Capítulo 26

Entrenamiento

―Lamento la tardanza, tuve asuntos importantes que atender ―dijo Scheherazade.

―No se preocupe Scheherazade-san ―sonrió Aladdín levantando la mirada del texto.

―Vamos a ir al grano, quiero ver sus habilidades en el campo de batalla así que vamos en el coliseo de Reim ―contestó saliendo.

La mujer los condujo por los pasillos del palacio. Durante el trayecto vieron a Akai y a Marga jugando en los jardines. Ellas los vieron y saludaron agitando sus manos sonrientes al igual que los tres magos hicieron.

―. Ya vendrán para el mediodía, tal vez podamos ver su entrenamiento. Si hablamos con Neo ―le dijo Akai guiñando un ojo.

― ¡Holaaaaa chicas! ―Exclamó la princesa Rya Alexius.

―Hola su majestad ―la saludó la mayor.

―Oh, no, no, no hace falta tanto respeto. Las amigas de mi hermano son mis amigas y sin duda ustedes lo son ―agitó la cabeza varias veces.

―E-Está bien Rya-sama ―se corrigió Akai.

―Qué he dicho que no quiero tanto respeto por mí ―se quejó mordiéndose el interior de su mejilla.

― ¿Qué esperabas Rya? Tú eres una princesa de un poderoso linaje; ellas, unas simples campesinas ―replicó Neo situándose a su lado.

― ¡Neo! ¡No seas maleducado! Ni me quiero imaginar si tienes novia.

―Nunca la tendré, soy un gladiador ―se cruzó de brazos.

― ¿Dónde estabas hermano? ―Suspiró Rya irritada.

―En una reunión con Scheherazade-sama, Muu y el líder de los Yambala ―explicó sentándose en el pasto.

―Ya veo… ¡Ah! ¡Ahí va él, Toto-chan y…! ¿Quién es ese? ―Señaló Rya con el dedo a un joven rubio que rondaba la edad de su hermano.

―Ah, ese es Alibaba ―respondió Neo.

― ¿Alibaba? ―Repitió Akai― me suena ese nombre ―cerró los ojos para concentrarse― no recuerdo dónde lo escuché.

―Alibaba viene de Sindria, él estuvo escoltando al líder de los Yambala Shambal Ramal, Toto también debe estar haciéndolo. Ella es una de las manipuladoras de Magoi y gladiador más fuerte que hay ―expresó el príncipe― no los vi durante la reunión a esos dos, ese viejo ―sonrió― ¡Oigan! ¡Alibaba! ¡Toto! ¡Al menos saluden!

Ellos voltearon la cabeza para verle sorprendidos, los príncipes de Reim se levantaron para recibir a sus amigos.

― ¡Neo! ¡Rya! ―Ambos corrieron a donde ellos estaban.

―Hola chicos ―los saludó Rya.

― ¿Qué cuentan? ―Preguntó Alibaba.

―Nada interesante ―respondió Neo.

―Tenemos visitas ¿Sabían? De Magnostadt ―cantó Rya señalando con la mirada a Akai y a Marga.

― ¿Ellas quiénes son? Toto quiere saber ―habló la mujer de pelo negro.

―Yo las presento hermano. Esta pequeñita adorable es Marga y esta persona es Akai.

―Hola ―extendieron su mano para darles la mano a los escoltas del Yambala.

―Es un gusto conocer a dos señoritas tan bonitas ―dijo Alibaba con ese clásico y tonto gesto de amabilidad― conque Magnostadt. ¿Conocen a algún mago?

― ¡Claro que sí! ―Respondió Marga saltando.

―Hay tres magos de la Academia que vinieron a aprender de Scheherazade-sama ―reveló el príncipe de Reim― esos tres están ocupando el coliseo ahora mismo.

― ¡Así que por eso Toto no pudo ir a entrenar hoy! ―Reprochó cruzándose de brazos impaciente― ojalá acaben pronto.

―Oh vamos, Toto ―rio Alibaba― ¿De casualidad son magas también?

― ¿Nosotras? ―parpadeó Akai― no, nosotras simplemente los acompañamos. Somos aldeanas de Magnostadt. ¿Vienes de Sindria? ¿Cierto? ―al ver que el muchacho asintió ella dijo animadamente―: Vaya, uno de nuestros amigos también viene de ahí. Tal vez se conocen, je, je.

Los ojos de Alibaba se abrieron de la sorpresa mientras pensaba:

―Tal vez uno de esos sea…

― ¡Alibaba! ¡Toto! ¡Neo! ―Los llamó Muu Alexius que caminó a ellos con una amplia sonrisa en el rostro.

―Muu-san ¿Podemos ir a ver el entrenamiento de los magos? ―Le rogó Rya.

―Déjame ver… ―Desvió su mirada y tarareó unos momentos― tal vez, sean discretos. Saben que nuestra magi odia los escándalos.

―Entonces vayamos todos a ver, hace tiempo que no veo una batalla mágica ―aplaudió Shambal con entusiasmo.

Todos se escabulleron al coliseo reimano, subieron unas largas y estrechas escaleras de piedra beige hasta llegar al piso más alto de la construcción donde vieron a un joven con el uniforme de Magnostadt, cabellos blancos como la nieve y brillantes ojos esmeraldas. Una expresión brillante adornaba su rostro mientras daba alientos al combate recién iniciado.

― ¿Qué ocurre Sphintus? ―Interrogó Akai acercándosele.

― ¡Ellos están peleando!

― ¿En serio? ―Sus ojos verde agua se centraron en las tres personas de la arena; Scheherazade, Titus y…

―Aladdín ―murmuró Akai.

―Feliz de verle ¿No? ―Bromeó el de Heliohapt.

