Disclaimer: El mismo que el otro.


¡Hola a todos! como ven, traigo un nuevo capítulo de esta linda y loca historia. Otra vez quedó largo así que espero que tengan muchas ganas de leer :D

Los espero abajito para que juntos podamos fangirlear y todo lo demás.

¡Buena lectura!


*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

Hay un solo paso

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Darien

La noche ha sido amena y por algunos instantes lo fue más de lo que imaginé posible. El otoño está llegando y definitivamente puedo sentirlo al ser abrazado por el tibio viento, incluso diría que va a llover, quizás no demasiado fuerte, pero sí lo suficiente como para que Serena esté muy entusiasmada. No exageraba cuando decía que es esta, junto al invierno, son sus estaciones favoritas.

Caminamos en silencio, tomados de la mano, mientras nos dirigimos a su casa. Ella luce contenta y cuando cruza su mirada con la mía intento transmitirle el mismo sentimiento porque sí, también lo estoy, pero en los instantes en que no me observa me permito seguir pensando en cómo abordaré el tema que necesito hablarle, el cual, haya querido o no, ha estado sobre mí a lo largo del día.

Mina tenía razón, fue buena idea ir al bar para que todos pudiéramos seguir festejando mi cumpleaños pues así, más allá de poder compartir un rato más entre todos, di con la seguridad que ahora necesitaré para enfrentar la urgente confesión. Me bastó ver el grupo que se ha formado entre mi novia, sus amigas, mi mejor amigo y yo para saber que no quiero perder eso, que ver a Serena en paz y feliz es más importante que cualquier recelo que pueda, o intente, amargarme y por ello colateralmente hacerle daño a ella. Quiero más días y noches así, quiero mantener esta nueva etapa en mi vida sin que nada tenga el poder de perturbarlo y para eso necesito que ambos luchemos, que ambos peleemos con sus fantasmas, con los míos o con los que podamos llegar a tener en común, y para eso es de vital importancia revelarlos.

Bien podría callar y asegurarme de que Serena no conozca los detalles de lo que hoy temprano pasó en el departamento. Sería la salida fácil, la ideal dirían algunos, pues esos mismos "algunos" podrían juzgarme y decir que al hacer confesiones como las que pretendo hacer serían una suerte de sabotaje a la relación, pero esos mismos "algunos" no tienen idea de qué es tener a una persona tan importante y especial a tu lado, el por qué merece saber lo que ocurre con su otra mitad después de entregarle su corazón, que lo más justo es que esté enterada de lo que le concierna, directa o indirectamente, por el simple hecho de ser, de estar…

No me será fácil, eso también me queda claro, pero no será más sencillo que callar. No puedo hacerme llamar un buen novio si lo hiciera, no al saber cómo es Serena, no al entender lo doloroso que sería si se enterara de todo gracias a otra persona que no fuera yo. Incluso si se molesta o llegase a decidir que no quiere verme por algunos días estaría satisfecho. La transparencia, la verdad y la lealtad son factores más poderosos que un resquemor.

Doblamos en una intersección y al ver la señalética en general doy con que ya estamos cerca de su casa. Aprieto su mano fuertemente, sin tener la seguridad de que podré hacerlo más adelante pues eso dependerá enteramente de la reacción que tenga tras escucharme. Me cuesta un poco, y duele, temer que algo salga mal después de esto.

Quiero creer que sabrá comprenderme.

Seguimos nuestra caminata y noto cómo Serena abriga su pecho al juntar las solapas del abrigo que eligió para usar esta noche. Luce tan bonita…

Volvemos a encontrarnos en una mirada y le sonrío, ella corresponde al gesto y lo hace también pero no solo con sus labios pues percibo que lo hace pero con todo su rostro. Luce completamente feliz.

Solo espero que siga luciendo como tal.

—Estás muy callado —menciona con apacible suavidad.

—Solo estoy algo cansado —respondo intentando mostrarme tranquilo—. Ha sido un día de grandes emociones, de inicio a fin, ¿no crees lo mismo?

—Sí —contesta tras algunos segundos de silente reflexión.

Parece haberse sonrojado. Quizás recordó lo que pasó entre nosotros en la madrugada.

—¿Disfrutaste la fiesta que ofrecieron mis padres? —consulto.

—Muchísimo —dice sin demora—. Me alegra que Mina propusiera que pasáramos a un bar después ya que en la fiesta pasé mucho tiempo con Hotaru, lo cual me hizo pensar que tal vez en algún momento mis amigas pudieron sentirse algo desplazadas, pero la verdad es que no pude evitar divertirme con ella, así que solo me queda esperar que no se hayan molestado.

—Lo dudo —menciono—, noté como las chicas te miraban y sinceramente creo que estaban felices por ti, por algo te dejaron estar tanto tiempo con mi hermana y, al menos que yo sepa, no hubo reclamos al respecto.

—Exacto, no recibí reclamos así que probablemente tienes razón, como es tu costumbre —resuelve son simpatía.

Nos detenemos al notar que ya hemos llegado a su casa. Serena busca en su bolso la llave y al abrir la puerta se detiene frente a ella. Permanece algo dubitativa, como si no supiera qué decir para terminar la velada de una manera ideal. No sé si me quiere invitar a pasar o bien desea pedir que por esta noche regrese a mi departamento.

Al verla juguetear con el llavero, clavándole la vista, guardo un prudente y pequeño silencio al intuir que, más temprano que tarde, algo dirá.

Y así ocurre.

—Puede que sea imaginación mía o que lo que piense sí sea verdad por estar cansado tal y como dijiste, pero me pareció verte distraído tras acordar que me acompañarías hasta acá, como si no hubieras querido venir del todo.

—¿Cómo? —indago.

—Pues dímelo tú, Darien —alienta—. ¿Estás así porque mañana tu familia se va? Ya algo habíamos charlado al respecto y creí que a esta altura estarías más tranquilo con el asunto.

Su preocupación cautiva mi alma con tierno amor.

¿Qué tan bueno hice en esta vida para merecerte, Serena?

—Como te dije, no me fascina la idea de que se vayan —esclarezco—, pero no es en lo que pensé en ese instante que dices, me viste distraído. Quisiera hablarte sobre eso, claro, si es que no prefieres ir a dormir.

—¿Pasas a tomar una taza de té o…?

—En realidad no, o sea, no sé…

Puede que los nervios me empiecen a traicionar.

Ya no le quedan dudas, me notó distinto y lo comprendo tras notar la expresión reinante en su rostro. No luce asustada pero sí inquieta, expectante…

—¿Estás embarazado? ¿Es de Andrew?

Inevitablemente me echo a reír tras sus absurdas y cómicas preguntas. Ella también lo hace y de esta manera, aunque no lo sepa, logra relajarme bastante y ciertamente es algo que necesitaba.

—Usamos protección, no te alertes —bromeo.

—Me alivia porque eso de ser madrastra no me llama mucho la atención.

—Bueno, lo que te diré tiene cierta relación con él, pero es lo mínimo —continúo—. Desde ya que ofrezco una disculpa por no decírtelo antes, pero no supe cómo hacerlo hasta ahora.

—Pues bien, cuéntame.

Súbitamente se me ha secado la garganta.

Carraspeo un poco y trato de hilar las palabras en tiempo récord. Mis esfuerzos no surten efecto pues sigo sin encontrar una manera suave o liviana para contarle todo y ante esto no me queda otra opción que ir al grano.

—Cuando volví al departamento él estaba hablando con Michiru en la puerta. Fue a verme con la excusa de querer saludarme al estar de cumpleaños.

—Vaya… ok.

Por más que su respuesta haya sido concisa y aparentemente tranquila, sus ojos me expresan cierto estupor al escuchar mi confesión. Queda a la vista que no le ha resultado muy agradable que digamos pero lo que sé, lo cual es bueno por ahora, es que si no me azotó la cara en la reja es porque está dispuesta a seguir escuchándome.

—Después Andrew se marchó y me quedé hablando con ella por algunos minutos. Te juro que nada fuera de eso pasó.

