Si bien la semana pasada publiqué antes de lo normal, esta me he retrasado un poquito. ¿El motivo? Ha empezado el curso de chino y como supondréis, es un idioma que requiere tiempo y dedicación. De hecho esta semana también empiezan mi curso de escritura creativa (sep, quiero ser escritora y ahora que he terminado la carrera estoy formándome como loca para conseguirlo) y la academia para poder acreditar el C1 de inglés (ojalá fuera el C2, pero como no me dejaban presentarme por no tener el C1, tengo que sacarme primero ese -.-). ¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que, si bien ya he terminado mis estudios como tales, este año sigo formándome, por lo que con el comienzo de las clases tengo menos tiempo para actualizar, de modo que los caps de mis fics pueden retrasarse un día o dos. Pero calma, que esto no significa que las historias vayan a quedarse en hiatus.
Cuando los últimos rayos de sol desaparecieron, Nathaniel y Karim proseguían con su peculiar búsqueda. La linterna que habían encontrado no alumbraba demasiado, pero les permitía poder ver por dónde pisaban. Aquella zona, alejada de la ciudad, parecía el típico lugar que se sumía en las tinieblas cuando caía la noche, oscuridad que sólo rompían las luces de las casas. Pero claro, después de todo lo sucedido no era de extrañar que las casas estuvieran abandonadas, por lo que alguna referencia lumínica era casi imposible.
Aunque esto último a Nathaniel parecía ponerlo de buen humor. Cuando comenzó a irse la luz, se lo señaló a Karim con un entusiasmo que ella, en un principio, no logró comprender del todo.
—¿No has pensado en que, si esa niña habita con su familia o lo que sea en una de estas casas, tendrán luz? No me refiero a luz eléctrica, puede que usen velas o similar —dijo con calma, sin dejar de caminar, alumbrando el camino con el foco de la linterna, aunque cuidando que este no se convirtiera en una señal de su posición. Se había contagiado del recelo de Karim y no quería que nadie que rondase por la zona supiera dónde se encontraba —Sea cual sea el método que usen, se notará cuando no haya luz, de tal modo que sólo tendremos que seguirlo.
Karim no dijo nada, se limitó a asentir para luego continuar caminando al ritmo impuesto. Sentía una ligera opresión en el pecho, una sensación de que iban a meterse en la boca del lobo. Si por ella fuera, se daría la vuelta y saldría corriendo lo más lejos de aquella zona, pero no se atrevía por el simple hecho de que era consciente de que, si bien ella tenía esa opción, probablemente los demás no contarían con esa libertad. No dejaba de recriminarse su silencio cuando se encontraron con aquella niña, debería haber dicho algo, lo que fuera, a modo de advertencia. Sin embargo, se había quedado callada como si tal cosa. Si pudiera volver atrás...
Esos pensamientos siguieron rondando por su cabeza, pero cuando Nathaniel se detuvo en seco, haciendo que ella, despistada como iba, casi se chocara con él, fueron cortados de raíz. El chico no dijo nada, simplemente señaló hacia delante, a un conjunto de construcciones (o al menos eso creía ella que era) que brillaban a lo lejos, pobremente iluminadas. Si Nathaniel andaba en lo cierto con su teoría, los habían encontrado.
La vida de Nina se había convertido en una rutina demasiado monótona desde hacía un par de años. Hasta ese momento había vivido en la ciudad con su familia, pero desde que su madre y su padre se divorciaron la cosa comenzó a caer poco a poco. Primero su madre se mudó a un piso más pequeño, pues no podía con los gastos que originaban la vivienda; luego, comenzó a caer lentamente en una depresión. Nina recordaba bien cómo había intentado ayudar a su madre, el modo en el que trató por todos los medios que ella pudiera salir adelante, pero de nada sirivió: ni los médicos ni los intentos de su hija sacaron a la mujer de su prisión mental.
