26. Caricias
Daryl besa suavemente la sien de Carol mientras la observa amamantar a Sophia sentada en el suelo del salón.
Es una estampa navideña envidiable, están rodeadas de regalos y arropadas por el árbol de navidad cuyas luces se reflejan sobre las esferas que lo adornan, formando hermosos destellos que se enredan en el cabello de Carol, y van a morir a sus ojos. Esos hermosos ojos que ahora mismo están tan llorosos como los de él.
Aún no han cruzado palabra tras su confesión, Sophia ha reclamado su desayuno y el emocional abrazo en el que estaban inmersos tuvo que interrumpirse.
-Os voy a hacer una foto -anuncia dando un dulce beso en la mejilla de Sophia, rozando casi imperceptiblemente el pecho de Carol.
Carol dibuja una suave sonrisa cuando lo ve levantarse de su lado y colocarse a cierta distancia de ellas, móvil en mano.
Le encanta ese interés que tiene en fotografiar cada pequeño momento de su vida, y ella con gusto lo deja hacer.
Durante todo su matrimonio Ed jamás se molestó en hacerle una sola fotografía, toda su casa estaba decorada con imágenes de él, posando con sus piezas de caza, sus amigos, sus padres... Sólo había una foto de ella: La de boda, en la cual, el la agarraba con posesión por detrás, y ella sonreía feliz, ignorando la pesadilla en la que se acababa de sumergir.
Casi que prefiere no tener fotos de esos años de matrimonio, no se reconocería en ninguna de ellas, y además ni uno solo de los momentos vividos con él ha sido digno de inmortalizar en el tiempo, aunque por desgracia, están grabados en su memoria y en su cuerpo.
En los últimos seis años la única fotografía que se hizo fue para renovar el DNI, y ello acabó en paliza por salir sonriente.
Si todos hubiesen sabido el tremendo esfuerzo que hizo por salir sonriente, cuando apenas podía erguirse por los golpes que la noche antes propinó sobre su estómago, hasta el punto de hacerla vomitar...
Sophia gruñe, odia que su madre deje de hacer contacto visual con ella mientras está siendo amamantada, por lo que vuelve a su perfecta realidad y mirar a su niña, segundos antes de escuchar el clic del capturador de la cámara del móvil.
Daryl observa la foto, es digna de enmarcar, un precioso recuerdo de la primera Navidad de su pequeña, y la suya también, porque lo que él ha estado viviendo todos estos años no es digno de ser llamado Navidad.
Sonríe como un idiota al ver como Carol besa la mano de su niña y le susurra algo que no llega a oír.
Ama a su familia, ellas son más valiosas que su propia vida.
-¿Qué te parece si desayunamos, nos vestimos y vamos a dar un paseo por el parque? -propone.
Últimamente entre el trabajo, asuntos legales que arreglar en Georgia, y las fiestas, no han tenido tiempo de pasear tranquilamente en familia, aunque sabe que Carol lo hace todas las mañanas con Sophia, mientras él está en el taller.
Carol sonríe mordiéndose el labio.
-Me parece bi...
Como por capricho de la naturaleza el estruendo de un trueno anunciando la llegada de la lluvia hace vibrar los cristales, silenciando las palabras de Carol y sobresaltando a Sophia, que suelta el pezón un instante, para no tardar en volver a introducirlo en la boca y seguir desayunando tranquilamente.
Carol hace un puchero y mira a Daryl.
-¿Y si mejor nos quedamos en casa, en pijama, viendo películas navideñas y escuchando llover? -propone ella con una sonrisa divertida dibujada en los labios -Y así hablamos -añade con suavidad. Tienen una conversación pendiente.
Daryl traga saliva.
Es normal que quiera hablar, necesita saber sobre él, el porqué de todos sus problemas, fobias, conocer cómo ayudarle, que puede hacer, que no, pero no puede evitar sentirse nervioso, ¿Y si decide no seguir con la relación?
-S... sí, claro. Vo...Voy a preparar café, no va a ser Sophia la única en desayunar hoy -tartamudea inquieto.
Da varios pasos hacia atrás, sin dejar de mirarla, tropezándose con todo como un estúpido patoso y finalmente se gira rumbo a la cocina.
-Dios -murmura una vez que está allí.
Planta las manos sobre la encimera y expulsa el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Hasta ahora no se había parado a pensar en lo que acaba de hacer; Tendrá que abrirse a ella, contarle todo, y siente que no va a ser capaz... Michonne tenía razón, se lo dijo, que no estaba preparado para dar ese paso, pero él es un idiota impaciente que se ha saltado un montón de pasos y no ha podido esperar a que la terapia que está recibiendo siguiese su curso normal.
Tendrá que pagar las consecuencias...
Vuelve a su mente la misma pregunta que se hizo minutos antes ¿Y si decide dejarle? El corazón se le encoge en el pecho al pensar en esa idea.
Es lógico que no quiera continuar conviviendo con alguien como él, incapaz de dejarse tocar. Quizás considere que ya ha perdido demasiado tiempo con él y no quiere continuar con esa mierda de hombre, que merece a alguien sano emocionalmente con el que disfrutar plenamente de las relaciones sexuales y al que poder abrazar y acariciar...
Se acaricia el rostro, justo por la zona donde momentos antes estuvo posada la mano de Carol.
Suspira.
Su cuerpo se tensó, y las cicatrices de su cuerpo comenzaron a doler, avisándole del momento de "peligro", recordándole lo que otras manos han hecho sobre él. Pero... había algo distinto esa vez: Era ella.
Aún puede sentir la calidez y la agradable suavidad de su piel, tan diferente a lo que está acostumbrado. Sabe que si a ella se le ocurriese acariciarlo por su propia voluntad seguramente saldría huyendo como siempre hace, pero al menos, al fin ha experimentado lo que es una caricia, aunque ella ni siquiera haya dirigido el movimiento de su mano, pero era su mano...
Le gustó la sensación, a pesar del pánico que sintió, por lo que hará todo lo posible, si ella se lo permite, para que un día, ese tipo de contacto sea algo completamente natural entre ellos.
Poder tenerla acurrucada a su lado, que lo abrace, que pueda tocar, y besar cada palmo de su cuerpo, que... que pueda verlo desnudo... Dios, esa es otra, tanta terapia para dejarse tocar, y a lo mejor nunca será capaz de desnudarse delante de ella, y si lo hace, teme no gustarle, que lo mire con asco y... y le deje...
Sacude la cabeza y comienza a preparar el desayuno. Pase lo que pase, decida lo que ella decida, lo aceptará y respetará, espera que, aunque ella deje de amarle, puedan seguir siendo amigos, por el bien de Sophia, aunque él se sienta morir al tenerla cerca y no poder besarla.
Duda mucho que su corazón vuelva a enamorarse, y latir con tanta intensidad como cuando ella está a su lado.
Vuelve al salón con una bandeja con dos tazas humeantes de café y un par de tostadas con mermelada, una de frambuesa y otra de naranja amarga, no sabe como esa mujer puede comer eso, con lo dulce que es ella...