—Pero hablaron —recalca.

—Sí, porque conociéndola, imaginé que sería la única forma en que más adelante no volviese a insistir en un nuevo encuentro.

—¿Y me lo dices recién ahora?

¿Está enojada?, ¿ofendida?, ¿solo pregunta por el ánimo de saber o me está acusando de algún tipo de imprudencia?

Lo malo de que esté oscuro es que no puedo apreciar al cien por ciento sus reacciones y eso sí que me asusta.

—Te lo digo ahora porque creí que si lo hacía antes iba a echar a perder todo mi cumpleaños, porque nada hubiera valido la pena de haberte visto triste o enojada por esto. Espero que lo tengas presente.

—Tontito… —susurra mientras niega con su cabeza y ríe sutilmente—. Estaba preguntándote por qué esperaste pasar todo el día si podrías habérmelo dicho mucho antes. Debiste tener un caos es la cabezota por quedarte callado tantas horas.

¿Qué? ¿Dónde está la escena de celos? ¿De qué me perdí?

Tenía entendido que una mujer normal reaccionaría con todo menos empatía en un momento como este, pero aquí está Serena, con sus raras formas y modos demostrándome precisamente lo contrario.

—¿No estás molesta? —le pregunto realmente sorprendido, genuina y gratamente sorprendido.

—Mira, saber que viste a esa tipa no me hace feliz pero sé que no es algo que tú buscaras por voluntad. Si te soy sincera, un par de veces me pregunté cuándo llegaría el día en que Michiru se presentara frente a ti otra vez. Hasta se me hizo extraño que no lo hiciera antes.

—Eso quiere decir que…

—¿Que si estoy enojada? Pues sí, pero no contigo. También quiero decir que estaba preparada para cuando este momento tuviera que llegar porque siempre supe que pasaría tarde o temprano.

Sencillamente no lo creo.

Estuve todo el día preocupado por la posibilidad de tener una gran discusión o provocar un daño irreparable a la seguridad de mi novia, temí que lo lindo de todo este día se fuera por el inodoro e incluso que esto pudiera ser causal de ruptura, pero no solamente estaba equivocado, sino que Serena viene con esta sabiduría junto a un temple tan grandes que hasta logran hacerme sentir idiota. Debí confiar más en ella, en su inteligencia y madurez pues así me hubiera ahorrado bastantes conflictos internos. Qué equivocado estuve…

Mina no solo tuvo una buena idea al proponernos ir al bar, sino que acertó plenamente al decir que debía hablar con su amiga. Aquí va quedando claro que la intuición de una mujer está por sobre la certeza de un hombre.

Al no saber qué hacer o decir termino riéndome debido a los nervios. Por un lado estoy contento y por el otro algo consternado. Había imaginado que al abrir el tema de conversación tendría que deshacerme en muchas más explicaciones y disculpas pero al parecer ninguna de ellas vendrán al caso. Es ridículamente fantástico.

—¿Te hizo bien? —me pregunta.

—¿Qué cosa? —inquiero ya que no sé a qué se refiere con eso.

—No sé, hablar con ella…

—Sí y no —comento—. Sí por el punto de que pude dejarle en claro que no me interesa volver a estar con ella y no por el lado en que me amargué al no saber cómo decirte las cosas.

—¿Se puede saber que te dijo? No es obligación que me lo comentes, pero ya que dejaste en claro lo perturbado que te dejó verla, quizás quieras sacarte todo del pecho.

—No me dijo cosas nuevas para serte sincero —aclaro velozmente—, básicamente noté que sigue empeñada a aferrarse al pasado, eso seguramente por lo que tú sabes, es decir, el tema de su bisexualidad, que no la asume como corresponde y…

—Sí, sí, lo recuerdo —irrumpe Serena, asintiendo.

—Supongo que tras explicarle varias cosas no tendrá deseos de buscarme nuevamente. Michiru ya tiene más que asumida tu existencia e importancia en mi vida, también así mi rotunda negación de volver a verla en cualquier contexto, sea romántico, social o el que sea. En algún momento creí que podríamos al menos terminar como amigos, pero eso lo imaginé cuando no te conocía y ahora que estoy contigo, debes saberlo, verla o hablarle no me resulta necesario en absoluto.

Serena ya no parece querer responder y aunque ya no me inquieta su silencio, sí me provoca curiosidad saber qué pueda estar pensando. Tal vez lo más oportuno es darle la oportunidad de que absorba la información sin forzarla a saber más de lo que ella misma solicite. Debo tener esta precaución con ella de todas formas incluso cuando se muestre tranquila, lo digo porque, supongo, esto no es fácil de escuchar, no para una chica como ella que lamentablemente sabe cómo se sufre por la inseguridad resultante tras un acto infiel. Está claro que yo jamás cometería esa falta y lo más seguro es que Serena tenga la certeza de que es verdad, pero de igual manera debo ser cauto y no decir algo que pudiera despertar algún sentimiento de duda.

Reflexiva y silente, mi novia vuelve a jugar con su llavero mientras mantiene la mirada perdida en algún punto incierto, tras esto inhala profundo, levanta la cabeza y exhala lentamente, también cierra sus ojos por algunos segundos, niega y ríe a la vez. Qué señales más complejas… ¿qué estará imaginando o solucionando en su mente?

Quizás está comenzando a recordar cosas de su pasado, su tristeza… o bien las está abandonando, no sé…

—¿Serena? —me veo obligado a pronunciar tras su largo silencio.

—Si no te importa, quisiera que habláramos adentro. Sabes que tengo vecinos curiosos y no me simpatiza la opción de darles material para el chisme.

Asiento y ella hace lo mismo al ver mi reacción. Ingresamos a su casa, buscamos dónde sentarnos y tras esto, Serena busca algo en su bolso. Pronto descubro que es un cigarrillo. Era de esperar.

Una vez encendido y tras dos bocanadas, luce dispuesta a retomar la charla.

—¿No te parece curiosa la vida, Darien? —consulta con aires inocentes e irónicos a la vez—. No puede ser casualidad que Michiru se presentara ante ti justo en el día en que pasaron tantas cosas entre los dos. El destino es extremadamente caprichoso.

Hace mucho sé que esta niña es mi media naranja, pero escuchar que piensa tan, pero tan parecido a mí, llega a provocarme escalofríos.

—¡Fue exactamente lo que pensé! —exclamo probablemente exagerado—. Al igual que tú, yo no creo en las casualidades. Tal vez ella reapareció hoy, precisamente en el día en que más que nunca sé que solo quiero estar junto a ti y no lo digo solo por lo que pasó entre nosotros sino que por todo, o sea, nuestra noche juntos, la fiesta junto a mi familia y la salida entre nuestros amigos. Hoy ha sido un día en que ambos pudimos ver que esta relación es fuerte y profunda en muchos sentidos y… ¿te estoy dando la lata?

—No, te estaba escuchando atentamente aunque ya te hayas puesto más cursi de la cuenta —contesta entre risas y burlas, tal y como es su costumbre.

—Sí, perdóname… pero en mi defensa digo que es tu culpa. Yo no era así hasta que me enamoré de ti —que me diga cursi no es algo que vaya a coartarme, por el contrario, me incentiva a serlo más.

Tras un nuevo silencio, el que es más cómodo que los anteriores, nos observamos de manera cómplice y sonreímos suavemente. Me pierdo una vez más en esos ojos maravillosos, en esa pícara dulzura que me regala puedo sentir como mi nerviosismo comienza a ceder. Ella es así, tiene ese poder, esa magia.

—¿Por qué elegiste contarme esto, Darien? —consulta. Me sorprende.

—¿No lo sabes? —cuestiono con cierto aire irónico.

—Creo saber, pero quisiera que lo confirmaras —responde sagaz.

—Porque me parece lo más justo —digo de inmediato—. Hasta ahora nuestra relación se ha basado en la transparencia y no veo la necesidad de que eso cambie. Siempre nos hemos dicho la verdad y pretendo que eso se mantenga.

