Muchísimas gracias por todos los follows, los favs y en especial por todos los Reviews que son la salsa y el verdadero regalo por el esfuerzo de escribir estas historias.

Gracias a A. Nathaniel, ABbyCG, carliis, Katra-Grey y Lica a los cuales he contestado ya por MP o por Facebook y a todos aquellos a los que no puedo responder por ninguna vía ya que no estáis registrados, os dedico unas palabras aquí:

ConstanzaMZ: 1. Cierto es. Las personas por lo general necesitamos saber que somos necesarios para los demás. Esa frase, dejó tocado a Hotch, pero aún más el hecho de que ella está dispuesta a algo más y él no tiene claro qué quiere, pese a que no quiere dejarla ir. 2. Va tras ella, pero a su manera. Le deja tiempo y aprovecha para pensar él también. Para Hotch no es sencillo. 3. ¿Ves como si va tras ella? 4. Lo siento… ya sabes, si no hay intriga no hay recompensa. ¿Y el 5? 6. A mí tampoco me gusta esa pareja, Jessica es demasiado dócil y demasiado inocente para Hotch, pero no significa que no pueda jugar con ello… hay que poner las cosas interesantes. Ya queda poco para que llegue Emily, paciencia. Espero que te guste este capítulo y como siempre, gracias amiga. (Sobre el fic de Navidad… Ya que no puedo responderte allí: Lo de la boda no es que ella piense que está en el altar. Es un símil a la situación, ella caminando hacia él con todo el mundo mirándole. Gracias por el review ;))

Belen: ¿Así que quieres final feliz? No sé… ¿Qué me das a cambio?

Guest: De eso se trata, si te dejo con la duda, sigues leyendo. ¡Gracias por comentar!

Emily hotch fan: Don't worry. His happiness will come, but first, Hotch and Emily will have to find the way to forgive each other and try to forgot the old quarrels that have led them to the current situation. The question is: will they get it alone or will they need help? Thanks for comment. I hope you love next chapter.

Emma: ¡Me alegra haberte causado esa reacción! Aun nos queda un poco que sufrir para poder ver como evolucionan entre ellos. Muchas gracias y espero que te guste el siguiente.

Lupita Trujillo: Creo que el momento de la tarjeta os ha gustado a más de una jajaja. Gracias por tu comentario como siempre amiga. Espero que el siguiente te guste. Un abrazo.


NOTA

Este capítulo estará dividido en dos partes porque es extremadamente largo y de lo contrario tardaría mucho más en publicarlo. Os presento la primera parte, dónde el Hotchniss reina y dónde todo parece agradable y tranquilo, pero no os relajéis… a partir del siguiente capítulo, no habrá descanso para nuestros héroes.

Feliz año nuevo a todos. Os deseo un año de suerte y éxitos. Un año de salud y amistad. Gracias por haberme seguido todo este 2017 pasado y por haberme dado tantos buenos momentos con vuestros comentarios. Espero que este 2018 podamos seguir compartiendo estos momentos.

Hemos llegado entre todos a los 200 reviews, algo que nunca me hubiera imaginado el día que empecé esta historia, así que, como hice con los 100, todos los que habéis dejado un review, no me importa si fue el capítulo pasado o en los 24 anteriores, podéis pedir un one-shot a vuestro gusto y como hice con los otros, los iré publicando conforme pueda. ConstanzaMZ, te debo lo de Declan, lo sé, pero he decidido hacer algo especial con eso. Así qué, siéntete libre de pedir aquí.


DISCLAIMER: Los personajes de Criminal Minds no me pertenecen, son creación de CBS.

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Capítulo 26 – Oscuridad (Parte I)

Hace dos años…

VESTUARIO (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)

QUANTICO, VIRGINIA

Me estás matando… - rezongó Hotch, no tan enfadado como quería hacer ver.

La risa de Emily lo distrajo del escrutinio que estaba dedicándole al cuerpo femenino, ataviado en un vestido rojo de infarto.

Pórtate bien y todo esto será tuyo en cuanto salgamos de Virginia. – Respondió la morena con diversión, susurrando para que nadie en el exterior pudiera escucharlos.

Hotch estiró del nudo de su corbata, en busca de aire. Acababan de terminar el turno y todos se preparaban para un fin de semana de descanso.

Desde su discusión, parecía que habían vuelto a ponerse de acuerdo. Hotch le daba un poco más de su tiempo y ella se conformaba con no pedir milagros que difícilmente pudiera cumplir y eso significaba, que Aaron había tenido que mentir a Jessica y decirle que tenía un caso para que se quedara con Jack y él pudiera dedicar su fin de semana a recompensar a Emily. Por una parte, se sentía mal. No estaba acostumbrado a mentir y Jessica no lo merecía, pero, por otra parte, tenía ganas de estar a solas con Emily, lejos de Virginia y del Equipo, dónde podrían ser ellos mismos sin miedo a delatarse y también, sabía, que Jack y Jessica disfrutaban de su tiempo juntos. Todos ganaban. Al menos, eso se decía a sí mismo para no sentirse como el peor padre y hombre de la tierra.

¿Llamaste al hotel? – Le preguntó Emily, no fiándose demasiado de que hubiera cumplido su promesa.

Sí. No habrá problema con el horario, nos esperarán. – Sacó su bolsa y cerró la taquilla mientras se giraba a mirarla. – Aunque sigo teniendo mis dudas sobre el destino.

Emily lo miró, negando con la cabeza, mientras imitaba su gesto y cerraba la taquilla, terminando.

Te gustará Atlantic City. – Siendo sincero, a Hotch no le importaba en absoluto si estaban en Atlantic City, en Las Vegas, en Reno o en Los Ángeles. Él apreciaba la compañía, pero no había podido resistirse a meterse con Emily un poco y recordarle la última vez que habían estado en Las Vegas. – Esta vez no saldrá huyendo de mi Agente Hotchner.

¿Volverás a decirme que necesitas tener sexo conmigo desesperadamente?

Yo no dije desesperadamente. - Emily le dio una palmada en el pecho. – Y no deberías utilizar las palabras de una pobre borracha para engrosar tu ego. – Le dijo, y Hotch hizo el esbozo de una sonrisa al ver como se sonrojaba recordando ese momento.

