Voy a hacer unas especificaciones de las edades, solo por si acaso.
Alec- 23 /Magnus-22/ Izzy-21 / Jace-22 / Jordan-27 / Maia-25 / Clary-21 / Jonathan-24 /Simón-26 / Woolsey-35 /Camille-33
No se me ocurre quien más.
Capítulo 25
Alec frunció el ceño, no entendía qué era lo que Jonathan quería.
—¿Entonces quién es?
—Quizás Magnus no sea la persona que piensas— Alec rodó los ojos.
—Deja de decir tonterías, y te repito, sal de aquí, o de lo contrario llamaré a seguridad—Jonathan lució como si le hubieran dado un golpe.
—No me crees.
—No tengo por qué hacerlo.
—Alec— a pesar de todo, los ojos verdes de Jonathan parecían llenos de honestidad, tanta que Alec le permitió hablar— Es verdad, jugué contigo, y sé que estuvo mal. Y no sabes cuánto me arrepiento, porque si desde un principio hubiera confiado en lo que sentías por mí y te hubiera dado una oportunidad, ahora mismo estaríamos juntos, y Magnus nunca hubiera sido parte de nuestras vidas.
—Jugaste conmigo— confirmó Alec— Yo no me arrepiento de que lo hayas hecho, ya que eso me hizo darme cuenta que aún no era el momento de encontrar a alguien para mí—el rubio levantó las cejas.
—Realmente quieres a Magnus— notó— Y eso es mi culpa, por haberlo llevado a ti. Lamento haberlos engañado para unirlos, y no por él, sino por ti, porque ahora tendré que romperte el corazón— Alec lo miró confundido.
—¿De qué estás hablando?
—Primero que todo, prométeme que me vas a creer— la mirada de Jonathan era suplicante, pero Alec no iba a caer tan fácilmente. Apretó los labios en una línea.
—No. Después de todo lo que has hecho, no tienes ningún derecho a pedirme que te crea. — el rubio pareció decepcionado. Caminó de vuelta al escritorio, tomó un sobre amarillo, y volvió sobre sus pasos.
—Como quieras— dijo, y le entregó el sobre a Alec antes de empezar a caminar hacia la puerta. Alec soltó el aire al darse cuenta de que finalmente se estaba yendo, y por inercia abrió el sobre que se le había sido entregado. Eran un montón de fotografías, las cuales, con solo darles una mirada, dejó caer al suelo. Se giró, agarró a Jonathan antes de que este pudiera salir de la oficina, y lo empujó contra la pared.
—¡¿A qué demonios estás jugando?! — gritó, la ira creciendo en él.
—¿No te gustó lo que viste? —preguntó inocentemente el chico. En la memoria de Alec aún estaban frescas las fotografías, todas ellas de Magnus teniendo relaciones sexuales con Woolsey Scott en varios lugares y diferentes posiciones.
—No permitiré que te metas con Magnus— gruñó— ¿Por qué quieres que piense que él me está engañando? —Jonathan parpadeó y duró un momento en silencio.
—Esto es increíble— dijo finalmente— Estás ciego. ¿Enserio no has notado cuando Magnus sale sin decir a dónde va? ¿O recibe llamadas o mensajes? ¿O al menos cómo está su cuerpo? Es obvio que cada vez que volvía de ver a su amante, debería estar con chupetones, o cansado, o como mínimo desarreglado. ¿No has notado ninguna de esas cosas? —Alec apretó los labios, negándose a creer que lo que sentía que se estaba perdiendo, esas corazonadas que había tenido, eran eso.
—Me niego a creerte—escupió, y lo soltó. Jonathan se arregló el cuello de la camisa.
—Te mostré fotografías—apuntó, y al parecer también estaba enojado. El ojiazul dirigió una rápida mirada a las fotografías aún en el suelo, donde se habían esparcido y ahora estaban a la vista. Tuvo ganas de volver y pisarlas.
—Las fotografías pueden editarse— replicó volviendo la mirada al frente— No te creo ni una palabra, le creo a Magnus, y él nunca me haría algo así—Jonathan levantó una ceja.