Nina siempre maldeciría el día en el que, mientras intentaba arrastrar a su madre por una de las calles aledañas a su nueva vivienda, tratando de que al menos intentase buscar un trabajo, se encontraron con una mujer vestida de una forma muy peculiar, con un vestido hasta media pierna de color ocre y de corte anticuado, que pregonaba a voz en grito que el final del mundo se acercaba y que sólo los que abrazasen la fe verdadera serían salvados. Su madre, desesperada como estaba, se puso a hablar con aquella mujer y poco a poco su rostro fue mutando de expresión. Las palabras que la extraña usaban, que hablaban sobre una comunidad donde todo el mundo era cuidado y feliz y la cual podría proteger a sus miembros cuando la Tierra fuera arrasada por el Creador, le dieron algo a lo que aferrarse. A los pocos días su madre la sacó de la cama, la hizo ponerse el vestido más sencillo que encontró por la casa y ambas abandonaron la ciudad en dirección a las granjas que salpicaban las colinas que la rodeaban. Cuando al entrar en una de ellas Nina vio aquellos mensajes pintados en las paredes y a toda aquella gente vestida del mismo modo que la mujer que se encontraron, supo que se habían metido en un callejón sin salida.
Decidió que resistirse era inútil: el primer día el líder de aquella especie de secta, un hombre que respondía al nombre de padre Clark, azotó a las dos recién llegadas sin piedad alguna, para luego cortarles el cabello y darles sendos vestidos, iguales que los de las demás. "El castigo es una advertencia" había dicho él "para que os hagáis a la idea de cómo será la ira del Creador si osáis marcharos". Les asignaron una cama a cada una en un dormitorio comunal donde se alojaban las mujeres solteras y desde entonces habían tenido que trabajar, cuidando de los trigales que rodeaban las construcciones, confeccionando nuevas prendas, o incluso (Nina siempre deseaba vomitar cuando le tocaba tal cosa) ayudando en los rituales que se celebraban mensualmente. A veces el padre Clark seleccionaba a algunas vírgenes que vivían en la comunidad y las desvirgaba, diciendo que ellas serían las encargadas de repoblar el mundo en un futuro. Nina se había librado hasta la fecha, fingiendo ser más joven de lo que era en realidad, pero era consciente de que antes o después le tocaría pasar por ese trance. Otras veces, las celebraciones eran mucho más retorcidas, con sacrificios u ofrendas de sangre.
Sin embargo, a pesar de la horrenda monotonía en la que fue cayendo, una monotonía con olor a vísceras y podredumbre, todo se quebró cuando Martha apareció seguida de aquel grupo de extraños. Nina había acudido a la explanada principal, como todos los demás, y tuvo que contenerse demasiado para no soltar un grito que la delatara. Entre los "capturados" se encontraba alguien que ella conocía muy bien: Lysandro, un chico algo mayor que ella y por el que siempre había sentido admiración, considerándose su mayor fan (aunque a él nunca le había hecho especial gracia tal cosa, siempre se lo había dejado claro pero ella no cesaba en su empeño).
Por los rumores que corrían entre las demás mujeres, supo que dos de las chicas apresadas, ambas vírgenes, serían "bendecidas" aquella noche y que, seguramente, luego usarían a los demás como sacrificios para honrar al Creador por la tormenta de fuego que desató en el nido de pecado que era la ciudad. Nina nunca podría olvidar lo que vio el día del ataque, la luz, las nubes negras que la siguieron, y la procesión de heridos que pudo percibir poco después, desde lo más alto de las construcciones, cuando vio a un río de personas quemadas intentar salir de la ciudad.
La mera idea de que alguien quisiera usar a Lysandro como sacrificio le daba escalofríos. No había dejado de pensar en él durante todo el tiempo que había pasado encerrada en aquella especie de granja. ¿Se acordaría de ella? ¿La echaría en falta o simplemente su ausencia le habría pasado desapercibida? Por unos momentos sintió deseos de tirarse a sus brazos, diciéndole lo contenta que estaba de volver a verle...
A pesar de la prohibición que había sobre acercarse a los prisioneros, Nina decidió arriesgarse. Iba a intentar salvar a Lysandro y puede que este, agradecido, la llevase consigo para alejarla de todo aquello, seguro que sí. Aprovechando su escasa estatura, no tuvo problemas en colarse en el granero donde tenían recluídos a los chicos, le bastó con usar una trampilla que había en la puerta de atrás, seguramente colocada ahí cuando todo aquello era realmente una granja, y luego arrastrarse entre los montones de paja. Su cabello rubio y su vestido ocre le ayudaron a camuflarse un poco mejor. Entre aquellos montones pudo escuchar la conversación de los chicos, pero sólo un dato quedó grabado en su cabeza: Lysandro había perdido la memoria.