Carol está sentada en el sofá, abrochándose la camisa, y Sophia está jugando sobre su manta de actividades. Esa manta ha sido la mejor compra que han podido hacer.
-Papá -llama su atención mostrándole a Pookie.
Sabe que por lo general, los niños no relacionan la palabra con la persona hasta aproximadamente los 11 meses, pero ha sido tan precoz en el habla, gateo y demás, que no puede evitar pensar que su niña empieza a reconocer que esa palabra debe de estar dirigida sólo a él, hasta que ve como llama papá a la caja que tiene junto a ella.
Sophia vuelve a mirar a su padre y le sonríe desde el interior de ese cubículo de cartón.
Tiene la boca llena de babas, últimamente babea muchísimo, según su pediatra, es posible que su primer diente esté a punto de asomar, y por lo que ha leído, puede que vengan días duros de fiebre, llanto y dolor que deberán procurar calmar, hasta que su pequeña perla termine de asomar.
Daryl le devuelve la sonrisa y se pregunta ¿Cómo puede ser tan bonita? Luego mira a Carol y encuentra la respuesta a ello.
-Tantos juguetes y sigue prefiriendo el peluche que le regalaste -murmura Carol mirando con dulzura a su niña jugar en la caja junto con Pookie.
Se está convirtiendo en toda una experta en eso del gateo, ya apenas se cae, y ha ganado velocidad. Le resulta adorable ver como la persigue por la casa.
Le encanta ver sus progresos, y a la vez los teme. Tiene todos los enchufes a los que ella puede llegar tapados con protectores, revisa mil veces que no haya nada peligroso a su alcance, y ha perdido la cuenta de cuantas veces llega a barrer y fregar para que el suelo de la casa esté lo más limpio posible para ella.
Por suerte, en esos temas Daryl está tan preocupado y concienciado como ella, sabe que si viviese con Ed, este seguiría tirando colillas al suelo como si nada, y si por ello su niña se hiciese daño la culpa sólo sería de ella, por ser una mala madre.
Daryl se sienta a su lado y observa como Sophia entabla conversación con Pookie. Es increíble todo lo que habla en ese idioma suyo. No sabe lo que le dice, pero debe ser algo importante, dado el sitio tan privado al que lo ha llevado, y juraría que tiene que ver con su calcetín derecho, visto el empeño que tiene en quitárselo.
Sonríe, es una charlatana, y está seguro que cuando aprenda a hablar su día a día estará lleno de porqués, cómo, dónde, cuando... y un sinfín de preguntas esperando ser respondidas, y que posiblemente alguna de esas cuestiones deje a sus padres en vergüenza.
Se la imagina caminando por el parque, de la mano de ambos, contándoles cómo le fue el día en el colegio, diciendo tonterías, sonriendo, saludando a todo el mundo, como la niña sana y feliz que es, y que espera que siga siendo...
Ese es uno de sus mayores temores, está aterrado de que pueda llegar a arruinarle la infancia. Que sus genes Dixon hagan acto de presencia y acabe siendo como su padre. Quizás esos brotes violentos sean fruto de un desorden genético que aparece a cierta edad y... ¡Dios, que no sea eso!
Se le parte el alma sólo de pensar que su pequeña, en lugar de correr a sus brazos cuando él llegue a casa, lo que haga sea salir huyendo a su habitación para que él no le de una paliza, que se orine en los pantalones por haber roto accidentalmente un vaso en su presencia, que le golpee con sus pequeños puños mientras le dice "déjala en paz" al ver como maltrata a su madre...
-Yo tenía un peluche muy parecido a ese cuando era niño, creo que ya te lo conté. Me ayudaba a conciliar el sueño y sentía que me protegía -revela a Carol.
Siente un escalofrío cuando recuerda de qué tipo de miedos lo protegía. Jamás se irá de su memoria el olor que desprendía su peluche cuando enterraba el rostro en él para no oír los gritos de su madre, ni como la tela se humedecía por sus lágrimas de terror, ni el tacto suave cuando lo abrazaba tras haber recibido una paliza.
No quiere que su niña pase por eso. Quiere que juegue con su peluche, que lo abrace para dormir, y que cuando tenga una pesadilla corra con él en la mano hasta la cama de sus padres, que son quienes de verdad tienen que protegerla, no un trozo de tela.
Mira hacia la chimenea encendida con los ojos cargados de rabia.
-Mi... mi... padre lo quemó porque decía que me estaba amariconando, y me obligó a mirar como mi peluche desaparecía entre las llamas -se atreve a desvelar.
Continúa con la mirada fija en el fuego, recordando como su suave peluche pasó a convertirse en cenizas. Aún puede sentir las manos de su padre agarrando con fuerza su rostro para que no dejase de mirar como su inocencia se esfumaba, al tiempo que profería insultos.
-Tenía seis años, seis putos años -gruñe con la voz entrecortada.
Carol estira la mano para frotar su espalda y calmarlo, pero recula en cuanto recuerda su fobia a ser tocado.
Le gustaría tanto abrazarlo y permitir que se desahogue sobre su hombro, pero no puede, por lo que simplemente toma su mano con fuerza.
-Lo... lo siento mucho, Daryl, tu padre era un hombre muy cruel... -murmura sin saber muy bien que decir.
Apenas conoció a Will, más allá de las pocas ocasiones en las que coincidieron, y en las que no entablaron conversación alguna, pero recuerda el día de la barbacoa, cuando Sophia fue concebida, la forma tan cruel que tenía de referirse a su hijo tras haberlo dejado inconsciente, bromeando con la idea de que a lo mejor no despertaba nunca ¿Qué clase de padre bromea con eso?
Daryl asiente sin mirarla y acaricia con su pulgar la mano que ella le ha ofrecido.
-No tienes ni idea de cuanto -masculla entre dientes -Por... por eso compré el peluche, yo... yo quería demostrarme que no soy igual que él, que podía hacerlo mejor, ser un buen padre.
-Y lo eres -sonríe suavemente Carol, que busca desesperadamente hacer contacto visual con él. Lo nota sombrío, ausente, y quiere traerlo de nuevo con ella.
Daryl niega con la cabeza.
-No lo soy... -susurra de forma casi inaudible.
-Sí lo eres, Daryl, Sophia te quiere mucho, y tú a ella, desde el momento que fue concebida tú la amaste y...
-Sabes que eso es mentira -interrumpe él mirándola fijamente a los ojos -Huí de tu casa en cuanto supe que estabas embarazada, y luego me presenté borracho en ella, te llamé "puta mentirosa", te grité, te dije cosas muy feas y antes de irme escupí esa frase que aún me revuelve el estómago "Eso jamás lo reclamaré" ¡Eso! llamé "eso" a mi niña... -se rompe Daryl, que niega con la cabeza incrédulo, de sus propias palabras, odiándose a sí mismo.
Carol se estremece cuando ve como una lágrima se desliza por su mejilla. Esas palabras le dolieron más a él que a ella.
Aprieta su mano, la única parte de su cuerpo que puede tocar.
