¡Y continúo yo sola! Tengo que irme a trabajar, así que aprovecharé el poco tiempo que tengo para subirles un poco más
Saludos y besos.
Adry de Lockshire.
Capítulo 26: Amor perdido
La señora Weasly, había pasado la mayor parte de aquella noche, limpiando las heridas de Hermione junto con Kreacher. Su rostro, estaba excesivamente húmedo por las lágrimas y, apenas podía esperar al amanecer para saber si sus hijas estaban bien. Pobre Hermione, estaba sufriendo tanto y era tan buena.
Tomó un pequeño paño que Kreacher ya había limpiado, y lo colocó sobre su herida más profunda; cerca de su pecho. Le pareció irónico, "simbólico" que allí estuviese la más "peligrosa" herida. La sombra de un amor perdido ya.
Al colocarlo, sintió una mano que débilmente tomaba la suya. Al alzar la cabeza, notó que Hermione volvía a la conciencia. No supo si gritar de alegría, o hacer preguntas; estaba siendo demasiado impertinente.
- Severus- musitó, creyéndolo aún a su lado. Para desgracia de Molly, ella no sabía de su paradero.
Le sorprendió en demasía lo ocurrido. Si recordaba bien, Snape no había preguntado por ella; siquiera había mostrado empatía por subir y verificar su estado. No entendía entonces, cómo Hermione sí recordaba su nombre; sí recordaba que le necesitaba. ¿Por eso decían, que el amor no moría fácilmente?
- ¿Tú aún estás enamorada de él mi niña?- le preguntó, cuando ya no pudo con la tensión.
- Yo, quiero verlo.
Suspiró, afligida; diciéndole que él no estaba allí. El rostro de Hermione, no fue otro más que decepción; lágrimas de algo que se había perdido para siempre. Molly colocó su mano sobre su hombro, tratando de imprimir confianza; que resistiera. Ella ahora, tenía dos hijas que cuidar.
Dumbledore parecía bastante turbado. Sabía que el ministerio, haría todo lo posible por mantener los casamientos y las vidas de sus "afectados" lo más, que pudiera pero; eso ya era demasiado.
Miró a Snape quien trataba de entender la situación o al menos, darle un sentido lógico. Se acercó hasta el sillón de aquel salón y se sentó junto a los miembros de su orden. Incluído Harry Potter.
- Tengo que explicar algo- musitó, la seriedad en sus ojos sólo preocupaba más a los demás- Una vez que Severus le quitara el anillo, el contrato se cancela. Una vez, que tú rechazas a alguien; el anillo pierde utilidad en esa persona. Al decir que "no" ya no puedes amarle más, se te ha eliminado; esa pareja para ti y ya tú no puedes optar por tenerla nuevamente. Eso quiere decir, que el amor entre ustedes; no podrá surgir nuevamente bajo ningún tipo de concepto.
- ¡Pero!- Exclamó Harry- ¿Qué pasa si eso no sucede en una de las partes afectadas?
- Dudo mucho, que en Hermione no haya sucedido lo mismo. Ella era la más afectada por la maldición, es seguro que ella también está sufriendo el mismo sentimiento.
- Pero, ¿Eso quiere decir, que ahora sus hijos no son deseados?- preguntó Ron- Hermione, me explicó que el primer bebé lo perdió; por que no era deseado. Sus hijas, ¿ellas están en peligro?
- Me temo que sí. Ahora que la maldición transita libremente, ellas pueden morir sin remedio alguno.
Snape incapaz de decir algo; sólo se mantuvo en silencio. Podía oír la mención de Hermione, de sus hijas; pero seguía sin sentir algo en concreto. Pensándolo con frialdad, ¿Qué había significado el hecho de que, al tocarla; ella sintiese dolor? Bueno, sabía que Dumbledore no tenía las respuestas. ¿O sí?
- El rechazo de Severus, se ha vuelto físico y ha causado la mayor parte de las heridas. Una vez, que la separación haya culminado; me temo que no podremos hacer algo.
Harry alzó la cabeza para mirar al hombre que, pronto se convertiría en su "ex esposo". Mantenía la vista fija sobre la habitación, y parecía pensar. ¿Era posible, que estuvieran separados? Por que, pensaba que al hacer el "amor" ambos; se habían unido lo suficiente. Entonces, Snape no la amaba como Hermione afirmaba, o no había comenzado a hacerlo.
