Si la tempestad ha de producir luego esta calma,

soplen en hora buena los vendavales, levántense las olas y alcen las naves

hasta tocar las estrellas, o las sepulten luego en los abismos del infierno.

¡Qué grande sería mi dicha en morir ahora!

¡Tan rico estoy de felicidad, que dudo que mi suerte me reserve un día tan feliz como éste!

Otelo - W. Shakespeare

Capítulo 26: Horas Finales

Edward Cullen seguía disfrutando de aquel sabor, que le deleitaba, que le embrujaba, que le privada de toda coherencia… Era una esencia divina y única. No lograba converger las palabras necesarias y justas para poder describir todo lo que sentía. Mientras se lengua se sumergía y exploraba aquella cueva de dulzura, su mente trataba de convencerse que debía de parar, que el dejarse llevar podría tener consecuencias graves… incluso, fatalmente irrevocables. La sangre que en la boca de la muchacha había probado, había sido deliciosamente absorbida por sus labios, suplantando aquel rojo líquido por la dulce y fresca esencia de su saliva.

Bella apretó fuertemente sus dedos en el cabello del muchacho, cuando éste intentó alejarse. Si bien su respiración se estaba extinguiendo y su corazón amenazaba con frenar definitivamente por aquel alocado palpitar, aún no estaba preparada para dejarlo ir. Todavía no había tenido suficiente de aquel elixir que le enloquecía, aún necesitaba embriagarse más por aquel sabor. No importaba si moría en ese momento, pues se encontraba junto a él. La idea de la defunción nunca antes se le había presentando de manera tan desairada. ¡Qué viniera el Diablo, y todos sus demonios, si así lo quería! Poco le afectaría en ese momento si el mundo sucumbía en llamas. Ella ya se encontraba en su propio infierno de placer.

Su cuerpo fue cayendo hacia atrás, siendo empujado, delicadamente, por su vampiro. Sintió el blando colchón sostener su espalda y unos fríos y suaves labios descender por su clavícula y cuello. Cerró sus ojos y se dejó llevar por las manos que se paseaban por sus brazos y comenzaban a levantar el vestido. Un suspiro se escapó de sus labios, haciendo sonoro el placer que le embargaba cada poro de su piel. Edward, quien se había dejado vencer por la insensatez, dejaba que sus manos acariciaran y se deleitaran con la delicada piel que palpaban. Tan hechizado se hallaba por la magnificencia de aquella cálida figura humana que fue incapaz de percatarse de los pasos que se aproximaban hacia su habitación y abría la puerta sin dar un previo aviso.

"Lo siento" – exclamó la hermosa muchacha, con ojos dilatados y expresión avergonzada, mientras Edward se alejaba de Bella, con un movimiento borroso.

"Rose..." – susurró, en medio de jadeos – "¿Pasa algo?"

La rubia y exquisita vampiro se concentró para no soltar la risita que amenazaba por curvear sus labios y, manteniendo una falsa actitud seria e indiferente, decidió anunciar

"Carlisle te llama. Hay una reunión con nuestros maestros. Es necesario que Bella también vaya, ya que se discutirá sobre su conversión. Te han estado solicitando mentalmente" – agregó, sin poderse resistir – "Pero ahora creo saber por qué no te diste cuenta"

Bella bajó la mirada, ocultando sus mejillas sonrojadas con su espeso y alborotado cabello color caoba.

"Estaremos ahí de inmediato" – prometió Edward con voz firme, tratando de ignorar la broma de su hermana.

"Que así sea" – dijo la chica, regalándole una sonrisa significativa, antes de salir.

El silencio no se hizo esperar en cuanto la gótica pareja quedaron solos. El ambiente pasional había sido exterminado y reemplazado, en su totalidad, por una fuerte congoja por ambas partes. Pasaron alrededor de unos cuatro minutos, para que Edward pudiera aclarar su garganta y hablar.

