"...Nunca quise separarme de ti mi amor. Pero el mundo a veces tiene formas crueles de funcionar. Cuando viniste a despedirme con la abuela, me dije que lucharía con uñas y dientes para que esa vez no fuera la última que te viera. Quizá es mejor que no supieras lo que estaba pasando, que llorases porque te estaba dejando solo sin saber que iba a ser obligada a hacer cosas terribles para seguir con vida. Lo siento. Lo hice pensando que eso sería lo mejor para ti. Si no logro volver a tu lado, la abuela te cuidará. Cuida tú también de ella. Sé feliz. Te quiero con toda mi alma." Fragmento final del diario de Mair Rainder


Eris Shadows, 18 años

Carnation Crest


Los demás no pierden el tiempo. Todos quieren ganar la yincana, es lógico. En cuanto Mair y yo nos quedamos solas, la tomo en brazos y la saco de ahí para llevarla a la habitación donde estábamos antes.

En estos momentos para mí ella es mi prioridad.

Siempre me ha pasado que cuando me cuentan una historia, me la imagino de modo muy vívido en mi cabeza. No sólo la veo, también la huelo, la siento, la oigo... Casi la puedo tocar. Cuando Mair me contó por lo que había pasado, no pude evitar imaginarla también tirada en el asfalto agrietado y polvoriento de la ciudad recién bombardeada. Habiéndose desecho de ella después de que aquel grupo de rebeldes usasen su cuerpo a su antojo.

En aquel momento, estaba furiosa, pero eso hizo que lo estuviera aún más. Mi aliada tenía algo que confesar, me lo había dicho anteriormente. Pero jamás imaginé que sería algo tan horroroso y oscuro. Si su compañero de área no hubiera salido del asiento a intentar pegar a alguien, tal vez lo habría hecho yo misma.

Por eso, seguir en la yincana estaba ya fuera de toda posibilidad, cobrarme de Roselia aquella flecha que por fortuna sólo me dejó un arañazo en la mejilla como recuerdo, también. No hubiera podido dejar a mi aliada herida y sola en el suelo mientras yo sigo adelante en la carrera por el premio. Sola como lo estuvo aquel día cuando la dejaron tirada en el suelo después de abusar de ella y tirarla como si fuera basura. Esta vez, me tiene a mí.

Sus manos están frías, su cara pálida y sus labios azulados, pero aún respira. Débil y superficialmente pero lo hace. Necesita un médico, una transfusión, lo que le pasa ya supera cualquier tratamiento de primeros auxilios que pueda darle. La abrazo para mantenerla cálida y cuando oigo el cañón, no me relajo hasta que no compruebo que sigue respirando, que su corazón sigue latiendo aunque tenga pocas fuerzas.

—Eris —dice, su voz suena débil—... Lo siento, por mi culpa...

—¡No fue tu culpa! —la corto—. No se te ocurra culparte por esto.

—Podrías haber ganado la yincana.

—Si para ganar la yincana significa que debo dejarte sola cuando recién has sido atacada, entonces no quiero ganarla. Seguro que hay otra manera de hacer las cosas, sólo debemos encontrarla.

Una lágrima brota de su ojo y asciende en el aire un poco antes de caer de nuevo. Me siento como si me hubieran pegado un puñetazo en el estómago.

—"Debemos"... Aún sigues hablando en plural.

—¿Y por qué no habría de hacerlo? —pregunto, abrazándola más fuerte.

—Porque no voy a salir de esta. Lo sé... Cada vez... Me noto más débil...

No vale la pena engañarse. Lo sé. Ella lo sabe. Trato de retener las lágrimas pero no puedo. Voy a perderla, y yo voy a ver cómo sucede sin poder hacer nada por evitarlo.

Por unos minutos lloramos juntas en silencio.

—Quedamos pocos, Eris. Muy pocos. Gana esto por mí. Gana y dile a Johann que lo amo con toda mi alma y que sea cual sea el lugar a donde me voy, cuidaré de él... Toma la foto, la foto y el diario que he estado escribiendo y llévalos contigo.

—No conozco a Johann. Pero ya lo quiero yo también. Me aseguraré de que a ese niño no le falte de nada. Te lo prometo.

Sonríe al oír mis palabras, haciendo que escapen más lágrimas de sus ojos.

—Gracias, Eris. Me quedo... Más tranquila.

Cierra los ojos y yo le doy un beso en la frente.

Poco después pierde el conocimiento de nuevo, yo no puedo parar de llorar, de rabia, de impotencia, de ver lo que le han hecho y lo que nos hacen.

Mair muere en mis brazos unos minutos después, su cuerpo ha sucumbido a la falta de sangre. Sigo abrazándola, llorando más fuerte que antes. No puedo creerlo. No puedo creer que esto esté pasando. Mi cuerpo tiembla, sacudido por la cacofonía de emociones que se forma en mi pecho y se extiende por todo mi ser como si fuera veneno.

Una chica que no tenía culpa de nada ha muerto para expiar los pecados de otros, dejando a un niño pequeño solo en el mundo. Todo por lo que luchamos, todo lo que sacrificamos yo, mi familia y amigos no ha servido de nada. No han entendido nada.

—Paren esto... ¡Paren esto, por favor! —grito desesperada, mirando al techo, sé que me están viendo los responsables, si no se les revuelve algo por dentro al vernos morir uno a uno es porque no tienen alma—. ¡¿Es que no ven lo que han hecho?! ¡¿Cuántos más tendremos que morir para que se den cuenta de lo inhumano que es esto?! ¡¿Cuántos para que por fin todo acabe?! ¡¿Cuántos?! ¡Paren esto...! ¡Paren esto ya, por el amor de dios!


Eryx E. Dorinday, 18 años

Capitol Hill


Me he salvado por muy poco. Muy, muy poco.

Pero al menos estoy vivo.

Mi corazón se saltó un latido cuando vi las estalactitas caer justo sobre mí. Di un paso atrás en el último segundo. Mis reflejos son buenos, eso es algo que ahora puedo asegurar. Observo como hipnotizado el reflejo de mi perfecta nariz a escasos centímetros de una estalactita, la cual no parece de hielo como di por hecho al principio sino de otro material el cual no sabría exactamente decir lo que es, pero que no refleja como algo de hielo lo haría. Pero sea lo que sea, estoy entero. No podía haber tenido mejor suerte.

Por fin me relajo, un poco al menos. Es demasiado arriesgado seguir entre todo este caos. Tendré que confiar en que Roenna traiga el premio.

Varios segundos después, llegan Ethan e Izzy. Aún no me acostumbré a ver a una estrella cinematográfica aquí en persona. De algún modo, que hayamos colaborado antes para acabar con el muto hace que hayamos dejado de venos como rivales, me pregunto cuánto durará ese sentimiento.

—No creo que se pueda pasar —digo suspirando—. Eso nos deja lamentablemente fuera.

Es cierto que está complicado, aunque se podría conseguir con esfuerzo. Pero si puedo convencerlos de que no vayan, mejor que mejor. Después de todo, prefiero que Roenna consiga el premio.