—Vaya que eres testarudo, pero por suerte para mí, todo lo que estoy diciendo es la verdad. ¿Quieres una prueba definitiva, a pesar de que te dejará destrozado? — el ojiazul estuvo a punto de negarse, pero antes de hacerlo, meditó aquello. ¿Qué más daba ver lo que sea que Jonathan fuera a mostrarle? Sabía que sería falso, y de todos modos necesitaba convencerse a sí mismo de que aquello no tenía nada que ver con sus corazonadas.
—De acuerdo— habló, haciendo que Jonathan sonriera— Pero apenas termine de ver tu dichosa prueba, te irás de mi oficina—el rubio se encogió de hombros.
—Si no te convence, desapareceré de la vida de ustedes dos para siempre— Alec asintió, le gustaba ese trato. Jonathan señaló hacia el escritorio, y el ojiazul lo siguió, dejando que el rubio lo sentara en la silla frente al computador, pero antes de tocar el aparato, volvió a hablar— Antes que nada, quiero que sepas que no hago esto para verte sufrir, porque sé que lo hará, por eso era que llegar hasta este punto no era el plan. Pero no dejaré que vivas engañado, creyendo ciegamente en alguien que no merece ni siquiera una pizca de tu afecto—el rubio buscó algo en internet, y después de unos minutos volvió a dirigirse a Alec— Te presento a quien realmente es tu prometido— y reprodujo un video en vivo.
Jace tamborileó sus dedos sobre el timón. Aún recordaba la voz de Woolsey cuando había hablado con él, y realmente estaba enojado; pero no sabía si aquello podría hacer que se desquitara físicamente con Magnus, o simplemente le diera una reprimenda. Quería subir para verificarlo, pero no podía hacerlo, y aun así estaba la constante sensación de que algo andaba mal, y de que si Woolsey lastimaba a Magnus y Alec se enteraba que él lo sabía y no lo había evitado, perdería a su hermano mayor.
Miró su celular y comprobó que habían pasado dos horas. ¿Qué hacía? ¿Ponía música? ¿Subía? ¿Seguía esperando? La incertidumbre lo estaba matando lentamente.
El celular en sus manos vibró, y vio titilar el nombre de su hermana. Contestó llevando el aparato al oído.
—Izzy.
—¿Dónde estás? — ella sonaba extrañamente seria.
—¿Todo está bien?
—Jace ¿Dónde estás? —repitió ella. Jace sabía que ni de chiste podía decirle donde estaba.
—¿Por qué quieres saberlo?
—¡Eres un maldito mentiroso! No querías que demorara a Alec para que convencieras a Magnus ¿No es así? Es algo más, y ustedes no están en el Dumort— Jace se congeló.
—Yo…
—¡Ustedes están engañando a Alec! — Jace pasó saliva.
—Izzy, espera, todo tiene una explicación. Por favor no le vayas a decir nada a Alec.
—¡¿Qué no le diga?! Eres un hipócrita, y yo creyendo que no te gustaba la idea de la boda porque Magnus no te agradaba ¡Cuando en realidad estabas celoso! Dime ¿Desde hace cuánto son amantes?
—Desde hace…— Jace se cayó de golpe al darse cuenta de lo que su hermana había dicho, y sacudió su cabeza— Espera ¿Qué?
—Ni siquiera sabía que eras gay, sabes disimularlo muy bien.
—¡Wow! Detén tu carro, amiga. Magnus y yo no somos amantes ¿De dónde sacas esa ridiculez?
—No me vas a engañar— replicó la chica, y Jace la escuchó escéptico— No soy tan tonta, Jace. Acabo de analizarlo todo, y es increíble que me haya dejado engañar por ti. Al menos a Magnus lo conocí recientemente ¿Pero tú? ¿Mi hermano? ¿El hermano y mejor amigo de Alec? No tienes idea de cuánto me has decepcionado.
—¡Pero no soy su amante! —replicó frustrado— Y deja de decir esas cosas, o alguien podría creer que es verdad.
—Alec ya lo sabe, y va a ir al Dumort para hablar con Magnus.
