Capítulo 25: La votación

POV Autora

Inverosímil. Locura. Edward Cullen creía que era una total locura creer que Draco Malfoy podría tener una sintonía con la imprimación. Por más que él sea un mago, no dejaba de ser un humano. Y la imprimación, era cosa de lobos.

—Nessie —dijo Edward con su melodiosa voz—. Creo que te estas precipitando.

La aludida negó con la cabeza.

—Malfoy… él no puede, ¿o sí? —preguntó Emmett, acerca de lo último que había dicho su sobrina.

—Es un humano, dudo mucho que pueda tener alguna conexión o sintonía con la imprimación —dijo Rosalie.

Nessie miró a su rubia tía. Y Rosalie sintió cierto reproche por parte de su sobrina, pero no podía hacer nada por apoyarla ahora, y no era porque no quisiera, sino porque los humanos no pueden tener habilidades tan complejas como una conexión con lo sobrenatural. Aunque Draco es un mago, eso no quería decir que tuviera algo que ver con los metamorfos.

—Tengo que verlo —insistió Nessie.

—No… —empezó a decir Edward, pero fue interrumpido por su hija.

—Tengo que averiguar que mi teoría es cierta, papá.

—No confió en Malfoy. Él trato de aprovecharse de ti —los ojos de Edward centellaron al recordar ese suceso.

Mientras que las mejillas de Nessie tomaron un color escarlata. Ella quiso contradecir a su padre, pero sabía que dijera lo que dijera en ese momento, él no la entendería. Y las cosas empeorarían.

Volvió su rostro hacia su madre, y la miraba con una mirada suplicante, casi esperando que ella dijera algo a su favor.

—Renesmee —dijo Bella, con un tono suave.

—Por favor, mamá —pidió la chica.

Bella no sabía que decir, ella creía que era una locura que Malfoy al igual que los lobos pudieran conectarse con sus almas gemelas por medio de la imprimación, pero no podía decirle todo lo que pensaba a su hija, porque si no ella se sentiría más confusa de lo que ya estaba.

—Tal vez podríamos probar la teoría de Renesmee —dijo al cabo de unos segundos.

Nessie sonrió.

—Bella —le reprochó Edward.

—Solo probaremos, Edward —repitió Bella—. Hay que darle una oportunidad. Yo podría acompañar a Renesmee en su encuentro con Malfoy —aseguró.

Edward no estaba convencido, él simplemente no quería que su hija volviera a encontrarse con el rubio, no después de leer sus pensamientos.

Por otro lado, Nessie estaba callada, se preguntaba como reaccionaria Draco al ver que su madre la acompañaba, sobre todo cuando Bella más podría pasar por su hermana mayor que su madre.

Edward escuchó los pensamientos de su hija, y le dedicó una mirada reprobatoria.

—Bella, sabes perfectamente que ese hombre no es de mi confianza —replicó Edward, obstinadamente.

—Si Bella acompaña a Nessie, ella estará bien —dijo Alice—. No tiene de que preocuparte, además, yo puedo estar vigilando cada uno de sus movimientos.

—Tú no puedes ver a Malfoy —contraatacó Edward.

Alice frunció el ceño.

—Solo cuando él esta… en su mundo —alegó defendiéndose.

El lector de mentes se llevó los dedos índice y pulgar al puente de su nariz y lo apretó levemente.

—Papá, por favor —suplicó Nessie.

Edward negó con la cabeza.

—Pues… —meditó Nessie—. Sometámoslo a votación.

Bella sonrió socarronamente.

—No, no de nuevo —murmuró Edward, llevándose una mano a sus cobrizos cabellos.

Nessie vio sorprendida la reacción de su padre, pero quedó más perpleja al ver la sonrisa ladina de su madre.

—¿Qué sucede? —preguntó la hija de Bella.

Pero lo único que obtuvo como respuesta, fue una sonora carcajada de parte de su tío Emmett.

—Ni modo hermano, tú siempre pierdes en esto —dijo Emmett.

