angelical que había tenido Gatomon al lograr la Ultra-Digievolución, pues la pura y consagrada imagen de Angewomon era algo que la había cautivado. Sin embargo, en ese momento no se sorprendió de lo mucho que podía llegar a cambiar, y lograr un efecto mucho mayor que el anterior mencionado. Logrando que su cuerpo sea mucho más cubierto y armado de un modo parecido al Digimon de TK. Y observó atónita cómo es que con tan solo estar del mismo bando de la divinidad los milagros ocurrían con tan solo proponerse.

Las cabezas de un águila, un toro y un león fueron las que adornaron su yelmo, que en ese momento mantenía el mismo parecido que al de Seraphimon, sosteniendo una minúscula diferencia al ser descubierta la parte inferior de su rostro, dejando a la vista su nariz y sus brillantes labios. De la parte trasera de las tres cabezas descendía una cabellera artificial y de batalla de edad media, la cual mantenía un color rojizo, que provocaba que el rubio de su cabello, el cual era de un largo perdurable hasta sus pies, refulgiera al tener tal contraste. Ocho alas metálicas adornaban su espalda, mientras que las dos últimas eran plumadas y brillantes cual fénix frente al fuego.

A diferencia de Seraphimon, su cuerpo fue parcialmente cubierto, dejando su vientre a la vista, y que un faldón blanco, que descendía hasta sus tobillos, se viera al no ser cubierta esa parte de su cuerpo. Su armadura, junto con su escudo y sus zapatos, eran de un turquesa intenso, que era adornado ordenadamente por gravados de un dorado radiante, del mismo color que la jabalina de su mano derecha.
Lo esplendente de su faz se dio a apreciar desde lo lejos, cautivando a la muchacha que la observaba asombrada, y dejando atónitos al conjunto de demonios en contra de ellos. "Únete a mí, Ophanimon", lo escuchó hablar por primera vez, junto con su grave pero confortante registro de voz, y pudo sentir al oírlo sus nervios apartarse y dar lugar extrañamente al confort.

— No creas que por eso alcanzas lo especial — Y las absurdas, pero orgullosas palabras de Daemon se dieron a aparecer. Lo que en un momento fue confuso por su frase se dio a entender cómo aparecía detrás de él un reflejo completamente distinto al de Ophanimon, claramente lo contrario — Sabía que volverías — Y ante las orgullosas palabras de Daemon, Lilithmon no hizo más que obviarlas.

— No puedo dejar pasar una oportunidad como esta — Se excusó y con ello logró que el demonio se sienta a gusto, pues reconocía cierto parecido en los deseos de aquel.

— Haz elegido un mal momento para aparecer —Y el dialecto con el cual efectuaba su boca, que por el momento estaba cubierta, parecía de una antigüedad más histórica que el recuerdo mismo. Pero Seraphimon no dio respuesta, ni se inmutó siquiera al verlo hablar como creía recordar — ¿Qué piensas hacer? ¿Crees que tan solo ustedes dos pueden contra mi ejército? — El silencio fue su respuesta, pues no dio siquiera un gesto que pudiera ser interpretado como un punto para una discusión. Lo que mantuvo iracundo a Daemon, ya que no soportaba la indiferencia propuesta por aquel Digimon — ¡¿No te cansas de fallar en todo…?!

Pero sus palabras callaron tibiamente, allegando para sí lo que tenía planeado seguir exclamando. Pues Seraphimon calló todo lo que fuera a decir con solo levantar sus brazos, acción que fue repetida por su compañera.

Los vieron extender sus extremidades superiores hacia el cielo, dejando que aquello sea una razón de cuestión para cualquier vidente. Pero no tuvieron la oportunidad de lanzar adivinanzas al cielo al ver cómo de éste descendían ellos mismos, sin embargo con cuerpos que en ese momento no poseían. Cuerpos que recordaron antaño habían dominado.

En menor número aterrizaron al sucio suelo los ángeles gemelos, Angemon Y Piddomon. Los siguieron un grupo enorme en cantidad de brillo y magnificencia. Bajaron al suelo las bestias, Pegasusmon y Nefertimon, formando una escuadra en protección a Kamiya y el cuerpo que mantenía aferrado a ella. Anubismon, pasando a ser un grupo en plural, formo la delantera de la batalla, dejando a los anteriores mencionados escondidos por sus imágenes. Un MagnaAngemon nunca antes visto, que vestía una túnica brillante y larga, se fue a la diestra de su señor, y se mantuvo a las órdenes de lo que dictara Seraphimon a su oído. Descendieron también los arcángeles magnos al suelo, el grupo de Angewomon hacia la izquierda y el de MagnaAngemon a la derecha. Los Darcmon tomaron posición a lo lejos, cercana a las esquinas que protegían las bestias sagradas, buscando de ese modo un nido donde pudieran tener panorama entero.

Los que en menos número descendieron fueron ClavisAngemon y GuardiAngemon, que simplemente formaron un grupo de cuatro, centrándose en el medio del batallón. Y el último en descender al suelo fue Dominimon, quien mantenía una especie de imagen muy parecida a la de Seraphimon, solamente diferenciándose al ver la agilidad plantada en su semblante cubierto.

