¡Cómo me gusta sacar los capítulos tarde! Lo siento mucho, de verdad, pero sencillamente se me olvidó T.T En fin, aquí viene otra larga parte de esta magnífica reunión mundial, título: El pianista y la violinista, ¡que os guste!

ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece, y menos la historia.


26-Le pianiste et la violiniste

1956 - Palais des Nations, Parc de l'Ariana, Genève, Suisse

Suiza había entrado en la sala de reuniones tras Egipto, y Sveta se había quedado sola de nuevo. Ojalá al menos tuviera a la cabrita blanca esa a su lado, era tan mona...

Suspiró. El suizo le había sugerido entrar en la sala de música, pero solo la había dicho que estaba cerca de la sala de reuniones, y había bastantes puertas y pasillos cerca de allí. Miró a su alrededor. ¿Cómo iba a encontrarla?

Entonces su oído captó un leve sonido, de notas graves y cortas, una música lenta. Cerró lo ojos para escuchar con atención. No podía ser un vídeo, por que a veces había notas discordantes, y la música se paraba de vez en cuando. Una vez se paró y oyó una leve queja.

Alguien estaba tocando, o practicando, con un instrumento que debía ser un piano. Y, todo había que decirlo, no lo hacía muy bien...

Caminó hacia donde le pareció que venía el sonido, donde seguramente estaba la sala de música. Llegó a una puerta unas decenas de metros de dónde tenía lugar la reunión. Ja, que la sala estaba cerca, había veinte puertas antes que esa.

La abrió ligeramente y asomó la cabeza. Era una habitación bastante grande, con sillas amontonadas en torres en un lado y estanterías llenas de partituras, canciones y coreografías. Había instrumentos pequeños dentro de armarios con puertas de cristal y colgados de las paredes otros más grandes, como guitarras, violines, violas y el resto de la familia. A un lado había una alta arpa tapada por una manta y al otro una batería cubierta de la misma forma. En otro sitio había una manta tirada en el suelo, y el objeto que cubría lo habían colocado casi en el centro.

Se trataba de un piano de cola mignon, de madera oscura y brillante. Lo que la sorprendió es ver a un niño que tendría como cinco años tocándolo.

¡¿Qué hacía un chiquillo tocando un instrumento de esa calidad?! Es más, ¡¿Qué hacia un chiquillo en el Palacio de Las Naciones Unidas?! El mundo era incomprensible.

- Mecachis -el niño habló, y parecía bastante frustrado. Era rubio (no más que ella, que su pelo era casi como el de Bielorrusia) y un curioso y pequeño rulito le salía de algún lado de la nuca. Se quedó mirando como cogía una partitura y la pasaba unas hojas atrás, a la primera página. Y empezó a tocar.

El principio le salía bien. Era una melodía bastante bonita, algo triste, tal vez. El único problema que tenía el canijo es que tocaba con demasiada fuerza.

Al cabo de un rato llegó hasta la hoja donde lo había dejado antes y empezaron a sonar notas de más. El niño dio un fuerte golpe al teclado y se tiró al suelo.

- This. Is. Impossible* -sentenció, estirando los brazos en forma de cruz. Entonces se giró y miró hacia la puerta, metido en sus pensamientos.

Y se fijó en Sveta. Ella no se movió, estaba igual de sorprendida. La habían pillado, tan fácilmente, espiando a un niñito con complejo de pianista. Tenía unos ojos bonitos, azul brillante, ahora abiertos de par en par. Se levantó de un salto, tirando el asiento y sobresaltándose más.

- Wer bist du und was machst du hier?!*-gritó, colocando el asiento en su sitio en un segundo.

- Chto skazhete?* -Sveta no había entendido una palabra del pequeño. Había sonado como lo que le espetaba Prusia a Rusia de vez en cuando. ¿Le estaba insultando?

El niño la miró con la misma cara que seguramente tenía ella. Tampoco había entendido ni jota. Así no iban a ninguna parte.

- ¿Quién eres? -dijo Sveta esta vez en inglés, dado que el otro antes había dicho algo en ese idioma. Lo que se iba a reír como en realidad no supiera nada.