"Vamos" – susurró, mientras se atrevía a estrechar las manos humanas contra las suyas – "Es momento de que se decida para cuándo serás transformada en uno de nosotros"

Bella asintió y, tras ponerse de pie y dejarse guiar por el pálido muchacho, llegó al salón en el que, antes del amanecer, habían arribado. Levantó la mirada y se volvió a encontrar con el mismo anciano vampiro que tan animosamente le había dado la bienvenida. Así mismo, visualizó, al lado de éste, al hombre rubio y a otro par más, vestidos con la misma gala oscura e imponente.

"Isabella, ese es tu nombre, ¿Cierto?" – habló el inmortal de cabellos blancos, el cual se llamaba Cayo.

"Si, señor"

"¿Te ha informado Edward el por qué estas aquí?"

"Si, señor" – volvió a repetir

"Ese tema tiene dos diferentes clímax, Cayo." – interrumpió Edward – "Pues mi por qué no es mismo que el tuyo"

"Eso es cierto" – admitió el aludido, con la misma inexpresividad en su rostro – "Tú la has traído aquí por que dices amarla; pero si bien te recuerdo, esto no es un club a donde se vienen contar historias bonitas de amor. Esto es una familia de guerreros, elegidos, dispuestos y entrenados para proteger nuestras leyes. Así que, Isabella, si estas aquí, es principalmente por que posees un don, el cual será de mucha ayuda para todos nosotros"

La muchacha asintió, incapaz de articular silaba alguna

"Así pues, es necesario que abandones tu vida como mortal para internarte en nuestro mundo" – continuó hablando – "Mis hermanos y yo hemos discutido al respecto y hemos llegado a la conclusión de que, para mañana en la caída del crepúsculo, será cuando alguno de nosotros cuatro te proporcione nuestra ponzoña"

"¿Alguno de ustedes cuatro?" – repitió Bella, sin poder ocultar su confusión y, al comprender, sin necesidad de una respuesta, a lo que se estaba refiriendo el vampiro, volvió su cuerpo hacia Edward – "¿No serás tu quien lo haga?"

El aludido bajó la mirada, por lo cual ella comprendió su respuesta con aquel silencioso gesto. Chasqueó los dientes y, sin que pudiera evitarlo, su respiración se volvió pesada.

"No temas" – se acercó Esme – "Todo estará bien, querida"

Eso está en tela de juicio, pensó Bella.

Su humor no mejoró al salir de aquella lujosa estancia y regresar a la habitación de Edward. Ninguno de los dos había abierto la boca para hablar. Ella aún se encontraba demasiado aturdida por la noticia que acaba de recibir y él, se llamaba cobarde y débil, al no sentirse apto para ser quien la trajera a esa nueva vida. Con el mismo silencio, ella se dejó caer sobre la cama y él se sentó a su lado.

"Perdóname" – susurró el vampiro, después de varios minutos de lúgubre mutismo – "No hago otra cosa más que fallarte, una y otra vez. Con cada día que pasa, me siento más indigno de ti, de tu valentía, de tu coraje…"

"No soy tan valiente como me llamas" – contestó Bella, mientras giraba su cuerpo para quedar recargada sobre su costado derecho y así mirar a Edward fijamente – "Ahora mismo, tengo miedo"

"¿Miedo? ¿Por qué?" – se alarmó Edward

"No quiero ser un vampiro… No cuando serán otros labios, diferentes a los tuyos, los que desgarren mi piel"

"Bella…"

"Quiero pertenecerte" – interrumpió – "Quiero ser tuya de todas las maneras. Quiero que, además del amigo y del amante en que te me has convertido, seas mi padre, el que me otorgue esta nueva virtud de vivir por siempre"

Edward escucha cada palabra expulsada de aquellos labios y, al sentir que la duda incrementaba y el deseo de acceder se hacía insoportable, la tomó entre sus brazos y la besó con arrebato y pasión. Bella, quien muy alarmada e inquieta se encontraba, respondió al beso de manera tierna; pero sin dejarse perder por el sabor de los fríos labios que le aprisionaban.

"¿Por qué?" – inquirió, con sus labios aún sobre los de ella – "¿Por qué me pides esto, lo único que me es imposible otorgarte?"

