Falsos juramentos

Ha jurado amistad un traidor entre nosotros, todos somos inocentes, al mismo tiempo sospechosos. Uno de nosotros ha mentido, le entregará, desafortunadamente, podría ser cualquiera.

R

Slash m/m

Harry/Draco Harry/Ron

¿A algun@ de ustedes les gusta el Harry x Remus o Harry x Sirius? Si es así, avísenme ^^

Un beso,

Nabichan Saotome.

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Capítulo 26. En silencio

La luna guardaba celosa momentos impronunciables, era su confidente desde hacia tantas noches como podía recordar, bajo ella sus no tan buenas acciones fueron realizadas; descargó su furia sabiendo que podía verlo, sólo una vez liberó en su presencia un acerbo mar salado. Bajo el manto nocturno anhelaba, soñaba y amaba; renuente a confesarlo a la conciencia si mal y en pena no se hallaba.

Conoció nuevas fases, amistades y corazones abrumados con la realidad, miedos y querencias, odios y sentimientos jamás imaginados por un Slytherin, mucho menos por un Malfoy, heredero único, legado de mortifagos cuyo nombre, Draco, rondaba ya en filas de traidores a la comunidad mágica. O al menos esto último se creía así antes de que Harry Potter, salvación de tal y otros mundos, llegara a su vida y lo convirtiera en Gryffindor, desleal a la sucesión familiar; y causara la gama de sentimientos prohibidos ya antes mencionados.

Aunque tampoco se estuviese muy seguro.

Volar, sueño humano, inspirador de libertad, paz, incluso de necesaria soledad, guía de mentes confundidas, manumisor de furia y diversión. Tranquilidad y silencio. Viento.

Una sonrisa surcó las facciones pálidas y taciturnas, hermosas, de un ángel despidiéndose de la humanidad, cuya bondad es casi inexistente, de egolatría y celos vistosos. ¿Un ángel? Quizá sólo por la divina imagen de mechones rubios y ojos claros, cuerpo fino y delicado.

Draco hacía poco más de media hora se hallaba en el campo de quidditch, sobre su Nimbus, a cuarenta metros sobre tierra firme; tomando decisiones definitivas y dolorosas, con la seguridad de una predicción de los astros. Armándose del valor de remotos recuerdos, observando el suelo con tal aprensión cual si fuese un animal malsano causante de no más que la agonía eterna. Porque aquel, como siempre, era el gran problema de salidas simples: ¿Funcionaría? Una respuesta variable, dependía de persona, lugar, momento, y hecho.

Pero la mueca de fingida satisfacción desapareció a los pocos instantes de pronunciarse en una expresión de dolor absoluto. Le habría gustado despedirse, sin decir porqués ni razones, ni adónde iría, tan sólo mencionar un "buenas noches" que segundos después le causara amargura; besar furtivamente a Harry, a pesar de saberse rechazado de antemano, hacerlo de preferencia delante de Ron, verlo retorcerse del dolor y los celos, deseando matarlo con sus propias manos; decir "te odio" y "te amo" con facilidad casi maniaca; gritarle "¡no!" a su padre y a Voldemort... tembló ante el pensamiento del innombrable, antes de regresar a ambiguas reflexiones.

Aún le causaba temor la idea de la cercana muerte, ¿Qué habría tras ella? ¿Dolería? ¿Moriría, acaso, o se quedaría en un plano en que la muerte no llegaría hasta muy avanzado el tiempo, no tan vivo como para moverse, ni tan extinto como para no sentir el dolor? Lamentablemente existía esa señera forma de averiguarlo.

Perpetuo frío en el alma, el continuo vacío provocado por la depresión que sólo un grupo de dementores hambrientos podría provocar, la soledad propia de la separación; todo ello tal gusanos alimentándose de la materia que funestamente representaba Draco en esos instantes.

Suspiró, con extravagantes esfuerzos de no llorar. Tanta razón que había tenido al comparar su situación... si Harry no podía soportar tal vida ¿Podría él? Harry...qué mal momento para pensar en su presencia, sabiendo que gracias a él, se hallaba al borde de su Nimbus; como aquella noche en que ambos cuerpos se acercaron tanto y la amistad aparentemente imposible empezó, dando a continuación paso al enamoramiento jamás imaginado; con la mirada al piso sin temerle a la altura, el corazón destrozado y la respiración tranquila pendiendo de un hilo sobre la hoguera perdida que significaba el dolor.

No podía dar marcha atrás; era un decisión, tal vez equivocada, tomada desde hacia tiempo...y la repentina intervención de Harry sólo la detuvo por un tiempo, regalándole así la oportunidad de enamorarse, tener y perder cuando nunca antes había poseído algo de verdadero valor; pero aún con la bondad, su sonrisa, incluso su recurrente maldad, no pudo contra lo inevitable.

Le hubiera gustado saber, qué diría o pensaría al hallar su cuerpo en el campo de quidditch, inerte y frío, con el último pensamiento dedicado siempre a él. Sonrió lacónico, dejando que una lágrima solitaria se despidiera de sus ojos grises...le hubiera gustado tanto haberle dicho la verdad... Pero el hubiera nunca existió ni lo hará.

Cerró los ojos, aligerando la presión ejercida en la escoba; reuniendo por última vez todos los recuerdos maravillosos, hallando en ellos, en cada uno, a Harry...casi siempre con una sonrisa, protegiéndolo, abrazándolo, contándole historias fantásticas que él pedía una y otra vez, escuchándolo o simplemente, en silencio, pero al final a su lado... Todo el valor, todo el amor...toda la cobardía al final y al cabo.

Se soltó y un grito no pudo detener su caída en el campo de quidditch...Harry Potter corrió a su encuentro, estrechando el frágil cuerpo inconsciente entre sus brazos, susurrando su nombre y palabras de aliento que tal vez no servirían de nada.

***

Un chico daba vueltas de un lado a otro del cuarto, la escasa luz de una chimenea era lo único existente, por expresa petición del ya mencionado e intranquilo; se sostuvo la cabeza entre las manos, mientras sus pensamientos eran combinados con la tristeza experimentada, la desesperación de haber llegado en un momento tardío. Ya no importaba quién lo viese, ni quién le pidiese calma. No escuchaba razones ni consuelos; seguía caminando con presteza en círculos infinitos; Remus lo observaba casi por inercia, siguiéndolo con la sola mirada, sabía que debía desahogarse, aunque no precisamente de un modo tan depresivo.

