LA VIDA QUE QUIERO

CAPÍTULO XXVI

No podía disimular el inmenso coraje y sentimiento de repulsión que le ocasionaba la presencia de ese hombre.

Con la misma expresión enojada, ella se dio la vuelta y se levantó del asiento con la intención de correr, pero Terry la detuvo rápidamente del brazo evitando que se escapara.

-¡Suéltame! – gritó ella, zafándose

-Candy, quiero hablar contigo – sonó desesperado

-¡Yo no!

-Candy por favor – volvió a jalarla y lo único que obtuvo fue una dura bofetada

-¡No me toques! ¡No me toques! ¡Nunca en tu vida me vuelvas a buscar más! ¿Escuchaste? ¡Nunca!

-¡Candy! – gritó él nuevamente pero fue inútil, ella ya había huido de su presencia.

Ya no hizo el intento de detenerla o perseguirla. Era evidente que ella sigue bastante dolida y no es para menos. Decidió ser paciente y entenderla. Después de todo, Terry no esperaba que de la noche a la mañana lo abrazara con fervor con ansias de perdonarlo, después de la canallada que hizo.

Eso él lo sabía bastante bien. Lo que hizo fue un acto irresponsable y no dejaba de reprochárselo a cada minuto.

Se dio la media vuelta y se retiró. Charlie ya le había asegurado que recuperarla no sería una tarea fácil, pero no sería él quien muriera en el intento.

No debía perder más tiempo. En este entonces Candy debía tener aproximadamente unos tres meses de embarazo, y eso es algo que él no estaba dispuesto a perderse, cada segundo que transcurriera de esa maravilla de regalo que le ofrecía la naturaleza.

Así es que se encaminó a la casa de Annie. Terry había visitado minutos antes la casa de la mamá de Candy, erróneamente pensando que ella viviría allí, pero la actitud de la señora White le aseguró que no era de esa forma. Así es que, inteligentemente pensó que su mejor amiga debe de saber sobre ella.

Una vez llegando, por casualidad se topó a Annie en la entrada de su hogar. ¿Por qué no la había visto antes? Simple. Una vez que él y Candy se separaron ella decidió renunciar a su trabajo en la empresa de Terry por solidaridad a su amiga.

-¡Annie! – Corrió hasta llegar a ella – Hola Annie

-¡Ah! Eres tú – dijo de manera indiferente

-Annie, ahorrémonos discursos, sabes perfectamente la razón por la cual vengo

-¿A preguntarme cómo he estado? – se quiso hacer la graciosa

-¿Sabes en donde está Candy? – cuestionó ignorando totalmente las bromas de Annie – la he buscado en casa de su mamá y me enteré de que no vive allí ¿Está viviendo contigo?

-Mmmm – se tocaba la barbilla – sinceramente no sé donde se estará quedando ¡Adiós Terry!

-¡Espera! ¿No piensas que te voy a creer eso?

-Si me quieres creer o no, allá tú

-Annie – la jaló del brazo al ver que la chica pretendía huir – por favor, dime donde la puedo buscar

-¿Para qué quieres buscarla?

-¿No es obvio? ¡Necesito hablar con ella! Sabes que la amo y que me es imposible estar sin ella. Sé que me porté como un patán pero estoy verdaderamente arrepentido. Por favor Annie, dime la verdad, necesito saber dónde encontrarla.

- No es a mí a quien le corresponde, Terry

-Ya veo que no estás dispuesta a cooperar conmigo. Pero de una vez te digo que la voy a encontrar. Y voy a hablar con ella, eso ni tú ni nadie me lo va a impedir

-La propia Candy puede impedírtelo. Si no desea hablar contigo no la vas a obligar

-No pretendo obligarla. Adiós Annie. Si estás dispuesta a ayudarnos, te ruego que le digas a Candy que he venido a buscarla

Y sin más qué decir, se retiró. Annie se quedó muy pensativa. Ella deseaba de corazón ayudarlos, y lograr que se reconciliaran. Pero si actuó de esa manera con Terry fue porque necesitaba del consentimiento de Candy para darle a Terry la información que pedía.

Pero, no le informó nada de tal visita a su amiga una vez que ella hiciera acto de presencia allí. No porque no le interesara, sino porque debía de hallar el momento oportuno.