Todos ellos emitían una luz pura, llena de vida y tranquilidad, sin embargo en ese momento planeaban plantarse en batalla. No dudando de lo que acababan de recibir como orden, siendo que preservar la vida de aquellos elegidos les era lícito cumplir. Y allí fue cuando Daemon lanzó su primer golpe, elevando a grandes bestias a los cielos, dejando que un NeoDevimon de gran tamaño los dirigiera a la batalla contra los que en menos número se encontraban. Ya no hubo oportunidad de detener aquella acción.

— ¡Mátenlos a todos!

Y el ataque producido por los demonios dio una falsa utilidad a la orden de su señor, pues se accionaron antes de que pudiera terminar su frase. Un ataque de una luminosidad extrañamente oculta nació de repente de las manos de aquel demoniaco Digimon, y en una velocidad asombrosa corrió de sus manos en dirección hacia el centro de aquel régimen de ángeles. "¡Dolor Profundo!". La energía voló por los cielos cubiertos de lobreguez, mezclándose entre ellos, para lograr su cometido e impactar de forma solemne sobre aquellos seres. Sin embargo, se vio derrumbada aquella intención, pues aquel poder pareció seguir de largo y estallar contra uno de los costados de lo que quedaba del castillo que a muy poco estaba de desaparecer entre el polvo.

La duda nació en los que hacía segundos acababan de iniciar el ataque, sin embargo supieron de qué se trataba al ver al arcángel femenino apuntando aún con su arco el lugar donde el ataque adquirió mayor velocidad. Allí detuvieron su accionar y razonaron lo siguiente a hacer, no obstante recordaron que estaban a órdenes de alguien más, por lo que dirigieron la mirada hacia Daemon, quien parecía sufrir un temblor interno al estar nervioso en esa magnitud.

— No tienes por qué hacer esto, Daemon — Y no pudo reaccionar de otra manera que no fuera ira al escuchar esas palabras de Seraphimon — Tú puedes detener esto. Llévate tus huestes de vuelta al Área Obscura…

— ¡Silencio! ¡No pienso obedecerte en nada! ¡Quién te crees que eres para darle órdenes a un Señor Demonio! — Y se vanaglorió a sí mismo al ver las sonrisas de aprobación en sus seguidores al hablar de esa forma — ¡En este momento estoy a muy poco de conseguir lo que hace mucho tiempo estuve anhelando! ¡Y no serás tú quien interfiera en mis planes!

— ¿Y qué es eso que estuviste anhelando? — Interfirió en el diálogo Ophanimon.

— ¡Eso a ti no te incumbe! — Hasta ese momento su temperamento se controló, ya desde ese entonces su ira parecía nacer desde cada minúscula célula de su cuerpo. O, en este caso, de cada rastro de datos.

— Escucha, Daemon. Esto no tiene por qué terminar así. No es una orden la que te estoy dando, es una oportunidad. Llévate a tus huestes a donde pertenecen…

— Necio… — Masculló con despreció Lilithmon, lo que llamó la atención de los presentes — Tus mismas palabras te confunden, Seraphimon.

— Así es. ¡En este preciso momento ustedes van a caer, y desearas nunca haberte mantenido como un inútil vasallo! — Y dicho esto, soltó todo el número que poseía en demonios, y mucho mayor fue el suyo que el de los ángeles, siendo que se apreciaba cercano a tres veces su número.

— ¡Protejan a Kari!

Se pronunció a altas voces el único objetivo de las huestes angelicales. Ninguno tuvo duda de lo que debían hacer. Y por más que muchos de ellos sean divididos en cuarteles y distintas misiones, en ese momento no había diferencias entre ellos, pues todos conformaban el campo de batalla, y a la lucha se presentaron los primeros, juntando un número de cien soldados blancos. Uno con seis alas y el otro solo con dos.

Sin embargo, y por más que las habilidades y fuerzas sagradas de Piddomon y Angemon eran extremadamente asombrosas, el enemigo parecía plantar contrincantes mucho más poderosos, imponentes cual montaña en lo alto. Allí fue donde el cincuenta por ciento de ellos cayó, llevándose consigo un número considerable de demonios. Sin embargo, los que no fueron tocados siquiera continuaron su camino, encontrándose de ese modo con bestias brillantes que cortaron con su paso, siendo que al verlos frente suyo no pudieron notar cómo es que los que en los costados se encontraban los atrapaban con un ataque colectivo.

Las bestias sagradas tampoco pudieron mantener el mismo número con el cual se habían presentado, siendo que algunos demontres escaparon de sus ataduras, y de esa manera atacaron a sangre fría a los despistados y distraídos. Veinte Pegasusmon cayeron ante los ataques de NeoDevimon y Phelesmon, los cuales terminaron muertos por el contraataque del grupo de Anubismon. "¡Ammemit!".

Los ángeles miraron al frente, ya viendo como el primer ataque de sus contrarios fallaba, pero titubearon al ver que el número antes enviado no llegaba a conformar siquiera un diez por ciento de todo su pelotón. El número de enemigos era realmente ensombrecido y espantoso.