—Estoy totalmente de acuerdo —comenta con ligereza—, pero de todas formas me llama la atención. Lo digo porque todo esto fue algo que bien pudiste callar, pero contármelo es importante y lo agradezco.

—¿Agradecer? Serena, no creo que debas darme las gracias por esto.

—Pues yo creo que sí —responde veloz—, el que me contaras todo esto me provoca algo… no sé cómo definirlo con exactitud, pero sí puedo decir que se siente bien.

—Siendo franco… pensé que te causaría lo opuesto —confieso.

—¿Pensaste que entraría en un ataque de paranoia celópata? —pregunta con tintes de broma y seriedad a la vez.

—No algo tan grave como eso, pero sí incomodidad o algo por el estilo —digo, igualando su manera de hablar.

—Darien… independiente de que dijeras que no te interesa compartir con ella ni siquiera en un ambiente social, no puedo tapar el sol con un dedo… ustedes asisten a la misma universidad y más de alguna vez se encontrarán. Si me fijara excesivamente en eso terminaría volviéndome loca y no es lo que quiero para mí. Tengo que saber lidiar con la idea de que la seguirás viendo, quiera o no.

—Pues como no estudiamos la misma carrera, créeme que esas ocasiones son las mínimas. Antes compartíamos un mismo grupo de amigos pero ya no es así, por ende tengo pocas instancias para cruzármela.

—Y aunque fueran muchas, amor, intento no fijarme en eso —argumenta veloz—. Ya te conozco bastante bien y eso me hace confiar en ti, sin contar con que si tuvieses la brillante idea de engañarme, quien reencarnará como papel higiénico en la próxima vida serás tú y no yo, lo cual, creo, tienes más que presente.

—Merecería eso y algo peor si se me ocurriera hacer algo tan idiota como serte infiel —digo, aprovechando una de sus pausas—. No lo dudes.

—Entonces no debo preocuparme, ¿ves? —resuelve con optimismo y seguridad.

Me encanta verla así.

Serena tiene todo lo que una mujer necesitaría para sentirse plenamente segura, siempre lo ha tenido, y verla consciente de ello solo logra fascinarme todavía más.

—Tienes razón —resuelvo feliz—. Si de algo no debes preocuparte es de Michiru, ni de ella ni de cualquier otra.

—Lo sé… en serio, lo sé.

Lenta y amorosamente Serena se acerca hacia mí y me acaricia la mejilla, mi acto reflejo es tomar su mano, apretarla y depositar en ella un beso. Este regalo que me está dando, esta confianza tan grande, es muy valioso para mí.

¿Cómo fallarle? ¿Cómo no ser la mejor versión posible de mí mismo cuando ella me ama de esta manera?

Imposible.

—Gracias por esto, amor. Podré irme tranquilo al saber que estarás bien.

—¿Irte? —cuestiona—, no contaba con eso.

—Imaginé que querrías zafarte de mí tras estar todo el día juntos —respondo lúdicamente.

—Pues imaginaste mal —esclarece con romántica sátira—. Oficialmente tu cumpleaños aún no termina así que, y solo si quieres, podríamos buscar alguna manera para finalizarlo de una manera… simpática.

Existe gente que tiene buena suerte y luego yo.

—Me gusta tu idea —respondo cómplice.

Un aire misterioso nos envuelve mientras clavamos en el otro la mirada. Inevitablemente sonrío al intuir qué pasará.

Parece ser que la noche está lejos de terminar y eso me encanta.

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Serena

¿Ya son las siete de la mañana? Increíble cómo pasa el tiempo cuando lo pasas bien y cuentas con excelente compañía.

Estoy cansada por varios factores a considerar, pero el más grande se debe a lo ajetreado que fue el día de ayer y sin embargo no me quejo pues sé que Darien lo pasó bastante bien en su día especial. Ahora, queramos o no, viene la parte mala que es despedir a su familia. Calculo que debemos irnos de aquí en aproximadamente dos horas más si queremos llegar al aeropuerto a tiempo. Sé que tendría que despertarlo pero lo veo dormir tan cómoda y plácidamente que me provoca tristeza interrumpirlo, así que opto por bajar, adelantar algunas cosas como el desayuno y solo ahí decirle que ya debe levantarse, esto le vendrá bien ya que no solo dormirá más sino que enfrentará con un ánimo distinto todo lo que pasará. Solo espero que después no termine demasiado cabizbajo porque me dolería y no sabría qué hacer para levantarle el ánimo…

Bueno, quizás sí sé, pero no debería estar barajando el sexo como la panacea dentro de la relación.

Me pongo de pie de la manera más sigilosa que me sea posible. Darien se queja un poco al captar mis movimientos pero no veo una sola intención de que pretenda levantarse, por lo mismo camino en puntillas hasta llegar a la puerta de mi habitación, la cual cierro lenta y suavemente para que el plan siga su curso. Ya fuera de esta puedo movilizarme con mayor libertad, así que recorro la casa en paz. Bajo, me dirijo a la cocina, abro el refrigerador y veo que todavía nos queda pastel. No será el desayuno más saludable de la vida que digamos, pero viendo que debo aprovechar el tiempo lo más posible, una rebanada de esto y una taza de café servirán como engaño para el estómago. Enciendo la cafetera y bostezo casi eternamente porque sí, tengo flojera, pero no será esta más fuerte que el deseo de acompañar a Darien a algo tan importante como es decirle adiós a los suyos. Debo estar ahí, debo apoyarlo, no por obligación sino por cariño.

Medito qué podría hacer tras volver del aeropuerto y lo que primero se me ocurre es invitar a Darien a almorzar. Lo sé, estoy pensando mucho en comida, pero así me hizo Dios, total y absolutamente hambrienta.

¿Compenso el desayuno con una comida liviana? Tal vez debería preparar algunas ensaladas con una carne a la plancha o algo así, ¿o podría ser pescado?, eso sí es más light pero lo malo es que, al menos a mí, me deja con hambre de todas maneras. Un punto medio sería comprar pollo, quizás algunos filetes de pechuga y ya, todo esto sin refrescos ya que mis niveles de azúcar en sangre deben estar por los cielos tras tanta cosa que comí ayer así que prepararé té verde, el cual expía mi pecado de gula siempre que lo necesito.

El menú ya está planeado, ¿qué me queda por organizar?, bueno, debería volver para lavar ropa, esencialmente el uniforme pues ya mañana vuelvo al trabajo y tras tanto permiso de Lita lo más decente que puedo hacer es presentarme de manera impecable y laborar hasta quedar exhausta.

Si ya tenía flojera, pensar en todo lo que me espera mañana me da aún más pero bueno, es lo que me toca y no puedo quejarme, esta es mi vida ahora y el trabajo es algo que necesito pues aunque mamá aporte con dinero a casa yo también lo hago para cubrir los gastos de la misma. Atrás quedó la Serena que recibía mesada y que usaba el dinero solo para fines recreativos o derechamente infantiles, ahora me preocupo de tener cómo pagar la cuenta de mi celular, mi ropa, el internet, objetos para el hogar, etc.

Bienvenida vida de adulto.

Por un lado estoy tranquila al sentirme más independiente, pero a la vez, probablemente siendo una de las pocas cosas buenas que pueda recordar de mi niñez, es pensar en lo sencilla que era la vida sin tener que preocuparme de los gastos. Antes solo metabolizaba oxígeno sin ser consciente de mi alrededor, de que vivir salía caro y que el dinero no llega a mis bolsillos solo porque me portaba bien, limpiaba mi habitación o hacía la tarea. Extraño esa simpleza pero no me gustaría volver a ella. Sí, suena contraproducente pero así me siento, así soy, un enredo total.

Por ahora esto funciona y sepa el universo qué me esperará después. Ya no planeo mucho, hoy por hoy me dejo sorprender y vivo el día sin darle demasiadas vueltas. Digo esto porque una persona en vías de independencia ya iría planificando buscar una casa, otro empleo, familia, hijos y todo lo demás, pero eso no me sucede a mí, al menos no en este periodo, y no es porque no tenga proyecciones o crea que siempre estaré trabajando en aquella cafetería con Lita, sino porque prefiero no complicarme, no volverme ansiosa e imaginar un futuro para que después todo salga al revés. Tal vez es sensatez, quizás miedo, no lo sé y por lo pronto no me interesa descubrirlo.

