Disclaimer and notices eternals.
Dedicado especialmente a AlfDay. Te quiero, amiguita. :)
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26
¡Sakura Uchiha, entra!
Yūyin jadeó antes de caer de rodillas al piso, con un hilo de sangre sobre su boca. El dolor interno y externo no era causa de golpes, sino de agotamiento de chakra. A pesar del arduo entrenamiento con Sarada y su propio padre, Yūyin aún no podía perfeccionar su control de chakra, por lo que a pesar de que sus ataques contra Hideo fueron buenos, no tardó mucho en agotarse.
Hideo sonrió al ver a su hijo rendido, en el suelo, arrastrándose hacia donde Sarada seguía inconsciente. Yūyin alzó la mirada hasta que sus ojos encontraron el rostro de su compañera. Apretó los puños; le había prometido a esa chica que no permitiría que nada malo le sucediera y si no había podido cumplir enteramente con esa promesa, entonces evitaría que siguiera sufriendo.
Con mucho esfuerzo, se puso de pie y sintió sobre su costado izquierda un dolor que no había sentido antes. Entonces recordó: en algún momento, Hideo lo había apuñalado. Yūyin vio su ropa manchada de sangre y tosió. Escuchó la risa de su padre, pero no le importó. Así tuviera que dar el resto de su sangre y fuerza, protegería la felicidad de Sarada.
Con un rápido movimiento, cargó chakra negro en uno de sus kunai.
— ¿Acaso piensas atacarme sólo con eso? — cuestionó Hideo, decepcionado. — Puedes hacerlo mejor.
— Tal vez, pero me he cansado de hacerlo mejor; ahora sólo quiero hacerlo correctamente. — respondió Yūyin antes de arrojar el kunai hacia las cadenas que aprisionaban los tobillos de Sarada. Repitió el proceso en sus muñecas y esperó, con los brazos extendidos, a que Sarada cayera.
Un momento después, Sarada abrió los ojos mientras Hideo negaba con la cabeza. Ese niño era terco en sus sentimientos.
Sarada tardó unos segundos en reconocer el rostro sucio de Yūyin, mas cuando lo hizo, arrugó el entrecejo y el mangekyō regresó a sus pupilas.
— Sarada-san… — la llamó Yūyin, tumbándose de nuevo en el suelo, sin soltarla. — Lo lamento tanto.
— Teme… — farfulló ella, recuperando fuerza con rapidez.
Sin embargo, antes de que alguien pudiera decir otra cosa, la puerta de piedra se abrió y por ella entró una figura alta, enfundada en una capa negra y con el rinnegan en el ojo izquierdo brillándole de rabia. Era Sasuke y clamaba venganza por la posible muerte de su esposa.
Se adentró a paso firme, ante la mirada escéptica de Sarada y la indiferente de Hideo. Sasuke avanzó hacia el padre de Yūyin, sin siquiera voltear a ver a su hija.
El cuerpo de Sasuke expulsaba chispas, al igual que su katana, aferrada por su mano derecha. La izquierda era acompañada por un poderoso chidori. No tendría compasión con ese hombre.
Su mente apenas reconocía a Hideo como el sujeto del que nunca se fió; sólo quería destruir al asesino, al secuestrador, al maldito que se había atrevido a obligarlo a semejante atrocidad.
— Creí que nunca llegarías, Sasuke. — dijo Hideo con cinismo. — ¿Tantos problemas te causó matar a tu propia esposa? — preguntó sin darle la importancia adecuada.
Los ojos de Sarada se llenaron de lágrimas al oír eso. Se deshizo del agarre de Yūyin y por fin se mantuvo de pie, con algo de esfuerzo.
— ¡Eso no es cierto! ¡Papá no haría nada de eso! — afirmó con el llanto empapando su rostro.