—¿Qué? —Jace sintió que el aire abandonaba sus pulmones y dirigió la mirada hacia el edificio, rezando porque Magnus saliera pronto— Izzy, las cosas no son como crees. Te juro que hay una explicación para todo, déjame contarte la verdad.
—Perfecto— dijo ella— Entonces vayamos todos al Dumort, y tú y Magnus dirán de una vez por todas que es lo que ustedes dos tienen— Jace planeaba contarle todo a Izzy, hasta lo del trato con Woolsey, pero aquello era algo que Alec no podía saber.
—No— habló precavido— Deja que ellos dos arreglen sus cosas. Tú y yo hablaremos solos y en la mansión.
—Como quieras— dijo, y colgó. Jace miró el celular sorprendido ¿Por qué demonios Isabelle había llegado a esa conclusión tan descabellada? Luego guardó el aparato en el bolsillo y volvió la vista hacia el edificio, casi exhalando un suspiro de felicidad cuando vio a Magnus salir.
Pero con solo verlo detalladamente era claro que el moreno no lucía feliz, al contrario, tenía una mueca en su rostro mientras caminaba extraño hacia el auto. Jace no le quitó la mirada de encima hasta que estuvo sentado a su lado.
—¿Y? —preguntó.
—Tenías razón.
—Desgraciado—Jace apretó el timón entre sus manos y tuvo ganas de subir y romperle la cara a Woolsey, pero trato de controlarse porque ambos tenían cosas que hacer—Muy bien, escucha, de uno a diez ¿Qué tan mal estás? —Magnus se giró hacia él, desapuntó su camisa y estiró sus brazos, revelando varias heridas sangrantes en su pecho y dos feos aros rojos alrededor de sus muñecas. Jace hizo una mueca— Digamos que siete, necesito que te recompongas— Magnus volvió a abotonarse.
—¿Por qué?
—Alec cree que tú y yo somos amantes— Magnus abrió los ojos— Lo sé, de seguro todo fue ocurrencia de la creativa de Isabelle. Como sea, él irá al Dumort para encontrarse contigo y que le expliques qué está pasando.
—¿Qué es el Dumort? —preguntó Magnus confundido.
—Un hotel, yo te llevo, eso no importa. La cosa aquí es que mientras tanto yo me encontraré con Isabelle y le diré toda la verdad—el moreno no lucía muy seguro de eso, el hecho de que Jace ya lo supiera era algo riesgoso, y nada les aseguraba que Isabelle guardaría el secreto. El rubio notó esa duda— No te preocupes, sé que puedo convencerla. En realidad, me preocupan más tú y Alec ¿Qué le dirás? — Magnus no tenía idea, y francamente tampoco tenía ganas de seguir mintiéndole a Alec.
—No lo sé, después lo pienso. Solo vayamos— Jace asintió, y después de darle una última mirada preocupada a Magnus y su desastroso aspecto, arrancó el convertible.
Jonathan maldijo mentalmente, ya que no contaba con que Woolsey tomara a Magnus de una forma tan salvaje y ruda como lo había hecho, incluso lo había amarrado a los postes de la cama y se había asegurado de dejar marcas con sus dientes en todas partes antes de penetrarlo sin ningún tipo de preparación, haciendo al moreno gritar. El video terminó siendo uno de los mejores homo eróticos que había visto en toda su vida, y solo lamentaba dos cosas: que hubiera sido en vivo, por lo que no pudo grabarlo; y que ahora tenía un problema en su entrepierna. Finalmente aquella deliciosa tortura visual terminó una vez que Magnus salió de encuadre y Woolsey se acercó a apagar la cámara, enviando la imagen a negro. Jonathan pensó que si aquello no convencía a Alec, nada lo haría.
—¿Y? —le preguntó al chico mientras apagaba el computador, pero el ojiazul no dijo ninguna palabra. Jonathan giró el escritorio y se agachó para ver su rostro, estaba más pálido de lo normal—¿Alec?
—Esto no es cierto— murmuró. Jonathan rodó los ojos.
—Sí lo es, y no sé qué más hacer para que te conven…—pero se calló de repente cuando se dio cuenta de que, de hecho, Alec ya estaba convencido. Si Jonathan tuviera que retratar como se vería un corazón roto, pintaría el rostro de Alec en esos momentos.