-Demasiado tarde...demasiado tarde...- Del otro lado del cuarto, a un lado de las llamas, platicaban Dumbledore y el profesor Snape, acerca de Harry, de lo que había sucedido, intentando no escuchar los lamentos del chico, que aunque casi silencioso, no dejaba de llamar la atención.

-¿Qué tenías que decir, Severus?-

-El chico- dijo en un susurro -¿Recuerda haberme pedido vigilarlo cuidadosamente?- ante el ligero asentimiento del director, siguió su relato, con los brazos cruzados y aquella frialdad tan característica de él sólo un poco disminuida. -Lo he estado siguiendo desde entonces, usted sabe acerca de la cámara, el entrenamiento con Lupin en las mazmorras, las mejoras que inexplicablemente ha tenido... Aunque ese no es exactamente el asunto a tratar, tenemos conocimiento de que el estudio sobre Artes Oscuras y Magia Negra le ha ayudado mucho, pero esto va más allá de enseñanzas y libros más avanzados a la Sección Prohibida; hay algo mal con Potter ¿No es así? Sin temor a equivocarme, podría decir que una fuente ajena le está ayudando. La cuestión es que usted sabe la razón de todo esto ¿Verdad?-

-Has dado en el punto- Su sonrisa se amplió notablemente, antes de volver a la normalidad. -Todo se debe al "incidente" con Tom, de las cualidades que ambos comparten, la lengua pársel y sin duda, características que Slytherin apreciaría en Harry. Una de estas, fue directamente y sin intención como las demás; concedida por Voldemort en su fallido ataque, cierta "malevolencia" natural (Por decirlo de alguna manera). Tom, estaba predestinado a ser el Mago Oscuro más importante de todos los tiempos, con sólo un enemigo con capacidades para derrotarlo, una profecía inequívoca sin duda. Irónicamente, esta maldad ha ayudado a Harry a tomar su lugar con mayor facilidad en la predicción- se detuvo, entreteniéndose en la atenta observación de las llamas.

-¿A qué se refiere?- intervino Snape, examinándolo fijamente ante su silencio.

-Harry ha sido predestinado a un papel en esta guerra, es el único que puede derrotar a Tom. Cuando Voldemort lo supo, intentó deshacerse de él; aunque sin éxito alguno a sus verdaderos propósitos tuvo contraindicaciones importantes; Harry está evolucionando con rapidez los poderes obtenidos en aquel ataque. Éstos crecen dentro de nuestro chico, por ello actúa tan voluble, tan irritado en ciertas ocasiones; su cuerpo está en constante pelea, en hacer caso a estas cualidades o seguir el camino en el que hasta el momento ha sido colocado. Harry es muy fuerte, aunque no lo parezca en estos instantes, intenta usar estos poderes ajenos a favor y no en contra de los que ama; aunque no todas las veces lo logra- Harry se sentó, a un lado de Remus, con la cabeza agachada, mordiendo sin mucha consideración su labio inferior, debido al nerviosismo.

-¿Él sabe todo esto?- el director de Hogwarts asintió, sin perder de vista al chico, quien nuevamente comenzaba a alterarse.

***

//Hubiera llegado más rápido. Me hubiera dado cuenta antes de sus intenciones. ¿Y si no les hubiese mentido a los profesores? ¿Y si hubiese leído los pergaminos al encontrarlos? ¿Qué tal la idea de leer su mente? ¿Qué hubiera pasado de no haberlo sobreprotegido? ¿Y si me hubiera dado más prisa? ¿Y si hubiese aprendido más sobre la Magia Negra? Hubiera corrido más rápido... Le habría dicho a alguien sobre lo que pasaba con él. Hubiera alertado a los profesores. ¿Por qué no lo llamé? ¿Por qué no pude evitarlo? ¿Por qué no le dije lo de Ron? ¿Por qué no le expliqué? ¿Por qué no le dije sobre mi incidente? Le hubiera explicado todo... ¿Por qué le dije que lo quería? ¿Por qué lo besé? ¿Y si no lo hubiera besado? ¿Por qué? ¿Por qué lo besé? ¿Hay alguien que pueda decirme porqué? Por favor...necesito respuestas. ¡¿Por qué?! ¿Por qué le pregunto al vacío si ya lo sé?

Draco me gusta...me gusta mucho...y ahora él...

¿Por qué no corrí más deprisa? ¿Por qué tuve que ir a la Torre de Astronomía? ¿Por qué no me aventé por la ventana con tal de ir a detenerlo? ¿Por qué no llamé a mi Saeta? ¿Por qué no probé los poderes...aunque fuera con intenciones de esa índole? Dije que no iba a utilizarlos... ¡Pero la ocasión lo ameritaba! ¿Por qué no lo busqué antes? ¿Por qué dejé que fuera él el que diera el primer paso? ¡¿Por qué le mentí?! De alguna forma...yo lo maté//

Harry se descubrió en brazos de su profesor, éste, acariciaba con insistencia su rostro, su cabello y su espalda, intentando calmarlo; al hacerlo, se afianzó a él, abrazándolo casi frenético, pidiéndole un poco más de tranquilidad, quizá un poco más de consuelo.

-Shhh Harry, Draco va a estar bien. Tú lo salvaste...deberías comprenderlo- se encontraba sobre el regazo del amigo de su padre, como un niño despierto a horas inciertas por una pesadilla que sólo un mayor podía calmar; lo cual no estaba muy alejado de la realidad. Él sabía que sus palabras eran ciertas, él, que había llegado sólo para ver al suelo recibir secamente el cuerpo inerte de su amigo, correr a su lado, susurrando su nombre y palabras de aliento que ahora le hacían falta, había utilizado una técnica, aprendida de fortuitas maneras, algo de su propia invención, combinada con hechizos de Magia Negra Avanzada; él, que había visto inexistente pulso y respiración, había revivido al cuerpo, antes de que el espíritu estuviese demasiado lejos, o demasiado ajeno a la mortalidad; las funciones vitales habían regresado, el corazón latía acelerado, la vida se volvía precaria...pero su hechizo no lo dejaba morir, lo mantenía al margen, sabiendo que más conjuros podrían salvarlo... él, que había hecho todo lo mencionado en menos de lo que se pudiese esperar de un excelente mago, aún así no estaba seguro. -Calma...si despierta pronto, necesitará verte a su lado, para comprenderlo y escucharlo...te necesita, Harry...y él no está en tan dudosa posición como para que te comportes así. Valor, mi muchacho... Si nos faltas tú, ¿Quién podría salvarnos?- el chico subió el rostro, visiblemente mejorado, sus lágrimas sólo habían dejado algunas marcas de salinidad, pero las palabras de Remus habían servido de tanto para reanimarlo. Tenía razón, no podía dejarse caer, Draco estaría bien, y de su cuenta corría que ello se lograra con presteza.

