Disclaimer: Frozen es de Disney y sus asociados.
Gracias por sus reviews a A Frozen Fan, SerenaSaori, Allison Tkm628, Aliniss, erika maria, Ari, y Helsa Fan. Sois en verdad geniales, muchas gracias.
Siento la demora. Pero todavía tengo problemas con mi pc, la semana pasada no me acerqué a ningún cyber y ahora es que tengo posibilidades de publicar. Mis perdones por la demora. Espero que les guste el capítulo.
26.
Finalmente había sucedido.
Lo habían capturado como un imbécil. Como un idiota, aturdido por los encantos de una hermosa mujer.
Si sus hermanos llegaban a enterarse…
Pero ni siquiera tenía tiempo para ocuparse de lo que sucediera si en una hipotética situación esos idiotas se enteraban del ridículo que él estaba haciendo.
Estaba en las manos de ese rubio (se negaba a llamarlo tratarlo como un príncipe, no era más que un don nadie con mucha suerte. Un don nadie que logró lo que tú no pudiste, le recordó la consciencia), y tenía que encontrar la manera de escapar.
No volvería a un calabozo. Su vida era demasiado valiosa para depender de terceros. Su libertad era demasiado preciosa para regalársela a un buscador de hielo con ansias de grandeza.
—Resígnate, Hans. Tu hora ha llegado.
Hans tuvo ganas de retorcerle el pescuezo como a una insípida gallina. En lugar de eso, se conformó con decir:
—Más quisieras.
La patética cara de ese idiota, mostró síntomas de sorpresa (lo cual acentuaba su idiotez, por supuesto).
—Estás acabado. Nunca más podrás atentar con la vida de Elsa o de Anna, no volverás a acercarte a Arendelle jamás, de eso me encargaré yo… No tienes oportunidad de ganar, príncipe —, escupió la última palabra como si fuera un insulto, como si a Hans le importara.
Y no podía importarle menos los compromisos que ese imbécil de pacotilla se había hecho a sí mismo. La gente como él, no era constante, sus ambiciones carecían de perspectiva. Estaba seguro que no tenía que temer nada proveniente del actual lord de Arendelle.
(Yo hubiera hecho un mejor trabajo que este estúpido, se dijo, lamentando por enésima vez que Arendelle le hubiese cerrado las puertas).
—Yo no cantaría victoria tan rápido, principito.
Una mueca de ira cruzó la cara de ese patético.
Lo siguiente que Hans supo fue que le ardía la mejilla izquierda. Sólo dos segundos le tomó para darse cuenta que Kristtoff le había golpeado. Ese imbécil… Hans no pronunció ninguna queja. Se limitó a mirarlo con toda la fuerza de su rabia, que era mucha.
—No tientes a tu suerte, Hans. No me obligues a dejar de tratarse con respeto.
Respeto… Como si ese idiota supiera lo que era eso. Si lo supiera, no habría apresado a Hans contra su voluntad.
Por toda respuesta, Hans reunió toda la saliva posible y se la lanzó en la regordeta cara. Que probara a reírse de él ahora.
El rubio ni siquiera se molestó en limpiarse la cara, eso había que reconocérselo, sino que se limitó a irse sobre él. Hans estaba listo. No podría defenderse todo lo bien que quería, pero no había llegado a la edad que tenía, ni era quien era, por ser un niño bueno, tenía varios trucos debajo de la manga.
Sólo la oportuna intervención de Elsa impidió que aquello derivara en un enfrentamiento entre los dos hombres.
—Déjalo, Kristoff. Él no vale la pena.
—Alteza… Elsa, este canalla la retuvo contra su voluntad por meses, la llevó a esta travesía…
—Ya lo sé. Lo llevaremos a Arendelle y recibirá su merecido. Pero no te manches las manos con su sangre. No vale la pena —repitió.
—¿Estás segura?
Elsa asintió.
—¿Qué pasa, principito? ¿Tu nuevo puesto es tan impredecible que tienes que hacer lo que ella te mande?
—Tú te callas —gruñó el rubio sin mirarlo.
Elsa lo miró como si le suplicara. Déjalo estar, le decían con toda claridad aquellos ojos azules. Ojos que había visto oscrurecerse al llegar al orgasmo. Hans apartó esos pensamientos que no llegaban a ninguna parte en ese momento, y se concentró en seguir metiendo el dedo en la llaga.
—Oh, es cierto, olvidaba que eres un calzonazos. ¿Qué se siente ser mantenido por dos mujeres?
¡Zas!
El siguiente golpe lo recibió en toda la mandíbula. Hans escupió sangre en el suelo. De reojo vio a Elsa intentando calmar a su cuñado.
Las entrañas se le retorcieron bruscamente. Después de todo lo que había hecho por ella. Después de liberarla de un compromiso absurdo con el príncipe de las Islas del Norte. Después de darle su primera satisfacción sexual. Elsa se lo pagaba eligiendo a otro. Olvidándolo como se olvidan los parientes enfermos o demasiado viejos para darse cuenta de lo que sucede a su alrededor.
—Agradécele a Elsa —gruñó ese idiota—. Ella te ha salvado la vida hoy.
—Como si yo necesitara cualquier cosa que viniera de ella.
Hans alcanzó a ver un destello de dolor en las pupilas de Elsa. Luego desapareció tan rápido que el pelirrojo supuso que lo había imaginado.
—Como dije—susurró la reina de Arendelle, y su voz sonó tan frío como uno de sus rayos congeladores. Incluso tuvo el mismo efecto —No vale la pena.
Y ambos, se alejaron un par de pasos, dejando a Hans solo con sus pensamientos.
Se vengaría de Elsa. Eso era primordial.
Oh, por supuesto que lo haría.
Elsa es una desagradecida, se dijo con furia.
No se merecía nada. No merecía piedad alguna de su parte.
Ya ni le importaba que le hubiera trucado los planes hace cinco años. Aquello parecía un juego de niños comparado con lo que ahora sentía.
Hans odiaba a Elsa.
Esa mujercita se las pagaría. Como se llamaba Hans Westerguard de las Islas del Sur, que lo haría. Su venganza sería terrible y Elsa lamentaría el día en que lo había conocido.
Tal vez de esa forma, Hans pudiera paliar la opresión dolorosa que sentía en el pecho en esos momentos.
Notas de la autora:
¡Espero que hayan pasado una feliz semana santa!
Como ven nuestros queridos Elsa han regresado con todo, y ahora Kristoff se interpone entre ellos.
Leí cada uno de sus comentarios y me dio un poco de miedo. Pobre Kristoff, ¿qué daño les ha hecho? Muajaja! Hacer más difícil el Helsa, pero oye, también lo hace más excitante, ¿no?