-La amaste desde el momento en el que fue concebida -reafirma ella, sonriéndole con suavidad -Sé que tus palabras no eran de odio, eran de dolor por sentirte utilizado, y... no te voy a engañar, escucharte decir eso fue duro, pero todo quedó atrás, has demostrado cuanto nos quieres, nunca me has hecho sufrir, ni...
Se muerde el labio inquieto.
-Te equivocas de nuevo -vuelve a interrumpir -Te he hecho llorar muchas veces, te he gritado, te he acusado de haberme utilizado, te he tratado mal, te dije que prefería haber embarazado a una puta barata antes que a ti... Ni siquiera me di cuenta de que Ed te maltrataba, yo... yo siempre pensé que la razón por la que hacías ciertas cosas era simplemente porque soy un Dixon, que todo era por mí, y no vi el infierno por el que estabas pasando.
-Daryl... -susurra -No me has hecho daño, de verdad, ni a mí ni a Sophia. Ni siquiera recuerdo todo eso que dices haberme dicho. He recibido tantas palizas, insultos y humillaciones a lo largo de mi matrimonio con Ed, que eso para mí no son más que nimiedades. Sé que eres impulsivo, que a veces no piensas lo que dices, y que te arrepientes de ello al poco tiempo. Hemos tenido nuestros momentos difíciles, pero desde que Ed salió de mi vida, dime ¿Cuantas veces has hecho algo de eso que dices?
Daryl se muerde el pulgar pensativo.
Desde que nació Sophia no recuerda haberle gritado ni una sola vez, excepto... el día que descubrió lo que Ed le hacía y... Dios, fue un bruto, se enfadó tanto...
Se maldijo por no haberse dado cuenta antes, odió que ella no le dijese por lo que estaba pensando, le llenaba de ira sólo de pensar las veces que Ed habría puesto las manos encima de ella y él no lo vio...
Aún siente la bilis en su garganta cada vez que piensa en ello.
La mira, y ella le sonríe con esa dulzura tan suya.
-Siento mucho todas las barbaridades que te haya podido decir -se disculpa -Jamás os haré daño -asegura. Si algún día esos supuestos genes Dixon aparecen se volará los sesos antes que ponerle la mano encima a alguna de ellas.
Acaricia el cabello de Carol , y mete uno de sus mechones pelirrojos tras su oreja.
Es tan dulce y hermosa, aún no termina de creerse su suerte.
Carol sonríe con ternura, no es la primera vez que se disculpa por ello.
-Lo sé, y No hay nada que perdonar, mi amor -murmura con voz suave, acercándose lentamente a él para darle un tierno beso que él con gusto corresponde, estrechándola más contra él.
Se siente tan protegida entre sus brazos, y tan amada en ese beso...
-Papá -interrumpe una dulce e infantil voz.
Daryl baja la vista al sentir un peso sobre su pie.
Su niña está ahí sentada, regalándole una de sus inocentes sonrisas y mirándole con esos enormes ojos curiosos capaces de derretir el alma.
Le encanta ver la habilidad que tiene para sentarse y mantenerse sentada con firmeza.
-Ven aquí, mi vida -murmura aún con la voz algo entrecortada.
La coge en brazos y la sujeta dejándola de pie sobre su regazo.
Ella se agacha y se levanta varias veces, haciendo sus típicas sentadillas y acto seguido deja la cabeza a un palmo de la de su padre y se mantiene ahí con los ojos cerrados.
Daryl sonríe, sabe lo que quiere, está esperando a que bese su nariz, y él encantado de hacerlo.
Carol observa como Daryl besa a Sophia. La pequeña se echa a reír tras el beso y vuelve a cerrar los ojos esperando otro que no tarda en recibir.
Sonríe. Está enamorada de esos ojos cargados de puro amor con los que Daryl mira a su niña.
Y le preocupa hacerle daño como su padre con él. Menuda tontería, sabe perfectamente que se quitaría la vida antes de ponerle una mano encima a su bebé.
Es tan perfecto... y ella tan idiota por pensar que la razón por la que no quería hacer el amor con ella era por su físico.
-Daryl, yo... yo lo siento mucho -se disculpa, consiguiendo que la mire interrogante -Me enfadé contigo porque no te quisiste duchar conmigo, casi te fuerzo a hacer algo que no podías, y... Dios, me siento tan mal, he sido tan egoísta, tan...
Daryl la calla con un beso, y las palabras que estaban a punto de escapar de su boca mueren en sus labios.
-No tienes que disculparte por nada -murmura -Yo... yo debí haberte contado mi problema desde un primer momento. De hecho, fue a raíz de esa discusión que tuvimos cuando me animé a pedir ayuda a Michonne.
Carol lo mira a los ojos, no está segura de si ha oído bien.
-¿Michonne?
Daryl asiente.
-Sí, ella... me... me está ayudando a través de videollamadas. Me he estado levantando todos estos días a las seis, para meterme en el coche y llamarla desde ahí, y así evitar que te enterases -confiesa un poco avergonzado -Supongo que ahora podré hacerlo a una hora más decente, la pobre a veces me atendía en pijama y medio dormida -añade haciéndola reír.
Ama su risa.
Acaricia su mano suavemente, mirándola pensativo.
-Carol, yo... yo no sé cuanto tiempo pasará hasta que puedas tocarme sin problemas, o si algún día podrás hacerlo -dice temeroso de encontrarse con una mirada disgustada, pero de nuevo sólo sonríe.
-No importa, esperaré lo que haga falta -lo tranquiliza.
Al menos ahora sabe por qué no deja que lo toque, por qué no quiere hacer el amor... todas esas dudas ya tienen respuesta, y aunque pasen meses, años de terapia y sin mantener relaciones sexuales, con gusto esperará pacientemente, y estará a su lado siendo testigo de cada pequeño avance que haga.
-¿Quieres hacerlo otra vez? -pregunta con suavidad al ver como mira fijamente su mano sin dejar de acariciarla.
Daryl se muerde el labio pensativo y finalmente asiente.
Deja a Sophia en los brazos de Carol y la mira.
-Debes cerrar los ojos, Michonne dice que así no me sentiré intimidado. En... en realidad me pidió que te los vendara, pero confío en ti -confiesa ganándose una sonrisa enamorada -Y... y debes relajar la mano, para ser yo quien te guíe y sentir que tengo el control, además debes mantenerte en silencio para que pueda concentrarme -le recuerda, por si acaso ha olvidado todo lo que le dijo un rato atrás.
Ella cierra los ojos, relaja su brazo y espera paciente a que él haga algún movimiento.
Daryl coge aire.
Vale, aquí va otra vez. Lo ha hecho antes, supone que la segunda vez será más fácil, además, ella ya sabe lo que va a pasar, por lo que se siente más seguro, pero aún así no puede controlar esa sensación de pánico que le grita que le va a hacer daño.
No, es Carol, ella jamás le hará daño.
La sujeta por el dorso de la mano y besa sus nudillos con cariño, dejando sus labios largo rato posados sobre ellos.
Ella sonríe, y Sophia lo observa con el puño metido en la boca y sonriendo.
