RMS Titanic
El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo:
amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar.
Alejandro dolina
Draco jadeó ruidosamente, sintiendo aún los estragos que habían hecho en su cuerpo los besos que había estado compartiendo con Hermione. Se volteó sobre la cama en la que se encontraba, respirando violentamente, sintiéndose completamente solo sin ella. Tardó unos segundos en poder dejar el deseo de lado y comenzar a preocuparse. Se sentó bruscamente en la cama, siendo consciente por primera vez que habían cambiado de realidad pero, lo peor de todo, era que no tenía ninguna idea de dónde se encontraba Hermione o si había recuperado la memoria.
Su cuerpo comenzó a llenarse de pánico pero en ese instante la puerta del cuarto se abrió de un solo movimiento, dejando entrar a una mujer demasiado familiar para él. Llevaba un largo vestido que se aferraba a su cintura, con faldas no demasiado anchas que caían libremente hacia el suelo. Su cuello estaba adornado por una elegante y valiosa gargantilla de oro con incrustaciones de rubíes, que hacía juego con el par de aretes que usaba. Su cabello estaba recogido arriba de su cabeza con un complejo peinado que la hacía ver excesivamente prolija.
—Draco, querido, ¿qué haces en la cama?—lo reprendió suavemente mientras iba hacia él y comenzaba a pasar sus manos por su camisa blanca para estirarla—Arrugarás tu ropa. ¿Quieres que llame a Charles para que venga a ayudarte a cambiar de atuendo?
—No… Astoria.
No había sabido cómo llamarla y, tenso como se encontraba por sentir sus manos tocándolo, lo único que quería hacer era apartarse de ella. Se puso de pie rápidamente, retirándose, y fue en ese instante cuando notó algo muy peculiar cuando cruzaba delante de un espejo; algo tan paralizante que lo dejó estático frente al espejo por unos momentos: era nuevamente viejo. Quizás no tanto como en realidades anteriores pero sí lo suficiente como para notar los cambios en su rostro. Debía de tener treinta y cinco, treinta y seis años; podría no ser demasiado pero era un increíble cambio teniendo en cuenta que en el mundo real no llegaba a los veinte.
—Querido, ¿qué sucede ahora?—le preguntó Astoria, yendo a su lado para quedarse observando también el reflejo.
—Estoy… viejo—dijo quejosamente— y tú no.
Ese comentario la hizo reír.
—Lo sé pero lo mejor de todo es que no me importa—se puso de puntillas y sin que él pudiera evitarlo dejó un beso fugaz en sus labios—. Ahora, deja de compadecerte y vámonos. Las maletas ya se encuentran en el automóvil. Debemos marcharnos ahora si no queremos llegar tarde.
Él no tenía idea de a dónde se marchaban pero no quería hacerlo. Prefería quedarse en un solo lugar a la espera de Hermione o salir a buscarla, en todo caso. Al ver su reticencia, Astoria lo miró fijamente, malinterpretando su reacción.
— ¡Oh, vamos! En el barco no serás el único hombre con una esposa joven como yo—le aseguró, tomando su mano—. Y, si lo eres, sólo serás la envidia de todos porque tú me tienes y ellos no.
— ¿Crees que eso será lo único que sucederá?—gruñó, soltando su mano con cierta brusquedad.
Astoria lo miró con sorpresa.
—No voy a negar que quizás haya lenguas venenosas que hablen de lo sucedido el año pasado pero ambos sabemos que no hay que hacerles ningún caso. Eso ya forma parte del pasado.
—Entiendo—mintió.
—Bien—ella caminó elegantemente hacia un perchero que se encontraba en el cuarto para tomar un saco negro antiguo—. Déjame que te ayude.
—Gracias pero no—Draco tomó la prenda y se la colocó, haciendo caso omiso a la mirada que le lanzaba ella.
—Bueno, será mejor que nos vayamos.
—Creo que no voy—dijo repentinamente pero en cuanto esas palabras salieron de su boca se arrepintió y sintió la abrumadora necesidad de ir a donde sea que se suponía que debía ir.
— ¿Qué?—Astoria preguntó con el ceño fruncido—No puedes decir una cosa como esa este día. Tenemos los pasajes desde hace muchos meses, incluso antes de nuestra boda, y lo sabes. Sé que el dinero no es problema por lo que si no te dan un reembolso porque no viajas, no te importará, pero es más que eso.
— ¿Lo es?—preguntó en un intento de obtener más información.
—Claro que sí y no fijas que no entiendes lo que quiero decir—lo reprendió—. Después de nuestra boda no me quejé por no ir de luna de miel. Querías trabajar, cerrar ese importante trato. Fui una esposa lo suficientemente comprensiva como para no hacer un reclamo por ello. Pero contaba con este día. Todas estas semanas atravesando el océano en un lujoso barco serían… ¡Tan romántico!—se acercó lentamente a él y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, haciendo que sus senos se pegaran a su torso—Podríamos pasar la mayor parte del día en la cama, sin nada de esta ropa innecesaria—comentó pasando sus dedos por los botones de su camisa.
Si en el mundo real había huido de todos los avances de Astoria, en aquella realidad alternativa también debía de hacerlo. Aunque presentía que sería un poco más difícil dado que era su esposa.
—Buen plan—dijo y tomó sus brazos para que no siguiera acariciándolo— ¿No dijiste que llegaríamos tarde? Será mejor que nos marchemos.
Ella asintió y de inmediato se puso en marcha. Draco la siguió sin decir absolutamente nada más. Un hombre apareció a su lado en cuanto salió de la habitación y le tendió un sombrero negro que hacía juego con toda la vestimenta que usaba. Astoria también recibió otro de una mujer vestida de sirvienta, más femenino, de ala ancha. Ellos subieron dentro de un automóvil antiguo que fue conducido por un chofer mientras que los sirvientes fueron en otro.
Draco estaba tenso durante el viaje y no abrió la boca en ningún momento. Aunque no fue necesario porque Astoria, a su lado, no dejó de parlotear todo el trayecto. Él sólo escuchó algunas palabras sueltas a las que no logró darle demasiado sentido. Finalmente, entraron en una zona de la ciudad atestada de gente. Sólo tardó unos minutos en comprender que estaban en un puerto. El mar podría haberse contemplado desde la entrada de no haber sido por la enorme cantidad de barcos de diferentes tamaños que estaban amarrados a la orilla.
Su automóvil se detuvo y de inmediato bajaron. Astoria contempló con curiosidad uno de los barcos y él supuso que ese era el que debían de abordar. Era enorme, ciertamente. Por uno de las entradas subían todas aquellas personas que, al igual que ellos, pertenecían a la clase alta; mientras que por otra, la inferior y más atestada, iban los de clase media baja, a quienes revidaban antes para comprobar las condiciones higiénicas en las que se encontraban.
— ¿Vamos?—preguntó Astoria, enredando su brazo alrededor del de él—. Seguramente mis padres ya se encuentran instalándose en su camarote.
Draco mantuvo su máscara de indiferencia y actuó como si no hubiera escuchado aquel comentario pero por dentro estaba maldiciendo, gruñendo y casi llorando. Si había algo peor que Astoria eran los padres de ésta.
…
— ¡Hermione! ¡Hermione! ¡Despierta!
