ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.
Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.
Notas de la autora: Sé que demoro un poco con los capítulos, y a decir verdad es porque los edito antes de subirlos, si se han fijado, les hago llegar una lectura casi sin faltas de ortografía, y digo casi porque por ahí sí deben haber algunas pocas faltas, no soy perfecta, jaja.
Disfruten la lectura.
Capítulo XXV
Historias de amor
-Solo dilo y ya muchacho- lo alentó Federico
-Cinnia y yo… es decir… nosotros… este… vamos a ser padres- ¡ya!, lo dijo, pero el silencio que se produjo en la habitación después de su accidentada confesión le estaba dando miedo…
Los padres de Cinnia se quedaron en un silencio tétrico, Albert y Elroy tampoco hacían ningún tipo de sonido, solo estaban ahí para darles apoyo moral y emocional, a los chicos les pareció que de un momento a otro la habitación había pasado de cálida a absolutamente fría… sí, ya casi veían salir vaho de sus bocas
-¡¿Qué has dicho?!- más que una pregunta fue un gran gruñido de parte del padre de Cinnia, que ahora tenía más de un color en su rostro, los chicos veían entre un rojo intenso pasando a un casi azul grisáceo, sin contar con que tenía sus manos fuertemente empuñadas. El hombre, furibundo y la mujer no queriendo creer lo que sus oídos oyeron. Federico de dos zancadas estuvo frente a los chicos que estaban sentados en un sofá doble, Stear al verle acercarse, se puso de pie
-Tu, ragazza priva di sensi! Hai fatto si arriva a letto questo giovane uomo vantaggio ... Quello che ho mandato a studiare alla migliore scuola di Londra?- el padre de Cinnia, fuera de sus cabales por la noticia, que digo, notición recibido, no daba con ninguna palabra que no fuera en italiano, y la madre solo lloraba, de su boca no salían más que sollozos. La bella italiana solo bajó su cabeza oyendo a su padre
-Papà, papà ... mi dispiace ... non ho scuse per presentare davanti a voi, ma io amo Stear, e non posso dire che mi dispiace quello che è successo ...- Cinnia pedía disculpas a sus padres a medias, no se arrepentía para nada el haberse entregado a Stear. El chico que llevaba mucho tiempo con la italiana, había aprendido el idioma, si bien es cierto no cien por ciento entendía lo que se hablaba, y se sintió tan querido con las palabras de Cinnia que no vio lo que venía
-¡Plaff! ¡plaff!- dos sendas bofetadas en las mejillas de Cinnia, de las poderosas manos de su padre. Stear se alcanzó a interponer para que no le llegara una tercera cachetada a su muy amada mujer y sosteniendo el brazo de hombre dijo
-Yo me disculpo, sé que no hicimos bien, pero yo amo a su hija y responderé como me corresponde- Stear haciéndose responsable delante del padre de Cinnia, el chico soltó el brazo del italiano y abrazó a su chica para darle consuelo por el dolor de las cachetadas, pero el hombre solo miró Stear y dijo
-Nada de lo que usted señorito Cornwell le pueda ofrecer a mi hija, será bienvenido, ella se vendrá hoy mismo con nosotros a casa- las palabras de Federico dejaron sin palabras a la familia
-Pero padre, Stear se va a casar conmigo…su familia está de acuerdo
-No Cinnia, te vendrás a casa con nosotros- dijo tajante
-Creo que se está apresurando en su decisión señor Tabone - trató de mediar Albert dando unos pasos hasta colocarse cerca de Federico- nosotros como familia apoyaremos en todos a los chicos, no es necesario que se lleve a Cinnia, ella aquí estará muy bien cuidada, y si su madre, la señora Carmina quiere quedarse para hacerle compañía y cuidarla, no tendremos ningún problema…
-Ya dije que no señor Andrew…- muy terco el italiano, no lograba poner a pensar a su cabecita
-¿Pero por qué? Yo la amo y quiero que se quede conmigo. Seguiré estudiando para un futuro juntos, ella también podrá continuar sus estudios, además mis padres pudieran heredarme en vida y a ella no le faltaría nada- rogaba Stear con desespero. Cinnia solo lloraba, ella conocía a su padre y sabía que hacerlo cambiar de opinión no sería fácil
-Madre por favor- la muchacha hablaba a su madre, rogando por ayuda, pero la mujer no tenía el carácter necesario para enfrentarse a su marido. Al escuchar las palabras de su hija, solo negó con la cabeza, sin pronunciar palabra alguna- ¿Padre?- intentó nuevamente la muchacha- ¿Qué sacas con llevarme a casa con mi vergüenza? Todo mundo cuando vea que me crece la barriga comenzará a hablar… piensa en tus clientes o en los potenciales compradores que vendrán, ¿Qué pensaran de mí? ¿De mi apellido?... no le entiendo padre ¿Cuál sería su propósito al separarme de Stear si él y su familia están dispuestos a aceptarme como uno de ellos?- el padre de Cinnia no podía desconocer que las palabras de su hija eran muy razonables, y al escuchar su ruego, la nebulosa que tenía en su mente comenzó a disiparse lentamente
-Ella tiene razón, Federico- habló por primera vez Elroy, que conocía desde hace muchos años a la familia Tabone. Stear y Cinnia seguían muy juntos tomados de la mano, era tan desesperante la sensación de una inminente separación que los chicos habían perdido la alegría que en ellos era tan evidente todos los días. Cinnia derramaba lágrimas sin siquiera proponérselo y Stear tiernamente le secaba cada una de ellas, con un amor tan desprendido y delicado que conmovía hasta a las retratos y cuados en la habitación. La voz de la anciana se escuchaba fuerte, clara y potente, pero escondía tras de cada una de sus palabras un sentimiento y emoción, que solo había conocido a la llegada de su nieta- Cinnia, te la lleves o no- continuó la anciana- tendrá un bebé, y ese pequeño ser será un Andrew tanto como Tabone. Aún no ha nacido y tiene madre y padre que lo esperan con ilusión. Entiendo que las circunstancias no son las propicias, pero sabíamos que tarde o temprano, más tarde que temprano lo esperaba yo, ellos unirían sus vidas, ese momento llegó y ¿tú pretendes separarlos y hacerlos infelices?...