— ¡Sarada! — exclamó Sasuke, recordando qué era lo que hacía ahí. Apenas su rostro giró para mirar a su magullada hija, Hideo aprovechó su distracción. Lo golpeó en el rostro, tirándolo varios metros hacia atrás.
— ¡Papá! — gritó Sarada.
Hideo se acercó a Sasuke, quien se limpiaba la sangre del rostro con un movimiento rabioso, sin dejar de mirar a su contrincante. Sin embargo, la realidad era que Hideo había ideado un plan para drenar el chakra de Sakura, Sasuke y todo aquél que quisiera enfrentarse a él para evitar ser atacado con todo el poder. Y había funcionado; Sasuke estaba agotado y apenas los dos días en la cabaña habían servido para volver a utilizar su sharingan; pero su mal humor lo había despertado durante el discurso terriblemente duro de Sakura. Ahora sólo le quedaba el taijutsu y el chidori. No tenía grandes posibilidades contra un usuario muy poderoso del elemento capaz de absorber cualquier ninjutsu.
Empero, la promesa seguía siendo la misma: salvaría a Sarada aunque diera la vida.
Con un gran esfuerzo, las manos de Sakura se juntaron para formar el sello "tigre". Tsunade siempre le dijo que abrir ese sello sólo era permitido para una verdadera crisis, cuando lo más importante estuviera en riesgo. No se trataba de un poder que debiera utilizarse en cada batalla, sino que era un arma, una defensa, para contraatacar al enemigo.
Y Sakura sabía que la situación más importante que podría cruzarse en su vida era arriesgar la vida de su marido y su hija. Y no lo permitiría. Ella también formaba parte del legendario equipo siete y ella también había sido instruida por una sannin.
Sakura Uchiha no era ningún estorbo, no era ninguna inutilidad y no era ninguna cobarde. Ella salvaría a su familia y tendría las agallas suficientes para sobrevivir a ello.
— Abrir. — susurró.
De inmediato, la marca en su frente produjo diversos tatuajes en su piel. Sakura pudo sentir el chakra guardado durante más de diez años, recorrer su cuerpo.
— ¡Restauración divina! — exclamó justo antes de que sus células se duplicaran para cerrar las heridas internas y externas.
Su vida ya había sido acortada tiempo atrás, no importaba volver a arriesgarse. No valdría nada una vida larga sin la compañía de los que más amaba.
Después de medio minuto, Sakura pudo respirar sin obstrucción alguna. La sangre en sus pulmones había desaparecido, así como la profunda herida en su hígado. En cuanto terminaran con la sabandija que los había obligado a llegar a ese punto, iría a la clínica a revisar su matriz. Ya era tiempo de que Sarada tuviera un hermano.
Se levantó lentamente, esperando a que todas las heridas sanaran como deberían. Necesitaba revitalizarse por completo para enfrentarse al desgraciado que se había atrevido a hacer sufrir a su pequeña.
Una vez se sintió recuperada, escuchó lo que ocurría detrás de la maldita puerta que la obligó a decirle terribles cosas a Sasuke. Aún tenían tanto de que hablar, tanto de qué disculparse y tanto que prometerse. No, Sakura no se iría con un simple y estúpido chidori. Desde adolescente había odiado ese estúpido jutsu y seguía haciéndolo. Agradecía que Sasuke hubiera tenido la decencia de no enseñarle a Sarada ese maldito rayo azul.
Un grito de Sasuke llenó sus oídos y ella se apresuró a correr a la puerta.
Hideo esquivó sin problema alguno la katana electrificada de Sasuke. Contraatacó con el dragón negro que el raikage actual había aprendido de su predecesor. Sasuke extendió frente a él el protector brazo del susanoo para evitar el impacto.
— ¡Papá! — gritó Sarada de nuevo, tratando de ir con él, pero Yūyin la tomó de la muñeca y la acercó a él, ya de pie ambos.
