Disclamer:Los personajes y los escenarios del instituto Sweet Amoris son extraídos del videojuego Amour Sucré propiedad de Beemov, y su creadora Chinomiko. Esto lo hago sin fines de lucro.
Capítulo 25:
Las brujas se hacen la manicura.
–¿Tu mamá se enfermó?– preguntó Rodolfa viéndolo tomarse la cabeza.
–Ella sufre de los nervios... Creí que estando lejos no volvería a dañarla, sin embargo...– murmuró apretándose las sienes.
–¿Escuchaste Paco? Vamos a viajar en avión.
–¡¿Te volviste loca?! ¡Discutí con mi madre por tu culpa, ¿y ahora quieres que te lleve a verla?!– le gritó enfureciéndose.
–¡Si!
–¡Basta Rodolfa! ¡No estoy de humor!
–¡Entonces te ayudo a empacar!– dijo toda emocionada yendo a su habitación.
–No te molestes, no pienso ir– ella se detuvo y lo miró confundida –. Mamá está mejor sin mi...– aseguró recibiendo como respuesta una fuerte patada que casi le quiebra la pierna –¡AUCH! ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA, ESTÚPIDA?!
–Me pediste que te golpeara cuando dijeras una tontería.
–No es una tontería, sólo la lastimo– explicó, pero ella volvió a patearle la pierna –. ¡BASTA! ¡YA DEJA DE GOLPEARME! Estoy explicándote que nunca fui un buen hijo, ella nunca fue feliz estando conmi...– la vio preparándose para patearlo nuevamente –¡Ya ya! ¡Ya entendí!– se alejó rengueando –. Iré a empacar, averigua los horarios de los vuelos a Marselle– le arrojó el celular desde una distancia prudencial y se encerró en la seguridad de su habitación.
De alguna forma habían terminado en el recibidor, Nathaniel lo empujaba hacia la puerta de salida con brusquedad, Kentin, influenciado por su amigo y guía espiritual, estaba comenzando a creer que el delegado era presa de alguna extraña y maligna fuerza sobrenatural.
–¡Repito que no es lo que parece!– exclamó algo asustado al verlo tan furioso, luciendo un azul opaco en su rostro, por unos segundos consideró tomarle una foto para regalársela a Rodolfa, sabía que ella la apreciaría, pero tal vez no era el mejor momento.
–¡¿Entonces qué es?! ¡Te metiste a la habitación de mi hermana a hurtadillas! ¡Y te encuentro besándola!
–¡Basta Nathaniel!– le gritó Amber –¡No seas exagerado! ¡Ya estoy grande para decidir a quien llevo a mi cuarto!
–¡Cállate Amber! ¡Sabes perfectamente que por culpa de tus caprichitos idiotas acabaré teniendo problemas!
–¡Hijo!– sonó una voz de ultratumba detrás de ellos, Nathaniel empalideció de inmediato –¡¿Esas son formas de tratar a tu hermana?!
–Es que ella... ella...– tartamudeaba Nahaniel nerviosamente señalando a su hermana –¡Metió a ese idiota a su habitación, cuando entré estaban besándose!
–¡¿Entraste al cuarto de tu hermanita sin golpear?!– preguntó el hombre viéndolo muy muy feo –¡¿Y tú, aprovechándote de mi hija?!– miró a Kentin aún peor, quien negaba nerviosamente –¡Ambos merecen un castigo!– exclamó quitándose el cinturón.
–¡No! ¡Papá no!– suplicaba Nathaniel.
Kentin lo miró asustado y luego giró a ver a Amber esperando que alegara algo en su defensa, pero ella en algún momento había huido dejándolos solos a su suerte. El hombre ató las manos de ambos a los extremos del cinturón con una maestría única, y se los llevó a la fuerza hacia afuera. Kentin se dejó arrastrar mirando con preocupación a Nathaniel quien no paraba de suplicar clemencia a su padre.
Los llevó hasta un gimnasio que quedaba cerca de allí, Kentin observaba entre sorprendido y expectante como el hombre con su brutal fuerza amarraba sus brazos y piernas a las esquinas de uno de los arcos de la cancha de futbol cinco, de tal forma que quedó mirando la red, no llegó a ver bien pero seguramente hizo lo mismo con Nathaniel. Acto seguido sonó su silbato y un montón de niños pequeños salieron de los vestuarios armando equipos y comenzando a jugar al futbol, con la premisa de meter la mayor cantidad de goles posible.
Estaba preguntándose de qué se trataría ese horrible castigo al cual Nathaniel parecía temerle tanto, ¿matarlos de aburrimiento? Pero entonces un pelotazo con mucha fuerza golpeó su espalda, se quejó mirando hacia atrás viendo como el niño que había pateado festejaba divertido, a ese le siguieron muchos otros, al parecer esos niños eran tan malos que ninguno le atinaba al enorme espacio entre sus piernas, y los gritos de dolor de Nathaniel indicaban que no la estaba pasando mucho mejor.
Un par de horas después, cuando el entrenamiento acabó Nathaniel y Kentin fueron liberados.