"Imposible no" – discutió Bella

"Te puedo hacer daño"

"Hazlo entonces. No me importa el dolor a tu lado"

"Estás loca, ¿Acaso no te das cuenta de lo mucho que te necesito? No puedo soportar la idea de herirte"

Bella llevó sus manos hacia el pecho de Edward y, con un movimiento débil (pues, en realidad, no quería privarse de aquel sabor tan dulce) pidió que la dejara de besar; sabía que era necesario para tener sus pensamientos en coherencia, aún si ello conllevaba a que la mirada del vampiro se ensombreciera.

"Quiero que seas tu quien me convierta" – sentenció, mirándole a los ojos.

¿Caprichosa? Sería la primera vez que lo fuera, pues consideraba al empecinamiento como un comportamiento infantil; pero, tal y como lo había dicho, no quería, en absoluto, que fuera otra persona quien la sostuviera cuando la ponzoña invadiera su cuerpo. No quería que fuera un veneno ajeno el que secara sus venas y aniquilara los latidos de su corazón… Quería recibir la muerte con el exquisito sabor que solo Edward prometía dar.

"Por favor" – suplicó, mientras sus manos tomaban a las otras, pálidas y frías – "Borra el miedo que me carcome el alma con la promesa de que, mañana, serás tu quien me transforme"

"Bella, por favor"

"No" – volvió a interrumpir, sin poder controlar más la desesperación – "¡Por favor tú, Edward!"

"Pides lo absurdo..."

"Solamente estoy pidiendo lo que, prácticamente, sería mi último deseo como mortal"

"Exacto" – acordó el vampiro, quien también iba perdiendo la suavidad de su voz para convertirla en un sonido frío y afilado – "Si yo te llego a morder, es muy seguro que, en el sentido más literal que pueda existir, ese sea tu último deseo"

"No le temo a la muerte y lo sabes"

"Pero yo si. Yo si tiemblo al imaginar un mundo sin ti"

"¡Jasper lo hizo! ¡Darío también!"

"¡Pero yo no sé si soy tan fuerte como ellos y tampoco me quiero arriesgar!"

"Cuando uno ama toma riesgos"

"Cuando uno ama, se es cuidadoso para no dañar a la persona adorada" – corrigió él y Bella ya no tuvo más palabras con las cuales discutir. Bajó la mirada y apretó sus labios fuertemente, intentando controlar el absurdo llanto que se asomaba y que no pasó desapercibido para Edward, quien la abrazó contra su pecho, terminando con la extensa distancia que se había levantando entre ambos

"Discúlpame" – pidió – "No te puedo explicar todo lo que significas para mi, Bella. Tal vez, si pudiera hacerlo, entenderías el por qué me niego a lo que tu me pides. Cuánto me gustaría, en este preciso momento, encontrar una manera de hacerte saber lo mucho que te quiero"

Bella no habló. Sabía que si lo hacía, una nueva discusión daría comienzo. Aquella noche le había resultado ser la más hermosa y, a la vez, la más triste. Hubiera sido perfecta, si no fuera por el detalle que su novio se negaba a conceder…

"Bella" – insistió Edward, ante su mutismo, acomodando su cuerpo para que su rostro quedara a la altura del suyo, frente a frente – "Dime qué piensas"

"¿Acaso importa?" – respondió, sin intención de ser grosera

"Claro que si"

"¿Cambiara lo que te pueda llegar a decir en tu decisión?"