Se acercó a la puerta y la miró antes de abrirla. – Cuatro horas más. – Dijo, observando las curvas que se marcaban en el vestido rojo, con anhelo, antes de dejar salir de allí a la morena y seguirla. Tenían que terminar algo de papeleo y después, se reuniría con Emily en un restaurante a las afueras de Quantico. La dejó con Morgan y Reid, para que se despidiera de ellos, de camino a su despacho.

No hizo más que sentarse cuando JJ entró con prisas, entregándole un folder.

Acaba de llegar esto por fax. He hablado con un inspector de Talahassee. – Le dijo, mientras Aaron abría el folder que contenía las fotografías de una chica rubia y de un hombre. – Lleva el caso de una chica, Rebecca Daniels. Desapareció hace tres semanas mientras hacía jogging cerca de la universidad.

¿Y este quién es? – Preguntó Hotch, observando la fotografía del hombre.

La Policía de Florida acudió a un posible suicidio hace como una hora y media. Un hombre de mediana edad. Son fotos post-mortem. – Respondió la rubia.

Está muy tatuado. – Observó Hotch, pasando las fotos una a una.

Por todo el cuerpo. Casi completamente. – Concordó JJ. – Por eso solicitan nuestra presencia. Los tatuajes son retratos de mujeres desaparecidas, con el año de su muerte o el año en el que descubrieron sus restos. Los tatuajes se corresponden con las fotos que había en una pared junto al cuerpo. Algunos datos de las mujeres son de hace diez años. – Resumió. – Rebecca aparece también en la pared, pero no tiene tatuaje de ella en el cuerpo. El Inspector cree que puede estar viva en algún sitio.

Hotch frunció el ceño.

Avisó de su suicidio. ¿Verdad? – Asumió.

Sí… – Respondió JJ, impresionada. –¿Cómo lo…?

Es una puesta en escena. – Le explicó Hotch, antes de que JJ terminara de formular la pregunta. – Y sin público no puede haber representación. Diles que no muevan el cuerpo. – Ordenó. – Necesitamos ver lo que quería que viésemos. Si la chica sigue viva, quizá el muerto es el único que sabe dónde está.

Y eso significaba, que su plan para el fin de semana iba a sufrir un ligero contratiempo...

Se pusieron en camino al instante. Hotch agradeció enormemente que Emily se cambiara de ropa. Tenerla al lado, con todo el Equipo delante, y con ese vestido hubiera sido una tortura china para él y necesitaba de toda su concentración para ese caso.

Cuando llegaron a Talahassee, se dieron cuenta de que Hotch había estado en lo cierto. Era una escenificación. El hombre muerto estaba sentado en una butaca, de espaldas a la puerta en un viejo almacén que había alquilado semanas atrás para su propósito. La dueña no sabía su identidad, el sujeto había pagado en metálico y no había levantado sospechas. Había dejado fotografías, diarios y su propio cuerpo como parte del montaje.

JJ, reúne toda la información que puedas sobre las anteriores víctimas. Morgan y Prentiss, revisad los diarios. Dave y Reid, los tatuajes. – Ordenó Hotch. – A ver si hay pistas de dónde puede estar la señorita Daniels.

¿Hay posibilidad de encontrarla con vida? – Le preguntó el Inspector.

Es mejor no especular. – Dijo Hotch, con seriedad. Reemplazando cualquier atisbo del hombre que había estado horas antes jugando con su subordinada por el concienzudo Líder del F.B.I. – ¿Me permite ver los informes del caso de la señorita Daniels?

Sí, sí, por supuesto. – Dijo el Inspector y se alejó para ir a buscarlos mientras Hotch se acercaba a JJ, que miraba las fotografías de las víctimas.

¿Has encontrado algo? – Le preguntó.

El recorte más antiguo es de hace diez años. – JJ señaló a la primera víctima. – Están por orden, de la más antigua, a la más reciente. – Explicó. – Brenda Carlyle la primera y Rebecca Daniels la última.

Qué considerado… - Espetó Hotch, sin rastro de humor, de brazos cruzados mirando cada una de las fotografías y los recortes de prensa de las desapariciones, puestas en orden cronológico como JJ había explicado.

Una víctima al año durante diez años. Encontraron los restos de las chicas en una zona de paso en el bosque. – Siguió JJ. – Las estrangulaba después de abusar repetidamente de ellas y a la semana siguiente desaparecía otra.

Hotch frunció el ceño.

¿No secuestraba a ninguna antes de que encontraran el cuerpo de la anterior? – Preguntó.

No, nunca. – Respondió la rubia.

Entonces el ciclo es de un año. – Estuvo de acuerdo Hotch. – Las utiliza durante ese periodo y luego se busca otra nueva. No secuestra a ninguna hasta que encuentran el cuerpo de la última. Cuenta una historia y no empieza otra nueva hasta que se acaba la anterior.

Asesinos como ese, era difícil atraparlos, porque eran concienzudos, organizados y en su mayoría, extremadamente inteligentes. Las víctimas no eran del mismo Estado, lo que sugería que el SUDES sabía como funcionaba el sistema. Si no secuestraba en el mismo Estado, nadie relacionaría los asesinatos. Había salido impune durante diez años. Hotch se preguntaba, ¿qué había cambiado para que de pronto hubiera decidido acabar con su vida y mostrar su obra macabra?

Hotch reunió al Equipo para poner en común todos los puntos que sabían hasta el momento. Era metódico, compulsivo, organizado… En dos semanas había reunido todas las pruebas de sus crímenes y había montado la escena perfecta, dónde nada faltaba.

Pasó diez años sin que lo descubrieran. – Les dijo Hotch. – Pudo seguir, pero decide acabar y enseñárnoslo todo.

¡Exactamente, todo! – Exclamó Reid. – Está todo. ¡Todo! Su cuerpo, los tatuajes, los periódicos, los diarios… Todo lo reunió aquí. Quería que lo viésemos todo, que viésemos su obra, su vida. Hasta puso a las mujeres en orden cronológico. Es como gritar: miradme.

Eso ya lo hemos visto. – Espetó Rossi, sin saber a donde quería llegar el joven Doctor.

Ya, pero tenemos que reflexionar un momento. – Siguió Spencer. – Todo esto tiene su lógica. Es cómo una confesión. Una ostentosa confesión. ¿Y qué diríais si un sujeto se entrega incluso antes de seguirle la pista?

Tal vez que pretende ocultar algo. – Opinó Morgan.

O a alguien. – Dijo Hotch, aún más seguro.