Nessie iba a preguntar a que se referían, cuando la melodiosa voz de su tía Alice la interrumpió.

—Bueno, ¿qué esperamos? Votemos.

A continuación, toda la familia Cullen caminó rumbo al comedor —el cual, solo ocupaba Nessie de vez en cuando—, tomaron asiento, y esperaron a que Nessie hablara.

—¿Abuelito? —preguntó Nessie.

Carlisle respiró —aunque no lo necesitara—, observó a su nieta, y luego habló.

—No conozco a Draco Malfoy personalmente, pero por lo que he podido deducir, él y tú se hicieron muy buenos amigos —hizo una pausa, mientras Edward fruncía el ceño, al parecer no le gustaban nada los pensamientos de su padre—. El punto es, que si él puede ayudarte a comprender mejor lo que sucede o al menos tuviera una pista… mi voto es a favor a que lo veas.

Nessie sonrió a su abuelo.

—¿Abuelita? —preguntó Nessie esta vez dirigiendo su mirada a Esme.

—Yo apoyo tu bienestar, y si crees que ese joven te ayudara a comprender. Es un hecho que mi voto es un sí.

—Gracias, abuelita.

—¿Tía Alice?

—Sí.

—¿Tío Jasper?

—No.

—¿Qué? ¿Pero por qué? —preguntó Nessie muy asombrada. Ella creyó que su tío votaría a favor de ella, al igual que su tía Alice.

—No conozco a ese hombre, por lo tanto, no es merecedor de mi confianza. Quien me asegura que sus intenciones contigo sean buenas.

Nessie asintió. Estaba un poco inconforme con su voto, pero al escuchar la preocupación que su tío sentía por ella y su futuro encuentro con Draco, la hizo sentir querida.

—¿Tía Rose? —preguntó Nessie a continuación.

Rosalie observó fijamente a su sobrina antes de contestar.

—Sí —contestó finalmente—. No creo que sea lo mejor, pero estoy de acuerdo con Bella, podríamos probar.

—Gracias, tía —dijo Nessie, y luego dirigió su mirada a su corpulento tío—. ¿Tío Emmett?

Emmett había perdido la sonrisa y todo semblante travieso, nada común en él. Nessie solo lo había visto de esa manera una vez: cuando los Vulturis vinieron a por ellos, pensando que habían cometido un delito.

—No —fue la sorpresiva respuesta de Emmett.

Todos los miraron —menos Edward— con interrogación.

—Estoy de acuerdo con Edward, ese Malfoy no es confiable —explicó Emmett.

—¿Pero tío? —dijo Nessie—. Draco es un buen hombre.

—Lástima que sus pensamientos no lo sean —murmuró Edward, pero todos pudieron escucharlo.

Nessie no replico nada más.

—¿Mamá?

—Ya sabes mi respuesta —dijo Bella—. Probaremos tu teoría.

—¿Papá?

—No —respondió Edward, refunfuñando—, ya sabes mis motivos.

Nessie asintió.

—Bien, pues son cinco votos a favor y tres en contra. Nessie se encontrará con Draco —dijo Alice, sonriendo como si se hubiera ganado un premio—. Nessie será mejor que llames a tu amigo para acordar su encuentro.

—¡NO! —rugió Edward—. Renesmee no te atrevas a llamar a ese tipo.

—Pero papá… —susurró Nessie.

Bella en un abrir y cerrar de ojos ya estaba al lado de su hija, le acaricio la mejilla y le sonrió cálidamente.

Nessie baja la mirada. Sabía que por más que hubiera ganado en la votación, su padre no daría su brazo a torcer. Lo conocía lo suficientemente bien como para ser demasiado ilusa y creer lo contrario.

Se levantó de la silla y a paso humano abandonó el comedor.

Por supuesto, por supuesto. Comportándote como el imbécil de siempre, hermano, pensó Rosalie llena de furia, al ver la tristeza en los ojos de su sobrina.