— Provoquen que huyan — Y los ángeles observaron a Seraphimon con curiosidad — Arremétanlos, mas no los maten — Asintieron ante la orden.

— Sí, señor.

Volaron en una sincronización admirable, manteniendo un mismo ritmo y cubriéndose entre ellos por los ataques que intentaban propinarles el gran grupo de leviatanes. Se defendieron como pudieron, algunos procurando recibir los golpes de sus compañeros, mientras que otros contraatacaban provocando explosiones en gran magnitud, lo que hacía temblar el piso y el castillo que en ese momento no poseía techo alguno.

Seraphimon se mantuvo estoico, como si en realidad estuviera perdiéndose entre sus pensamientos, fue allí donde el vocero no contuvo la curiosidad, y se acercó al más cercano.

— Seraphimon, ¿Qué deseas que haga? — No propuso ni una reverencia, no se inclinó ni demostró inferioridad, lo cual confortó a Seraphimon, siendo que aquella era la reacción que siempre esperaba — ¿Seraphimon…? ¿Tienes una misión para mí? — Y el mencionado asintió sintiendo su faz.

— Tú serás quien se encargue de su bienestar… — Mencionó refiriéndose a los Elegidos, a quienes MagnaAngemon observó, por lo cual asintió — Los demás se encargarán de enfrentarse al ejército de Daemon. Pero tú estás obligado a velar por su seguridad. Y serás el responsable de lo que les llegue a suceder — Lo observó con eterna tranquilidad — ¿Estás de acuerdo?

— Sí, señor.

Entonces voló hacia donde estaban resguardando a los elegidos. Las bestias lo observaron confusas, pero luego de haberles informado la orden se movieron de donde estaban, llegando al frente donde los ángeles caían y atacaban perdiendo grandes de sus poderes con cada acción.

Kari observó a aquel ángel con gran confusión, pues por más que había oído que se trataba de MagnaAngemon, su imagen era realmente diferente a la que ella recordaba se trataba en realidad. El arcángel notó el escudriño de la joven, por lo que le devolvió la mirada, por más que su yelmo de alguna manera se lo impidiera.

— Yo estaré a cargo de su cuidado — Mencionó con eterna propiedad. A lo que la castaña simplemente lo observó sin siquiera poder parpadear.

MagnaAngemon abrió sus alas en forma de escudo para los refugiados, de uno de sus costados comenzó a brillar una luz asombrosa, fue entonces donde desnudó su espada. Extrema en radiación, asombrosa en esplendor, y cortante en roce.

El resto no quejó, peleó y peleó encontrándose la muerte en mucho de ellos. Llevándose un número de muertos mayor para el grupo de demonios, sin embargo aquello no parecía vituperarlos, pues el número milésimo de enemigos no parecía haber cambiado. Parecían renacer entre el polvo e intercambiarse, redimirse entre el número de los caídos.

Explosiones surgieron cercanos a la muchacha, quien gracias a los fuertes vientos provocados por las alas de su guardián, a contragolpe, detuvieron el empujón que aquello hubiera provocado. Se mantuvieron observando cómo es que muchos caían, llevándose vidas de enemigos con ellos, lo cual en un momento fue crucial, siendo que no era precisamente el enemigo el cual caía, sino el grupo de arcángeles y santas bestias.

Los demonios gemían y reían con cada cabeza destrozada, cada torso perforado, y cada ala arrancada. Muchos de los que en su momento mantenían millares de plumas brillantes terminaron con huesos a la vista, provocando imágenes traumatizantes. Millares se levantaron desde el suelo, pausando detenidamente el momento mientras mantenían vuelo a arremeter, y provocando que aquella acción diera por previsto la gran cantidad que ellos poseían.

Angewomon intentó aprovechar el momento, viendo el distraer de los demonios, levantó su arco en lo alto y derribó gran número de bestias, haciendo que gran cantidad de Ghoulmon cayeran muertos al campo que más muertos residía con cada segundo. Los demás arcángeles blandieron sus espadas contra los leviatanes que procuraban pelear cuerpo a cuerpo. Astamon, NeoDevimon y demás fueron muertos a causa de GuardiAngemon y MagnaAngemon, quienes arremetieron gallardamente contra ellos sin ningún miramiento ni miedo.

— ¡Espada Santa!

— ¡Excálibur!

— ¡Puerta de Zenith!

— ¡Bastón Santo!

— ¡Atmósfera Celestial!

Entre ellos exclamaciones de golpes y ataques surgieron en demasía por boca de ángeles y bestias sagradas, de entre los cuales solo reinaba la mitad de los que en el principio se mostraron. Provocando que entre aquella imagen, en la cual pugnaba la luz contra la obscuridad por mantenerse las dos en mayoría, el dominio de lo lúgubre sea nombrado con mayúsculas.

