N/A: Gracias por los comentarios, el apoyo de siempre y la paciencia. Había advertido en mi otra historia que no sabía cuánto tardaría en subir este capítulo, porque mi vida era un caos y tenía muy poco tiempo para escribir. A eso tuve que sumarle el hecho que mi laptop decidió morir el día jueves y el técnico no pudo revisarla hasta el día sábado. Afortunadamente, mi disco duro estaba intacto así que pude recuperar esta historia y la otra.

Según mis cálculos, no quedan mucho más de cinco capítulos.

Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen

XXVI. Noticias

Quinn estaba molesta. Últimamente nada parecía salir de la forma que ella esperaba. Atrás había quedado la emoción de fijar la fecha de la boda, del cambio de colegio de Charlie, del cumpleaños del menor, del de Rachel y de Hanukkah, bueno, aquello no era del todo cierto, pues aún faltaban 3 velas por encenderse.

Sí, emoción era lo que sentía al recordar la sonrisa de Charlie cuando entró a aquella fiesta sorpresa que Beth tanto sufrió para no revelar. El castaño parecía que nunca iba a dejar de enseñar sus dientes, que sus labios se quedarían para siempre fijos de esa forma en su cara. Rachel y Quinn no tendrían problemas con ello, esa sonrisa les iluminaba el corazón. Charlie agradeció cada saludo y apreció cada regalo. Aquella noche lloró en los brazos de Quinn, sin dejar de repetir que aquel había sido el mejor día de su vida.

Rachel le había informado a ambas rubias que Charlie nunca había tenido una fiesta de cumpleaños, al menos, no una como las que ellas acostumbraban. Beth casi lloró de angustia. Su cumpleaños era su fecha favorita de todas. Ese mismo día comenzaron a planear todo, pues querían sorprender a Charlie con la mejor fiesta de todas. Con el menor apretado contra su pecho, Quinn estuvo segura que lo habían logrado.

El cumpleaños de Rachel fue algo más calmado, pues la morena había finalizado el día anterior su gran producción. Tras meses en cartelera, el telón se había cerrado por última vez y la diva sólo quería descansar junto a su familia. Si bien la fecha en que anunciarían las nominaciones a los premios Tony estaba lejana aún, las brillantes críticas recibidas auguraban que formaría parte de las candidatas a mejor actriz y que la obra se llevaría al menos una estatuilla. Pese a que no hubo una gran fiesta de celebración, Quinn organizó una pequeña reunión en su casa junto a su familia y amigos para homenajear el aniversario del nacimiento de su prometida. Tras terminar su propia celebración privada, Rachel abrazó a Quinn, pegando su cuerpo desnudo al de su novia, agradeciéndole cada maravilloso detalle que había tenido para con ella no sólo ese día, sino todos los anteriores.

La llegada de Hanukkah al día siguiente, había creado expectación en los menores del hogar Fabray-Berry. Charlie seguía viviendo con ellas sólo los fines de semana, pues el juez no había accedido a que ellas fuesen su hogar temporal si tenían deseos de adoptarlo. Pese a las protestas, Leroy les explicó que debían respetar la decisión. Beth, una fiel seguidora de cada festividad que existía, le explicó a Charles todo lo que sabía sobre aquella importante celebración judía. También le informó que él debía convertirse a esa religión y al cristianismo, pues ella era una devota judía-cristiana y su hermano debía serlo también. Ningún adulto fue capaz de decir a la pequeña que ambas religiones no eran compatibles. Todos sabían que finalmente, lo que Beth valoraba era poder recibir regalos por Hanukkah y Navidad, no el motivo de esas celebraciones. Charlie, confundido sólo asintió. Así, ambos pequeños estaban emocionados cuando encendieron la primera vela del candelabro. Charlie no podía dormir ese día, pues era lunes, pero le solicitaron a Mary que permitiera que el pequeño cenase junto a ellas al menos, y la asistente no puso oposición.

