Autor: Demonocracy

Personaje y concepto navideño: Tae-Jun e Intercambio de regalos.

Rating: K

Género: Friendship


Disclaimer: Akatsuki no Yona pertenece a Kusanagi Mizuho sensei.


(Inter)Cambio de Corazón

Tan pronto como Tae-Jun leyó el papelito del intercambio, quiso saltar de felicidad.

En el pequeño trozo de papel, una palabra escrita en tinta rosa había logrado alegrarle el día: Yona.

Yona. Yona. Yona. La misteriosa chica pelirroja de su clase de Ciencias Sociales, esa adorable dama que había logrado enamorarlo con tan sólo una mirada de aquellos ojos violetas.

Aquella chica que, por culpa de su distraída forma de ser, se había resistido a todos los avances amorosos de Tae-Jun durante el semestre. ¡Lo muy distraída que debía ser! ¿De qué otra forma podía ser inmune a los encantos de alguien como él?

Fuera como fuese, la oportunidad definitiva de Tae-Jun había llegado. Durante ese intercambio navideño, Tae-Jun tendría la oportunidad de impresionar a aquella reacia chica de una vez por todas.

¿El destino finalmente se había apiadado de él?

Ya podía imaginarlo, la mirada de aquella chica cuando Tae-Jun llegara al salón de clases con un gigantesco ramo de flores para ella…

Aunque, bueno, las flores no eran tan navideñas. ¿Y si agregaba unos chocolates al regalo? No, no. Para nada navideño.

¿Ropa? ¿Algo abrigado para el frío o algo que a él le encantaría verle puesto? ¿Zapatos? ¿Importaría un poco que Tae-Jun no tuviera idea alguna sobre las tallas de ropa femeninas?

¿Peluches? No, no, demasiado infantil. ¿Artículos de cocina? ¿Una tarjeta de regalo? ¿Dinero?

¿Acaso… acaso él no la conocía en absoluto?

Tae-Jun estaba listo para pedir ayuda –a sus compañeros, a los directivos, a Santa Claus mismo, a quién fuera–, cuando una de sus compañeras tuvo una idea fantástica.

— ¿Puede escribir cada uno en el pizarrón lo que quiere que le regalen?

¡Aquel debía ser su día de suerte! Pensaba Tae-Jun, a duras penas conteniendo las ganas de ponerse a bailar en su lugar.

Uno a uno sus compañeros pasaron al frente, anotando en el pizarrón su nombre y las opciones de regalo que deseaban.

Tae-Jun estaba cerca, tan cerca de finalmente impresionar a la chica de sus sueños. Una vez que consiguiera lo que fuera que ella deseaba, no habría manera de que Yona se resistiera a él.

Cuando la clase entera se va, Tae-Jun camina al frente del salón con una enorme sonrisa en el rostro, consciente de que cada paso que da lo acerca más y más al amor de su vida.

Al llegar al pizarrón, busca el nombre de Yona en el mismo y una vez que lo encuentra, se lleva una terrible sorpresa.

Junto al nombre de su adorada Yona hay escrita solamente una palabra, con marcador negro y sin opción para escoger algo más.

Comida.


El día del intercambio, Tae-Jun llega muy temprano.

Detrás de él, entra su chófer cargando bolsa tras bolsa de alimentos. Pizza, hamburguesas, papas fritas, sándwiches, pollo frito y ensaladas. Galletas, pastelillos, tartas y chocolates. No había nada malo en llevar un poco de todo, ¿No era cierto? –Claro, claro, nadie tenía que enterarse de que era porque no sabía lo que le gustaba a Yona–.

El intercambio de regalos comienza entre abrazos y felicitaciones, y conforme los minutos pasan Tae-Jun se da cuenta de algo terrible: Yona no aparece por ningún lugar.

Una gota de sudor corre por su frente, ¿Y si… y si ella no llegaba? Uno de sus compañeros le entrega su regalo y Tae-Jun lo toma sin prestarle mucha atención.

El tiempo corre y con cada segundo que pasa la impaciencia de Tae-Jun aumenta.

Su pie golpea el suelo sin descanso y le es imposible prestarle atención a la celebración que lo rodea.

Y finalmente, con un elegante retraso, ella llega.

— ¡Yona! —salta Tae-Jun tan pronto como la ve entrar al salón.

—Lo siento —ella se disculpa—, tuve un contratiempo.

La pelirroja entrega su obsequio, dándole un fuerte abrazo al destinatario de su regalo. Y es entonces cuando Tae-Jun recibe toda su atención.

—Soy Kan Tae-Jun —comienza él, irguiéndose en toda su altura frente a Yona—, soy tu Santa secreto.