Siempre está sonriendo.
Acerca lentamente la mano de Carol a su rostro y su respiración se corta sin que él tenga control sobre ello en cuanto vuelve a posar sus delicados dedos sobre su mejilla.
Procura respirar, coge aire lentamente, lo suelta y vuelve a coger, todo esto sin dejar de mirarla.
La sensación es cálida, suave, y un agradable cosquilleo recorre su espina dorsal.
Se emociona de nuevo, orgulloso de haberlo logrado otra vez.
La mano de Carol está firmemente posada sobre su rostro, y aunque no termina de relajarse del todo, le alegra saber que puede volver a hacerlo.
Ella tiene una suave sonrisa dibujada en sus labios, y Sophia lo mira curiosa, sin comprender lo que está pasando.
La guía lentamente desde la mejilla hasta su áspera barbilla, hasta que finalmente abandona su rostro, y deja la mano sobre su regazo, justo donde estaba momentos antes.
Ha sido breve, pero placentero.
Carol abre los ojos y lo mira con dulzura, compartiendo sonrisas emocionadas.
-Lo has vuelto a hacer -murmura sonriente y con ojos brillantes.
Daryl asiente suavemente y deja escapar una sonrisa nerviosa, para seguidamente recortar la distancia que los separa y volver a besarla una vez más.
Jamás se cansará de sus besos.
La estrecha contra él, y desayunan tranquilos, robándose miradas, sonrisas, y disfrutando con las películas navideñas que retransmiten en cada cadena de televisión que existe, al tiempo que escuchan llover, entretienen y juegan con su niña que grita y parlotea en busca de la atención de sus progenitores.
Son una familia feliz.
Daryl guarda la compra en la despensa.
Apenas quedan un par de días para que finalice el año y empiece otro nuevo.
Sophia pronto cumplirá siete meses, y en esta última semana parece haber ganado aún más velocidad en el gateo. Continúa babeando, pero no hay señal alguna de dientes. Sigue siendo la niña risueña y alegre de siempre y que ahora ha aprendido a decir hola y adiós con la mano, pero de forma muy brusca; en lugar de mover sólo el brazo mueve todo el cuerpo. Es adorable.
Se echa a reír al escuchar como Carol 'regaña' a su niña por quitarse su gorrito, y esta le responde en su idioma, ganándose otra regañina de su madre que finge entender lo que ha dicho.
Le encanta esos momentos entre ellas. Se las comería a besos a las dos.
Está un poco preocupado, tras haberle pagado a Ed los gastos de manutención y muebles de la antigua habitación de Sophia, que en su día ayudó a Carol a montar, la cuenta se le ha quedado un poco vacía. Lo que gana le da lo justo para pagar el alquiler, llenar la nevera y poco más, no puede permitirse muchos caprichos, pero no le importa, haría cualquier cosa para que Carol no tenga que escuchar el nombre de Ed Peletier nunca más.
Sólo espera no tener emergencias económicas hasta dentro de un par de meses cuando consiga ahorrar un poco.
Sabe que Carol está preocupada por el dinero también, que se siente culpable y una mantenida por no estar trabajando, pero él no para de decirle que saque esas absurdas ideas de su cabeza.
Con gusto cuida de ella y la mantiene, lo haría de por vida si ella quisiera, pero la conoce, no ha pasado toda su vida estudiando para tener que depender del dinero de otro, por lo que en cuanto se le de la oportunidad comenzará a trabajar, y ahí estará él para apoyarla.
Carol deja a Sophia en la trona y se anuda el delantal, dispuesta a comenzar a cocinar.
La pequeña ya empieza a tomar purés de verduras al mediodía, y aunque se venden ya preparados, ella prefiere hacerlos caseros, además, la economía no está para gastar más de la cuenta.
Odia que Daryl lo pague todo, pero no consigue encontrar un trabajo que se adapte a su situación. Le gustaría trabajar de noche, o los fines de semana, para que Daryl cuide de Sophia y así no tener que meterla en una guardería, no hay dinero para ello, además, se moriría de pena si tuviese que dejarla allí, es tan pequeñita...
Se dispone a trocear una zanahoria cuando de repente siente una presencia a su espalda, y unas manos aparecen, y se posan en la encimera, a cada lado de su cuerpo, dejándola atrapada.
Si se tratase de Ed ya se habría tensado, y las piernas le flaquearían de terror, pero con Daryl...
Sonríe cuando le planta un beso en el hombro, y escucha como le susurra al oído un "¿Qué quieres que haga?"
Se muerde el labio pensativa, le gustaría que le hiciera tantas cosas...
-¿Podrías ir cocinando los filetes de ternera, mientras preparo la comida de Sophia? -propone.
Él no responde, sólo sonríe y maniobra tras ella para alcanzar la bolsa con la carne recién comprada.
Está a punto de colocar los filetes en la sartén, cuando su móvil comienza a vibrar en su chaqueta.
-Es Tara -informa mostrándole la pantalla iluminada a Carol.
Acepta la llamada, pone el altavoz, y deja el móvil sobre la encimera para poder escuchar lo que tenga que decirle sin dejar de cocinar.
-Hola Tara, ¿Qué tal estás? -pregunta sin mirar la pantalla de su teléfono.
-Madre mía, que feo eres visto desde esta perspectiva -dice la voz al otro lado del teléfono.
Daryl bufa al darse cuenta de que se trata de una videollamada y coge el teléfono para darle una mejor visión de su rostro.
-¿Tienes más barba? -observa Tara curiosa -Me gusta, te sienta bien -piropea con sinceridad -Echaba de menos verte ¿Y Carol?
Daryl gira el teléfono y enfoca a Carol que sonríe a cámara.
-Hola, Tara, ¿Cómo va todo? -saluda con la mano alegremente.
-¡Pero bueno, qué guapa estás! -ignora la pregunta. La radiante sonrisa de Carol no ha pasado desapercibida para ella.
Echa la vista atrás, al día que llegó a su casa, toda golpeada por su marido y la mira ahora y... Parece otra mujer.
Ese hombre gruñón e impulsivo la hace feliz.
-¿Sigues siendo hetero? -bromea arrancándole una sonrisa -Se os echa de menos por aquí, ¿Dónde anda la pequeñaja? -pregunta interesada.
Daryl mueve el teléfono hacia la trona, donde Sophia está entretenida jugando con su plato de plástico vació.
-Saluda a la tía Tara, mi amor -pide Carol que le hace gestos de saludo con la mano para que entienda lo que le está pidiendo.
Sophia sonríe e imita el gesto, agitando todo su cuerpo, como suele hacer.
-¡Aww, por favor, que te como entera! ¡Más adorable no puedes ser! -exclama con voz aguda haciendo reír a Sophia -Madre mía, lo que ha crecido en estas dos semanas, que ganas de verla...
-Pues cuando quieras, aquí estamos -comenta Daryl, volviendo a dirigir el teléfono hacia él.
Se alegra de ver el rostro de Tara, aunque cada dos por tres hace videollamadas, tanto ella como Andrea, Maggie y todos los demás. Sophia se vuelve loca cada vez que los ve.