Hermione sintió que sacudían su cuerpo, mientras que una voz masculina la llamaba con cierto desespero. La voz le resultaba algo familiar pero no era la de Draco. Abrió los ojos lentamente y tardó unos segundos en enfocar bien la visión y poder identificar a su amigo Harry. Él chico de lentes le sonrió dulcemente cuando ella lo miró.
—Debemos irnos, dormilona.
Había algo extraño en él que no pudo identificar pero sus pensamientos no duraron demasiado tiempo en ese aspecto porque se concentró en las palabras que había dicho.
— ¿A dónde?
Ella se enderezó lentamente, haciendo una mueca de dolor cuando sintió un tirón en su cuello. Miró a su alrededor, dándose cuenta que se encontraba en un minúsculo cuarto en mal estado que sólo tenía una mesa y un par de sillas, una de las cuales había estado usando para dormir.
— ¿A dónde?—Harry le acercó una bolsa mediana que tenía muchos remiendos— ¿Realmente me estás preguntando eso? No has dejado de hablar de este viaje desde que conseguimos los pasajes—le sonrió—. Vamos, te compraré un trozo de queso para que comas.
Ella sintió su estómago rugir pero en cuanto lo siguió y vio dónde iban a comprar el alimento, decidió que podía soportar un poco más sin alimentarse. Aquel sitio era repugnante. Los vasos estaban llenos de polvo y el cantinero los intentaba limpiar con un trapo aún más sucio. Tomó el brazo de su amigo y lo retuvo con fuerza, apartándolo de allí para ir al exterior. Miró con curiosidad a su alrededor, descubriendo un enorme puerto pero en cuanto sus ojos dieron con cierto trasatlántico, se quedó estática de terror.
— ¡Vamos!—la incentivó Harry.
—N…no—tartamudeó.
El muchacho la volvió a mirar con curiosidad.
— ¿No? Hermione, ¿qué sucede? ¿A caso no recuerdas lo que hablamos? Pensé que ésta era nuestra oportunidad de escapar, de ir hacia un mejor futuro juntos—la tomó de las manos suavemente— ¿Por qué no quieres ir, amor?
¿Amor? ¿Realmente Harry acababa de llamarla de esa forma? Bajó la mirada hacia las manos unidas y descubrió, con horror que en su dedo anular de la mano derecha tenía una sortija simple de color plata. Anonadada, miró primero a Harry y luego a aquel anillo. No, no era posible. No con Harry. ¡Era ridículo! Ella jamás había sentido por él nada parecido a algún sentimiento romántico.
—Creo…—apartó las manos—. Yo…
Miró hacia el barco y sus ojos dieron con el puente de abordaje de la clase alta y vio una cabellera rubia increíblemente familiar. No tuvo dudas de que se trataba de él, al igual que no tuvo dudas de que lo que debía de hacer era abordar ese maldito barco, aunque se tratara del Titanic.
…
Su camarote era muy pequeño y lo compartían con una pareja alemana que a duras penas sabían un par de palabras en inglés. Cada uno dejó sus pertenencias a un costado de la litera y luego, amablemente, Harry le dejó elegir dónde quería dormir. Prefirió abajo y su "marido" sólo le sonrió antes de darle un beso en su mejilla.
—Voy a ir a ver cómo zarpamos, ¿quieres ir?—le preguntó.
Hermione negó con la cabeza y forzó una sonrisa. Estaba acostumbrada a tener gestos cariñosos con su amigo pero aquellos que tenía ahora él eran un poco más intensos y románticos y la ponían incómoda. Pensaba que tener unos momentos lejos de él podrían ayudarla a mentalizarse para soportar aquella realidad. Sin embargo, en cuanto él se alejó lo único que fue capaz de pensar fue en cierto rubio que en ese momento se encontraba en alguna parte de aquel inmenso trasatlántico.
Pensó en ir a buscarlo pero estaba demasiado avergonzada para hacerlo. Tan sólo recordar el modo en que se había lanzado hacia él en la realidad anterior… ¡Merlín, qué vergonzoso! Se llevó sus manos frías a sus mejillas rojas y ardientes. Seguramente él no tendría piedad y se burlaría sin cesar por lo que había hecho… pero… pero él le había devuelto los besos, pensó con el corazón latiéndole velozmente. Eso tenía que significar algo, ¿verdad?
Nuevamente la idea de ir a buscarlo fue tentadora y tras unos momentos de indecisión salió de su camarote y caminó por los pasillos intentando leer las indicaciones de los carteles para subir a los sectores superiores donde se encontraba la clase media alta. Sin embargo, después de encontrarse con dos tripulantes que le recordaron cuál era su lugar en ese barco ("¿Quiere que le indique cuál es su cubierta, señorita?"), decidió que lo mejor que podía hacer era intentar pasar desapercibida. Sin embargo, le resultó imposible porque a medida que iba subiendo escaleras o usando los elevadores, más se notaba la diferencia entre ella y el resto de la clase alta.
— ¿Hermione?
La joven se volteó rápidamente y contempló a un hombre mayor que jamás había visto antes en su vida. Usaba un traje costoso, un bastón negro y lo que más resaltaba en su rostro era su inmenso bigote grisáceo.
— ¿Qué haces aquí, Hermione?—le preguntó. El hombre miró a ambos lados del pasillo en el que se encontraban y al ver que había demasiada gente, se acercó y antes de que pudiera ella reaccionar, la tomó del brazo y la empujó hacia el interior de uno de los camarotes.
Ella se dejó llevar porque a pesar de que no tenía la menor idea de quién era, algo le decía que él jamás la lastimaría. Cuando soltó su brazo delicadamente, se quedó viéndolo por unos instantes antes de que se inclinara hacia ella y la rodeara con sus brazos, apretándola firmemente contra su pecho.
—Te he extrañado, mi pequeña—le dijo, dando un beso en su frente antes de separarse ligeramente de ella.
—Yo también, papá—respondió.
Ya no se sorprendían cuando cosas como esas sucedían. La magia solía llegar de repente para hacerla decir o hacer cosas relacionadas con su rol. Ahora, por lo menos, sabía quién era aquel hombre.
Sus ojos se deslizaron por primera vez en el interior lujoso de aquel camarote, notando de inmediato la gran diferencia con el cubículo en el que se quedaba con Harry y otra pareja.
—Elegante—murmuró sin poder evitarlo.
—Sabes que podrías haber tenido todo esto si hubieses aceptado la propuesta de Héctor—ella sólo lo miró, incapaz de decir algo porque no tenía idea alguna de quién demonios era Héctor—. Sólo te haré una pregunta, querida—siguió diciendo el hombre—. Quiero creer que no te encuentras aquí para arruinar a tu hermana.
—Esa no es una pregunta.
El hombre la miró con fijeza.
—Sabes lo que quiero decir, Hermione.
—Realmente no—dijo la verdad.
—Sé que siempre existió esa rivalidad entre ustedes y me temo que yo mismo fui el causante al mostrar predilección por ti—dijo con cierto pesar—, pero desde lo que sucedió, tu madre y Astoria no han dejado de pensar que realmente tuviste la intención de maldecir a la familia.
— ¿Así que soy la oveja negra?—preguntó en un intento de deducir lo que estaba sucediendo allí.