"No me mires de esa manera, por favor" – pidió el vampiro, con voz suplicante – "Podré soportar todo, menos el hielo de tu mirada"

"Lo siento" – susurró Bella, bajando sus pupilas hacia su regazo. Una gentil mano le hizo volver la mirada a su antigua posición

"Tampoco puedo soportar el no reflejarme en tus ojos"

"Te contradices demasiado" – señaló, para lo cual, Edward sonrió tristemente

"Tu me confundes, ese es el problema" – se miraron por varios segundos, en aquella oscuridad rota por las velas que comenzaban a extinguirse. Él, que aprovechó ese pequeño instante de paz para debatirse y hacer acopio de su valor o sensatez, al fin agregó: - "Si mañana no me logro controlar, susúrrame un te amo, para recordar quien soy"

Bella tardó un segundo en asimilar aquellas palabras

"Entonces…"

"Correré el riesgo" – completó, sonriendo ante la mirada brillante que se presentaba frente a él. La gótica, que demasiado feliz se encontraba por la nueva noticia, no midió sus impulsos ni pensó mucho en retener la forma en que su entusiasmo demandaba por salir.

Se lanzó a los brazos que la recibieron de manera tierna. Su boca buscó, ansiosa, la frialdad de los labios que le enloquecían y sus dedos encontraron su lugar en la suavidad de aquel cabello cobre.

"No dejes de besarme" – pidió Bella, cuando la boca del vampiro amenazaban con abandonarla

"Ya has pedido mucho por hoy" – bromeó Edward, en medio de pequeños y cortos besos – "No sabía que fueras tan veleidosa"

"Yo tampoco" – admitió Bella, mientras levantaba su espalda y no daba oportunidad para que aquellos labios se distanciaran.

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Mientras esta pareja disfrutaba, uno del otro, Darío y Violeta caminaban por las calles de Volterra, tomados de la mano. El viento que soplaba alborotaba la larga y femenina cabellera de la niña, que todo el tiempo se la había pasado sonriendo, hasta que un singular olor llegó a su nariz

"¿Qué ocurre?" – preguntó Darío, tensando su cuerpo y cubriendo a su compañera con la espalda

"Hay intrusos por aquí cerca" – susurró Violeta y, de un momento a otro, frente a sus ojos, aparecieron varias masas pálidas y de tamaño imponente. Darío gruñó por lo bajo, mientras sus manos se tensaban de manera que, pareciera, se iban a formar garras filosas a partir de sus diminutos dedos.

Violeta hizo lo mismo y, mientras Darío impedía el acercamiento de cualquiera de ellos, ella luchaba contra los que se aproximaban por su espalda. Un pequeño descuido por parte de Darío ocasionó que un vampiro depositara una mordida en su brazo izquierdo.

"Darío" – exclamó Violeta, alarmada al pensar que algo más le podía pasar a su compañero

"Estoy bien" – aseguró – "No te preocupes por mí"

Sin embargo, y a decir verdad, si habían muchos motivos para preocuparse...

Los vampiros que les rodeaban se fueron retirando, uno a uno, conforme alguno de sus hermanos iban siendo destruidos por el poder telequinetico del niño inmortal. El hombre que había logrado traspasar su piel, le dedicó una fiera mirada antes de desaparecer. El silencio que quedó, tras la embestida de la que habían sido victimas, no fue algo que pudiera considerarse reconfortante. Violeta corrió hacia Darío y comenzó a examinar la herida que éste tenía.

"¿Estas bien?"

"Si" – contestó, con voz y mirada ausente – "¿No te parece extraño?" – preguntó, volviéndose hacia la niña, quien le escuchaba atentamente – "Decidieron marcharse, de un momento a otro… Importándoles poco dejarnos con vida"

Sus aterradas miradas se unieron en el silencio, hablando sin hablar y entendiéndose sin necesidad de expresarse. Sintiendo como la intranquilidad del peligro que se avecinaba los inundaba, de la misma forma paulatina y latente.

"Tenemos que correr hacia el castillo" – susurró Darío – "Es allá hacia donde van. Lo nuestro fue solamente una distracción, para que tu no pudieras dar el aviso de su llegada"

Violeta asintió y, mientras corrían, había algo que no terminaba de encajar. Si bien las conjeturas de Darío eran muy probables y lógicas, ¿Por qué los habían dejado con vida? Si lo que querían era que no supieran de su llegada, la muerte hubiera sido el mejor silencio… ¿Era posible que ellos aún la quisieran en su aquelarre?... Tenía tantas preguntas y ni una sola tenía una respuesta que le lograra tranquilizar.