En ese duelo de titanes, ellos no podían hacer otra cosa que no fuera mirar. Sonaba egoísta y tal vez lo era, pero Yūyin no permitiría que Sarada sufriera otro rasguño más; por eso esperaba que el padre de Sarada fuera lo suficientemente poderoso como para… para matar al padre de Yūyin.
Yūyin miró cómo ninjutsu y taijutsu se enfrentaban a pocos metros de él. Vio el esfuerzo con el que Sasuke movía cada músculo de su cuerpo y vio la sonrisa de satisfacción de Hideo. Miró la mano ensangrentada de Sasuke y adivinó que con esa mano había dado fin a la vida de su esposa. Miró el minúsculo rasguño en la mejilla de Hideo y supuso que en algún momento, Sasuke había conseguido rozarlo con la katana. Comparó a los dos hombres. Uno de ellos había mostrado siempre un rostro amable, había reído de las bromas del hokage y había prometido que serviría a la Hoja cada día de su vida; había engañado a sus cercanos, había usado a su propio hijo y ahora era el culpable de que una familia tuviera que sobrevivir sin uno de sus integrantes. Mientras tanto, el otro, era un hombre del que muchos todavía desconfiaban, que había sido un desertor de Konoha y que había atacado a los cinco kage, quien había intentado matar a su esposa al menos dos veces y quien se consideraba como uno de los hombres más peligrosos de la Hoja; había dado todo por su hija, la había educado como entendió y aunque cometió muchos errores, ahora estaba ahí, dándolo todo por salvarla. Eran dos ninjas muy distintos, pero sólo uno merecía sobrevivir.
— ¿Por qué haces esto? — preguntó Yūyin días atrás, mientras Hideo lo llevaba amarrado en su espalda a la guarida en la que ahora estaban.
— ¿Hacer qué? Te dije que es una sorpresa, hijo. — contestó Hideo, indiferente.
— Destruiste nuestra casa y colocaste un mensaje en la pared. No pude ver qué decía, pero no me parece que sea algo bueno. ¿Ocurre algo, papá? — continuó Yūyin, preocupado. — ¿Y por qué no puedo bajar?
— Porque sé que huirías, le contarías todo al hokage y terminarías con mi plan.
— ¿De qué hablas? — inquirió, sospechando algo similar a lo que en verdad ocurrió después de esa conversación. — Actúas como si esto fuera ilegal o algo por el estilo.
Hideo rió ante la ingenuidad de su hijo. Tal vez fuera su culpa por educarlo de una manera bastante rosa, por hacerle creer que la maldad era un mundo en el que ningún Kurogachi podría entrar. Fue su culpa por hacerle creer que el amor era lo más valioso en el mundo, por hacerle olvidar quiénes habían sido los Kurogachi antes de que los Uchiha intervinieran.
— Hace mucho tiempo, cuando tú todavía no nacías — comenzó, contando una historia que sabía Yūyin escucharía con interés. — Akari, tu madre, y yo buscamos un médico que nos atendiera, que le ayudara a dar a luz. Ella tenía cuatro meses, aproximadamente, así que pudimos caminar de aldea en aldea sin problema alguno, pero ningún médico nos hizo caso.
— ¿Y por qué no vinieron a Konoha? La madre de Sarada y Tsunade-sama la habrían ayudado. — respondió Yūyin, confundido.
— Porque tu madre enfermó durante el viaje y yo no tenía el dinero suficiente para llamar a una de las cinco grandes aldeas. Dada la alianza, sus habitantes se volvieron bastante mansos, así que habrían corrido para ayudarnos… si tan sólo hubiera tenido con qué pagarles.
Suspiró, recordando la expresión que su esposa mantuvo durante los restantes cuatro meses. Aunque sonreía cada que podía, su aspecto desmejoró con el paso de los días. No era lo único que había vivido con ella, claro, pero desde el día de su muerte, no podía recordarla de otra forma además de agonizando.