— ¡Oh! —exclama Yona, mirando las bolsas que ocupan toda la mesa de Tae-Jun— Esa es mucha comida.

—No-no sabía qué te gustaba, así que…

— ¡Es perfecto! —sonríe Yona y Tae-Jun casi siente su corazón detenerse ante ella— Muchas gracias.

—No fue nada —masculla el hombre, hinchándose con orgullo.

…hasta que ve a la despistada pelirroja comenzar a cargar todas las bolsas, pareciendo más que dispuesta a irse.

— ¿Y-Yona?

— ¿Sí? —pregunta ella, con una mirada inocente.

— ¿Cargarás todo eso tú sola?

—Sí. O bueno… no pensé que necesitaría ayuda…

Y entonces Tae-Jun tiene una idea grandiosa –como era de esperarse–, y adoptando un gesto galante le dice a Yona:

—Yo puedo llevarte. Mi chófer está justo afuera.

La pelirroja parece pensarlo y tras unos segundos, dice—: Gracias, eso sería de mucha ayuda.

Tae-Jun sonríe, complacido con sí mismo, y tras ayudarla a cargar las bolsas –¿Siempre habían sido tan pesadas?–, camina junto a ella hacía la salida.

¿Había alguien antes, en la historia de la humanidad, tenido una idea tan grandiosa como la suya?


Con tan sólo poner un pie en el lugar, Kan Tae-Jun sabe que esa fue una mala idea.

El lugar al que lo llevó Yona es amplio y cálido, pero hay tantas personas ahí adentro que es casi imposible moverse. Muchos de los que están ahí usan sucios andrajos para protegerse del frío y al menos la mitad de ellos tienen la apariencia de estar enfermos.

— ¡Santo cielo! —exclama Tae-Jun, cuando una mujer estornuda muy cerca de él.

— ¿Eso es para nosotros? —pregunta un anciano delgaducho, tratando de tomar una bolsa de las manos del chico.

— ¡No! —casi grita Tae-Jun, alejándose del hombre con quizá demasiada brusquedad.

—Sí, lo es —le sonríe Yona al anciano, colocando una mano tranquilizadora sobre su hombro—. Pero debe formarse para recibir su comida.

El hombre asiente, alejándose de ellos tan pronto como llegó.

—Yo… —masculla Tae-Jun—, lo siento.

—Está bien —lo calma Yona, mientras se abre paso entre las personas y lo guía con un—: Por aquí.

Tae-Jun camina detrás de ella, notando la larga fila de personas que aguardan por comida.

Yona se acerca a una mesa, en la que deja las bolsas que cargaba, para después girarse y ayudar a Tae-Jun a acomodar las que él llevaba.

—Tardaste, princesa —dice alguien detrás de ellos, y Tae-Jun se gira para encontrarse a un alto chico de cabello negro, que lo mira con la misma curiosidad que él siente.

—Lo siento, Hak. Eran demasiadas bolsas y Tae-Jun se ofreció a ayudarme a traerlas —le sonríe Yona.

— ¿Oh, lo hizo? —contesta Hak, enarcando una ceja en dirección a Tae-Jun, quien siente el irracional y repentino impulso de alejarse lo más posible de Yona.

Pero Tae-Jun, siendo valiente –o demasiado tonto–, se mantiene en su lugar.

— ¡Yona, Hak! —grita un chico de cabello color durazno, con un cucharón en la mano— ¿Se quedarán ahí toda la noche? ¡Incluso Zeno está ayudando!

— ¡Ya vamos, madre! —contestan ellos, y Yona ríe discretamente cuando escucha varias quejas detrás de sí.

— ¿Trabajas aquí?

—No —responde ella, comenzando a acomodar la comida sobre la mesa.

—Entonces, ¿Por qué lo haces? —pregunta Tae-Jun, realmente interesado.

—Me gusta ayudar a las personas —sonríe Yona, y la respuesta es tan simple y genuina que hace a Tae-Jun sentirse mal por haberlo preguntado siquiera.

— ¿Van a… van a pasar aquí la navidad?

—Sí, al menos hasta medianoche. Después de darle una cena navideña a todos y limpiar.

Tae-Jun asiente, consciente de que su interacción con Yona está llegando a su fin… y deseando evitarlo a toda costa. Incluso a pesar de su comodidad y salud.

— ¿Hay algo que pueda hacer por t-ustedes?

Yona lo piensa por unos segundos y después le dedica a Tae-Jun una mirada sorprendida.

— ¿Te… te gustaría ayudar?