Ella le devolvió el empujón sin mirarle la cara.

―Algo ―se sonrojó.

Los demás se asomaron al barandal, allí observaron la colisión de los poderes de los dos estudiantes que flotaban por todo el lugar lanzándose ataques los unos a los otros.

― Scheherazade-sama es mejor ―bufó Neo ganándose una mirada fiera de Sphintus y Akai.

―No puedo ver ―exhaló Marga intentando ponerse de puntas de pie.

―Venga, te ayudaré ―ofreció el príncipe de Balbadd cargando a la niña en sus brazos.

―Gracias señor ―sonrió alegremente― son Titus-kun y Aladdín-kun ―apuntó con su dedo.

―Wow.

Alibaba estaba más que asombrado de ver a su mejor amigo ahí, demostrando todo lo que había aprendido. Había crecido, sin duda. Podía ver que él había madurado, después de todo ya rondaba los catorce años. Estaba ansioso de hablar con él para contarse todas las aventuras que ambos habían vivido. Pero recordó algo… Su barco iba a zarpar en menos de una hora. No podía quedarse por mucho más tiempo, probablemente llegaría a ver el final del duelo; mas, luego debería partir.

―Nada mal… Nada mal ―asintió Muu.

―Parecen ser fuertes ―expresó el hermano de Rya.

―A que son ellos son las personas que estuvieron en la mazmorra. No me sorprende que te ganaran, pero esos dos no pudieron obtener el djiin. Entonces, ¿quién fue? ¿Por qué proteges a esa persona? ¿Es esa chica llamada Akai o alguien que permaneció en Magnostadt? ―Dijo discretamente.

Tal vez ellos pensaban que nadie les oía; sin embargo, Alibaba estaba prestando atención a cada palabra.

― ¿Una celda en Magnostadt? ¿Acaso Aladdín conquistó una allí? Reim tiene un ojo sobre él y sus amigos… ¿Y si lo descubren? Esto es malo ―se dijo a sus adentros frunciendo el entrecejo.

― ¿A quién proteges Neo?

―A alguien que me salvó la vida, digamos que estoy pagándole el favor con esto ―suspiró exasperado.

―Pues descubriremos al contenedor rey pronto, ya lo verás.
Además, Scheherazade-sama está muy interesada en ese tal Aladdín y en esa chica de ahí ―continuó levantando el mentón.

― ¡Vamos Aladdín, Titus, demuestren lo que los estudiantes de Magnostadt podemos hacer! ―Gritó Sphintus alentando el combate―. ¿Por qué no alientas a tu amado? ―Soltó una carcajada― creo que lo estimularía a patearle el trasero a Titus.

― ¿Quién es su amado? ―Interrogaron todos los ajenos a la situación.

― ¿Hablas de Aladdín-san? ―Dedujo Rya fácilmente― ¿Te gusta?

― ¿Q-Qué? N-no ¡Q-Qué va! ―Tartamudeó.

―Oh vamos cuenta ―insistió Alibaba pícaramente― amigo, conque te vas y ya tienes a una chica loca por ti ¿eh? ¡Suertudo! ―se lamentó a sus adentros.

―Déjenme en paz ―murmuró divisando al magi.

Él estaba esquivando los ataques de Titus tanto como podía, otros los contrarrestaba con magias opuestas para que se anulara. Sin embargo, el de Reim lanzó una cantidad grande de lanzas de hielo que derribó su borg. Se reincorporó lentamente, con sus ojos azules fijos en su contrincante. Nuevamente restauró su borg, se puso en guardia con propósito de atacar.

― ¡ÁNIMO ALADDÍN! ¡NO PIERDAS! ―Gritó Akai con todas sus fuerzas.

Todos le miraron, Sphintus sonrió y a Marga se le iluminaron los ojos. Los orbes cobalto del magi por unos momentos con las lagunas de la joven. Una sonrisa se formó en las comisuras de sus labios. Sin despegar su vista de ella pronunció un hechizo que nadie pudo oír.

― ¿Habrá dichoSharrl Sarab? ―Se preguntó el mago de Heliohapt tratando de leer sus labios.

Vapor rodeó el campo de batalla, Titus confundido bajó y corrió directamente a Aladdín.

― ¡Es hora de finalizar lo que dejamos en Magnostadt! ―Impuso apuntándole con su varita, un brillo azul rodeó la punta carmín y chispas comenzaron a emanar de ella― ¡Ramuzu!

Un rayo rompió el manto de humedad, como una serpiente atravesó al muchacho.

― ¡ALADDÍN! ―Alibaba y Akai gritaron con pánico.

Boquiabiertos mantuvieron silencio, esperando ver lo que pasaría.

― ¡Aladdín! ¿¡Estás bien?! ¡Sphintus! ¡Esto fue lejos! ―Protestó Akai.

―S-Seguro e-está bien… ―respondió Sphintus tomándola por los hombros.

Sin embargo, ahí veían la figura del muchacho que yacía en el suelo humeando. Titus se quedó congelado, sabía que esto se había ido de las manos. Muu, Neo y Rya tragaron saliva pesadamente. Marga ocultó su rostro en el hombro del miembro de la Familia Saluja. Alibaba solo miraba estupefacto, su amigo estaba…

― ¡Hadika Hadeka! ―Exclamó una voz detrás del contrincante del magi.

― ¿¡Qué?!

Este se volteó para ver a su amigo que derribó con su báculo la coraza de magoi que le protegía, estampándolo contra la barrera que delimitaba la arena. La figura que estaba en el suelo desapareció y Aladdín sonrió de oreja a oreja mientras aterrizaba en el suelo.

El báculo de Scheherazade retumbó junto a las siguientes palabras:

―El combate ha acabado.