-No se trata de hacerlos infelices… es que… es que nunca me esperé una cosa así. Si bien es cierto al comenzar la conversación, pasó por mi cabeza un pensamiento relativo a lo mismo, no es algo que se pueda aceptar de un momento a otro…- Federico hablaba con más calma que en un principio, pero no dejaba de moverse de un lado para otro, pasando cada cierto tiempo sus manos por su cabello despeinándolo, su expresión corporal evidenciaba el tormentoso momento que estaba viviendo
-Piensa Federico… tú padre Paolo, sé que estaría feliz de ver a su nieta uniendo su vida a un Andrew, no le des más vueltas hombre, entiendo que es un trago amargo, pero hay que tomarlo con rapidez para que su mal gusto pase luego… en unos meses más serás abuelo y te aseguro por experiencia propia, que olvidarás todo lo que alguna vez ensombreció la llegada del pequeño, además, cuando el momento llegue ¿Qué mejor que estando ella casada? ¿Con un apellido que la respalde?
-Por favor padre…- Cinnia no quería separarse por nada del mundo de Stear, y si su padre se empecinaba en su absurda idea, no tendrían como hacer para estar juntos
-Está bien- concedió Federico y Stear y Cinnia sintieron que la esperanza volvía a acurrucarse entre los dos - pero entiendo que en estas condiciones Cinnia no podrá seguir estudiando… además, deberán ya estar casados
-Eso es lo de menos Federico. Candy tampoco está ya en el San Pablo, y toma clases particulares para terminar sus estudios, Cinnia también accederá a los mismos tutores y Stear permanecerá en el colegio hasta que se gradúe- dijo Albert mirando intensamente a Stear - en cuanto al matrimonio, este se podrá llevar a cabo esta misma semana con ustedes presentes
-De acuerdo. No es la solución que más me agrade, pero es la razonable en esta situación, no hay otro modo- y dirigiéndose a los chicos con voz dura, no por enojo pero si con desilusión- ahora de ustedes depende que esto resulte, el matrimonio es para toda la vida, están muy jóvenes y el estar casados traerá problemas que ustedes no conocen y podrían ser de tropiezo cuando de su edad se trate, pero sé de buena fuente que el amor es capaz de llevarnos a salvar con buenos resultados cualquier situación adversa…- así continuó por unos minutos más Federico Tabone hablando con los chicos y aconsejándolos en lo que podía basándose en su propia experiencia con Carmina, acerca de su futuro como esposos y padres.
Es así como en un 24 de marzo de 1913, Alistair Cornwell y Cinnia Tabone contraen matrimonio civil en la mansión Andrew, en compañía de familiares y amigos cercanos a los chicos, naciendo así la familia Cornwell Tabone. Archie no tuvo más que felicitar a su hermano, él no era quien para juzgarlo, la verdad, el hermano menor tenía que reconocer que si no fuera Lorna tan centrada, también estarían en el mismo camino a contraer nupcias. Eel inventor se veía radiante, la felicidad de los recién casados terminó contagiando a las otras parejas que se encontraban en el lugar, como Terry y Candy, Neal y Patricia, Archie y Lorna.
Stear pudo estar con su ahora esposa durante todo el día y la noche, sintiéndose con la libertad de amarla a placer, sin las preocupaciones de antes, procurar no ser vistos, buscar la manera de poder estar a solas, etc, pero lo bueno se acaba pronto, siendo llevado de vuelta al San Pablo a la mañana siguiente. Las monjas nada supieron acerca de la unión de los jóvenes en matrimonio, solo que Cinnia Tabone fue retirada del establecimiento por sus padres y que Stear de un día para otro se recuperó académicamente, pudiendo graduarse con su generación antes de que llegara el verano.
La madre de Cinnia prefirió volver a Italia con su familia y regresar a acompañar a Cinnia cuando esta entrara en el tercer trimestre. La habitación de Stear, es la que ahora ocupa el nuevo matrimonio, pero para desgracia del chico, solo podía ver a su mujer los quintos domingos que era cuando se le permitía salir del internado llegando a la conclusión que era mejor tenerla en el colegio junto a él. Albert pudo haber conseguido que Stear estudiara con el sistema de ir a casa todos los días o por lo menos los fines de semana, pero no lo hizo pensando en darle un escarmiento a su sobrino.
Dentro de los cuatro muros del San Pablo, solo quedaban en tierno romance Archie con Lorna y Neal con Patricia, Stear se sentía de lo más solo, teniendo que conformarse con los estudios y la compañía de Ivo y Fabienne que permanecían solteros, ellos habían estado presentes en la unión civil de su amigo y entendían que extrañara horrores a la bella italiana, pero… así es la vida.