–¡Espero que hayan aprendido la lección!– dijo el hombre sonriendo orgulloso de sus métodos de crianza.
–Si papá...– murmuró Nathaniel claramente adolorido.
–¡Si señor...!– dijo Kenin y se marchó antes que al hombre se le ocurriera otro castigo.
Caminó hasta su casa con su espalda ardiendo al rojo vivo, sintiendo un poco de pena por el delegado quien por lo visto recibía ese tipo de castigos regularmente.
En el correr del día siguiente, Debrah buscó por todos lados a Castiel, era extraño no verlo en la escuela, y hubiera mantenido su celular apagado. Al entrar al invernadero, ya que era el único lugar en el cual aún no había buscado, encontró a Rodolfa jugando a la rayuela con Paco.
–¡Hey tú...!– la llamó frunciendo el ceño.
–¡Hola!– la saludó Rodolfa alegremente –¡¿Quieres jugar?!
–¡¿Tienes 3 años?! ¡Claro que no! ¡Dime donde está Castiel!
–¡Ahh! ¡Verdad!– recordó, acercándose a ella –Me dijo que te avisara que viajó a ver a su mamá que está enferma.
–¿Enferma?– preguntó pensativa –¿Entonces si le dio algo cuando le hablé?– dedujo sorprendida, uno; por tener tanta influencia sobre las personas, y dos; por no sentir ni una pizca de culpa –¡¿Cómo que viajó?!
–¡Si! No quería ir pero, ¡yo lo convencí!– asintió con una enorme sonrisa.
–¡¿Tú?!– le gritó furiosa –¡Mierda! ¡Esto tira abajo todo mi plan! ¡Si su madre le cuenta que fui yo quien la llamó, cuando regrese tendré problemas!
–¡Si, yo!– asintió Rodolfa estúpidamente –Soy muy lista, vas a darme un premio, ¿verdad?
–¡Claro que te daré tu recompensa!–exclamó empujándola contra una de las paredes –¡Te destruiré maldita!
–Porque así no podrás seguir poniéndolo triste, ¿verdad?
–¿De qué hablas?
–Desde que llegaste él está triste y tú te ves muy divertida– aseguró recordando lo que había aprendido de su librito –, estás jugando con él.
–Así que te diste cuenta– sonrió de lado –. No eres tan tonta como pareces, es una pena que Castiel esté comiendo de mi mano y jamás te vaya creer.
–¿Se está comiendo tu mano?– le miró la mano sorprendida –¿Por eso tienes los dedos tan flacos?
–¡Deja de decir idioteces!– la abofeteó –¡Te haré llorar lágrimas de sangre por interponerte en mi camino!
Paco, quien estaba en brazos de Rodolfa. mordió la mano de Debrah en cuando la tuvo a su alcance.
–¡Aww... que tierno como defiende a su mamá!– se emocionó Rodolfa mirándolo con una mezcla de amor y orgullo-¡Eso es! ¡Cómetela toda, no sólo sus dedos flacos!
–¡Ahh! ¡Maldita cosa!– gritó Debrah quitando la mano, pero Paco quedó colgando de ella por lo que la sacudió con todas sus fuerzas haciéndolo volar hasta estrellarse contra una de las ventanas.
El vidrio estalló en mil pedazos, Paco cayó al suelo con su maceta destrozada y cientos de trocitos de cristal clavados en su tallo.
–¡PACO!–gritó Rodolfa al borde de un infarto.
Corrió hasta donde había caído su planta, lo cargó con suavidad viendo con horror como una de sus hojitas caía de su tallo.
–¡Su bracito!– exclamó aterrada quitándole los trozos de vidrio con cuidado de no dañarlo más, mientras lo sacudía levemente –¡Paco! ¡Paco, bebé dime algo!
Debrah observaba la escena con fastidio –¡Deja de hablarle a esa ridícula planta como si fuera una persona o le echaré veneno para matarla de una vez!– amenazó, viendo que la planta le había arruinado la manicura.
–¡¿Qué harás qué?!– preguntó Rodolfa poniéndose de pie con un algo magullado Paco en brazos.
La observó con fuego en la mirada, tomó un frasco de líquido para matar las malezas y caminó lentamente hasta ella, sonriendo aterradoramente como lo hiciera en su momento con los ladrones que hirieron a Castiel –Dos podemos jugar a ese juego, ¿no?
Debrah comenzó a alejarse de ella, la chica estaba loca, y sabía bien que alguien en ese estado era peligrosa, más aún cuando esa persona se acercaba a ti con una botella de veneno, una sonrisa macabra en el rostro y un tic nervioso en su ojo derecho. Finalmente huyó a toda velocidad del invernadero mezclándose entre la gente que había en el pasillo en un vano intento por perderla.