Edward escuchó el pensamiento de Rosalie, pero lo ignoró, él ya estaba acostumbrado a los ataques de su rubia hermana.

—Tenemos que hablar, Edward —dijo Bella a su esposo.

Edward asintió, y siguió a Bella fuera de la casa.

Bella empezó a correr por el bosque a la par de Edward. Pararon de correr cuando ya llevaban varios kilómetros lejos de casa.

—Esta vez no voy a ceder, Bella.

Bella se puso frente a él.

—Se que lo detestas desde que escuchaste sus pensamientos —empezó Bella—. Pero no podrías hacer una excepción por esta última vez.

Edward frunció el ceño.

—Es por el bien de nuestra hija —dijo Bella tomando de la mano a su esposo.

—Entonces si es por su bien, lo mejor es que no vuelva a verlo.

—Edward —susurró Bella.

—No, Bella —dijo el vampiro negando con la cabeza—, Malfoy parece obsesionado con nuestra hija, y dejar que lo vea una vez es perjudicial. Además, está el hecho de que Nessie se siente confundida con él. Lo confundió con Jacob.

Bella sintió oprimirse su muerto corazón al escuchar el nombre de su mejor amigo.

—Lo sé. Lo sé. Pero Renesmee sufre, me duele verla de esa manera —la melodiosa voz de Bella fue cortada por un sollozo sin lágrimas.

Edward detestaba ver mal a su esposa, sobre todo cuando esa tristeza es por su hija, quien también sufre. Rápidamente la atrajo a su pecho, y paso sus brazos por su cintura.

—No quiero que mi hija sufra, pero desde que… Jacob no está… todo se ha desmoronado —siguió sollozando en el pecho de su esposo.

—A mí también me duele ver en ese estado a mi hija, Bella. Y me duele…

—Quiero a mi hija de regreso. Quiero a mi hija feliz… como antes. Extraño sus sonrisas que le llegaban a sus ojos… y ahora solo…

—Shh, Bella —susurró Edward, y la besó en la coronilla—. Lo que me pides es muy difícil para mí.

—Yo la acompañaré. Renesmee no estará sola. Es más… si quieres tú también puedes acompañarnos.

Edward suspiró. Se arrepentiría de esto. Sabía que se arrepentiría de sus palabras.

—Está bien. Acepto que Nessie se encuentre con Malfoy.

Bella levantó la cabeza y observó los dorados ojos de su esposo. Sonrió.

—Será por el bien de nuestra hija, ya verás.

Lo dudo, pensó Edward.

—Nos acompañaras —dijo Bella.

—No lo creo, en verdad, Bella, no creo poder contenerme cuando empiece a escuchar sus pensamientos.

—Sabes que podría bloquearlos.

Edward sonrió de lado. Se inclinó y atrapo los labios de Bella con los suyos. El beso fue lento, pero profundo, demostrándose el amor que sentían el uno por el otro.

—Contéstame algo —dijo Bella cuando ya habían dejado de besarse.

—Porque no me sorprende —susurró—. ¿Qué quieres saber?

—¿Detestas a Malfoy igual o más que a Mike?

Ahora Edward rió entre dientes, recordando a su antiguo compañero de instituto.

—Creo que a los dos los detesto igual. Aunque si Malfoy intenta besar a mi hija otra vez…

—Creo que los rubios son tu Karma —se burló Bella.

*—*—*

—Tío Draco —gritaron unas voces infantiles llenas de júbilo. Y luego una puerta fue abierta con fuerza.

Draco levantó la vista y se encontró con dos rubios hiperactivos y detrás de los niños venia su amigo Theo.

Draco sonrió levemente.

—Hola, Draco, siento el comportamiento de los niños —dijo Theo apenas entro a la oficina de su amigo.

—No hay problema —dijo el rubio, camino hacia los pequeños rubios y se puso a su altura para saludarlos.

—Tío Draco ¿por qué no nos has ido a visitar? —preguntó Lorcan.