Molly salió de la habitación, compungida. Al bajar las escaleras, observó a Snape quien; hizo lo mismo. Le indicó que, antes de que partiera; Hermione quería verle. Impávido asintió en silencio, y comenzó a subir las escaleras. Por supuesto, en la compañía de Sirius.
Se adentró en la habitación y observó a la mujer moribunda. Kreacher intentaba hacer lo que podía, pero se sabía; que Hermione estaba muriendo. Sirius no sabía, a ciencia cierta si se trataba de la maldición; o del propio amor que le habían arrancado. Pero el hecho era, que estaba muriendo lentamente.
Snape se detuvo a su lado, bajando la vista hacia su pálido rostro. Si alguien, desde otra perspectiva y sin conocimiento de causa, les observaba; podía asegurar que era un extraño mirando a otro extraño. No había empatía real en ello.
Hermione abrió los ojos con parsimonia. Sus acaramelados y viváces ojos se habían reducido a la nada en sí. Levantó la vista, y observó a Snape a su lado. Sus labios, iban a curvearse en una emoción; pero desistió de ello.
- Severus- musitó la chica con suavidad- ¿Qué me has hecho?
- Eres libre- fue lo único que le dijo- Si ellos te hacían daño, eres libre.
- Ellos no me hacían, daño. Yo te, necesitaba.
Sirius pareció renuente a someter a Hermione, a algo como eso. Le pidió a Snape que se marchase, y el hombre lo hizo sin quejarse. Antes de salir, Sirius miró a Hermione por última vez en ese momento. Aún tenían que encontrar a Ginny.
- ¡Mi hija! ¡Albus, tienes que encontrar a mi hija!- sollozaba Molly. Harry fue incapaz de ocultarlo por mucho tiempo, tenía que decírselo a su madre.
- La encontraremos Molly, tienes que calmarte- indicó Dumbledore al lado de Artur Weasly, su esposo.
- ¡No voy a calmarme hasta que mi hija regrese con vida!
- Iremos a buscarla- contestó Snape, al pie de la escalera.
Molly rodeó la habitación y se detuvo frente a él con severidad. Lo odiaba, como siempre Severus Snape era todo un mártir para su familia. Incluía a Hermione en ella, y tan sólo quería golpearlo.
Y así lo hizo, había golpeado por primera vez a un profesor en su vida; a un hombre similar a ella en proporciones de edades y condiciones. Nadie se atrevió a decir algo, siquiera el afectado.
- ¡No tiene derecho alguno de hablar!- espetó la mujer, sus lágrimas salían fiéramente de sus ojos- ¡Ha lastimado a Hermione, y ahora también a mi hija! ¡Usted, sólo merece morir!
Su esposo le abrazó, antes de que; ella fuese quien le asesinase de una estocada. Snape se mantuvo en silencio, sin atreverse siquiera a levantar la vista.
Sirius miró a Snape por un corto instante. Si bien, tenían que encontrar a Ginny; no tenía ni idea de donde comenzar. Hizo un gesto con la varita, y luego se dirigió al hombre.
- Dices, que sabes como encontrar a Ginny. ¿Cómo la encontraremos?
- Si ellos están detrás del anillo- dijo, lentamente; como midiendo sus palabras- sólo debemos esperar, hasta que ellos vengan por este.
La orden en pleno, comenzó a prepararse para lo que se avecinaba. Ninguno se atrevía a decirle algo al otro, Dumbledore le mantuvo la vista a Snape quien; trataba aún de comprender lo que sucedía.
Odió desde el primer minuto en el cual; lo sometió a dichas penurias. Sin embargo, no consideró los daños que podía causar su "intención" de ayudar a Hermione.
Su amor, se había roto; propiamente dicho. Hubiese dado cualquier cosa, por no verlo; por no entender que había cometido un error. El haber estado de acuerdo con ello, sólo significaba que él también era culpable de ello.
Sabía lo despierto que era Snape, sabía que no tardaría. Él descubriría la verdad por completo en algún momento, y se encontraría con este futuro. En ese instante, tan sólo deseaba que se acometiera la separación para que Hermione; dejase de sufrir. Pero, ¿Y si lo que afirmaba Harry Potter era cierto? ¿Y si Hermione aún le amaba? ¿Había allí una esperanza?