—Magnus…—murmuró Alec con los ojos completamente abiertos, y luego se puso de pie para salir de la oficina.
—Espera— Jonathan se irguió— ¿A dónde vas?
—Tengo que hablar con Magnus— dijo el chico con su voz temblando. El plan original era que Jonathan fuera con él y ayudara en lo que hiciera falta para que Alec se deshiciera de Magnus, pero no contaba con que necesitaría un momento a solas para poder liberarse del dolor que lo martirizaba.
—Ve, yo te alcanzo— Alec, sin coordinar muy bien qué era lo que pasaba a su alrededor, salió a trompicones de la oficina. Jonathan tomó su celular, ya que había una llamada que debía hacer antes de encargarse de sí mismo.
—¿Si? —contestó Woolsey.
—Lo hiciste de maravilla, eres una bestia en la cama. Recógelo en el Dumort— Jonathan sonrió— Finalmente, está pasando.
Magnus estaba sentado en uno de los sofás del elegante hotel Dumort. Jace hacía un rato que se había ido a encontrarse con Isabelle, y se supone que mientras tanto él debía recorrer el lugar para conocerlo y ver si le agradaba, y de paso pensar en qué mentira le diría a Alec con el fin de convencerlo de que Jace y él no eran nada, todo sin mencionar a Woolsey.
La cosa era que estaba seco. Había dicho muchas mentiras varias veces, y siempre se había jactado de ser un buen mentiroso, pero después del maravilloso viaje a Japón, sentía que algo había nacido entre Alec y él, y temía que si decía una sola mentira más, lo mataría.
Quizás Alec no necesitaba enterrase de lo de Woolsey, pero eso no significaba que debía mentir, solo debía fijarse bien en lo que iba a decir y apegarse al único propósito de destruir cualquier idea de un amorío con Jace. De todos modos, confiaba en que Alec realmente no estuviera dudando de él, que sintiera cuanto le amaba, y que por ello sacarlo de su error no fuera tan difícil.
Finalmente escuchó el chirrido de la puerta principal al ser abierta, y ansioso se puso de pie. Alec apareció caminando hacia él unos momentos después, y Magnus detuvo el impulso de cubrirse la boca con la mano al ver al ojiazul, ya que sus ojos estaban rojos y su rostro completamente decaído, como si en un par de horas le hubiera robado toda su energía. El moreno tuvo que retractarse de sus anteriores pensamientos, ya que al parecer su prometido sí que estaba convencido de su error.
Alec finalmente llegó hasta él y se detuvo manteniendo una distancia lo suficientemente grande como para que a Magnus le doliera.
—¿Es verdad? —preguntó, y en sus ojos estaba la súplica "Por favor dime que no lo es". Magnus pasó saliva.
—Alec, te juro que Jace y yo no somos amantes— el ojiazul bufó.
—No Jace— llegó hasta Magnus en dos pasos, y antes de que este pudiera reaccionar, usó sus dos manos para agarrar la camisa y desgarrar los botones, haciendo que la tela se abriera dejando el pecho al descubierto. Magnus inmediatamente dio un paso hacia atrás y llevó un brazo para cubrir la zona, pero era tarde, ya que Alec lo había visto y ahora sus labios temblaban.
—Nunca hubo un perro— habló, y Magnus empezó a sentir un feo dolor en el pecho, la anticipación de que algo malo iba a pasar— Tampoco ninguna caminata. Todas fueron mentiras para que pudieras ir a encontrarte con él.
—Alec…
—Woolsey Scott— la voz del ojiazul sonaba rota, y Magnus tenía ganas de hacerse bolita y cubrirse los oídos, solo para no tener que escucharlo así— Cuando te encontré a ti y a él sentados en mi cala, me dijiste que te había parecido guapo, pero no le tomé importancia. Luego me ayudaste cuando fuimos al Praetor, y realmente creí que estábamos en el mismo bando.
—¡Lo estamos!
—¿Y me juzgaste a mi creyendo que lo de la bodega había sido un plan mío y de Jonathan? ¡Sabiendo que tú y Woolsey se entendían! — Magnus negó efusivamente con la cabeza.
