Disclamer: Los personajes de Frozen pertenecen a Disney.


Life's too short
Capítulo XXVI


~Adiós~

[Elsa]

Perdí lo que más quería en este mundo. Sin la mitad de mi corazón me sentía inútil, rota, sola.

Me quedé delante con el alma en el suelo de esa puerta hasta que Kristoff me puso la mano en el hombro. En su otra mano sujetaba nuestros dibujos.

— Lo siento Elsa. A veces las cosas simplemente pasan.— odié que hubiera sido mi culpa, que hubiera acabado con su vida a sus quince años. Preferí haber muerto yo antes que ella, preferí que nunca hubiera abierto la puerta de mi habitación.

— ¿Qué voy a hacer ahora…?— había perdido la motivación para vivir, ya no había motivo alguno para seguir adelante y ahora sólo lo tenía a él.

— Sé fuerte ¿recuerdas? Ella quiere que luches para seguir tu camino, que no te rindas.

— ¿Sabes lo duro que es esto para mí? No volveré a…— ni siquiera pude terminar la frase sin ponerme a llorar.

— Ven aquí.— me rodeó entre sus brazos dándome consuelo— Mi familia dice que siempre que ocurre algo malo es por un buen motivo, y que por muy grave que sea, tiene un lado positivo.

— ¿Qué lado positivo tiene esto…?— me separé de él sin entender.

— Quizás no lo veas ahora, pero mira, te has deshecho de tus poderes, podrás vivir como una chica normal a partir de ahora.

— ¿Y de qué me sirve si no puedo vivir con ella?

— Hm… Vamos. No conseguiremos nada estando aquí.— me cogió del brazo y me negué.

— ¿A dónde?— ni siquiera tenía ganas de moverme, ya nada valía la pena.

— ¿Qué te parece si empiezas por cambiarte de ropa?— aún la llevaba con sangre— Tienes que seguir adelante, es lo que Anna quería.

— Sí…— mis recuerdos me torturaron mientras fuimos hacia la habitación, pero me masacraron cuando entramos. Demasiados buenos momentos que no volverían jamás— Espera fuera.

No dejaría que nadie más volvería a verme desnuda, tan sólo ella podía.

Me cambié de ropa y me lavé las manos. Entonces me di cuenta de que allí me iba a ser imposible dormir, y más que dormir, me iba a ser imposible vivir. No iba a reinar Arendelle por mucho que me obligaran, sería incapaz de hacerlo después de esto. Tenía que empezar una nueva vida, lejos de aquí, en las altas montañas.

Una idea se me cruzó por la mente. Abrí la puerta para dejarlo entrar.

— Kristoff. ¿Sabes ese lugar donde nos quedamos dormidas en la montaña, del dibujo?

— Sí, claro…

— ¿Crees que podría dormir allí? Aquí me va a ser imposible.

— Es una buena zona, no hay animales peligrosos, pero necesitaríamos comida y mantas para dormir.

— Por eso no te preocupes, lo pediremos.— abrí el último cajón para hacerme con la muñeca de Anna, iba a necesitarla más que nunca.

— ¿Por qué quieres ir allí?

— Es el único sitio donde podré descansar.— salimos hacia la cocina, que parecía ajetreada, y en un momento nos preparó cuatro cosas para la cena y el desayuno. Entonces fuimos a recursos y nos ofrecieron una tienda de acampada completa. La aceptamos ya que Kristoff sabía montarla y nos largamos de allí, con mi caballo Citlab y su reno Sven.

Les dije a los guardias que íbamos a acampar en el lugar más precioso del reino. No quería pensar en nada que tuviera que ver con el castillo. Vi que había llegado el barco de nuestros tíos y lo ignoré por completo, nadie podría consolarme ahora.

Subimos por la montaña con las estrellas durmiendo detrás de las nubes. Por primera vez, sentí el frío como algo molesto, algo que podría llegar a doler.

Intenté pensarlo por el camino, pero no se me ocurrió nada que consiguiera hacer de mi vida algo feliz sin ella a mi lado. Viviría con una profunda herida en mi corazón que nada ni nadie podría curar. Ella era todo lo que podía desear y el cruel destino me la arrebató.

Al llegar nos instalamos y con la tienda montada, Kristoff fue a por unos troncos de leña para encender fuego.

Cogí la muñeca y me senté en en el césped, como si ella aún estuviera allí, frente a la devastadora oscuridad del cielo y el mar.

— Anna… No es un picnic pero vamos a dormir aquí, las dos juntas… Siento no haber podido cumplir tu lista.— me estaba hartando de llorar, me dolían los ojos y debía de tenerlos más enrojecidos e hinchados que nunca.

Me hizo mucha rabia no poder volver a hablar con ella nunca más, quisiera contarle tantas cosas… Ni siquiera le dije que mis poderes se encerraban en una mariposa de cristal, o que me salvó la vida al entrar con su amor en mi habitación. Quisiera agradecerle por tanto…

Luego él encendió una fogata al volver y nos pusimos a cenar. Pese no haber comido nada desde el desayuno, no tenía apetito pero me obligó a comer.