— Nos ocultamos en una pequeña aldea, donde escondimos nuestros apellidos y las marcas en nuestras manos. Pedimos ayuda a un médico, quien al creer que no pertenecíamos al clan Kurogachi, ayudó a Akari a mantener su embarazo lo mejor que pudiese. Ella prefirió cuidar de ti en lugar de cuidar de ella. Todavía no te conocía y ya eras su mayor tesoro. Akari tenía una voz preciosa y todas las noches hasta aquélla cuando las contracciones empezaron, te cantaba una canción de cuna.
Hizo una pequeña pausa, rememorando la noche que le siguió a las contracciones. Recordó las diecisiete horas de parto. Recordó la última petición de Akari y recordó qué era lo que lo arrastraba a secuestrar a la hija del heredero Uchiha.
Yūyin lo llamó para que continuara con el relato. Pocas veces escuchaba algo referente de su madre y cada mínimo detalle era guardado en su corazón.
— La noche en la que fui por el médico, mis manos se iluminaron tenuemente por los rombos que solemos utilizar y, desafortunadamente, el médico y su mujer lo percibieron. Se disculpó conmigo inventando que tenía un enfermo muy grave en casa y que no podría atender a mi esposa. Nervioso, me dio indicaciones para ayudar a Akari. Por supuesto, no sirvió de nada. En cuanto saliste del cuerpo de tu madre, ella me exigió, con la voz más débil que nunca, que le dejara ver tu rostro. Su penúltimo deseo fue que te llamaras Yūyin: ella sabía que serías muy noble y que serías dominado por la oscuridad, tu propio elemento.
— ¿Y ella cómo lo supo? — preguntó el genin, sonrojándose.
— Intuición de madre, supongo; la verdad, no me importa. Su última petición fue que encontrara tu felicidad y tu bienestar. Un segundo más tarde, ella murió. — terminó el relato. — Desde ese día he planeado esto, Yūyin.
— ¿A qué te refieres? — preguntó, removiéndose incómodo.
— Estamos a punto de llegar al lugar donde guardé todos mis trabajos y donde te dije un día que desatarías todo tu poder y todos los jutsu que te he enseñado. Desde los más básicos con el elemento oscuridad hasta los beneficios que éste te da para aprender más de mil técnicas. — explicó con orgullo. — Dime, Yūyin, ¿por qué crees que no quisieron ayudar a tu madre en ninguna aldea?
— Deduzco que por el clan, Kurogachi. — respondió Yūyin, con temor por las palabras de su padre.
— ¿Y sabes por qué nos rechazan? — Yūyin negó con la cabeza. — Porque nos desconocen, porque lo único que saben de nosotros es que fuimos expulsados de Konoha… los Uchiha nos expulsaron. Si ellos no hubieran cometido ese error, mi esposa no habría muerto en el parto, yo no habría tenido que recibirte y no habría tenido que acudir a estos recursos para vengarme.
— ¿Vengarte?… E-espera un minuto, no estarás pensando en lastimar a los Uchiha, ¿verdad? A Sarada-san, Sasuke-sama y Sakura-sama, ¿cierto? E-ellos no tienen nada que ver con la muerte de mamá. — alegó, apretando los puños.
— ¿Nada? Yūyin, ¿acaso no escuchaste lo que dije? ¡Ellos nos expulsaron de la aldea y nos exiliaron del resto! ¡Ni siquiera pudimos participar en la guerra! — le espetó, saltando hacia la guarida, temiendo que Yūyin huyera y lo delatara.
— ¡No nos expulsaron a nosotros, sino a nuestros antepasados! Y no fue Sasuke-sama quien lo hizo, sino su abuelo, quien ya está muerto. Además, la mayoría de los Uchiha fue aniquilada por el consejo hace veinticuatro años, ¡¿no te basta con eso?!