-Gracias, Remus...- suspiró, con alivio -Gracias- se limpió el rostro, visiblemente apenado por su impulsivo comportamiento. -¿Crees que Madame Pomfrey nos diga pronto algo?- despreocupadamente, en son de animarlo aún más, Lupin alzó los hombros, con esa sonrisa en su rostro que reconfortaba tanto a Harry.

***

El miércoles llegó con mucha rapidez, la madrugada de tal día avanzaba a paso acelerado, aunque no así las respuestas a las preguntas del chico de ojos verdes, quien comenzaba a desesperar. A pesar de toda la insistencia posible, Remus se había quedado al lado de Harry "para asegurarse que todo estuviera bien" había pretextado a Dumbledore, aunque secretamente, él sabía que era por gusto propio, y por la promesa de velar por el hijo de sus mejores amigos, o bueno, por lo menos eso había entendido de la plática con Harry; James era su padre biológico, Sirius lo era por naturaleza, por todo lo faltante en su vida que intentaba darle sin reserva alguno.

-Harry... ¿Por qué pasó todo esto, lo sabes?- el chico asintió, pero no respondió, lo cual fue comprensible para el licántropo, que no preguntó nada más. Ambos se hallaban sentados en una camilla, justo enfrente del pequeño cuarto formado con doseles que era el lugar ocupado por Malfoy. -Cuéntame más acerca de los muggles que te cuidaron- el chico alzó la cabeza, sonriéndole con suspicacia, sabiendo de las intenciones que él y Sirius tenían en contra de los Dursley. Bueno...ellos y todos sus conocidos.

-Cuidar no es la palabra correcta, en primer lugar. Me vigilaban, eso sí...pero sin la preocupación y cariño que unos tutores deberían procurar, más si son mi "familia" por decirlo así; pero no quiero hablar de eso, ellos no son nada mío desde que tengo aquí a mi familia, a ti, a Sirius, y mis amigos...-

-¿De verdad nos consideras de tu familia? Nosotros no tenemos ningún vínculo biológico- acarició su cabello con gran cariño, observándolo fijamente.

-¿Y? Lo son...si quieren serlo- los doseles se abrieron, dejando ver a la enfermera salir. Ante ello, ambos olvidaron su plática, el chico se levantó en un solo movimiento que le provocó cierta torcedura del tobillo derecho a la cual no le tomó mayor importancia.

-Madame Pomfrey... ¿Cómo está Draco?- la señora asintió, con una modesta sonrisa en el rostro que quitó todo el malestar posible a Harry, quien de inmediato suspiró agradecido.

-Pronto despertará, pero nada hubiera sido posible sin ti. Magia muy antigua, jovencito...y muy poderosa, con características y dones jamás vistos antes. Debería costarte grandes explicaciones, como bien ha dicho el profesor Dumbledore...pero no te preocupes, no por ahora. Si quieres, puedes ver por unos minutos a tu...- el chico no tuvo que escuchar la frase completa antes de abrazar a Remus, agradecer de todo corazón con una sonrisa enorme a la enfermera y contener todas las palabras necesarias, despidiéndose de ambos y metiéndose al pequeño cuarto rodeado con los doseles blancos; en medio de la casi penumbra, a altas horas de la madrugada.

-Buenas noches, Remus, Madame...muchas gracias...- el profesor sonrió, al igual que la señora a su lado, antes de irse ambos a sus respectivas ocupaciones. El primero a dormir unas cuantas horas, mientras Poppy revisaría a sus demás pacientes.

***

¿Qué sería ahora? ¿Un ente con asuntos pendientes, comúnmente llamado fantasma? Con seguridad así era, pues aún no estaba preparado para dejar de vivir cuando lo hizo, por mucho que lo deseara desde hacía tiempo. No había arreglado nada para irse, nada de confesiones necesarias a sus seres queridos, ni despedidas, ni siquiera había escrito una carta que explicara las razones para tan cobarde acción. Quizá pensaran que había sido un accidente. Sí...eso sería más honorable que vedarse la vida en un arranque depresivo. Tal vez aludieran su muerte a un ataque de Voldemort. También sería mejor que el tonto suicidio que había cometido.

¿Qué había pensado Harry al verlo muerto por su culpa? Porque al final había sucedido así ¿No?

Ojalá pueda reaccionar pronto...quiero verlo. Sé que de alguna forma puedo averiguar lo que ha pasado. Quizá aún no me encuentren y pueda ver su rostro cuando le avisen que estoy muerto... ¿Llorará? ¿Qué dirá? ¿Creerá que es su culpa? ¿Me lo reprochará, lo comprenderá? ¿Sabrá porqué lo hice? Si lo sabe...entonces le pediré me explique, pues yo ya no entiendo, ya no recuerdo qué fue lo que me impulsó a tomar esta decisión. ¿La soledad? Sí...así como el dolor que dejó cuando se fue con Ron... pero ¿Fue suficiente razón o lo hice sin pensar? Dios... porqué lo hice... ¿Por qué, Harry? ¿Por qué no llegaste a detenerme? ¿Por qué no me buscaste? ¿Por qué dijiste que me querías? ¿Te gusto o sólo estabas jugando? ¿Por qué...por qué me besaste? ¿Por qué te alejaste? ¿Por qué permitiste que esto pasara? Esto es tu culpa, el que yo esté aquí, pero ni siquiera te lo dije. Tenía tantas cosas por hacer todavía, tanto que decir y aprender, tal vez aún tenía medios para seguir adelante. Harry... ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué permitiste que esto pasara? ¿Por qué me dejaste morir? ¿Por qué me dejaste hacer tal locura?

¿Estoy muerto realmente? Si es así...duele mucho la muerte. El pecho...Dios...creo que me rompí algo. Pero... ¿Cómo puedo sentirlo? ¿Qué sucedió? Llevo horas aquí, en medio de la oscuridad...con este maldito dolor en todo el cuerpo. ¿Qué es esa luz?


-Draco- Harry tenía cerca de un cuarto de hora totalmente estupefacto ante el chico, que empezaba a reaccionar. Tomó su mano derecha entre las suyas, esperando el momento que pronto llegó, cuando abrió los ojos totalmente perdido en su propio universo, demasiado hundido en sus pensamientos para comprender el lugar donde se encontraba.