Rodolfa caminaba tras ella, los alumnos se apartaban aterrados al ver su rostro desencajado, dejando a Debrah expuesta. Lysandro había vuelto a visitar a Rocío por la noche, pero había decidido ya no seguir faltando a clases, no podía permitirse abandonar a tantas almas desesperadas en busca de una guía espiritual. Así que medio zombie por la falta de sueño, estaba santificando unos demoníacos casilleros con sus polvos sagrados, pero cuando Debrah pasó corriendo a su lado lo pechó y los polvos volaron por doquier, encegueciendo a todos ahí incluidas Rodolfa y Debrah.
–¡Ahh! ¡¿Qué es esto?! ¡Mis ojos!– gritaba Debrah tallándoselos.
Rodolfa caminaba en dirección a donde se escuchaban los gritos, reprimiendo el ardor, la venganza estaba primero, pero no calculó bien y acabó por darse de frente contra uno de los casilleros endemoniados, el cual le cayó encima dejándola inconsciente.
Ken entró al gimnasio, estaba completamente vacío y allí se quedó esperando, Amber había dejado una nota en su casillero, y aunque estaba algo molesto con ella decidió acudir a la cita a ver que deseaba esta vez.
–Lamento la demora, tuve que despistar a las chicas– dijo ella entrando después de un rato.
–Está bien, no esperé demasiado– dijo él viéndola acercarse –. ¿De qué querías hablar?
–Quiero saber cómo te fue con papá anoche...
–Pues... mi espalda arde como el infierno, pero lo hecho hecho está, si sólo hubieras dicho algo en lugar de desaparecer cobardemente.
–¡No podía arriesgarme a que papá se molestara conmigo!
–¡Ah, claro! ¡Por eso mejor que lo haga conmigo y con tu hermano! ¡¿Tienes idea de lo que duele esto?!
–No... no la tengo– negó ella esquivándole la mirada.
Kentin exhaló resignado –Está bien... Tampoco fue tu culpa, yo me metí a tu habitación a escondidas, supongo que lo merecía...
–Olvidé ponerle el seguro a la puerta...– murmuró ella –No volverá a pasar– lo miró con complicidad.
Kentin le sonrió de lado, había algo en esa actitud tan desenfadada y arrogante que tanto detestaba de ella, que irónicamente le resultaba atrayente –Me da pena por tu hermano, pero tu padre te protege mucho, se nota que te quiere.
–Bah... Si me protege, pero no lo tomes como una gran muestra de cariño, mis padres se valen de Nathaniel para cumplir mis deseos, pero no hacen más que castigarlo o darme algo de dinero.
–¿Te parece poco? Mi padre jamás me da dinero, y no hace más que tratarme como un soldado.
–Mis padres nunca se sentaron a hablar conmigo a preguntarme como estoy o regañarme por algo, ni siquiera me conocen, no se ocupan de mi, dudo que les importe en algo, ¡simplemente cumplen mis caprichos para que no les de problemas!
–¿Eso es verdad?– preguntó él comprendiéndola un poco –Supongo que ningún padre es perfecto– comentó moviéndose un poco con una mueca de dolor por el ardor en su espalda.
–Ni hablar– asintió ella –. Vamos a los vestuarios, te pondré una crema para el dolor– le dijo caminando hacia allí.
Él la siguió y se quitó la camisa y la remera sentándose en uno de los bancos –Y... ¿Cómo son las cosas con tu madre?– preguntó en un intento por conocerla un poco más.
–Pues... igual que con papá, o peor, ella vive en su mundo, supongo que nos quiere pero... no se preocupa demasiado por nosotros– comentó aplicándole la crema mientras deleitaba su vista con el bien formado torso del chico –¿Y tu madre? Jamás la mencionas.
–Murió cuando era un bebé... Así que no la recuerdo, pero todos la recuerdan como una mujer muy buena y dulce. Mi padre siempre me dice que me parezco demasiado a ella, que soy un hombre y los hombres no deben mostrar una pizca de sentimentalismo.
–Lamento lo de tu madre, eso es mucho peor, al menos yo puedo verla todos los días, aunque sea lo mismo que nada...
Ken la miró algo sorprendido, ¿ella comprendiendo sentimientos ajenos? Le sonrió con gratitud –Lo haces bien, esos masajes están ayudando mucho.
–Esta crema es muy buena, y tengo experiencia curando a mi hermano– comentó, recibiendo la mirada descreída de él –. ¿Pensabas que no lo ayudaba luego de que nuestro padre lo castigaba? ¿Qué clase de persona crees que soy?
–Lo siento sólo creí que se llevaban bastante mal ustedes dos.
–Nathaniel es un tonto, finge ser el niño bueno frente a nuestros padres para no ser castigado, pero en el fondo sigue siendo el mismo rebelde de siempre, me molesta que sea tan falso...
–¿Y tú? ¿No cambiaste?
–Pues... antes era una chica ejemplar, sin embargo cuando mi hermano comenzó a imitarme yo me volví la rebelde. El asunto es que nuestros padres se quedaron con una imagen de nosotros como éramos de niños, por eso no importa lo que yo haga seré la niña buena y mi hermano el malo.
–Entiendo– dijo él mirando las manos de Amber que ya estaban recorriendo su pecho –Oye... sólo fue en la espalda.