Estaba agotada mentalmente, no podía con mi alma y nada más terminar entré en la tienda con la muñeca para intentar desconectar.

Fue imposible.

Los llantos volvían una y otra vez, no podía olvidar a Anna y cada vez que la tenía en mente se me hacía más difícil dormir. Lo pasé realmente mal, pero eso ni se acercaba al dolor que tuvo que sentir ella. Kristoff se quedó todo ese rato fuera.

Al final, tras unas horas, conseguí conciliar el sueño. Deseé con todas mis fuerzas que al despertar apareciera ante mis ojos aunque sabía que era imposible.

Zz... z...


[Unas horas antes]
[Anna]

Desperté con un desgarrador dolor físico que nunca llegué a imaginar, mi cabeza bombeaba en fiebre y mi boca me sabía a sangre. Milésimas después recordé lo ocurrido, me aceleré y empecé a hiperventilar doliéndome a cada respiración como si tuviera agujas en mis pulmones.

— Aah…— quejarme era incluso peor, por un momento creí que me estaba muriendo.

— ¿Cómo te encuentras?— giré la cabeza sufriendo por el simple hecho de mover mi cabeza para ver a un médico.

— Mal…— no me atreví a decir nada más por el dolor que me causarían esas palabras.

— Del uno al diez, ¿cómo clasificarías tu dolor?

— Mil…

— Hemos hecho lo posible para salvarte pero has perdido mucha sangre y la herida de tu pulmón es crítica. Acabamos de darte un calmante bastante fuerte para el dolor, así que tendrás que esperar unas horas antes de la siguiente dosis.— no me creí capaz de aguantar ni un minuto más.

— Aah…— me ladeé para buscarla en la habitación, pero no había más que una enfermera— Elsa…

— Tu hermana está bien, no tienes que preocuparte por ella.— quería que viniera, que estuviera conmigo. No me atreví a decir más, cerré mis ojos y traté de respirar pausadamente para evitar el dolor.

Repasé lo que había dicho pese al horrible dolor de cabeza que tenía. Tenía una herida crítica en el pulmón, ¿significaba eso que iba a morir?

Quise creer que no, quise no pensar en eso pero terminé cayendo, dándome cuenta de que no iba a salir de esta. Me preparé mentalmente para hacer la pregunta.

— V-voy a… ¿morir?

— Aún es pronto para responder a eso, pero si no hay una mejora significativa en las próximas horas…— fue una pésima forma de decir que sí.

Me agarré a las sábanas para canalizar el sufrimiento de alguna forma y pensé en Elsa. No iba a poder vivir sin mí, ¿qué pasaría con ella? Me preocupaba mucho y ni siquiera sabía dónde estaba. Supuse que se habría rendido al ver que nevaba con fuerza.

Intenté hacer un esfuerzo por recuperarme, luchar internamente por curarme a mí misma. Era una enorme estupidez, pero por intentarlo no perdía nada. Me forcé y esforcé en ponerme bien, pensando que el dolor se iría poco a poco, creyéndome incluso que lo hacía.

Me desmayé pasado un rato sin saber por qué, quizás por forzar mi mente, quizás porque faltaba poco para el fin, no lo sé, pero mi cabeza parecía haber bajado de temperatura. Me dieron de beber algo que sabía muy mal y tosí creyendo que me saldría el pulmón del pecho. Era horrible, ni siquiera podía llorar de las punzadas que eso me provocaría.

— Elsa…— la necesitaba.

— Tu hermana está bien…

— ¿Dónde…?

— Estará en su habitación, no te preocupes.— ¿cómo no me iba a preocupar? Ya me parecía extraño que no se hubiera congelado el castillo. Ojalá pudiera levantarme para ir allí y decirle que todo iba a salir bien, pero no podía.

Traté de seguir calmando mi cuerpo, dándole oxígeno en sus medidas, soportando el dolor con la esperanza de poder curarme e ir a por ella.

No sé cuánto tiempo pasó, el tiempo parecía deformarse a ratos, pero entonces apareció Kristoff en la habitación.

— Dios mío Anna…— se arrodilló rápidamente a mi lado— No puede ser…

— Hey…— mi vista se distorsionó por las lágrimas.

— No… ¿Cómo estás…?— decidí no responder a eso— No sabes cuánto duele verte así. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

— Elsa… tráela…

— Me han dicho que la han encerrado en el calabozo.— odié que me hubieran engañado— Pero voy a traerla, no te preocupes. Aguanta ¿de acuerdo? Ahora mismo vuelvo.

Y esperé. Me pareció una eternidad pero al cabo de unos minutos escuché su voz y apareció abriendo la puerta de golpe.

— ¡Anna!