—Tal vez ha tenido mucho trabajo, Lorcan. No molestes a tío Draco —dijo a su gemelo Lysander.

Lorcan hizo un gesto de molestia.

—No empiecen con una de sus discusiones —les advirtió Theo.

—No estamos discutiendo, papá, solo estamos platicando, ¿verdad? —dijo Lysander a su hermano.

El aludido asintió.

Theo negó con la cabeza, no comprendía a sus hijos, a pesar de discutir la mayoría de las veces; ellos siempre parecían estar de acuerdo en los momentos en que se veían amenazados con ser regañados.

Draco se puso de pie nuevamente y miró a su amigo. El castaño se dio cuenta de que el rubio tenía ojeras bajo sus ojos.

—¿Y a que se debe esta sorpresiva visita? —preguntó Draco.

—Pues no nos veíamos desde la reunión en la casa de Pansy y Blaise. Y como dijo Lorcan, tú no nos has venido a visitar —reclamó ahora Theo.

—He tenido trabajo —respondió el heredero de los Malfoy.

—Ya veo —la voz de Theo no parecía muy convencida.

—¿Y dónde dejaste a Luna?

Theo suspiró.

—Pansy la convenció para hacer las últimas compras para la bebé.

—Eso llevara un buen rato —comentó Draco. Volvió su vista a los niños—. Creo que estar aquí no será tan divertido. Porque no le dicen a April que los acompañe a comprar dulces —les propuso a los gemelos.

Los ojos de los niños brillaron.

—¿Y podremos comer todos los dulces que queramos? —preguntó Lysander.

Draco asintió.

—¡Sí! Vamos, Lorcan —dijo Lysander jalando a su gemelo.

Ya cuando los niños hubieron salido de la oficina, Theo decidió ser serio y preguntar a su amigo el porqué de sus ojeras y de lo mal que se veía.

—Draco, ¿te encuentras bien?

—No, no vayas empezar igual que mi madre —rezongó el rubio—. Estoy bien, Theo.

—Pues no parece.

Draco camino y se sentó en su reconfortante silla, detrás de su escritorio; se llevó una mano a su sien y se la masajeó.

—Está bien, Theo. Está bien. Te diré lo que me pasa.

Theo se sentó en una silla que estaba frente al escritorio de su amigo.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó el castaño.

—Se trata de Nessie.

Y no tuvo que decir más. Theo sabía perfectamente del enamoramiento que sentía por la joven de cabellera cobriza.

—¿Le ocurre algo? —preguntó.

—No estoy seguro —dijo Draco negando con la cabeza—. Solo sé que ella me necesita, tanto o más de lo que yo necesito de ella.

—Draco —dijo Theo—, estas mal.

—¿Qué?

—Tan solo escucha tus palabras. Escucha la manera en que hablas de ella. Pareces… obsesionado.

—¿Obsesionado? No, Theo. Yo no estoy obsesionado de Nessie, yo estoy enamorado. Estoy enamorado de verdad, es como si… —Draco se pasó una mano por sus cabellos—, Nessie fuera la que me mantuviera en la Tierra. Como si ella fuera la responsable de cada uno de los latidos de mi corazón.

—Draco —dijo Theo levantándose de un salto de la silla—. Lo que me dices es imposible. Inverosímil.

—No, no lo es. Quizás si años antes alguien me hubiera dicho que estaría tan enamorado de una mujer como lo estoy ahora, no lo hubiera creído, y también hubiera pensado que es una locura —observó a su amigo—. ¿Es qué tú no sientes lo mismo por Luna? ¿No sientes que ella es la que te mantiene en la Tierra?

Theo negó con la cabeza.

—Amo a Luna con todo mi ser, pero sentirlo… de esa manera que me has descrito… parece…

—Sueño con ella —dijo Draco interrumpiendo a su amigo—. Todas las noches, la puede ver, así, tan perfecta como es ella… estamos en un bosque, que no es nada conocido para mí… y luego en una playa, aunque no alumbra el sol y llueve mucho, yo no siento frío…

—¿A dónde quieres llegar con todo esto, Draco?