–No seas aguafiestas, además aún me queda crema en las manos– dijo ella continuando con sus masajes a los pectorales del chico.
Debrah entró al gimnasio con sus ojos aún ardiéndole, se había lavado con bastante agua fría como le indicó la enfermera y ya podía ver con claridad, aunque la sensación era bastante molesta –¡Esa maldita y el idiota de los polvos me las pagarán!– declaró furiosa, pero unas voces que provenían de los vestuarios llamaron su atención.
Se acercó sigilosamente mirando hacia el interior del lugar, sorprendiéndose al ver a Amber abrazando por el cuello a ese chico que no era Castiel.
–Me siento como un trozo de carne– comentó él, orgulloso por su atractivo aunque algo apenado.
–No te quejes, sabes que no es eso...– comentó Amber sonriendo con una genuina felicidad que Debrah jamás le había visto –Somos amigos, ¿no dejarás que tu amiga se divierta un rato?
–Pero no quieres que nadie más lo sepa... deprime un poco que te avergüences de quererme...
–Sabes perfectamente que mi status social se iría en picada si alguien lo supiera, debo cuidar las apariencias, además a ti tampoco te gustaría que la loquita esa nos viera muy juntos y creyera que somos novios, ¿verdad?
Él asintió –Si, creo que es lo mejor después de todo.
–Así que la rubia tiene sus secretos...– pensó Debrah tomándoles una foto con su celular –¡Perfecto! ¡Esto es lo que necesitaba para llevar a cabo mi plan maestro! ¡Mataré dos pájaros de un tiro!
Tomó un par de fotos más, y se marchó encajando las piezas de su última maldad, tenía decidido que todos pagarían por las ofensas, pero hoy, después de que esa chica se atreviera a perseguirla con claras intensiones de dañarla... hoy había firmado su sentencia... Convertiría su vida entera en un maldito infierno.
Rodolfa abrió sus ojos, rojos por los polvos –¡Paco!– exclamó de inmediato sentándose en la camilla buscando a su bebé con la mirada.
–¿Así bautizaste a esta Dionaea Muscipula?– preguntó el señor Farrés señalando a Paco ya trasplantado a una maceta sana, descansando en una mesa de la enfermería.
–¡Paco!– se levantó ella y corrió a acunarlo –Mi bebé, ¿cómo te sientes? ¿Te duele mucho?– le preguntó preocupada.
–Estará bien, no perdió ninguna parte importante– aseguró Farrés en un intento por tranquilizarla.
–¿No perdió ninguna parte importante? ¡Le arrancaron su bracito! ¡Mire! ¡Mire!– le mostró el tallito cortado.
–Sabes que volverá a crecer muy pronto.
–Pero él no tenía porqué pasar por esto... me defendió de esa bruja maligna y yo no pude protegerlo...
–Lo hiciste cuando el casillero les cayó encima, y hablando de eso me preocupa el daño que eso te hizo, ¿no te duele la cabeza o alguna otra parte?
–No ninguna– negó ella –¿Qué le pasó al loquito?–preguntó señalando la otra camilla donde Lysandro roncaba sonoramente.
–Sólo está dormido– dijo el hombre sonriéndole –. Deberías tener más cuidado, siempre estás hiriéndote con una cosa o con otra.
–Si lo tendré– asintió –. Gracias por cambiarle la maceta a Paco, me voy a casa, necesita descansar, chau– se despidió aunque no con los ánimos de siempre y salió corriendo de la enfermería.
Él se quedó mirando la puerta, estaba preocupado, esa niña se veía cada vez más sola y propensa a los accidentes, pero, ¿qué podía hacer? Para ella sólo era un maestro más...
–Tengo un mal presentimiento...– murmuró.
Castiel llegó al hospital, veinte horas de avión lo habían dejado casi muerto, pero aún así averiguó con todos los vecinos de sus padres hasta que alguien le facilitó la dirección del lugar donde la tenían ingresada. Su siguiente misión era averiguar la habitación en la que estaba internada su madre, por fortuna no le fue demasiado difícil así que con una mochila mediana como único equipaje subió hasta el quinto piso y se dirigió a la habitación correspondiente.
Golpeó la puerta esperando a ser atendido, sentía por un lado el agotamiento propio de su travesía, y por otro, los nervios producto del rechazo del que sabía que sería objeto, y por saber el estado de su madre que era una incógnita para él, esto último lo estaba destruyendo internamente.
Su padre abrió la puerta frunciendo el ceño de inmediato –¡¿Qué haces aquí?!
–Vine a ver a mamá, ¡déjame pasar!– dijo él usando el mismo tono de voz que el hombre, no había duda de que eran padre e hijo.
–Tú no tienes derecho a venir a dar órdenes, no después de afectar a tu madre de esa forma.
–¡Papá por favor!– le pidió –¡Estoy preocupado! ¡Tardé un día entero en llegar hasta aquí! ¡No quería lastimarla sólo estaba defendiendo mi punto, eso me enseñaste! ¡A luchar con uñas y dientes por lo que creo!