— ¿Qué piensas hacer ahora, Seraphimon? — No notó cuando es que se había presentado frente suyo, ahí notó el regocijo del Señor demonio renombrarse — No hay manera en la cual puedas revertir tu error. Mira cómo caen tus soldados ante los míos, dudo mucho que Ophanimon pueda mantener pelea contra Lilithmon — En ese momento también fue capaz de entender lo que sucedía, pues no había reparado antes que su compañera mantenía batalla con su contraparte — Caerán a causa tuya…

En ese momento un silencio largo, acompañado desordenadamente por los bramidos de guerra, exclamaciones de asesinatos y plañidos de muertes. El agonizar acompañó a muchos, los condujo por caminos que desconocían pisando erróneamente abismos de condenación, y provocando que muchos se perdiesen, atisbando cómo otros llegaban a lugares cubiertos de luz, llenos en resplandor y completos en esplendor. No hubo consentimientos ni diferentes tratos por tratarse de algunos en alcurnias de renombre, todos repararon de la muerte para sí mismos. No tuvieron oportunidad de demostrarse nobles o diferentes, pues aquello parecía ser obligatorio para cada valiente luchador. Y el número de muertos llegó al cincuenta por ciento.

Allí no soportó la duración de su propio silencio, rompió con su mutismo por más que deseaba mantenerse así. Y aquello pareció notar Daemon, pues se mantuvo interesado en demasía por lo que fuera a decir su oponente.

— ¿Por qué haces esto?

No hizo más que reír, sin embargo cesó levemente, llegando a perder sus carcajadas entre el viento. Y el número de muertos avanzó.

— No tienes una respuesta ¿verdad?

Pero no permitió que aquella acotación llegara a molestarlo o vislumbrarlo como descubierto, pues creía que sería molesto demostrarle a su contrario la verdad.

— Eso a ti no te importa…

— No seas monótono. El repetir tus defensas no te hace sabio sino ingenuo…

— ¡Y tú qué sabes acerca de esto! — El eco de su exclamación se dio a escuchar hasta kilómetros lejos — ¡No tienes ningún tipo de razón para entrometerse en mis planes! ¡Esta no es tu pelea Seraphimon! — Y habiéndose allegado la ira hacia su ser, extendió sus brazos hacia adelante, dejando escapar parte de sus energías con un ataque totalmente carente de luz.

Aquello pareció llegar e impactar por completo en el torso cubierto de Seraphimon, sin embargo no parecía haber un rastro de heridas, ni siquiera un vestigio de un raspón, no obstante vestía reluciente cual sol naciente.

Girando su rostro hacia la izquierda pudo divisar a la lejanía un arcángel con su arco aún en puntería, no fue causante de ninguna emoción divina, pues atisbó una ira realmente repugnante e incómoda, la cual pensaba quitar con decisión y velocidad.

Su manto fue rasgado, pudo advertirse como comenzaba a ser empujado hacia los costados, llegar a romperse y a quedar últimamente solo en trapos sobre los suelos manchados de sangre. En ese momento Daemon dejó de ser, una nueva bestia se daba a aparecer frente a todos los presentes.

— ¡No tuvieron por qué interferir en mis planes!

Un terremoto comenzó a producirse naciente de su persona, todo a su alrededor comenzó a caerse, grietas nacieron entre donde estaban parados algunos, los montículos de rocas pequeñas y mayores en muchos tamaños bailaron en una velocidad estrepitosa en frente todos ellos. Muchos parecieron detenerse, dando importancia mayor a la bestia recién naciente y vocinglera de gritos espantosos en emisión de sonido. Sin embargo, de un momento a otro desapareció entre el espacio. Pese a aquella esfumación entre el panorama, pronto Angewomon pudo observarlo a no menos de dos metros de distancia, y cuando quiso retomarse en guardia se vio arqueando y escupiendo sangre al ser penetrada su vientre con una de las garras de la bestia que vociferaba violentamente mientras tomaba su cabeza, ya quitando su mano de su cuerpo, mientras colocaba la otra sobre una de sus piernas. Dividió su cuerpo en dos, esparciendo un líquido brillante sobre todo el suelo mientras tiraba la parte inferior del cuerpo al suelo frente a Seraphimon. Tomó de la cabeza a lo que quedaba de aquel arcángel femenino, mientras que comenzaba a perderse en datos.

En ese momento nadie más interfirió en el protagonismo, pues todos guardaron mutismo para lo que fuera a hacer el demonio, mientras que algunos seres sagrados y demás mantenían un miedo semejante a cualquier humano en víspera de muerte. El suelo se dio a retumbar, y el silencio se tornó solemne cual montaña gigante viva. Levantó la cabeza del Digimon a lo alto, mientras que lo otro se esparcía por el cielo. Y allí su sonrisa dio presente pronunciando violencia contra cualquier ser del bien.

— ¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos!

El clamor fue lo siguiente, no hubo nada más que muertes y provocadores de la misma en cada uno de sus oponentes. Solo quedaba el veinte por ciento de los que se habían presentado.

— No tienes la más mínima idea de lo que acabas de provocar… — Masculló Seraphimon confundido, partiendo de entre un sentimiento de congoja y asombro y cambiando rotundamente a una enfática rabia — ¡No tuviste por qué provocar esto! — Exclamó señalándolo con el dedo culpable de toda muerte.