— No. La esposa del Uchiha no murió como la mía, ¿verdad? Aun cuando Sasuke Uchiha estuvo en el libro bingo y formó parte de Akatsuki, sí atendieron a su mujer. Le dieron comodidades, tuvo amigos a su lado… y la sacaron viva del quirófano. ¿Te parece justo, Yūyin? ¿La vida de tu madre vale menos que la de Sakura Uchiha? No, claro que no. Por eso ambos deben morir; me importa poco lo que le suceda a tu amiguita, sólo quiero deshacerme de sus padres, hacerlos sufrir tanto como Akari sufrió, hacerlos gemir, escuchar sus gritos de dolor. ¡Que paguen por lo que los Uchiha comenzaron!
Y era por esa razón por la que Hideo no había dejado de sonreír desde su encuentro con Sasuke. Evitando chidori y absorbiendo sus jutsu de fuego para regresárselo, Hideo disfrutaba, porque sabía que poco a poco la vida de Sasuke se terminaba.
— Sarada-san — le dijo, recuperando de golpe su chakra por un ataque de adrenalina. Por supuesto que no compararía la valía de la vida de Sakura y la de Akari, pero sabía que, en definitiva, la vida de un hombre que comprende qué es la familia y lo esencial en ella, vale mucho más que la de un sujeto que arriesgaría a su único hijo sólo para concluir una venganza sin fundamentos. — No somos suficientemente poderosos como para vencer a mi padre, pero no dejaremos que tu padre se rinda con tanta facilidad.
— ¡Sí! — respondió ella, olvidando lo que Hideo había dicho de Yūyin. Ella tampoco estaba dispuesta a ver morir a su padre; sobre todo, sin antes haberlo ayudado a luchar.
No obstante, el cuerpo de Sasuke cayó a dos metros de ellos, herido por un taijutsu muy fuerte. Hideo rió de nuevo mientras Sasuke se incorporaba, escupiendo sangre. Por lo menos el desgraciado ya tenía problemas para caminar pues Sasuke le había hecho dos cortes profundos en las piernas. Le costaría llegar hasta donde ahora estaba.
— Yūyin, cuídala. — dijo Sasuke, levantándose con mucho dolor. No había sentido algo así desde la primera vez que peleó contra Lee. — No permitas que sufra.
— Papá… — musitó Sarada colocándose detrás de él, para tomar su túnica. — No te dejaré solo, lo prometo.
— Lo sé. — respondió él mientras recibía por medio del cuarzo en su pecho, al igual que Sarada, una enorme cantidad de chakra.
Los cuarzos se iluminaron con fuerza mientras se completaba la transición. De inmediato, Sasuke y Sarada aprovecharon la nueva oportunidad para activar el sharingan. Esa pelea, no terminaría ahí.
Naruto indicó a los demás que se alejaran de la puerta que permanecía sellada. Todos obedecieron, pero Bolt se situó justo a un lado de Naruto. No quería separarse de su padre, menos cuando lo había utilizado para acelerar el rescate de Yūyin y Sarada.
— ¡Kurama! — gritó Naruto mientras la enorme bestia de nueve colas tomaba forma en el cuerpo del jinchuriki.
Sabían que Naruto, al igual que los demás, estaba agotando su chakra con las peleas y los recursos utilizados durante el viaje; pero ya habían esperado demasiado a que la maldita puerta se abriera. Además, Chōchō ya había intentado explotarla con su nueva arcilla, mas no había funcionado. El bijū dama debería servir de algo.
Una diminuta pelota azul oscuro que fue creciendo en el hocico de Kurama salió disparada en cuanto Naruto gritó el nombre del jutsu. Bolt se pegó todavía más a su padre, para evitar caer ante el estruendo del golpe en la puerta.
Tras un fuerte ruido, la piedra por fin fue explotada y, de inmediato, Naruto volvió a su modo normal. No estaba dispuesto a desperdiciar más chakra valioso. No quería utilizar el chakra de las demás bestias porque confiaba en su propio poder y en el vínculo especial que Kurama y él habían forjado durante la guerra.