Cometió un error. – Dijo Reid, mirando a Hotch un segundo antes de buscar en el diario. – En el tercer libro, casi se me pasa, pero lo pille. – Empezó a narrar en cuanto encontró el párrafo. – Creí que iba a tardar, pero hoy ha sido mi día de suerte. Ella estuvo a punto de pasar por mi lado sin darme cuenta, pero en el último momento, encontramos a la siguiente invitada.

¿Encontramos? – Preguntó JJ.

Tiene un cómplice. – Aseguró Reid, dando la razón a Hotch.

El cómplice seguramente retenía a Rebecca y tenía que tener un papel importante en la vida del SUDES, pues este poseía una personalidad dominante, por lo que, si se había suicidado para evitar que encontraran a la otra parte, esta tenía que ser verdaderamente importante.

Gracias a uno de sus tatuajes descubrieron que el SUDES había estado en la cárcel y García encontró varias coincidencias que los llevaron hasta Robert Matthew Burke. Había sido encarcelado por delitos sexuales y lo habían soltado justo cuando habían empezado los asesinatos.

Reid y JJ, descubrieron, a su vez, que los tatuajes del SUDES, no solo estaban hechos con tinta normal, sino que había tinta transparente que conectaba los rostros de las mujeres asesinadas con un espacio en blanco entre medias de los omoplatos donde descansaba un embrión en un útero. Eso les llevó a pensar que el cómplice era una mujer y estaba embarazada. El inspector se había acercado mucho a ellos con la investigación sobre Rebecca y Robert había decidido poner fin para que no se acercaran a la mujer.

García busco mujeres que visitaran a otros hombres encarcelados por violación en la cárcel, que hubieran aumentado sus visitas cuando Robert ingresó y que hubieran cesado cuando este fue puesto en libertad y, encontraron a la cómplice: Juliet Monroe.

Cuando llegaron a casa de Juliet, esta había muerto al dar a luz y Rebecca seguía viva, intentando consolar al pequeño recién nacido.

Nueve homicidios fueron resueltos y una chica había sido devuelta a su casa con su familia. No siempre todo salía tan bien y pese a que habían perdido su fin de semana, Hotch se sentía satisfecho con el trabajo realizado.

Dame tres. – Dijo Emily, en el jet, de regreso a Quantico, mientras jugaba una partida de Póker con Reid.

Uhh… - Se burló el Genio. – Tres cartas para la señorita y… una para mí.

Uhh… - Devolvió la burla Emily. – Una carta… ¿Escalera o color, Doctor Reid? ¿Qué intentas ligar?

Teniendo en cuenta que las probabilidades de conseguir una escalera con una carta son d de que para conseguir color la probabilidad es de 4,5 a 1, si fuese inteligente tendría que ir a color. – Hotch sonrió al escucharlos. – Creo que voy a apostarlo todo en esta. – Sentenció Spencer, poniendo en el centro de la mesa todas las galletas y cacahuetes que tenía.

Emily alzó una ceja e imitó el gesto.

Bien. – Dijo la morena. – Tú dirás.

¿Si tengo color o si soy inteligente? – Preguntó Reid.

Habla. – Lo retó Emily.

Pues… – Empezó Reid. – Probablemente sea un genio. Pero en realidad… intenté buscar un full de ochos seises. – Puso sobre la mesa las cartas, mostrándolas.

Ah… siempre olvido que eres de Las Vegas. – Se lamentó Emily, pero Hotch pudo ver algo en su mirada mientras la observaba de reojo, intentando que JJ y Rossi no lo pillaran. Estaba mintiendo… Reid no pareció darse cuenta de ello mientras intentaba acaparar todos los frutos secos de la mesa hasta que ella lo paró.

Full de jotas treses. – Dijo Emily.

¿Has hecho full tirando tres cartas? – Se sorprendió el Genio. – Hay una probabilidad entre cien…

97 a 1. – Lo corrigió Emily. – Te has quedado sin blanca.

Hotch tuvo que usar toda su fuerza humana para no sonreír, hasta que escuchó a Morgan preguntar:

Eh Prentiss… ¿Atlantic City?

Atlantic City ¿qué? – Intentó disimular la morena.

Venga ya… - Dijo Morgan. – Quiero saber que diablos haces tú un fin de semana en Atlantic City.

Emily rio.

Derek, siento un gran respeto por ti, pero hay preguntas que no sé si deberías hacer porque no sé si estás preparado para digerir la respuesta.

Hotch casi se atragantó, pero lo pudo disimular a tiempo. Al menos esperaba que esa respuesta hiciera que Derek abandonara su curiosidad. Emily se levantó y pasó hacia la cocina. Sus miradas se cruzaron un segundo, ambos alzando las cejas en mutuo entendimiento.

Está mujer tiene mucho dentro… - Dijo Derek.

Yo nunca pierdo. – Reid, no prestando atención a Morgan, seguía mirando las cartas, buscando la trampa.

— … Mucho dentro… - Siguió Morgan.

Quizá el fin de semana no había salido como habían planeado, pero Emily había tenido su partida de Póker y había dejado sin palabras a un par de hombres. El único perjudicado había sido él, que se quedaba sin arrancarle el vestido del cuerpo, porque el siguiente fin de semana, Emily había quedado con García y JJ para ir de compras, y, en ello estaban, cuando se vio obligado a llamar a JJ para que se presentaran todos en la Unidad. Había recibido un aviso desde la oficina en Anchorage, Alaska. Tres personas asesinadas en una semana. Los necesitaban allí urgentemente.

Franklin es una comunidad pesquera y aislada que está sufriendo mucho los efectos de la crisis y con los recientes asesinatos la gente está muy nerviosa. – Informó JJ, después de leer el folder del caso que Hotch le había facilitado.

El Sheriff local se siente perdido. Alaska no tiene un caso de un asesino en serie desde Robert Hansen. Saldremos esta noche. Dormiréis en el avión. – Dijo Hotch. – García, tú también vienes.

¿Señor...? – Preguntó la analista con duda.

He pedido una conexión vía satélite. Nos mantendrás conectados. – Respondió Aaron.

Sí, Señor. – Acató Penélope. Hotch sabía que a la rubia no le gustaba demasiado viajar con ellos y prefería quedarse en su cueva dónde lo controlaba todo, pero en esa ocasión, la necesitaban.

Esa gente está al límite. Si sigue la misma secuencia solo queda un día hasta el siguiente crimen. Hay que trabajar rápido.