-Para eso llamé ¿Qué planes tenéis para fin de año? Sasha, Abraham, Rosita, Maggie, Glenn, Denise y yo habíamos pensado en ir a veros, ya hemos mirado hoteles por vuestra zona.
Daryl mira a Carol y ella sonríe entusiasmada, como una niña pequeña que ha escuchado los cascabeles del trineo de Santa Claus. Preciosa.
No tenían ningún plan para fin de año, tenían previsto cenar en casa y luego ir a la plaza del parque a ver las actividades para niños y los fuegos artificiales que anunciarán la entrada del año.
-Pues... no tenemos nada especial en mente, así que... aquí os esperamos. Muy a mi pesar, pero a Carol le hace ilusión veros.
Tara ríe sarcástica. Sabe perfectamente que ese tío duro la echa de menos tanto como ella a él.
-Pues allí estaremos el 31 -anuncia sonriente -Y Daryl, se te están quemando los filetes -avisa antes de colgar emitiendo una risa diabólica.
-¡Mierda! -grita apartando la sartén del fuego.
El aceite borbotea y sisea en el fondo con furia, y al darle la vuelta a la carne descubre que está negra como el sobaco de un grillo.
Mira a Carol que aprieta los labios intentado contener la risa. No quiere que se sienta ofendido, pero la está mirando con una cara que hace que finalmente se le escape y acabe contagiándolo.
Daryl siente como su corazón se derrite ¿Puede haber sonrisa más hermosa?
-Espero que te gusten los filetes muy hechos por un lado -bromea haciéndola reír de nuevo.
La agarra de la cintura y la atrae hacia él para poder darle un lento y tierno beso del que de repente ha tenido necesidad.
Ella mantiene sus manos pegadas al pecho evitando tocarlo, para suerte de él.
Habló con Michonne tras el día de Navidad, le explicó como había ido todo, la reacción de Carol, la de él...
Le regañó, y con razón, porque si no hubiese sido tan impaciente, en esa primera caricia no habría habido nada de tensión ni pánico, no que lo que ha hecho sería considerado casi como una "terapia de choque".
Aún no estaba preparado para ese paso, pero ya que lo ha dado, y que además ha repetido, pues le ha pedido que continúe, que lo practique siguiendo siempre las mismas pautas y que cuando no sienta temor alguno subirán de nivel, permitiendo que Carol le mire y hable durante la caricia.
Por lo que, sigue en ello, deseando que llegue el día en el que cuando tenga la mano de Carol sobre su rostro sólo sienta una agradable sensación de calor.
Podría pasarse horas besándola, se olvidaría hasta de comer, pero por suerte o desgracia, Sophia no, y no tarda en emitir su ya típico "uumm" reclamando su comida.
Sonríen contra sus labios y vuelven a la tarea de cocinar, robándose tímidas miradas como de costumbre.
31 de diciembre
-Buenos días -saluda adormilada Carol, cuando siente los labios de Daryl contra los suyos. Que hermoso despertar.
-Buenos días, ¿Qué tal dormiste? -pregunta atraiéndola hacia él.
Sophia ha dormido en su cuna, que está colocada al lado de Carol.
Está adorable dormida boca arriba con una mano sobre el vientre y otra por encima de la cabeza, tal y como su madre suele hacer.
Poco a poco intentan pasarla a la cuna, y de la cuna a su habitación.
Por lo que ahora pueden moverse sin tener que preocuparse por si aplastan a su bebé.
Carol responde con un gemido contra sus labios.
Un placentero escalofrío recorre su cuerpo cuando profundiza el beso y su lengua invita a la suya a una danza de pasión a la que con gusto se une.
Le encanta despertar con esos besos, tan dulces y a la vez excitantes.
Nunca antes la han besado de la forma que él lo hace.
Sus manos navegan por su espalda, y no puede evitar tensarse cuando siente como Daryl desliza su mano bajo su camisa y acaricia suavemente su piel desnuda. No es por miedo, si no por sorpresa, no la acaricia así desde su último cumpleaños, cuando él se detuvo excusándose en que ella aún estaba convaleciente por la paliza que Ed le dio.
Sus manos son ásperas, callosas, llenas de pequeñas cicatrices que son la prueba de toda una vida trabajando con ellas, pero a la vez son tan cálidas que le transmiten una seguridad que nunca antes había sentido.
Sus habilidosos dedos desabrochan su sujetador de lactancia en un rápido movimiento.
Detiene el beso y lo mira interrogante, preguntándole en silencio qué es lo que está pasando.
Daryl se muerde el labio tímido, ni él mismo entiende lo que está haciendo, sus manos se han movido solas guiadas por un impulso que ha sido enviado por su otra cabeza.
-Yo... so...sólo quiero acariciarte ¿Puedo? -pregunta intentando leer la respuesta en ese cielo despejado que está atrapado en sus ojos.
Ella asiente suavemente y vuelve a besarlo, dejándolo hacer, por lo que continúa recorriendo cada palmo de su piel de porcelana que tanto ha extrañado.
Se alegra de haberle confesado la verdad sobre él, así no tiene que contener sus ganas de acariciarla y besarla, porque sabe que ella no le exigirá que vaya a más ni se extrañará porque se detenga.
Busca a ciegas cada botón de esa camisa abotonada que utiliza para dormir y los desabrocha uno a uno, lentamente, sin dejar de besarla un solo instante, hasta dejarla en ropa interior, pero no por mucho tiempo.
Desliza los tirantes del sujetador por sus hombros hasta retirarlo, liberando así sus hermosos pechos que no ve desde la última vez que tuvieron relaciones. Obviando las veces que la ha observado amamantar a Sophia, pero en esos momentos ni siquiera ha prestado atención a sus montículos.
Carol se siente tímida de repente, Daryl la está mirando de esa forma tan suya, con sus ojos profundos perdidos en su desnudez.
Sus manos están por todas partes; su espalda, sus hombros, sus caderas, su vientre, su rostro, sus pechos. No deja un solo palmo de su cuerpo sin acariciar, y ella en cambio no puede tocarle, aún no.
Acaricia sus pezones con sus pulgares y... Dios, cuanto ha extrañado esas caricias.
-Eres preciosa -susurra en un gemido fruto de su propia excitación. Lleva tanto tiempo sin ver su cuerpo, sin acariciarla...
Debe reunir todas sus fuerzas para detenerse, porque como siga así perderá el control de su propio ser.
Carol se traga el gruñido de frustración que casi escapa de su garganta cuando sus caricias se centran sólo en su rostro y sus besos vuelven a ser castos y suaves.
Joder, no tiene ni idea de lo que está haciendo con ella, y encima puede sentir su poderosa erección abriéndose paso entre sus muslos, buscando un lugar en el que enterrarse pero que no encontrará.
Supone que él está tan frustrado como ella.
Le resulta tan excitante saber lo que provoca en él...
-Deberíamos levantarnos -murmura contra sus labios. A este paso no saldrán de la cama en todo el día.
Daryl arquea una ceja.