-¿Qué sucedió?- viró hacia su derecha, al percatar un contacto en su palma; encontrando un suspiro de alivio, con voz ya conocida. Sus imágenes aún se hallaban distorsionadas, lo suficiente para no poder ver la felicidad en el rostro de Harry. -¿Harry? ¡¿Harry?!- el aludido se sentó en la cama, dejando la silla que momentos antes ocupaba; Draco estiró ambas manos hacia él, queriéndolo acercar a sí. Al no recibir palabra alguna, se levantó, abrazando al joven Potter por el cuello, ocultando el rostro en él, de tal modo que le provocó inevitables escalofríos. Un contacto cálido llegó a su espalda con las intenciones de calmarlo, pero fue motivo de malas elucidaciones, por lo que Draco lo asió con aún más fuerza, casi sofocándolo al hacerlo.

-No iré a ninguna parte- acariciando extremadamente dulce su cabello platinado, pudo suavizar el momento; logrando que Malfoy reuniera la suficiente energía. Inclinándose, lo acostó con delicadeza, sin soltarlo ni ser soltado; al parecer ambos complacidos con el afable contacto. Cómo pudo ante el abrazo posesivo del que era víctima, se acostó a su lado; ya muy cansado, observándolo con cierto reproche cariñoso, dulce regaño. Pasó por segundos breves el rostro albino, recorriendo dulcemente los rasgos delicados y atractivos, que se ocultaban de la vista.

***

Estaba amaneciendo en terrenos Hogwarts, la hoguera comenzaba a apagarse con lentitud, en tanto las camas guardaban celosas sus ocupantes; entre ellas, se hallaban Harry y Draco, quienes aún platicaban en voz baja, acostados en la cama, de frente, separados por un espacio suficiente para estar cómodos, piernas flexionadas, manos encontradas en un muy ligero e imperceptible contacto con su compañero, la vista fija de parte del primero, el nerviosismo del segundo; la melancolía de ambos.

-Así que...eso sucedió- el joven Potter asintió, visiblemente abrumado por la incertidumbre de su amigo, quien intentaba calmarse un poco ante las palabras pronunciadas recién. -Encontraste mi trabajo y me salvaste por él...- una pequeña sonrisita, que Harry no supo interpretar de otra forma que no fuese perturbación, iluminó por instantes su rostro, en tanto desviaba la mirada hacia la almohada, cual si en ella se encontrasen las respuestas correctas. Al parecer, sus últimas palabras no habían sido del todo reflexionadas, dichas sin mucha atención, que demostró con un suspiro largo y lastimero. Ambos sabían lo que tal gesto significaba, el de cabello azabache quizá con más certeza, pues lo había pensado profundamente en las interminables horas de espera.

-Aún tenemos que arreglar algo ¿Verdad?- movió la cabeza en una afirmación, observándolo por instantes, antes de mirar hacia cualquier punto a excepción de su presencia. ¿Tendría que decirlo? ¿Tendría que mencionarle la razón principal de tal inseguridad? ¿Tenía que ser justo en esos momentos en que todos los problemas parecían haber volado lejos? No sabría qué decir, cómo explicarle la pregunta con tan obvia procedencia. Suspiró nuevamente; había disfrutado a un grado de perfección absoluta todo aquel contacto deseado por tanto tiempo; deleitándose con un sabor ya conocido aunque un poco olvidado por los sentidos, de la boca entera con delicioso sabor a chabacanos. ¿Cómo podría decirlo, sin arriesgarse a levantar la mirada, encontrarse con esos ojos verdes examinándolo con grave profundidad, y los labios que anhelaba la mayor parte del tiempo? Lo quería...lo amaba, había sido la primera persona importante y trascendente en su vida, y aunque el deseo de estar con él de forma íntima estuviese taladrando su mente hasta rozar la locura por impaciencia, no podía darse el lujo de destruir la presente cercanía entre ellos si Harry llegase a rechazar sus intenciones. Diablos...comenzaba a pensar como él.

***

Recargado en una pared de piedra, que daba al comedor, seguía esperando su llegada, impaciente y casi desesperado; no lo había visto en toda la mañana y ya iba siendo la hora de la comida. La profesora Trelawney los había dejado salir antes debido a una profecía, dicha con voz profunda y espectral, curiosamente a uno de los chicos faltantes a su clase, en específico, al que más veces le había predicho una muerte lenta y desastrosa, además de traiciones y romances, y al que Ron hubiera querido ver en esos instantes.

//Tal vez deba ir con Dumbledore//

En tanto vagos pensamientos de ir a pedir ayuda rondaban en su mente sin lograr algún movimiento de su parte por la esperanza de que llegara; una chica se acercó a él, su respiración era acelerada, como si hubiese corrido durante largo rato.

-¡Ron! Qué bueno que te encuentro... ¿Has visto a Harry?- era Hermione, quien tras explicar su frase, se agachó ligeramente, recargándose a su lado en el muro; observándolo fijamente en tanto recobraba el aliento. Ron negó, con los brazos cruzados, despertando de su sopor con inquietud.

-No, comienzo a preocuparme- se mordió el labio inferior, mirando el piso con gran interés. La chica se alzó, analizando la respuesta y uniéndola con más suposiciones que desde hacía días iba tejiendo en su cabeza castaña.

-Es extraño...Malfoy tampoco aparece- completó, haciendo que Ron se ruborizara de los celos para después negar la discreta idea.

-¡Oh vamos! No empieces de nuevo con eso. Ya viste lo que provocamos ayer con nuestras suposiciones...Harry se enojó conmigo...no me quiso hablar en todo el día-

-Fuiste demasiado directo con él... Pudiste tener un poco más de sutileza al preguntarle sobre...tú sabes... Yo sólo digo, es extraño que hayan desaparecido... y que ninguno de los profesores diga algo...- el pelirrojo viró hacia ella, observándola con suspicacia. ¿Por qué siempre tenía las palabras indicadas para interrumpir la tranquilidad del ser humano? Suspiró, preguntándole con voz tranquila.

-¿Crees que nos estén ocultando algo?-

-Tal vez sea por "Quien-tú-sabes"- la chica se acomodó la túnica, sin prestarle mucha atención a la plática sostenida.

-O quizá Harry y Malfoy flirtean a mis espaldas y el colegio los encubre- los dos quedaron en silencio total, analizándose el uno al otro con curiosidad, antes de que Ron vivara hacia la izquierda, bufando molesto ante su propia idea, cruzando los brazos con aún peor humor, y le recriminara sus propios pensamientos. -Mira lo que me haces pensar...debería confiar en él...me dijo que no había nada entre ellos...que eran sólo amigos- volvió a suspirar pesadamente -Yo ya no sé- bajó la cabeza, esperando la respuesta de su amiga como si en ella se encontraran las respuestas a misterios inexplicables.