Por un segundo, tuvo el deseo de hacerle creer que ella había sido su novia en el pasado para que la ayudase con más ímpetu, pero la idea le produjo una sensación extraña. Si le engañaba de ese modo, ¿no sería eso igual que forzarle a quererla? Nina deseaba que Lysandro se enamorase de ella, cierto, pero por su propia voluntad, no forzándole. Pero a pesar de todo, seguía dispuesta a arriesgarse.
Karim no dejó de temblar mientras se arrastraba junto con Nathaniel por la plantación, tratando de hacer el menor ruido posible. La sensación de peligro iba en aumento, pero no se atrevía a avisar a su compañero, más que nada porque eso supondría hablar y temía hacer ruido. Siendo ella la más ágil de los dos iba en cabeza, arrastrándose como una serpiente, forzando cada centímetro de su cuerpo para no hacer el más mínimo sonido.
Conforme avanzaban, escuchaban algunas voces, seguramente de personas que rondaban por el lugar. Cuando escuchaba algún sonido, Karim se detenía, agudizando el oído. Fue de ese modo que consiguió enterarse de que esa noche usarían a dos de las infieles para celebrar un ritual, información que hizo que su sangre se helase. No quería ni pensar en qué les iban a hacer. Dicha información la hizo querer ir más deprisa, ver el lugar, sospesar sus opciones. Obstinada como era, volvió a avanzar, notando detrás de si los progresos de Nathaniel, algo más grande (y por tanto más ruidoso) que ella.
No se detuvo hasta que llegaron al final de la plantación, que colindaba con unos edificios que parecían haber visto tiempos mejores. Nathaniel, que tampoco había perdido palabra alguna de todo lo que se había ido hablando a su alrededor, parecía algo preocupado mientras observaba la zona. Sus ojos se detuvieron en una serie de bidones rojos que había contra una de las paredes de madera. Picado por la curiosidad, tomó uno, el más cercano, y lo destapó, olfateando su contenido. El fuerte olor de la gasolina mordió su nariz. No entendía del todo qué hacían esos bidones llenos de ese líquido en aquel lugar, pero no tuvo que darle muchas vueltas para saberlo. Desde donde se encontraba pudo ver a un grupo de personas transportando bidones como los que había allí, los cuales vaciaron sobre una pila de leña a la que luego prendieron fuego. Usaban la gasolina a modo de potenciador para sus hogueras. Tal vez lo que quisieran hacer con las chicas era quemarlas, de ahí que usaran tanto combustible...
—Ve a por los demás —escuchó que uno de ellos le decía a otro —Es la hora de la ceremonia.
Nathaniel alzó una ceja, volviendo a contemplar los bidones y luego a Karim. La chica había tomado en una de las granjas previas un paquete de cerillas, por si no daban con nada mejor. Intentar salvar a los demás sin una distracción iba a ser complicado, pero allí contaban con todo lo necesario: edificios de madera que arderían bien, una serie de bidones llenos de combustible y una pequeña cerilla que iniciara el infierno. Esbozó una sonrisa cómplice hacia Karim, señalando el bidón más cercano y ella pareció leerle la mente, pues extrajo de su bolsillo la pequeña caja y le devolvió la sonrisa.
A la luz de las hogueras, el rostro de Nina parecía el de una muerta. Se había acercado lo máximo posible a los prisioneros masculinos, aprovechando que todo el mundo estaba pendiente de las dos jóvenes vestidas con las túnicas ceremoniales que habían colocado en el centro de la explanada. Sabía lo que estaba por venir, de modo que decidió aprovechar el momento de histeria colectiva que habría cuando ambas chicas hubieran sido fecundadas para llevar a cabo su plan. Era algo muy simple, soltar las ataduras de las manos de Lysandro y luego, sin pararse a pensar, tirar de él y hacerle correr hacia el trigal. Entre las plantaciones pondrían ocultarse mejor para luego ir avanzando hacia la salida. Los demás estarían tan enfrascados en sus rituales que ni se darían cuenta.