Al siguiente día, Candy decidió visitar la casa de su mamá nuevamente y aclarar todas las cosas. No debía perder más tiempo, su mamá debía de estar en estos momentos muy indignada ante la actitud que tomó el día anterior. Entre más tiempo pasara, sería peor.

Y en efecto, la señora Sarah la estaba esperando ese día. Como intuyendo sus intenciones, preparó una comida especial.

-Hola mamá – saludó, con un abrazo y un beso como solía hacerlo siempre

-Hola Candy, pasa… estaba a punto de servir la comida

La señora se encaminó a la cocina pero Candy se quedó aparte, en donde encontró a Tom y también lo saludó.

Una vez terminando de comer, donde los tres se la pasaron de maravilla conversando animosamente, comenzaron la sobre mesa, pero Tom, conociendo a su hermana como la palma de su mano, decidió no estorbar en el momento, disculpándose y dejando que madre e hija hablaran a solas.

-Y bien Candy… creo que vienes a hablar conmigo de algo muy importante ¿Cierto?

-Si mamá – respondió intimidada

-Te escucho

Durante una larga media hora, la chica relató toda su historia, sin omitir nada, sintiendo la vergüenza corroer sus entrañas, pero sincerándose por completo con su madre.

-Y por eso mismo… decidí apartarme. Estoy viviendo con Annie, pero pronto buscaré otro lugar. Mamá, perdóname por no haberte informado a tiempo, pero espero que entiendas que me da mucha pena contigo. Me educaste lo mejor que pudiste, y si yo te lo pago de esta manera, no es justo. Por eso no quiero causarte molestias – y rompió en llanto

-Candy, ven aquí – la llamó cariñosamente, y la abrazó fuertemente

-Mamá, perdóname – susurró, llorando

-Mi niña – separó un poco su abrazo para mirarla a los ojos – no tengo nada que perdonarte. Tú no me has defraudado, al contrario, me has demostrado que eres una mujer valiente y maravillosa. No está por demás decirte que en esta casa tienes las puertas abiertas, para ti y tu bebé – le dijo tocando suavemente el vientre de su hija – mi nietecito

-Gracias mamá

-Pero si decides vivir tú sola, o volver con Terry, voy a respetar tu decisión. Pero eso sí, no esperes que no te visite. Estaré encima de ti todo el tiempo para vigilar que estés bien ¿De acuerdo?

-Sí mamá – la abrazó fuertemente de nuevo y lloró un largo rato con ella – gracias

Pasadas dos horas más, Tom se apareció en el comedor, donde aún permanecían madre e hija. Candy observó a su hermano, se levantó, lo abrazó, y le dio la noticia de su embarazo.

Tom se alegró, pero él es un chico tan inteligente que ya se imaginaba a la perfección que su hermana fue víctima de un hombre que no fue capaz de quedarse a su lado para apoyarla. Pero él se encargaría, al lado de su mamá, ayudarla en los momentos más difíciles. Lástima, tenía a Terry en un buen concepto, realmente pensaba que era un hombre ejemplar, y se sentía muy mal por descubrir que no era de esa manera. Pero se sentía peor por ver a su hermanita sufrir.

Una semana después, Candy tenía una importante cita con el señor Cornwell. Tardaron varias horas en su oficina conversando sobre el proyecto que le quería destinar a ella. Candy por supuesto, le informó sobre su embarazo, temerosa al pensar que eso sería un obstáculo para trabajar precisamente en el modelaje, pero contrario a lo que pensaba, el señor Cornwell tuvo la excelente idea de trabajar con una nueva línea de ropa de maternidad y justamente ella sería la modelo ideal.

Como apenas estaba por cumplir los cuatro meses de gestación, no podía trabajar en ninguno de los proyectos que le destinaran, debido a que aún no tenía la suficiente barriga para lucir la ropa de maternidad, pero tampoco podía modelar otro tipo de ropa puesto que su cuerpo ya comenzaba a sufrir los esperados cambios de un embarazo.

Hablando se entiende la gente, y como en estos momentos necesita mucho de un ingreso, el señor Cornwell no dudó en adelantarle un poco de su sueldo, el cual destinó para buscarse y pagar por un sencillo lugar en dónde vivir. Sencillo, pero cómodo, lo suficientemente cómodo para poder vivir allí con su bebé.