Afuera del internado la vida continuaba para Terry y Candy, Edward y Constanza y obviamente la presencia de Cinnia y los malestares que le producía el embarazo. La italiana se mantenía ocupada en sus estudios con los tutores que la familia Andrew había contratado para Candy, y para que no estuviera de ociosa, la tía abuela Elroy, que era como la llamaba Cinnia, le enseñaba nuevos puntos de bordado para comenzar a elaborar el ajuar del bebé en camino, además, estaban arreglando la habitación a un lado de Stear, que permanecía vacía, para la llegada del primogénito Cornwell.
A Candy, los primeros días en que entró al hospital para integrarse a los estudios de enfermería, le costó un mundo acostumbrarse a los horarios, ya que como su familia estaba el Londres, ella tenía la posibilidad de pernoctar en su casa y no quedarse de interna en el Saint Thomas. Su abuela, que no pensaba hacerle las cosas fáciles, la obligaba a tomar las clases con sus tutores por las tardes cuando regresaba del hospital
-Debes estudiar Candice- le decía la anciana- piensa que en un tiempo no preciso, vas a ser la esposa del futuro duque de Grandchester, y lo mínimo que se esperará de ti es que seas culta
Candy tenía que reconocer que su amada abuela tenía razón, todavía no lograba dominar el francés y debía tomar clases de etiqueta. La pecosa entendía que si llegaba a casarse con Terry, ella debería aprender aún más cosas, entonces ir adelantando no era tan mala idea. Esos pensamientos le dieron un ánimo y deseo de seguir estudiando que la ayudaron a levantarse cada mañana y trasnochar si era necesario para poder ser la mejor esposa y enfermera que Terry pudiera siquiera soñar. Si bien es cierto, ellos tenían planeado unir sus vidas en matrimonio en un futuro, rogaban que no fuera lejano, es decir uno o dos años, Terry no quería esperar mucho pero siendo el hombre inteligente que era, sabía que lo primero en su vida ahora era crecer como actor, su padre le había concedido ese deseo y él quería lograr ser el mejor, primero, por el mismo y su amada pecosa, luego dar en el gusto a sus padres que dicho fuera de paso, se estaban llevando muy bien. También debían esperar a que Candy terminara su preparación como enfermera. Se veían prácticamente los fines de semana, pero se llamaban a diario para decirse como había estado su día y cuanto se amaban
-Este fin de semana mi padre quiere que vengas a la mansión, creo que va a hablar con los chicos acerca de mi madre- decía Terry al teléfono
-Está bien, creo que no tengo problema con eso Terry, dime ¿a qué hora te espero?
-Voy a ir por ti para que almuerces con nosotros
-Bien…eso será temprano- se quejó la rubia pensando que no podría dormir hasta tarde como era su costumbre los fines de semana
-Ya sé que te gusta mucho dormir pecosa- y cambiando su tono de voz agregó- pero si quieres después de almorzar podemos hacer la siesta juntos- sugirió colocando en su voz un tono tan sugerente y que transmitía tantas cosas a la vez, que Candy se sintió algo acalorada y se sonrojó a más no poder al seguir la líneas de sus propios pensamientos, agradeciendo que el muchacho estuviese al otro lado de la línea telefónica- pecosa ¿sigues ahí?
-¡Eh!... sí, sí, estoy aquí- dijo al reaccionar, sus pensamientos volaban veloces
-Entonces te busco mañana temprano
-Estaré esperando por ti- dijo cariñosa
-Ponte muy bonita, y por favor, no te tomes el cabello- pidió
-Ja, ja, ja ¿Qué cosas pides Terry?- reía la chica
-Te veo mañana pecosa de mi alma
-Hasta mañana mocoso engreído
Y tal como lo había dicho Terry, pasó por su pecosa temprano en la mañana, no quería ir directo hasta la mansión, así es que había planeado dar un pequeño paseo por la ciudad junto a la chica y aprovechar de conversar sin la intervención de nadie. Se habían detenido en medio del Puente de la Torre a mirar el hermoso panorama que les ofrecía el río Támesis
-¿Tú crees que le será fácil a tu padre que tus hermanos acepten a Eleonor?- Terry y Candy disfrutaban de un paseo matutino muy gratificante. Entre todos sus quehaceres, no les quedaba mucho tiempo para estar juntos y algunos fines de semana el castaño los tenía ocupados, ya que el director de la academia tenía el pensamiento de que los chicos debían aprender a estar dispuestos a perder un fin de semana si querían ser buenos en lo que se proponían. Hoy almorzarían en casa de los Grandchester y querían aprovechar al máximo su tiempo juntos
-Quisiera creer que la aceptarán, pero dudo que le sea fácil- Terry, quería con todo su corazón que sus padres pudieran estar juntos, el chico entendió muchas cosas cuando estuvo separado de su pecosa, y trató de ponerse en el lugar de su padre y discernir así los sentimientos de sus progenitores cuando su abuelo les había separado- ahora entiendo mucho mejor que la separación de mis padres, debe haber sido muy dolorosa para los dos. Mi madre creyéndose defraudada por mi padre al ver arrebatado de sus manos a su pequeño hijo, el dolor de mi padre que no pudo hacer nada para que Eleonor supiera la verdad, mi madre dolida al verse en soledad sin el hombre al que amaba su corazón y sin su hijo, y tantas cosas que sucedieron entre ellos, tantos años de dolor por culpa de mi abuelo, si las cosas hubiesen sido diferentes…
-No le des más vueltas a esos recuerdos tan dolorosos Terry- la pecosa acariciaba el rostro de su apuesto novio, tratando por medio de su toque arrancar de él el dolor- Supongo que ahora las aguas volverán a tomar su cauce y si tus padres se reconciliaron y de verdad quieren estar juntos, lo único que nosotros podremos darles es nuestro apoyo
-Tienes razón pecosa- suspiró Terry aceptando la caricia de Candy, tomando con su mano la de ella en su rostro- recuerdo cuando mi madre aceptó intentarlo de nuevo con mi padre, si bien es cierto yo no estuve para presenciarlo, la felicidad en los dos era tan evidente que parecía llenar el aire de algo diferente
Solo así podía describir Terry la reconciliación de sus padres.