-Hay algo que te hace dudar ¿No es así? Algo que no me has dicho...- el chico asintió, contestando en murmullos que hicieron que Hermione se acercara aún más para escucharlo.

-Desde que son amigos, Harry no es el mismo conmigo; no sé, tal vez estaba acostumbrado a ser su mejor amigo, a que dependiéramos el uno del otro, tal vez había cierta necesidad; cuando Malfoy llegó nos alejamos, pasaban más tiempo solos los dos; y yo...bueno, me quedé solo, sin mi mejor amigo. En tanto, me daba cuenta de la mirada que Draco le dirigía a Harry, la forma en que le sonreía o hablaban; no tardé mucho en darme cuenta de que teníamos los mismos síntomas (Obviamente yo antes de él). Eso fue lo más básico...uno de los peores momentos, fue aquella vez en la fiesta de Harry, cuando los vi besarse; había en ellos tanta pasión, tanta ternura... Fue su primer beso, Hermione... ¿Sabes lo que eso significó para mí? Con los celos, y con eso de que un hombre celoso razona poco, le dije a Harry lo que sentía; a los pocos días, Draco nos atrapó besándonos...salió corriendo, con Harry tras él. Ese fue el primer indicio, después del beso, de que entre ellos puede haber algo. Sino ¿Por qué le tendría que preocupar tanto lo que piense Malfoy? En fin; ya sabes lo demás, cómo se ven, se abrazan, o se hablan, cómo se divierten; de tan sólo pensar lo del sábado...- tembló de furia, intentando calmarse. -Los vi saliendo de la cama de Harry... ¡Habían dormido juntos! No es que halla nada malo en ello, pero...ni siquiera me había ido a ver después de lo de su "accidente", y se supondría que tengo más derecho de estar con él...pero por lo visto no es así- se detuvo por algunos instantes, observando el techo casi en un trance maniático.

-Y el beso- era exactamente lo que evitaba pensar, y la chica se lo había recordado casi sin pensarlo, crueldad sin premeditación, pero con todo el dolor que podía y de hecho, causó.

-¡Hermione! No quería recordarlo. Sí, sí...ese maldito beso...le creí a Harry cuando me dijo que había sido un juego, que sólo se había estado entreteniendo a espaldas de Malfoy. Por muy tonto que suene, me pareció coherente por unos instantes, incluso divertido. Le creí... ¡Le habría creído cualquier cosa! Y ahora con esto...ya no sé qué pensar. De tan sólo imaginar que pueden estar juntos...si me llego a enterar dónde se esconden, los mató; te lo juro- la chica, quien pensaba definitivamente dejar de dar tantas ideas, dio la mejor de ellas en ese momento; despegándose del muro con aire inocente, observando el camino que daba hacia el comedor con gran esperanza.

-Vamos a comer, no vale la pena seguir esperando-

-Sí, tienes razón- el chico la siguió, adelantándose un paso y yendo hacia el Gran Comedor sin mucho ánimo; por lo menos antes de verse detenido por un tercero, que por azares del destino, había querido asesinar en segundos anteriores.

-¡Chicos! Los había estado buscando- viraron hacia atrás, hallando al dueño de tal voz, quien a pesar de todas las dificultades acaecidas, lucía como siempre atractivo y sonriente. Hermione no desaprovechó y salió de ahí en menos de lo imaginado, no sin antes despedirse cordialmente.

-Bueno, yo los dejo; seguro tienen mucho que platicar- la vieron irse y desaparecer de su vista, antes de concentrarse en lo importante. Harry no tuvo que esperar pregunta alguna, y Ron no pudo esperar respuesta más elocuente y satisfactoria que la que halló en esos momentos. El primero vio su oportunidad en un aula en desuso que se hallaba a unos cuantos pasos a la derecha, haló a su compañero dentro, abriendo y cerrando a su paso, empujándolo levemente. Antes de que pudiera protestar o quejarse, capturó los labios rojizos entre los suyos, ante el total deleite de Ron, quien no dudó en corresponder el beso comenzando a profundizarse.

Por obra del destino, o de la magnífica agilidad de Harry, Ron se vio en pocos minutos sobre el escritorio; bajo un hermoso chico ardiendo en pasión que en absoluto parecía el tímido niño recién llegado a Hogwarts cuatro años antes. Obviamente, el juramento de Weasley no fue del todo cumplido. Harry y él salieron ilesos poco tiempo después, como si nada hubiese pasado, rumbo al Gran Comedor.

***

La mayor parte del tiempo, desde la entrada al mundo mágico, la acción de reflexionar y meditar sucesos pasados, presentes y futuros; era una de sus actividades favoritas (o tal vez la de mayor necesidad); a veces no servía de mucho, ya que terminaba por empeorar las cosas en ocasiones imprescindibles, donde el interlocutor, ahora estaba consciente de ello, no debía ser la conclusión sacada de una mente confundida, propia de un joven de su edad, vivencias además de temple y actitud. Ni tampoco de impulsivos deseos, en ocasiones hormonales o extremadamente sentimentales. Tal vez sí, y con mucha razón, debía mantener cierto rango de equilibrio, no demasiado cerebral, ni demasiado visceral. Lamentablemente, lo hecho de manera incorrecta, por corregir aún clamaba. Y no iba en muy buen camino de hacerlo.

Si bien dicen que es más fácil matar que dar vida; él podía poner todas las pruebas a favor de tal suposición.

Harry bajó la cabeza, encontrando como objeto de su observación, al hermoso chico entre sus brazos, al cual analizó por dentro y fuera, para posterior a tal examen visual, hacer lo mismo consigo mismo, y con los sentimientos y memorias que tal análisis había sacado a superficie.

Tenía que admitirlo, gustaba de Ron.

Pero también gustaba de Draco.

Ron, para él era más que el chico pálido, pelirrojo, alto y tontuelo, hermoso, apasionado y posesivo, divertido, travieso, curioso, temeroso y aún así valiente; era su mejor amigo, por mucho que odiase recordar tal punto; es decir, era casi (Por no decir que con seguridad lo era) su hermano. Oh, pero qué hermano tan atractivo, y tan lindo; tan... Podía decirse, que tenía cierto enamoramiento, lo cual era muy diferente del amor, tal vez Ron era tan hermoso que provocaba tal atracción en él, quizá era el cariño que sentía por él, por aquel pelirrojo, el que era confundido con el gusto. Lo pensó durante unos largos e imprescindibles minutos. No, físicamente siempre le había llamado la atención; sus rasgos delicados, tiernos, volubles; su forma de tratarlo, de quererlo, le había encantado siempre. ¡Era la primera persona en ofrecerle amistad, compañía y cariño, por vida de Dios; cómo no iba a quererlo! La primera persona, chico o no, en enamorarse tan profundamente de él, en decirlo y demostrarlo.