Tomaron el tiempo justo para ir a casa a recoger algo de ropa de abrigo y se juntaron todos de nuevo en el hangar donde el jet esperaba para llevarlos a su destino. El viaje era de cerca de diez horas y Hotch insistió en que durmieran todos un poco antes de ponerse con los datos del caso.

Estaba mirando por la ventanilla del jet hacia la oscuridad de la noche, medio adormilado, cuando notó como alguien se sentaba a su lado. Sonrió un poco. El olor era inconfundible y no tardó en llegarle su voz, apenas susurrando.

¿No duermes? – Le preguntó Emily.

La miró y seguidamente echó un vistazo hacia el resto del Equipo. Todos estaban dormidos. Regresó su atención a ella.

Siento haberos estropeado la noche. – Le dijo. No era ese el motivo, por supuesto. Le era difícil dormir cuando se enfrentaban a un nuevo caso.

La mano de Emily se posó sobre su pierna y Hotch pudo notar el calor que emanaba de ella a través de la ropa.

Ya… - Respondió la morena, perspicaz. Alargó la mano hacia el asiento vacío de al lado, que había estado ocupando momentos antes y cogió una manta. Tapó las piernas de ambos y se acomodó en el asiento. – Voy a estar aquí despierta hasta que te oiga roncar.

Hotch frunció el ceño.

No ronco.

Emily alzó una ceja.

¿Seguro?

Aaron se mordió la mejilla. ¿Roncaba? Frunciendo de nuevo el ceño, se acomodó y la miró de reojo. Parecía divertida. Se estaba burlando descaradamente de él. Sonrió un poco y cerró los ojos, cruzando sus brazos sobre su pecho.

Mamá gallina. – Le susurró y escuchó su risa suave, antes de dormirse.

Tan solo tres horas después, y tocando el amanecer, se reunieron todos para poder puntualizar sobre el caso.

No tiene preferencias de sexo ni de raza. – Empezó Emily. – Y tampoco un método definido de matar. Creo que es alguien desorganizado.

Pero no dejó ninguna huella en el escenario del crimen y consiguió aislar a sus víctimas. – Dijo Rossi, creyendo que tal vez el asesino no fuera tan desorganizado.

Ponerse guantes y asegurarse de que no haya testigos es fácil. – Opinó Morgan. – Lo preocupante es la evolución de los crímenes.

¿Evolución? – Preguntó JJ, confundida.

Empezó por una presa fácil. Jhon Backer era sesentón, relativamente sencillo para un principiante. Dedaimia Swanson era más joven pero no creo que fuera muy difícil de dominar. – Explicó Derek.

A esos no necesitó dominarlos. – Dijo Reid. – Los mató a tiros a los dos.

Justo a eso me refería. Los mató a una distancia segura. Pero Brenda Bright era más joven y habría ejercido una mayor resistencia. ¿Por qué no le disparó a ella también? – Inquirió Morgan.

Eso apoya la teoría de la desorganización. – Dijo Hotch, dando la razón a Emily.

Quizá no consiguió lo que quería de sus primeras víctimas. – Opinó Rossi. – Brenda Bright era una mujer atractiva. La mató con una flecha, pero no se la disparó, se la clavó. El significado es claro.

Desde Anchorage un hidroavión nos llevará hasta Franklin. Al llegar, Morgan y Prentiss id al lugar del crimen. Hay que averiguar cómo acorrala a sus víctimas. Reid y Rossi, investigad los cuerpos. JJ y yo la victimología, y García, busca entre los datos de la población. – Ordenó Hotch.

Sí, Señor. – Acató la analista. – Tenéis que saber que la cobertura de móviles no es nada buena. – Les advirtió. — Hay móviles vía satélite para todos y os he programado nuestros números en marcación rápida. – Se señaló. – ¿De quién es el siete de la suerte? – Bromeó, arrancándoles a todos una sonrisa.

Al llegar a Anchorage, Hotch cedió el paso a todo el Equipo hacia el hidroavión y se montó en la parte delantera. Antes de que se pusiera los cascos para poder conversar por encima del ruido con el piloto, Morgan bromeó.

Ei Hotch, ¿ya sabrás pilotar este trasto si hace falta?

Hotch le dedicó una casi imperceptible sonrisa y Rossi le dio una palmada en el hombro a Derek, haciendo que Emily, que estaba entremedias de ambos, recibiera también con el brazo.

Te sorprenderías. – Lo retó el mayor.

Emily abrió la boca.

Las manos quietas. – Les advirtió a ambos hombres. – ¿Hay algo que no sepa hacer? – Preguntó, y Hotch sonrió para sí mismo. Lástima que no pudiera mirarla a la cara.

En realidad… – Empezó a decir Reid y todos resoplaron, agradeciendo que el piloto pusiera en marcha el motor y el ruido opacara la verborrea de estadísticas.

Al llegar a Franklin, mientras Morgan y Prentiss se reunían con la ayudante del Sheriff Flack para ver el lugar del último crimen, el resto fueron derechos a la comisaría, dónde se encontraron con el Sheriff Rhodes.

¿Dónde podemos instalarnos? – Preguntó JJ.

En la comisaría no hay mucho sitio, porque también es oficina de correos, pero he pedido que les hagan un hueco en la taberna de Carol, que está ahí en frente.

Los cinco miembros del Equipo se giraron a mirar la pequeña taberna.

Gracias. – Mejor eso que nada… Pensó Hotch.

Gracias a ustedes por venir. – Les dijo el hombre, una vez que Hotch y el Equipo ya habían emprendido la marcha hacia el lugar.

Cuando pudieron volver a juntarse de nuevo, pusieron en común todo lo que habían averiguado: el SUDES era un psicópata que experimentaba con los cuerpos. Tenía conocimientos de caza, pero eso no les ayudaba en absoluto, la mayoría de los mil cuatrocientos habitantes de Franklin habían aprendido a cazar desde pequeños, era su modo de supervivencia y, como eran tan pocos habitantes, la mayoría sabía las costumbres del resto de vecinos. Iba a ser una tarea ardua encontrar a alguien que podría ser cualquiera. Hotch ordenó al Sheriff que estableciera un toque de queda para que no saliera nadie por la noche, que era cuando habían sido cometidos todos los asesinatos. Esperaba que eso les diera tiempo a averiguar algo más.

Debemos ir a dormir para estar frescos por la mañana. – Dijo Hotch, a todos los presentes, que se congregaban ante el fuego en la taberna.

Arriba tengo cuatro cuatros libres. – Dijo Carol.