Aquello pareció divertir a Daemon, quien terminó con el ángel femenino tragándose lo que quedaba de su cabeza de forma grosera. Observó paciente a Seraphimon quien parecía comenzar a hincarse y apretar su vientre hundiéndose en forma pequeña, pero luego de eso expulsó de su centro un poder con una fuerza inconmensurable que penetró todo cimiento y soporte de aquel castillo subterráneo haciéndolo caer y terminar lejos de aquel que provocó el ataque.

Luego de haberse esfumado el viento pujante, los combatientes volvieron a abrir sus ojos anteriormente tapados. Habiéndolo hecho se encontraron con el ángel del más alto rango radiando de una manera asombrosa, y provocando que toda su faz sea suficiente para alumbrar toda la costa, pues en ese momento ya no hubo murallas y túneles, todo había sido destruido para dar cabida en ese momento a un lugar llano cercano al mar.

La luz llegó a los puros y benignos, quienes adquirieron mayor ímpetu y convicción para convencerse de lograr una victoria, pues pareció tratarse de una recarga de energía y valor.

Procuraron unir sus fuerzas para acabar de a uno a los demonios, quienes no pudieron con el poder de dos ángeles o más, pues los ultimaron con todo el poder necesario para destruir todo ser viviente. Allí cayeron los Devimon, Phantomon, y demás, provocando que la balanza quedara ligeramente a favor de los celestes.

Provocaron la muerte hacia los dragones gigantes y hacia las bestias de las tierras, los mutantes y ángeles rebeldes cayeron ante los ataques de Dominimon, mientras que GuardiAngemon y ClavisAngemon se encargaron de acabar con los restantes. Nuevamente lo brillante provocaba que lo lúgubre cayera ante su dominio.

Ophanimon mantuvo a su contraparte ocupada, no pensaba dejarle inconvenientes a su compañero al saber del poder de su enemigo. Pensaba que podría servir de ayuda en ese momento si provocaba aquella objeción para mantenerla sin atención. De a poco sin apuro, el número de lo sombrío decayó y perdió importancia, muy pocos mantuvieron pelea, no pudieron contra el poder de conjuntos de ángeles, y cuando tuvieron la oportunidad de unirse, del mismo modo que sus enemigos, se rehusaron al verse interesados solamente en su bienestar, el egoísmo tiñó sus corazones con un tinte obscuro, tenebroso y vacío. Totalmente carente de brillo.

Lilithmon observó desafiante a su contrincante mientras intentaba blandir uno de sus brazos, sin embargo no pudo conllevarlo al verse atrapada por alguna fuerza. Observó qué detenía aquello y se vio apresada por unas manos imperiosas y poderosas, las cuales no le permitían accionar nada con su brazo derecho, por lo que intentó zafarse golpeando a su opresor con su brazo izquierdo, pero tampoco pudo conllevarlo, pues también la tenían atrapada de aquel brazo. Observó confusa a Ophanimon, quien parecía estoica, realmente aparte de lo que sucedía en ese entonces.

Provocó una explosión desde dentro de su centro, aquello se expandió por su exterior y golpeó a sus opresores. Vio desafiante a su contraria, realmente rabiosa, sin embargo notó algo detrás de la misma, y a sus costados y detrás de ella misma. Estaba atrapada.

La apuntó desafiante, antes de desaparecer entre el espacio, exclamando que aquello no acababa allí.

Seraphimon soportó y esquivó los golpes que Daemon soltaba con tanta furia, no parecía tener pensado detenerse por más que el cansancio llegara a sus brazos, ahora desnudos, pues continuaba con su afán de atinarle aunque sea un golpe que saciara su sed. El ángel reparó de aquello tristemente, reconociendo la falta de control en aquel monstruo digital, por lo que continuó con su movimiento de esquivar cada golpe, lo que contrarió al demonio, provocando que perdiera la poca paciencia que quedaba en su mente.

El cansancio llegó con dominio en sus brazos probando que se detuviera e intentara empujar al ángel con las ráfagas provocadas de sus alas. Mas no inmutaron al mencionado, quien se hizo a un lado para colocar su mano derecha en el pecho del demonio y enviarlo lejos utilizando uno de sus ataques más poderosos.

— ¡Rompedor Divino!

Y su cuerpo voló violento hacia el suelo, chocando contra el mismo y provocando ligeras grietas a través del centro. El Señor Demonio se enderezó del suelo, sin embargo creyó tardar demasiado en hacerlo, pues no solo se encontró con Seraphimon en el aire, pues rodeándolo se hallaban las huestes que habían sobrevivido de los celestes, y ninguno parecía intentar atacar, por lo que procuró ser el primero en hacerlo, lanzando llamas desde sus manos hacia uno de los tres Angemon, quien recibió de relleno el ataque e hirió gran parte de su frente. Contuvo la risa que le provocaba aquello, y se preparó para lanzar el siguiente ataque, sin embargo se encontró deteniéndose al ver que frente suyo se mostraba otro ángel intentando que no volviera a atacar, quien parecía tratarse de una variación de Seraphimon. Desenvainó su espada y la mostró a su oponente, que no hacía más que mofarse silenciosamente al ver tal actitud.

— Deberías detenerte… — Calló sus risas al escuchar hablar a Dominimon — No hay manera en la que puedas vencernos a todos — En ese momento reparó que no había rastro de su armada, sus huestes aparentemente parecían haber desaparecido entre aquel espacio.