—No serían las palabras que yo utilizaría pero debes admitir que siempre has tenido el don de sobresalir—comentó y tras un momento de largo silencio, exclamó— ¡Mírate! Casi no te reconozco vestida así. Te veías tan hermosa con los vestidos elegantes que siempre te compraba.
—La ropa que use no condicionará mi belleza—se quejó Hermione.
—No, no en tu caso, pero aún así es una imagen fuerte la que tengo delante de mí.
La puerta se abrió en ese momento y Hermione tuvo el repentino impulso de esconderse pero antes de que pudiera hacerlo entraron tres personas más. Dos de las cuales al verla la contemplaron con profundo desprecio.
— ¡¿Qué se supone que haces aquí?!—preguntó Astoria con odio.
— ¿A caso tú misma no has dejado en claro que no quieres pertenecer a esta familia?—le preguntó una mujer mayor, quien suponía era su madre.
Pero ella en esos momentos sólo tenía ojos para Draco, quien había vuelto a su palidez habitual a pesar de que había estado la realidad anterior durante muchas horas al sol. Él dio un paso hacia adelante para ir hacia ella pero en cuanto avanzó, Astoria enredó uno de sus brazos alrededor del suyo de manera posesiva.
—Espero que tengas una buena razón para estar aquí—le dijo con tono desafiante la joven.
Hermione miró primero a Astoria y luego a Draco, quien hizo una mueca de incomodidad ante esta situación. No sabía a ciencia cierta qué estaba pensando él pero algo le decía que estaba dividido entre reencontrarse con ella o seguir con el rol que se suponía que debía de seguir. Le causó una gran satisfacción ver que él intentaba desprenderse del agarre de la chica pero Hermione comprendía que no era prudente. Le lanzó una mirada de advertencia antes de volverse hacia su padre, creyendo que era el único que merecía una respuesta.
—Tenía los pasajes desde hace tiempo—le dijo—, y te aseguro, padre, que no sabía qué viajaban ustedes.
— ¿Se supone que debemos creerte?—preguntó su madre, haciendo que volteara el rostro hacia la mujer mayor.
—Creo que ese no es mi problema—respondió fríamente—. Ahora, si me disculpan, volveré a mi camarote.
Ella salió de allí sin que nadie la detuviera, ni siquiera Draco, y regresó tal como había dicho que lo haría a su camarote en donde se encontró con un Harry muy emocionado por haber comenzado a alejarse de Southampton.
…
Draco había intentado encontrarse desesperadamente con Hermione y a pesar de que se hallaban en el mismo barco, le resultó increíblemente difícil hacerlo. Ella, al parecer, lo recordaba. De otro modo, la Hermione Granger que había pasado esos días junto a él en aquella isla perdida en el océano habría estado absolutamente aterrada por la situación de cambiar de realidad. Sin embargo, había visto en los ojos de la chica una chispa de inconfundible reconocimiento. Él había estado a segundos de ir hacia ella pero el brazo posesivo de Astoria le había hecho comprender que era mejor retrasar la charla y cualquier momento de reencuentro que se diera entre ellos. Además, si se suponía que debía de seguir su rol, éste era el de esposo de Astoria… por muy desagradable que le pareciera.
Así que después de que Hermione se marchó, tampoco se apresuró a seguirla, sabiendo que sería demasiado obvio para todos los demás cuáles eran sus intenciones. Por lo tanto, intentó actuar como se suponía que debía de hacerlo. O como creía que debía hacerlo. Fue serio, habló poco y se contuvo de no ir con Hermione a pesar de que cada parte de su cuerpo sólo deseaba hacer eso. Si Astoria notó algo extraño en su comportamiento, no lo comentó aunque él también pudo distinguir un ligero cambio en ella: más seria, más posesiva y desquiciada.
Lo peor, a su modo de ver, fue lo ocurrido esa noche, después de la lujosa cena que tuvieron en aquel amplio comedor. Él creyó que podría excusarse e ir a buscar a Hermione—después de todo había pasado varias horas—, pero en cuanto dijo que iría a su camarote a descansar, Astoria se prendió a él como una babosa y no lo dejó solo ni un instante. ¡Y lo peor de todo fue cuando se tuvieron que acostar ambos en la misma cama! Ella se tendió su lado y después de unos segundos en silencio, la sintió moverse para terminar prácticamente encima de él, dándole besos en su cuello. Él había intentado ser amable con Astoria y decirle que realmente estaba muy cansado, pero esa mujer era demasiado insistente y había terminado gritándole que dejara de tocarlo.
No obstante, se despertó temprano a la mañana siguiente sólo para descubrir que su "esposa" había trepado encima de él en algún momento de la noche. En ese instante dormía profundamente, con uno de sus brazos sobre su pecho y sus piernas enredadas con las de él. Lentamente para no despertarla, se desenredó de su cuerpo y salió de la cama. Se puso ropa rápidamente y, en cuanto tuvo la oportunidad, salió del camarote casi de puntas de pie. Sólo respiró aliviado cuando estuvo caminando a toda prisa por los pasillos desiertos.
Por fortuna era demasiado temprano como para encontrarse con alguien a esas horas de la mañana, pensó. Pero debió de imaginar que esa idea era demasiado buena como para ser realidad porque tras girar a en una esquina se topó con su ayudante de cámara.
—Señor Malfoy—lo saludó formalmente—. Estaba por ir a despertarlo.
—No es necesario, ya me desperté—dijo—, así que puedes irte y... hacer lo que sea que hagas.
—Mi trabajo es servirlo, señor.
—Sí, pero en este momento no necesito ningún tipo de servicio—respondió con prisa.
El hombre lo contempló con extrañeza pero no comentó absolutamente nada al respecto. Así que Malfoy comenzó a caminar nuevamente con prisa por el pasillo pero se detuvo de repente y volteó a ver a su ayudante de cámara, quién aún se mantenía en aquel sitio.
— ¿Me puedes indicar cómo llegar a los camarotes de…?
— ¿La señora Potter?—completó el hombre con seriedad.
— ¿Potter?—una desagradable sensación recorrió su cuerpo cuando comprendió lo que el hombre estaba insinuando.
—La señorita Hermione se ha casado con el señor Potter, señor—le recordó—. Creí que recordaba que usted mismo me hizo quemar la invitación a la boda que llegó hace un mes.
—Lo había olvidado—gruñó y sintió de inmediato la mirada condescendiente del hombre— ¡Deja de mirarme así!
—Mis disculpas, señor. La señora Potter se encuentra en los camarotes inferiores, los de la clase baja—le informó seriamente—. No tengo más información. ¿Quiere que indague?
—No, no—miró en dirección de su propio camarote, preocupado de que Astoria ya se hubiese despertado y decidiera salir a buscarlo—. Si Astoria pregunta, no me has visto, ¿entiendes?
—Por supuesto, señor.
Draco se alejó rápidamente y tardó unos cuantos minutos en hallar el camino correcto que lo llevaba a los camarotes de clase baja. Se topó con varios miembros de la tripulación pero ninguno dijo absolutamente ninguna palabra al verlo; simplemente inclinaba la cabeza respetuosamente a modo de saludo antes de seguir su camino. Él no era tan tonto como para pensar que ninguno de ellos sentía curiosidad. Seguramente le temían o pensaban que iba a buscar a alguna amante.