-¿Por qué? Sophia sigue dormida, la casa está recogida y aún quedan un par de horas para que lleguen Tara y los demás -le recuerda arrancándole así una sonrisa sincera.
-Podemos dormir un poco más hasta que Sophia se despierte. Date la vuelta, anda -pide para extrañeza de ella, aunque no duda en obedecer, y al momento le da la espalda.
Daryl traga saliva al ver su espalda desnuda. Odia ver lo que el cerdo de Peletier ha hecho sobre su preciosa piel ¿Qué clase de hombre tiene la sangre fría de hacer eso a la mujer que supuestamente ama? Sus propias cicatrices comienzan a doler dándole la respuesta: El mismo tipo de hombre que es capaz de darle una paliza a su hijo.
La rodea con sus brazos, pegando su pecho contra su espalda.
-Si hubiese sabido que Ed te maltrataba jamás te habría hecho lo que te hice la noche que nos conocimos -susurra contra su oído.
Carol lo mira de soslayo.
-¿Qué me hiciste? -pregunta curiosa.
-Te dejé marcada, te hice algún que otro moretón -responde besando la zona del cuello donde más de un año atrás lucía un chupetón de color morado.
Carol sonríe tímida al recordarlo.
-No, me... me gustó, era algo distinto ¿Sabes? me gustaba mirarlos y recordar que eran fruto de un momento agradable, y no de una paliza.
Daryl sonríe con ternura.
-¿Sólo agradable? -se queja él, que busca a ciegas su mano, para llevarla hasta su boca.
Carol ríe al sentir sus labios sobre su muñeca, sorbiendo y mordiendo con dedicación.
-Agradable, excitante, satisfactorio, placentero, feliz... -añade.
Daryl se estrecha más contra ella, pegando su erección a su trasero, dándole así su aprobación.
Lleva su delicada mano hasta su rostro, y al momento puede sentir como ella la relaja, como sabe que debe hacer, para darle todo el control a él, y acto seguido la coloca sobre su mejilla, adorando la calidez que transmite su piel, y sintiéndose orgulloso por no sentir el exagerado pánico que sintió la primera vez que hicieron eso.
-Gracias por elegirme a mí de entre todos los tíos que había en ese antro -agradece con sinceridad.
Da un dulce beso en la zona de su muñeca donde ha dejado esa marca que casi parece tener forma de corazón y la deja ir.
Carol mira su muñeca y sonríe.
-Yo no te elegí, me elegiste tú -corrige ella -Me miraste, y me seguiste fuera.
-Te seguí porque tú me invitaste con esa maldita sonrisa tuya que me vuelve loco, además había más hombres mirándote -le recuerda -Y Dios, pensé que eras una prostituta -se avergüenza.
Reparte pequeños mordiscos por su oreja que la hacen estremecerse.
Carol deja escapar una risita.
-Lo sé, y sé que había más hombres que me estaban devorando con la mirada, pero... tú me miraste distinto, no sé, algo me dijo que podía confiar en ti -murmura perdiéndose en esos besos.
-Pues eso, me elegiste tú -se reafirma -Aunque también te estaba devorando con la mirada, pero gracias por confiar en mí.
Carol sonríe enamorada cuando él la abraza con fuerza, acercándola más a él.
Ama a ese hombre, supone que desde el momento en el que lo conoció, aunque en ese instante no se diese cuenta. Hubo una chispa entre ellos, supone que fue eso que llaman amor a primera vista, debe de ser verdad la teoría de que las personas sólo se enamoran una vez, o dos si cuenta a su precioso bebé, que si no fuera por la locura de esa noche no existiría, aunque, quien sabe, quizás habrían tenido relaciones la noche de la barbacoa igualmente, sin necesidad de conocerse con anterioridad.
-Gracias a ti por querernos tanto -murmura, observando como su niña se despereza lentamente emitiendo un ronroneo y abre sus hermosos ojos.
Hora de comenzar el día.
Suena el timbre de la casa.
Sophia grita desde su manta de actividades. Sabe lo que ese sonido significa: Visitas. A ella le encantan las visitas, ya sea un vecino, el cartero, o un repartidor de pizzas. Venga quien venga siempre tiene algún piropo para ella y eso lo disfruta.
-¿Vamos a ver quién es? -pregunta Daryl cogiéndola en brazos, pero antes de que llegue siquiera a salir de la habitación, Carol ya está en la puerta, dispuesta a abrirla para recibir a quienes están tras ella.
Daryl sonríe, sabe que está emocionada y deseando ver a ese grupo de adorables idiotas.
Se le escapa el aire de los pulmones cuando ve como va vestida. Lleva puesto unas vaqueros entallados, y un jersey de cuello de barco color rojo que se ajusta a su figura. No es nada del otro mundo, pero la ve tan atractiva que tiene el deseo egoísta de que no haya nadie tras esa puerta.
Carol abre despacio y sonríe ámpliamente, es tan grata esa visita.
-¡Pero bueno, qué guapa estás! -comenta Maggie con sinceridad, lanzándose a sus brazos.
-¿Era verdad eso de que sigues siendo hetero? No sabes lo que te pierdes -bromea Tara haciendo reír a Carol de nuevo, y ganándose un codazo juguetón de Denise.
Cruza la puerta y se encamina hasta el interior. El recibidor es precioso, amplio, decorado con hermosas fotografías de Sophia y Carol, y un discreto ambientador que huele a naranjas frescas.
Sonríe al ver a Daryl, que espera con Sophia en brazos.
-Aaww, que tierno, cuanto he echado de menos a esta cosita gruñona -dice con voz infantil acercándose a ellos -Y a Sophia también -añade haciendo que Daryl frunza el ceño.
Sophia patalea en brazos de su padre, hay muchas personas en la puerta y los reconoce a todos. Los ha estado viendo por videollamadas mínimo una vez en semana, y ahora están ahí.
Daryl observa entre las cabezas que se van acercando a él como Carol es abrazada con cariño y comparte algunas palabras amables con sus amigos.
Está feliz, tiene una sonrisa de oreja a oreja y eso le llena de satisfación. Ama verla feliz.
-Os hemos traído regalos -anuncia Abraham que entra por la puerta cargado de bolsas.
-Bueno en realidad son para Sophia más que nada -aclara Sasha -Pensamos en comprarle juguetes, pero Rosita propuso que sería más práctico traeros paquetes grandes de pañales y ropa.
-Sabemos que esta adorable sinvergüenza lo que más hace es comer, dormir, cagar y crecer -Sonríe Maggie con Sophia en brazos, que ríe con el sonido de su agradable tono de voz.
Carol mira la bolsa llena de pañales y ropa a estrenar para su bebé.
Mira a Daryl sonriente.
-Gra... gracias, no tenéis ni idea del favor que nos estáis haciendo -agradece emocionada.
Ahora que están con el agua al cuello por el dinero, tener que despreocuparse de la ropa y los pañales es un alivio.
-Lo que sea por esta cosita preciosa que cada día se parece más a su madre -dice Rosita con voz aguda, besuqueando sonoramente la mejilla de Sophia, que ríe encantada de recibir mimos.