Sin embargo, él aún no podía corresponder tales sentimientos. Le gustaba, sí, física y psicológicamente, mas no con otras intenciones. Era como... ¿Admiración, fervor? Lo reflexionó largamente, hasta que comenzó a divagar con tantos pensamientos unidos y separados a la vez.

No era posible explicar sentimientos con palabras, era como decir "Me gustas, sí; pero te prefiero como amigo. ¿Por qué? Eh..." He ahí, la gran pregunta, ¿Por qué lo prefería como amigo, cuando estaba consciente de que le gustaba? ¡Oh, claro; porque era el mejor de ellos, porque era casi su hermano, porque era el primer miembro en llegar a su familia, porque al comenzar su romance se perdió esa amistad tan profunda! Porque por mucho que le gustara, no desaparecía la sensación de estar haciendo algo incorrecto y que del todo no estaba en su lista de deseos. ¿Dónde había quedado todo lo que había servido para unirlos?

Nuevamente, dejó su mente en blanco durante unos instantes, muy breves. Estaba con Ron porque Ron lo quería, porque su mejor amigo deseaba estar con él de una forma diferente. Había pensado, que nadie más lo querría así, que nadie se profesaría suyo hasta la muerte; y se había precipitado gracias a sentimientos (De su parte) malinterpretados; pensamiento que con la llegada de Draco se vio corregido. Posteriormente la culpa había cavado un abismo en el cual derrumbarse. ¡Había dicho que sí, no podía dar marcha atrás!

Bueno...ya no estaba tan seguro.

¿Cuántas veces había cambiado de parecer, cinco o diez, una docena o una centena, un millar?

Tal vez debería estar haciendo otras cosas en lugar de seguir con decisiones equivocadas que no lograban sino más problemas de los ya acaecidos. Tal vez debía lanzarse el Avada Kedavra y dejar que el mundo se destruyera por sí mismo o en manos de Voldemort, tal vez debía reunir a Ron con Hermione y a Draco con alguien que pudiera merecerlo, y alguien a quien pudiera corresponder; quizá podía huir y posteriormente ser padrino de sus hijos, en tanto él seguía alejándose de todos...aunque eso incluyera a su familia... errando en el mundo, cobarde ante toda decisión. Quizá podía mantener una relación relativamente estable con alguno de sus compañeros de escuela, probar otros sabores, como rico Ravenclaw o combinado Hufflepuff, tal vez en Slytherin podía haber alguien con buenas intenciones... O incluso, si uno reflexionaba fríamente y sin miramientos, en la mesa de profesores había hombres muy atractivos...como Snape, que cuando...

El chico entre sus brazos se movió un ápice hacia la izquierda, lo que afortunadamente pudo despertarlo de las locuras que a veces se le ocurrían.

Tomó el libro que hacía tan sólo unos minutos había abandonado a su lado, se recostó correctamente, abrazó un poco más a Ron, quien dormía profundamente, con el brazo izquierdo, en tanto continuaba su lectura de Magia Negra, ayudado de las luces colocadas con el ya conocido hechizo; esperando el momento de su entrenamiento con Remus y el profesor Snape.

-Como si en verdad quisiera alejarme- suspiró y cambió de página.

***

Sangre extraída, huesos diluidos, músculos retorcidos, rostros informes, gritos de dolor.

Un mortífago entre las líneas se separa de sus compañeros, ya no forma parte de los seis que se separaron para hacer correr en el suelo de cadáveres la sangre de hasta el último habitante de lo que alguna vez fue uno de los pueblos preferidos de su objetivo. Va hacia la derecha, nadie percata su ligera retirada en trote, y quien lo hace, no le pone atención, seguro va a eliminar a uno que se ha ido de su alcance, no hay nada que temer. Pero el mortífago está harto; no puede con el trabajo: Es un primerizo, no ha podido matar a nadie, no tiene el poder ni el temple para hacerlo; por compromiso y vigilancia, noquea a algunos, tortura a otros, por un momento lo disfruta, la satisfacción desaparece; no es capaz de arrebatarles su último suspiro de alivio al creer que en realidad están a salvo. Los deja inconscientes, no importa, los mortifagos no revisarán los cuerpos. Presta atención, de reojo analiza varias personas, siguen vivas, están respirando. Pero no es suyo el trabajo, alguien más los ha salvado, es algo demasiado elaborado. No podrá con la verdadera prueba, esto es sólo un juego de niños. Y lo sabe, también es suyo el trabajo.

Un mortífago se deslía por un segundo, es uno de los mayores, uno de los importantes; pero está en duda. Frío, cruel; pasa tras Lucius, sabe que es él, reconocería esa estridente risa maniática donde quiera que fuese; varita en mano, lanza un ataque hacia el suelo, donde una víctima aún viva no puede retorcerse por el dolor. El rostro desfigurado logra en él una mueca de repulsión. Avada Kedavra, no había escapatoria, no había salvación; elevaría plegarías por el alma perdida, pero él no es así, esas cosas le importan nada; mata cual si respirara, es de lo más común para él, le enseñaron bien. Mata a un compañero, nadie se da cuenta, ni el ahora occiso lo vio venir. Le cayó mal desde el primer momento en que lo vio. Es lo bueno de ser un mortífago. Observa nuevamente al suelo, poco después de donde cayó el antiguo cuerpo; oye unos quejidos de dolor, completamente solitarios, es una mujer, y no hay risa; está viva y sin atacante momentáneo. La fémina gritaría, chillaría del terror, pero este sentimiento lo impide inteligentemente, suerte, sólo tiene unos huesos rotos, quemaduras, torturas, le sangra un ojo...parece que lo ha perdido; los clásicos extremos golpes, una rodilla en un extraño ángulo, el cráneo ligeramente quebrado; la han violado varias veces, simultáneamente, nada fuera de lo común. Traumas seguros, tendrá que ir a San Mungo por un tiempo, pero por lo menos está viva. Está a punto de gritar, pero él, asegurándose que nadie lo ve, levanta la varita entre su mano izquierda y con ella misma hace la señal del silencio por delante de la máscara que oculta su faz; la mujer, tras un grave silencio de titubeo, ansiedad y locura, asiente con una sonrisa, se queda sin palabras, cierra los ojos y finge inconsciencia. Él es vengativo, frío, rencoroso, será un mortífago; pero no es así de cruel, el no mataría a nadie otra vez, no si no lo merecía o si podía evitar la constante vigilancia. Por última vez ve a la dama; ese cabello ébano, le recuerda a su supuesto objetivo. Pero él no lo hará, no es su trabajo, él...va a detenerlo mientras esté en sus manos.