Se mantuvo pensativo. ¿Habría una forma viable para unirlos nuevamente? Si un matrimonio obligado, lo había hecho; cualquier cosa podía hacerlo. Hermione era su esposa, ella debía estar con él.
Sin duda había algo que se le escapaba y que debía analizar. Esa imposición era netamente mágica, no humana. Sin duda, si Snape lo deseaba; él podría volver a amarla. Por que, ¿La amaba cierto?
Suspiró lentamente, le haría bien una larga conversación con el ministro. Habían cosas, con las cuales se podía jugar; pero el amor no era una de ellas. Si a algo no le temía, era al ministerio de magia y hechizería.
Para cuando quiso saber de su joven profesor, éste ya no estaba allí. Snape había vuelto a la habitación donde reposaba Hermione. Su condición no mejoraba, y seguramente no lo haría. Ya no más.
Admiró su rostro, rememorando el pasado; sus manos ahora estaban frías y manchadas de sangre. Temía, temía por ella; más no podía decir que la amaba. Era como si, como si esa palabra hubiese desaparecido. Como si su imágen hubiese, "desaparecido"
La joven movió la cabeza, con suavidad; hasta encontrarse con sus negros ojos. Sonrió, distante; no podía evitarlo. Siempre que lo veía, mirándola; sólo podía sonreír. Sí, el amor en Hermione era lo bastante fuerte como para sobrevivir.
Se lo habían explicado, aunque fuese doloroso. Le habían informado, que se consumiría su matrimonio y que; ellos jamás se amarían nuevamente. Era sólo cuestión de horas, antes de que comenzaran a ser; perfectos extraños nuevamente.
- Severus, ¿Cuantas horas nos quedan?- suspiró.
- No lo sé- dijo, con voz queda. Hermione apenas y le escuchó.
- No quiero irme, no quiero que me separen de ti.
Hermione tomó su mano, sin importar cuanto le doliese y; la depositó sobre su vientre. Era una suposición netamente ridícula el creer; que con ese gesto ellos volverían a amarse. Pero ella, aún creía en una conexión diferente.
Le mantuvo la vista, mientras ella sostenía su mano sobre su embarazo. Sintió algo redondo bajo su mano, y la levantó para mirar que era. Era otro anillo, pero aquel; no lo reconocía. ¿De dónde lo había sacado?
Quiso preguntar qué era, pero Hermione se le adelantó. Lo depositó en su mano, y luego la cerró; aún sonriente. Snape no entendía su gesto, pero aún así; decidió esperar a oírlo de ella.
- No le digas a nadie, que te lo he dado. Mi madre lo estimaba mucho, se lo regaló mi padre. Quiero que lo tengas, que te lo quedes. Lo recibí el día de mi boda.
- Hermione.
Pero no le dijo nada, no pudo. La chica, lo besaba; lo besaba con el amor más grande del que pudo ser capaz. Sabía, que tenía que despedirse, que su relación se había terminado. Y que, jamás podría volver a amarlo.
"El rechazo físico se ha creado, para que no puedan reparar su error. Parece"Se sostuvo contra su cuerpo, así se hiriese; ella no quería dejarlo. Ella no lo entendía, aún no se lo habían explicado; y era mejor no hacerlo. Era mejor no decirle, que Severus ya no la amaba. No como antes.
La separó de sí, a sabiendas que; le hacía daño. Sus manos acariciaron su rostro, una vez más antes de; caer en la cama nuevamente. Sus heridas se abrieron, con sólo tocarlo; pero eso ya no tenía importancia.
Se apartó de ella, dejándola sola. Sabía que, ella ponía todo su amor en ese regalo que le había dado. Pero, ¿Qué significaba? ¿De dónde había sacado ese anillo?
Dumbledore le observó con parsimonia, y entonces lo supo. Sí tenía en mente una solución, y debía tomar cartas en el asunto; antes de que fuese demasiado tarde. Debía volver a unirlos.
- ¿Cuanto más deberemos esperar?- espetó Sirius, la espera se hacía interminable.
- No han de tardar, lo presiento- contestó Snape, observando por un ventanal. Si algo sabía bien, era como trabajaban los "adeptos"
Dumbledore se acercó hasta él y se detuvo frente a él; tomando su mano entre las suyas. Aquello, pareció revelarle una idea que no era tan descabellada, pero por la situación de Hermione; temía que no funcionase.
- Severus. Necesito que vengas conmigo.
TBC.
Continúa en el siguiente, saludos y besos.