Estaba preguntándose cómo iba a hacer para encontrar a Hermione sin tener que recurrir a golpear cada una de las puertas cuando oyó una de ellas abriéndose y dejando salir a un joven hombre muy familiar de cabello oscuro revuelto y lentes. Por suerte, no caminó en su dirección sino que fue en sentido contrario y no notó su presencia. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Draco corrió hacia aquel camarote y lo abrió, ingresando de inmediato. Pero se quedó de piedra en cuanto sintió más de un par de ojos puestos en él.
Sí, Hermione se encontraba allí, al igual que otras dos personas que lo contemplaron con suma curiosidad.
— ¿Qué se supone que haces aquí?—le preguntó la joven, poniéndose de pie para ir a su lado.
Ella le lanzaba una mirada furiosa y mientras le hablaba lo arrastraba hacia el exterior.
— ¿Qué crees que hago aquí?—le preguntó a su vez con molestia, apartándose para que no lo sacara al pasillo— ¡Vine a buscarte!
— ¿Por qué? Se supone que debemos seguir nuestros roles.
Su indiferencia lo molestaba demasiado.
— ¿Eso es lo que quieres hacer? ¿Seguir siendo la esposa del famoso Harry Potter?—gruñó.
Hermione lo miró con sorpresa pero de inmediato esa reacción se transformó en pura molestia.
— ¡Tú eres el esposo de Astoria Greengrass!
— ¡Y deberías sentir compasión por mí!—le gritó.
Hermione notó que la pareja alemana que compartía camarote con Harry y ella los miraba con suma curiosidad. Sabía que no comprendían demasiado del inglés pero eso no quería decir que iba a permitir que siguieran siendo testigos de aquella discusión.
—Vamos—lo tomó del brazo y lo arrastró hacia el exterior.
Dado que ahora ella también lo seguía, no se apartó.
Era ridículo lo difícil que fue encontrar un sitio solitario para que pudieran charlar, teniendo en cuenta que se encontraban en un enorme trasatlántico. Cuando Draco hizo ese comentario en voz alta, Hermione sólo lanzó un ruido esquivo que levantó sospechas en el rubio.
— ¿Qué sabes?—le susurró cuando subían las escaleras.
Ella no respondió de inmediato. Siguió andando hasta los sectores de la clase alta y finalmente ingresó a una habitación que resultó ser un gimnasio. Estaba vacío a esa hora de la mañana, lo que resultaba conveniente para ellos.
—Aquí estaremos solos por un rato—le informó ella.
—Te he hecho una pregunta, Hermione, y tu intento de cambiar de tema ha sido muy lamentable.
—No intenté cambiar de tema—aseguró molesta—, sólo quería estar en un lugar donde nadie más pueda escuchar.
—Eso quiere decir que sí sabes algo.
—Sí.
— ¿Qué?
—No son buenas noticias—murmuró Hermione, esquivando la mirada.
—Quiero saberlo de todos modos—insistió.
Ella no respondió de inmediato y, por más que él sintió deseos de gritarle para que hablara de una vez por todas, esperó con toda la paciencia que pudo reunir.
—Este barco se va a hundir—respondió a penas en un susurro tras unos instantes.
— ¿Qué?—parpadeó confundido, pensando que quizás había escuchado mal.
—El Titanic fue un trasatlántico muggle que zarpó el 10 de abril de 1912 de Southamton pero tras chocar con un iceberg, se hundió la madrugada del 15 de abrir.
—Pero hoy es 11—indicó Draco, sintiendo que su voz temblaba ligeramente.
—Lo sé.
Draco parpadeó, aturdido por la inesperada información que acaba de recibir.
— ¿Qué… qué se supone que debemos hacer?
—Esperar a que salgamos de esta realidad—sugirió pero su mirada le indicaba que estaba tan aterrada como él.
— ¿Y qué sucederá si no salimos antes del 15?—preguntó alzando la voz, sintiendo el pánico calar cada parte de su cuerpo— ¿Moriremos?
—Saldremos—insistió ella.
— ¿Y cómo lo sabes? En otras realidades estuvimos no sólo más días sino también meses. No hay nada que garantice que podremos salir de aquí.
Él la miró fijamente por unos instantes, esperando a que ella dijera algo más pero simplemente se mantenía callada, con el cuerpo tenso y la mirada fija en un punto de la pared.
— ¿Y por qué subiste?—le preguntó cuando finalmente comprendió aquel inesperado hecho que lo llenó de dudas— ¿Por qué subiste si sabías que el Titanic se iba a hundir dentro de unos días?
—Estaba siguiendo mi rol—dijo aun sin mirarlo—. Harry me despertó diciendo que íbamos a llegar tarde.
La mención del chico de lentes lo molestó.
—Seguramente no te habrá costado demasiado hacer todo lo que él te pidió—dijo con molestia.
— ¿Qué se supone que significa eso?—preguntó Hermione con molestia, mirándolo con furia.
— ¡Oh, vamos, Granger!—la miró fijamente, siendo muy consciente que la había llamado por su apellido y no por su nombre, como antes— Desde que lo conociste has hecho todo lo que te ha pedido sin chistear. Le has dado tus tareas para que copie, le has permitido que te arrastre por la mitad del país…
— ¡Yo no he hecho esas cosas porque él me lo ha pedido! Harry es mi amigo y estoy dispuesta a ayudarlo siempre que sea necesario. ¡Sé que arriesgué muchas cosas pero no me arrepiento de las decisiones que tomé; especialmente porque si no lo hubiera hecho, el mundo no sería tal como lo conocemos! ¡Y para tu información, no subí porque Harry me lo pidió! Hubiera sido muy fácil poder dar media vuelta y correr lejos o convencer a Harry que no quería viajar.
— ¡¿Entonces, por qué demonios subiste?!
— ¡Por ti, maldito idiota!—le gritó— ¡Te vi subir y supe que no podía dejarte ir solo!
Draco se quedó paralizado y Hermione pudo sentir como sus mejillas comenzaron a arder. No había querido decirle aquello. Desde que apareció en aquella realidad no pudo evitar sentirse tensa y ansiosa ante la perspectiva de verlo nuevamente. Se había preguntado demasiadas veces si él recordaría lo que había sucedido en la realidad anterior, si la humillaría o se burlaría de ella por habérsele lanzado de aquel modo… Pero obviamente Draco ni siquiera pensaba en ello o prefería simular que nunca había sucedido.
—Hermione…—él alzó la mano para tocarla pero ella retrocedió.
—Creo que lo mejor es que ambos nos concentremos en seguir nuestros roles—le dijo con voz monótona—. Lamento que tengas que soportar a Astoria como tu esposa, sé que no te agrada.
—Hermione, deja de actuar así—le pidió.
—No sé a qué te refieres.
—Deja de actuar como si no te importara cuando ambos sabemos muy bien que no es así—dijo con seriedad.
—A mi no…
—A mi me enfurece la idea que estés con Potter—admitió el rubio.
Hermione abrió los ojos enormemente, sorprendida por aquella confesión.
—No tienes porqué—le aseguró, con el corazón latiéndole a toda velocidad—. Él es mi amigo.