–¡Yo no te enseñé a drogarte o a golpear mujeres!– le gritó dándole un golpe al marco de la puerta –¡Estoy decepcionado de ti!– declaró mientras Casitel lo observaba con total desconcierto.
–¿De dónde sacaste que yo...?– se detuvo al escuchar la suave voz de su madre, quien despertó con los gritos de su marido.
–¿Castiel...? ¿Es él?– preguntó desde la cama.
–Si... Es él...– murmuró el hombre permitiéndole pasar contra su voluntad, pero los deseos de su mujer siempre estaban primero para él.
–¡Hijo... viniste...!– sonrió emocionada al verlo entrar.
Dejó caer la mochila y se acercó a ella abrazándola asustado –Mamá... lo siento... no quería alterarte tanto... no debí hablarte de esa forma...– le susurró lleno de culpabilidad pero sintiéndose algo reconfortado cuando ella correspondió el abrazo.
–Mi niño, creí que no vendrías... Es un viaje muy largo corazón...
–En realidad...– dijo él separándose un poco –No iba a hacerlo... Tenía miedo de dañarte más, pero... Rodolfa me obligó...
–¿Ro...dolfa?– preguntó la mujer con miedo –¿Esa chica?
–Si, me habría dejado sin una pierna si no lo hacía– comentó riendo un poco, en esos momentos se sentía bastante agradecido de estar allí viendo a su madre bien.
–Preferiría que no menciones a esa persona frente a tu madre– le advirtió su padre –. Es la culpable de todo lo que ha pasado, y de lo que te has convertido.
–¿Lo que me he convertido?– preguntó viéndolos –Escuchen, entiendo que la directora les haya hablado acerca de algunas de sus travesuras, o que yo me he saltado clases, pero de ahí a tratarla como si fuera una mala influencia es algo exagerado. ¿Y cómo es eso de que soy un drogadicto que golpea mujeres?
–Pues... hijo... nosotros sabemos que es así...– dijo Lorraine.
–¡¿Cómo lo saben?!
La mujer miró a su marido sin saber qué decir sin involucrar a su dulce futura nuera.
–Tu novia Debrah ha estado telefoneando a tu madre– comenzó a contarle el hombre, directo y sincero como su hijo.
Debrah regresaba al hotel en un taxi después de pasar por el salón de belleza, unos retoques en su cabello, una nueva manicura y había vuelto a ser la misma de siempre. Con cuidado de no arruinar la tintura de sus uñas quitó la tapa trasera de su celular y extrajo uno de los dos chips, más precisamente el que utilizaba exclusivamente para comunicarse con su novio.
–Ya debes saberlo todo gatito... Será una pena que cuando llames a tu chica no puedas comunicarte, ¿verdad?– le habló al chip y luego lo besó irónicamente –Adiós Castiel... fue un placer conocerte, cuando regreses ya no estaré, pero te dejaré un regalo de despedida que te encantará...– declaró arrojando el chip por la ventana del taxi mientras reía de buen humor.
–Todos los días sube un loco diferente...– pensaba el chofer del taxi mirándola de reojo por el espejo retrovisor.
–¡¿Debrah te dijo eso mamá?!– preguntó Castiel boquiabierto sin poder creerlo.
–¡Por favor hijo, no te enfades con ella...! ¡La pobre niña estaba completamente aterrada! ¡Te aseguro que te ama! ¡Sólo quiere lo mejor para ti bebé, igual que nosotros!
–Amor, no te alteres...– le tomó la mano su esposo –Castiel, te hemos dado una buena crianza, accedimos a firmar la emancipación porque confiamos en ti, pero por lo visto te has dejado influenciar demasiado por esa delincuente viciosa.
Castiel tenía la mirada perdida, negando con su cabeza, tanto tiempo amándola, tanto luchar por ella, y le clavaba un puñal por la espalda. Se sentía traicionado, traicionado era poco, se levantó con los puños cerrados y salió de la habitación forzándose a no dar un portazo para no alterar a su madre.
–¡Oh dios! ¡¿Qué hará ahora?!– preguntó Lorraine asustada.
–Supongo que llamar a su novia– dedujo el hombre –. Tranquila, por teléfono no puede hacerle nada...
–¡Puede asustarla o amenazarla! ¡Por favor ve... impídeselo!– le suplicó.
–Si eso te tranquiliza lo haré– dijo él levantándose.
–Gracias amor...
Él le sonrió de lado y salió tras su hijo, lo encontró en la ventana, una de sus manos aferrada con fuerza al marco de la misma, en la otra el celular, aún de espaldas podía notar la furia que trasmitía por el leve temblor en sus hombros.
–Deja a esa pobre chica en paz, estaba asustada por eso llamó a tu madre– le dijo acercándose.
–¡Maldita sea no atiende!– exclamó Castiel fuera de si –¡No puedo creer que me haya hecho esto! ¡Y a mamá!