Con la cabeza gacha y valiéndose de nuevo de su pequeña estatura, se abrió paso a codazos hasta que pudo colocarse al lado de Lysandro. El chico no se molestó en dirigirle ni una mirada, pues no dejaba de observar hacia delante, viendo como el padre Clark tomaba a una de las vírgenes y la tiraba al suelo. Nina deslizó una de sus manos en el bolsillo de su vestido, palpando el mango del cuchillo que había robado en la cocina. No era gran cosa, pero bastaría para cortar la cuerda.
Sin embargo, su plan cuidadosamente tramado no tardó en irse al traste. La virgen, una chica pelirroja que parecía algo ida, de repente pareció volverse loca; se había logrado situar encima del padre Clark y comenzó a clavarle los dedos en los ojos mientras se apoyaba con todo su peso contra su garganta. ¿Acaso esa chica lo estaba matando? Nina, a pesar de todo, no pudo evitar unirse a la perplejidad de los demás seguidores de aquel hombre. Sin embargo, cuando el resto de los presentes cayó en la histeria al ver que esa infiel había terminado con su líder, Nina se valió de la confusión para cortar la cuerda que ataba las manos del chico.
—¡Corre! —exclamó, empujándole hacia el trigal. Pero él parecía catatónico, sus ojos aún fijos en la chica pelirroja que desaparecía tras una turba enfurecida.
Un olor a quemado comenzó a hacerse patente. Nina alzó los ojos hacia los edificios y observó, atónita, como unas llamas se alzaban de los mismos, devorándolos como si se encontrasen hambrientas. El chico también pareció percatarse, pues apartó a Nina de un empujón y corrió hacia el centro de la explanada, donde se encontraba aún la chica pelirroja. La otra virgen había desaparecido, seguramente correría aprovechándose de la confusión.
Lysandro no entendía del todo lo que estaba sucediendo. Primero había visto a aquel indeseable violar a Weasel, pero luego ésta le había dado la vuelta a la situación y lo había matado en un alarde de valentía y estupidez. Justo en el momento en el que el hombre soltaba su último aliento, notó que alguien cortaba la cuerda que ataba sus manos y le empujaba, como si quisiera que huyese. Pero no se sentía capaz, no viendo como los demás iban a por la pelirroja, seguramente a matarla. ¿Sería ella consciente de lo que había hecho o simplemente fue un acto reflejo? ¿Cómo suponerlo? La mente de Weasel era tan obtusa que siempre le resultaba una incógnita lo que le pasaba por la cabeza.
Sin embargo, siguiendo un impulso que no supo de dónde venía, prefirió correr hacia ella cuando olió el fuego, que hacia la salida. No supo qué hacían sus compañeros, sólo que quería salvarla. El fuego parecía un regalo caído del cielo, y él no pensaba desaprovecharlo. Apartó a la gente que la rodeaba, que intentaba acabar con ella, y la sujetó por un brazo, tirando de ella, llevándosela. La gente parecía tan ida que no encontró resistencia al tirar de la chica. La joven salió de aquella especie de piña, su rostro descompuesto, sus ojos abiertos de par en par, la túnica que la cubría manchada de su propia sangre y restos de tierra. Ella le observó, completamente ida, pero luego una chispa de vivacidad brilló en sus ojos.
—Hay que correr —dijo simplemente.
Lysandro tiró de ella hacia el trigal. Sabía que ahora era una tontería buscar a los demás, sobre todo por la confusión que reinaba. Lo único que podían hacer era correr y confiar en la suerte.
Quería profundizar en cómo Nathaniel y Karim lograron prepararlo todo, además de explicar el motivo por el que Lysandro pudo tirar de Weasel cuando en teoría tenía las manos atadas. También quería meter a Nina y aquí me pareció que encajaba, de hecho de no ser por ella la cosa habría acabado de otra manera.
Sé que todo ahora mismo es un caos, y es precisamente lo que quiero: que todo sea tan confuso que puedan valerse de esa confusión para escapar.
Y como digo siempre, si os ha gustado, ¡dejad un review!