—Yo creo que sí que se puede, hay un espacio arriba por el que cabemos sin problema —dice Izzy.

—Pero no será tan fácil —digo—. El terreno es resbaladizo, desde arriba no se puede controlar bien... Y luego están esas cosas puntiagudas que salen del suelo. Está todo sembrado de ellas. Me van los retos, pero no uno tan complicado.

Ambos tributos de Star Valley intercambian miradas.

—No hemos venido aquí para nada... —dice ella.

—Es verdad, pero quizá no valga la pena —contesta Ethan.

—Déjame intentarlo.

Antes de que su aliado pueda replicar, Izzy da un salto tratando de pasar por encima de la extraña muralla de hielo que se ha formado tras la caída de las estalactitas. Pasa sin esfuerzo, pero cuando va a caer, la empuñadura de su espada, la cual está enfundada en su espalda, roza algunas más. Se escucha a Izzy gritar, mientras otra ola de estalactitas se descuelga del techo, justo donde está.

—¡Izzy! —grita Ethan.

—¡Estoy bien! —responde ella desde el otro lado—. ¡No me han rozado, no me ha rozado ni una!

—¿Estás segura de que estás bien? —insiste él.

—¡Sí! ¡Tranquilo! No me ha pasado nada pero... Uf... No había pasado tanto miedo en mucho tiempo, tengo el corazón a mil.

—¿Aún se puede pasar? —pregunta.

—No creo... Esto está ahora aún peor que antes. Voy a investigar.

—Ten cuidado —dice Ethan.

—Si veo que las cosas están feas, daré media vuelta.

Un cañonazo hace retumbar el pasillo y varias estalactitas caen de forma aleatoria. Ninguna está cerca de nosotros, pero inmediatamente mis alarmas se disparan. Los sonidos fuertes las hacen caer. Pero no es eso lo único que me preocupa, sino el cañonazo que se ha escuchado. Podría haber sido Roselia o Roenna... Esas dos se iban a saltar al cuello a la mínima ocasión.

—¿Ethan? —pregunta Izzy.

—Tranquila, tu aliado está entero —digo, para hacer todo un poco menos incómodo.

—Voy contigo -dice él—. No puedo quedarme aquí parado mientras tú estás ahí jugándote el cuello.

—No. No lo hagas. En serio está difícil pasar. Ya lo estaba antes pero ahora es mucho peor... Volveré pronto Ethan y si la cosa está fea te avisaré para que vengas. ¡Es una promesa!

Pero él no parece quedarse tranquilo. Por un momento parece que va a darle un puñetazo a la pared, pero se lo piensa mejor y no lo hace. Mejor me voy de aquí y espero a Roenna escondido en algún sitio, antes de que Ethan recuerde que para que él pueda volver yo debo estar muerto y decida ponerle remedio a ese pequeño detalle. Además, si por casualidad Roselia ha conseguido matar a Roenna no quiero que me encuentre aquí plantado en medio del pasillo.

Aún así, al mirar a Ethan, algo hace que me sienta mal. Está más afectado que yo cuando Roenna se fue. Deben de estar muy unidos.

—Ella se preocupa por ti —digo—. Por eso quiere que te quedes.

—Se supone que la debo mantener segura —dice, sacudiendo la cabeza—. ¿Qué tipo de aliado soy?

—Oh, ella estará bien. No te preocupes. Izzy siempre sale airosa de cualquier situación. Por eso es el ídolo de tanta gente —contesto para subirle un poco el ánimo, ni siquiera sé por qué lo hago, tal vez por lo decaído que parece—. Además, creo que le gustas.

Eso parece traer una sonrisa a su rostro.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué piensas eso?

—Confía en mí, sé reconocer ese tipo de cosas. Isamere Gates ni más ni menos... Ahora mismo debes ser la envidia de todo...

Acompaño esa frase con una palmada en el hombro. Y entonces ocurre lo inesperado. Ethan me agarra del brazo con fuerza. Su expresión se transforma por completo en otra cargada de furia y peligro.

—No me toques. ¿¡Por qué me has tocado!?

—¿¡Qué!? ¿¡Qué demonios haces!? ¿¡Estás loco o qué!? —grito, tratando de soltarme.

Y yo que sólo quería ser simpático... No debí hacerlo. Se ha debido pensar que era algún tipo de juego sucio para deshacerme de él o algo así. En el fondo me está bien empleado. Estamos en los Juegos y la gente reacciona de formas muy impredecibles en ellos.

—¡No consiento que nadie me toque! ¡No vuelvas a hacerlo en tu vida! —grita sacudiéndome.

—¡Ethan! ¿¡Qué ocurre!? —grita Izzy desde el otro lado.

—Y tú no vuelvas a hablarme así en tu vida —digo.

Doy un tirón para soltarme pero me tiene bien agarrado. Noto que está comenzando a hiperventilar y siento miedo de lo que pueda llegar a hacer. Mi mano libre se va a la empuñadura de una de mis dagas. La simple visión del arma es suficiente para que él se lo piense mejor y me suelte. Pero su ballesta está cargada y me apunta con ella. Entre todo este lío, es imposible maniobrar bien, los conos de hielo puntiagudo crecen por todas partes, hacia abajo y desde arriba.

—No sé qué clase de trauma tienes, pero iba a irme —prosigo—. Iba a irme en paz pues no estaba de humor para un enfrentamiento ahora, después de lo del muto. Y menos aquí en un terreno que no me es favorable. Pero me has retado y... Al fin y al cabo somos enemigos. ¿No?

Una parte de mí no se cree lo que estoy diciendo, pero la otra, que presiente que el fin está cerca, sabe que no voy a salir bien parado de esta si me dejo amilanar. Los cobardes no ganan los Juegos, al final dudan y en esos momentos de titubeo los otros tributos más determinados los matan.

—Lo somos —dice con dureza.

Me preparo para evitar una saeta. Tengo un poco de espacio por mi izquierda. Ahí es donde podría saltar para esquivar la flecha. Pero Ethan no dispara, en su lugar, me golpea en la cabeza con la ballesta, mucho más robusta de lo que parece.

El dolor oscurece momentáneamente mi campo de visión a la vez que mi nuca se da contra una estalagmita, partiéndola. Al otro lado de la barrera puedo oír cómo Izzy intenta romper los obstáculos con la espada. Estará aquí en cualquier momento y mi desventaja será aún mayor.

Pongo algo de distancia entre Ethan y yo, pues las estalagmitas me protegerán de su puntería. Él me busca, saltando entre los huecos. Debo pillarlo desprevenido, y debo hacerlo ya. Al final, no sirve de nada. Él me localiza y dispara igual. La flecha, perforando todo lo que encuentra a su paso pasa junto a mi oreja, dejando nada más que un arañazo cuyo dolor es soportable. Es el momento que elijo para salir. Es un arma pesada para cargar y debo impedir que lo haga. Ethan para el golpe de mi daga con la ballesta.