Draco no iba a negar que le gustaba demasiado verla ruborizada y nerviosa. Dio un paso hacia ella, obligándola a retroceder hasta chocar contra la pared. Obviamente había recobrado la memoria sobre quién era pero… ¿hasta qué punto? Había querido averiguar, desde el mismo instante en que la vio, si ella tenía algún recuerdo de lo que había sucedido en la isla momentos antes de aparecer en aquella realidad.
—Es tu esposo—corrigió, sin apartar los ojos de ella.
—Eso no quiere decir nada para mí porque no es real—aseguró con un hilo de voz.
Él estaba demasiado cerca de ella. Si alzaba lo suficiente sus manos, podía apoyar sus palmas en el pecho del rubio y sentir el latido de su corazón.
—Potter no sabe eso.
—Pero yo sí—aseguró, intentando controlar el temblor de su voz.
Ella vio la mano de Draco alzarse hasta su rostro y esperó casi conteniendo el aliento para poder sentir el toque suave. Cuando finalmente los dedos del rubio rozaron delicadamente su mejilla, un ligero estremecimiento recorrió su espalda y el aire salió bruscamente por sus labios. Su mente parecía derretirse al igual que el resto de su cuerpo cada vez que él la tocaba y aunque luego se reprendería a sí misma por actuar de ese modo, en esos momentos no era capaz de pensar en nada.
Draco se aproximó aún más, colocando su mano detrás de la cabeza de Hermione mientras que la otra la apoyó suavemente en su cintura, disfrutando del ligero estremecimiento que recorrió el cuerpo de la chica.
—Voy a besarte—le advirtió, dándole la oportunidad de rechazarlo si lo deseaba.
Sin embargo, siendo incapaz de tener un pensamiento coherente, Hermione asintió con su cabeza y se puso de puntas de pie para acortar la distancia entre ambos y ser ella la que lo besara primero. Draco quedó ligeramente sorprendido, especialmente cuando sintió que alzaba sus brazos y los enredaba alrededor de su cuello pero no pensaba, bajo ninguna circunstancia, quejarse. Le devolvió el beso con suavidad a pesar de que deseaba profundizarlo. Algo le decía que a Hermione realmente no le importaría pero no quería que las cosas se movieran tan rápido como lo hicieron en la realidad anterior. Ellos se merecían un primer beso adecuado, sin roles de por medio, simplemente siendo ellos.
Se separó ligeramente y aunque ella siguió su movimiento, buscando sus labios nuevamente, hizo un gran esfuerzo para no caer en la tentación de volver a besarla y apartó su rostro pero no dejó de tocarla. Era necesario para él tener su mano sobre su cintura o detrás de su cuello. No creía que fuera capaz de decirlo nunca en voz alta pero dentro de todo ese mundo caótico de fantasía en el que estaban envuelto, ella era lo único real a lo que podía aferrarse.
—Supongo que el que te lances sobre mí es propio de tu persona y no sólo sucede cuando te quedas sin memoria—se burló, sonriéndole y guiñándole un ojo en un intento de dejar que toda esa abrumadora cantidad de sentimientos que lo invadían se despejara.
Ella se ruborizó y lo empujó ligeramente para apartarlo pero él no pensaba dejarla ir tan fácilmente.
— ¡Eres un idiota!—lo acusó aunque por el tono de su voz no podía ser tomado realmente como un insulto— ¿Vas a soltarme? Se supone que cada uno de nosotros… eg… tenemos que seguir con nuestros roles y… y…
Hermione perdió el hilo de sus pensamientos porque en cuanto comenzó a hablar, él sonrió con cierta picardía y se acercó nuevamente a su rostro pero en vez de besarla en los labios inició un camino de besos pequeños que fueron desde su mejilla hasta su cuello. Eso se sentía demasiado bien. Enredó sus brazos nuevamente detrás de su cuello y dejó que sus dedos se enterraran entre su cabello rubio mientras soltaba un suspiro profundo.
Para su consternación, él volvió a separar sus labios.
— ¿Decías algo?—le preguntó con tono burlón.
Ella no podía dejar de ruborizarse y no sabía si reprenderlo o sonreír como una tonta enamorada…
Su expresión se volvió demasiado seria de repente cuando ese pensamiento llegó a su mente. Una cosa era que Draco le gustara… quizás demasiado. Pero otra muy diferente era saberse enamorada de él. Aclarándose la garganta ligeramente, se enderezó y lo volvió a empujar suavemente aunque él tampoco la soltó.
—Decía—continuó como si esa revelación no hubiera causado ningún efecto en ella—, que es mejor que sigamos nuestros roles.
— ¡Es ridículo!—se quejó el rubio, colocando una expresión agónica en su rostro— ¿Qué sentido tiene seguir con nuestros roles, intentando impedir que algo malo suceda, si sabemos que inevitablemente algo malo va a suceder? ¿Y si se supone que en esta realidad somos amantes secretos?—sugirió, mirándola con ardor.
—Es es… —ella no supo muy bien qué decir.
Si eso era verdad quería decir que estos sentimientos que sentía por él no eran reales y, lo peor de todo, que tampoco lo eran los de él hacia ella. Y si, por el contrario, lo que sentían el uno por el otro era cierto, saldrían de su rol y podrían causar un desequilibrio en la realidad mucho peor del destino que ya les esperaba.
— ¿No lo ves? Ni siquiera tú puedes estar segura de ello—dijo el rubio.
Ella se separó de él, esta vez con más firmeza, consiguiendo que los brazos del chico la soltaran. Draco la contemplaba con incredulidad.
—Exacto, no puedo, y por ese motivo lo que debemos hacer es… ir con quien se supone que son nuestros esposos.
— ¿Y si ese no es el rol que nos corresponde?—preguntó seriamente él— ¿Y si realmente somos amantes y no haciendo caso a lo que sucede entre nosotros causamos el desequilibrio?
—Supongo que tendremos que arriesgarnos—respondió Hermione seriamente.
—Definitivamente me gusta más la opción de ser amantes—dijo tajantemente Draco.
Ella lo miró con molestia.
—Que lo seamos, no implicará bajo ninguna circunstancia que voy a dormir contigo.
—Eso dices ahora—bromeó, guiñándole un ojo.
Pero contrariamente a lo que esperaba, ella no se ruborizó ni se mostró nerviosa. Por el contrario, lo miró aún con mayor enojo.
—Cuando comenzaba a pensar que realmente no eras tan idiota, sales a decir tal estupidez. ¿No te das cuenta que posiblemente nada de esto sea real?—preguntó señalando entre ellos—. Quizás simplemente sea producto de la misma realidad.
Esta vez ella sí lo estaba insultando.
— ¿Crees que soy lo suficientemente estúpido como para no darme cuenta de lo que es real o no?—le preguntó.
— ¡Yo no te dije estúpido por eso y lo sabes bien!—exclamó elevando la voz.
— ¿Entonces lo dijiste porque yo aseguré que quiero dormir contigo?—preguntó aunque no esperó una respuesta de su parte— Teniendo en cuenta que realmente antes nunca me caíste bien, esta es una admisión sumamente importante para mí.