¿Cómo cuatro? – Preguntó Reid. Carol le sonrió.

Lo sentimos, pero no podemos hacer más. – Se disculpó el Sheriff Rhodes. – Su equipo es el doble que mi departamento. – Se lamentó. – Hasta mañana.

Hotch le dio las buenas noches al Sheriff antes de dirigirse al Equipo.

Compartiremos los cuartos.

Yo no pienso dormir con Reid. – Se quejó Morgan.

García agarró la mano de Derek.

Yo contigo.

Aaron, no pretendo que seas mi cuarta esposa, pero prefiero dormir contigo a dormir con él. – Dijo, señalando a Reid.

Reid les frunció el ceño a todos y Hotch suspiró. Eran como niños…

Yo dormiré con Reid. – Dijo Hotch y el genio sonrió, mirando al resto como si fueran un grupo de hermanos traviesos y él hubiera recibido el regalo de papá. Negó con la cabeza y emprendió la marcha por las escaleras. Rossi lo siguió al instante.

¿Es por la barba? – Le preguntó. – Estoy dispuesto a quitármela si lo prefieres. – Bromeó el mayor.

El resto les siguieron, riendo.

Hotch se dio cuenta, minutos después, de que debería haber aceptado la oferta de Dave. Le dolía la cabeza de escuchar a Reid hablar sobre el porcentaje de parejas que escogían tabernas como esa para pasar el fin de semana y concebían en ellas. ¿Podía haber una estadística para eso? Y… ¿tenía que decírselo cuando ambos estaban compartiendo una cama?

— … lo más curioso es que el 78% de esas parejas son amantes que tienen maridos y mujeres en la ciudad y…

Hotch no lo aguantó más. Se levantó, se cambió el pantalón de pijama por sus tejanos, se puso el polar y se dirigió a la puerta.

¿A dónde vas? – Le preguntó Reid, sorprendido.

Necesito un café. – Le dijo, por no decirle que prefería quedarse en el salón hasta que se durmiera.

El café no te ayudará a coger el sueño. – Le aconsejó el genio.

Hotch alzó una ceja mientras salía al pasillo, negando con la cabeza. Reid tampoco era un somnífero precisamente…

Se dirigió a la pequeña barra de la planta baja y comprobó que todas las luces estaban apagadas. "Bienvenido a Franklin, Aaron… ", pensó. Al parecer allí si tenían un horario estricto de nueve a cinco. Traspasó la pequeña puerta de la barra y deslizó la mirada por la variedad de bebidas del bar hasta que encontró una botella de Whisky. Se sirvió un vaso y se sentó.

Estaba sumido en sus propios pensamientos cuando notó una mano cálida en su espalda. Sonrió sin poderlo remediar al notar el olor de la dueña de la caricia y se giró a enfrentarla.

¿No te tengo dicho que no debes tocar sin avisar a un agente armado? – Le recriminó, por segunda vez en pocas semanas.

Emily lo miró de arriba abajo y Hotch sintió que todo su cuerpo reaccionaba a su escrutinio.

¿Con que piensas atacarme, Agente? ¿Con las sandalias de dormir? – Se burló Emily, aunque sabía que bajo su polar, Aaron llevaba la pistola.

Hotch alzó el vaso del que estaba bebiendo.

— Tengo un arma y si no te mata el golpe, lo hará el líquido. – Dijo, con una mueca. No había probado jamás peor Whisky que ese. – Y no llevo sandalias de dormir. – Se quejó.

Emily sacudió la cabeza, divertida y se sentó a su lado. Cogió su vaso, bebió de él e imitó la mueca de Hotch segundos antes.

No bebas esto. Vas a enfermarte. – Aconsejó, alejando el vaso de él. - ¿Qué haces aquí? – Le preguntó.

Podría preguntarte lo mismo. – Dijo Hotch y ante la ceja alzada de Emily, se encogió de hombros. – No podía dormir.

Emily negó con la cabeza.

¿Reid estaba siendo malo contigo?

Aaron sonrió un segundo, hasta que notó la mano de Emily en su muslo, deslizándose perezosamente hacia el interior y hacia arriba. Se tensó, mirando hacia atrás para asegurarse de que estaban completamente solos.

Emily… – Siseó. – ¿Qué…?

No pudo terminar la frase porque la boca de la morena lo silenció y él gruñó, rendido. Subió una mano por su brazo y tiró de ella para devolverle el beso. Era inútil resistirse, hacía tiempo que se había dado cuenta de que no podía, ni quería hacerlo. Cuando ella lo tocaba, perdía la sensatez.

Las manos de Emily se hundieron en su polar y acariciaron su cintura, tirando de él para acercarlo más a ella y Hotch sonrió contra su boca. Emily era desinhibida y perspicaz. Excitante y demasiado caliente para ignorarla.

Mordió el labio de la morena, haciendo que abriera la boca y deslizó la lengua en su interior. Sus manos se aferraron al trasero de su subordinada y presionó su erección contra el muslo de la mujer, arrancándole un gemido y entonces, escucharon el grito. Se separaron abruptamente, ambos con el ceño fruncido.

¿García? – Inquirió Emily y Hotch asintió.

Echaron a correr hacia el exterior, únicamente parándose a tomar los abrigos del colgador y se encontraron con una escena que jamás debería de haber ocurrido.

Hotch apretó la mandíbula al ver a García, arrodillada en el suelo junto al cadáver de un hombre que, si hubiera hecho caso de sus consejos y se hubiera quedado en casa, en esos momentos no estaría muerto y su subordinada no tendría que haber vivido jamás una situación como esa. García era demasiado sensible e inocente y sabía que eso iba a afectarle mucho más de lo que podía afectar a cualquiera del resto del Equipo. Por un momento, Hotch se culpó por haberla hecho ir con ellos, pero, tenía que ser objetivo. La necesitaban.

¿García…? – Susurró Emily, tomándola de los hombros e intentando apartarla del cadáver.

Hotch se acercó a ayudar, alzando a la rubia y mirando su rostro manchado de sangre, aguantando a duras penas las ganas de increparla por haber salido al exterior sola, justo cuando llegó Morgan corriendo.

¿Qué demonios ha pasado? – Espetó Derek, acercándose a la analista y tocando sus brazos y su rostro para asegurarse de que no estaba herida.

Lo vi… – Dijo García, con voz temblorosa. – Estaba frente a mi…

Morgan. Llévala dentro y asegúrate de que está bien. – Ordenó Hotch, mientras Emily se alejaba unos pasos para llamar al Sheriff. Cuando volvió a acercarse a él, señaló hacia la carretera, dónde Rhodes estaba aparcando.