Cuando por fin pudieron ver lo que había detrás del enorme pasillo en el que una copia de Akatsuki los había recibido, encontraron una sala amplia que tenía residuos de una pelea reñida. Vieron las marcas de los puños de Sakura en paredes y pisos y las quemaduras del chidori y el amaterasu de Sasuke. En definitiva, ambos habían luchado con todo su arsenal.
Bolt fue el primero en divisar algo más que las señales de batalla. A poco menos de veinte metros, estaba una puerta más, que apenas dejaba ver una increíble escena donde Sakura defendía a su familia, visiblemente herida. Los gritos de guerra de la jounin llegaron a los oídos de los demás ninjas, atrayendo su atención de inmediato.
— ¡P-pero ése es el padre de Yūyin! — gritó Chōchō señalando a Hideo.
— ¿Y e-eso es una pared de piedra cubriendo a Sasuke, Sarada y Yūyin? ¿Quién la convocó? — cuestionó Temari, segura de las capacidades de cada ninja en pelea.
Lo cierto es que justamente después de que padre e hija activaran la tercera aspa del sharingan, Hideo había preparado un potente ninjutsu de agua que derrumbaría a sus contrincantes mientras Sasuke y Sarada se preparaban para levantar el susanoo sobre ellos.
Sin embargo, antes de que eso pudiera ocurrir, Sakura saltó frente a ellos y creó un par de sellos con las manos antes de colocar la palma derecha en el suelo y alzar una enorme pared de piedra que los protegió del impacto. Sasuke, Sarada y Yūyin apenas tuvieron tiempo de sorprenderse, porque Sakura de inmediato explicó cómo lo había conseguido.
— Durante tu ausencia, Sasuke-kun, Ino me enseñó este jutsu. Dijo que todos lo copiaron durante la guerra, contra la pelea de Madara. Supe que en algún momento me serviría de algo entrenar con ella cuatro veces a la semana durante seis meses. — explicó con el cuarzo rosado aún brillando en su pecho. — A pesar de mi afinidad a la tierra, fue difícil hacer algo así.
— ¡Fascinante, mamá! — gritó Sarada alzando los puños, victoriosa.
Sasuke, aún en shock por volver a ver a su esposa y, no sólo eso, sino verla sin un rasguño sobre su piel, apenas alcanzó a sonreír. Por cosas como ésas, Sasuke amaba a Sakura. Ella seguía enorgulleciéndolo cada día, con cada logro, con cada esfuerzo.
— Descansa un momento, cariño. Yo me ocuparé de este patán. — aseguró Sakura antes de saltar fuera de la protección que ella misma había creado.
Hideo la esperaba, ligeramente molesto porque siguiera con vida. Sus manos se apretaban en puños mientras sus piernas se movían con trabajo, gracias a las estocadas de Sasuke.
— Has hecho que mi pequeña hija despertara el mangekyō sharingan y te has atrevido a tocar al esposo de Sakura Uchiha. Supongo que estás preparado, ¿verdad? — preguntó Sakura, ajustándose los guantes.
— Me has sorprendido, Sakura. Esperaba que para este momento ya estuvieras visitando a tus suegros. — respondió Hideo, esperando a que ella atacara primero.
— Hmph, vaya tontería. Para ser alguien cuyo deseo es destrozar a los Uchiha, no me conoces muy bien. Qué lástima, te perfilabas para ser un buen enemigo. — respondió ella cargando chakra en sus puños hasta crear una flama verde sobre éstos, símbolo de peligro para su enemigo.
— Tú lo has dicho bien, mi interés está en los verdaderos Uchiha. Y tú, querida, no entras en esa categoría.
Sakura sonrió al mismo tiempo que Sasuke. No tenía mucho que él ya le había aclarado la razón por la que ella sí pertenecía al clan. Podía haber nacido en la familia Haruno – de la que también se sentía orgullosa – pero se había ganado con su esmero y su insistente amor, un alto puesto entre los Uchiha.