-Bueno, ¿Nos enseñáis la casa? -pregunta Glenn que es el último en entrar por la puerta.
-Sí claro -los invita Carol a que la sigan.
Daryl se queda detrás, cerrando la fila, viendo como Sophia pasa de unos brazos a otros y ríe histérica con cada tontería que le hacen. Está feliz, y Carol también.
Su casa se ha llenado de agradables voces que sólo tienen palabras amables para con ellos.
Tara mira a Daryl, que tiene una sonrisa estúpida en la cara.
-Te lo dije hace unos días y lo repito: Carol está radiante, le ha sentado muy bien salir de Georgia, y a ti también -comenta haciendo sonrojar a Daryl.
Sí, es cierto, a ambos le ha venido bien cambiar de ambiente, conocer nueva gente, poder salir a la calle sin tener que cruzarse con miradas de odio, temor o desaprobación, poder disfrutar de su familia sin esconderse...
Todo es genial...
El restaurante que los chicos han reservado para la cena está bastante bien, o eso supone, porque sólo tiene ojos para Carol y esa maldita abertura que tiene el vestido hasta la mitad del muslo que hace que esté perdiendo la cabeza. Ama sus piernas.
No sabe qué cojones le pasa, pero cuando viste de esa forma sólo piensa en arrancarle la ropa y hacerle el amor. Aunque con ese vestido con remangarlo hasta las caderas sería suficien... ¡Céntrate, Daryl!
Están todos muy elegantes, incluso Sophia, que lleva puesto un vestido que le han regalado para esa ocasión, es de color blanco, con un lazo color dorado brillante y zapatos y bragas a juego. Carol ha conseguido recogerle su escaso cabello en dos pequeñas coletas, que extrañamente no ha intentado quitarse.
No paran de hacerle fotos, y roba las miradas incluso de los comensales de otras mesas, está preciosa.
La cena ha ido bien, tranquila, llena de bromas inocentes, anécdotas y risas.
Por lo visto a Abraham le ha entrado el instinto paternal y no deja de lanzarle indirectas a Sasha sobre el tema. Lo que él no sabe es que dejó de tomar la píldora y ahora un pequeño ser ya se está gestando en su interior, pero no le dirá nada hasta primeros de enero, cuando sea su cumpleaños.
Denise y Tara viven juntas, y Rosita ha alquilado la habitación que en su día ocupó Daryl. Bromea sobre el hecho de que se siente observada cuando pasea por casa ligera de ropa.
Maggie ha conseguido un contrato en prácticas en la clínica veterinaria del pueblo, y ahora Glenn se encarga de la biblioteca bajo la estricta y atenta mirada de su suegro. Si Rosita se sentía observada, él...
Daryl y Carol han hablado de lo bien que le va a él en el trabajo, lo integrados que están en el pueblo, las amistades que han hecho, han comentado el dinero que han tenido que darle a Ed, pero rápidamente esa conversación ha cambiado a los avances que Sophia ha hecho, y lo guapa que está.
Todos han bebido alcóhol, excepto él, teme volver a caer en ese vicio.
Carol ha tomado un par de copas, lleva sin tomar un trago desde que se quedó embarazada, y ahora que Sophia toma otros alimentos y tiene suficiente leche en la nevera para dos días pues se ha permitido ese lujo.
Apenas queda media hora para que finalice el año, pero como el restaurante está a unos metros de la zona donde se lanzarán los fuegos artificiales no tienen prisa en marchar. Están a gusto ahí sentados.
Suena una música de fondo que anima a bailar a la pequeña, que agita la cabeza de lado a lado y mueve las piernas nerviosa, imitando a Tara y a los demás que le siguen el juego.
Daryl sonríe derritiéndose de amor, y su niña le devuelve la sonrisa moviéndose de forma más eufórica invitando a su padre a que la imite como están haciendo todos los demás. Pero Daryl no lo hace, su timidez y el qué dirán le puede. Odia ser así.
Sophia parece entenderlo, y echa los brazos hacia él pidiéndole que la coja en brazos.
Esto sí está dispuesto a hacerlo.
-Ven aquí, mi vida -murmura tomándola de los brazos de Rosita.
Besa su mejilla, que está manchada por distintos tipos de carmín de cada una de las mujeres que están sentadas a la mesa.
-Pero mira como te han puesto -murmura haciéndola reír -¿Te hace gracia, sinvergüenza?
Da un codazo a Carol que se echa a reír cuando ve a su niña de cerca.
-Vaya, sí que te han dado mimos a ti hoy ¿no? Y tú encantada -bromea arrancándole otra sonrisa.
No entiende lo que sus padres están diciéndole, pero la forma que tienen de mirarla, hablarle y sonreírle hace que se contagie. Hasta que ve como su madre trastea en el bolso y saca una toallita húmeda para limpiarle las mejillas.
Sophia grita y gimotea cuando siente el papel húmedo sobre uno de sus cachetes. Odia eso.
-Ya está, quejica, no es para tanto -la tranquiliza Daryl, al colocarla de pié sobre su regazo.
Sophia le sonríe y acerca el rostro a la barbilla de su padre para rascarse la cabeza con su barba.
Daryl sonríe, sabe porqué hace eso; está cansada, y eso la hace conciliar el sueño.
La pequeña deja caer la cabeza sobre su hombro, acomodándose en ese lugar.
Daryl besa su sien y la abraza. Ama que haga eso, que confíe tanto en él y se sienta tan segura a su lado como para ser el elegido para ella dormir.
-Creo que se va a perder los fuegos artificiales -susurra a Carol.
Ella sonríe con ternura y acaricia la espalda de su niña. Adora ver el amor que siente por su padre.
Imita a su hija y posa la cabeza sobre el brazo de Daryl, aspirando su delicioso aroma natural.
Ahora sí que puede morir de amor. Tiene a las dos personas más importantes de su vida recostadas sobre él, y más feliz no puede ser.
Rodea a Carol con su brazo, atraiéndola a su pecho y besa su cabeza. Si por él fuera pasaría la noche en ese restaurante. Que le den por culo a los fuegos artificiales, no hay nada más hermoso que lo que tiene entre sus brazos.
-Estoy algo mareada -murmura Carol, intentado introducir la llave en la cerradura de la puerta, sin éxito -Y creo que Abraham me ha roto una costilla al darme ese abrazo de despedida -bromea.
Daryl se echa a reír al ver su torpeza.
-Estás borracha -corrige.
-Si sólo he bebido cuatro o cinco copas -se defiende ella que al fin ha conseguido su propósito, y ahora empuja la puerta dejándose caer sobre ella y casi tropezándose cuando al fin se abre.
Vuelve a reír. Es una borracha adorable.
-¿Y te parecen pocas? no estás acostumbrada a beber y el alcohol se te ha subido rápido.
La observa caminar por el pasillo rumbo a la habitación, con ese vaivén de caderas que lo hipnotizó la noche que se conocieron. Le encanta su cuerpo.
Saca a Sophia de su carrito y la acuna en sus brazos. Está profundamente dormida.