- ¡Eso es lo que te acabo de preguntar yo!

- ¿Qué era eso lo que me estabas diciendo...? -tenía sentido, no había muchas cosas más que preguntar a un desconocido- Vine aquí por que me dijeron que había una sala de música. Era para pasar el tiempo...

El niño la miró de arriba abajo.

- Estoy yo -murmuró, señalándose.

- Eso ya lo veo... -miró el piano- Tocas muy fuerte, prueba a tocar las teclas más suavemente. Tendrás menos problemas para pasar de una nota a otra.

El pequeño parpadeó un par de veces, y se sentó en el asiento.

- ¿De verdad?

- No toco el piano, pero es lo que me ha parecido a mí -se encogió de hombros. Él tendría que saber más que ella, ¿no?

El chiquillo se colocó frente a las teclas y empezó a tocar desde el principio. Ahora sonaba mucho mejor, y se tuvo que dar cuenta, porque sonrió, feliz. Sveta asintió, conforme con lo que oía.

Mientras el niño tocaba se fue a una de las estanterías y buscó hasta encontrar un estucho bastante grande. Lo sacó y abrió, sacando una bonita y pulida viola. Empezó a afinarla, hasta que un agudo sonido la hizo pegar un salto. Se giró hacia el niño, que se había quedado parado, con el ceño fruncido.

- Perdón.

No parecía tener mucha maestría con el piano, o con la partitura, o con ambas cosas.

- ¿Cuánto llevas entrenando?

- … Dos años, pero mi maestro desapareció a mitad de este y perdí práctica...

- ¿Desapareció?

- Sí, no le vi durante unos cuatro meses -el pequeño se encogió de hombros, sin darle mucha importancia a sus palabras-. Esta es su melodía favorita, Nocturno Op.9 No.2 de Frédéric Chopin. Y se va a disgustar si no la consigo tocar... -dejó caer su cabeza sobre el teclado, golpeando varias teclas a la vez- Es un asco... es difícil.

- Sigue practicando -replicó Sveta con una sonrisa, tensando el arco. "Un músico frustrado", así sonaba el chiquillo.

- ¿Tocas la viola? -el niño se giró. Se le habían marcado las teclas en la cara.

- Sí.

- … ¿Tocas bien la viola?

- ¡¿Qué preguntas son esas?!

Qué enano más ingenuo, no pensaba antes de hablar, no. Se colocó el instrumento al hombro izquierdo y preparó el arco. Tocaba la viola desde que Letonia encontró el instrumento en un desván, veinte años atrás. Ya tenía bastante experiencia.

Elias vio como la chica empezaba a tocar una melodía rápida. Muy rápida. Sin partitura ni nada, con los ojos cerrados. El arco se movía a mil por hora, o eso le pareció a él. Y no cortaba las cuerdas, si es que la viola era sorprendente.

El principio era una repetición con algunos cambios de notas, y luego sonaban notas graves y agudas a la vez, casi le hacía daño en los oídos. Pero era impresionante como conseguía sacar sonidos tan diferentes tan rápido. Y después empezó lo raro. Empezó a tocar la viola con la mano izquierda, dando punzadas en la parte de arriba, y con con el arco en la de abajo. Oh, que chulada.

Hey, ¿si alguien tocaba las teclas del piano y otros las cuerdas de la caja, a lo mejor sonaba parecido...? Desechó la idea; como si Austria le fuera a dejar hacer éso.

La chica siguió, ya solo con el arco, a una velocidad envidiable, hasta que se debió de acabar la partitura, porque paró. Miró al niño, esperando una respuesta. Que originales eran sus ojos, gris azulado.

- ¿Toco mal o no?

- ¡No sé de violas! -se encogió de hombros- ¡Pero ha sido asombroso! ¡¿Cómo tocas tan rápido!? -preguntó, cruzándose de hombros. ¿Por qué ella podía tocar a esa velocidad y él no? No era justo.

- Era una melodía de Paganini, y es uno de los violinistas más rápidos. En realidad este Capricho era para violín, pero creo que en viola queda igual de bien.