Hermione estuvo a segundos de volver a gritarle pero se dio cuenta que lo que el chico decía tenía una gran verdad… una que podría fácilmente aplicarse a ella también. Años de desprecio, de insultos e incluso algunos hechizos de por medio había hecho que les fuera difícil procesar a ambos cualquier tipo de atracción que sintieran el uno por el otro.
Y lo irónico de todo esto era que él había sido el más valiente en admitir primero en voz alta esa verdad. Ella se había estado escondiendo detrás de excusas y medias verdades para no querer verlo: Draco Malfoy le gustaba muchísimo. Quizás incluso tuviera un ligero enamoramiento por él.
—Tienes razón.
Draco quedó sorprendido por esto.
— ¿Entonces no estás enojada?—preguntó lentamente.
—No— Estaba asustada, en realidad—. ¡Pero eso no quiere decir que voy a dormir contigo!—le advirtió y, haciendo acopio de todo el valor que podía reunir bajo esas circunstancias, añadió, sonriendo ligeramente— Al menos, no por ahora…
Draco se sorprendió aún más por esta última declaración y no supo si sonreír, reír a carcajadas o simplemente abrazarla y volver a besarla hasta dejarla sin aliento.
La última opción fue la ganadora y antes de que ella pudiera darse cuenta de cuáles eran sus intenciones la estaba besando profundamente
…
— ¿Qué es eso?
Hermione parpadeó varias veces, saliendo del ensueño en el que se había metido que involucraba a cierto rubio, y miró avergonzada a Harry.
—Eh… Nada de importancia—murmuró mientras guardaba el trozo de papel amarillento donde había comenzado a escribir las runas antes de distraerse pensando en Draco.
Harry no quitó sus ojos de ella, contemplándola con fijeza.
— ¿Estás bien?
—Por supuesto—aseguró— ¿Por qué piensas que no lo estoy?
Él se sentó a su lado en la cama. Estaban solos porque, como todas las noches, se celebraba una fiesta con música, comida y alcohol y sus compañeros de camarote habían asistido.
—Hoy estaba en cubierta y vi a tu hermana—dijo lentamente, examinando la expresión de su rostro—. Supongo que él también está aquí. ¿Lo viste?
—Lo vi—dijo sinceramente, no queriendo insultarlo simulando que no sabía a quién se refería.
— ¿Te dijo algo?
— ¿Eso importa?—preguntó a su vez.
—Por supuesto que sí, por él tuviste que alejarte de todo lo que conocías—aseguró firmemente.
—No podría asegurar que fue tan así—comentó.
No estaba demasiado segura de qué había sucedido pero definitivamente tenía que ver con Draco, Astoria y ella.
— ¿Ah, no?—el ceño de Harry se frunció—.Mancilló tu reputación y no le importó ni un poco. Si hubiera sido el caballero que todo el mundo cree que es te hubiera pedido que te casaras con él sin miramientos, sin importarle que estuviera prometido con Astoria. Pero no lo hizo. Y tu madre te echó de tu hogar porque "avergonzabas la honorable casa"—Harry intentó imitar la voz de su madre, causando que Hermione riera.
—Realmente nada de eso importa, Harry—le aseguró—. Prefiero mantenerme alejada de ese mundo. Mi madre realmente nunca fue una mujer cariñosa conmigo y mi hermana… bueno… nunca nos llevamos realmente bien. Además, mi felicidad no está condicionada por los bienes que tengo.
Las palabras salían muy fácilmente de su boca y actuar con indiferencia ante esa situación no era complicado por lo que no le sorprendió que Harry le creyera. Sin embargo, no esperó bajó ninguna circunstancia ser destinataria del tipo de miradas que sólo le pertenecían a Ginny: esas llenas de adoración, como si fuera la persona más hermosa del mundo.
—Eres increíblemente asombrosa.
—No lo soy—dijo con prisa Hermione.
—Quizás no lo veas pero lo eres.
Harry comenzó a aproximarse lentamente hacia ella, con clara intenciones de besarla. Asustada, se puso de pie y le sonrió nerviosamente.
— ¿Vamos a bailar?—preguntó con la esperanza de distraerlo.
El chico rió suavemente y tras unos segundos se puso de pie y, tomándola de la mano, la llevó a la fiesta.
….
Draco sintió que una mano comenzaba a deslizarse muy lentamente en dirección descendente sobre su pecho. Al comienzo sólo pensó que se trataba de un sueño pero en el momento en que unos dedos curiosos comenzaron a explorar por debajo de su pijama, reaccionó de inmediata, poniéndose de pie de un solo movimiento. Había una pequeña luz a un lado de la cama que dejaba en penumbra a la habitación. Gracias a ello pudo ver a Astoria, aún tendida en la cama, con una profunda mirada de dolor en su rostro.
Vestía una prenda muy reveladora pero ante la mirada seria y fría de su marido, se sintió realmente desnuda, y no en el sentido que ella tanto ansiaba. Se sentó en la cama y abrazó sus piernas, conteniendo las ganas de llorar que repentinamente la invadieron. Siempre había soñado con esto: con ser la esposa de un hombre importante, con viajar en lujosos barco, ser respetada y envidada por todos. Sin embargo, lo que jamás apareció en sus sueños era que su esposo estuviera profundamente enamorado de su hermana.
Y no es como si realmente pudiera culpar a Hermione por ello porque no podía controlar en absoluto los sentimientos de los demás. Sin embargo, nunca iba a olvidar la facilidad con la que conseguía que todo el mundo la quisiera, la belleza misteriosa que todo el mundo alababa en su persona, ni mucho menos la sencillez con la que conseguía todo lo que quería. Y, nuevamente, no culpaba a Hermione pero esto no quería decir que no sintiera un fuerte rencor corriendo dentro de su pecho cuando la veía. Rencor que fue creciendo a lo largo de los años hasta convertirse casi en una especie de odio, de molestia, de desprecio al que su hermana sólo respondía con absoluta indiferencia.
—Es por ella, ¿verdad?—preguntó sin poder contener la frialdad de su tono.
—No. Es por ti.
Los ojos de Astoria se abrieron enormemente al escuchar aquello y comenzó a sentir algo parecido a miedo.
—Eres increíblemente hermosa—continuó diciendo Draco al ver que ella no se disponía a decir absolutamente nada—, pero es tu actitud la que no puedo soportar. He intentado ser cordial contigo, adaptarme a la idea de que estoy casado contigo, pero realmente no puedo soportarte por más tiempo. Eres demasiado…
El cuerpo de Astoria estaba tenso en la cama y lo contemplaba con dolor.
— ¿Demasiado qué?—preguntó débilmente.
—Sólo… demasiado—la miró directamente a los ojos—. Lamento esto, pero creo que es mejor que yo duerma en otro sitio estas noches.
Ella permaneció en silencio, abrazándose a sí misma. Draco le dio una última mirada y luego salió de la habitación sin darse cuenta que estaba rompiendo el corazón de la joven mujer que quedaba a sus espaldas.
…
— ¿Divorcio?
La mujer mayor miró a su hija con suma estupefacción. Ella nunca habría podido sospechar que esa palabra tan atroz estaría saliendo de su boca.
—Así es, madre—dijo Astoria intentando mantener la cabeza en alto cuando lo único que deseaba era volver a su cuarto y pasar todo el día llorando—. Quiero pedir el divorcio.