— Elsa…— se acercó a mí rápidamente y me besó, haciéndome acelerar mi cuerpo, doliéndolo— Au… para…

— Lo siento, lo siento mucho Anna…— creí que me engañaban mis ojos, pero sus pelos se habían vuelto dorados.

— ¿D-desde cuando eres rubia?— me atreví a preguntar.

— ¿Qué?— se los miró sorprendida— No me había dado cuenta. He perdido mis poderes Anna, ya no volveré a hacerte daño nunca más.— me alegré por ello, sabía lo mucho que le llegaron a molestar.

Quise hacerle creer que saldría de esta para calmarla, aunque estaba más que claro que no.

— Jo… Eso significa que… no podremos volver a… ¿jugar con ellos otra vez?

— P-pero podremos salir este invierno a jugar con la nieve ¿qué dices eh? Haremos muñecos de nieve, guerra de bolas…

— Me encantaría…— sería tan feliz con una tontería así…

— No me dejes sola Anna, por favor…

— Siempre estaremos juntas, ¿recuerdas? Justo aquí— le puse mi mano encima de su corazón, no iba a dejarla sola pasara lo que pasara, aunque estuviera al otro lado.

— Anna… no…

— ¿Por qué lloras…? Lo hemos pasado bien… estos días, eso es lo importante.

— Pero…

— Lo sé… Tendrás que se fuerte ¿me oyes? — si tenía que irme, quería asegurarme de que ella estaría bien.

— No me digas eso… Vas a ponerte bien ¿me oyes? Aunque tengamos que vender el castillo para encontrar un buen médico. Tenemos muchas cosas que tachar de la lista aún…— yo ya no podría hacerlo, cada vez me sentía peor, pero ella sí.

— ¿Me… prometes una cosa?

— Cualquier cosa…

— Encuentra a alguien para… completarla. Sé feliz por mí ¿vale?

— No puedo prometerte eso… Anna…— me dio un beso ahora con más cuidado— Nunca llegaré a amar tanto a alguien como te he amado a ti, mi pequeña princesa…

— Estás… guapa, con ese pelo.— era transparente como el agua, sabía que mis halagos le llegaban al corazón— K-Kristoff… ¿cuidarás de ella, por mí?

— Por supuesto, no permitiré que le pase nada.

— Gracias… Elsa…

— Sí, dime cariño…— quería que al menos en el tiempo que nos quedaba juntas pensáramos en cosas alegres.

— Cuéntame algo feliz…

— Oh, ya sé. Kristoff, ¿puedes ir a buscar los dibujos que hay en nuestra habitación? Están en los dos últimos cajones.

— Voy…— acertó con esa idea.

— ¿Qué te parece si hacemos un repaso a estos últimos días?

— Sí… Sobretodo… los últimos.

— Muy bien.— usó sus labios para secarme las lágrimas.

— Hm~— quise que probar el sabor de sus labios una vez más y no nos despegamos hasta que Kristoff volvió.

— Ya estoy aquí. Creo que no me he dejado ninguno.

— Gracias… Vamos a ver, primero vamos a ordenarlos por fecha…— me alegré de que ver a los dos juntos luchando juntos por hacerme sonreír.

Pasamos un buen y alegre reato que me alivió un poco el dolor, pero siguió empeorando exponencialmente y pese al calmante que volvieron a darme, sentía que me iba a desgarrar por dentro. Tenía que despedirme de ellos antes de que fuera demasiado tarde.

— Sois maravillosos…— cogí fuerzas para poder hablar— Eres en gran tipo Kristoff… gracias por salvarnos la vida…— me fastidió no poder decir más, tenía tanto que hablar…— Elsa… Te quiero muchísimo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida… No te culpes por esto ¿vale? … Quiero que sepas que… merece la pena morir por pasar estos días a tu lado. Sé fuerte ¿vale?

— No amaré a nadie tanto como a te he amado a ti. Nunca te olvidaré.— con escuchar eso fue suficiente.

Se quedaron conmigo para apoyarme y darme ánimo, pero empecé a rendirme y a dejarme caer en el pozo oscuro que marcaba mi destino. El dolor se volvió insoportable y perdí la cabeza en varios momentos.

La miré a los ojos un último momento antes de quedarme inconsciente.

… … …

Cuando desperté no estaba mejor que antes, ellos ya no estaban y apenas me quedaba fuerza para moverme. Estaba rodeada de médicos que parecían discutir pero no entendía qué decían. Mis sentidos se estaban adormilando.

No sé muy bien lo que pasó entonces, pero cerré los ojos sintiendo una espiral en mi interior que me colapsaba y todo se volvió oscuro.

Entonces me di cuenta de que la vida es demasiado corta.

Sentí una intensa y extraña sensación en mi cuerpo hasta que al fin, el dolor desapareció~


Mandy: ¡¿Y crees que yo sí quiero este final?! :'(
Elsii: Me pasé de cruel, suele pasarme.