De eso ya 5 días casi. Los cuatro días anteriores habían sido un completo desastre. Nada parecía salir bien. La noche anterior Quinn había discutido con Rachel frente a sus amigas. Todo por unos simples vestidos. Su novia estaba volviéndose una verdadera noviazilla. Kurt a cargo de todo lo relacionado con la organización, la había llamado implorando para que Rachel le diese un respiro. Por eso, cuando aquel viernes por la noche, mientras disfrutaban de una conversación junto a sus amigas como cada mes, Quinn explotó. La rubia no podía entender cómo Rachel quería prohibirle asistir a la boutique el día siguiente. Se suponía que ambas buscarían sus perfectos vestidos para su perfecta boda juntas, pero al parecer la morena había cambiado de opinión aduciendo como motivo principal, que aquello les daría mala suerte. La ex porrista intentó explicarle a su novia que ella no creía en esas cosas y que si quería, ella no vería el vestido, pero que al menos podían compartir el día junto a sus amigas. Los horarios de las chicas impedían que pudiesen designar días distintos para cada una y, honestamente, a Quinn le parecía una pérdida de tiempo.

Finalmente acordaron, gracias a la intervención de sus amigas, que todas irían con Rachel en búsqueda de aquel maravilloso vestido, mientras Quinn y Lauren iban al hogar en busca de un cuaderno que Charlie había olvidado, para luego pasar el tiempo junto a los chicos en el parque. Luego, almorzarían todos juntos y Rachel junto con Camila se quedarían a cargo de los pequeños, mientras la rubia iba con sus amigas, sus hermanas y su madre en búsqueda de su vestido. Los hombres tenían obligaciones ese día, pero Kurt había prometido pasar a ver a Rachel en la tienda al menos un momento y Puck junto con Jesse, se reunirían con las morenas en casa de Rachel para ayudarlas con los niños.

–Cambia esa cara –dijo Lauren apenas llegaron al hogar junto a los pequeños. Charlie rápidamente se había alejado en busca de lo que necesitaba, mientras que Beth y Val lo habían seguido de manera más calmada. Luke se había dormido en el camino, así que Mary les había sugerido que lo recostaran en su oficina, mientras ella lo vigilaba.

–No sé cómo soportaré todo esto hasta el día de la boda –comentó Quinn con desgana–. Rach siempre ha sido una diva, pero lo de ahora supera toda actitud. Quiero a mi novia de regreso –se quejó.

–Pronto se le pasará. Cuando note lo mal que tú lo estás pasando, bajará sus revoluciones. Sabes que eres su prioridad, siempre –señaló Lauren–. En un momento pensé que yo me terminaría casando antes que tú. Parecían las eternas comprometidas...

–Te pareces a Beth –expuso Quinn–. De pronto comenzó con esta urgencia por nuestro matrimonio... pero lo admito, yo también lo anhelo. Quiero que el día llegue y poder verla caminar hacia el altar... quiero ver sus ojos y su sonrisa tan expresiva. Estoy segura que voy a llorar.

–Creo que todos lo haremos. Hemos sido parte de su historia todos estos años... si no fuese por ustedes quizás yo no estaría con Camz... –recordó Lauren.

–En eso te equivocas, ustedes estaban destinadas, pero admito que quizás ayudamos a apresurar las cosas –sonrió Quinn.

Lo cierto era que Rachel obligó a su novia a implementar el plan que ella denominó "Hacer Camren una realidad", pues según la morena Lauren nunca daría el primer paso si no recibía un empujón. Por eso, cuando las chicas visitaron a Rachel en Nueva York, Quinn viajó especialmente para llevar a cabo la idea de su novia. Básicamente el plan consistió en convencer a las chicas de ir a un pub donde Rachel sabía que no les pedirían identificación y solicitar la ayuda de un compañero en NYADA. El chico coqueteó con Camila casi toda la noche, hasta que Lauren no pudo más con sus celos. Luego, ambas chicas fueron encerradas en la habitación de Rachel y lo demás fluyó. Sí, era un plan bastante infantil, pero Quinn jamás cuestionaba las ideas de su novia cuando se ponía en plan de celestina. De hecho, agradecía que Taylor y Puck no hubiesen necesitado ayuda para confesar sus sentimientos, porque sino su novia hubiese decidido intervenir aún más de lo que ya lo había hecho con sus muchas indirectas.