Estaba aquí al lado.

Hotch asintió con el semblante serio y esperó a que el Sheriff se acercara a ellos. Sintió los pasos de Rossi y Reid a sus espaldas, aproximándose también.

Se llamaba Craig Ramey. – Dijo Rhodes. – Un pescador.

Lo conocimos esta mañana. – Se lamentó Emily. – Pensaba marcharse.

Acelera la frecuencia. Aún falta un día. ¿Por qué habrá cambiado? – Preguntó Reid, mirando a Rossi que observaba el cadáver.

Ramey les dijo a todos que pensaba marcharse. Tal vez el sujeto se enteró y lo atacó inmediatamente para evitar que huyera. – Opinó Emily.

Pero tiene que haber algo más. – Dijo Rossi, pensativo. – Trajo el cuerpo hasta la posada en la que estamos nosotros.

Nos está diciendo que no nos teme. Coge confianza. – Aseveró Hotch.

Y ha cambiado de arma. – Observó Rossi. – Parece un cuchillo con filo de sierra.

Y ha hecho más destrozó. – Dijo Reid, agachándose junto a Dave para poder tener mejor visión. – Mirad esta herida abierta. No puede saberse hasta que se haga la autopsia, pero apostaría a que se ha llevado un trozo del cuerpo. – Aseguró.

¿Qué trozo? – Preguntó Hotch, haciendo una mueca casi imperceptible, esperando que no estuvieran tratando con un caníbal.

No lo sé. – Dijo Reid, sobándose la sien. – Pero, a juzgar por el sitio diría que es el hígado o el bazo.

En ese momento, llegó Derek.

¿Te ha dado García más información? – Preguntó Hotch.

Bueno… todo lo que podía. – Respondió Morgan.

El sujeto se burla. Nos lleva ventaja. – Dijo Rossi.

Creo que le atribuís más mérito del que merece. – Rezongó Hotch. – Es un tipo desorganizado, como dijo Emily. La metodología no es coherente y cambia el método. El primer asesinato ni siquiera lo planificó. – Emily hizo una mueca y Hotch frunció el ceño, sin entender por qué.

Fue un accidente y, sin embargo, desencadenó en él una respuesta sexual. – Opinó la morena.

Morgan los miró a ambos, también, con una expresión que a Hotch le costó leer.

Entonces supo que tenía que volver a matar y ahora lo hace de forma más eficaz. – Siguió el argumento Derek.

Ya, ¿y lo de los órganos? – Preguntó el Sheriff.

El consumo indica casi siempre un deseo de conservar a la víctima. – Explicó Reid. – Le cuesta desprenderse de ella. Seguramente se trate de alguien con un trauma grande abandono.

Pronto amanecerá. Vamos a reunirnos y repasamos lo que sabemos. – Ordenó Hotch.

Se pasaron el resto de la noche sin dormir. Dieron el perfil a los pocos agentes de policía de Franklin y se unieron a ellos en las calles para buscar pistas y sospechosos. Llenaron las celdas, pero no fue hasta que hablaron con la maestra de la escuela que tuvieron una pista sólida. Joshua Beardsley, el hijo de Carol, la tabernera, había disfrutado desde siempre de la caza y había vuelto hacía dos semanas, justo cuando habían empezado los crímenes. Su padre había muerto por esas fechas y encajaba en el perfil, pero también encajaba la mitad de la ciudad al completo. Decidieron que lo mejor sería que pasara en comisaría la noche. Si no volvía a haber víctimas, significaba que tenían al hombre adecuado. Aún así, extremaron precauciones. García descubrió que todas las víctimas tenían algo en común: todas ellas iban a marcharse de Franklin, así que, buscaron a todos los habitantes que tenían pendiente marcharse y los pusieron a salvo.

Al llegar la noche siguiente, García prefirió dormir con JJ después de haber discutido con Morgan la noche anterior cuando este había intentado hacerle un interrogatorio cognitivo. No estaba enfadada, pero se sentía mejor con su amiga, así que tuvieron que reorganizar de nuevo todos los cuartos.

Prentiss… - Canturreó Morgan, sensualmente.

Emily negó con la cabeza.

Prefiero dormir con alguien que no tenga las manos flojas. – Reid sonrió, esperanzado y Emily alzó una ceja. – Ni se pase la noche llenándome la cabeza de estadísticas. – Aclaró y Rossi le pasó el brazo por encima de los hombros. – Ni ronque… – El hombre mayor frunció el ceño y se alejó de ella.

Pues yo no pienso dormir con Reid. – Volvió a discutir Derek.

Hotch se pellizcó el entrecejo, agotado.

Reid, duermes solo. Morgan y Dave, juntos. Prentiss, conmigo. Dormiré en el suelo. – Ordenó, al borde de perder la paciencia. – Es tarde y no dormimos la noche anterior. Intentad descansar.

Se dirigieron cada uno a los cuartos asignados y en cuanto Hotch y Emily atravesaron las puertas del suyo, la morena se giró a mirarlo con una ceja alzada.

¿Has dicho en serio lo de dormir en el suelo? – Le preguntó la morena, mientras sacaba de su bolsa el pijama.

Hotch esbozó un atisbo de sonrisa y se quitó el polar y los tejanos. Estaba cogiendo el pantalón de pijama de su bolsa cuando notó la mirada de Emily en su espalda desnuda y se giró a observarla. Se había quitado también la ropa y únicamente conservaba un minúsculo trozo de tela entre sus piernas y su sostén. El aire se le quedó atascado en la garganta y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para recordar que en la habitación de al lado estaban sus compañeros. La observó mientras se ponía una corta camiseta y se metía en la cama, guardándole el sitio al lado.

Se puso los pantalones de pijama y una camiseta de manga corta antes de juntarse con ella en la cama. Cuantas más capas de ropa hubiera entre ellos, más difícil sería caer en la tentación, o eso pensó. Minutos después, cuando la mano de Emily presionó sobre su pecho y ella pegó todo su cuerpo a su costado, empezó a tener serias dudas. Siendo un hombre que sabía controlarse tan bien en cualquier tipo de situación, se daba cuenta de que no tenía ningún tipo de control sobre su cuerpo en cuanto a Emily Prentiss se refería.