— ¿Lilithmon…? — Se preguntó a sí mismo rodeando el lugar con su mirada, sin embargo no había rastro de la misma.

— Huyó — Respondió con velocidad el ángel frente suyo — Lo cual sería recomendable para ti en este momento…

— ¡Silencio! — No soportó a tal iconoclasta de su mayordomía, por lo que unió sus brazos y lanzó llamas de fuego en gran cantidad hacia su oponente, esto logró apartarlo.

— Daemon…

— ¡Dije Silencio! — Exclamó repleto de cólera hacia quien intentaba refutarle algo — ¡Ninguno de ustedes tiene el poder suficiente como para dirigirme la palabra! ¡No son dignos…!

— ¡¿Y tú lo eres?! — Calló sus palabras al sentirse interrumpido por una voz mucho más poderosa y solemne — ¡No puedes seguir actuando como si no conocieras la verdad! ¡Ríndete de una vez! — Allí notó que se trataba de Seraphimon, quien comenzaba a acercarse a él sin miedo alguno — ¡Vuelve en sí! ¡Vuelve a ser un Seraphimon!

— ¿Cómo te atreves…? —Masculló iracundo — ¡No hay manera en la que eso pueda suceder! ¡De qué crees que estás hablando!

— ¡Claro que es posible! ¡Arrepiéntete ahora mismo! ¡Entiende que lo que estás haciendo está mal! — Ya no se encontraba lejano, exactamente se encontraba gritándole en la cara — ¡Sabes muy bien que es posible! Ahora… vuelve a ser un Seraphimon. Por favor… — La manera en la que su voz cambiaba de iracunda a confortable era de gran impresión para muchos.

— ¡Nunca! — Una bofetada acompañó dicha exclamación — ¡Nunca me atrevería a decirlo siquiera! ¡Es humillante! Si tú disfrutas de ser un vasallo… ¡Eso no quiere decir que yo lo haga! ¡Fuego Infernal…!

— ¡Siete Cielos!

Exclamaron al unísono y alejándose levemente para no ser impactados por sus propios ataques, los cuales estallaron al encontrarse, y provocaron que todo temblara cercano a ellos, en especial los seres astrales que rodeaban a ambos ángeles. Ya sea celeste o caído.

Se repusieron con lentitud, ambos retraídos de la buena estabilidad, manteniendo con dificultad el equilibrio. Sin embargo no fue razón de exasperación o demás, pues lograron quitar los mareos con tan solo respirar y aguardar dos segundos. En ese momento, repararon que la presencia del otro se mantenía cercana a los diez metros, por lo que ambos prepararon su siguiente ataque.

— ¡No tiene sentido que continúes con esto, entiéndelo! — Advirtió con su ataque en mano el arcángel sagrado — ¡Esto no deseas hacer en realidad…!

— ¡Tú qué sabes acerca de lo que quiero hacer y lo que no! — Repuso liberando una poderosa carga de energía obscura — ¡Fulgor del Caos!

— ¡Ya basta! — Detuvo la fluidez con la cual el poder continuaba impactando con su brazo derecho — ¡No eres tú! ¡¿Acaso no lo notas?!

— ¿Qué…? — Musitó contrariado. Aquella escena, por más que precisamente no se hallara frente a la muchacha, podía llegar a ser oída dadas las altas voces con las cuales proclamaban sus palabras los contendientes.

— ¡Te está utilizando, lo hizo desde que caíste a este lugar! — "GranDracmon…", pensó con nerviosismo la muchacha luego de escuchar el clamor del serafín.

— ¡De qué estás hablando! ¡Te has vuelto loco! — Refutó con completa confianza — ¡A mí nadie me está controlando! — Luego hizo una pausa — No me digas que creíste que en realidad GranDracmon existe… ¡Fue una mentira para mantener al resto de los mocosos lejos de mis planes! ¡Aquel Digimon nunca existió…!

— Estás equivocado, no me refiero a él —Respondió con paciencia dejando de lado su postura de combate, al mismo tiempo descendió a su lado su compañera.

— Daemon… — Intervino en el diálogo Ophanimon — El castillo que trajiste al Mar Obscuro no estaba deshabitado — La confusión cayó súbitamente en el demonio — El Digimon que ha estado controlándote ha sido el que está en lo más recóndito de este lugar.

— Lo conoces… — Continuó Seraphimon — Pero, por más que se encuentre gravemente debilitado y herido, su poder es suficientemente poderoso como para destruirnos a todos…

— Están equivocados… — Formuló entre dientes — ¡Nadie ha estado controlándome! ¡Nadie puede controlarme! ¡No hay Digimon más poderoso que yo! — Refutó nuevamente alzándose entre medio de todos ellos — Y no lo habrá… ¡Nunca más!

— ¿Qué? — Contrariados observaron cómo desde el cielo la bestia demoniaca comenzaba a absorber más y más cantidades de energía obscura, la cual en un momento dudaron de dónde provenía, pero al ver que vertían de los cuerpos muertos, aún echados sobre el campo de batalla, entendieron que estaba robándoles los datos a sus soldados por alguna razón.