–¿Por qué se demoran tanto? –preguntó Lauren sacando a Quinn de sus pensamientos. Lo cierto es que la rubia no se había percatado del tiempo trascurrido.

–Quizás deberíamos acercarnos al patio trasero, ahí Beth siempre va a jugar –sugirió Quinn.

Pelinegra y rubia se dirigieron al mencionado lugar, pero justo cuando se acercaban a la puerta que las llevaba hasta el patio, escucharon voces infantiles cargadas de un tono algo beligerante, por lo que se detuvieron a oírlas bien antes de intervenir.

–Te olvidarás de nosotros y romperás tu promesa. Todo por culpa de ella –dijo una voz enojada que ninguna de las mujeres reconocía.

–No lo haré, y no culpes a Beth de nada, Cam –respondió con fuerza la voz de Charlie.

–¿Por qué no somos todos amigos? Mamá dice que es lindo tener amigos –la voz infantil de Valerie parecía ajena a la tensión.

–Mejor vamos en busca de mamá, Charlie –pidió la voz de Beth y a Quinn se le apretó el corazón. Su hija se refería a ella como la mamá de ambos. La sonrisa fue inevitable.

–Ella es tu mamá. ¡Charlie es huérfano, como nosotros! –afirmó la voz del mismo niño que ni Lauren ni Quinn conocían.

–No, Charlie es mi hermano. ¡Te guste o no! Eres un pesado, deberías estar feliz por él. Charlie ahora sonríe todo el tiempo. Está alegre –contradijo Beth y ambas mujeres notaban la frustración en la voz de la pequeña.

–¡Me prometiste que nos cuidarías! –se quejó el niño que respondía al nombre o apodo de Cam–. ¡Prometiste que no nos dejarías solos!

–Cameron... –Charlie suspiró–. No los abandonaré. Ni siquiera los papeles están listos... y cuando me adopten los seguiré visitando... Mira a Isabella, está asustada...

Aquello fue suficiente para Quinn, que miró a Lauren para señalarle que debían intervenir. Apenas cruzaron la puerta, el cuerpo de Beth chocó contra ella. Valerie se encontraba sentada jugando con un cubo, sin prestar atención a su alrededor. Charlie estaba erguido frente a un chico castaño que debía tener la edad de Beth, quizás un año más y que tenía de la mano a una pequeña cuyo pulgar parecía no querer abandonar su boca. El corazón de ambas mujeres se encogió ante la imagen. Los dos menores parecían un retrato de la desolación.

–¿Son tus amigos, Charlie? –preguntó Quinn intentado saber algo más sobre la situación.

–Sí, ellos son Cameron y su hermana Isabella –respondió Charlie presentado a los dos pequeños. Ambas mujeres sonrieron a modo de saludo.

–Pero qué linda señorita –dijo Lauren acercándose a la pequeña, que rápidamente se escondió tras su hermano.

–No se acerque –advirtió Cameron de manera defensiva–. A Isabella no le gustan los extraños.

Lauren asintió sin dejar de mirar a ambos niños. Quinn observó la actitud de su amiga y supo que el gran corazón de la pelinegra estaba sufriendo ante la situación. Ella había tenido la misma reacción cuando se enteró de la realidad de los menores que vivían en orfanatos y nuevamente lo había apreciado cuando conoció a Charlie.