Rápidamente, saco mi otra daga y le hago un corte en el antebrazo. Más que entorpecerlo, eso parece incitarlo más. Me dedica una mirada fulminante que me hace estremecer. Entonces retrocede, fuera de mi alcance y se esconde tras uno de los enormes carámbanos. Sé que está sacando una saeta y sé que estaré muerto si lo dejo hacer eso por lo que ataco frontalmente. Ataco a la estalagmita tras la cual está. El material, muy rígido cede ante la presión de mi arma para luego encontrarse, entre los cientos de fragmentos que salen de ahí algo mucho más blando y frágil. Su cuerpo.

Noto cómo mi estómago se agría al sentir a través de la daga, la hoja cortante introduciéndose en la carne, llegando hasta sus costillas. Cuando los fragmentos terminan de desmoronarse me encuentro con sus ojos una vez más. Esta vez ya no hay odio en ellos, la sorpresa se ha superpuesto a todo lo demás. Hay sangre danzando a nuestro alrededor. Prefiero no quedarme a ver más.

Tras la muralla hay otro estruendo y yo huyo torpemente por entre el amasijo de carámbanos, Izzy está a punto de llegar. En estos momentos ya hasta Roenna me da igual, sólo quiero salir de aquí. Lo he vuelto a hacer, he matado a otra persona. Esta vez, fue más bien en defensa propia.

Su cañón suena cuando por fin paso por lo que queda del centinela muerto. Vuelvo a sentir las náuseas casi insoportables pero no puedo detenerme, debo salir de este lugar condenado.

Me doy asco, mucho, mucho asco.

Pero al menos estoy vivo.


Francine Cavalia, 18 años

Emerald Gardens


Ya he perdido la cuenta de cuántos cañonazos se han oído desde que me separé de Hadrian. Cinco, tal vez seis, no lo sé, podría haberme perdido alguno mientras me echaba una siesta rápida.

Aún quedan unas cuantas horas para el anuncio, pero no necesito saber con exactitud quién ha muerto para deducir que Hadrian es uno de ellos. No es cien por cien seguro porque nunca vi qué pasó, pero casi. Entró ahí y nunca salió. Hubo dos cañonazos no demasiado espaciados el uno del otro. Si consiguió deshacerse de Spencer o no, no lo sé. Tal vez algo escapó a sus planes y acabaron ahogándose juntos.

No quiero pensar mucho en eso, por lo que hasta que no vea el recuento prefiero pensar que hay esperanza, que el plan salió bien pero por alguna razón no pudo llegar hasta mí. Él tomó un riesgo muy grande, yo ya le dije cual era mi opinión al respecto pero decidió seguir adelante. Nunca hablaba de sí mismo, ni de sus motivos, pero cuando comenzó a prepararlo todo, me dijo que tenía algo que demostrarse a sí mismo. Esa fue la cosa más íntima que me llegó a decir sobre él, aunque no me dio más explicaciones.

Pero aunque él esté vivo, lo que importa ahora mismo es que no está conmigo, en estos momentos estoy sola y aunque ha muerto mucha gente, el número de tributos restantes no es aún tan reducido, pronto lo será, muy pronto pero no aún. Además, muchos de esos tributos deben estar asociados todavía.

Antes, mientras caminaba rumbo al lugar señalado en el mapa, no podía dejar de preguntarme si lo que estaba haciendo era buena idea o no, a pesar de que en el fondo sabía que no lo era.

Quería ganar el premio y lo sigo queriendo, pero no estaba dispuesta a embarcarme en una misión kamikaze en potencia. Seguí porque ya había expresado mi plan de ir a la yincana y no quería quedar como una cobarde delante de espectadores y patrocinadores. Una nunca sabe cuándo los puede necesitar.

Tres cañonazos en un corto periodo de tiempo, eso ya es mucho. Debe estar relacionado con el evento, lo que significa que ya ha empezado y terminado. Ya voy tarde. Ya alguien debe tener el premio o le falta muy poco para lograrlo... Y yo voy con retraso.

Quizá pueda acercarme algo más, enterarme qué tipo de cosa es el premio, una ametralladora... Una sierra eléctrica... Un vale para que los Vigilantes maten desde la sala de control al tributo que tú elijas...

Bueno, tal vez eso último no. O en todo caso depende de lo difícil que sean las pruebas, deben estar a la altura de las circunstancias. Ahora que lo pienso sería un buen premio en uno de esos banquetes tempranos que se celebran cuando aún quedan más de doce tributos, normalmente los Vigilantes los organizan para dar un último empujoncito al ritmo de las muertes antes de la final, saber que dejar ese premio en manos de otras personas podría ser lo último que hicieras pondría a todos nerviosos...

¿Pero qué demonios estás pensando, Fran?

Jamás en mi vida me había parado a pensar este tipo de cosas. Estoy pasando demasiado tiempo en silencio, con la mente desocupada y lista para comenzar a divagar. Es desagradable estar aquí, vivir en peligro y estrés constantes y viendo a tus aliados morir a tu alrededor sin que puedas hacer nada para salvarlos. La historia de mi vida, así en resumidas cuentas. Soul me enseñó que darle vueltas a las cosas podría ser algo positivo, porque en la Arena debería ser capaz de sacar conclusiones y deducir cosas a partir de la información disponible, que no iba a ser mucha. Tenía razón, pero siento como si le estuviera dando vueltas a las cosas de forma equivocada...

Un tributo aparece frente a mí tras doblar la esquina, su cuerpo a pocos centímetros de mi lanza. Eryx de Capitol Hill y yo nos miramos. Siento la explosión de adrenalina acelerarme el corazón súbitamente. A pesar de mi sorpresa inicial, no me muevo ni un centímetro. Él tiene un aspecto horroroso y demacrado, está sucio y cubierto de sangre reseca, me mira a mí y luego a mi arma. Finalmente suspira.

—Oh, genial...

No parece querer luchar, y que su ánimo parezca estar por los suelos no parece fingido ni una actuación sino algo real.

—¿Vienes de la yincana? —pregunto.

Necesito saber si llego a tiempo.

—Sí. No te molestes en ir. Llegas tarde —dice con desgana.

Era lo que me temía. Ya la suerte ha sido echada, era lo que me temía pero ya no tiene sentido lamentarse. Lo único que me alarma es esa persona que haya ganado el premio y que está por ahí en algún lugar.

¿Y qué voy a hacer ahora con él? Podría sacarle información. En estos momentos no está en posición de exigir nada. Tiene dos dagas, pero contra mi lanza omega no son nada. Me esfuerzo por no ponerme a temblar, estoy relativamente segura pero ver a otro tributo siempre impresiona.

—Doy por hecho que no has ganado —digo.

—¿Qué fue lo que me delató?

Al menos ha conservado el sentido del humor.

—¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Quiénes han muerto? ¿Quién se ha llevado el premio? Dímelo y te dejaré ir.