— ¿Qué es lo que…?

— ¡Estuvieron muy equivocados al pensar en que no había oportunidad de acabar con ustedes! — Y en sus brazos alzados en los cielos comenzó a formarse una densa obscuridad en forma geoide.

— ¡¿Qué piensas hacer?! — Exclamó entre la preocupación de su armada Seraphimon.

— ¡No quedará rastro de ninguno de ustedes! — Y aquel ataque comenzó a ser aún más y más grande, llegando a atisbarse como siete veces más grande que quien lo manipulaba. Quien se encontraba cercano a los dos metros de altura o más.

— ¡No lo hagas!

— ¡Qué no lo entiendes! — Objetó completamente nervioso el líder de las huestes celestes — ¡Acabarás con tu vida si continúas con esto!

— Yo… — Articuló dificultoso, parcialmente cubierto por indecisión.

— ¡Entiéndelo! ¡Tú no quieres acabar con tu vida, Bagramon te está utilizando para acabar con nosotros y así poder utilizar el poder de la luz en contra de nuestro Dios! — El retraimiento de convicción en los brazos del demonio le dio la respuesta a Seraphimon que en ese momento lo estaba escuchando de verdad — ¡Y si no, dime, qué es lo que planeabas hacer con Kari Kamiya! — Imposible podría llegar explicar aquel sentimiento, pues por más extraño que pareciera nunca había llegado a pensar en ello, no había cruzado por su mente el tener que planear qué haría con la muchacha — No lo sabes… ¿verdad? — En ese momento reconoció que el peso del ataque que planeaba aplicar era de una magnitud impresionante.

— No… — No podía llegar a darle la razón, estaba completamente decidido a no hacerlo, pero veía verdad en sus palabras, una verdad mucho más poderosa que la convicción que había tenido para destruirlos a todos.

— Daemon… — Nuevamente oyó la voz de lo que en un momento había sido él mismo — Detente, por favor…

Y el silencio perduró, haciéndose presente en todos los que presenciaban aquello, realmente impresionados por todas las acciones. Mas no bien, esperando con toda decisión lo que fuera a hacer el demonio, quien parecía dudar de lo que había optado, lo cual obligó a los ángeles a advertir cierta proximidad hacia su objetivo, por lo que se obligaron a sí mismos a aguantarse las sonrisas de júbilo que ansiaban portar. Sin embargo, el demonio pareció temblar, lo cual llamó la atención de todos.

— Yo… — Por más que muchos dudaran de lo que estaban oyendo, fueron verídicos testigos de llanto por parte de aquel demonio de autodenominada mayordomía superior a cualquier ser — Yo…

— Vuelve a ser un Seraphimon — Interrumpió sus palabras su contraparte, invitándolo nuevamente a ser bendecido con el poder que él había recibido de lo alto.

— Por favor… — Allí todo músculo descansó ante su respuesta, pues escucharon con devoción cómo es que rendía ante tantos años de maldad para ser nuevamente lo que debía ser por naturaleza — Por favor… — Rogó bajando sus brazos y absorbiendo allí todo el poder adjuntado que se había encontrado sobre su cabeza.

— Ven… — Invitaron a que se uniera a ellos, mientras que comenzaban a unirse en círculos como si de una ceremonia se tratara, dejando cierto espacio para él en el centro de lo que ellos rodeaban. Por lo que se adentró a acercarse a ellos, y cuando ya se hubo situado donde recibiría la bendición de Seraphimon y Ophanimon, mantuvo silencio y mutismo, dejando que el resto lo concluyera quien más alto rango tenía.

Extrañamente coros comenzaron a oírse, los ángeles que rodeaban a Daemon comenzaron a adquirir brillo, y de más en colores que nunca la muchacha había visto. La radiación emitida, en un momento fue demasiado luminosa para sus ojos, por lo que tuvo que tapárselos, mientras que la estupefacción reinaba en ella de forma solemne.

Los ángeles colocaron sus manos en la cabeza del demonio, intentando de ese modo contribuir con la acción que tomaría su benefactor en ese momento, sin embargo se detuvieron. Pues el coro angelical antes escuchado se detuvo drásticamente ni bien colocaron sus manos en la cabeza del demonio, y al ver a Dominimon gimiendo de dolor caer al suelo muerto, se enteraron que en realidad no se trataba de lo que ellos pensaban. Vieron rápidamente que el torso del ángel había sido perforado, y que su sangre vertía hacía el suelo. Por impulso observaron a Daemon, quien se mantenía quieto y con sus ojos cerrados, como si en realidad no se hubiera percatado de lo que acababa de suceder, sin embargo notaron que de su mano derecha, en la punta de sus dedos drenaba sangre, una sangre que propiamente nunca sería capaz de poseer.

Rápidamente se hicieron atrás todo el grupo de ángeles, mientras que esperaban otro ataque de la bestia, sin embargo no parecía despertar, pues en ese momento pensaron que se trataba de un sueño. Pero para desmentir aquello el demonio se levantó nuevamente, y cuando Seraphimon giró su rostro para buscar una respuesta en su compañera, no fue lo suficientemente rápido como para notar que una densa obscuridad viajaba a gran velocidad hacia su persona. Pero gracias a la intervención de Ophanimon el ángel de alto rango no recibió daño alguno, allí vieron a Daemon caer al suelo, mientras que sus datos comenzaban a esparcirse por los cielos.