–¡Todo esto lo provocaste tú! ¡Ten la decencia de al menos admitir que fallaste!– lo regañó el hombre –Tu novia hizo lo que debía, era esto o denunciarte a la policía, los que están mal son tú y esa otra chica tan perversa.
Castiel lo miró fríamente –No sé si estoy más furioso porque mi novia me traicionó o porque mis padres piensan esas cosas de mi sin siquiera molestarse en pedirme mi versión– espetó y comenzó a caminar rumbo a las escaleras.
–¡Espera! ¡¿A dónde crees que vas?!
–A dar una vuelta, si en algún momento de la noche están dispuestos a escucharme ya saben como ubicarme.
–¡¿Vas a drogarte por ahí?!
Castiel se detuvo y lo miró unos instantes –¿Sabes qué? Vete al diablo papá.
Se marchó furioso, dolido y decepcionado, las personas que se supone que debían estar con él incondicionalmente le daban la espalda, Rodolfa tenía razón, los padres son todos iguales.
Deambuló por esas calles extrañas para él sin fijarse en el nuevo paisaje, se sentía traicionado, su novia, Debrah, él hubiera puesto las manos en el fuego por ella... ¿Por qué lo hizo? Por más que lo pensaba no podía encontrar un motivo válido para ello, aún así, por el bien de su propia sanidad mental se permitió el beneficio de la duda, tal vez ella si lo había hecho por una buena causa, equivocada, pero quizas sólo intentaba ayudarlo de alguna retorcida forma... no podía saberlo hasta hablarlo... Era un excelente momento para que hubiera decidido no atender su teléfono.
Por otro lado estaban sus padres, era verdad que una vez que se separaron la comunicación era menos frecuente, su madre lo llamaba cada semana, y tenía suerte si su padre lo hacía en sus cumpleaños o en algún momento específico para tratar un tema puntual, sin embargo siempre lo tomó como algo natural, nunca pensó que la distancia los hiciera olvidarlo, olvidar su esencia y que creyeran el primer estúpido rumor acerca de él.
Sentía desolación en su forma más pura, necesitaba alguien con quien charlarlo, así que llamó a Lysandro, pero éste continuaba profundamente dormido en la enfermería, nadie se dio cuenta y cerraron la escuela con él dentro, así que nunca atendió.
–¡Maldición, hoy nadie me atiende!– se quejó revisando la cobertura de su celular pero todo estaba en orden.
Había alguien más, estaba loca, era una niña tonta y algo homicida, pero debía admitir que era una de la pocas cosas estables en su vida. No importaba la situación o si se comportaba como un imbécil, podía gritarle, insultarla, echarla de su casa, pero ella siempre estaba cerca para regalarle su sonrisa boba y sus frases de niña de cuatro años. Sin darle más vueltas llamó al teléfono fijo, ella había perdido su celular en el incendio y no volvió a comprarse uno, no podía culparla, sabía bien que no contaba con el dinero suficiente y el poco que tenía acababa gastándolo en tonterías, como ayudarlo a pagarse el avión que lo llevó hasta esa ciudad.
–¿Hola?– atendió Rodolfa, se sentía bien escuchar a alguien que sabía que no lo juzgaría sin escucharlo.
–Hola tontita...– dijo con ternura –llegué bien, el avión no se cayó en ninguna parte.
–Que pena– murmuró ella, aún no descifraba si lo decía en broma o no era consciente de lo que eso significaba, en cualquier caso ya estaba acostumbrado.
–Ya vi a mamá, se ve bastante bien, aunque no llegué a preguntarle...
–¿No llegaste?
–Discutí con ellos y me fui, no debí venir...– murmuró –Aún así te agradezco que me hayas obligado a hacerlo.
–¿Por qué?
–Porque si no lo hubiera hecho no me habría enterado de algo...– explicó –Oye, te noto rara, ¿pasó algo?
–Paco... él... se accidentó– le contó notablemente apenada –. Perdió su bracito, y aunque vuelva a crecerle, no quería que nada le pasara a mi bebé...
–Paco es muy fuerte, y sé que si tiene a su madre con él se recuperará pronto– la tranquilizó sonriendo con ternura –. Las madres son muy importantes... Aunque luego confíen en cualquier desconocido más que en ti...
–Yo confío en Paco, pero eso es porque es un buen hijo, yo no lo era por eso mis padres nunca confiaron en mi.
–Entonces supongo que yo también soy un mal hijo...
–Pero, también son humanos, una vez leí que parte de ser humano es cometer errores... Por lo que no puedes enojarte con una persona por sus errores, porque son parte de lo que es.
–Si...– murmuró pensativo –He cometido muchos errores, supongo que ellos también tienen derecho a equivocarse a veces, gracias por el consejo.
–¿Cuál consejo?
–Olvídalo... regresaré con mis padres... no hagas ninguna locura ni vuelvas a lastimarte, te llamaré mañana.
–Está bien.
Apenas cortó entró la llamada de su padre.
–¿Si papá?
–Queremos escuchar tu versión, y tu madre esta preocupada porque saliste sin abrigo.