Igualmente, a no ser que él intente algo primero no creo que pudiese hacerle nada. Lo de Andri fue diferente, hubo un cúmulo de eventos que me hicieron hacerlo y yo estaba en un estado de ánimo determinado. Debía proteger a mi aliado.

Atacar a alguien que no puede defenderse es una cosa totalmente distinta. Quizá en la final podría sentir ese empujón extra para tomar la iniciativa, pero ahora mismo lo único que puedo pensar es en dejarlo ir y dejar que alguien más se encargue de él.

—¿Cómo sé que no vas a sacarme la información y luego deshacerte de mí?

—No voy a hacer eso —digo, procurando no dejar pasar ninguna emoción que me delate que me estoy marcando un farol—. Pero si a mí me estuvieran apuntando con un arma y estuviese demasiado fatigada como para meterme en otra pelea con alguien que está en buena forma... Probaría suerte.

Él cierra los ojos, sacudiendo la cabeza.

—Minaron la entrada al laboratorio de vainas. Una tenía explosiones, otra un muto y otra llenó el pasillo de carámbanos de hielo. No sé quiénes son dos de las personas que murieron, aunque me hago una idea. Mair de Sparkly Lane fue herida de gravedad por el muto, ella es posiblemente una de las víctimas. El otro fue Ethan Snider de Star Valley. Lo sé... Lo sé porque fui yo quien lo... Fui yo quien lo hizo.

Me observa, estudiando mi reacción a sus palabras y aunque sé que la competición va exactamente de eso, no puedo evitar que me impacten sus palabras. Ethan parecía un chico agradable... No es que tratase mucho con él pero al coincidir con él de vez en cuando en alguna estación y a juzgar por su entrevista se veía carismático y tranquilo.

—No voy a juzgarte, es inevitable estar aquí y no tener que hacerlo.

Un suspiro se le escapa.

—Tenía que decirlo. Creo que si no lo hubiera hecho y me hubieras matado mi alma te habría atormentado por siempre.

Casi estoy a punto de sonreír, pero no. No puedo dejar que me caiga bien. No a estas alturas.

—¿Quién crees que es la tercera víctima y el ganador?

—Una de ellas es Roselia Snow y la otra Roenna Agaponi. Una de las dos está muerta y la otra ha ganado el premio.

Tanto una como la otra son aliadas de él. Casi de manera involuntaria, miro hacia atrás. Al verlo tan solo y abatido di por hecho que no iba con nadie pero no quisiera que me tendieran una emboscada.

—No te molestes —agrega—. Voy solo.

—¿Qué pasó con ustedes?

La información es poder, cuanto más pueda recopilar sobre los supervivientes, mejor.

—Tuvimos problemas. Larga historia. Roselia se fue de la alianza ayer. Ella y Roenna tenían asuntos pendientes... Entraron juntas al laboratorio y yo no pude seguirlas porque el camino se bloqueó. Poco después sonó el cañón así que nunca sé quién ganó y quién quedó porque me tuve que ir precipitadamente... Y ahora mismo Izzy, de la que soy fan, probablemente me esté buscando para vengarse de la muerte de su aliado... Como ves estoy en un lío gordo, acuérdate de mí cuando creas que tu vida es un asco.

—Es que, es un asco... Quiero decir, estoy aquí.

—Pero a ti no te persigue nadie.

—Hay muchos otros peligros y además buscar venganza en los Juegos del Hambre puede ser contraproducente. Con tantas cosas que podrían matarte... Lo mejor es centrarse en sobrevivir en lugar de ir por ahí buscando problemas. Tú podrías tener a la Alianza Primaria detrás de ti y vivir y yo podría robarle bayas venenosas de la mochila a un incauto y morirme. Uno nunca está a salvo aquí.

Aquella chica del Distrito 5 que participó junto a Katniss y Peeta viene a mi mente. Se pasaba los días escondida robando, era buena; Katniss tuvo a todos los profesionales intentando eliminarla y vivió.

—También es cierto. Pero mejor no tentar a la suerte.

—Mejor no tentar a la suerte —repito—. Ahora me voy, escóndete por ahí un tiempo es lo que yo haría. Como ves, cumplo mi palabra. Quizá me arrepienta si llegamos juntos a los últimos tres pero queda mucho para eso.

Debo ir a averiguar qué pasó con Hadrian. Si aún sigue vivo me conviene reunirme con él cuanto antes. No importa quién haya ganado, si Roenna o Roselia. Una de ellas ha muerto lo que significa que si vemos a cualquiera de las dos sabremos que ella es la ganadora.

—O quizá aún me lo agradezcas cuando me de tiempo a quitar de en medio a unas cuantas personas más. ¿Quién sabe? —lo dice con resignación, no debe de estar llevando demasiado bien el haber matado, puedo identificarme con eso.

—Gracias por la información por cierto —contesto antes de dar media vuelta y correr en dirección contraria.

Aún algo estresada, me escondo en una habitación al azar una vez he recorrido una distancia prudencial. En el fondo, sé que no debería haberlo dejado ir, pero también sé que no voy a poder atreverme a hacerlo de nuevo mientras vea que haya otra alternativa a la muerte de los demás que no implique mancharme las manos.

Es bastante triste comenzar a pensar así.


Myle Lavrov, 12 años

Lakeside


Me gusta más estar arriba. Acostumbrarse de nuevo a la gravedad normal está siendo más difícil de lo que lo fue el cambio contrario. Ser ligero como una pluma, moverme por el aire como un pez de mueve por el agua. Eso me gustaba.

La mochila que antes no pesaba nada, comenzó a hacer que me doliesen un poco los hombros pero no podía quejarme, ni debía. A pesar de que tengo cada vez más miedo, a pesar de que con cada cañonazo es como si presintiera con más y más fuerza que yo voy a ser el siguiente, no abro la boca.

Emerson duerme mientras yo monto guardia. Usando el cuaderno y el bolígrafo que encontré, escribo ese libro que siempre soñé con escribir en unos cuantos años más. Quizá cuando fuera ya un estudiante a profesor de danza como mis padres, los días que no tuviese planes me encerraría en mi habitación de mi casa de estudiantes compartida a pensar, imaginar y escribir. Eso fue siempre lo que más me motivó de todo.

Dicen que los padres que fuerzan a sus hijos a seguir sus pasos no son felices. Lo tuve que oír algunas veces cuando alguien me preguntaba si me sentía forzado a seguir ese camino. Sin embargo yo jamás pensé así. De no haber sido mis padres bailarines de ballet, dudo que yo me hubiese interesado en primer lugar, pero es un estilo de vida en el que siempre he estado y bailar es tan natural para mí como lo es respirar. Soy feliz haciéndolo y estoy agradecido a mis padres por haberme mostrado ese mundo. Lo otro, es mi decisión y me hubiera gustado poder compaginar ambas cosas pero se acaba el tiempo.