No tardando, su mamá y Annie la visitaron y le regalaron diversos muebles y artículos para su nuevo hogar, así como también obsequios para el futuro recién nacido.

Estaba tan contenta que hasta se decidió colaborar en un despacho legal de un abogado que fuera su antiguo profesor. Le explicó su problema y el profesional no dudó en ayudarla, puesto que era de las alumnas más dedicadas que ha tenido.

Así es que, ese era ya un doble ingreso. Tal pareciera que la vida le sonriera de grata manera, que hasta tal vez sería posible que ya no se acordara de ciertos ojos azules…

No quiere decir que no la siguiera buscando con desesperación. La realidad era que no la encontraba aún buscándola por debajo de las piedras.

Terry se atrevió a volver a visitar a Annie y nuevamente, no logró sacarle ninguna información, debido a que Candy le suplicó a su amiga que no dijera ni una sola palabra a Terry sobre su paradero.

Lo mismo sucedió cuando el chico visitó la casa de los White. La señora lo recibió con cordialidad, pero evidentemente, no con la misma amabilidad con que lo acostumbraba tratar anteriormente.

Cuando Terry cuestionó sobre Candy, la señora únicamente le dijo que ella no estaba facultada para darle información sobre su hija. Que en los problemas que tuvieran, ella no debía entrometerse y ellos los resolvieran solos.

Pero Terry le respondió que no había ninguna manera de solucionar los problemas si Candy se le desaparecía como si se la hubiera tragado la tierra y nadie estaba dispuesto a colaborar con él para darle aunque sea un indicio de su paradero.

Pero aún así, no se dio por vencido en seguir con su búsqueda. Aunque lamentablemente, fue inútil. Ni el celular, ni el correo electrónico… en ningún lado respondía.

Tres meses después…

Terry acompañó a Charlie a un centro comercial para realizar diversas compras que el chico necesitaba para su hijo.

Caminaban perezosamente por los corredores de la tienda buscando las cosas que Molly le encargara a su marido, pero no por eso dejaron de platicar ni un solo segundo.

Legaron al área de productos de bebés, y mientras Charlie felizmente escogía lo necesario para el futuro bebé que venía en camino en el vientre de su esposa, Terry se distrajo y volteó a un lugar en donde jamás se imagino encontrar lo que con tanto anhelo buscaba.

A lo lejos, una chica rubia, de cabello rizado, estaba distraída realizando también compras. Lucía un bello vestido de maternidad en color blanco y negro. Su barriga, aunque no tan abultada, hacía notar que dentro de poco tiempo se convertiría en una dulce y hermosa mamá. La sonrisa que tenía en el rostro delataba la felicidad que le ocasionaba comprar ropita de bebé.

Terry se quedó embelesado observando la escena, cuando de repente Charlie intentó sacarlo de su ensoñación. Pero al notar la causa del embobamiento de su amigo, decidió darle un momento de paz, pero solo un minuto.

-¡Terry! – le golpeó suavemente el hombro

-¿Qué?

-¿Por qué no la vas a saludar?

-¿Saludarla? ¿Tú de verdad crees que puedo llegar como un idiota a decir "hola" y que me responda con cordialidad?

-Lástima. La has estado buscando tanto, que cuando inesperadamente la encuentras, te acobardas.

-¡Yo no soy ningún cobarde! Simplemente este no es el momento ni el lugar indicado para hablar con ella

-Vaya que eres inútil. Por lo menos podrías indagar su dirección

-¿Si verdad?

-Vamos

-No lo sé – se sentía realmente nervioso. El estómago le dio un vuelco y le hormigueaban las manos

-Las mejores cosas no se planean. Vamos

A empujones lo dirigió hacia Candy, donde aún no se decidía entre comprar un mameluco en forma de gato o el otro en forma de oso.

Como disimulando, exclamando que su presencia era una extraña sorpresa, Charlie rompió el hielo.

-¿Candy? ¿Eres tú? ¡Qué tal! ¡Oh Candy, que milagro verte!

La chica volteó, y se puso igual o más nerviosa que el padre de su hijo.

-Charlie… hola – saludó volteando a ver muy discretamente a Terry que permanecía detrás de su amigo

-¿Cómo estás?

-Muy bien, gracias – se volteó a simular que estaba muy concentrada en sus compras

De inmediato Charlie le dio un codazo a Terry para que él también conversara.