- A mi no me dan partituras rápidas... Y eso que molan más... mi maestro es un tonto -zanjó, usando el típico reproche que solía usar Austria con él (y con todo el mundo).

- Pues yo he tenido que aprender sola -maldijo por lo bajo a Ivan, que no era muy aficionado a la música, por lo tanto en el Kremlin no se oía mucha.

Se quedaron los dos en silencio. Los dos mirando a la nada (en este caso, una pared con unas notas musicales dibujadas).

- ¿Cómo te llamas?

- Elias, ¿y tú?

- Sveta.

No pasó un segundo para que se miraran de reojo.

- Espera, ¿Elias...?

- ¡Sveta! ¡Tú eres Sveta!

La primera en racionar fue Sveta, que se alejó un par de pasos y dejó la viola en el suelo. Sacó una navaja del bolsillo. Elias cayó de la silla (de nuevo) al ver el arma.

- ¡Tú! ¡No me hagas nada! -dijo la chica, con la navaja en frente de ella.

- E..eso debería decirlo yo... -el niño se arrastró hacia atrás hasta que chocó con una estantería y no pudo retroceder más- ¡Te juro que no tengo armas!

Sveta le miró de arriba abajo. No, no parecía que llevase nada, pero no se fiaba de una unión de occidente. Rusia la había dicho que desconfiara de cualquiera que pudiera estar cerca de Estados Unidos.

- No me fio de ti -gruñó, mirándole fijamente.

- Jo, pues yo de ti sí... -el niño empezó a reírse. Parecía más tranquilo por momentos- ¿Entonces tú eres La Unión Soviética? -exclamó, emocionado.

- … Sí.

- ¡Siempre he querido conocerte! ¡Alguien como yo! -¡Había encontrado a la otra unión! ¡Y tocaba el violín genial! Y seguro que también era buena atacando con esa navaja... eso era malo. Pero seguía igual de emocionado.

- ¿Qué? -ese chiquillo la tenía impresionada. Le apuntaba con una navaja y seguía tan tranquilo- ¿Y qué haces aquí?

- ¡Fran me dejó venir y convencieron a Lud para que pudiera y aquí estoy! -dijo, feliz- ¡Y a ti también te han dejado! ¡Qué casualidad! -de repente se levantó y se acercó a la chica, que estaba perpleja. Le tendió la mano- ¡Soy Elias Schuman, La Comunidad Económica Europea!

Vale, el chiquillo parecía la persona hiperactiva más inocente del mundo. Decidió guardar la navaja.

- … Sveta Bolchevique, La Unión Soviética -se presentó.

-.-.-.-.

Cuando Suiza entró detrás de Egipto, vio con horror que esa reunión no iba a ser como cualquier otra. Directamente, no había el típico escándalo ni nadie diciendo tonterías ni... nada. Todos estaban en silencio, y podía ver la división que habían hecho. A un lado, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo, Venezuela, Inglaterra, y en resumen los países capitalistas. Al otro lado, Rusia, Ucrania, China, Mongolia, Bielorrusia, Polonia y el resto de países comunistas.

¿Pensaban montar la guerra fría allí?

Cuando Egipto abrió la puerta, automáticamente todos los países se giraron. Suiza notó que había muchos más soldados que los que ya había visto fuera, de diferentes nacionalidades. Menos mal que no habían venido los setenta y dos países escoltados.

El egipcio miró a su alrededor dejando mostrar su rostro. Tenía una negra mancha por una de sus mejillas, como si se la hubiera cubierto de barro. Todos sabían de los problemas que había tenido ese año con Inglaterra, Francia e Israel. Todo por el canal de Suez.

Resultó que Inglaterra quiso pasar por él gratis, comprando los derechos del canal. Y en un principio lo consiguió, pero Egipto sufrió un golpe de estado, dejando bastante mal a la personificación, que entró, como ya tantos, en una Dictadura (pero no llevaba guardias en esa reunión, toda una novedad). Su nuevo líder privatizó el canal, así que sólo los barcos de Egipto lo podían pasar.