El mundo que estoy inventando es un Panem del futuro donde no hay juegos ni guerras civiles. Las amenazas son otras, una nación que de algún modo sobrevivió a la Edad de los Desastres gracias a un poder que no es humano y cuyos habitantes descubren en Panem un blanco fácil, con un terreno más rico para mejorar su difícil modo de vida. El protagonista sería un chico del Distrito 10. Se puede decir que nació en mi cabeza hace un par de años, aunque desde entonces ha cambiado mucho. Con el tiempo le fui dando tantos detalles a su personalidad que casi siento como que en alguna parte del distrito de la ganadería, ese chico de verdad existe y un día lo conoceré. Tengo hasta una imagen exacta de él en mi cabeza. Pelo marrón oscuro, ojos marrón claro, nariz chata y barbilla afilada. Es delgado y ágil y le gusta estar afuera explorando el entorno que sin vallas electrificadas, es mucho más amplio. Le gustan tanto los días soleados como los lluviosos, correr descalzo en la hierba y flotar boca arriba a la deriva en el arroyo, mientras observa los juegos de luces y sombras que genera el sol al filtrarse por entre las ramas.

Es su nombre el que aún no he decidido, así que cada vez que lo debo nombrar, dejo un espacio en blanco para rellenarlo cuando me venga la inspiración.

Las notas del himno suenan despertando a Emerson. Hoy ha muerto mucha gente y siento la tentación de no mirar. De no ver quiénes son los que nos han dejado, pero la voz de Spencer diciéndome que debo ser valiente me da fuerzas para hacerlo. Es su foto la que temo que salga. Y si ignoro a esa vocecita esperanzada en mi mente diciéndome que todo estará bien, la verdad es que por lo que Emerson dijo, las posibilidades de que no haya podido escapar de tantos peligros a la vez son altas. El chico de Carnation Crest, la alianza de Capitol Hill y Eliza.

Aún sabiendo eso, no he querido perder la esperanza, y estoy a punto de salir de esa duda igualmente.

La primera cara que aparece en el techo iluminado es Roenna de Capitol Hill.

—No me jodas... —murmura Emerson lentamente.

Los ojos decididos de la chica parecen ver a través de mí, aún sabiendo que es una foto me siento intimidado. Ella se veía una de las más aptas para ganar. ¿Qué está pasando? Están cayendo muchos de los fuertes.

Tras ella viene Spencer. Siento como si mi estómago se transformase en una pesada bola de hierro. Su foto está ahí y yo a penas puedo asimilar lo que eso implica.

—Lo siento —dice Emerson muy bajito—. Pero te advertí que esto pasaría.

A penas puedo contener las lágrimas ya. El siguiente rostro aparece, borroso por mis ojos aguados. Es el chico que nos persiguió el que hizo que nos separásemos. Quizá Spencer lo consiguió matar y luego Capitol Hill lo encontró a él, debilitado por la batalla.

Incapaz de seguir viendo, bajo la cabeza. Él me enseñó tanto, me animó tanto, hasta me mostró su saludo secreto, ese que sólo sabían él y sus amigos más íntimos. Con él me sentía seguro. Con Emerson no, es un aliado muy distinto de lo que Spencer lo era.

—¡Madre de...!

Alzo la visita de nuevo, sólo para ver lo que ha sorprendido tanto a mi aliado. Star Valley, el chico. Pero confirmar la muerte de Spencer me ha dado tan de lleno que no consigo procesar lo que veo.

—Esa condenada yincana está haciendo estragos... Está haciendo un buen cribado de entre los fuertes. ¿No es fabuloso? Ya quedan tan pocos, Myle...

No respondo. Me siento hasta algo mareado. Mair de Sparkly Lane cierra la secuencia. Su rostro amable hace que me sienta aún peor. Ceylon comentó su historia durante la cena, después de las entrevistas.

—Es espantoso ver cómo la muerte va cerrando el cerco alrededor de nosotros. ¿No crees?

Agito la cabeza sin contestar. Spencer ya no está, no se puede salir de aquí de ninguna manera y algo me impide confiar del todo en Emerson.

—Yo también estoy asustado —agrega—. Debemos alegrarnos por haber llegado hasta aquí. No es fácil. Hemos sobrevivido a mucha gente fuerte. Lo estamos haciendo bien.

—Pero... Aún quedan muchos —digo nervioso—, y aún sigue por ahí Eli...

Emerson frunce el ceño.

—¿Eli...? ¿Qué ibas a decir? Termina la frase.

Lo pienso mejor. Emerson no sabe quién es Eliza y si le digo que hay un muto suelto persiguiéndome quizá se arrepienta de traerme y me mate.

—Nada, acabo de recordar que ese idiota ya murió.

Mi aliado me observa por unos segundos más, como esperando una explicación más detallada pero yo no sigo hablando.

—Jamás te había oído decir una palabrota. Eso está muy, muy mal. Me voy a dormir otra vez, avísame si ocurre algo —dice.

Otra vez me quedo solo, pensando continuamente en lo poco que queda, en lo preocupante que es mi futuro. Soy rápido, y huir me ha ido salvando de todo hasta ahora. Me pregunto por cuánto tiempo me funcionará.


RESÚMENES DE LAS ENTREVISTAS DE LOS ÚLTIMOS OCHO


El hueco en el suelo se abre cuando la sintonía de apertura comienza a sonar en el plató. Los focos, de diversos colores se concentran en ese punto mientras los sofás ascienden. Uno de ellos vacío, el otro con un radiante Caesar Flickerman en él, ataviado con un traje azul grisáceo con corbata a juego. La audiencia aplaude animadamente y él les responde con su característica sonrisa, cálida y amplia.

—¡Hola, hola, hola, amantes de los Juegos, bienvenidos a las entrevistas de los últimos ocho de esta última y definitiva edición del programa! —respira profundamente, su rostro denotando nostalgia—. Me siento privilegiado al pensar que he hablado con todos y cada uno de los chicos que han pasado por esa Arena. ¿Pueden creer que ya no van a verme más sentado aquí? ¿Quién lo iba a decir?

El público se lamenta ruidosamente y en respuesta, Caesar se lleva una mano al corazón.

—¿No es lindo? Me halaga sentirme tan querido. Es un honor para mí pues, presentarles las entrevistas de los familiares de los ocho formidables tributos que han conseguido llegar tan lejos. ¡Comencemos!


ROSELIA SNOW tiene 15 años, mide 1'55 metros y pesa 48 kilos. Proviene de Capitol Hill y su arma predilecta es el arco. Se le atribuye la eliminación de dos tributos, Jelly de Candyfloss Square y Melody de Wintertown. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en quinta posición. Personas entrevistadas: tutor legal vicepresidente Lovell, asistenta personal Brynn, amiga de la familia Serena Milestone.

—Vicepresidente Lovell, ¿qué se le pasó por la cabeza cuando vio el papel con el nombre de Roselia ser escogido?

El aludido sacude la cabeza, sumido en sus pensamientos.