Noto que el café ya está listo así que comienzo a cortar el pastel para servir el desayuno. Mientras estoy en ello escucho que alguien abre la puerta y lo más seguro es que sea Ikuko. No volteo de inmediato ni saludo, mejor saco otro platillo para de inmediato darle un trozo de pastel en caso de que no haya comido algo, cosa que no me extrañaría considerando lo temprano que es.

—Hola.

Al saber que me he equivocado y quien entró a casa no es mi mamá, siento que el corazón se me escapa por la boca.

¿Es en serio?

—¡Sammy! —grito tras haber dado la vuelta, viéndolo así cara a cara.

—Creí que nadie estaría y por eso no toqué el timbre —dice antes de lanzar su mochila sobre el sofá.

—Me alegra ver que todavía conservas tu llave —comento al paso.

—La costumbre quizás.

¿Está molesto? No parece particularmente feliz…

—Costumbre o no, de verdad me pone contenta verte. Te echaba de menos.

—¿De verdad? Porque no vi una sola llamada tuya en mi celular —reprocha mordaz.

—Pues te he llamado varias veces, pero mamá dijo que habías cambiado tu número y no lo tenía, ¿eso es verdad? —inquiero para saber si mintió o no.

—Lo es. No se lo di porque en realidad ni teniéndolo se tomaría la molestia de ubicarme.

—¿Y yo? ¿Acaso estoy pintada?

—Ella, tú… no veo mucha diferencia.

Me duele ver a Sammy tan lejano e inaccesible, tan frío, tan envenenado…

—Sabes que no puedo ir a visitarte como quisiera porque no soy una persona grata para Saori, de hecho ni siquiera para nuestro papá, así que…

—Excusas, hermanita. Bien podría recibirte afuera.

—Y bien podrías venir más seguido, ¿no crees?, midámonos por la misma vara, es lo más justo —replico.

—Pues no, no lo es —contesta sagaz—. Yo no tengo las mismas libertades que tú.

—No es necesario que discutamos —le respondo intentando calmarme—. Nos vemos tan poco que gastar el tiempo de esta manera, de verdad, no tiene sentido.

—Solo vine a buscar algunas cosas y me voy así que no te preocupes —dice con un desdén que ciertamente no puedo dejar pasar.

No soy una desconocida, menos una enemiga, soy su hermana y lo quiero aunque lo dude o bien lo niegue.

—¿Te dieron plazo? —consulto.

—Una hora —responde seco.

—Si quieres te ayudo a buscar eso que quieres llevarte y te doy algo para desayunar en caso de que quieras o bien no hayas comido aún —digo con el tono más conciliador que puedo.

—Gracias pero comí en casa —en casa…

—Tengo pastel de chocolate, ¿acaso a eso le dirás que no? —agrego, queriendo sonar simpática.

—Serena, no quiero parecerte un pesado, pero no miento, de verdad tengo que volver en una hora y si me atraso sabes que papá me castigará —me contesta un poco más… humano.

—¿Continúa siendo tan riguroso con la hora de llegada? —pregunto con tono de broma, aunque en realidad sí me interesa saber la respuesta.

—Algo, pero en realidad lo es más cuando sabe que vendré para acá. No quiere que pase mucho tiempo con mamá porque dice que puede perjudicarme.

—¿Perjudicarte? Sea como sea es mamá, no es justo que piense que es mejor que la evites.

—¿Sigue con su novio? —ahora entiendo.

—Sí y créeme que tampoco me gusta, pero qué voy a hacer…

—Bueno, es por eso que papá dice lo que dice y creo que tiene razón. No soy como tú, yo no puedo tolerar a ese tipo ni verlo junto a ella.

—¿Qué cosa? Sammy, ese hombre no pone un pie en esta casa precisamente por el mismo motivo, no me lo trago ni frito. Quizás a papá se le olvidó mencionar eso, sin contar con que él está con Saori, ¿acaso eso sí es algo que puedas tolerar?

—Ella es… distinta —¿escuché bien?

—¿Lo dices en serio?

—¿No que no íbamos a pelear?

—No peleo, solo te pregunto.

—Pues sí, es distinta. Tal vez tú sigues con una muy mala imagen de ella pero no es tan mala como crees —no puedo creerlo.

—Santa no es y tiene la culpa de muchas cosas, así que no es algo que crea o suponga, sé que no es una buena persona y me asusta que digas lo contrario.

—¿Qué quieres, Serena? Terminé viviendo con ella así que tendría bastantes problemas si compartiera tu opinión —aclara brusca y fuertemente.

—O sea la soportas por miedo, ¿es eso?, porque si me dices que sí, hermanito, te pediría que volvieras a esta casa de inmediato. Ahora las cosas son distintas, yo podría cuidarte mucho más y pasar tiempo contigo, si es preciso te daría una mesada, por pequeña que fuera, para que no tengas que estar allí solo por necesidad y…

—No es eso… —me contesta lánguido, triste…

—¿Me quieres contar? Por favor háblame, explícame.

—Sé que Saori no te cae bien y por mucho tiempo a mí tampoco, pero ha cambiado, es mucho más simpática conmigo, me cuida, me trata bien y… a veces siento que se porta mejor que mi propia mamá.

Pequeño…

Me acerco hacia él y lo conduzco hacia el sofá. Me siento a su lado, acaricio su cabeza haciendo un desorden en su cabello para terminar tomando su mano, la cual lamentablemente sacude con rapidez.

—Puedes confiar en mí —digo tras notar su reacción.

—Sé que sí, pero prefiero seguir llevando las cosas como van ahora. Entiendo que me extrañes de vez en cuando y yo también te echo de menos, pero ya no somos los hermanos que éramos antes.

—El cariño que tengo por ti no morirá nunca y debes recordarlo. Pase lo que pase soy tu hermana y te amo.

—No lo dudo, pero esta casa no es lo mismo de antes y por eso me siento mejor en el nuevo hogar que formó papá. Espero que me entiendas, que no me regañes por buscar algo mejor para mí.

Tiene razón…

Lo que teníamos nunca volverá y ya no es algo que pueda ocultarle. Procuré crear una imagen distinta de todo cuando Sammy era menor, cuando aún no se daba cuenta de cómo eran las cosas en realidad, pero debo aceptar que ha crecido, que puede formar su propia opinión y como dice, tiene el derecho de buscar lo que crea mejor para sí mismo. Daría todo lo posible por darle lo que él en realidad quisiera recobrar, pero no es algo que esté en mis manos y eso siempre me va a doler.

Me entristece verlo tan consciente de lo que ahora es nuestra verdad, pero eso ocurriría tarde o temprano y no tenía manera de evitarlo.

Papá y mamá han hecho de su separación un verdadero fiasco y nosotros terminamos en medio sufriendo los daños colaterales. No son capaces de buscar un bien mayor, algo que esté por sobre sus rencores y odios, lo cual a Sammy y a mí nos ha orillado a la separación, al poco contacto y hasta a la frialdad que no debiera existir entre hermanos. Entiendo que para él sea todavía más complicado el asunto pues sí, ha crecido, pero de igual manera sigue siendo un niño, por ende todo le puede pegar más duro que a mí que ya estoy más acostumbrada a la decepción o a la inestabilidad. Si Saori le está dando lo contrario, por mal que me caiga, debo saber comprender que es más de lo que Ikuko le puede ofrecer. Me molesta, me enfurece y en lo más profundo, me quiebra el alma. No me interesa que ella sea descuidada o inmadura si se trata de mí, ¿pero con Sammy? ¿Qué clase de madre no lucha por tener más cercanía con su hijo?