—No, te juro que en ese entonces él y yo no éramos nada. Y también que todo esto tiene una explicación—Magnus intentó caminar hasta Alec, pero el ojiazul retrocedió.
—¡No te atrevas a tocarme! ¿Y por qué debería creerte? Todo este tiempo me has estado mintiendo, jugando con mis sentimientos igual o peor de como lo hizo Jonathan. Al menos él nunca me ha dicho que me ama ni que se casaría conmigo mientras se acostaba con otro—Magnus de negaba a rendirse. Dado que no podía llegar a Alec, mantuvo sus brazos a sus costados.
—Yo sí te amo.
—Eso nunca fue cierto— Alec se giró, quizás para salir de ahí, y Magnus tuvo miedo de perderlo. Corrió y le cerró el paso.
—Si lo es, y por eso fue que hice lo que hice—el ojiazul lo miró, y Magnus entendió por qué era que había querido irse: no quería que Magnus viera que había empezado a llorar.
—¿Te acostaste con él porque me amas? ¡No te creo ni una palabra! Jace tenía razón, todo lo que querías era dinero, y por eso te vendiste a mi pese a que a quien querías era a alguien más—Magnus hizo una mueca ante tan crueles palabras, pero se negaba a dejarse herir de parte de ellas, ya que sabía que Alec estaba herido, y por lo tanto podría decir estupideces que muy probablemente no pensaba.
—Yo sé que realmente no crees eso de mi—habló, y Alec bajó la mirada para ocultar sus ojos— Sé que puedes sentir que te amo, y por eso mismo te pido que me creas. Realmente me acosté con él por ti, para protegerte— Alec levantó la mirada— Si no lo hacía, él iba a ensuciar tu nombre.
—¿Te amenazó? —preguntó el chico, y Magnus tuvo una luz de esperanza. Quizás, si le decía a Alec toda la verdad, el ojiazul pudiera perdonarlo— Dime exactamente como fueron las cosas, y por favor, esta vez no me mientas.
—Todo comenzó cuando Woolsey me citó para entrevistarme— empezó el moreno, con sus manos temblando de miedo de que la verdad no fuera suficiente— Él había logrado averiguar que me prostituía, y me pidió una entrevista sobre todos los detalles para publicarla. No podía permitir que eso pasara porque no quería que mi pasado te arruinara, por lo que… me acerqué a él…y…—Magnus no sabía cuán difícil sería decir aquello, era como si frente a Alec, el chico que amaba, dejara caer una fachada y le enseñara la parte más horrible de sí mismo— y le dejé claro que podía tenerme si no publicaba, y él me correspondió, así que no publicó aquello. Pero luego, cuando fuimos a entregarle la invitación a nuestra boda, me buscó en el baño para decirme que podía destruirte porque tenía pruebas de que eras una mala persona, todas mentiras, pero todas por mi culpa. Así que no tuve de otra, no podía dejar que manchara tu nombre, por lo que volví a… entregarme. He tenido que hacerlo desde entonces, cada vez que él me llamaba, debía ir, o de lo contrario publicaría la historia. Y lo de hoy, las heridas que viste, fueron porque estaba enojado de que me haya escapado a Japón sin avisarle—Alec parpadeó hacia él, intentando digerir toda la información, pero no dijo nada. Magnus comenzaba a desesperarse— Alec, por favor, te juro que esta es la verdad.
—Lo sé— Magnus sonrió esperanzado— Y tienes razón, sé que me amas, y sé que te amo—a pesar de que aquellas hermosas palabras estuvieran saliendo de los labios del ojiazul, sus ojos aún lucían tristes— Pero, de todos modos, eso no cambia lo que hiciste. Me traicionaste.
—¡Lo hice por ti!
—¡Yo nunca te pediría que hicieras algo así por mí! — Alec lucía enojado y roto a partes iguales, con su ceño fruncido pero con lágrimas surcando sus mejillas— Magnus ¿Qué no me conoces? Preferiría que Woolsey dijera un montón de mentiras que hiciera que la gente me odiara, a tener que compartirte con alguien más. Y ni siquiera compartirte, porque yo nunca estuve contigo de la forma en la que Woolsey lo ha estado muchas veces—a Magnus no le gustó que el ojiazul hablara en pasado.