—No podía creerlo... Definitivamente no podía creerlo. Roselia pasó demasiado estos últimos meses tras la pérdida de todo lo que tenía y su secuestro. Al convertirme en su tutor legal, un vínculo de cariño comenzó a establecerse entre nosotros por lo que fue difícil verla cosechada. De haber podido la hubiera salvado, pero no sería justo con los otros chicos que su papel no hubiera estado ahí. Cuando fui a despedirla, le pregunté si comprendía que una edición capitolina de los Juegos del Hambre era necesaria para comenzar a trabajar en perfecta unidad con los distritos. Ella respondió que sí. Con calma y sin alterarse. Su entereza siempre me sorprenderá.

—¿Y sobre la actuación de Roselia en la Arena hasta ahora, qué puede decirnos?

—Sólo diré que así son los Juegos del Hambre. Te cambian. Sacan nuestro lado más primitivo y sanguinario. Estoy feliz por verlos terminar, aún no arrepintiéndome de mi decisión de mostrar al Capitolio la otra cara de la moneda. En estos instantes, Roselia no es una Snow sino una chica más. Un tributo más que lucha por sobrevivir. Si lo consigue o no, lo dirá la suerte, al igual que fue la suerte la que la seleccionó, así como a los demás.

—Si Roselia no lo logra, los Snow quedarán completamente erradicados. ¿Cree que sería mejor de este modo, o que la sangre no define a las personas y no define a Roselia?

Lovell se toma unos segundos para responder, durante los cuales suspira profundamente con expresión pensativa.

—No digas barbaridades, Caesar. Claro que la sangre no define a las personas. Pero verlos morir a todos es duro. También lo era cuando se trataba de niños de los distritos. Como ya mencioné, Roselia y yo tenemos un vínculo muy especial. Pero hablando como presidente en funciones de nuestra nación, no puedo permitirme ser parcial. No soy una persona cualquiera. Con gran dolor, la objetividad en el asunto por mi parte es especialmente importante.


ERYX EVANDER DORINDAY tiene 18 años, mide 1'73 metros y pesa 68 kilos. Proviene de Capitol Hill y su arma predilecta son las dagas gemelas. Se le atribuye la eliminación de dos tributos Zael Mansen de Great Mall y Ethan Snider de Star Valley. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en tercera posición. Personas entrevistadas: su padre Zephir Dorinday, su madre Aldora, su abuela Cassandra y sus amigos Agatha, Eudor y Xanthus.

Los Agentes de la paz vigilan atentamente al hombre y la mujer que miran cada uno hacia un lado. No han dejado de discutir desde que llegaron y se ven desmejorados a pesar del maquillaje. Caesar se sienta frente a ellos, Aldora mirando hacia el suelo, al lado opuesto donde Zephir está, ambos frunciendo el ceño.

—¡Y aquí los tenemos por fin! —exclama el presentador sonriente—. ¡Los padres del tributo que ha acabado en los Juegos del Hambre sólo por un error burocrático!

Aldora levanta la mano y le es concedido permiso para hablar.

—Un engaño con el motivo de separar a Eryx de mí y de su abuela es difícilmente un error burocrático. Sólo quería aclarar eso.

El público se revoluciona, y el señor Dorinday parece estar deseando que se lo trague la tierra.

—¿¡No te vale que ya me haya disculpado!?

—¡Tus disculpas vienen mal y tarde! Eso díselo a él, si es que sale con vida... —Incapaz de contener más las lágrimas, rompe a llorar—. Hijo mío... No he podido parar desde el día en que salió.

Zephir pierde la compostura no mucho después, y hasta Caesar Flickerman parece conmovido.

—Sé que es mal momento, pero estamos en el aire y el tiempo del que disponemos es limitado. ¿Cual es según ustedes la mejor cualidad de Eryx?

—Su creatividad. Su capacidad de lucha. Sus recursos para lograr siempre lo que se propone —dice su madre.

—Eryx es muy obstinado —murmura su padre—. Sólo por eso, sé que va a volver. Nadie va a poder quitarle esa idea de la cabeza. O al menos... Eso es lo que prefiero pensar.


MYLE LAVROV tiene 12 años, mide 1'45 metros y pesa 38 kilos. Proviene de Lakeside, y su arma predilecta son las trampas. Hasta el momento, Myle no ha eliminado a ningún tributo. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en octava posición. Personas entrevistadas: sus padres Lyo y Aliya Lavrov.

Cuando el matrimonio Lavrov toma asiento tras saludar al presentador con un apretón de manos y un beso al aire, Caesar hace un comentario sobre la extrema formalidad del gesto. Ambos se veían como si les faltasen varias noches de sueño pero eso, no lo comentó el presentador.

—¿Se esperaban que Myle llegase hasta los últimos ocho?

Lyo y Aliya se miran, cansados, muy cansados del asunto. Nunca vieron bien los Juegos del Hambre, pero era una opinión que no compartían con nadie, porque preferían mantenerse alejados de asuntos polémicos.

—¿Cuál es el punto de mandar niños pequeños a los Juegos del Hambre, si las posibilidades de que venzan son nulas? —Aliya contesta, formulando otra pregunta.

—Según las estadísticas, muy pocos niños de doce años en la historia de los Juegos del Hambre han llegado a los últimos ocho. En total solo veintitrés, y de esos veintitrés, sólo cuatro llegaron a los últimos cinco y sólo uno a los últimos tres. Lo cual hace el logro aún más meritorio. ¡Myle es un héroe! —contesta el presentador, esquivando hábilmente la pregunta.

—Según las estadísticas, cero niños de doce años en la historia de los Juegos del Hambre han vuelto con vida —contesta Lyo, alzando la voz temblorosa—. Nuestro hijo va a morir, vamos a verlo morir, todos van a ver como muere.

—¿Y quién dice... que no será él quien vuelva de todos ellos?

Aliya se pone en pie, parece a punto de perder los nervios, pero se controla.

—Escúchame, Caesar. Escúchenme todos. Myle nunca tuvo posibilidades, porque el resto de chicos tienen más fuerza que él. Nuestro hijo no mataría aunque tuviera que hacerlo, yo lo conozco bien pues soy su madre. Es un niño bondadoso, cariñoso e inteligente. Y nunca hizo nada. Al igual que el resto de niños de doce años a los que arrancaron de brazos de sus padres para matarlos en la Arena, porque esa es la finalidad de tener a gente de tan temprana edad en una competición que no pueden ganar. ¿Y saben? La sangre de todos ellos está en sus manos y en las nuestras. En las de los que no hicimos nada para pararlo por miedo. Ahora lo sé.


ERIS SHADOWS tiene 17 años, mide 1'68 metros y pesa 57 kilos. Proviene de Carnation Crest y su arma predilecta es el arco. Hasta el momento, Eris no ha eliminado a ningún tributo. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en cuarta posición. Personas entrevistadas: Diodorus y Gaia Shadows, padres de Eris, aparecieron a transmitir un mensaje en nombre de su hija. El resto de amigos y familiares se negaron a formar parte del show, tal y como ella les pidió en su despedida.

Diodorus y Gaia están sentados junto a Caesar. Por razones de salud, el padre de Eris permanecerá en su silla de ruedas.