Richard y Eleonor, desde que limaron asperezas en Escocia el varano pasado, habían dado paso a una relación más cercana, por el bien de Terry, se decían. Ellos, a pesar del dolor que sintieron con su separación, habían entendido que cada una de las situaciones vividas que le dejaron un gran dolor y vacío a tres vidas, se debían a que solo fueron simples títeres en las manos del duque de Grandchester de la época, el padre de Richard, este había jugado tan bien sus cartas, que no le importó salir ganador a costa del dolor de su hijo, su nieto y la destrucción de una familia.
Richard y Claudina no habían llevado un buen matrimonio, solo era una pantalla ante la sociedad. La pareja, nunca se enamoró, pero concibieron tres hijos, ya que el duque necesitaba herederos. Ya en mayo de 1912, Richard le había confesado a sus tres hijos la intención de separarse definitivamente de su esposa, los chicos habían recibido bien la noticia, ya que no eran ciegos y se daban perfecta cuenta de que entre sus padres no existía ese cariño necesario para seguir casados, pero Claudina ni se enteró de las intenciones del duque ya que ella se presentó delante de él comunicándole que serían padres una vez más, haciendo que todas las esperanzas del duque de ser libre quedaran postergadas para unos años más.
Eleonor, se reconcilió con Richard y comenzaron a renovar una amistad perdida por medio de cartas donde el tema primordial era Terry, en base a ese motivo en común la correspondencia comenzó a ser más constante y períodos cortos, es decir, si antes recibían una carta al mes, ahora eran mínimo una por semana, desde Londres a América y viceversa. La comunicación por extensas cartas, les recordó a los dos, sin palabras directas, lo que era estar enamorados el uno del otro, pero ninguno de ellos reconocía frente al otro sus sentimientos.
Cuando Terry y Candy se separaron a causa de Annie, Richard vio tan triste y desesperado a su hijo, y notó con angustia que él como padre no estaba ayudando en nada a su primogénito y lo primero en lo que pensó fue en consultar a Eleonor por vía telefónica ¿Qué hacer?, recibiendo como respuesta un inesperado "viajaré de inmediato" de parte de la actriz. Richard, más que feliz con la decisión de su ex mujer, preparó una casa para ella, acudiendo a su hijo para que la convenciera de aceptarla, logrando así un acercamiento que no pensaba con la mujer, Richard solo quería tenerla cerca pero Eleonor permitió al duque que la visitara en plan de amistad y por tener un hijo en común, aún estando viva Claudina, pero siempre en presencia de Terry, nunca a solas.
Luego vino el nacimiento de Sebastián y la repentina muerte de Claudina, quedando Richard viudo con tres hijos que dependían directamente de él.
Cuando la duquesa falleció, el tan orgulloso y seguro de sí mismo Sir Richard, se sintió en caída libre al verse solo con dos hijos menores y un bebé, no encontrando nada mejor que correr hasta Eleonor esperando encontrar en ella a la amiga que tanto necesitaba
-¿Qué voy a hacer ahora Eleonor?- le preguntaba Richard a la mujer, realmente abatido por la situación que estaba viviendo. Aunque las cosas con su desaparecida mujer ya no daban para más que un seguro divorcio, él igual estaba pensando en intentar por el bien de Sebastián salvar su matrimonio
-¿Qué te puedo decir Richard?- Eleonor no sabía que contestar ¿Cómo dar un consejo en una situación totalmente ajena a su realidad?, la hermosa mujer solo atinó a morder su labio inferior y verdaderamente nerviosa, sentía que tenía todo el deseo de aligerar la carga que el hombre de su vida traía encima, pero ella no tenía experiencia, su hijo había sido alejado de su vida cuando aún era un niño muy pequeño y ella había dedicado sus días al teatro, nada de niños en muchos años. Pero Eleonor sí quería poder hacer algo por ese elegante y apuesto hombre y buscó las palabras más apropiadas para hacer saber a Richard su disposición- lo único que puedo ofrecerte es mi apoyo incondicional- remató la mujer tomando las manos del duque entre las suyas y a Richard se le fueron como por encanto todos sus miedos e incertidumbres.