Su miedo fue percatado por Darío quien alcanzó su mano y la sujetó fuertemente.

"Todo estará bien. No temas. Nunca dejaría que te alejaran de mí o te hicieran daño"

Al llegar, la pequeña pareja se asombró de encontrar a todos en relativa calma, viajaron la mirada hacia alrededor y no presenciaron nada extraño o inquietante.

"Darío, Violeta" – llamó Marco, al verlos – "¿Qué ocurre?"

"Los Rumanos, señor" – contestó Violeta, acercándose a él – "Hemos sido atacados por ellos tiene pocos minutos; lo extraño es que, tras morder a Darío, se marcharon. Pensamos que se debía a un complot, para tomarlos desprevenidos mientras yo me encontraba lejos y no había forma de hacerles saber su cercanía; pero, por lo visto, parece ser que nuestras conjeturas no han sido acertadas"

"Por aquí cerca no hemos presenciado ni un solo tipo de atentados" – murmuró Marco – "Quizás, solo se trataba de un grupo de nómadas salvajes" – aventuró, mientras se giraba para mirar a sus demás hermanos

"Lo más seguro es que así sea" – repuso Aro – "La guardia ha estado atenta y no se ha percatado de nada que pueda resultar anormal"

Darío y Violeta se dejaron tranquilizar, conforme las horas pasaban y no había indicio alguno de violencia o peligro; más aún así, la niña presentía que algo malo iba a pasar y la única que podía apoyarla, se encontraba en las últimas horas de su transformación, viendo horribles y ensangrentadas imágenes que se asomaban en el futuro de todos…

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Mientras, ocultos en la oscuridad de la lúgubre noche, dos vampiros legendarios, Vladimir y Stefan, seres extremadamente pálidos y dueños de figuras esbeltas y baja estatura, esperaban, sentados y pacientes, las nuevas noticias.

"Mis señores" – aclama uno de sus aliados, entrando a la tenebrosa sala – "Ella ha llegado"

"Háganle pasar" – murmura el hombre de cabello moreno, Stefan – "Azael, Damián, hijos, vengan. Creo que esto puede llamarles su atención"

Al segundo siguiente, Azael (Un inmortal con aspecto joven, cabellos largos y negros, piel pálida, de porte alto y mirada roja) hace acto de presencia junto a Damián (quien, a diferencia de él, su cabello se presenta casi plateado; pero igual de hermoso que el primero). Poco después, también aparece una mujer de cuerpo tan pequeño, que casi adquiere la apariencia de una muñeca de porcelana; ésta le tiende la mano a Vladimir, provocando que, al instante, las imágenes que su mente crea y mantiene se reflejen en un centro procreado en el aire.

La imagen nos muestra a cuatro personajes especialmente: la primera consiste en Alice y Jasper, con sus manos unidas fuertemente mientras ella soporta los últimos torturantes ardores que la convertirán en vampiro y, la segunda muestra, les trae a sus ojos a una Bella y un Edward, abrazados sobre el lecho de una cama, hundidos en su acogedor silencio.

"Parece que él la quiere demasiado" – señala Damián, viendo a Azael

"Que disfrute sus últimos momentos con ella por que, dentro de poco, seré yo quien esté en su lugar"

"Estás obsesionado, hermano"

"No tienes derecho de juzgarme, Damian, tu situación con la vidente es la misma." -

El aludido sonrié de manera descarada, al mismo tiempo que sus pupilas chispean con un aire tenebroso. Y es la imagen de ese rostro, la primera que Alice tiene al abrir sus ojos para nacer en su nueva vida.


Jeje, hola ^^. Lo siento... Si, sé que soy mala y a esta historia aún le faltan algunos trágicos problemas por contar :D ¿Qué les ha parecido? Ojala les haya gustado y me dejen un review con su opinión. Para las que se mueren por ver a Alice ya en vampiro, disculpen por la demora y si esta historia se está yendo demasiado lenta. Prometo tratar de actualizar más rapido. Hasta pronto

atte

AnjuDark