Notó la mano de la morena deslizándose hacia abajo. Las puntas de sus dedos rozando íntimamente su bajo vientre cuando ella metió la mano por debajo de la camiseta de dormir y comenzó a juguetear con el vello que descendía por su piel hasta perderse por la cinturilla del pantalón. Los labios de la mujer rozaron su cuello y Hotch sintió como todo su cuerpo se tensaba dolorosamente, en especial, cuando ella deslizó la mano en el interior de su pantalón y dio un tierno apretón a su miembro.

Parece que estamos contentos. – Canturreó, haciendo que Hotch cerrara los ojos y tomara una honda respiración.

Emily… – Susurró – Reid está en la habitación de al lado.

Pero tú has preferido dormir conmigo. – Le recordó y contra eso, Hotch no tenía nada que decir. Era verdad. Ante el hecho de que Emily pudiera dormir con cualquier otro, o tener que dormir él de nuevo con Reid, prefería la tortura que significaba acostarse al lado de la morena y no poder tocarla.

Todas sus ideas se vieron torpedeadas cuando la mano de Emily empezó a acariciar su miembro lentamente, mientras su cuerpo descendía. Notó su aliento caliente en su vientre y se le atascó el aire en la garganta cuando la morena tiró de sus pantalones y su boca lo rodeó. Los labios femeninos apretaron su endurecida carne y Hotch perdió totalmente el sentido. Dejó que sus manos se enredaran en el pelo de Emily y alzó las caderas, hundiéndose más en su boca, atrayéndola más a él. Emily dejó escapar un profundo gemido desde el fondo de su garganta y él sintió como el sonido reverberaba a lo largo de su miembro, cuando ella empezó a succionar con más fuerza mientras sus finas manos acariciaban su pecho por debajo de la camiseta que se había puesto precisamente para evitar el contacto directo.

Hotch se rindió a las caricias y miró hacia Emily. La visión de la morena rodeándolo, succionando y disfrutando con ello fue suficiente para que estuviera a punto de explotar. Jadeó, removiéndose y tirando de ella.

Emily le sonrió y se sentó sobre sus caderas. Ni corta ni perezosa, se deshizo de la minúscula camiseta que se había puesto para dormir y Hotch disfrutó de la vista espectacular que eran sus pechos enfundados en encaje negro.

Ya había fallado estrepitosamente en su misión de mantenerla alejada físicamente, así que, sabiéndose perdedor, se alzó y la besó, dejando que sus lenguas danzaran libremente mientras se deshacía de su sostén y liberaba sus pechos.

Hotch escuchó a Emily inhalar bruscamente cuando abandonó su boca y fue directo a sus pechos. La mejilla, rasposa por la barba que empezaba a crecer, dejó róales rojos en la pálida piel de su subordinada cuando él frotó la cara entre sus pechos y su boca lamió, mordió y succionó de uno a otro. Le colocó las manos en el trasero, cuando ella empezó a corresponder a sus caricias moviendo sus caderas sobre su miembro ya demasiado estimulado y la apretó contra él para que pudiera sentir los estragos que estaba provocándole a su cuerpo.

El gemido suave de Emily inundó la habitación y él alzó la cabeza, besándola para silenciarla a la vez que apartaba la tela de la ropa interior que los separaba y dejaba que ella se sentara sobre él, penetrándose, antes de empujarlo para que él se tumbara. Lo hizo y la llevó con él. La agarró fuerte de las caderas y ambos empezaron a moverse al compás. Las respiraciones se volvieron pesadas, los jadeos y gemidos únicamente silenciados por la boca del otro, la fricción entre sus cuerpos dura y necesitada y, entonces, Hotch lo sintió. Sintió como la morena se ponía rígida, como sus músculos se contraían y lo apresaban con fuerza y como se deshacía sobre él. Fue su turno. La volteó, la aplastó contra el colchón y empezó a hundirse rápido y fuerte en ella. La fricción de sus cuerpos lo hizo jadear y se tensó cuando las uñas de Emily se clavaron en su espalda, haciendo que explotara.

Las manos de su subordinada se enredaron en el pelo de su nuca y acariciaron suavemente, en relajantes caricias, cuando él apoyó la cabeza sobre su pecho. No se dio cuenta de que estaba sonriendo hasta que Emily habló.

¿Sabes que esa sonrisa podría curar un cáncer? – Le dijo, observándolo fijamente.

Ese halago hizo que su sonrisa se incrementara y Emily alargó la mano hasta la mesilla de noche donde descansaba su teléfono móvil. Antes de que Hotch pudiera reaccionar, ella le hizo una foto y se quedó mirando su obra por unos segundos, con una expresión que Hotch hacía mucho que no veía hacia él de ninguna mujer. Eso hizo que tragara el nudo que acababa de formársele en la garganta y carraspeara para aclarar su voz.

¿Me acabas de hacer una foto? – Preguntó.

Sí. – Respondió, mostrándole la fotografía, dónde salía él con una sonrisa post orgásmica ridícula pero extrañamente radiante. – Sonríes tan poco que tenía que inmortalizarlo.

Al ver la expresión de Emily, mirando la fotografía con total satisfacción, Hotch no fue capaz de molestarse por ello, muy al contrario, se echó hacia un lado y la atrajo con él, ambos acomodándose para dormir.

Emily dejó el teléfono en la mesilla de nuevo y Hotch apagó la luz. Momentos después, cuando Aaron pensaba que Emily empezaba a quedarse dormida, la escuchó murmurar.

Hoy me llamaste Emily delante de todos.

Hotch frunció el ceño, pensando cuando había pasado eso y cayó en la cuenta. Justo cuando habían escuchado el grito de García. Justo cuando había visto la mueca de Emily y la expresión extraña de Morgan.

Es tu nombre. – Dijo, intentando restarle importancia.

La mano de Emily acarició su brazo, reconfortándolo, pero ambos sabían que había cometido un error que podría haber puesto su relación en el punto de mira de Derek Morgan. Y Hotch, además, sabía que, si a Morgan le daba por explicárselo a García, esta removería cielo y tierra para averiguar absolutamente todo lo que escondían.