— ¿Qué fue todo eso?

Y como por arte de una activación, el estruendoso retumbar del suelo dio el aviso del choque del poder antes enviado por manos de Daemon hacia el suelo.

Luego de notar al demonio muerto, los ángeles observaron a su líder, quien en ese momento se ponía de pie, pero giraron sus rostros al notar que Seraphimon también lo hacía. Allí se encontraron dirigiendo sus mirares hacia Kari Kamiya, a quien todos se sentían orgullosos de haber podido proteger. Allí la muchacha se tensó, sintiendo por primera vez la tranquilidad inundar su corazón al verse protegida por tan celeste armada, por tan celestial hueste, y por tan maravilloso rescate.

Luego de un momento, los Digimon comenzaron a acercarse a la muchacha, mas ella no tembló ni se incomodó, pues entendió qué planeaban hacer al dirigirse con sus miradas a TK, a quien aún mantenía sus dedos entrelazados.

Gracias a una señal de Seraphimon, entendió que necesitaba alejarse de él por un momento, y reuniendo la fuerza necesaria fue capaz de ello, mientras observaba como el ángel de más alto rango lo tomaba en brazos y comenzaba pronunciar cosas que no fue capaz de oír ni interpretar. Se tranquilizó al ver que Ophanimon, su compañera la observaba sonriendo con una dulzura que fue agradecida de poder ver. Gracias a aquella acción, todo pareció ir más rápido, y como si hubiera saltado algún hecho, vio como Seraphimon colocaba a TK en el suelo, allí se acercó Ophanimon, y ambos colocaron sus manos sobre el torso lastimado del muchacho, casi del mismo modo que habían intentado con Daemon. En ese momento reparó que era objetivo de miradas por parte de todo el escuadrón de ángeles y bestias sagradas, allí no pudo más que sonreír aliviada, sintiendo cómo los Digimons hacían lo mismo.

Pasados unos segundos, volvió a dirigir su mirada hacia TK, Ophanimon y Seraphimon, quienes lentamente parecían concluir. Lentamente comenzó a ponerse de pie, sintiendo cómo nuevamente era la atención de los demás. Acortó la distancia que la separaba del muchacho tendido en el suelo. Sintiendo cómo dejaba atrás un metro, y luego otro, y haciéndolo del mismo modo hasta quedar a uno del muchacho atendido por seres astrales del Digimundo. A quienes en ese momento pensó que merecían reverencia, pero quitó eso de su cabeza al ver cómo los ángeles dejaban de pronunciar lo que habían estado haciendo para nuevamente levantarse del suelo.

Cuando quitaron sus manos del pecho perforado del muchacho, allí no vio rastro de sangre, solamente su ropa rasgada donde había estado la herida. Comenzando a llenarse de expectativas y esperanzas, dirigió su mirada al rostro del muchacho, quien para su desazón no mostraba algún cambió. Vio un mechón de cabello obstruyendo uno de sus ojos, y lo quitó de allí con la mayor delicadeza posible.

Sintiéndose partícipe del milagro que esperaba sucediera, observó impaciente a quienes habían bendecido el cuerpo muerto del muchacho, sin embargo no había respuesta alguna en los rostros cubiertos de Ophanimon y Seraphimon. Por lo que redirigió su mirada al rostro de TK, esperando que sucediera algo que sería inexplicable para su entendimiento.
El cuerpo del muchacho se movió levemente, y sintiendo como un nudo realmente molesto comenzaba a formarse en su garganta pudo sentirse realmente aliviada, con tantos deseos de exclamar jubilosa lo que sucedía, sin embargo se mantuvo tranquila y esperó aún más.
El alivió reinó, la tranquilidad fue su acompañante, la pesadumbre fue echada, junto con el pesimismo el pesar y la intranquilidad. En ese momento podía decir tranquilamente que las cosas comenzaban a cambiar, y se alegró de sobremanera al ver que el rostro del muchacho comenzaba a hacer gestos, y en un momento, en el cual trató de aguantar la respiración impaciente, el muchacho comenzó a abrir los ojos.


Notas del autor: Bien… es más o menos así. Creo que ya se esperan qué sucederá después, pero por el momento no advierto nada. Solo que dentro de poco, no esperen mucho, comenzaré a escribir el siguiente capítulo (espero que Febrero no sea como Enero, estoy muy, muy cansado). Espero que lo hayan disfrutado y que haya sido de su agrado, en lo personal me ha gustado el capítulo, no demasiado, pero estuvo bueno (mi crítica), espero que para ustedes también. Pero también tienen el derecho de comentarme qué no les gusto y qué podría mejorar.

Desde ya muchas gracias por leer y demás, por tomarse el tiempo de darle una oportunidad a esta historia, ya estamos a un capítulo u dos del final, todo depende de cuánto me tome.

Gracias a todos y nos leemos cuando vuelva a actualizar con el siguiente capítulo.

Bye Bye!