—Sé que nunca me pedirías algo así, por eso es que no te lo dije. Entiéndeme, por favor, quería protegerte de la parte de mí que pudiera lastimarte.
—Nada puede lastimarme más que esto— Magnus recibió aquellas palabras como un golpe bajo— Y lo que no entiendo es por qué no me lo dijiste. Éramos un equipo, una vez me habías prometido que me tendrías en cuenta, que los dos hablaríamos para tomar decisiones juntos sobre algo que nos concierne a ambos. Y, de nuevo, me dejaste por fuera—el moreno sentía que se estaba quedando sin argumentos, o quizás fuera simplemente el temor el que no le dejaba pensar con claridad. Él no iba a perder al ojiazul.
—En Japón, me dijiste que no iba a volver a sufrir o a llorar— sabía que estaba siendo injusto, pero estaba dispuesto a tomar medidas desesperadas. Sentía que todo eso era una despedida, y no le gustaba— Y que de ahora en adelante te tendría a ti, que me harías feliz.
—También te dije que podía hacerlo si me dejabas— replicó— Pero nunca me dejaste, simplemente porque nunca cambiaste. Quizás te enamoraste de mí, pero eso no significa que hayas dejado de ser el trabajador sexual—el moreno sintió su corazón romperse.
—¡Claro que dejé de serlo!
—¡Magnus, a pesar de todo, te vendiste! — el moreno hizo una mueca— Hay otras cosas en el mundo que pueden convencer a una persona, pudiste incluso intentar con dinero, sabes que tenemos de sobra. Pero en lugar de pensar en alguna otra alternativa, o de por lo menos habérmelo dicho, preferiste entregarte. Hiciste un canje con tu cuerpo ¿Dime eso que tiene de diferente a lo que hacías en Inglaterra? —Magnus, dolido, cerró la boca porque sabía que Alec tenía razón— Nunca cambiaste realmente, nunca confiaste en mí, y tampoco me dejaste hacerte feliz simplemente porque te aferraste a quien eras en el pasado.
—Lo hice por ti— repitió nuevamente, y empezó a sentir que sus ojos ardían. Alec apretó los puños a sus costados.
—¡Deja de decirlo! Magnus, yo te amo ¡¿Tienes idea de cómo me rompe el corazón cada vez que dices que te acostaste con ese hombre por mí?! ¡No quiero creer que soy el culpable de algo así! —Alec recorrió a Magnus con la mirada, dándole especial atención a su pecho y a las muñecas, donde el dolor físico de Magnus se vio reflejado en su rostro, como si fuera él a quien le dolía— Yo no soy el culpable de que te hayan lastimado, y tú no me diste la oportunidad de poder evitarlo—Magnus abrió la boca para decir algo más, pero la puerta de la entrada se escuchó, y un momento después Jace estuvo parado al lado de ellos, evaluando a Magnus y a Alec sorprendido, el ´primero con la camisa rasgada, y el segundo con lágrimas en su rostro.
—¿Qué está pasando aquí?
—Ya lo sabe todo— respondió Magnus con voz muerta, y Jace perdió el aire de sus pulmones al entender que ese "todo" no se refería únicamente al malentendido que Isabelle había armado, sino a lo del trato con Woolsey. Se giró hacia Alec.
—Alec, no vayas a ser cruel con él. El idiota creo que sería capaz de hacer cualquier cosa por ti—Magnus estaba conmovido de escucharlo, pero demasiado dolido como para demostrarlo. El ojiazul miró s su hermano y entrecerró los ojos hacia él.
—¿Lo sabías?
—Lo descubrí hace poco— aclaró el rubio.
—¡¿Y dejaste que se acostara con Woolsey Scott?!
—Lo hizo porque te ama, y porque no iba a durar— Magnus veía a Alec enojado y decepcionado, pero Jace no lucía temeroso, al contrario, se le notaba muy confiado— Por eso era que nos veías juntos tanto tiempo. Él hacía su parte y yo hacía la mía al intentar desentenderte de los negocios familiares, todo para protegerte— Alec se puso rojo, y Magnus sabía que no era de vergüenza.