Tae-Jun no puede contestar –¿Ella estaba usando unos ojos de cachorrito para convencerlo? ¡Como si los necesitara!–, y tras unos largos segundos atina a asentir con la cabeza.

— ¡Bien! —parece gritar Hak detrás de él, ¿Había estado ahí todo el tiempo?— Ayúdanos a repartir comida.

Tae-Jun acepta –¿Le quedaba otra opción de todos modos?–, y toma un lugar al frente de la fila, colocando platos tras platos de comida en las manos de aquellas personas hambrientas.

Hay algo dentro de él que toma calidez ante cada palabra de agradecimiento de las personas que acuden al lugar y poco a poco, el entusiasmo de Tae-Jun crece.

Tras una llamada, su chófer llega al lugar con cajas y cajas de pañuelos, además de antigripales que Tae-Jun mismo reparte.

Él corre por todo el lugar, repartiendo pañuelos y comida, siguiendo las instrucciones de Hak o de Yona o de cualquiera que lo necesite. De vez en cuando termina ayudando a alguien a abrir sus bebidas, cortando su cena en pedazos o lavando una que otra olla.

Casi al terminar la noche, alguien pone un plato de comida entre sus manos.

—No —protesta él—, yo no tengo hambre.

—Hiciste un buen trabajo —le sonríe un chico rubio, con sus ojos azules chispeando con alegría— y mereces una recompensa.

—Gracias —acepta Tae-Jun, notando de pronto lo hambriento que se encuentra y comienza a comer con gusto.

—Tae-Jun —le sonríe Yona, acercándose a él—. Terminamos nuestro trabajo aquí, si quieres puedes irte cuando termines de cenar.

—De acuerdo —acepta él, y su cansado cuerpo lo agradece.

La pelirroja le dedica otra enorme sonrisa y se dispone a irse cuando Tae-Jun llama su atención.

— ¡Yona! —dice él— Gracias por invitarme esta noche. T-tal vez no lo habías notado, pero… y-yo tenía muchas ganas de p-pasar tiempo cont-tigo y conocerte.

—Gracias a ti, Tae-Jun, por haber aceptado quedarte. Yo y todas las personas aquí apreciamos tu ayuda más de lo que crees.

Tae-Jun le sonríe de vuelta, agradecido por lo que probablemente es el primer cumplido sincero de su vida.

—También me alegra saber que eres diferente al chico presumido que finges ser en la escuela —sonríe ella, la epítome de la sinceridad.

—Oh, yo… gracias —murmura Tae-Jun, levemente ruborizado. ¿Era así como ella lo veía? Eso explicaba muchas cosas…

— ¡Feliz navidad! —le desea ella con una sonrisa que lo deslumbra.

…Y aun así, él no se arrepentía de nada en absoluto sobre aquella interesante velada.


— ¿Hora de irnos a casa? —pregunta su chófer cuando lo ve salir, abriéndole la puerta del auto.

—Sí —murmura Tae-Jun, demasiado cansado como para hacer otra cosa más que dejarse caer sobre los sillones del auto.

Y sin embargo, justo antes de cerrar la puerta, Heuk-Chi alcanza a escuchar algo que nunca antes había oído.

—Gracias.

El hombre parpadea varias veces, plácidamente sorprendido, y dice—: ¿Está bien? ¿Qué le hizo ella?

—Sólo vámonos —gruñe Tae-Jun, con un leve rubor cubriendo sus mejillas.

Y Heuk-Chi entiende que quizá, sólo quizá, era demasiado pronto para aceptar que un milagro navideño había sucedido.


Nota del equipo de moderación:

Este fanfic se trata de una actividad de escritura conjunta realizada por los miembros del foro El feliz grupo de hambrientos, la cual consiste en redactar escritos de temática navideña con un personaje de AnY y concepto navideño a elección del autor, con el reto opcional de un límite de palabras. Cada capítulo será un aporte independiente de diferentes autores, los cuales serán especificados al principio de los mismos y cuyos links a sus perfiles de Fanfiction podréis encontrar en el perfil de esta misma cuenta del foro El feliz grupo de hambrientos.

Esta es la primera actividad de este tipo que estamos realizado en el foro y la estamos llevando a cabo con mucha ilusión, así que por favor apoyad a los autores dejando vuestro review, y también pasaros a visitar nuestro foro para disfrutar del increíble mundo de Akatsuki no Yona juntos. Incluso todavía estáis a tiempo de participar en esta actividad conjunta si queréis contribuir con vuestro granito de arena al fandom y celebrar la Navidad con nosotros. Os estamos esperando, todos sois bienvenidos a nuestra pequeña familia.

¡Felices fiestas a todos!