Un mortífago. Hace tiempo fue reclutado, no tiene mucho, se nota en sus ojos; pero ellos son ocultados por la amable máscara; no muestran el aún terror de tal escena, y aún así, voltea a la izquierda, ve a uno vivo dentro de la casa secreta que han invadido, oculto tras el refrigerador, apunta apenas y lo mata. Demasiado fácil, demasiado quieto, muy silenciosa fue su muerte; necesita gritos, se ha hecho adicto a ellos. Quiere que supliquen por un poco de piedad que nunca tendrá nuevamente, le gusta escuchar crujir los huesos, oler la carne quemada, escuchar los gritos cuando arroja pequeños insectos que van devorando a la víctima, viva. Le gusta la lenta forma en que queman a ciertos personajes, casi tanto que no se siente...por unos instantes. Saborea las grotescas escenas, pero sabe que su objetivo aún no está cumplido, tiene un trabajo, algo que sólo se obtendrá mediante un secreto que guardan celosamente contados seguidores. Tiene que averiguar si las piezas están dispuestas, si "él" lo ha logrado. Es el traidor. Pero después de todo, con tantos mortifagos, mil veces más experimentados; haber sido la elección de "El-que-no-debe-ser-nombrado", es todo un honor, es suyo, es su trabajo. Es el último en salir, cuando un breve suspiro llega a sus oídos, la casa en ruinas está en completa oscuridad, toda la noche lo está. Da un paso hacia atrás, una respiración casi inaudible; abre un ropero al parecer trabado con un seguro ya roto; tras varias capas, túnicas y demás, oye un pequeño sollozo. Una niña entre el escombro le pide ayuda, la sostiene entre sus brazos, levantándola hacia la escasa luz que entra por la ventana, tendrá si acaso cinco o seis años; qué linda, sus rizos, su carita de nerviosismo. Le recuerda a alguien que vio morir hace tiempo, poco antes de su llamado a las filas, pero no quiere pensar en ello, sólo ve la razón por la cual está ahí; traicionando a uno de sus mejores amigos. "Ven, pequeña...yo te cuidaré. Mira, vamos a jugar un juego, para esas lágrimas, bonita... Así está mejor. Te ves muy bien así, no vale la pena llorar, por nadie. ¿Que dónde está tu familia? Oh, cómo me lo recuerdas...pero tú no eres como él, tú no me traicionarías... Yo, ¿Cómo te llamas? Ah, lindo nombre... Monique, yo, voy a ser tu familia ahora. Vamos afuera, vamos a jugar un rato... ¿A qué? a "Aurores y ladrones" Nosotros, somos los aurores, y uno de mis amigos será el ladrón ¿Que qué robó? Oh, nada importante...sólo lo que yo más quería" Sacó de la túnica, colgado en su cuello, un collar de plata, suave cadenilla de perfecta composición, un rubí rojo resplandeciendo levemente era el dije de tan hermosa joya, un rubí encerrado por un sol de plata hecho de serpientes. "Mi amigo se llama Harry...y es muy famoso... Sí, lo vamos a derrotar, con ayuda de esto y de alguien más al que pronto vas a conocer" señaló nuevamente el collar, al que tantas veces había utilizado.

***

Pequeños fragmentos pueden llegar a su mente, a pesar de la protección dispuesta sobre las filas.

Un "NO", grave, en un grito, con una duración de toda una respiración profunda; sale de entre sus labios con tal volumen que varias ventanas son rotas en un instante, es demasiado el dolor, demasiada empatía. Se ha arrodillado en la cama sin darse cuenta, sus manos puestas en puño sobre sus rodillas son prueba del estrés que intenta superar. Gritos, tortura. Levanta el rostro, por primera vez en varios segundos, se da cuenta de que alguien intenta hacerlo entrar en razón. Recuerda la realidad, ha dormido la noche del viernes en la cámara de los entrenamientos, con su profesor favorito, en algo totalmente del momento. Quiso acompañarlo en su debilidad, pronto será luna llena. Es sacudido fuertemente, fue sólo un sueño, pero realmente no lo fue.

Se abraza a Remus, la mueca es correspondida; es demasiado tarde, su corazón lo dice. No pudo detenerlo.

Pero vio al traidor, entre sus sucios brazos una pequeña niña, le muestra un borroso collar...que le parece extrañamente familiar. Circunstancialmente, algo aprieta su pecho, el abrazo es demasiado poderoso, él lo ha hecho así, algo se clava en su piel... Sin ser grosero, en algo puramente momentáneo, se separa, se lleva la mano derecha al cuello, saca la joya, aquella que le regaló Ron; ante la mirada expectante de Remus; que sin pizca de ternura toma la mano que mantiene en alto la piedra preciosa.

-¿Quién te lo ha dado?- Ante tal curiosidad, ansiosa, melancólica, casi lunática; Harry no sabe qué decir. Lupin tiembla, está demasiado nervioso, y demasiado débil. Silencio. Lo piensa durante mucho tiempo, se muerde el labio inferior; actuó precipitadamente. Pero ya es demasiado tarde, no puede mentirle al joven de ojos verdes, que aún espera una explicación. -Ese collar, se lo dio ese maldito de Colagusano a tu padre...poco después de que tú nacieras...-

No gritos, no preguntas. El simple silencio.

Ambos se duermen, no dirán nada. No saben qué.

***

Todos guardaron silencio, era demasiado. Algunos, tal vez la quinta parte de la población estudiantil dentro del castillo, salieron del Gran Comedor ese sábado, rumbo a sus respectivas casas, a la lechucería, a dar un paseo que pudiera aclarar los pensamientos; la noticia había caído como balde de agua fría.

Harry bajó la cabeza, no quería pensar en ello, no había leído la nota en "El Profeta", ni había corrido a ver a Dumbledore para saber por curiosidad los detalles del ataque; él sabía que no se había podido salvar mucho, y su intervención en el asunto no haría más que complicar las cosas. No podía evitarlo, se sentía culpable.

Draco, quien se había presentado hasta ese día a la vista pública, deslizó la mano izquierda por debajo de la mesa, colocándola sobre la de Harry, en un acto de comprensión y apoyo, además de un ligero regaño, que hasta su contacto afable formaba un puño por ende lleno de dolor.

Voldemort sabía de sus movimientos.