—Bueno… —pronuncio apenas—. Al menos, si quieres, dame tu nuevo número y dime a qué hora puedes recibir llamadas. Podríamos intentar vernos tal vez una vez por semana, un ratito, aunque sean cinco minutos, lo que sea para comunicarnos más, ¿te parece?

—Está bien —responde tras un momento de silenciosa reflexión.

—Y por favor sigue cuidando de Luna. Sé que debes estar haciendo un muy buen trabajo ya que eres un chico inteligente y responsable.

Al menos he podido sacarle una sonrisa, eso me da algo de paz.

—Esa junta semanal que propones… ¿sería aquí?, ya te conté que papá no quiere que venga seguido.

—Mira, ahora trabajo en una cafetería muy bonita y sé que no tendría problemas para recibirte ahí, de esa manera no tendrías que venir a esta casa ni encontrarte con mamá si deseas evitarlo.

—No sabía que estabas trabajando —comenta sorprendido—, pensé que papá seguía dándote mesada.

—No, pero sé que le deposita a Ikuko para cubrir ciertos gastos de esta casa y debe hacerlo por mí, al menos eso quiero imaginar.

—Aunque no lo creas él piensa en ti. No te nombra mucho y me ha dicho que es así para no tener problemas con Saori, pero cuando hablamos de este lugar dice, entre otras cosas, que debe reservar dinero y hacértelo llegar de alguna manera porque sigue siendo su deber.

—Dile que se lo agradezco y de paso coméntale que estoy trabajando, a ver si así se quita un poco la mala impresión que tiene de mí, ayúdame con eso —le digo a tono de broma y al parecer Sammy lo ha entendido.

—Lo haré —responde conciso pero al menos sonriente.

—¿Y bien? ¿Qué es lo que tienes que buscar? Como te dije, te puedo ayudar a encontrarlo.

—Un par de botas negras. En la escuela están preparando un festival y a mi clase le tocó organizar una obra teatral así que debo disfrazarme.

—¿Y esas botas son tuyas? ¿Te quedarán bien? Has crecido tanto que quizás ya no sean de tu número.

—Eso mismo le comenté a papá y contestó que si no encuentro las mías me lleve las de él, porque según dijo, tenía un par.

—Si llega a quedar algo de él en esta casa sería bastante curioso —digo al recordar que mamá botó la mayoría de sus cosas.

—¿Entonces me ayudas? —consulta mi hermano, con un suave toque infantil que logra enternecerme.

—Pues eso dije —respondo dándole un guiño—. Vamos a partir por tu habitación y para que sepas, hace poco la ordené por si volvías, así que la verás relucientemente limpia, cosa que no pasaba cuando vivías aquí —bromeo.

Ambos nos ponemos de pie casi al mismo tiempo y compartimos una breve sonrisa, pero cuando pensé que nada podría interrumpirla, y olvidando por un momento que era una posibilidad, escucho a Darien salir de mi habitación. Sammy me observa extraño y no hallo cómo ocultar este súbito nerviosismo que me invade por completo.

—¿Estás con alguien? —consulta con pocos aires de pregunta, pues más bien lo ha hecho como afirmación.

—Pues yo…

No alcanzo a titubear más allá, mi boca y ojos se congelan en el segundo en que veo a mi novio descender de la escalera. Él, quien parecía llevar una casual sonrisa en sus labios, cambia su expresión a una muy parecida que yo pueda tener. De inmediato se torna serio y al girar el rostro, veo que mi hermano también luce así.

—Tú… debes ser Sammy. Es un gusto conocerte al fin —dice Darien, acercándose hacia donde nosotros estamos.

Impávido, él no responde.

—Es mi novio, su nombre es Darien —le explico sin que me lo haya solicitado—. Ya llevamos varios meses juntos y…

—¿Duerme aquí? —cuestiona severo.

—Hermanito… creo que ya eres lo suficientemente grande como para saber que dos personas adultas pueden tener un tipo de relación más profunda, con todo lo que eso implica, ¿no?

—¿Y todavía te preguntabas por qué no vivo aquí, Serena?

¿Qué?

De algún modo he pasado a ser la mala de la historia, lo pienso al ver la punzante y fría mirada que Sammy me da y que me pega directo en el corazón.

—Él no vive aquí y son contadas las ocasiones en que ha dormido en esta casa —aclaro mientras hago un inmenso esfuerzo por ocultar mi resquebrajada voz.

—¡Pero cosas como estas hacen que papá tenga razón! —exclama enfadado—. ¿Sabes qué fue lo primero que dijo cuando me fui a vivir con él?

—Qué —pregunto seca, temiendo saber la respuesta.

—Que sería cosa de días para que metieras hombres a este lugar y que no quería exponerme a eso, porque no te bastaría con traer a tus amigas y emborracharte con ellas, sino que también convertirías esto en un motel, que te ibas a transformar en una…

—Atrévete a decir lo que sospecho y te juro que…

—¿Me vas a dar una bofetada acaso? —cuestiona desafiante—, ¿eso me ganaría al decir la verdad?

—¡De qué verdad hablas, por favor! —le grito ofendida—. Ya sé que papá me considera una mujerzuela desde que supo que me metí con mi ex, por cierto, créeme que puedo lidiar con eso sin problemas porque no me importa su opinión, pero si tú llegaras a pensar lo mismo yo, yo…

—¡Tranquilos! —irrumpe Darien, quitándome la palabra—. Sammy, sé que no me conoces y si quieres pensar algo malo de mí no tengo cómo impedirlo, pero no trates así a tu hermana, ella te adora y no hay día en que no me lo diga.

—Mantente al margen de esto —le exige él, con soberbia.

—No le hables así —reacciono de manera innata—, no tienes porqué.

—¿Ves con qué facilidad pones en primer lugar a un tipo cualquiera antes que a tu propio hermano? —reprocha.

—No es un tipo cualquiera y no lo pongo en primer lugar —le explico tan rápido como me es posible—, pero bien te dijo, no lo conoces así que no debes hablarle de la manera en que lo haces. Y a mí tampoco por cierto.

—Le diré a papá que no encontré las botas y ya. Me voy de aquí.

—Espera —le exijo, tomándolo algo bruscamente del brazo—. No será esta la forma en que te vayas, no lo acepto.

—Suéltame —dice antes de zafarse de mi agarre—. ¿Cómo quieres que piense algo distinto a lo que papá dijo que pasaría? Él y yo estamos fuera de tu vida y la de mamá, debo darme cuenta de una buena vez y cosas como estas me lo dejan todavía más claro. No me necesitas acá, yo no necesito estar aquí y eso es lo mejor para todos.

—Pero te necesito acá, Sammy —le digo sin poder ocultar el llanto, mientras golpeo mi pecho—. Me niego rotundamente a imaginar que tendrás una mala idea sobre mí, esa que tiene papá y que reitero, no me interesa porque él no tiene la altura moral para venir a juzgarme como se le antoje, pero necesito que tú seas más inteligente, que sepas diferenciar las cosas y entender que nada tiene que ver mi relación sentimental con la relación de hermanos que nosotros podamos tener, son asuntos distintos, total y absolutamente distintos.

—Serena, ya me tengo que ir —resuelve antes de acercarse al sofá donde dejó su mochila, la toma y se la echa a la espalda sin decir más.

—Al menos dime que lo vas a pensar, ¿no? —le suplico—. Hace un rato atrás dijimos que veríamos la forma de estar más cerca y ahora… ¿qué pasará con eso?

—No soy tonto y sé diferenciar las cosas —dice mientras voltea lentamente—, pero no sé, esto me cuesta, ¿sabes?, es un fastidio tener que escuchar lo que dice papá, defenderte para después venir y darme cuenta de que tenía razón, de que tarde o temprano entre tú y mamá matarían todo lo que alguna vez hubo en esta casa y la convertirían en otra cosa.

—Qué fácil es echarnos la culpa a las dos… —comento fatigada, dolida y molesta—. No caigas en esa manipulación tan barata, te lo pido.

—Creo que tengo tu número. Te llamaré cuando me sienta listo para hablar. Lo siento, Serena, no quería irme así —responde él, con sus ojos vidriosos.