Es por esta razón que a Sir Richard no se le vio tan acongojado en los funerales de su esposa, el único problema que lo complicaba era criar solo a Sebastián, pero pasados los meses, consiguió que Eleonor se diera una oportunidad otra vez junto a él, la hermosa rubia aceptó los avances del duque recibiendo de buena gana los obsequios que llegaba casi a diario a la puerta de su casa, pero quiso poner sus condiciones y entre ellas estaba el esperar al menos dos años para reanudar su relación ahí donde la dejaron, ya que los dos se sabían enamorados pero Claudina llevaba solo meses muerta. En todo caso Richard usó todas sus armas para convencer a Eleonor, astutamente llevaba con él a Sebastián cuando se reunía con Terry y Candy en casa de la actriz y así el vulnerable bebé conquistó el solitario corazón de la hermosa mujer.
-Quiero que lo intentemos de nuevo Eleonor- dijo Richard a la actriz en una íntima cena con la mujer a finales del mes de junio
-¡Pero es que es muy pronto!- exclamaba la rubia
-Sé que es pronto, pero quiero que avancemos, ya no estamos en edad de esperar tanto, el tiempo juega en nuestra contra. Todos en mi familia sabían que si Claudina no hubiese quedado embarazada, yo le pedía el divorcio, ¡era un hecho Eleonor!, era un secreto a voces y mi familia me apoyaba. Perdimos tantos años Eleonor- Richard se había levantado de su asiento y tan gallardo y apuesto como era a los ojos de quien fuera su mujer hace ya tantos años, la tomó en sus brazos y la besó con dulzura, con premura llenándose los sentidos con los labios y boca de la mujer más exquisita que él hubiese conocido jamás, a la que a pesar del tiempo transcurrido no había dejado de amar en ningún momento de su vida. Eleonor lo recibió con tranquilidad, sin remilgo y lo dejó hacer como a él le plació con ella, siempre había sido un hombre apasionado y eso llenaba a la mujer que tenía en sus brazos. Estaban solos y solos amanecieron en la gran cama de la mujer que había vuelto a pertenecerle.
Después de su fogosa reconciliación, decidieron que les contarían a los chicos en el almuerzo al que estaba invitada Candy. Richard Jr. y Priscilla conocían a Eleonor como una amiga de su padre, no tenían la menor idea de la relación de la bella mujer con el duque y menos aun que fuese la madre de Terry.
En un hermoso día a finales de la primavera en la mansión Grandchester, todo estaba dispuesto para agasajar a Eleonor Baker, los cocineros recibieron la orden de preparar platillos en base a pescados y mariscos, que eran los preferidos de la mujer y agregar una variedad de postres, orden que dio Terry para que su amada pecosa pudiese disfrutar a gusto. Terry y Candy llegaron a la gran casa cerca del mediodía, sirviéndose el almuerzo a la una de la tarde en punto, en un comedor dispuesto para los días más gratos que ofrecía el inestable clima londinense. El día estaba hermoso, con algunas nubes en el azul del cielo, pero que no alcanzaban a opacar el sol que daba su generoso calor a los habitantes de la ciudad.
Después de servidos los alimentos, habiéndose producido una conversación que giraba en torno a las experiencias actorales de la afamada actriz, su vida en América, su estadía en Londres y cosas sin importancia, el padre les hizo pasar a un acogedor salón (que casi no había sido ocupado en los años de la duquesa), para servirse el postre y seguir la conversación y así dirigirla a lo que los convocaba. Los pequeños Grandchester habían aceptado a la mujer como una más en sus vidas desde que la conocieron en Escocia el verano anterior, y ya que la veían con su padre muy a menudo, pero lo que más les gustaba de la rubia, era su relación con Sebastián
-Sebastián ya se quedó dormido- era Priscilla quien hablaba al momento de sentarse junto a Candy en el salón, ella era quien se preocupaba del bienestar de su hermanito cada vez que estaba en casa, el pequeño ya tenía cinco meses y era todo un remolón, con sus gordas mejillas y la bella sonrisa característica de los hombres Grandchester
-Ya se veía venir, estaba muy cansado, jugó mucho más que en el común de los días- intervino el duque- ahora quiero que me pongan atención a una noticia que me hace muy feliz y que quiero compartir con ustedes, mis hijos, lo más importante en mi vida- Richard caminó hasta posarse a un lado de Eleonor y puso su mano en el hombro de su mujer, dándole así seguridad, pero ella se comenzó a sentir nerviosa. Priscilla la aceptaba sin siquiera preguntar quien era ella, no así Richard Jr. que la miraba como si fuera una intrusa, al igual que la doncella que cuidaba de Claudina. Terry tomó la mano de Candy ya que quería sentirla cerca, no sabía como iban a reaccionar sus hermanos a la noticia de su padre, y quería sentirse fuerte para dar apoyo a sus progenitores. Richard Jr. entrecerró sus ojos esperando a que su padre hablara- yo sé que ustedes han notado que mi amistad con Eleonor- dijo mirando a la actriz con ojos que delataban sus sentimientos hacia la mujer- ha ido en crecimiento, la han visto conmigo en reiteradas ocasiones y…