–Isabella poco a poco se dará cuenta que no somos extraños –dijo Quinn sin borrar su sonrisa–. Quizás podríamos hablar con Mary para que les permita acompañarnos. Iremos al parque y luego a almorzar. Es hora de que conozcamos a los amigos de Charlie –agregó y miró a Lauren, quien le asintió.

–¿En serio podemos llevarlos? –preguntó con emoción Charlie.

–No perdemos nada con intentarlo –expuso Quinn encogiéndose de hombros–. Eso sí, tendrían que ir en el coche con Lauren y Val... y tendríamos que ver si Mary tiene sillas que nos pueda facilitar.

Sin esperar respuesta, Quinn caminó hacia la oficina de Mary ignorando los murmullos de Beth relativos a lo molesto que era Cameron. La rubia sabía que era complicado para los niños entender los trasfondos y sufrimientos que hay detrás de cada historia, así que decidió dejar pendiente su conversación con Beth sobre lo importante que era apoyar a Charlie y a los demás pequeños.

La paciente asistente social sonrió ante la petición de Quinn y le indicó que la metería en problemas, pero que podían llevarse a los hermanos. Además, les facilitó dos sillas que instalaron en el coche de Lauren junto a la de Val. Así, partieron rumbo al parque y Quinn sintió que su día había mejorado sólo al observar la sonrisa de su pequeño.

–Mary dijo que Cameron tenía siete años y la pequeña, tres –comentó Lauren una vez que se sentaron en un banca, observando a los niños jugar. Cameron estaba junto a su hermana ayudándola a llegar a la caja de arena, sin intenciones de dejarla sola–. Isabella no habla, Quinn.

–¿Es muda? –preguntó la rubia con cautela. Observando como Luke en su silla de paseo parecía querer despertar de su larga siesta.

–No, le hicieron los exámenes correspondientes y no lo es. De hecho, según Mary balbucea cosas, pero sólo a Cameron. Sufrieron mucha violencia en su hogar antes de llegar al orfanato. Al parecer, padre drogadicto y madre alcohólica. Temen que aquello pudo haber repercutido en Isabella, durante su gestación –explicó la pelinegra.

–Es increíble cuánto lograste saber en aquellos minutos con Mary –dijo Quinn con una sonrisa.

–Más increíble es el tiempo que te lleva acomodar tres sillas para coche –respondió Lauren igualando la sonrisa de su amiga, antes de que su rostro cambiara a uno más serio–. Siento que debemos hacer algo por ellos, Quinn. Son amigos de Charlie y han sufrido tanto, se merecen amor...

–Entiendo cómo te sientes, es frustrante saber que hay tantos niños que sufren cosas así y que hay adultos que los hieren sin más, pero ya todo el tema con la adopción ha sido tan engorroso, que dudo que nos permitan hacer algo más. No sé porqué el juez se demora tanto en concedernos la adopción. ¿Acaso no ve lo feliz que es? –Quinn estaba frustrada y su voz lo evidenciaba–. Tengo miedo que se lo lleven...

–¿Lo has conversado con Rachel? –preguntó Lauren y Quinn negó–. Quizás está así por lo mismo. Quizás libera su frustración con el tema convirtiéndose en una noviazilla. Pero no tiene de qué preocuparse, Leroy dijo que obtendrían la custodia y debemos confiar en él.

–Pero ni siquiera el juez nos dejó ser su hogar temporal –se quejó la rubia–. Charlie es nuestro. Cada día siento que se parece más a Rachel físicamente y Rach dice que es igual a mí en su actuar... No podemos perderlo... Míralo con Beth –indicó fijando su mirada en el pequeño que ayudaba a Beth a columpiarse–. Ellos son hermanos y ningún juez va a cambiar eso. Si me tengo que fugar con ellos, lo haré...

–Tu novia es una estrella de Broadway, ¿y tú pretendes pasar desapercibida en una fuga? Sin mencionar que tanto ella como Beth son incapaces de mantener un secreto... –comentó Lauren riendo.