Y por ello Hogsmeade estaba tapizado de cadáveres, San Mungo de afectados, y todo el colegio Hogwarts, mudo.

***

Lloviznaba afuera, algunos habían salido ya de clases, a pesar de ser recién las seis de la tarde del lunes; profesores y alumnos deambulaban con privados destinos y disposiciones. Dos chicos se encontraban sentados en una amplia banca de piedra que daba hacia el exterior; fuera del alcance de la lluvia platicaban acerca de un mismo chico desde hacia media hora. Extraño realmente era que ella no se encontrara en la biblioteca, después de arrastrar a Weasley dentro del recinto educacional. Tal vez...era otra forma de reconquistar.

Ron no había sabido si decirlo o no, ignoraba la reacción que tendría Hermione, pero al final todas las palabras que faltaban por decir estaban sobre la mesa; era nuevamente su amiga. Tal vez ya lo había olvidado, o no le importaba lo suficiente, o esa linda cabecita castaña era tan inteligente que el tiempo presto había pasado. Lo más seguro, casi podía jurarlo, es que quisiera el bienestar de ambos antes del propio; tanto así llegaba el sentimiento hacia sus dos mejores amigos. El pelirrojo asintió con la cabeza ligeramente ante una pregunta de la chica. Todos los secretos habían sido revelados, no había nada que temer con Hermione.

-Sí, hablamos de ello...- una suave sonrisa, coronada por el leve rubor sobre sus mejillas usualmente pálidas, fue suficiente respuesta. -No te imaginas, Hermione- volteó hacia ella, con un dejo de vergüenza. -Harry ha estado muy...cariñoso. Resulta tan cálido, tan reconfortante...tan apasionado. Y estos últimos días... no sé si decir esto...- volteó hacia ambos lados del solitario pasillo, por obvias razones no había nadie escuchando. Esperó unos segundos más, antes de virar a la chica, intentando no mirarla demasiado; terminando por no hacerlo por la simple cortedad; el color en su rostro se había acentuado hasta un llamativo tono escarlata; ella esperaba con una complaciente sonrisa, palabras que definitivamente la tomaron por sorpresa. -Bueno...me ha propuesto tener relaciones- los ojos castaños se abrieron casi al máximo ante la incredulidad de que ese fuese el mismo Harry que ambos habían conocido.

-¿En...En serio?- hubo dolor en su pregunta, no fue realmente algo que la complaciese, por mucho que le gustara platicar con Ron. La mirada se volvió triste, un corto tic nervioso se halló en la comisura izquierda de sus labios, en tanto forzaba una sonrisa que hacía segundos había desaparecido por completo. Pero Ron no se dio cuenta, contestó afirmativamente, recordando el cortejo de Harry, los jugueteos, el coqueteo entre clase, las ligeras o profundas caricias por debajo de la mesa a la hora de la comida, los besos entre corredor y corredor; la invitación al baño de prefectos...aquel miércoles en que le sugirió pasar a un nivel superior en la relación, pero hasta el momento no había dicho nada como respuesta.

Lo dejaría sufrir por unos días más. Aunque no estaba tan seguro de poder contenerse solo.

***

Un libro de Magia Negra se encontraba cerrado sobre la mesita de centro de la sala, dentro de la Cámara de los Entrenamientos. Llevaba varias horas en la misma posición, abierto sólo por curiosidad, pero protegida como se hallaba aquella lectura, era imposible que viera algo en él. Tres pergaminos se encontraban enrollados a su lado, el tintero abierto con una pluma en su interior, la otra había caído sobre la fina caoba, logrando una mancha negra de tinta. Dos libros más a su lado, uno de Transfiguraciones, el otro de Historia de la Magia; se encontraban encimados sin mucho cuidado, sin duda alguna arrojados más que colocados frente a la chimenea y el sofá donde ambos descansaban.

Elevó la mano derecha hasta el cabello suave de su compañero, jugueteando con su textura por unos largos segundos. Perdió la vista en la infinidad de las llamas comiendo de la leña con ligeros movimientos; pero en realidad su mente no estaba ahí, sino en la visión de Hogsmeade, donde por segunda vez había visto a su querido traidor... Nuevamente sin rostro, sin voz; sin más que pequeños fragmentos tomados al azar. Por una milésima de segundo viró hacia el chico entre sus brazos, analizándolo casi con un reflejo del instinto de supervivencia. No le gustaba pensar que él podía ser el traidor.

La piel que hizo formal invitación a ser acariciada recibió apenas el roce de la yema de sus dedos que bajaron con lentitud por su cuerpo, recorriendo el rostro albino, la frente, los ojos cerrados debido al profundo sueño, las mejillas cálidas, la crema de sus labios, la piel blanca de su cuello, los brazos, el pecho y el abdomen; deleitándose con cada trozo de su cuerpo que aceptaba la seducción con ligeros movimientos involuntarios, librada de la tela.

Sin embargo, su solitario recorrido no duró mucho, pues leves sacudidas le anunciaron que su amante iba despertando de su ensueño, el cual hacia poco más de media hora nublaba cualquier oportunidad de placer.

La mirada se fijó sobre su pecho, pues al abrir los ojos fue lo primero que encontró, el suéter índigo y los pantalones de mezclilla. Subió los ojos, centrándose en su objetivo, una hermosa sonrisa se hallaba en los labios finos y elegantes que clamaban por un beso de 'buenos días', aunque tal expresión sería usada incorrectamente, hallándose en plena tarde a punto de desfallecer en noche.

Ninguno de los dos dijo nada, no lo necesitaron. Una sonrisa, el recorrido de la lengua de Harry sobre su propio labio inferior, el ligero mordisco que dio al mismo, en una descarada señal de seducción.  Tras ello, una risa melódica cambió la situación, el joven Potter echó a reír con energía ante su propio gesto, para sin ningún preámbulo capturar los deliciosos labios en una sonrisa.

El beso solicitó profundidad, los labios no fueron suficientes.

Draco quería preguntarlo nuevamente, quería saber cuándo le diría la verdad...

Pero unas experimentadas manos ahogaron por completo sus palabras en suspiros y quedaron nuevamente en silencio.

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Continuará...

¿Les ha gustado? A mí, la verdad no; no supe cómo plantear todo lo que pasó por lo que opté por lo más sencillo y simple, tal vez el próximo capítulo lo explique mejor. Lamento que me haya quedado así. Lo que sí me gustó, fue la parte de los mortifagos, ah, por cierto, alguien ya me ha dado las respuestas correctas, pero no diré quién... =03 enero 2004=

Un beso y hasta la próxima.

Atentamente,

Nabichan Saotome.