Y entonces entró Israel en escena, dado que su principal puerto estaba allí y ya no podía usarlo. Así que Inglaterra, Francia (que había echo lo mismo que el británico) e Israel se unieron contra Egipto montando una guerra. Al resto de La ONU no les gustó la idea, pero no hubo tiempo para que los países se reunieran hasta ese diciembre.

Así que Estados Unidos hizo su aparición para parar la batalla y detener a los tres países (algo nuevo en él). Les amenazó económicamente, que era en lo que más poder tenía el estadounidense.

Pero el peso llegó cuando La Unión Soviética también fue a detenerlos. Como en esos momentos tenían el problema con Hungría, Rusia no estaba presente. Y todo lo controlaba su hermana pequeña: Bielorrusia. Que amenazó directamente con destruir Londres y París. Un método poco ortodoxo y no precisamente aprobado por La ONU, pero que funcionó.

Así que el problemilla de Suez se acabó. Las Naciones Unidas decretaron el alto al fuego, ganó la alianza anglo-francesa-israelí y Egipto mantuvo la nacionalización del canal. Pero claro, la batalla se llevó más de tres mil muertos y unos cuatro mil novecientos heridos egipcios. Que también hizo mella en el pequeño país.

En resumidas cuentas, Egipto se encontraba muy mal. Francia no pudo evitar sentirse culpable, Inglaterra seguía picado con la independencia del árabe e Israel no había enterrado el hacha de guerra.

Egipto se sentó en su asiento, quedándose con los países neutrales de La guerra Fría. El resto había optado con ponerse con su bando. Iba a ser una reunión muy larga, opinó Suiza, sentándose en un asiento aparte con los neutrales. Lo peor vendría a depender de quién sería el primero en hablar.

Al menos, si estuviera Alemania, pondría orden.

- Esto... -empezó Finlandia, uno de los países neutrales.

- Calla comunista -le cortó Estados Unidos. Demasiado cercano a La URSS como para que el americano le dejara hablar.

- … -Suecia dirigió una mortal mirada al americano, sentándose más cerca del finés.

- No seas mal chico y deja hablar, Estados Unidos. Da? -replicó Rusia desde su lado, levantando su grifo. Le convenía proteger a un país que hacía frontera con él.

- … -el sueco miró ahora al soviético, del que tampoco se fiaba. Se acercó más a Finlandia, que se encogió en su asiento.

- Hablará quien yo quiera -opinó el americano cruzándose de brazos. Se giró hacia Francia-. ¡Vamos, di algo!

El galo dio un respingo. Ahora él era el centro de atención.

- ¿Qué quieres que diga...? -dijo encogiéndose de hombros- Vas a hacer lo que quieras igualmente...

- ¡¿Qué has dicho?!

- Nada. No tengo nada que decir.

La moral de ambos, Inglaterra y Francia, estaban por los suelos. La Guerra del Sinaí les había dejado claro que La URSS y USA mandaban, había pasado su esplendor. Por eso ahora mismo a Estados Unidos y a Rusia no les llevaba la contraria nadie. Por eso había tanta tensión.

- Dado que no quiere hablar, deja a Finlandia, da? -opinó Rusia, feliz con la actuación del francés.

- Yo... ya no... -Finlandia se apretó en su asiento con una sonrisa de disculpa.

- Que hables -siguió el ruso, en un tono mucho más amenazador.

- Tr'anquil', 'sposa -Suecia le puso una mano al hombro-. Y' te proteg'.

- ¿Proteger de qué? -replicó Estados Unidos. Suecia intimidaba lo suficiente como para no mandarle callar.

- No voy a hacerle nada -siguió Rusia, mirando inocentemente al nórdico.

- ¿¡Qué no le vas a hacer nada!? NAHAHAHAHAHA! Dime quién se cree eso, ruso.

- Eres tú en el que nadie confía, geroy* -opinó el peliblanco.

- ¡En el héroe confía todo el mundo!

- O sea, perdón por entrometerme, pero creo que si todo el mundo confiara en ti, como que, ¿no estaríamos todos a tu lado? -opinó Polonia con una sincera sonrisa.

- Te va a ir muy mal si sigues respondiéndome así -opinó el estadounidense con la misma expresión.