¿Por qué papá tuvo que llenarle la cabeza con tanta basura? ¿Cuál es la idea de ponerlo entre la espada y la pared? ¡Es un niño, por Dios!

—Entonces no lo hagas —le digo y corro hacia él para abrazarlo. Por un segundo me permite hacerlo, pero pronto siento que se separa y entendiendo su caos, me alejo de él—. Pero está bien… llámame cuando te sientas preparado —agrego.

—No le diré a papá lo que vi —me comenta—. No me gusta escucharlo hablar mal de ti pero… no ayudes a darle la razón.

—No lo estoy haciendo y creo que en algún momento lo entenderás. Soy una mujer, Sammy, y al igual que tú, yo también he crecido. Tener una relación seria y pasar la noche con mi pareja no me hace una… ya sabes.

—Creo que lo sé —me dice un poco más calmado y tras esto me esquiva la mirada—. Y oye, Darien, disculpa lo grosero pero no esperaba ver a alguien aquí y… —agrega, mirándole.

—Tranquilo, preocuparte de mí es lo último que debes hacer —le responde mi novio, seriamente calmado.

—Bien —le contesta antes de volver a mirarme—. Ya me quiero ir, Serena.

—Pero hazlo tranquilo. No quiero que cargues con esto ni que te haga daño. Todos los días que no te vea trabajaré en entenderte más y te pido, porque sé que me quieres, que tú hagas lo mismo. Solo eso y nada más, por favor.

—Está bien.

Me quiebra verlo marcharse incluso cuando pudimos aminorar un poco el ácido ambiente. Sé que él no está en un lugar fácil y tampoco me deja en uno muy sencillo a mí, pero qué más puedo esperar si es él quien absorbe todo lo que papá le dice y hace, porque me va quedando claro que, a costa de lo que sea, desea alejarlo de nosotras, que su objetivo es hundirnos y así lograr posicionar en lo más alto a Saori, a ella y a su nuevo hogar. Qué sucio de su parte, que falta de respeto hacia el cariño que alguna vez nos tuvimos y qué equivocación tan grande jugar con la mente de su hijo menor. No es necesario, basta con que siga viviendo su vida y ya, que sea feliz con la tipeja esa y continúe en lo suyo sin querer robarnos a Sammy, sin luchar por cortar los lazos y pretender que nos deseche emocionalmente tal y como él lo hizo. Qué clase de adulto permite y avala esto…

Al escuchar la puerta cerrarse, volteo y de manera innata corro hacia Darien. Él me recibe en sus brazos y es ahí donde me permito llorar.

—Te entenderá —me susurra, mientras siento como acaricia mis cabellos—. Solo dale tiempo.

—Esa idea que tiene… esa forma es… es oír a mi papá, ¡y odio la idea de que mi hermano me hable así! —confieso aferrándome al pecho de Darien mientras muerdo mis labios con tal de no gritar.

—Por supuesto que no te va a agradar, mi niña, pero es un discurso aprendido, se nota a lo lejos. Estoy seguro de que Sammy no piensa mal de ti y lo que pasó, además de ser un eco de lo que tu papá ha de decirle, también es rabia, una similar a la tuya.

—¿Cómo? —consulto entre sollozos e intento levantar la mirada.

—Me has contado que cuando ustedes discuten es más por sus padres que otra cosa. Él también debe estar cansado de eso, pero a diferencia de ti, al ser más pequeño, no puede lidiar con el tema de la manera en que tú lo haces porque debe costarle más, mucho más.

—Eso lo sé… ¿Qué puedo hacer para ayudarlo? —ruego porque sepa la respuesta.

—Debes darle su espacio. Considera lo último que dijo y no lo anterior. Se disculpó conmigo y también contigo de una forma u otra y eso vale más que lo otro.

—Espero que tengas razón.

—Tú dices que tengo la mala costumbre de estar en lo cierto así que confía en que esta vez no será la excepción —me dice con ternura, dejando un beso en mi frente al terminar.

No puedo responder algo, me siento abatida, desgastada y con dolor. Lo único que logro hacer es seguir abrazada a Darien, sentirme querida por él, contar con su apoyo y desear, con todas mis fuerzas, que no esté equivocado.

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Darien

Había imaginado que ese lapso donde me ausentaría Serena podría intentar estabilizar sus emociones. Creo que lo ha logrado en parte, pero esa que le pueda faltar genera mucha incertidumbre en mí.

Volví a su casa tras ir a buscar el auto al edificio donde actualmente resido tal y como acordamos hace un par de horas atrás. La idea era hacer eso, ir al aeropuerto, después pasar a un supermercado y así comprar lo necesario para preparar almuerzo. El plan era pasar un buen día juntos, uno tranquilo, pero ya no veo que eso pueda darse como tal.

Sigo conduciendo, lo hago a velocidad moderada incluso cuando quisiera acelerar a fondo y no tengo idea por qué. ¿Será por el deseo de ver pronto a mi familia una vez más? ¿Será porque quiero que, ya estando en el aeropuerto, Serena hable de una vez por todas? ¿Será porque necesito tener la ilusión de que este día acabará rápido y ambos podremos dejar todo atrás? Quizás no es nada o es todo al mismo tiempo.

El semáforo en rojo me obliga a detener el vehículo y en este instante aprovecho de voltear mi rostro para encontrarla. Nada ha cambiado. Serena todavía parece estar desconectada del mundo.

Aprieto el volante con ambas manos y hago bailar mi mirada al hacerla rebotar en cada uno de los espejos a disposición. Todo luce en orden menos ella, quien, obviamente, termina siendo el último objetivo por chequear. Ni siquiera me mira pues tiene su cabeza pegada al vidrio y me provoca tristeza. Debe estar pensando en su hermano, es lo más seguro… y aunque quiera, no tengo derecho de sacarla de ese lugar en su mente donde solo ellos dos deben estar.

Cambio de luz, reinicio la marcha.

Exhalo mientras aprieto el acelerador y fijo mis ojos en el camino. Me reprocho por no haber encendido la radio para que al menos así el trayecto fuera más ameno para Serena. Tanto silencio, sospecho, no ayudará a que se distraiga.

No saber qué hacer para ayudarla me molesta. Cómo quisiera tener el poder para tomar su corazón y arrancar de él cualquier sufrimiento que pudiese agobiarla…

¿Y si tampoco fue buena idea que me acompañara? ¿Cómo es que recién analizo eso?

Serena y mi familia pudieron congeniar maravillosamente en esta visita y tengo más que claro que para ella fue sumamente importante, así que en la presente situación, quizás despedirse de ellos no ayudará a que su estado anímico se repare. También debo sumar el factor de que lo que más deseaba mi novia era poder ser un apoyo para mí en esta despedida, un pilar en el cual sostenerme, pero tal cosa resultaría ser una exigencia tremenda ahora que no está en su mejor momento. Lamentablemente ya no es una opción pedirle que se quede en casa pues el tiempo no me permite volver e ir a dejarla, de hecho, estamos a medio camino, y quizás un poco más, para llegar al aeropuerto.

¿Qué puedo hacer?

—Serena…

—¿Sí? —responde ella, lánguida.

—Ya no falta demasiado para que lleguemos —comento como premisa.

—Así veo —contesta con despreocupación.

—¿Te sientes mejor? —consulto. No recibo respuesta—. No es necesario que te bajes del auto en cuanto estemos allá, no si no quieres —agrego al intentar aminorar su amargura, librándola de responsabilidades que no desee tomar.

—Sería horrible no despedirme de tu familia ya habiéndome comprometido a hacerlo, ¿no crees? —susurra con ligero cuestionamiento. No suena enfadada, pero tampoco feliz.

—Podría decirles que tuviste que ocuparte de otros asuntos. No les comentaría que estás en el estacionamiento esperándome —continúo.

—Darien, si no hubiera querido venir simplemente te lo hubiera dicho en mi casa. No te preocupes, ¿está bien?