Esa noche no había dormido en absoluto y entre el llanto y los sentimientos de odio y autocompasión se había dado cuenta que nunca en su vida había sido tan infeliz y que el culpable de ello era Draco Malfoy así que, ¿Por qué motivo iba a querer pasar el resto de su vida con alguien como él?
—Espero que esto sea algún tipo de error. Querida mía, seguramente tomaste un poco de brandi de más anoche o añadieron algo a tu té porque lo que me estás diciendo no tiene sentido alguno—dijo la mujer mirando en dirección a la puerta donde en cualquier momento entraría su marido para escoltarla al almuerzo.
—No es un error, madre—espetó Astoria—. No quiero seguir casada con Draco. Él no me quiere.
—Oh, ¿es eso?—ahora comprendía mejor—. Querida, no debes de preocuparte por eso. Obviamente estás confundida. Los matrimonios usualmente no tienen involucrados de por medio ningún tipo de sentimentalismos. Es un contrato, un acuerdo de respeto mutuo…
—Eso lo sé—la interrumpió, ganándose una mirada seria por parte de su madre por lo maleducado de su gesto—. Yo no esperaba que él me amara pero sí que me apreciara, al menos un poco. Pero no es así… ¡Sigue pensando en Hermione!
Astoria vio a su madre apretar los labios firmemente entre sí y que la mirada de sus ojos se endurecía gradualmente hasta volverse gélidos témpanos al oír el nombre de su otra hija.
—Supongo que la charla que tuve con él no fue suficiente—murmuró.
— ¿Qué charla?—quiso saber la joven mujer.
—Realmente no tiene importancia.
— ¡¿Qué charla, madre?!
—Sólo intercambié unas palabras con él en esos momentos críticos que pasamos. Él quería terminar el compromiso contigo y casarse con Hermione pero yo le recordé su situación.
Poco a poco Astoria fue recordando la forma en que él la trató durante su compromiso, la forma en que la evitaba la mayor parte del tiempo, las largas horas que pasaba trabajando y lo poco que la tocaba, incluso cuando tuvieron que consumar su matrimonio: fue gentil pero frío, como si estuviera haciéndolo por compromiso. Recién ahora podía darse cuenta que realmente había sido así... Incluso recordaba que él mantuvo los ojos cerrados la mayor parte del tiempo, ¿había estado pensando en Hermione? Esa idea la hizo sentir enferma.
Con los ojos humedecidos y el cuerpo temblando ligeramente, se puso de pie con dificultad y caminó hacia la puerta. Escuchó que su madre la llamaba pero no le hizo caso alguno.
Ella había creído que su vida simplemente mejoraría después de casarse con Draco, que muchos de sus problemas y sentimientos de rencor desaparecerían porque sería su esposo el que ayudaría a darle sentido a su vida. Sin embargo, nunca imaginó que todo su mundo se iría desmoronando pieza tras pieza y que se encontraría caminando por aquel lujoso barco sin tener un lugar específico a dónde ir. No lloraba a pesar de que sus ojos ardían en lágrimas y sus manos se apretaban en puños de manera inconsciente. Nunca antes se había sentido tan perdida, tan sola.
No entendía cómo era posible que su hermana pudo tomar la decisión de apartarse de todo y de todos, sin mirar atrás ni pensar en todo lo que perdía… y aunque no le gustaba admitirlo iba a decir que fue un acto de suma valentía, quizás un poco admirable de su parte. No obstante, ella no era como Hermione y nunca lo sería.
Oyó la primera llamada para el almuerzo que anunciaba que dentro de una hora comenzarían a servirse los lujosos manjares para la clase alta pero no hizo caso alguno a ello. Antes habría casi corrido hacia su recámara para prepararse con uno de sus costosos vestidos diurnos para luego pasar al menos quince minutos peinándose… Escena que se repetiría horas después cuando anunciaran la cena.
Nunca antes se había dado cuenta de lo monótona que era su vida.
Caminó directamente hacia uno de los extremos del barco y cuando llegó al borde miró atenta cómo sólo agua la rodeaba. De repente se sintió asfixiada incluso a pesar de que se encontraba en cubierta y una especie de pánico comenzó a invadir todo su cuerpo. Comenzó a respirar con más prisa mientras aferraba sus manos al barandal hasta que sus nudillos se quedaran completamente blancos.
— ¿Estás bien?
Astoria giró de repente al escuchar una voz masculina y miró directamente a los ojos verdes del marido de su hermana. Ambos se conocían de vista y era ridículo aparentar que no era así. Lo que le extrañaba era que él le estuviera hablando en ese momento y tuviera una expresión de preocupación en sus ojos.
—Sí—musitó pero en cuanto dejó salir esa palabra su voz tembló.
Él dio un paso hacia ella y Astoria retrocedió.
—Te vi caminar hacia aquí y parecías… —la voz del hombre joven fue cayendo al no poder dar nombre a lo que había visto.
Astoria alzó el mentón y lo miró intentando imitar la postura que siempre había tenido y tratarlo como se suponía que debía de hacerlo: como un ser inferior que sólo serviría como un sirviente medianamente bueno.
—No se supone que deberías de estar aquí—le dijo y odió que su voz aún temblara ligeramente.
Harry no dejó de mirarla.
—Esta parte de la cubierta es la que le pertenece a tercera clase—le informó.
Astoria estuvo a punto de corregirlo pero se dio cuenta, horrorizada, que tenía razón. Tras mirar a su alrededor pudo notar cómo las personas la contemplaban con demasiada atención.
— ¿Quieres que te acompañe a tu camarote?—le preguntó él con cordialidad.
Astoria estuvo a punto de negarse pero antes de que las palabras salieran de su boca asintió con su cabeza y permitió que su cuñado la guiara.
A lo lejos Hermione observó la escena sin saber qué pensar al respecto y, horas más tarde, cuando se lo contó a Draco, éste sólo sonrió con despreocupación.
—Ya lo resolví, aunque no imaginé nunca que ella pudiera encontrar un reemplazo tan rápidamente—comentó.
Se habían encontrado en un rincón de la biblioteca y aunque no estaban solos los dos hombres que se encontraban a esa hora en el lugar sólo le habían dado miradas cómplices, como si encontraran aceptable que un caballero de clase alta como aparentaba ser Draco se encontrara con su "amante" de turno, una joven de clase baja. Incluso el muy descarado Slytherin—para consternación de Hermione—, caminó muy cerca y, cuando los ocupantes los vieron, acarició la cintura de la chica y le susurró al oído que siguiera avanzando hasta el fondo de la habitación. Desde la perspectiva externa esa podría haber sido una situación muy comprometedora, salvo por el hecho de que se habían encontrado para intentar averiguar el resto de las runas.
No habían avanzado demasiado cuando ella recordó lo que había visto y se lo contó.
— ¿Qué quieres decir con "lo resolví"?—preguntó.
—Anoche discutimos—le dijo con demasiada tranquilidad, acomodándose en la silla— y luego fui a dormir a otro camarote. Tener mucho dinero siempre tiene sus ventajas.
— ¿Qué?—Hermione lo miró con los ojos abiertos inmensamente desde el otro lado de la mesa que habían ocupado— ¿Rompiste con ella?