-Eh… hola Candy – se sintió realmente estúpido al no saber qué decirle. Tantas horas de ensayar a solas el largo discurso que le daría una vez viéndola no dieron resultados en este preciso momento

-Hola Terry – dijo ella, sin siquiera voltear a verlo

Charlie, al ver que ambos se sentían muy incómodos decidió seguir participando.

-¿Cómo va tu embarazo, Candy?

-Muy bien, gracias – respondió cortante

-¿Y ya sabes que sexo es el bebé?

Apenas iba a negar, cuando la vendedora que amablemente atendía a Candy se metió en lo que no debía.

-¡Será un hermoso niño! – exclamó mientras terminaba de envolver las compras de Candy

La mujer entendió lo indiscreto de su intromisión al ser víctima de la mirada enojada de Candy.

-¡Un niño! Felicidades Candy – dijo Charlie

-Gracias – respondió más por cortesía que por agradecimiento

Era ahora, o nunca. Terry debía aprovechar la ocasión para tener la oportunidad de solucionar las cosas. Se puso ahora él delante de Charlie para comenzar la plática.

-Candy… te he estado buscando – susurró – me gustaría… es decir, te agradecería mucho si aceptaras hablar un momento conmigo

-Tengo prisa

-Puede ser en otra ocasión, por supuesto

Abrumada, depositó las prendas que tenía en las manos en su lugar, tomó sus compras y se dio la media vuelta para retirarse, huyendo, solo a Charlie le dijo un "hasta luego".

Intentó seguirla, pero Charlie lo detuvo.

-Está bien. Es paso a paso, nadie dice que es tarea fácil.

-Pero ¿Dónde más voy a encontrarla? ¡Es ahora que tengo que hablar con ella!

-Despacio, hermano

-¡Tú me convenciste de acercarme a ella!

-Lo sé, pero ve su actitud. Es preferible que lo asimile un poco. Por lo menos, ahora ella ya sabe que tienes intenciones de regresar.

-Eso no me sirve de nada. Necesito hablar con ella.

-Te prometo que vas a hablar con ella. Pero debes ser paciente

-¿Paciente? Te recuerdo que he esperado más de seis meses y no he resuelto aún nada

-No creo que no quiera hablar contigo. Se puso nerviosa, Terry, indicio de que aún siente algo por ti.

Cabizbajo, accedió a retirarse del lugar sin volver a intentar correr tras ella. En el camino, Charlie solamente se daba cuenta de lo loco que está su amigo.

-Un niño, Charlie… ¡Es un niño! No sabes cómo me siento

-De hecho, si lo sé

-Sí, sí… es un sentimiento bastante agradable, de verdad no me esperaba esta dicha… porque si de algo estoy seguro es de que antes de que nazca mi hijo ella estará nuevamente a mi lado

-Yo también lo creo así

-Estoy feliz, Charlie. A pesar de ese desplante tan feo de su parte me siento feliz ¡Se ve tan hermosa! ¿La viste? Es preciosa… y es la madre de mi hijo

-Y espero que sepas hacer bien las cosas, porque sin duda alguna, el regresar a tu lado la pondrá más feliz. Aunque te tienes bien merecido el desplante y los rechazos que te ha dado. Debes aguantar, todo sea para que al final valga la pena.

-¡Y valdrá la pena!

Se dirigieron a un lugar, el cual Terry apenas le iba a mostrar a su amigo. Y es que al fin logró reunir la cantidad de dinero suficiente para rentar una casa agradable.

Llegaron y Charlie enmudeció. A pesar de la austeridad, Terry tenía un buen gusto, y eso se notaba en cada esquina de la casa.

-Te quedó de lujo, hermano - exclamó

-¿Te gusta?

-Vaya que sí

-¿Crees que le guste a ella?

-Primero tienes que regresar con ella y después te planteas esa pregunta tan tonta

Terry rió de buena gana y siguió mostrándole el lugar a su amigo.

Al entrar, se veía claramente un espacio amplio donde lucía una pequeña y acogedora sala en el centro. Atrás, se visualizaba un comedor, teniendo de fondo una amplia ventana. Del lado derecho, se veía una puerta que daba acceso a la cocina, y del lado derecho, dos puertas de madera, seguramente de las habitaciones.