-No nos vayas a decir que la señora Baker quiere ocupar el puesto de mi madre- dijo Richard Jr. con un evidente reproche en su voz. Este comentario hizo que el momento se volviera algo tenso, se notó el rechazo de Richard Jr, hacia Eleonor
-Ya que lo pones así, tengo que confesarles que Eleonor ha aceptado ser mi esposa…- hablaba el duque llamando a gritos a la tranquilidad en su voz y palabras, él quería que todo resultara bien y no incomodar a la rubia actriz
-¡Me opongo!- volvió a escucharse la voz del jovencito que ya se había puesto de pie para dar mayor énfasis a sus palabras. Priscilla solo bajó la cabeza, ella no estaba totalmente de acuerdo con la postura de su hermano- mi madre aún no se enfría y usted quiere traer a otra mujer a ocupar su lugar
-No es así como tú lo presentas hijo…
-Entonces explíqueme- demandó y el duque vio su oportunidad de hablar y que su hijo lo escuchara, él no quería imponer la presencia de Eleonor a sus hijos, pero si ellos no la aceptaban tendría que dejarles en claro que no estaba solicitando su aprobación ni su permiso
-Ustedes están al tanto de que Terius no es hijo de mi matrimonio con Claudina ¿verdad?- el duque decidió contarles todo de una vez, esperó la afirmación silenciosa de sus hijos y continuó- pues bien… Eleonor es la madre de Terius- les habló sin adornos ni pausas, cuando dijo las últimas palabras Priscilla levantó su rostro dirigiendo una mirada interrogativa a Terry y llevando su vista desde su hermano a Eleonor y viceversa, Richard Jr. se removió inquieto en su lugar, también mirando inquisitivamente a su hermano mayor
-¿Ell… ella es tú madre?- preguntó directamente Priscilla a Terry
-Sí, es mi madre- afirmó Terry, en ese momento Priscilla y Richard Jr. notaron el gran parecido entre su hermano y la hermosa mujer, entendiendo también porque el castaño era de facciones más hermosas que las de ellos y el color de los fascinantes ojos de Terius lo podían reconocer en la señora Baker. A medida que los chicos asimilaban lo que su padre les confesaba el duque aprovechó el silencio que se produjo y continuó
-No es un simple capricho el querer reanudar mi historia con Eleonor hijos, ella fue mi mujer mucho antes de que me casara con su madre…
-Es decir, que usted padre, ¿esperaba divorciarse de nuestra madre para casarse con ella…?
-¡No, no, no! Hijo, cuando yo les conversé a ustedes acerca de que me iba a divorciar de Claudina, Eleonor no estaba en mi vida
-Pero ella estuvo en Escocia- afirmó Priscilla
-Eso es muy cierto hija, pero ella estuvo en Escocia buscando a Terius, no a mí- aclaró el duque
-Eso es verdad chicos, yo había llegado de América en enero del año pasado y venía de ver a mi madre, por situaciones que no les puedo aclarar, ella y yo habíamos terminado distanciados y Eleonor vino para hablar conmigo- Terry resumió lo más que pudo la situación para aclarar a los chicos que en ninguna manera su madre era la culpable de las decisiones de su padre
-Con el tiempo, vino la separación de Terry y Candy, ahí sí, les confieso que acudí a Eleonor por ayuda, pero fue solamente por esa situación puntual, luego de eso ella se vino a vivir a Londres para estar más cerca de nuestro hijo, a los días nació Sebastián y con él lo que vino después, la muerte inesperada de Claudina
-¿Nos está queriendo hacer creer que nada de esto estaba preparado?- Richard Jr no le creía a su padre, realmente el chico pensaba que todo este circo, como lo dibujaba él en su mente, estaba listo desde antes de que su madre muriera y que la hermosa mujer que decía ser la madre de Terry estaba esperando su oportunidad con su padre que tan ingenuamente estaba cayendo en su juego
-Hijo- habló nuevamente el duque, tratando de encontrar las palabras adecuadas que convencieran a Richard Jr. que nada de eso que él pensaba era cierto. Al duque le estaba costando toda su reserva de paciencia y ecuanimidad para hablar con sus hijos, y Richard Jr. se lo estaba poniendo muy difícil- estás confundiendo las cosas, con Eleonor no nos habíamos visto desde hace más de diez años, los diez años más oscuros de mi vida- cuando dijo eso, Eleonor pensaba que estaba a punto de morir de amor por el duque, él llamaba a su distanciamiento "oscuridad", es decir, era ella quien le daba luz a su vida. Eleonor no pudo evitar que su corazón sonriera ante ese descubrimiento
-Richard- se escuchó la delicada voz de la actriz- ¿tú les has contado nuestra historia a tus hijos?- la mujer vio como el semblante de su hombre cambiaba al percatarse de que ese gran detalle podía ser el que abriera los ojos de su hijo
-¿Estarías de acuerdo en que les contáramos todo?- quiso saber
-¿Por qué no? No tenemos nada que ocultar- y con esas palabras dio inicio la trágica historia de dos amantes separados por los intereses de los mayores.