Su petición, dulce como ella lo es, me atrae a observarla y es ahora cuando noto, aunque sea una breve, cierta paz en sus ojos. Me tranquiliza.

—De acuerdo —respondo conciso pero aun así, contento.

—Déjame seguir pensando en qué haré de almuerzo porque eso era lo que hacía —comenta.

—¿Es en serio? —indago al no creerlo posible.

Y con una nueva mirada, ella me lo confirma.

Satírica y a la vez verdadera, sin palabras, me ha dicho que pensaba justamente en lo que yo también creí. Al menos si bromea, o hace el intento, puedo suponer que no está tan decaída como hace horas atrás. Espero que haya puesto las cosas en perspectiva y que realmente se sienta mejor, porque si está fingiendo solo para hacerme las cosas más fáciles a mí, no me complacería demasiado.

Sin darle mayores vueltas por el momento mantengo la velocidad de la marcha esperando llegar, como tope, dentro de los próximos diez o quince minutos. Hoy tengo que aprovechar todo instante posible tanto con mi familia como con mi novia, así que perderlo en el auto opción.

Pasan los minutos y al fin llegamos. Busco algún espacio libre para poder estacionar y doy con él bastante pronto. Cualquier cosa buena que pase hoy, se agradece profundamente.

Serena y yo nos quitamos los cinturones de seguridad, tomo las cosas que compré antes de venir y descendemos del vehículo casi al mismo tiempo. Activo la alarma y deposito el llavero en mi bolsillo mientras camino, tomo la mano de mi chica y juntos nos dirigimos hacia donde, espero, mis padres y hermana se encuentren. Hallarlos entre la multitud no sería sencillo y es por eso que siempre acordamos encontrarnos en un área específica de asientos. Los encuentro y la primera en vernos es Hotaru, quien ansiosa les avisa a papá y mamá nuestra llegada.

Me cercioro una vez más de que Serena esté bien y confiando en que lo está, nos acercamos a mi familia.

—Puntualidad tal y como me gusta. Qué gusto me das, Darien —comenta mi padre. Afectuosamente nos damos un apretón de manos—. ¿Cómo estás, linda? —le pregunta a Serena, quien también se acerca para saludar.

—Bien, muchas gracias —contesta ella, cordial—. ¿Y usted?

—Algo molesto por tener que irme la verdad. Estos días se me hicieron cortísimos —comenta.

—Realmente nos hubiera encantado quedarnos por más tiempo pero nos es imposible —acota mi madre—. Preciosa, no me dejes sin tu saludo —le dice, acercándose a Serena.

—Por supuesto que no lo haría —responde—. ¿Se encuentra bien? —consulta.

—Al igual que mi marido, no estoy muy feliz que digamos. La parte que más odio cuando vengo a Japón ya llegó y… no, no puedo detallar mucho porque bueno, la primera razón es obvia y la segunda, es que si sigo hablando de la primera acabaré llorando.

—Por si quedan dudas, la primera razón tiene nombre, apellido y cara de tonto —acota Hotaru, simpática y groseramente infantil.

—¿Cara de tonto has dicho? —le digo—. ¿Mantendrás esa opinión?

—No si traes algo para mí.

—Pues aquí está —contesto, dándole la barra inmensa de chocolate blanco que siempre acostumbro—. Ahora dame un beso y no seas fastidiosa, mira que después me extrañarás.

—Pero para eso sirve la barra de Toblerone, me ayuda a quererte y extrañarte menos, mucho menos.

—No sé cuál es el gusto que tienes por molestar tanto a tu hermano —comenta mamá, con cierto fastidio—. Darien, ¿sabías que Hotaru guarda cada papel metálico de los chocolates que le das? Incluso les pone fecha antes de guardarlos en su "cajita de la hermandad"

—¿En serio? —pregunto entre risas.

—¡Mamá! —exclama mi hermanita.

—No lo hubiera dicho si no fueras tan antipática con él —se excusa ella.

—Así que una cajita de la hermandad —recalco mientras observo detenidamente a Hotaru, quien sea dicho de paso, se ha puesto roja—. Qué lindo detalle. Así más ganas me dan de traerte el chocolate y de paso se me quitan las de fastidiarte.

—La dichosa caja no se llama así, no tiene nombre, es solo una caja y además es fea —argumenta.

—¿Pero la tienes y usas para lo que mamá dijo?

—Sí porque en realidad más que una caja es un basurero.

—Hotaru… —pronuncia nuestro padre, con tono evidentemente severo.

—Bueno, ya… sí es verdad, tengo una caja donde guardo ciertas cosas que me hagan recordarte, pero no creas que eso significa que yo te quiera o algo así, ¡olvídalo, Darien!

—No comprendo tu afán por decir eso… deberías ser como yo que, aunque seas adoptada de un refugio de chimpancés, te quiero muchísimo.

—No, no hay caso con ellos —dice papá.

—Nunca cambiarán —agrega mamá antes de continuar—. Jovencita, ni siquiera saludaste a la novia de tu hermano y todo por andar peleando con él.

—¡Cierto! —exclama ella—. Discúlpame. A ti sí que te extrañaré, Serena. Me da mucho gusto que hayas venido a despedirte de nosotros.

—Yo también te echaré de menos, de verdad.

Sí, definitivamente pasó algo aquí.

Serena sonó segura y fuerte al hablarle a mis padres, pero ahora que lo ha hecho con mi hermana pude percibir una gran cuota de tristeza en su voz. En silencio me lamento.

—Recuerda lo que prometimos ayer, ¿sí?, al menos una vez a la semana escríbeme y yo te llamaré cada vez que tenga oportunidad —le implora.

—Por supuesto que no lo olvidaré, Hotaru.

Esa sonrisa… tan linda y triste a la vez…

—Darien, tú también deberás estar pendiente a tu celular. Espero que ya a contar de la próxima semana comiences a buscar un departamento. No debes seguir abusando de la buena voluntad de tu amigo —añade papá.

—Tenlo por seguro, tengo esa y más razones para apresurarme a encontrar un nuevo lugar lo antes posible —le respondo con seriedad.

Después de lo que pasó con Sammy evitaré lo más posible quedarme en casa de Serena a pasar la noche así que, para nuestra comodidad, dar con un sitio más privado se torna urgente.

—Aprovecha bien el tiempo que tienes, hijo —dice mamá—, ya no falta demasiado para que estas vacaciones terminen y debas volver a la universidad. Sé que un hogar no se encuentra en tres semanas, pero al menos debes hacer el intento.

—Me las arreglaré, madre, y tan pronto como pueda les avisaré cómo va el asunto —le afirmo.

—Y después de eso nos envías el informe parcial de tus calificaciones porque bien sabes, muy adulto serás, pero hasta que no te vea graduado, seguiremos estando muy pendientes de tu éxito.

—Por supuesto, papá —respondo mientras asiento para él.

—Cariño, mira la hora… —le dice mamá, mostrándole su reloj.

—¿Ya tenemos que ir? —consulta Hotaru.

—Sabíamos que esta despedida sería corta, lo siento, muñequita —le responde papá—. Darien, intentaremos volver en un par de meses y tal vez, solo si ya tienes el departamento listo, tu madre y tu hermana podrían venir un fin de semana, dentro de un plazo razonable, claro está.

—Sabemos que tú no podrás viajar debido a tus estudios, pero si se te presenta una oportunidad, te estaremos esperando… y a ti también, Serena, pues me encantaría recibirte en mi hogar alguna vez.

—Se lo agradezco muchísimo, señora Kaori. Lo tendré muy presente —le responde mi novia.

—Bueno, mis amores, es momento de despedirnos de este muchacho —anuncia papá.

—¿Ya hicieron el check-in? —pregunto con la esperanza de poder verlos aunque sean diez minutos más.

—Sí, Darien —responde mamá, con pesadez en la voz—. Lo hicimos en caso de que te retrasaras por algún motivo. No podemos perder este vuelo. Discúlpanos.

—Lo comprendo, tranquila.

Y así comienza la parte horrible de recibirlos en Japón.