— Ése fue tu más grande y, por suerte para ti, último error. — dijo Sakura antes de saltar, dejando en el suelo una gran marca de sus pies. — ¡Yo soy Sakura Uchiha! ¡Shanarō!
Hideo apenas pudo ver el momento en el que Sakura golpeó el puño contra su rostro. Empero, justo después del contacto de la ninja, Hideo se volvió un pedazo de tronco. Un truco viejo, pero efectivo.
Sakura percibió la presencia de Hideo detrás de ella y giró el cuerpo para seguir lanzando puñetazos y patadas con más potencia de la que acostumbraba. No podría perdonarlo, no perdonaría a cualquiera que hubiera lastimado a su hija.
Después de varios segundos – en los que el equipo de rescate sólo miró, incapaz de creer la rapidez con la que Sakura se movía y el increíble esfuerzo con el que Hideo esquivaba por medio segundo el contacto de Sakura – uno de los puños de la madre Uchiha cayó sobre el rostro de Hideo, lanzándolo al otro extremó de la habitación. Un gran cráter se creó por ese golpe, pero Hideo se levantó, con la nariz claramente rota y escupiendo un par de dientes. Afortunadamente, había esperado el golpe y había retrocedido medio metro para evitar que Sakura le rompiera el cuello.
Esa mujer era muy poderosa, demasiado para continuar con el juego del taijutsu.
Hizo un par de sellos para arrojar globos de lava, justo como la quinta mizukage había atacado a Sasuke tiempo atrás. Sakura saltó para evitar el impacto, pero una de las bolas de lava rozó su brazo, quemándole de inmediato.
Sakura, enfadada por la increíble cantidad de ninjutsu robados por Hideo, arrojó diversos kunai con papel bomba hacia el ninja. Hideo los esquivó sin problemas, burlándose de la técnica tan simple de Sakura. Volvía a ser la típica ninja sin más poder que el taijutsu. Personas como ellas sólo servían como refuerzo, no como atacante principal.
A menos, claro, que se tratara de una mujer tan inteligente como Sakura.
Valiéndose de los distractores que fueron los kunai, Sakura saltó hacia Hideo y golpeó el piso para hacerlo caer en un enorme hoyo. Había escuchado cómo Shikamaru había derrotado a Hidan y siguió sus pasos.
Sin embargo, Sakura escuchó el grito de Sai tras lanzar una de sus bestias de tinta hacia ella. Lo que sólo podía indicar una cosa: Hideo se encontraba justo detrás de ella, listo para atacarla.
[1] Yuu significa: "hombre sumamente amable" y yin es la parte negativa de la vida; complemento del yang. Honestamente, fue un nombre inventado que gracias al cielo funcionó en el fanfic. Sé que puede ser una tontería mía, así que me disculpo.
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Hola:
No sé por qué mi Word de la nada falló y casi pierdo los archivos de ahí. Por suerte, he guardado todo en mi correo y en Dropbox. Aunque sí pasé por un infierno. Pero vale, ya estoy aquí con todo y capítulo.
Creo que ya era adecuado que se viera la razón de Hideo para atacar a los Uchiha, ¿no creen? Y, sí, aprovechando que Yūyin era huérfano, coloqué esto. Ojalá les haya gustado, aunque está un tanto choteado -cofRincofIzunacof - pero vale, era lo más indicado.
Ahora, lo de Sakura ya se los había advertido desde el capítulo anterior. Más que nada es para que todos sepan que Sakura no es la misma niñita chillona que escondía detrás de Sasuke. Ahora ella es la que protege a Sasuke.
Y bien, el siguiente capítulo va a tener más participación de todos los que están por ahí. El capítulo se llama: "Lo que protege un Uchiha".
Les mando un abrazo.
Andrea Maca.