—El deseo de mi hija porque no participemos en esta farsa será respetado —dice Gaia—. En su lugar, estoy aquí para lanzar un mensaje más en contra de esta edición. Hace mucho tiempo yo también apoyaba los Juegos del Hambre. Pensaba que aunque crueles, eran una manera eficaz de mantener el oden en el país. Un mal menor que evitase algo mucho más serio y catastrófico. Fueron ellas las que me enseñaron, sin darse por vencidas que no es así. No las quería ver involucradas en el bando rebelde porque sabía el riesgo que corrían. De ser descubiertas, les ocurriría algo mucho peor a lo que le ocurrió a mi hijo Memnon. Intenté por todos los medios hacerlas entrar en razón, pero no lo conseguí, pues eran ellas las que la tenían en primer lugar. Estaban luchando por aquellos sin voz, esas madres aterradas por perder a sus hijos en el sorteo, igual que yo lo estaba por perderlas a ellas de ser atrapadas en su lucha por la libertad de los distritos. Fue entonces cuando comprendí su dolor. Soy yo ahora una de esas madres, y por eso pido a nuestro vicepresidente en funciones, a Johanna Mason y Enobaria Piedmont que recapaciten y paren antes de que el número de víctimas inocentes vuelva a aumentar. Si Eris y Cressida lograron convencerme a mí, tal vez pueda yo hoy convencerlos a ustedes.


ISAMERE "IZZY" GATES tiene tiene 18 años, mide 1'73 metros y pesa 56 kilos. Proviene de Star Valley y su arma predilecta es el arco. Se le atribuye la eliminación de un tributo, Cain Delfos de Peace Road. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en segunda posición. Personas entrevistadas: Valereen Gates, Gersius, estilista y amigo, Belladona Vaze, su instructora y el presidente de su club de fans oficial.

—Vaya, me dijeron que sería Valereen quien vendría. ¿Eres la hermana de Izzy? —la halaga el presentador.

—Oh, Caesar... —contesta ella, dándole en el hombro, tras lo cual suspira—. Mi hija odia que diga eso, pero veo que no soy la única que lo ha pensado. Debe ser porque en realidad sí que parecemos hermanas.

—¡Indudablemente! —contesta él, guiñándole el ojo—. Y yo soy bueno averiguando edades. ¿Cómo estás llevando la participación de Izzy en los Juegos del Hambre?

—No sé cómo llevarla, si soy honesta. Temo tanto por ella... Y mi vida está ahora mismo del revés. Si no llega a ser por Gersius no sé cómo estaría ahora. Me gustaría tener más apoyo, eso es verdad. Hay titulares en la prensa que duelen y lo hacen todo más difícil... Oh, y la otra noche me sacaron una foto nada favorecida saliendo de un club privado y al día siguiente mi cara estaba en la portada del tabloide. "Valereen Gates lo vuelve a hacer"... Es tan molesto...

—Entonces dirías que ser un personaje público lo complica todo.

—Lo complica mucho... La gente se cree con derecho a opinar de cosas que no les incumbe... Dicen que yo la controlé, que yo la anulé para vivir mis sueños frustrados por ella. ¡Eso es falso! Izzy siempre amó su estilo de vida. Si estuviera descontenta me lo habría dicho.

—Pero dijo que si ganaba iba a retirarse. ¿Cómo afectarán los Juegos a su carrera?

La diva agita la cabeza.

—A ver, eso necesita una aclaración. Eso lo dijo sólo porque estaba nerviosa por el lanzamiento. Ella jamás haría algo así en condiciones normales. ¿¡Qué sería de nosotras!? Si Izzy gana los Juegos no le va a faltar trabajo en su vida y nuestra familia ganará prestigio en ámbitos en los que jamás soñamos tenerlo. No sólo va a ser la estrella más bella y querida del país, también será una vencedora, la única que ha tenido y va a tener el Capitolio. Creo que después de este mal trago, todo va a ir bien para las dos. Inmejorable... Simple y llanamente inmejorable...


FRANCINE CAVALIA tiene 18 años de edad, mide 1'76 y pesa 64 kilos. Proviene de Emerald Gardens y su arma predilecta es la lanza. Se le atribuye la eliminación de un tributo, Andri Ferran de Serenity Ville. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en sexta posición. Personas entrevistadas: sus padres, Arliss y Kimber Cavalia, su hermana Rayne y su mejor amiga Lei.

Rayne pasa al escenario. Algunos en el público opinan que no se parece a Francine en nada. Lleva el pelo corto y moreno con mechas azules, un minúsculo tatuaje en espiral bajo uno de sus ojos y gafas de montura negra que le dan un toque intelectual.

—¿Puedes darnos una visión general de cómo está llevando la familia Cavalia los Juegos del Hambre?

—Estábamos preocupados. Muy preocupados... Ahora lo estamos un poco menos. Francine no era la misma desde que que la guerra llegó al Capitolio. Pensamos en un principio que se dejaría llevar. Que no lucharía. No porque no supiera o pudiera, sino porque el estado en el que quedó nuestra área es lamentable, y a ella la afectó demasiado, más que al resto. Pero nos alegramos al ver que no se dejó hundir. Le debemos mucho a Soul, en ese aspecto. Ella nos lo dijo en la despedida.

—¿Cómo era Francine antes de la guerra?

—Era una chica muy activa. No paraba por casa más que para comer y dormir prácticamente, no le gustaba estar encerrada entre cuatro paredes, pertenecía al bosque, como los elfos y los duendes —dice Rayne, sonriendo con tristeza—. Le gustaba salirse con la suya, le gustaba tener la última palabra, odiaba ser castigada incluso cuando sabía que lo merecía... Después de la guerra... Estaba irreconocible. Decía que sí a todo. Sólo contestaba con monosílabos. A veces se encerraba en su habitación por días con Opaline, nuestro collie. La oíamos llorar, pero la puerta estaba cerrada por dentro. No fue hasta tiempo después cuando la convencimos para recibir tratamiento psicológico. Mejoró, pero jamás volvió a ser la que era.

—¿Cuáles son las fortalezas de Francine y qué la ha llevado a sobrevivir en la Arena hasta ahora?

—Su forma física. Nunca paraba quieta. Es ágil y fuerte, además, tiene una de las mejores armas. Creo que tener a Malenie en su alianza fue bueno para ella. Al principio sentí, como que se enfocó en cuidarla y se olvidó de sí misma y temí por un momento que su muerte reabriera viejas heridas y tirase por tierra todo el progreso. Pero ha sido justo al contrario, es como si hubiera visto la realidad, lo que le podría pasar a ella también. Darse cuenta de eso ha sido crucial para su supervivencia.


EMERSON CULLAY tiene 16 años, mide 1'75 y pesa 75 kilos. Proviene de Emerald Gardens y su arma predilecta son las trampas. Se le atribuye la eliminación de un tributo, April Täter. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó vencedor. Personas entrevistadas, su madre Emery Cullay, su hermano Wagner, hermana pequeña Sydney y novia Aryann.