Mi madre es la primera en acercarse, nos abrazamos fuertemente y aunque no queramos demostrarlo, ambos comenzamos a sentir la tristeza del momento. Ella acaricia mi rostro y peina mis cabellos tal y como lo hacía cuando era niño, también me pide que sea responsable, que me cuide, que estudie mucho y que, por favor, no olvide llamarla. Asiento en silencio antes de besar su mejilla y susurrarle un «estaré bien»

Papá es más tosco a la hora del adiós pero no por eso se ahorra el abrazo y al igual que mamá, me da una lista de instrucciones a seguir en su ausencia. Siempre es la misma pero nunca me canso de oírla pues cada vez que lo extraño recuerdo lo que me dice y repaso una y otra vez en mi mente, pensando que él pudiera estar a mi lado para así cerciorarse que seré obediente a sus peticiones. Me gusta imaginar que al pensar eso, estará ahí.

Y con respecto a Hotaru…

Sí, estos son los minutos donde ambos dejamos de lado las bromas pesadas. Atesoro estos segundos sinceros entre nosotros mientras nos damos un abrazo enorme. Estando así aprovecho de agradecerle lo linda que fue con Serena y le pido que sea una chica responsable, que me haga sentir orgulloso y que, pase lo que pase, tenga la certeza de que si me busca me encontrará. Ella lo sabe todo, me da un beso para después intentar disimular sus ganas de llorar. No lo hace bien.

Serena se despide de cada integrante de mi familia y, sirviéndome como consuelo, veo con qué cariño lo hacen a pesar de conocerse hace cosa de días. Noto que mamá le dice algo y Hotaru también, acciones que provocan risitas en ella. Me alegra y conforta.

Veo a cada uno tomando sus equipajes de mano antes de alejarse e ir a la zona de embarque. Los despido con un ademán y una sonrisa, por mucho que me cueste mantenerla. Serena hace lo mismo y en cosa de minutos los perdemos de vista.

Siento como mi dulce torbellino me aprieta la mano y ante el contacto me permito ser sincero. Dejo escapar aquella lágrima que mantuve contenida porque aunque haya pasado por esto una y otra vez, el sentimiento de soledad que me deja la despedida no es algo que haya podido superar.

—¿Quieres quedarte para ver volar su avión? —me consulta con suavidad.

—No, eso me entristece más todavía, sin contar con que no se irán pronto. Deben hacer los trámites en migración y todo lo demás.

—¿Entonces…?

—Te ofrezco un cambio de planes. En vez de preparar el almuerzo vamos a un restaurant y después vamos a dar un paseo al parque o pasamos por el cine, ¿te parece bien?, lo digo porque no sé si encerrarnos en tu casa o en el departamento sea lo mejor. Busquemos cómo distraernos. No quiero tener mucho tiempo para pensar en esto.

—Lo que tú quieras para estar bien.

—No, mi amor… para que estemos bien, tú y yo, ¿sí?

—Acepto porque, después de todo, este día no ha sido demasiado amable con ninguno de los dos.

—Sí… —murmuro apenas.

—Pero ten algo presente, Darien —agrega Serena—, tu familia al menos se aleja de ti con cariño y con la promesa de volver, eso es mucho más de lo que algunos podemos decir.

—Lo sé, pequeña… no pienses que deseo insinuar que lo mío es más importante o grave que lo tuyo.

—No es competencia, amor… total, de distintas formas y sea como sea, nuestros padres y hermanos se alejan de nosotros.

La melancolía invade nuestro ambiente. No hay, en su rostro o en el mío, gesto alguno que no demuestre amargura.

Nos mantenemos en silencio por un momento y por instantes, somos ajenos al otro. Siento que cada cual repasa mentalmente lo que le toca y lo llora con discreción.

—¿Has escuchado el refrán que dice "del amor al odio hay un solo paso"? —dice Serena, de repente.

—Sí, ¿por qué? —respondo.

—Pues al parecer no solo hay un paso entre esas dos cosas, sino que también de la felicidad a la tristeza.

Y como era de imaginar, mi dulce niña seguía triste.

Solo espero tener la fuerza, encontrarla donde sea, para no verla caer más. Lamentablemente tampoco estoy en mi mejor momento, pero quizás uniendo nuestras partes rotas, Serena y yo podamos volver a sonreír más temprano que tarde.

Por lo pronto vuelvo a tomar su mano, dejo un beso en su frente y la guío para que comencemos el camino de regreso, sin saber qué nos esperará en él.


*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

¿Qué les pareció?

T_T

No recuerdo bien, pero parece que al final del lemon les comenté que volveríamos un poco a la temática triste de la historia, esa que tuvo en un comienzo y bueno, aquí está. Hasta ahora Sammy solo había tenido menciones, algunas largas y otras no tanto, pero ya en este capítulo tenemos la oportunidad de conocerlo "personalmente" y analizar en qué consistirá su personaje dentro de la trama. La verdad es que dentro de lo triste que puede ser su incorporación, me alegra tenerlo aquí para así matizar un poco más en todo lo que respecta a la vida familiar de Serena. Ya sabemos que ella es feliz con Darien y que, por cierto, lo de Michiru lo tomó con bastante madurez, así que por ahora podemos dar por seguro que entre los dos todo estará bien, por lo tanto, nos queda ir viendo qué pasará con su mamá, papá y hermano. ¿Qué sospechan? ¿Serena soportará bien lo que venga o se derrumbará nuevamente?

Ahora sobre Darien, qué difícil fue hacer que se despidiera de su familia. Por mí, la verdad, hubiera hecho que todos se quedaran en Japón y fueran felices forever, pero la distancia geográfica con su familia es un aspecto esencial en la historia y es algo que iré desarrollando en los próximos capítulos. No creo que se vengan explicaciones demasiados profundas de este tema en la siguiente entrega, pero de todas formas sí o sí más adelante, bueno, en realidad todo depende de dónde dispare Señorita Inspiración cuando vuelva a visitar word.

Este capítulo es muy distinto a lo que estuvimos viendo anteriormente pero deseo profundamente que les haya gustado. A mi parecer tiene de todo un poco y de verdad me preocupé mucho en ese punto porque entregar puro drama, pues no. Como puntos lindos tenemos la resolución del tema de Michiru, eso que hará que la confianza entre Darien y Serena sea todavía más fuerte y profunda. También tenemos el dato de que volvieron a pasar una noche juntos y dudo mucho que se hayan puesto a rezar x'D igualmente, dentro de lo malo o triste, sabemos que se tienen el uno al otro y que en momentos así, sin duda, se estarán apoyando y consolando mutuamente. Es lindo ver cómo se aman y adoran, pero también es importante ir poniéndoles algunos obstáculos o sinsabores para que otros factores dentro de la relación comiencen a relucir. No todo es besitos, abrazos y "ñiki ñiki", también debe haber contención, fortaleza y el espíritu de superación en busca de un mejor mañana.

Quisiera saludar a cada lector que pasa por aquí, que me honra al tomarse el tiempo para leer y disfrutar la historia. Como siempre, haré mención especial a mis favoritos, es decir a las niñas hermosas que dejan review jajaja

princessqueen - gra - Bepevink - yssareyes48 - mia - Athena Asamiya (¡Feliz cumpleaños!) - Jessi tu yekito - Maria Carla - dinas'moon353 - ReynaCecilia - ANYACHIBA - tani-love - Alambrita - Jennifer Lopez - Miriam Ortiz - jeanmoon - zabitamt1975 - Dena sin feisbu - KarinaT - Uranustenou

¡Gracias, gracias y mil gracias a todas!, valoro muchísimo a mis sailor lectoras nuevas y también a las antiguas, en realidad las adoro a todas TuT así que les mando muchos besitos y abrazos *3*

Y bueno, sería todo por acá.

No olviden que el sueldo de la fanficker es el review. Espero los suyos con muchas ansias *0*

¡Nos vemos pronto!

¡Nunca dejemos de soñar!

¡Nos leemos, sayo!

Usagi Brouillard.-

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