- Pues tiene razón, da?

- Esto también va por ti, Rusia. O sea, que no creo que nadie confíe ni siquiera un pocoen ti.

El ruso se levantó de su asiento y se dirigió al polaco con una terrible aura.

- Cuida tus palabras si no quieres desaparecer.

Polonia siguió tan tranquilo con los pies encima de la mesa; ser amenazado por ambos bandos no parecía molestarle. El resto de los presentas ya empezaba a temer por él.

- ¡Escuchad! -Suiza dio un golpe a la mesa, consiguiendo que todos se centraran en él- ¡Esto es una reunión de Las Naciones Unidas, y todo se habla con diplomacia, eso quiere decir sin ataques contra nadie!

- ¿Y tú que sabes si no perteneces a La ONU? -opinó USA, desafiante.

- He entrado aquí en calidad de mediador.

- Net. No tienes ningún derecho ha hablar si no perteneces a esto -alegó Rusia- Ni siquiera deberías estar aquí. Vete, Suiza.

- Ah, no. No me vais a echar -posó ambas manos en la mesa-. Sois dos contra setenta. Si no está de acuerdo más de la mitad de los países, no me iré.

- ¡Está bien! -Estados Unidos se subió a su silla- ¡Aquí todos estamos a favor de que nos dejes en paz!

El suizo levantó una ceja.

- Quiero ver manos levantadas, USA.

Rusia la levantó, Bielorrusia lo hizo al instante y Ucrania se lo pensó un momento. El ruso dirigió una amenazante mirada al resto de su grupo, que fue levantando las manos poco a poco. China la levantó el último, bastante confuso, quedando solo Polonia.

- ¿Qué? -el ruso se le había quedado mirando.

- Te la estás ganando, Polonia. Levanta la mano -ordenó fríamente.

- O sea eso no tiene sentido cuando mi objetivo es molestarte -opinó con indiferencia, mirándose las uñas.

- Pol'sha...

- Levanta la mano, aru. No es bueno meterse en problemas ahora, aru -le susurró China por lo bajo.

Polonia seguía igual de tozudo, y nadie le consiguió convencer. Pero en el lado de Estados Unidos las cosas habían sido diferentes.

- ¡Venga! ¡Levantar las manos! ¡Vamos! -les gritó el americano, y los primeros en hacerlo fueron Francia e Inglaterra. Los demás países al verles les copiaron, bastante impresionados.

Los neutrales no se movieron ni una pizca.

- Ya ves, "mediador" -Rusia le miró triunfante-. Creo que más de la mitad no está de acuerdo, y ha sido una votación democrática. Así que vete, da?

Suiza miró asombrando al resto de país, los ojos abiertos como platos. Era difícil de creer como esos dos podían jugar con las opiniones de los demás. Se alegraba de ser neutral.

Dio un nuevo puñetazo a la masa.

- Ya sé porque no estoy en Las Naciones Unidas. Demasiado corrupto.

Y salió de la sala, dando un portazo.

El resto se quedó un momento en silencio, mirando la puerta por la que el helvético se había marchado. Entonces Estados Unidos esbozó una tenebrosa sonrisa.

- OK, Russia. Let finish with this.*


Traducciones:

* Esto. Es. Imposible.

* ¡¿Quién eres tú y qué haces aquí?!

* ¿Qué dices?

* Héroe

* Bien, Rusia. Acabemos con esto.

Como veis, durante la guerra fría no había dos bandos, había tres: un puñado países no iban ni con unos ni con otros, como Suecia o Suiza. Y si no recuerdo mal, fue en esta guerra donde surgieron el primer, segundo y tercer mundo; al parecer el segundo lo componían los países comunistas, que tenían un índice de desarrollo más bajo que el de los capitalistas y más alto que el de los más pobres. (#datoscuriosos)

Bueno, no mucho que decir a parte de que, la verdad, el instrumento que toca Sveta lo he escogido al azar. la verdad es que en algún momento quise cambiarlo por una viola o algo de la familia de cuerda que no fuera tan cercano al violín, pero... no encontré el momento.

En fin, espero que os haya gustado, ¡se aceptan reviews!

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