A medida que el duque hablaba, Eleonor iba llenando con algunas palabras ciertos momentos en que a Richard le fallaba la voz al recordar tantos episodios de dolor, como la separación en el puerto. Priscilla como una pequeña mujercita romántica, aceptó la llegada de Eleonor a sus vidas en medio del relato, ella estaba segura de que su padre nunca fue feliz con su madre, y ahora que lo veía como nunca lo hizo, alegre, sonriente, lleno de deseos de compartir con sus hijos sus mejores momentos, hasta se veía más jovial y lleno de energía, no tuvo más opción que entregar en las manos de Eleonor toda su esperanza de ver realmente feliz y realizado a su padre, además, no podría de ninguna manera oponerse a lo que estaba sucediendo, Sebastián sería uno de los más beneficiados, si así se le pudiera decir, ya que él siendo tan pequeñito, tendría una mamá para que lo cuidara en su camino hasta crecer. Cuando Richard terminó de relatar su tan hermosa pero perdida relación con Eleonor, Priscilla se puso de pié en medio de las lágrimas, y acercándose a la actriz dice
-Es bienvenida señora Baker a mi familia…
-¡Ujum!- carraspeó Richard Jr.- yo también quiero decirle que acepto su relación con mi padre, solo quiero pedirles que respeten el luto correspondiente por mi madre
-Gracias hijos- trató de hablar el duque
-No padre, yo no estoy muy de acuerdo con la situación, solo la acepto porque no saco nada con oponerme, pero no es de mi total agrado- el duque tragó en seco oyendo a su pequeño hombrecito dar a conocer sus pensamientos, pero entendía que para sus hijos no sería fácil aceptar la situación
-Con Eleonor ya habíamos pensado en esperar, y planeamos casarnos en febrero del próximo año hijo. Considero que un año de luto por Claudina es lo recomendable
-Gracias padre- dijo el joven haciendo ademán de levantarse de su asiento para retirarse
-Espera un poco Richard- lo detuvo el duque- tengo otra noticia para ustedes dos- sus hijos se le quedaron mirando pensando en que disparate se le habría ocurrido a su padre después del notición de su relación con Eleonor- no me miren así, es solo decirles que a final de curso los sacaré del San Pablo para que estudien aquí en casa con los tutores que tiene Terius…
-¡De verdad!- exclamó Priscilla que era quien más odiaba el encierro del internado, a pesar de que ellos salían cada fin de semana
-Por supuesto hija, yo no jugaría con algo así…
-Gracias padre- la muchacha como nunca antes se arrojó a los brazos de su padre agradeciendo la buena noticia. El gesto de su pequeña descolocó al duque, pero reponiéndose rápidamente solo le quedó abrazar a su hija y recibir de ella ese agradecimiento lleno de cariño que emocionó en gran manera a Sir Richard, reconociendo en el gesto de su hija una muy grande influencia de su hermosa nuera
-Gracias padre- fue la voz de Richard Jr. que a diferencia de Priscilla solo agradeció de palabra reafirmando con un gesto casi imperceptible, pero que el duque entendió a la perfección. Luego salió raudamente del salón
-Bueno, en vista y considerando que mi madre ha tenido un buen recibimiento por parte de mis pequeños hermanitos, Candy y yo nos retiraremos- decía un muy ansioso Terry a sus padres habiéndose puesto de pié con Candy muy sujeta de su mano, sus padres muy emocionados con lo sucedido en los últimos minutos solo los dejaron ir sin prestar atención hacia donde se dirigían. Terry al darse cuenta del detalle, sus padres en la luna, tomó firmemente la mano de su pecosa y presuroso la sacó del salón, la que no perdió detalle fue Priscilla
Terry se dirigió directamente hasta su habitación, no era que el chico quisiera portarse mal, pero necesitaba urgentemente de su pequeña pecosa. Al entrar en el cuarto de su novio, Candy dimensionó el lugar encontrándose con que este estaba muy bien iluminado por un gran ventanal al lado derecho de la entrada, el lugar era muy espacioso, la mayor habitación jamás vista por ella. La rubia estudiante de enfermería, conocía parte del castillo pero no las habitaciones privadas del mismo.
El cuarto de Terry estaba pintado en colores terracota, crema y oro, sin ser ostentoso, se miraba elegante y luminoso. El acceso a la habitación era por el centro de la misma, a la derecha se distinguía un gran ventanal donde estaba dispuesto un escritorio a un lado de una pequeña biblioteca adornada por las obras de Shakespeare y la literatura preferida de su novio, al frente del acceso la chimenea y al lado izquierdo de la habitación una gran cama con edredón de terciopelo rojo oscuro, al lado izquierdo del lecho Candy vio una puerta que dedujo era el baño y al lado derecho el gran ropero del aposento. Frente a la chimenea, una pequeña mesa octogonal con dos sendos sitiales, los más cómodos que ella viera jamás, a los lados de la chimenea había dos ventanales más, entendiendo Candy que la habitación estaba ubicada en una esquina de la gran mansión, además un pianoforte color madera. Claro- pensó la rubia- no podía faltar.
Era un cuarto acogedor a pesar de su gran tamaño y Candy no pudo evitar que sus pensamientos la llevaran a un futuro junto a Terry compartiendo habitación
-¿Este es tú cuarto?- preguntó sorprendida por el gran tamaño
-Sí pecosa, aquí es donde sueño contigo- dijo él cerrando la puerta y hablando al oído de la chica con voz cargada de un sentimiento desconocido para la rubia, algo que la hacía sentirse como atrapada en las dulces notas de la hermosa voz de Terry. Candy queriendo poner distancia entre ella y el chico, dio unos pasitos hacia el pianoforte- ¿quieres que toque algo para ti Candy?- preguntó Terry al ver que ella pasaba su mano por el instrumento musical, y sintiendo a Candy algo incómoda con sus palabras quiso hacer algo para volver a distender el momento
-Sí, me gustaría escucharte… como en mi casa- agregó ella acercando uno de los sitiales hasta donde estaba el instrumento. Terry se sentó y comenzó a tocar su melodía favorita, Claro de Luna. Candy se concentró en escuchar las preciosas notas que con gran maestría su novio le exigía al pianoforte, notas que llenaban la habitación de la hermosa música, cerró sus ojos y a Terry le pareció que estaba dormida de tan tranquila que se veía
-¿Tienes sueño pecosa?