—No creo que haya sido así, después de todo, estamos casados, ¿no?—preguntó con un ligero encogimiento de hombros.
—Sí, lo sé pero es casi lo mismo… Ella debe estar destrozada.
Draco miró sorprendido a Hermione.
— ¿Estás compadeciéndola?
—Yo… bueno, creo que sí—admitió con cierta dificultad.
— ¿Por qué?—preguntó sin poder encontrar lógica a aquello, algo molesto porque Hermione no estaba de su lado—Era yo quien tenía que dormir a su lado y despertar sintiendo sus manos encima de mí.
—Bueno, supongo que ella habrá creído poder hacerlo porque es tu esposa—comentó aunque sintió una pequeña punzada de molestia que se obligó a aplacar.
— ¿Tu te despertabas con Potter encima de ti?—preguntó seriamente.
—No—admitió sinceramente e imaginó que si esa situación se hubiera presentado hubiera sido demasiado incómoda para ella—. Lamento que hayas tenido que pasar por eso—aseguró—, y no quiero insinuar que debías de seguir soportándolo pero… no estoy tan segura de que haya sido buena idea—él permaneció en silencio, observándola—. Quiero decir, no sabemos exactamente qué rol debemos de cumplir. Al parecer hubo cierta tención entre nosotros en el pasado pero el que nos encontremos aquí puede ser una mera coincidencia.
—Sigues temiendo que se produzca un desequilibrio en esta realidad—afirmó y Hermione asintió con un movimiento de su cabeza—. Pero no pareces ser capaz de ver que inevitablemente sucederá algo malo si es tal como me contaste.
— ¡Claro que soy consciente de eso!—aseguró— Pero…
Y como si fuera una forma de enfatizar esa última palabra que pronunció, el suelo bajo sus pies comenzó a vibrar. Ambos se tensaron en sus lugares y se buscaron hasta encontrar sus miradas.
— ¿Estamos por irnos?—preguntó Draco.
Hermione negó con la cabeza lentamente. No se sentía como las veces anteriores cuando todo a su alrededor se estremecía y una poderosa fuerza mágica los envolvía. Esta vez sólo fueron las miles de toneladas bajo y encima de ellos los que se movieron.
El corazón de la joven se estremeció de miedo pero no tuvo demasiado tiempo como para pensar porque de inmediato un nuevo movimiento brusco del barco hizo que casi cayera de la silla. Se aferró firmemente a la mesa al igual que lo hizo Draco para evitarlo pero un segundo brusco movimiento la hizo soltar un grito de terror cuando, esta vez, cayó al piso de la biblioteca mientras un sonido extraño y estruendoso retumbaba por las paredes.
Draco se apresuró a correr hacia ella y la ayudó a ponerse de pie cuando todo quedó en quietud nuevamente.
—No crees que…
—Hoy es doce—dijo con hilo de voz ella—. Se supone que sucedería el quince.
Él aferró aún más firmemente sus brazos alrededor del cuerpo de Hermione.
—Quizás tenías razón y logramos causar un desequilibrio—murmuró, ganándose una mirada molesta de Hermione antes de tomarlo firmemente de una de sus manos y arrastrarlo hacia la cubierta.
A medida que iban por los pasillos se encontraban con una gran cantidad de personas desconcertadas que se preguntaban entre ellos por lo ocurrido.
Cuando llegaron Hermine vio que lo que tanto temía había ocurrido. Allí, delante de ellos había trozos de hielo de diversos tamaños que eran prueba suficiente. Apretó la mano de Draco que tenía dentro de la suya y el rubio se acercó a ella, serio, comprendiendo lo terrible de la situación en la que se encontraban. Era devastador darse cuenta que posiblemente podrían acabar en esa masa de agua helada en medio de la noche y aunque no fuera real nada de aquello, el dolor que sentirían potente y desgarrador.
—Tenemos que encontrar el modo de salir de aquí—le dijo.
—No podemos controlarlo—Hermione intentaba controlar el miedo que comenzaba a sentir palpitando dentro de su pecho—No sabemos cuándo va a suceder… ¡Vamos a buscar salvavidas!
Él no tenía idea de qué eran pero asintió de inmediato y la siguió sin dudarlo. Pero no tuvieron que andar demasiado porque de inmediato apareció uno de los hombres de la tripulación entregando unos chalecos blancos. Hermione tomó dos y lo ayudó a colocarse correctamente en suyo con movimientos bruscos. Cuando se intentó poner el de ella Draco se dio cuenta que sus manos temblaban demasiado. Con el corazón palpitándole velozmente la detuvo e intentó de imitar lo que había hecho ella antes.
—No tienes…
—Déjame hacerlo—le pidió.
Hermione apretó los labios firmemente pero se lo permitió.
—Estaremos bien—aseguró Draco una vez que terminó y pudo abrazarla contra su pecho.
Las manos de Hermione se aferraron a su espalda firmemente.
—No lo sabes.
—No dejaré que nada te suceda.
Y lo dijo con tanta firmeza en su voz que Hermione no pudo hacer otra cosa más que creerle.
— ¡Hermione!
Ambos se separaron lentamente y Draco no dudó en tomarla de la mano a pesar de que había reconocido perfectamente la voz de Harry. La joven a su lado le lanzó una mirada de disculpa a su presunto esposo.
—Harry, yo…
Y fue en ese momento cuando lo sintió. Nuevamente el temblor pero con aquella profunda marca mágica a la que estaban acostumbrados. Hermione apretó aún más la mano de Draco, aliviada enormemente de poder salir de esa realidad antes de que la tragedia se llevara a cabo.
¡Feliz Navidad!
Sé que hace mucho, mucho, mucho tiempo que no actualizo ninguna de mis historias y no se imaginan cuán mal me siento por esto.
Sin embargo, espero que puedan perdonarme y por eso subo este nuevo capítulo. No estoy muy conforme por cómo quedó pero tenga consideración ya que hace mucho tiempo no me sentaba a escribir.
Añado un pequeño adelanto del siguiente capítulo:
"Esa mañana una lechuza de plumas negras golpeó insistentemente la ventana haciendo que el silencio se interrumpiera. Los ojos de Narcissa observaron por unos instantes eternos al animal, sabiendo de inmediato a quién pertenecía, lo que era causa de su vacilación.
— ¿Quiere que vaya por usted?—preguntó el joven.
Narcissa negó rápidamente con la cabeza y, poniéndose de pie con elegancia, caminó hacia la ventana, la abrió y tomó el sobre que el animal tenía en una de sus patas. La lechuza no tardó en dar un brusco giro e irse volando nuevamente.
Harry observó cómo la mujer se quedaba observando atentamente el sobre sin abrirlo hasta que finalmente, tras soltar un profundo suspiro de manera inconsciente, agilizó sus manos y extrajo un pergamino reluciente, prolijamente doblado. Lo abrió y leyó con rapidez. Su tez naturalmente pálida adquirió un tono casi blanco que alarmó al muchacho. Se puso de pie y con largos pasos caminó hacia ella pero al darse cuenta, Narcissa retrocedió y lo miró firmemente.
—No…—su voz tembló ligeramente pero se aclaró la garganta—. Creo que es mejor que se marche, señor Potter"