–Sí, quizás no sea una buena idea... –acordó Quinn–. Y quizás tengas razón con lo de Rachel, puede que ese sea el motivo de su actuar.

Lauren asintió sonriendo, pero aquel gesto se borró inmediatamente de su rostro al observar a un par de niños molestar a Cameron e Isabella. Vio que Charlie ayudaba a Beth a bajarse e imaginó que el niño iría a defender a su amigo, así que decidió intervenir. Quinn vio a su amiga levantarse, tomó la silla de paseo donde Luke dormía y se dispuso a seguirla.

–Así que váyanse de este lugar, es nuestro y huérfanos no están permitidos –escuchó Lauren decir a uno de los niños y la sangré le hirvió. Quinn supo por la postura de su amiga que la rabia estaba creciendo dentro de ella y apuró su andar.

–¿Qué está pasando aquí? –preguntó Lauren con seriedad.

–¿Quién es usted? Porque Cameron no tiene mamá, todos en el colegio saben que vive en aquel orfanato junto con la muda –respondió el niño más bajo evidenciando que no tenía ningún respeto por sus mayores.

–El que vivan en un orfanato no significa nada respecto de sus familias. Y aunque no tuviese mamá, eso no es motivo para que lo trates distinto ni a él ni a su hermana. Este parque es público y todos los niños pueden jugar en él –aclaró con énfasis la pelinegra.

–Quizás tiene razón, mírala tienen el mismo color de ojos. Puede que sea su mamá o su tía –murmuró el chico más alto, Lauren lo escuchó y se sorprendió. Cameron e Isabella tenían los ojos verdes, pero no eran nada similares a los suyos, que según su novia variaban acorde la ocasión. Quizás en ese momento, producto de la rabia que la embargaba eran de un fuerte verde, como los de Cameron y su hermana.

–Y no quiero que vuelvan a repetir que Isabella es muda, porque no lo es. Ella puede hablar, sólo que no pierde el tiempo con niños como ustedes –sí, Lauren sabía que aquel era un comentario bastante infantil, pero no le importó...

–¿Te están molestando, Cam? –aquella pregunta anunciaba la presencia de Charles.

–Llegó el otro huérfano... al menos éste ya no va a nuestro colegio –comentó el niño más bajo.

–Mira niño, ya te dije que el hecho que vivan en un orfanato no significa nada. Charlie tiene una familia que lo adora –Lauren sentía que esos dos niños acabarían con su paciencia en cualquier momento.

–Eso es verdad –afirmó Charlie–. Mi mamá y mi hermana están aquí y te lo pueden reiterar si tienes alguna duda –Lauren no pudo evitar mirar a Quinn que estaba cerca de ellos, sosteniendo la silla de Luke, con Beth y Val a sus costados. La rubia tenía lágrimas en los ojos.

–Si los vuelvo a ver molestando a mis pequeños, a cualquiera de ellos –advirtió Lauren–. No seré tan simpática y me quejaré con sus padres. Les aseguro que al menos una semana de castigo recibirán. Ahora vayan a jugar a otra parte.

Ambos niños, algo atemorizados asintieron y se alejaron rápidamente del lugar.

–Acias... –susurró Isabella abrazándose a la pierna de Lauren. La pelinegra luego de su shock inicial, tomó a la pequeña entre sus brazos y la acurrucó contra ella.

–Estás en problemas –le dijo Quinn a Lauren cuando se reunieron.

–Lo sé, lo sé –respondió la chica de ascendencia cubana–. Pero, ¿por qué no nos centramos mejor en el hecho que tu chico se refirió a ti como su madre por primera vez? Al menos podrías intentar atenuar esa sonrisa gigante que tienes –se burló.

–Me dijo mamá –expuso Quinn como si Lauren no hubiese oído nada. La chica de ascendencia cubana sólo asintió con una sonrisa–. Charlie me dijo mamá...