Cuando Wagner entra al escenario todos lo confunden con Emerson. Su color de cabello, de ojos, y la forma de su cara son casi idénticas. Caesar hace un comentario sobre si Emerson ya ha salido de la Arena victirioso y nadie se ha enterado. Después de la repetitiva aclaración sobre que no son gemelos, el presentador se pone serio.

—Mi más sinceras condolencias por el fallecimiento de tu padre. ¿Cómo está la familia?

—Gracias. Aún no nos habíamos repuesto a un golpe cuando nos vino el otro. Pero mi padre... Temíamos que al final lo hiciera. La pena de ver todo su trabajo destruído y luego su hijo cosechado se lo llevó. Le decíamos que tuviera esperanza, que Emerson aún puede volver a nosotros, pero esa idea no fue suficiente... E hizo una locura... Hemos estado ocupados estos días con los preparativos del funeral, y conscientes de que podríamos estar organizando otro muy pronto... No veo el momento en que levantemos cabeza otra vez.

—¿Cómo llevas el hecho de Emerson se haya puesto en cabeza en cuanto a popularidad?

—Bueno, creo que de todos ellos es quien antes comprendió de qué iba el juego. En los distritos eso lo tienen más claro. Emerson sólo quiere salir de ahí, él es ambicioso, pero no es mala persona. Y va a hacer lo necesario para salir de ahí, no importa lo difícil que sea... Las reglas están claras, sólo uno gana y Emerson sólo se está asegurando que será él esa persona. No hay más misterio que ese.

—¿Crees que tú lo hubieras podido hacer tan bien como él?

Wagner niega con la cabeza, con una triste sonrisa.

—Cuando se tratase de competir con él, yo siempre fui el segundo en todo. Sin resentimientos. Amo a mi hermano y no me es difícil admitir que él siempre tuvo más talento que yo.


ATALA NARUM tiene 17 años, mide 1'65 y pesa 59 kilos. Proviene de Serenity Ville y su arma predilecta es el cuchillo. Hasta el momento, Atala no ha eliminado a ningún tributo. En el pronóstico de nuestros expertos, quedó en séptima posición. Personas entrevistadas: sus padres, Luzo y Atala Narum Senior, y mejor amigo Vox.

Un intérprete es puesto a disposición de Vox para traducir sus signos al lenguaje hablado, pero el chico se mantuvo aún así poco colaborativo. Luzo explicó que es un chico al que le cuesta abrirse con extraños, y la atención de todo el país puesta en él le produce ansiedad.

—No me acostumbro a no verla en casa —afirma Atala, sin esperar a que Caesar pregunte—. Y aún no puedo creerme que podría no volver a verla por ahí nunca más.

—Después de la muerte de mi padre y la guerra, jamás vi nuestra casa tan vacía y solemne. Ella fue quien puso todo su empeño para traer la alegría a ella de nuevo. Si muere en la Arena, ninguno de nosotros va a reponerse jamás, es algo que ya tenemos claro —dice Luzo.

Vox comienza a llorar ahí, y un miembro de preparación se acerca a darle un pañuelo. El público lo encuentra adorable. Atala les dedica una mirada intensa, cargada de furia reprimida.

—Atala senior, como entrenadora en jefe de los Juegos del Hambre... ¿Crees que Atala puede sorprendernos?

—Seré sincera, mi mayor arrepentimiento con ella es no haberla instruído más. Pero estaba en negación, pensando que aceptar que ella necesitaba entrenamiento era dar por hecho que su papeleta era la que iría a salir en el sorteo. Una parte de mí no lo concebía. Pero Atala tiene fuerza de sobra para enfrentarse a lo que le surja. Pensé que se rompería, y no lo ha hecho.

—Es completamente normal —dice Caesar—, la preocupación de los padres hace que a veces pasen cosas por alto y se pongan en la peor situación. Pero objetivamente hablando, a la Atala entrenadora en lugar de a la Atala madre... ¿Estás orgullosa de lo que ha logrado tu hija?

—La Atala entrenadora está orgullosa. Y la Atala madre más aún —contesta con decisión.


Ya llegamos a los últimos ocho T_T. No he hecho entrevistas completas, pero un resumen de las entrevistas mostrando un fragmento de las mismas. Algo que es claro y va directo al punto. Me he tomado un hiatus con el SYOT, lo necesitaba, pero quiero y debo terminarlo. Se lo debo a los chicos y los submitters, y a mí misma también.

Felicidades a Eryx, Roselia, Myle, Eris, Izzy, Francine, Emerson y Atala por llegar a este punto. Es en verdad una gran hazaña y los números se van a reducir más en los próximos capítulos. Pronto llegará un momento en que todos verán la victoria ante sus ojos y los nervios harán que el ritmo de las últimas muertes se acelere.

10º Mair Rainder. Sparkly Lane.

9º Ethan Snider. Star Valley.

Encomios:

Mair, no tenías a nadie en el mundo mas que a unas cuantas personas, lo habías perdido todo, por eso pensé que ponerte junto a Eris cuya familia tan numerosa y unida había luchado tanto por la justicia y la liberación de los distritos era lo más ideal. Ese vínculo le daría una motivación fuerte a ella para seguir, y a ti para sacar fuerzas, más allá de la poderosa razón de volver junto a Johann. Eras alguien muy humano y maternal, cuidabas a aquellos importantes para ti y Eris lo era. No quería que murieras sola. Que una amistad tan fuerte se forme en ese lugar, al borde de la muerte es bonito, todos queremos tener a alguien y tú que tenías a pocas personas en tu vida, encontraste a alguien más.

Ethan, me costó captarte. Me costó mucho. Tu historia era dura y cada vez que intentaba ponerme en tu piel me dolía ver todas las cicatrices que otros habían dejado en tu alma y tu cuerpo. Esa parte de ti que se aferraba con todas sus fuerzas a lo bonito de la vida, a los pequeños detalles que luego plasmaba en su arte siempre me fascinó. Eras fuerte, pero en un lugar tan feo como la Arena, al final tus demonios ganaron el pulso. Izzy consiguió sanar un poco esas heridas tuyas pero estaban ya muy profundas, tus abusos eran perpetrados por hombres, por eso con ella fue más fácil pero Eryx reabrió algo que debía haber permanecido cerrado. Gracias por ayudarme a crecer y mejorar.

Tres muertes más para los últimos cinco.

-¿POV favorito?

-¿Muerte que con más ansias esperan?

-¿Cuantos acertaran el pronóstico de los expertos?

Mis planes eran hacer otro SOT tras este pero ya mi hype por el fandom está bajo cero y tengo otras cosas más interesantes que escribir ahora. Pero en caso de que lo hubiera decidido hacer les habría preguntado también... ¿Qué les hubiera gustado más? Las opciones eran tres. Una 77º edición de los Juegos del Hambre con chicos capitolinos de nuevo. Los 72º Juegos del Hambre. Un tercer vasallaje alternativo donde el Capitolio elige las alianzas.

Y bueno, creo que eso es todo de momento.

¡Hasta luego y gracias por leer!