—¡¿Por qué todo el mundo quiere protegerme?! Nunca les pedí que lo hicieran, y no lo necesito. Y tú ¡Te dije que no volvieras a tomar decisiones en mi vida! —Jace levantó la barbilla.
—Deja de hablarme, si quieres, pero no me arrepiento. Eres lo suficientemente desinteresado como para no pensar en ti mismo, pero por suerte, Magnus y yo moriríamos por ti. Por eso hicimos todo esto sin decirte una palabra— Alec negó con la cabeza.
—¿Cómo pudiste dejarlo? ¡¿Qué no ves lo que ese hombre le hizo?! ¡Y yo solo lo he visto dos veces! No quiero ni imaginarme en cuantas veces terminó así de lastimado. Si ibas a tomar decisiones en mi lugar ¿Te costaba mucho cuidarlo por mí? —la respiración de Magnus se atrapó en su garganta. Jace chasqueó la lengua.
—Tienes razón, no evité que terminara lastimado, y no sabes cuánto lamento eso.
—También yo— soltó Alec, y volvió a girarse para volver a irse. Magnus reaccionó y volvió a cerrarle el paso, pero esta vez Alec hizo una mueca de dolor— Magnus, por favor, no.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó temeroso. El ojiazul suspiró.
—No va a haber boda— Magnus sintió que su mundo se derrumbaba. Escuchó un par de pasos, pero antes de que Jace pudiera intervenir, Alec lo miró— Tú no digas nada, ya has hecho suficiente. Esta vez quien tomará las decisiones seré yo, porque tú entregaste a mi prometido a otro hombre, y tú me mentiste. Ambos me traicionaron, y lo peor es que me siento como si yo hubiera sido el responsable de todo.
—No puedes deshacerte de mí así— habló Magnus con su voz temblorosa— Tú me amas, y yo te amo, y todo está listo. Planeamos nuestra boda juntos, entregamos las invitaciones…
—Tú nunca me dejaste ser parte de tu vida— replicó el ojiazul— Y ya basta de hacerme sentir culpable.
—¡No! ¡Yo soy el culpable! —Magnus buscó las manos de Alec, y pese a que el ojiazul se resistió, las agarró con fuerzas, aferrándose a ellas como si su vida dependiera de ello— Todo esto es culpa mía, yo fui el que actuó mal y el que te mintió. Por favor, perdóname, pero no me dejes— Alec cerró los ojos como si aquello le doliera—Es cierto, me cuesta dejar de ser el prostituto de Inglaterra, pero si me das otra oportunidad te prometo que haré mi mejor esfuerzo, y esta vez será real—Alec abrió los ojos y lo miró con tristeza.
—Magnus, te vi acostándote con Woolsey, en un video y en vivo— Magnus dio un jadeo y un paso hacia atrás. De pronto ya no era una fachada la que se había caído, sino todo él. Se sentía humillado, avergonzado y completamente sucio. Los ojos azules aún seguían tristes, pero Magnus ya no era capaz de verlos simplemente porque no se creía merecedor de hacerlo. Dio dos pasos hacia atrás sin levantar la mirada, y se giró para salir corriendo del Dumort sin sentir que en su cuerpo quedaba al menos una gota de dignidad. No había nada, él no era nada, no ahora que Alec lo había visto en su verdadera esencia.
Caminó por las calles fuera del Dumort con su mente en blanco, sus mejillas húmedas, y sus pasos arrastrados sobre la acera. Ahora era oficial: no tenía nada ni a nadie.
Vagamente escuchó a un auto a su lado, pero no le prestó atención, y solo dejaba que las lágrimas cayeran libres de sus ojos. Unos momentos después sintió unos brazos rodeándolo y guiándolo, y cuando se dio cuenta estaba sentado en el asiento de copiloto. Dejó caer su barbilla sobre su pecho y cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas poder ponerle fin a su miserable existencia.
Fin :3
Okno, les advertí que sería largo, aunque ya casi.