Y con una palabra todo lo malo que había sucedido los últimos días se esfumó de la vida de Quinn. Una simple palabra que lo significaba todo. Una palabra que involucraba tantas otras. La rubia dejó de pensar en aquel juez y en aquellos trámites que tanto demoraban. Su hijo le había dicho mamá y eso era lo único que verdaderamente importaba.


Encontrar el vestido perfecto para uno de los días más importantes de tu vida puede transformarse en una tortura. Si a eso le sumas el divismo y dramatismo propio que implica llamarse Rachel Berry, la ecuación puede ser horrorosa.

Rachel y sus amigos lo sabían, así que aquel día se habían levantado con el mejor de los ánimos. Lo que nadie pudo prever fue el hecho que no necesitaron más de tres vestidos para encontrar el indicado. Simple, elegante y con personalidad. Apenas Rachel se vio en el espejo supo que la búsqueda había terminado. No le importaba el precio, aquel vestido tenía que ser suyo. La opinión fue compartida y unánime apenas puso un pie fuera del probador. Una de las dependientas agendó una visita tres semanas antes de la boda para la prueba final, luego de acordar todos los arreglos que debían hacerle al vestido para que le quedase a Rachel como un guante.

Aprovechando el tiempo que tenían, se dedicaron a ver zapatos y joyas que pudiesen mejorar sus atuendos. Rachel y Quinn habían decidido que sus damas de honor llevarían unos sencillos vestidos color rosa pastel. Santana había protestado al igual que Lauren, pero nos quejas no duraron mucho. Taylor les había recordado que se trataba de una fecha especial para Quinn y Rachel, así que debían someterse a sus elecciones.

Tras recorrer durante más de dos horas distintas tiendas en busca de los accesorios perfectos, las chicas se dirigieron al lugar acordado para almorzar. Kurt se había marchado hace al menos una hora hacia su trabajo, pues tenía asuntos importantes que solucionar.

Rachel quería ver a su novia, tras la pelea la noche anterior y algunos desencuentros días antes, las cosas no andaban de lo mejor. La morena sabía que ella era en gran parte la culpable. Su humor había sido el peor. Quería todo perfecto para su boda con Quinn, es verdad, pero en el fondo lo que la inquietaba era la lentitud con el tema de la adopción de Charlie. La diva se había cuestionado ya varias veces el porqué. Y cada conclusión a la que llegaba era peor que la anterior. Imaginarse la posibilidad que aquel juez no aceptase su solicitud de adopción era aterrador. No quería hablar con Quinn de aquello, porque no deseaba atemorizarla. Si bien Leroy había asegurado que todo saldría bien y Rachel confiaba en su papi, el temor no dejaba de rondarla.

–¿Esas son las chicas? –la voz confundida de Taylor sacó a la morena de sus pensamientos.

–¿Cómo es que mi hermana y Lauren se vayan al parque con cuatro niños y regresen con seis? Sabía que Quinnie no había aprendido bien la regla de no robar –bromeó Frannie, recibiendo una reprensión de parte de Judy.

–¿Por qué mi novia trae a una niña en sus brazos? –preguntó Camila sorprendida–. ¿No crees que ellas secuestraron a esos dos pequeños, cierto? –añadió mirando a Rachel.

–¿Qué? ¿Estás loca? Claro que no –respondió Rachel.

–Quizás Lau hizo la "gran Britt" y te consiguió una hija, Mila –se burló Taylor recibiendo un golpe de Santana, mientras Brittany sólo soltó una risita.