Los colores del hogar eran varios matices de verdes que sin duda daban confortabilidad al espacio. Pendían varios cuadros en las paredes y en general, el espacio se veía bastante agradable. Terry procedió a abrir la primera puerta, para mostrarle a Charlie la habitación principal, que constaba con una cama matrimonial y varios muebles. Al fondo, la puerta que llevaba al baño.

-Ahora, te mostraré lo mejor de la casa, ven

Procedió a abrir la siguiente puerta, entre conmocionado y nervioso pues, siendo sincero consigo mismo, le aterraba un poco la opinión de Charlie.

Pero la opinión de su amigo fue bastante positiva.

-¿Tú la decoraste? – preguntó ingresando a la habitación sin despegar los ojos de cada detalle que había allí dentro

-Así es ¿Qué te parece?

-¡De lo más genial, hermano!

Rieron animosamente. La habitación, no era otra cosa más que la que sería la recámara de su bebé. El futuro papá pensó en todo, había en medio una puerta que comunicaba esa habitación con la de los mayores. En una esquina, había una hermosa cuna mecedora, del otro lado, muebles pequeñitos. De las paredes pendían varios cuadros y al otro extremo había un mueble destinado a juguetes. Y todo, en color azul. ¿Será que ya presentía sobre el sexo que sería su bebé?

Charlie sabía que Terry hizo muchos esfuerzos para poder adquirir ese lugar y darle esa vida a su espacio. Lo felicitó y procedió a bromear.

-¿Sabes? En este momento voy a buscar a Candy donde sea que esté, y tiene que venir a ver lo que has preparado para ella y el bebé. De observar esto, estoy seguro que nuevamente cae rendida ante ti ¡De verdad!

-Cómo se ve que no la conoces…

-¡Ay ya se! Pero sería una tonta si sigue con ese orgullo que no le lleva a nada bueno. Debe de entender que su hijo necesita de su padre. Claro, después de lo que le hiciste su enojo está bien justificado, pero creo que ya te hizo sufrir más de la cuenta ¿No? Y por lo que veo, está dispuesta a seguir haciéndote sufrir.

-Que apoyo, gracias – le dijo un poco molesto

-¡Ya sabes que bromeo! Te prometo seguir atosigando a Archie para que le saque la verdad a Annie. ¡Esas mujeres! Ni siquiera a su novio le confiesa la verdad, y como a Archie ni le va ni le viene lo que suceda contigo o con Candy…

-¿Te parece si nos vamos? Mi padre va a ir a la oficina, dice que tiene nuevas noticias referentes al fraude.

-¡Ah ese fraude! Después de más de un año comienzo a sospechar que ese estafador nunca aparecerá

-Gracias, que buen amigo eres – respondió sarcástico

-Bueno… en estos momentos creo que lo que menos necesitas es acumular corajes enterándote de cosas…

-¿Qué quieres decir? ¿Qué cosas?

-Nada… solo supongo…

-¿Sabes algo Charlie? ¡Dímelo!

-No sé nada… solo trato de hacer plática, ya sabes que el embarazo de Molly me tiene un poco atarantado, discúlpame

-Está bien, vámonos entonces

Salieron directamente a la avenida, cuando, inesperadamente, fueron testigos de un espectáculo nada agradable.

En la acera de enfrente, exactamente afuera de un concurrido restaurant, estaba la misma chica rubia de vestido maternal que vieran minutos atrás en el centro comercial, pero la sorpresa, es que no estaba sola. Estaba muy bien acompañada de un apuesto y elegante hombre, mucho más alto que ella, de porte imponente, rubio y muy atento, pues en ese justo momento le estaba ofreciendo a la futura madre un discreto pero hermoso ramo de flores que ella aceptó gustosa. Pero eso no era lo peor de la escena. El hombre, se agachó a la altura de ella para regalarle un tímido beso en la mejilla, seguido de una caricia sobre sus rizos.

Los ojos de Terry chispeaban de coraje. Los entrecerraba más tratando de grabarse esa escena. Respiraba con dificultad y tragaba bastante saliva. Charlie también fue testigo del momento, y le entristeció ver la reacción de su amigo. Tristemente pensaba que, ahora sí, la estaba perdiendo definitivamente.

Continuará…

Gracias! Gracias por continuar leyendo, las quiero mucho, me hacen muy feliz con sus reviews, nos leemos muy pronto!