–Voy para allá– le dijo ya sin resentimiento emprendiendo el camino de vuelta.
Al llegar se sentó en la camilla a un lado de su madre.
–Hijo estás muy frío, no debiste salir sin abrigo– lo regañó tiernamente la mujer, tocándole el rostro.
–Muy bien Castiel, te escuchamos– dijo su padre de pie a un lado de la camilla con sus brazos cruzados.
–Estoy bien mamá– le sonrió y sacó de su bolsillo la fotografía que Rodolfa le había entregado la noche anterior, la había guardado sin darse cuenta –. Esta es Rodolfa, ese es Paco y Demonio– los señaló luego de entregársela a su madre.
–Esta es... ¿Esa chica?– preguntó la mujer sorprendida de ver a una chica normal con una enorme sonrisa, en lugar de una punk con aretes en la nariz y tatuajes.
–¡Demonio está enorme!– exclamó el hombre –La última vez que lo vi era un cachorrito.
–Así es– asintió Castiel a ambos –. Desde que llegó a la escuela me causó curiosidad, era una chica extraña, totalmente diferente a cualquier otra, me divertía con sus tonterías, aunque también me hacía molestar con mucha facilidad...
–¡Oh! ¡Mi niño ama a otra chica!– exclamó Lorraine –¡Pobrecita Debrah!
–¡No la amo!– aclaró mirando a su madre con seriedad antes que se armara toda la telenovela –Un día la noté muy rara, aunque intentara disimularlo se notaba de lejos que estaba herida, entonces la seguí, cuando la encontré estaba durmiendo en una calle sobre unos cartones.
–¿Una indigente?– preguntó su padre mirándolo con atención.
–No...– negó él –Sus padres acababan de abandonarla, pero no sólo se fueron, ellos tambien rodearon la casa de alambres de púas, minas y una cerca eléctrica para que no pudiera continuar viviendo allí. ¡Claro que es tan estúpida que no entendió la indirecta e igual lo intentó y acabó toda lastimada!– comenzó a enfurecerse solo.
–¡¿Por qué hicieron eso?!– preguntó la mujer sorprendida.
–¡Porque son unos pésimos padres! ¡¿Por qué más?!– exclamó el hombre con el ceño fruncido, Castiel lo miró sorprendido ya que le había quitado las palabras de la boca.
–El punto es que la arrastré hasta el hospital y la atendieron, pero no tenía más familia así que la llevé a mi casa un tiempo, ¡no podía dejarla durmiendo en la calle sabiendo que estaba herida!– su madre sonrió con dulzura orgullosa por su buen corazón –Desde entonces han pasado muchas cosas– comenzó a relatarlas –. La casa se incendió, ella salió muy mal herida, pero se recuperó y entre los dos la reconstruimos, ella decía que era su casa, y luchó por ella de una forma que era casi inspiradora.
–Recuerdo lo del incendio hijo, creí que continuabas quedándote con tu amigo– comentó Lorraine.
–No, en cuanto estuvo habitable regresé, hace un par de meses unos tipos entraron a la casa, me dispararon en el pecho, ¡pero estoy bien!– se apresuró a decir cuando su madre se puso muy pálida viéndolo con los ojos muy abiertos.
–¡¿Te dispararon?!– exclamó el hombre viéndolo con una mezcla de miedo y enojo –¡¿Por qué nunca nos lo dijiste?!
–No quería preocuparlos, igual ya pasó...
–¡No pasó nada! ¡Somos tus padres! ¡Por muy emancipado que estés tienen que avisarnos! ¡Debimos estar ahí contigo cuidándote!
–¡Pero no estuvieron... estuvo Rodolfa!– le dijo enfrentándolo con la mirada –Ella cuidó de mi, siempre lo ha hecho...
–Dios... Hijo no puedo creerlo...– murmuró la mujer atrayéndolo hacia ella y abrazándolo –Perdónanos por no estar contigo...
–Está bien mamá... Estoy bien, de verdad...– se separó lentamente –No quiero irme del tema– dijo viéndola a los ojos y ella asintió –. En resumen, muchas cosas han pasado, buenas, malas, aburridas y divertidas... Han sido casi ocho meses de vivir juntos, y ella está completamente loca, no les voy a mentir, pero si la conocieran se darían cuenta de que no existe alguien más confiable y sincero en el mundo.
Sus padres se lanzaron una mirada de complicidad, para ninguno de los dos pasó desapercibido el matiz de dulzura con el que se teñía su voz al hablar de esa chica, sin duda su hijo se había encariñado demasiado con esa tal Rodolfa.
–Entonces Debrah regresó, ustedes saben cuanto la amé mientras estuvimos juntos, y a pesar del tiempo eso no cambió, volvimos y entonces me pidió que la sacara de la casa... Yo tan idiota lo hice, pero no tardé en arrepentirme, así que cuando supo que Rodolfa había vuelto a vivir conmigo armó un gran revuelo.
–Es lógico bebé, es tu novia, debe estar celosa de que otra chica viva contigo– explicó su madre.