—Siempre tengo a Nessie de mi mano, conversamos y reímos, parecemos felices… —el rubio ignoró a su amigo—. Y Nessie no tiene esa tristeza perenne, que parece nunca abandonarla desde que la conocí. Aunque…

—Aunque, ¿qué?

—Siempre que en mis sueños platicamos, ella me llamo por otro nombre —comentó Draco.

—¿Otro nombre? ¿Cuál?

—No lo sé. No logro recordarlo cuando despierto, es como si se borrara de mi mente.

—Draco. Esto está mal.

—¿Sabes? Incluso he podido soñarla de niña.

—¿De niña? Pero tú no sabes cómo era de niña. Es imposible lo que me dices. Tal vez te estas confundiendo, tal vez le estas poniendo el rostro de una niña cualquiera a Renesmee y crees…

—No, Theo. Sé que es ella, sé que es Nessie. Tiene sus rasgos, sus ojos chocolates, sus mejillas sonrojadas y su cabellera del mismo color.

Theo observó a su amigo por varios minutos. Creía que su amigo estaba enloqueciendo, porque le decía cosas imposibles; y soñar con ella todos los días, definitivamente estaba mal. Sobre todo, eso de que: «Renesmee era quien lo mantenía en la Tierra».

—Pero, si esos sueños son amenos —dijo Theo al no encontrar otra palabra que lo definiera mejor—. ¿Por qué parece como si no pudieras dormir? —señaló sus ojeras.

—Porque al principio los sueños son buenos, pero después… —Draco se quedó callado como si estuviera recordando parte de sus sueños—, después todo cambia, escucho gritos, gruñidos, aullidos de lobos… y llantos, sollozos…

—¿Qué? —inquirió un desconcertado Theo.

—Esos gritos y sollozos son de Nessie, sé que es ella… yo quiero consolarla, pero no puedo, una fuerza me lo impide, siento impotencia… y luego despierto. Y no vuelvo a conciliar el sueño.

—Creo que debes de ir a San Mungo. Tal vez estas…

—No estoy enfermo, Theodore.

—Entonces, ¿cómo le llamas a todo eso que me has contado?

Draco no respondió, se reclinó en su silla y respiró profundo.

—Ayer me comuniqué con Nessie mediante mensajes de texto.

—¿Qué?

—Por un teléfono móvil, Theo.

—Ah —dijo el castaño, aún era increíble ver a su arrogante amigo utilizar un aparato muggle—. ¿Y qué te dijo?

—Que quiere verme.

—¿Y vas a verla? —Theo sabía que era una pregunta estúpida, viendo lo trastornado que estaba su amigo con esa chiquilla, pero tenía esperanzas de que se negará.

—Sí, cuando ella me lo pida, la veré. Pero aún no se ha vuelto a comunicar conmigo.

Como si el móvil lo hubiera escuchado, empezó a sonar una melodía, indicando una llamada.

Draco rápidamente saco el teléfono móvil de uno de sus cajones.

—Nessie —dijo desesperado.

Theo le dio privacidad por varios minutos, ya que no se quería inmiscuir en esa llamada. Pero, aunque quisiera no escucharlo, aun podía escuchar la adoración en el tono de voz de Draco, al hablar con Renesmee.

Theo negó con la cabeza, su amigo endiosaba a Renesmee Cullen. Y eso no lo había hecho con ninguna mujer. Con ninguna. ¿Quién era Renesmee Cullen en verdad? ¿Qué clase de poder tenía sobre Draco? Él reconocía que la chica era hermosa, muy hermosa, pero eso no era justificación para que Draco estuviera trastornado por ella.

Yo tengo que averiguar quién es Renesmee Cullen, y que es lo que le hace a mi amigo, se prometió Theo.

Cuando volvió su vista a Draco, se encontró con un Draco sonriente, entusiasmado.

—¿Te verás con ella? —preguntó.

—Sí. Mañana la veré de nuevo.