-Algo- dijo abriendo sus ojos- es que escucharte y no estar haciendo nada, me hace entrar en un sopor de primavera… jajaja- reía la muchacha
-Si deseas dormir, puedes hacerlo en la cama Candy- dijo el chico dirigiéndose hasta su lecho. A Candy se le subieron todos los colores a la cara y Terry agregó- pecosa, yo nunca voy a hacer nada que tú no quieras, ¿recuerdas?
-Sí, Terry, tienes razón, perdóname, no es que no confíe en ti, sino más bien es que estamos en casa de tu padre y encuentro que le estamos faltando el respeto- Terry se acercó junto a ella a la cama y la ayudó acomodando las almohadas para ella, luego se recostó a su lado
-A veces envidio a Stear, pecosa- dijo el chico mirando a la rubia y acariciando los risos del hermoso cabello de su novia
-¿Por qué?- preguntó con ingenuidad, esa que Terry adoraba en ella
-Porque ellos ya están casados, tienen licencia para todo y nosotros tenemos que esperar- dijo posando su mano en el rostro de la pecosa- me gustan tus pecas- dijo con grave voz
-Me gustan tus ojos- respondió ella mirando el azul tormenta de los bellos ojos de Terry
-Me gusta tu nariz- volvió a decir él en medio de una sugerente sonrisa
-Me gusta tu voz- ella seguía el juego y él sonrió más ampliamente
-Me gusta tu boca- puso sus dedos en los labios de Candy y ella los besó haciendo que Terry quisiera más. El chico se acercó más hasta estar muy juntitos los dos de medio lado encima de la gran cama, el terciopelo acariciaba su piel y él solo quería sentir las manos de su novia- sé que te prometí hacer la siesta junto a ti pecosa, pero ahora me gustaría besarte
-A mí también- dijo ella acercando su boca al muchacho, él sonrió y tomó los labios de Candy con ternura, esos labios que conocían cada parte de él, esa boca que lo había llevado al cielo en más de una oportunidad. El beso en esa habitación les parecía más exquisito y adrenalínico que cualquier otro, parecía que estaban haciendo algo que no debían, era la casa Grandchester y en sus otras habitaciones estaban los hermanos y los padres de Terry, pero eso no le importó al muchacho sino que por el contrario le dieron más deseos de jugar a lo prohibido con su pecosa y comenzó a acariciar el cuerpo de la chica por encima del lindo y ligero vestido que la rubia llevaba, de momento terminó el beso y al verla tan sonrosada y con sus ojos cerrados en rendida entrega, volvió a la carga ya no con delicadeza ni ternura sino con deseos de llegar más lejos con ella, se puso sobre su chica y pasó un brazo por la espalda de la rubia y con la otra acariciaba las piernas de Candy, ella respondía a cada uno de sus avances sin importarle nada, cada vez que estaba junto a él, ella se perdía en su aroma y las sensaciones que el joven le prodigaba, nunca habían intimado, habían tenido la oportunidad, ya se conocían desde el pelo a los pies, pero Terry sabía que era mejor no adelantarse a los hechos, él quería estar con ella, pero como su esposo, tenerla antes de tiempo no entraba en sus planes, era complicarse la vida en estos momentos, pero… ¡cómo la deseaba!, continuaron jugando en el lecho de Terry hasta que sintieron que tocaban la puerta del cuarto y Terry se bajó de la cama de un salto
-¡Siii!- dijo mientras componía sus ropas ya que Candy casi las había sacado por completo, el chico estaba en mangas de camisa con la mayoría de los botones desabrochados y el pantalón estaba movido de su lugar
-Terry, papá dice que bajen, ya es la hora del té- dijo Priscilla desde fuera, ella intuía en que pasos podrían andar su hermano y la rubia, era chica pero no tonta
-En un momento bajamos- dijo mientras que Candy entraba al baño para componer el desastre en sus propios vestidos y cabellos
-Está bien- dijo Priscilla y se fue dejándolos solos otra vez
-Ya se fue pecosa, puedes salir- dijo Terry
-Creo que se nos pasó la mano Terry, no es correcto, casi nos encuentran y…
-No estábamos haciendo nada malo pecas, yo te necesito y nos vemos tan poco que no quiero perder la oportunidad de tenerte en mis brazos aunque sea para besarte…- el chico siguió buscando los labios de Candy mientras la ayudaba a componer sus ropas, cuando estuvieron listos, bajaron…
Continuará
Notitas: Como siempre quiero saludar en forma específica a las lectoras que según mis estadísticas han dejado un review por primera vez. Bienvenidas Alencar, Ximena y Mimie Grandchester. También hay una invitada que no se identificó por ningún nombre.
Sé que la mayoría de ustedes, mis queridos lectores, saben que respeto cada uno de sus mensajes, ya que es la única forma que tengo de saber si les gusta o no la lectura.
Quiero recordarles que este el un fic calificado K+, la lectura va dirigida a público de 9 años en adelante. Yo no escribo ni escribiré escenas eróticas en mis fics, solo puedo dejarles escenas como la de Candy con Terry en este capítulo, pero nada más, lo demás debe nacer del propio pensamiento de ustedes.
También quiero hacerles saber, que en los próximos capítulos avanzaremos en el tiempo más a menudo. Creo que se dieron cuenta de que llegamos a la mitad del año 1913.
Espero con ansias sus comentarios.
Nos leemos.