Su padre lo observaba con atención –¿Así que esas llamadas a Lorraine sólo eran una tonta escena de celos de una chiquilla impertinente? Esa niña no sabe con quien se metió.
–Lo sé mamá, pero al día siguiente regresó diciendo que aceptaba que Rodolfa viviera conmigo, que me amaba, y regresamos una vez más, hemos estado bien desde entonces, no entiendo por qué les contó todo eso.
–No lo sé amor... Se escuchaba muy sincera...
–Cuando pueda comunicarme con ella lo averiguaré supongo...– murmuró dejando ese tema de lado –Pero créanme, nunca golpearía a una chica, menos a una que amo, y por supuesto que no me he drogado ni lo haré, de hecho desde que Rodolfa vive conmigo ya no bebo ni fumo– aseguró con genuina honestidad, viéndolos casi con súplica, necesitaba que le creyeran.
–¿No quieres darle un mal ejemplo?– preguntó su padre sonriendo de lado.
–¿Mal ejemplo?– preguntó él confundido.
–Recuerdo que de pequeño siempre nos pedías una hermanita– comentó la mujer –. Me alegra mucho que la vida al fin te la haya dado.
–¿Una hermanita?– preguntó Castiel pensativo –Bueno si es bastante latosa e insoportable...
–¡Mi niño!– Lorraine volvió a abrazarlo –Perdónanos por creer algo tan horrible de ti.
–Está bien mamá... Todos cometemos errores...
–Si ya está todo solucionado iré a buscar algo de comer, muero de hambre– dijo su padre saliendo.
Ese día había amanecido bastante soleado, Amber esperaba a sus amigas en el lugar que siempre se encontraban, faltaban unos pocos minutos para que las clases comenzaran.
-¿Qué estarán haciendo esas dos? ¿Li habrá vuelto a tragarse el labial?- se preguntó mirando la hora.
-Pobre rubia hueca... ¿Qué hará sin sus amiguitas...?- escuchó una burlona voz detrás de ella.
-Así que la arpía del instituto decidió espiar a la competencia- le dijo girándose para enfrentarla mientras ponía una mano en su cintura como símbolo de confianza –. Sabes que Castiel pronto se dará cuenta de la víbora que eres y vendrá a mis pies, ¿verdad?
-¡Oh... Amber querida...!- dijo con su mejor tono de falsedad –Continúa soñando todo lo que desees, en el fondo sabes perfectamente cual es la realidad.
En ese momento sonó la campana que anunciaba el comienzo de las clases.
-Quítate, no quiero llegar tarde- pasó empujándola.
-El trato que te tengo creo que bien ameritaría que perdieras unos minutos de las interesantes clases del profesor Farrés- comentó Debrah sin inmutarse por el empujón –. Sólo tienes que escucharme un minuto, no lo lamentarás.
Amber se detuvo viéndola –Nada de lo que tú puedas decir justifica tener que pasar un minuto mirando tu horrenda cara.
-¿Ni siquiera si te ofrezco la oportunidad de encerrar a Rodolfa de por vida y tener a Castiel para ti sola?
Continuará...
Hola de nuevo, espero que les haya gustado este capítulo, me parece que le faltó algo, humor probablemente, aunque tomando en cuenta que escribí la mitad mientras deliraba por la fiebre supongo que podría haber quedado peor. Muchas gracias a todos los que se preocuparon por mi salud, sigo medio mal, pero mejorando de a poco, no se preocupen no moriré antes de acabar el fic.
Ahora paso a responder los comentarios:
AkaneSaotomee: Gracias por tu preocupación, si estaba en cama mientras actualizaba (benditas netbooks) así que no me estaba portando tan mal. No sé que harán esas pobres almas desvalidas sin él... Y si, Castiel es un idiota, pero como viste en este capítulo de a poco se va dando cuenta de como son las cosas, respecto a Rodolfa, ya ves, si se enoja de verdad sólo los polvos mágicos de Lys pueden detenerla, y claro que ella dominará el mundo. Ken si está un poco loco, tiene una visión bastante distorsionada del mundo y sus excusas... pésimas... A mi también me encantaría saber dibujar y poder hacer un dibujo de ese Paco, pero no sé... si alguien se ofrece... (sólo escucho el sonido de los grillos) Ken y Amber de a poco se han ido convirtiendo en una linda pareja, a mi también me gustaría que Ken se olvidara de Rodolfa, aunque eso parece complicado. Entiendo el sentimiento hacia Debrah, es una maldita... Y muchas gracias por decir que no bajó la calidad, eso tranquiliza mucho, espero que este tampoco, aunque tuve muchos problemas para terminarlo. Gracias por comentar, besitos.
Aguitos: Gracias por el comentario, si me dejaste el mail no lo vi, porque acá los borra, escribilo separado o mandámelo por el ask y yo te escribo. Besitos.
Wendylove4: Gracias por preocuparte por mi, no te preocupes escribir no me afecta, aunque ese día si porque no podía ni abrir los ojos, pero ya pasó. Gracias por el PM pronto te responderé. Besitos.