Pese al buen rato, pese a que tenía a Emily entre sus brazos, esa noche fue dura para Hotch. Se culpaba a sí mismo por estar perdiendo la cabeza. Se culpaba por haber sucumbido a Emily esa noche, por haber cruzado la línea ya incluso antes de que ambos estuvieran encerrados en una habitación. Su mente empezó a ver diapositiva a diapositiva lo que podía suponer para ellos, en especial para Emily, si el Equipo se enteraba de la relación que mantenían, así que, de mal humor como estaba, no pudo hacer otra cosa que salir de la habitación antes de que su subordinada despertara y el resto del Equipo se levantara. Se duchó y bajó al salón, esperando encontrar a Carol para que le indicara dónde podía ir a tomar el desayuno. No la vio por ningún lado, así que decidió salir afuera y buscar alguna cafetería. El paseo lo relajaría y el frío aclararía sus ideas.

Sheriff. – Saludó Hotch a Rhodes, que se acercó con expresión preocupada a él en cuanto lo vio salir por la puerta. – ¿Ha ocurrido algo?

Ha habido otro asesinato.

Rhodes le informó de la muerte de Carol y Hotch llamó al Equipo para que se presentaran abajo lo antes posible.

Prentiss. – Ordenó, con tono brusco, más del que hubiera deseado. – Ve con Morgan a ver el cadáver. Reid y Rossi a la comisaría a informar a Joshua.

Cuando Emily y Morgan regresaron, le explicaron que el SUDES había jugado con el cuerpo, le había sacado los intestinos y lo había mutilado. Sentía rabia y su modo de actuar cada vez era más impredecible. Como habían puesto a salvo a todas las personas que querían marcharse de Franklin, había escogido a otro tipo de víctima. Carol debería de haber estado en la taberna, en cambio, esa noche había variado su rutina y había estado en casa. El SUDES la había atrapado porque seguramente la habría estado siguiendo.

Joshua no se tomó nada bien lo de su madre y no era de extrañar. Ellos lo habían mantenido preso, casi acusado de ser el SUDES, mientras a su madre la mataba el verdadero asesino. Hotch se sintió aún más molesto con eso. Aunque había sido una decisión conjunta y aunque probablemente hubiera tomado las mismas decisiones de haber estado en ese caso involucrado con Emily o no, no podía dejar de pensar que le faltaba concentración y de ello únicamente tenía la culpa él por haber dejado que las cosas llegaran a esos términos.

La mutilación de Carol, les dio la pista que les faltaba. El SUDES había estado mutilando animales antes, los cuales pensaban que habían sido atacados por osos, pero al ver las fotografías, Reid constató que un animal no mutilaría de esa forma, no dejaría tanta carne y que, por lo tanto, estaban tratando con el mismo sujeto. Un sujeto que era desorganizado, tosco e inmaduro. Era un adolescente.

Eso les llevó de nuevo a la escuela, donde les dijeron que no había adolescentes masculinos. En cambio, García encontró una tesis de Joshua en la que hablaba de lo mucho que le había costado ser hermano mayor. Joshua era hijo único, por lo que Hotch supuso que tenía que ser algún amigo y la maestra lo confirmó: Owen Porter.

Owen había sufrido malos tratos por parte de su padre durante toda su infancia. Habían dicho que el SUDES podía tener un gran trauma de niño y, además, sufrir de abandono. Joshua se había tenido que marchar a estudiar a Anchorage y lo había tenido que dejar, cuando habían sido inseparables. La actitud de un padre abusador y la pérdida de la única persona con la que se sentía a salvo habían sido el desencadenante.

Hotch fue con el Sheriff Rhodes y con Reid a casa de los Porter y en cuanto el padre les abrió la puerta y les dijo de malas formas que les dejaran tranquilos, Hotch empujó al alto hombre y entró en la casa, sin permiso, sin miramientos.

Apaguen eso. – Ordenó, señalando la televisión. Reid lo hizo por ellos, mientras Rhodes entraba en las habitaciones a buscar a Owen.

¿Lo sabía? – Le preguntó a la madre de Owen. Una mujer de baja estatura y mirada triste a la que se notaba que la vida no la había tratado bien.

¿De qué está hablando? – Increpó el padre de Owen, alzando la voz.

Hotch se giró a mirarlo, su paciencia colgando precariamente de un hilo. Él, había tenido que sufrir el maltrato de un padre borracho, había tenido que proteger a una madre y a un hermano. Él, había tenido que vivir la vida que le habían dado a Owen. Por culpa de padres como Porter, niños como él se hacían asesinos. En el fondo de su corazón, Aaron siempre había temido perder la calma que lo caracterizaba y que lo había llevado por el buen camino, porque entonces, él sería como el resto de asesinos en serie que habían nacido de la rabia, el abandono y el abuso. Había perdido esa calma cuando Haley había muerto y sabía de lo que era capaz, por eso se obligaba a si mismo a alzar los muros y a creer una y otra vez que la justicia era sabia y era la que tenía que actuar.

No estaba segura hasta la noche de ayer. – Respondió la madre de Owen, antes de que Hotch pudiera decirle nada al padre. – Llegó a casa cubierto de sangre.

Se ha ido. – Dijo Rhodes. – La ventana está abierta.

No era la primera vez que lavaba la sangre de su ropa. – Le dijo Hotch a la mujer.

¡No hables más, Martha! – Le gritó el señor Porter a su mujer.

Siéntese y cállese. – Le dijo Hotch al hombre, su tono duro y malhumorado. No iba a permitir que miserables como él trataran mal a nadie delante suya. No lo había permitido cuando era un crío, mucho menos ahora que era adulto. – Le prometo que él no va a volver a pegarle. – Le prometió a la mujer.

El señor Porter pareció entender la amenaza velada en su voz y se mantuvo sabiamente callado mientras la madre de Owen les decía dónde podían encontrarlo.

La detención se complicó porque Joshua, junto con un grupo de cazadores, quisieron dar caza a Owen por su cuenta. El caso se saldó con la detención de Owen, con Joshua herido, García afectada por haber tenido que ver a una persona muriendo en sus manos y con Hotch confundido y molesto consigo mismo.

No estaba enfadado con Emily, no podía estarlo, no tenía la culpa, no podía culparla, pero él si podía culparse a sí mismo y como la culpabilidad es una perra, Hotch no pudo evitar que la situación entre Emily y él se complicara…

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CONTINUARÁ

Final de la mitad del capítulo. El siguiente será el último de la quinta temporada y el primero de la sexta. Nos vamos acercando al reencuentro de Prentiss con Doyle y a su rescate.

No se vostras… pero yo en el capítulo de Alaska (A parte de ser uno de los capítulos que más me gustan), veo a Hotch guapísimo con ese polar… Y sin él también. En ese capítulo está tremendo, sin más.

Y hasta aquí… un abrazo a todos.