-Voy a cambiarle el pañal y ponerle el pijama ¿Puedes apañártelas sola con tu vestido? -pregunta al verla luchar con la cremallera.
Carol se acerca a él y le da la espalda.
-¿Me la bajas? -pregunta recogiéndose el cabello para que vea correctamente el discreto tirador, aunque él sólo puede fijarse en lo tremendamente sexy que es su nuca.
"Y las bragas, si quieres" piensa Daryl, que se limita a hacer lo que le ha pedido, perdiéndose en como los tirantes caen por sus hombros y ella sale del vestido en un movimiento de caderas.
-Tu madre me va a matar -susurra a Sophia, viendo a Carol marchar a la habitación en ese conjunto de ropa interior color negro, y los tacones. Cosa que hace que se le vaya la sangre a otro lado.
Dios, le encantaría besarla, desnudarla y hacerlo contra la pared del recibidor.
¡Concéntrate Daryl!
Entra a la habitación con Sophia en brazos. Ya le ha puesto su pijama, y cambiado el pañal, que estaba limpio, pero aún así suelen cambiárselo antes de dormir.
La deja en su cuna y la arropa con cariño.
La mira enamorado, y a su mente llegan recuerdos de cuando estaba recién nacida. Era tan pequeñita... ha crecido tanto en estos siete meses. Le duele que el tiempo pase tan rápido, pero al menos puede verla crecer, disfrutar de ella y lo mejor de todo: gritar a los cuatro vientos que es su hija. Su mayor orgullo.
-Dulces sueños, mi niña, te quiero -susurra dándole un tierno beso en la mejilla, aspirando su dulce aroma a bebé.
Alza la vista y comienza a quitarse los zapatos, de espaldas a Carol.
-No te puedes hacer una idea de lo que me ha costado encontrar el cierre del vestido de Soph... -las palabras mueren en su boca cuando se gira y la encuentra tumbada boca abajo y aún en ropa interior.
Sí, definitivamente lo va a matar.
-¿V...vas a dormir así? -pregunta. Normalmente lleva algo más encima de la lencería, quizás esté más borracha de lo que aparenta.
Ella canturrea un sí, y él siente como algo se mueve en sus pantalones cuando se gira lentamente hasta estar boca arriba.
-¿Te molesta? -pregunta, no sabe como leer su rostro ahora mismo.
Daryl la mira de arriba a abajo ¿Molestarle? El día que le diga que le molesta verla desnuda puede pegarle un tiro.
Sonríe seductor y se arrastra sobre su cuerpo, repartiendo besos por toda su piel desnuda. Sus piernas, muslos, vientre... su piel es adictiva.
-Me encanta el vestido que has llevado esta noche -confiesa besando su cuello.
-Lo sé -dice ella perdida en esos besos.
-¿Ah, sí? ¿Cómo lo sabes, chica lista? -pregunta interesado.
Mordisquea su clavícula suavemente. Ama como se marcan a través de su piel.
-No has parado de mirarme en toda la noche -sonríe orgullosa de su "poder", y excitada por lo que él es capaz de provocar en ella.
Daryl flota sobre sus labios.
Si supiera que la observa incluso cuando duerme...
-Feliz año -susurra rozando sus hermosos labios en cada sílaba que pronuncia.
-Feliz año, mi amor -sonríe enamorada mirándolo a los ojos.
Él le da un suave beso en la nariz e intenta alejarse, pero Carol tira de su corbata para mantenerlo un poco más sobre ella. Alargando ese beso.
Daryl se deja llevar, disfrutando de tenerla casi desnuda bajo él, disfrutando de ese excitante beso. Sabe a alcohol, y no sabe si es por el tiempo que lleva sin probar ese néctar o por sus labios, pero es lo más delicioso que ha probado en años.
Acaricia su cuerpo; sus muslos, sus caderas, cintura, sus pechos. Sería capaz de borrar cada peca de su cuerpo a base de besos y caricias, pero se ve en la obligación de detenerse antes de que su miembro piense por él.
-Vo- voy a cambiarme de ropa, ahora vuelvo -informa.
Se aleja lentamente de ella haciendo uso de toda la fuerza de voluntad que tiene, y repartiendo besos desde su cuello hasta sus rodillas.
Carol se incorpora sobre sus codos y observa como Daryl se quita la corbata, el cinturón, la chaqueta y la deja sobre la silla de la habitación.
Lo mira de arriba a abajo. Es un hombre realmente atractivo. Con esos ojos profundos, su sonrisa, hombros anchos... Dios, es perfecto.
La tensión sexual entre ellos, y las ganas que tienen de entrelazar sus cuerpos hace que esa habitación arda, o quizás es efecto del alcohol.
Se echa a reír.
Lo ha pasado bien esa noche. Hacía siglos que no disfrutaba de una fiesta de fin de año, y menos de tan grata compañía.
Mira hacia la cuna, donde su niña está profundamente dormida.
Si siguiese con Ed sabe perfectamente como habría pasado la noche: encerrada en casa, cuidando de su niña mientras él se iba de fiesta con sus amigos, y temiendo su vuelta porque le daría su tradicional paliza en la que entre patada y patada le gritaba "feliz año, puta"
Sacude la cabeza, esa etapa de su vida ya pasó, y jamás volverá. Ahora está con un hombre cariñoso, comprensivo y amable que la quiere de verdad.
Se muerde el labio sonriente al sentirse como una quinceañera que está viviendo su primer amor.
Entierra el rostro en la almohada aspirando el aroma de él.
-Mierda -se queja al darse cuenta que ha manchado la funda de rímel. Se ha olvidado de desmaquillarse, y de lavarse los dientes.
Se deja caer de la cama y de repente todo da vueltas. Dios, está más borracha de lo que creía.
Se encamina hacia el baño y abre la puerta de este, olvidándose por completo de que...
-¡¿QUÉ COÑO HACES AQUÍ?!
...De que Daryl está dentro vestido sólo con un pantalón de chándal y mirándola con unos ojos llenos de ira.
-Daryl, yo... yo no...
-¡FUERA! -la saca de ahí de un empujón y cerrando de un violento portazo que hace que Sophia se despierte sobresaltada.
Carol mira hacia la puerta con los ojos cargados de lágrimas e intentando buscar las palabras, pero no sale ninguna.
Sus cicatrices...
Hola, antes que nada desearos a todas feliz año y que siento haberos preocupado.
No tengo pensado abandonar este fic ni ningún otro, tranquilas, sencillamente he tenido un mes de diciembre complicado y no he podido escribir apenas.
Como ya dije si algún día me veo en la obligación de abandonar o pausar mis fics os avisaré ;)
En este capítulo no han habido muchos avances, es más, sólo ha pasado una semana, pero a Daryl le ha bastado contarle a Carol su problema para poder sentirse más seguro para dar rienda suelta a sus deseos y poder besarla, acariciarla sin problemas.
En el próximo capítulo es donde realmente veréis los avances de Daryl, y cómo salen de esta situación.
Espero que os haya gustado el capítulo, y como siempre, gracias por vuestros comentarios ^^