La "gran Britt" era la acción que trajo a Valerie a la vida de las López Pierce. Cuando las chicas tenían diecinueve años, Brittany como regalo de aniversario había ido a una clínica y se había inseminado con un donante anónimo de rasgos similares a los de Santana y de ascendencia latina. Había utilizado el fondo que sus padres le había creado para la universidad y que ella no había tenido que ocupar debido a sus becas. Santana casi sufrió un infarto al enterarse, pero con el tiempo se volvió la mujer más feliz del planeta. El día del nacimiento de Val había sido sin duda uno de los más felices de su vida. La pequeña tenía la mayoría de los rasgos de Britt, cosa que encantaba a Santana.

–Hola –saludó con una timidez impropia Lauren, mientras la niña en sus brazos escondía su rostro entre el cuello y hombro de la chica.

–Hola, mi amor –correspondió Camila, acercándose a su novia para besar sus labios–. Lolo, ¿quién es esta señorita tan linda? –preguntó casi con adoración. La verdad era que tanto Camila como Lauren eran encantadoras con los niños. Sus amigas no dudaban un minuto en dejarles sus hijos a su cuidado.

–Ella es Isabella y él es su hermano, Cameron –explicó Lauren algo sonrojada.

–Son mis amigos –añadió Charlie y Rachel volteó su mirada hacia el pequeño que sonreía agradado.

–Nos van a acompañar hoy –aseguró Beth–, aunque él no es muy agradable –agregó recibiendo una mala mirada del niño en cuestión.

Antes de que algo más pasara, Judy les pidió a los niños que la acompañaran y comenzaran a acomodarse en las mesas que les habían reservado. Los adultos siguieron rápido las instrucciones de la mujer mayor y también se ubicaron en los asientos que sobraban.

–¿Me puedes explicar qué está pasando? –pidió Rachel retrasando a Quinn, evitando que siguiese el rumbo de sus amigas.

–Cuando fuimos al hogar, Charlie tuvo una pequeña discusión con Cameron. Beth obviamente estuvo involucrada. Al parecer nuestro pequeño era su protector en el lugar. Le pedimos permiso a Mary para poder traerlos, no hay problema –explicó la rubia–. Aunque no puedo decir lo mismo de Lauren y, por ende, Camila. Isabella tuvo una conexión con Lauren, ¿sabes? Y creo que nuestra amiga no podrá resistirse a ella, ni a la terquedad de Cameron.

–¿De verdad lo crees? –cuestionó Rachel y Quinn asintió sonriendo, luego la mirada de la rubia se posó en Charlie y su sonrisa se amplió aún más. El gesto no pasó desapercibido para Rachel–. ¿A qué se debe esa tremenda sonrisa?

Quinn volvió su mirada a Rachel, sin dejar de sonreír.

–Charlie me dijo mamá –respondió Quinn y Rachel no pudo evitar formar una "o" con sus labios producto del asombro–. Estaba discutiendo con unos niños en el parque y dijo que yo era su madre…

–Eso es… eso… wow… –balbuceó Rachel con lágrimas en los ojos–. Tengo miedo de perderlo, Quinn –confesó la morena, sin poder contener sus temores.

–No lo perderemos –aseguró la rubia–. Sé que no es momento para hablar de eso, pero quiero que sepas que también estoy aterrada y no entiendo por qué el juez tarda tanto. Pese a todo, hay algo que nadie puede cambiar: nosotras somos su familia. Él lo siente así. Un juez no podrá quitarle eso. Y si lo intenta, lucharemos con todo.

Rachel se refugió en los brazos de su novia, absorbiendo sus palabras. Amándola aún más por ser su "caballero de la armadura de plata", siempre dispuesta a espantar sus temores. Sabía que todavía necesitaban conversar sobre su situación actual, pero las palabras de Quinn se habían convertido en las mejores noticias que Rachel podía desear. Así que tomó la mano de su novia y se dirigió a la mesa donde el resto de su familia la esperaba.


PS: Para quienes leer mi otra historia, Maia e Isabella están inspiradas en una pequeña muy especial que una amiga conoció hace unos años cuando trabajaba en una institución del gobierno y que hoy tiene el lujo de llamar su hija (: