Disclaimer: Ni Star Wars ni las canciones o nombres de grupos musicales/películas/series mencionados me pertenecen. No obtengo ganancia de ningún tipo, ni la persigo. Estamos aquí por amor a la creación literaria y por pasarlo bien con nuestros personajes favoritos.
Nota 1: Pido disculpas por varios errores gramaticales que se me escaparon en el anterior capitulo. Mira que lo revisé dos veces todo entero, pero nada, no hubo manera y se colaron. Voy a ver si me puedo sentar un ratito y lo resubo algún día con todo corregido.
Nota 2: Quizás hay alguien que se quedó pensando "uy qué casualidad que Kylo llevase casco extra para Rey, ¿no?" Veamos. La noche del paseo en moto, Kylo no llevaba dos cascos de moto por obra y gracia de la magia potagia, sino que lo llevaba de sobra para Phasma, a la que había llevado a la Coruscant esa noche. Se me olvidó mencionar ese detalle. Odio los agujeros argumentales. Pero a la que más le habrá fastidiado será a Phasma. Me apuesto lo que sea a que Kylo no le avisó de que se largaba de la discoteca. Menudo cabreo tuvo que pillar la rubia.
Nota 3: Para que os hagáis una idea del rollo del concierto al que van, los Mandalorians son ese grupo de rock indie con tintes electrónicos que tan típicos son ahora en los festivales de verano de muchos sitios… Al estilo de unos Foals o Editors. Mucho rollo guitarrero, mucho bote y mucho salto van a pegar nuestros amigos con este grupo.
Nota 4: mil gracias por leer, comentar y favear! Me gusta leer opiniones, una historia crece cuando se comparte.
¡Hala, vamos con la historia!
23
Compensación
- Ostras.
Rojo.
Tela roja que se movía lentamente en suaves oleadas a cada paso.
Plata.
Plata que caía en dos sutiles cascadas de sus lóbulos hasta el cuello.
Seda.
Seda en su pelo, liso, brillante, magníficamente planchado como nunca lo había visto.
Demonios, ¿por qué de repente se le había juntado la boca seca con unas apabullantes ganas de tragar?
¿Tragar qué? ¿Aire?
Joder.
- ¡Tíos, primera foto de la noche! – exclamaron Tubbs y Starck, irrumpiendo en el grupo, agarrando a Poe de los hombros y casi tumbándolo en el intento – Poe, los del equipo quieren que te hagas fotos con ellos.
Hubo un pequeño momento de caos, una piña humana apretujada mientras varios flashes les cegaban. Había tupés engominados, solapas de chaqueta de telas brillantosas, zapatos relucientes, revuelo de satenes, lentejuelas y tacones, brazos y manos que chocaban de repente mientras se abrazaban en el reglamentario gesto de "pasar la mano detrás de la espalda de los otros para la foto"…
Y la de ella. Menuda, muy menuda, la más pequeña de todas.
- ¡Finn, llevas torcida la pajarita! Trae – y de pronto tenía su cara muy cerca, sus pequeños dedos haciéndole cosquillas en el cuello y la barbilla, Starck riéndose como un idiota por no se qué, Paige mirándoles de modo raro, Kaydel dándole su enésimo coscorrón a Poe, Rey y Tubbs soltando carcajadas por la última foto que habían hecho con el móvil de no sé quién.
De pronto se separó de él, y fue entonces cuando pudo constatar que, definitivamente, Rose Tico no era la misma de siempre.
O sí que lo era, pero, jolines, ¡cuando salían los fines de semana no iba tan distinta! Bueno, seguía siendo Rose, pero nunca habría imaginado verla con ese vestido rojo y dejar de visualizarla con su coleta, sus rebeldes mechones en las sienes, su sudadera de color mostaza, sus zapatillas hechas pedazos y su móvil lleno de aplicaciones, juegos y demás frikadas de informática.
La fiesta avanzaba, las canciones y bailes se sucedían, iban de vez en cuando a por bebidas a la barra, se sentaban a veces en las mesas redondas que había diseminadas por allí para descansar de vez en cuando y picotear aperitivos… Y siempre se le escapaban miradas hacia Rose, que esta noche resplandecía, mientras ella charlaba con Rey. Su amiga mecánica también iba muy guapa con aquel trajecito claro y de mangas largas algo abullonadas; le favorecía bastante y, en cierto modo, seguía siendo Rey. Pero Rose… no era Rose.
O a lo mejor siempre había sido así, pero él no se había dado cuenta hasta ese momento.
- Te está mirando.
Rose sintió que las mejillas le ardían y que no una nube de mariposas, sino de abejorros ruidosos y violentos, se ponían a revolotear en sus tripas. Era casi doloroso.
- ¡Cállate, Rey, que nos van a oír!
- Venga ya. Están todos a lo suyo – Rey hizo un gesto con su vaso al resto de la fiesta. Desde las sillas en las que estaban sentadas, tenían buena panorámica del gimnasio. Poe y Kaydel llevaban ya su enésimo baile a base de botes y saltos, mezclados con la masa del centro de la pista, Tubbs tenía a un grupito de chicos y chicas encandilado mientras les hablaba de fútbol y Finn estaba a unos metros, charlando con los del equipo de baloncesto.
Bueno, la verdad es que Finn a veces les echaba miraditas a las dos. A Rose más que a Rey.
La joven asiática le dio un trago largo a su vaso, ocultando su rostro tras el plástico rojo.
- Rose, ¿por qué no te acercas a él para bailar?
- Ya lo he hecho.
- Ya, pero me refiero a cuando venga una lenta.
- No han puesto canciones lentas aún.
- Exacto. Aún – y Rey intentó ocultar la sonrisa que le venía a la cara mientras que, con sus poderes, leía la mente del DJ y averiguaba que el primer temazo romántico estaba programado para exactamente dentro de tres canciones – Tú no te alejes de las inmediaciones de Finn, por si las moscas.
- Pero ¿qué hago? ¿Me quedo cerca o le pregunto cuando llegue el momento?
- No sé, tú quédate al lado y no sé… mírale y sonríele, o pregúntale…
Hasta aquí llegaba la habilidad de Rey para dar consejos románticos. Maldita sea, tal vz era la chica más inexperta de todo el lugar en relaciones con chicos.
- ¿Y cómo sé que querrá bailar conmigo? A veces es difícil de leer.
En Rey saltó un recuerdo. Kylo sí que es difícil de leer. Y eso que puedo escanear mentes.
Meneó la cabeza para sacudirse aquel inoportuno pensamiento y siguió insistiendo.
- Tú lo que tienes que hacer es estar a su lado. Te ha invitado a que seas su pareja, ¿no? Vete y habla con él, mantén la conversación hasta que surja el baile lento… - le jaleó Rey mientras Rose hacía ademán de levantarse – Venga, vamos, ve para allá…
La pequeña Tico suspiró y echó a andar con decisión hacia Finn… y cuando llevaba dos metros andados, hizo un brusco giro a la derecha. Pasó de largo ante Rey, que la increpó confusa y con ojos desorbitados:
- ¿Pero qué haces? ¿A dónde vas?
Rose, sin apenas mirarla, masculló apuradísima algo así como "Voyaporuntrago" así, todo seguido, y Rey tuvo que verla irse con una gotita de sudor resbalándole por la sien. Se palmeó la frente, suspirando.
- Maldita sea, no hay quien haga carrera con estos dos.
- De modo que todas te han dado calabazas… Eres un desgraciado.
- Cállate, idiota – siseó Lester, evidentemente picado ante las observaciones del grupo de chicos que había con él, junto a la barra – Tuve mala suerte en elegir mis objetivos. Si quisiera, aún podría pillar cacho esta noche. Sólo hay que estar atento…
El joven echó una mirada en derredor al recinto, mientras comentaba casualmente:
- Y de todos modos, esa Tico tampoco era como para alucinar.
- ¿Dices que no merece la pena?
- Pues a mí me mola, tiene un punto guay como la hermana.
- No jodas – replicó Lester - Paige tiene mucho más morbo. Yo sí que le daba a la capitana.
- ¿Y por qué directamente no le has pedido salir a Paige?
- ¡Porque no se atreve! – aseveró otro muchacho a carcajadas, poniéndole la mano en el hombro a Lester – Paige está fuera de tu liga, chaval.
- Vete a la mierda – y Lester se sacudió la mano de un tirón de hombro – Es más probable que pille cacho con la pequeña. Nunca ha tenido novio y seguramente estará desesperada por alguna esquina. Le habría hecho un favor si hubiera venido conmigo.
- Ah, pero ¿es que no te has enterado? – le dijo otro chico del grupo.
- No… ¿De qué?
- ¡DE QUE CONMIGO NO SE JUEGA!
Una mano agarró el hombro de Lester y lo obligaron a girarse violentamente hacia atrás. Se vio cara a cara con la mismísima Rose Tico, que había escuchado TODA la conversación a espaldas del grupo y que resoplaba fulminándolo con la mirada. El resto de chicos del corro se retiraron levemente, preparándose para disfrutar del espectáculo.
Lester apenas tuvo tiempo de decir esta boca es mía, porque Rose le plantó rápidamente una bofetada a mano llena al muchacho, con tal fuerza que le puso la cara del revés. Y, en medio de un coro de gritos, risas y exclamaciones de admiración y sorpresa, sin darle tregua, Rose le derramó su vaso entero en la pechera de la camisa y la cara.
- ¡Y ésta por mi hermana, para que no vuelvas a decir esas cosas de ella!
Seguidamente, le propinó un empujón que le hizo perder el equilibrio y trastrabillar hacia atrás, cayendo de nalgas al suelo mientras el resto de chicos permanecían pasivos, sin dejar de reírse.
- ¡No vuelvas a dirigirme la palabra, cerdo asqueroso! – exclamó la menuda joven, hecha un mar de furia en ese instante, alzando su dedo índice hacia él - ¡No sé por quién me has tomado, pero Rose Tico no es el segundo plato de nadie, ni se queda callada! ¡Y prepárate, porque me voy a encargar de joderte la reputación por los vestuarios de chicas!
Y se largó de allí dando taconazos.
Hasta que no se levantó del suelo y pasaron unos minutos, Lester no se enteró muy bien de lo que le había sucedido. Se lo tuvieron que explicar los demás, atragantados por la risa y sin dejar de hacerle fotos y vídeos.
Ésa era otra buena manera de entrar en las crónicas del Republicano.
Dio un trago a su bebida, mientras procesaba lo que le acababa de decir el DJ: que la siguiente canción sería una lenta.
- Vale, le has pedido que sea tu pareja. Habéis bailado, os estáis riendo… Ahora queda la segunda parte… ¡Haz honor a tu papel!
Mientras pensaba, avanzaba por la línea de barra, pasando junto a diversos grupos de gente. Llegó entonces junto a uno formado por unos cuantos chicos, de entre los que conocía a aquel idiota de Lester. Estaban en ese momento hablando de las hermanas Tico de una manera que le hizo subírsele la sangre a las sienes. Resopló indignadísimo y ya iba a avanzar para meterse en el grupo, cuando de repente, un vendaval rojo llamado Rose Tico irrumpió en la escena. Y cuando la joven se alejó a zancadas de allí, Finn pudo ver cómo Lester acababa herido, mojado y humillado en el suelo, ante las risas de sus acompañantes, que lo jaleaban con comentarios del tipo:
- ¡Imbécil, te lo mereces!
- A quién se le ocurre… Y cuando Paige se entere, te los arranca a balonazos…
- ¡Vaya con la pequeñaja! Qué manita de acero, ¿eh?
- Ostras, tío, le ha dejado marcados los cinco dedos…
- Impresionante…
- ¡A callarse todos! – aulló Lester, aún conmocionado – Si a alguien se le ocurre ir contándolo por ahí, le juro que…
Y Lester sintió algo en su hombro, otra vez. Un toquecito. Se giró y se encontró con Finn, con una mano en el bolsillo, la otra sujetando su vaso de bebida y que lo miraba con una expresión tranquila y segura.
- ¿Qué vas a jurar, Lester? ¿Que eres el mayor capullo de la historia?
El joven, que muy probablemente había vuelto a preguntarse qué demonios estaba pasando y por qué la gente aparecía a sus espaldas de repente y como si nada, lo miró de hito en hito, con la confusión pintada en el rostro.
- Mira, me ha encantado lo que ha hecho Tico contigo, la verdad – comenzó Finn - Ha molado mucho, y no me gustaría añadir más a su actuación. Sin embargo – dejó el vaso en la mesa más cercana – Debo decirte que, como pareja oficial de Rose en esta fiesta, debo responder de alguna manera. Ella no se queda callada, pero yo tampoco.
El gancho de derecha fue aún más rápido que el bofetón de Rose, y Lester cayó medio mareado en brazos de los demás. Retrocedió rápidamente, demostrando que no quería iniciar una pelea, y esperó a que los demás, que iban a interponerse ya entre ellos, se calmaran otra vez.
Cuando Lester regresó al mundo de los vivos y recuperó el sentido, Finn dijo con la misma tranquilidad de antes:
- Tienes razón en algo que has dicho antes: has tenido mala suerte en elegir tus objetivos. Rose Tico es intocable desde ya, ¿te queda claro?
No esperó la respuesta, sino que se alejó caminando sin recuperar su copa. Los demás chicos del grupo, más unos cuantos espectadores que andaban por la zona, habían observado este encuentro y prorrumpieron en aplausos y exclamaciones de admiración.
Podía ser el nuevo, pero había que admitir que Newby tenía clase. Aquella anécdota le encantaría a Dameron.
- Hey.
- ¡UUAAAH!
El respingo que dio Rose asustó también a Finn, que alzó sus manos en señal de rendición mientras se acercaba a ella. La joven estaba sentada en el poyete de una de las terrazas exteriores de la zona del gimnasio y por poco se había caído de la impresión.
- Tranqui, sólo soy yo.
- Qué susto - respondió ella llevándose la mano al pecho.
- ¿Estás bien?
- Sí, claro – respondió ella, encogiéndose de hombros y fingiendo normalidad con una sonrisa que no convenció a Finn - ¿Por qué?
- Porque he visto todo lo que ha pasado con Lester – y Finn pudo apreciar cómo a Rose se le abrían los ojos de la sorpresa y el apuro - ¿Estás bien? – preguntó de nuevo, esta vez con más intención, más lentamente, sentándose a su lado sobre la piedra.
Ella bajó un poco la cabeza.
- Sí. Como ya has visto, le he dado su merecido. Imbécil…
- Pues no te lo pierdas, pero cuando te has ido, Lester se ha llevado el segundo golpe de la noche...
Rose frunció el ceño, confusa, mientras Finn arqueaba las cejas de modo significativo.
- ¿En serioooo? ¡Venga yaaaa! ¿Tú? Pero...
- No iba a quedarme callado después de la que ha liado - y se sacudió el polvo de los hombros en un teatral gesto falsamente pagado de sí mismo.
- No tendrías que haberte metido en ese lío - musitó ella.
La joven comenzó a balancear los pies, haciendo que las puntas de sus bonitos zapatos plateados asomasen a intervalos rítmicos bajo la tela de su falda.
- Es que él no tendría que haber dicho esas cosas de ti, ni de Paige – comentó Finn, con algo de apuro – No es correcto.
- Se cree que puede tener de segundo plato a chicas como yo.
Finn la miró con el ceño fruncido, genuinamente confuso.
- ¿Chicas como tú?
- Ya sabes – respondió Rose, mirándole de reojo – Chicas que no tienen muchas citas, ni son las primeras en la lista para ser invitadas al baile.
Finn esperó en silencio a que ella volviera a mirarle a los ojos, para clavarle su mirada castaña.
- Tú has sido la primera de mi lista.
Rose, sintiendo que las tripas le hacían ocho mortales seguidos, lo miró estupefacta. Y por fin, Newby lo vio: el sonrojo en la cara de la chica.
- Gracias – musitó Rose – Por todo – y se alzó un poquito para darle un beso en la mejilla, que Finn aceptó con visible estupor.
La miró con ojos como platos y vio cómo la joven se levantaba y le cogía la mano, mientras de fondo les llegaba la música de la siguiente canción.
- ¿Bailamos?
Finn, incapaz de responder, se dio cuenta de que la manita de Rose temblaba como una hoja. Así que, en un intento por tranquilizarla, le sonrió y la siguió. En ese momento, sopló una corriente de aire frío y Finn reparó en la liviana tela de las mangas cortas del traje de Rose. Se quitó la chaqueta y se la pasó por los hombros, mientras ella alzaba los brazos hacia sus hombros y él la rodeaba con los suyos, acomodándole mejor la chaqueta por encima.
It goes up, it goes down
It goes any way the wind would like to throw it around
I was lost, now I'm found
I put my hands in the air and my knees to the ground, yeah (*)
Y ella sonreía, con una sonrisa que ya le había visto cuando se conocieron el día aquél en que ella estaba mirando un catálogo de drones para Poe. También la había visto cuando ella le quiso tranquilizar por estar tan nervioso en la noche del Die Natch. También, estaba cuando hizo las pruebas para entrar en el equipo de baloncesto. Y cuando jugó su primer partido.
La sonrisa de Rose siempre había estado ahí para él, pero hasta ahora, no se había percatado del todo de cuán luminosa era, ni de lo mucho que se había acostumbrado a ella, ni de lo mucho que la necesitaba.
Y la música sonaba mientras empezaban a dar vueltas bajo las estrellas.
The pieces of the all that I could only hold, yeah
I could never say what you want me to say
I' ve got somebody else just to keep me on my toes again
I can' t barely stand when youre coming too close...
- Ese frenazo ha sobrado.
Rey comprobó con cara de apuro los gestos que le hacía Chewie en lengua de signos, mientras retiraba la llave del contacto.
- Lo siento – respondió la joven, colocando sus manos correctamente para expresar los signos – Necesito practicar más.
- Tú lo has dicho – replicó Chewie – Últimamente vienes poco.
- Lo siento. Es que estoy muy ocupada. Y suelo salir con mis amigos.
- Me alegro. Es la primera vez que te veo hablar de tantos amigos.
Ambos se bajaron de la furgoneta y avanzaron por la gravilla del jardín. Era una maravillosa mañana de domingo, soleada y fresca. Rey había logrado acabar su trabajo en el taller y, tras oír la cifra de lo que debía pagar en calidad de daños recibidos, había decidido ir a visitar a su amigo para desconectar un poco del chasco recibido.
Carl no tenía un buen seguro de daños y por consiguiente, aquel incidente le iba a costar caro a Rey. El ordenador roto, la caja registradora reventada, desperfectos en herramientas, algunos cables inservibles, abolladuras en un par de coches de clientes… Rey había estado haciendo cuentas y había calculado que, si no compraba absolutamente nada para sí misma desde entonces hasta las próximas navidades, tal vez podría llegar a pagar todo lo que debía. Pronto se pondría a buscar empleos para verano. Luego en junio a todo el mundo le daba la prisa y todos los buenos empleos estaban pillados…
La muchacha tenía una cuenta corriente que había abierto en el banco al cumplir los dieciséis y ahí iba metiendo regularmente una cantidad fija, que descontaba de sus ganancias en el taller y lo que sacaba en los trabajos de verano. Aquel dinero era para ella intocable, ya que lo guardaba para cuando saliese de casa Plutt, con lo cual no pensaba usarlo para pagar la deuda. También se había estado informando de las becas que había disponibles para chicos en su situación. Había muchas ayudas para cuando cumpliese los 18, y solamente esperaba poder entregar los papeles a tiempo para todas ellas. Sabía que, en cuanto cumpliese la edad, no podría esperar nada de Carl. Aparte de que ese mismo día saldría de su casa. Imaginaba ya la escena, casi liberadora: ella sacando las últimas cajas por la puerta, mientras Chewie, que vendría a recogerla con el Halcón Milenario para ayudarla con la mudanza, la esperaba en la puerta. Y ella se despediría de aquel antro para siempre…
¡Qué ganas!
- Por cierto, ¿te dieron problemas los aparatitos que te presté?
- No, funcionaron perfectamente. Me salvaste la vida, y ayudaste a que una chica inocente pudiese ganar un juicio – respondió Rey con una inmensa sonrisa – Los tengo en la mochila, ahora te los doy mientras tomamos algo. Muchas gracias.
- Estupendo. De nada.
Entre risas, entraron a la casa, donde Rey había aceptado tomar una bebida mientras charlaban sobre aquella clase de conducir. Chewie se metía con ella, diciendo que era demasiado pronto para empezar, si ni siquiera tenía planes de comprarse un coche. Pero Rey insistía:
- Chewie, no sé si la moto me va a durar el año y medio de instituto que me queda – le confesó, algo alicaída.
- ¿Y eso? Hiciste un gran trabajo reparándola. Funciona perfectamente.
- No te creas. Lo que hice fue poner parches. Lo cierto es que temo ponerla en marcha para trayectos largos. A veces ha estado a punto de fallarme cuando voy a ver al profesor Skywalker. No ha pasado nada malo, pero… no me fío mucho.
- Entiendo. Entonces, ¿qué vas a hacer?
Rey no le había dicho nada de la deuda a la que se enfrentaba, para no comprometerle, así que aventuró una respuesta:
- Quizás empezaré a mirar coches pronto.
- ¿Y por qué no buscas otra moto? Es lo que te gusta.
- Sí, pero me estoy dando cuenta de que, en el futuro, haré desplazamientos más largos si voy a una universidad o escuela técnica lejos de aquí. Y necesitaré espacio para llevar mis materiales… Y cuando busque un piso, podré hacer mi compra semanal, y podré llevarla en mi coche…
Chewie le dirigió una sonrisa mientras le frotaba la mano con la suya, tan grande como una pala. Seguidamente, hizo unos cuantos signos.
- Siempre tan responsable, pensando en el futuro.
Siempre igual, pensó el hombre, contemplando a la chica sorber un poco de té. Tan solitaria, pero a la vez tan concentrada en salir adelante por sí misma, pensando ya en su futura vida como estudiante independiente.
Una vida en la que no había nadie más.
Sí, la chica tenía amigos, los que estaba haciendo ahora en el instituto. Le tenía a él, que la recibía encantado siempre. Pero, ¿cuánto tiempo estaría él en el mundo? ¿Y con cuántos amigos del instituto mantendría Rey el contacto cuando se marchase el curso siguiente? En cuanto ella se largase de casa Plutt al cumplir los dieciocho, iba a estar completamente sola.
¿Quién habría a su lado para acompañarla en la siguiente fase de su viaje?
Mientras cerraba su cuaderno de cuentas y apagaba la calculadora de su móvil, un pensamiento había asaltado a Rey: a lo mejor Kylo estaba al corriente de aquel ataque. ¿Y si lo había organizado él?
Qué hipócrita de su parte había sido, por tanto, llevarla a aquel paseo en moto como si nada. A lo mejor no tenía la conciencia tranquila y quería compensarla por lo ocurrido. Pero entonces, ¿lo había organizado él o no?
Dudaba muchísimo. Hace unos meses habría dicho rotundamente que sí. Pero ahora…
Ahora recordaba todos sus encuentros con Kylo, todo lo que habían compartido. Cada enlace, cada mirada… El modo en que la había escuchado aquella noche, tras lo del pozo, en la que ella se había sentido tan sola. Y había llegado él, tan serio y tan hosco como siempre, pero escuchándola con el alma en los ojos, envolviéndola con su energía como si fuera otra manta calentita extra… Y aquel toque de su mano…
Y luego, aquel paseo en moto, donde había sentido una felicidad como hacía mucho que no sentía. Abrazada a él, disfrutando de la velocidad, las curvas, la fuerza de Kylo inundando su ser.
Sintiendo que eran uno solo.
Y después, un poco antes de que la conversación se fuese a la mierda, todo había sido tan fluido… Como dos amigos compartiendo un rato de charla tranquila. Casi perfecto. Y él había vuelto a mirarla de aquella manera que ardía, que echaba chispas. Como magma volcánico bajo una débil capa de corteza terrestre que lo contenía. Con aquellos ojos oscuros, fijos, de mirada tan intensa. Mirándola desde su altura, haciéndola sentir aún más pequeña y provocándole un espasmo en el pecho en el que no quería creer.
Su presencia, su intensidad, todo él, la perturbaba de un modo que jamás había experimentado. Y, sin embargo, no dejaba de pensar en cuándo volverían a encontrarse.
Porque ahora lo tenía claro: a pesar del objetivo que se había establecido con Kylo, y de que no pensaba cejar en su empeño, necesitaba ser más sutil de ahora en adelante si quería alcanzar su meta.
Necesitaba pedirle disculpas a Ren.
- Entonces, ¿nos da autorización para hacerlo?
- Por supuesto, Dameron – asintió Leia Organa, sonriendo suavemente y haciendo que Poe y Kaydel intercambiasen sendas sonrisas de alivio y alegría – El instituto Republicano ayuda siempre a aquellos que lo necesiten y no podemos permitir que una persona inocente pague las consecuencias de la barbarie ajena.
- ¡Genial! – exclamó Poe – Quiero decir, muchas gracias, directora Organa – y se cuadró de nuevo, echándole una mirada de reojo a la profesora Holdo, que los miraba de pie junto a la puerta del despacho, de brazos cruzados. Su melena con reflejos malva estaba igual de bien moldeada que siempre… ¿Cómo lo haría?
- Necesitaremos que nos aporten justificantes de lo recogido, ¿me han entendido? – intervino Holdo, en su habitual tono serio y reposado.
- Por supuesto, profesora Holdo – le aseguró Kaydel – En cuanto tengamos todo, les mandaremos lo que necesiten.
- Muy bien – dijo la directora – Pueden marcharse.
Ambos jóvenes salieron del despacho y, en cuando la puerta se hubo cerrado tras ellos, chocaron los cinco con ambas manos, muy contentos.
- ¡Hecho! – exclamó Kaydel, y miró su reloj - ¡Tenemos que mandar ese correo enseguida! - le cogió la mano a Poe, mientras echaban a correr por el pasillo - ¡Venga, que llegamos tarde a Matemáticas!
Giraron la esquina, presas de la alegría, mientras que Poe, al sentir el contacto de la mano de Kaydel sobre la suya, olvidaba momentáneamente los reflejos malva del cabello de la profesora Holdo.
- ¡Me cago en la leche! – exclamó Masterson, dándole una patada a la papelera más cercana. Había un charquito bajo su moto y, tras examinar el mecanismo, se había dado cuenta de que alguien le había agujereado con mucho cuidado el depósito por un par de sitios.
Cogió el móvil para llamar a su hermana Debbie y pedirle ayuda, pero al no responder supuso que se habría largado ya a casa con Phasma, con la que siempre andaba.
- La cosa pinta mal – dijo una voz a sus espaldas.
Masterson, intentando disimular que lo habían asustado, se giró rápidamente y vio a Kylo, apoyado en una pared bajo la parte en sombra de un árbol. Avanzó hacia él andando lentamente.
- ¿Has visto algo, Ren? Porque pienso reventarle la cara a quien lo haya hecho.
- No, no he visto nada – respondió Kylo metiéndose las manos en los bolsillos. Frente a él, Masterson miró su reloj.
- Si tengo suerte, el taller de Ollie aún estará abierto.
- Ya, pero no vas a ir a Ollie ahora.
El muchacho alzó la vista hacia Ren, que anduvo hasta colocarse a medio metro de él.
- Vas a hacerme una promesa.
- ¿De qué hablas?
- De algo que te convendría hacer a menos que quieras que ciertos detalles tuyos salgan a la luz – le cortó Kylo, rápido y violento como la mordedura de una serpiente.
Masterson retrocedió unos pasos, visiblemente molesto.
- ¿Pero qué dices? ¿Estás loco? ¿Qué cojones pretendes?
De pronto, se vio agarrado de las solapas de la cazadora en una décima de segundo.
- A mí no me replicas, Y menos, con esas maneras – siseó Kylo, a dos centímetros de su nariz - ¿Te queda claro?
- Suéltame, Ren.
- No hasta que me prometas lealtad - aseveró Kylo. Gracias a sus habilidades, sabía perfectamente que estaba intimidando a aquel idiota. Orgullo masculino quebrado por superioridad física: Ren le sacaba cabeza y media y ocupaba casi el doble que él. Era algo muy básico, pero la humanidad se regía por aquellos instintos desde el inicio de los tiempos.
- Pero ¿por qué? – alcanzó a preguntar el otro - ¿A qué mierda viene esto?
Kylo inspiró profundamente y le soltó, cerrando los ojos. Masterson experimentó un verdadero aguijonazo de miedo.
Aquel gesto lo hacía Ren cuando estaba intentando controlarse. Lo que solía ocurrir inmediatamente después, el noventa por ciento de las veces era que al final, a pesar de intentar aquel gesto, acababa reventándole la cara a alguien.
- Sin preguntas. O me haces caso, o todo el mundo tendrá acceso a esas fotos que le hiciste a los exámenes de Química. Y hablaré con tu padre sobre "esas fotos" que guardas en tu ordenador.
El cuervo abrió ojos y boca como platos.
- ¿Qué dices? ¿Qué sabes de…? Espera… ¿cómo lo sabes?
- Eso no te importa. Lo único que debe preocuparte es mantener el pico cerrado sobre lo que voy a decirte, ¿me has entendido?
Masterson tragó saliva.
Se ha rendido.
- Entendido, Ren.
No lejos de allí, oculta tras una esquina cercana, una figura observaba y lo había oído todo. En cuanto Kylo se separó de Masterson, echó a correr todo lo que pudo para alejarse de allí. Había que ser precavidos en este mundo.
Sus engranajes mentales echaron a rodar, llevando a esa persona por caminos insospechados.
Pero plausibles.
El manotazo que le dieron a Ralph, de octavo grado y mirada candorosa e inocente, le dolió hasta a Rey, que lo tenía al lado en la cola de la cafetería. La chica se giró, imaginándose una conversación casual y estúpida cualquiera entre estudiantes. Vio a dos muchachos bajitos de primer año, que la miraban con el miedo en la cara, mientras el que le había pegado el manotazo a Ralph lo sacaba de la cola regañándole:
- Idiota, lo de la cadena de mensajes es secreto. ¿Cuándo vas a enterarte de cómo funciona?
Rey se encogió de hombros y empezó a llenar su bandeja. Mientras, le llegó el eco de otra conversación de dos chicas de último año, no lejos de ella.
- Y claro, es una cagada lo que le ha pasado. Menuda injusticia…
Creyó ver entonces cómo una de las chicas hacía una extraña seña a la otra y miraban en dirección a donde estaba Rey. La joven miró detrás de sí, pensando que probablemente estarían mirando a otra persona, pero solamente estaba Rose, llenando su bandeja.
De camino a la mesa, le pareció oír su nombre en la mente de alguien y se detuvo para ver quién sería. Mala pata, se habían callado ya.
Bueno, últimamente estaba en boca de muchos, cada vez más, ahora que cada vez era más conocida en el insti. No estaba mal, aunque le daba algo de apuro. Estaba tan entretenida en aquello, que Rose la rebasó y se adelantó a ella.
Cuando llegó a la mesa, aún sumida en sus propias reflexiones, vio que Finn y Rose intercambiaban comentarios mientras miraban sus móviles. Últimamente estaban muy unidos y Rey constató con una sonrisa que el baile de Invierno había tenido "consecuencias agradables" para ellos dos…
- Yo se lo he mandado también a mi tío – comentó Finn.
- Pero si no es estudiante - replicó Rose.
- Da igual. Todos pueden colaborar.
- ¿Colaborar en qué? – preguntó Rey mientras depositaba su bandeja junto a ellos. Finn se atragantó con el zumo y Rose tuvo que darle unas palmaditas en la espalda.
- Hombre, Rey, qué sorpresa… Pues nada, no estábamos diciendo nada…
- Sí que lo estabais – insistió ella, sentándose - ¿Es algo sobre una cadena de mensajes de WhatsApp? Oí algo de eso esta mañana a la entrada.
Últimamente estaba teniendo más cuidado en no usar sus poderes junto a Rose y Finn. Ahora que parecían más cercanos, no le apetecía en absoluto inmiscuirse en sus vidas privadas. En absoluto.
- Eeeeeeh… - Finn tartamudeó mientras miraba de soslayo a Rose – Pues… Sí…
Afortunadamente para los dos, a Rey se le escapó la mirada asesina que le dirigió Rose a Finn…
… que seguía titubeando.
- Es por… una cadena…
- Ya, sé que es una cadena. ¿Y qué más? – preguntó Rey, metiéndose una patata frita en la boca.
- Una cadena… benéfica.
- ¿Una cadena benéfica?
- Una cadena… solidaria. Solidaria. Sí – y sin que Rey se diera cuenta, Rose puso los ojos en blanco.
- ¿Sobre qué? A mí no me ha llegado nada.
- Oh, nada, no es nada importante… - seguía farfullando Finn, muy nervioso – Una causa benéfica…
- Eso ya lo has dicho.
- Sssssí, claro, sí… ¡Un niño enfermo!
Rey y Rose saltaron por la sorpresa. Bueno, Rose, por la sorpresa y el apuro.
- ¿Enfermo? ¿Qué pasa? – inquirió Rey.
- Es un niño de la ciudad. Su hermano mayor es estud…. Fue… Fue estudiante de aquí – explicó Finn, cada vez más nervioso - Sí. Hace dos años. Y está muy enfermo. Están dándole publicidad porque van a reun… Van a… Van a… A armar un concierto benéfico.
- Oh, vaya… ¿Y de qué es? Podríamos ir y así ayudamos un poco – sugirió Rey con sencilla franqueza – Aunque últimamente estoy un poco justa de pasta, pero siempre se puede echar un cable…
- ¡No! ¡Tú no! – saltó Finn, al borde del paroxismo. Rey arqueó una ceja – Bueno, sí, quiero decir…
- En cuanto podamos, te pasaremos la información. Lo pasaremos bien – intervino Rose por fin, hablando con mucho aplomo. El muchacho exhaló un suspiro de alivio y Rey seguía sin entender nada, cambiando la vista de uno a otra.
- ¿Ocurre algo?
- ¡Noooooo, nada, nada!
- Finn, estás que te va a dar un ataque.
- Es que estoy muy nervioso por el examen de Física.
- No me lo recuerdes. Espero aprobar otra vez.
Llegó entonces Poe, que traía a medio equipo de fútbol consigo. Vinieron metiendo mucho ruido, discutiendo tácticas y tirándose patatas fritas cada vez que alguien metía la pata. Enseguida monopolizaron la atención de Rey con sus bromas y comentarios. La chica empezaba a conocerlos mejor y uno de ellos, que iba a clase de Mecánica con ella, había declarado días antes que Lester era imbécil. Automáticamente, se había ganado el aprecio y la confianza de Rey, que pronto se formaba un nuevo amigo. En general, Rey había despertado la curiosidad de los compañeros de Poe, quien les hablaba a menudo de ella, y habían considerado oportuno conocerla mejor. Y francamente, estaban encantados: Rey era muy simpática, aunque a veces le costaba andar con tanta gente a la vez, y ¡sabía de coches y motos! Aquello sumaba cinco puntos extra por lo menos en sus escalas…
El momento fue aprovechado por Rose para regañar a Finn:
- ¿En serio, Finn? ¿Un niño enfermo?
Finn, apuradísimo, se encogió de hombros.
- Yo qué sé, me ha pillado de sorpresa.
- Eres pésimo para estas cosas.
- Lo siento…
Ahora sí. Ahora que Rey no miraba, Rose pudo darse un palmetazo en la frente de pura impotencia.
- ¿Y a qué se debe esta visita? Me resulta extraño que quieras hablar conmigo…
Snoke juntó lentamente sus manos, hasta entrelazar sus dedos, mientras Armitage tomaba asiento en el sofá negro, cuyo cuero crujió lentamente.
- Querría transmitirle mi preocupación por Kylo.
Snoke arqueó sus inexistentes cejas, y Hux juró por todo lo más sagrado que aquella era la misma mirada de un chacal intrigado.
- ¿Preocupación? – y su gesto mudó automáticamente a uno de genuina ansiedad - ¿Ocurre algo con él?
Hux, que estaba muy erguido en su asiento, tragó saliva ostensiblemente.
- Últimamente se comporta de modo extraño y ha dejado de pasar tanto tiempo conmigo.
- Extraño – Snoke frunció el ceño, mirándolo con tanta intensidad desde el otro lado de su mesa de despacho, que casi bizquea – Para poco en casa, la verdad. Pensaba que andaba contigo o con Anya.
- Sí, en ocasiones sí – explicó Hux, dejando viajar su mirada por el vacío – Pero en otras… No sé. Creo que se ha metido en un lío bien gordo.
El anciano director de la Academia no cambió su gesto un ápice. Kylo tenía un buen maestro en el arte de la inexpresividad facial.
- Cuéntame – pidió con una voz que tuvo la extraña facultad de sonar suave e invitadora y apremiante y dura como un latigazo a la vez.
- ¡Uaaaaaah, gracias! ¡Qué bonito es!
Rose no podía dejar de ponderar el regalo que le había hecho Rey: un curioso portalápices, con un soporte integrado para insertar hojas de un calendario y un sacapuntas a motor acoplado a un extremo. Estaba todo decorado con tornillos, tuercas y otras piezas pequeñas, yuxtapuestas en forma de flores y hojas. Todo estaba cubierto con capas de pintura en suaves rosas y malvas, dándole al conjunto un aspecto muy femenino y vintage. Rey estaba muy orgullosa de aquel trabajo, que había podido realizar a ratitos por las noches, antes de irse a dormir.
- Te oí decirle a Finn lo mucho que te había gustado el portafotos que le regalé por Navidad y por eso pensé que te podría hacer a ti algo parecido.
- Es súper original – comentó Paige, mientras el objeto pasaba por varias manos y era examinado con sumo cuidado – Podrías ganarte un dinerillo haciendo cosas de éstas. Como regalos son muy bonitos. Tienes un don, chica.
Rey sonrió, halagada, aunque almacenó aquel comentario para más tarde. No había considerado aquella idea…
- Gracias. Pero requiere tiempo. Éste ha sido sencillo de montar, pero otros pueden ser más complejos…
Además, pensó, nadie sabe que la verdadera razón por la que he optado por este regalo es porque necesito ahorrar todo lo que pueda a partir de ahora.
En vez de gastar dinero en comprar algo, había decidido usar los materiales que tenía a mano para crear algo distinto. Era una buena opción, pero lo había mantenido en secreto por vergüenza.
- Si te abrieses un Instagram y subieras unas cuantas fotos de lo que haces, seguro que te saldrían encargos – comentó Poe con seguridad.
Estuvieron así un rato más, comentando los regalos que iba abriendo Rose. Disfrutaron mucho de aquella cena, que estaba deliciosa. El Kanji Klub tenía una merecida reputación como uno de los mejores locales de sushi de la ciudad y ninguno pudo llegar a los postres. Brindaron varias veces por la cumpleañera, que aceptó los "chinchin" con una tímida sonrisa antes de recordarles que tenían un concierto al que ir… Con una nueva excitación, todos se apresuraron en pagar la cuenta y recoger sus abrigos para desplazarse al lugar del evento entre risas y bromas.
La sala Mos Eisley había empezado casi como una nave industrial inmensa, pero había acabado convirtiéndose en la mejor sala de conciertos de la región, gracias a las mejoras en equipación e infraestructuras. Era cierto que allí se celebraban conciertos de todo tipo, pero también había acogido concursos de hip hop, recitales de poesía, sesiones de DJs y otros eventos por el estilo. La acústica era inmejorable y estaba bastante bien acondicionado, con varias barras, zonas de descanso, aseos y un parking muy amplio, así como accesos a paradas de bus y taxi y una parada de metro a solamente unos cincuenta metros de distancia del recinto. También estaba cerca de zonas de marcha y otros bares.
Los Mandalorians, el grupo al que iban a ver, era una formación que había surgido en la zona y que llevaba dando caña cerca de ocho años, desde la época en que aún eran "Bob Fett and the Mandalorians" (nombre que habían acabado por simplificar para hacerlo más atractivo) Su estilo podía clasificarse como rock electrónico, combinando canciones de alto voltaje con potentes baladas guitarreras y temazos de estilo casi discotequero con ritmos bailables. Su última gira estaba siendo un éxito y este concierto era especial para ellos, ya que volvían a la región que los vio nacer.
Aquél era el evento de la semana: iba muchísima gente del Republicano, conocidos de otros sitios y muchos recién llegados de otros estados y zonas del país. Los alrededores ya estaban muy concurridos y se empezaba a formar cola de entrada. Unos cuantos coches de policía con las consabidas ambulancias esperaban en una esquina cercana para velar por la seguridad de los asistentes. El ambiente era festivo y se veía a muchos con las camisetas de la gira en la cola. Desde el interior llegaba la música de los teloneros, los Gungans, que tampoco sonaban mal del todo y que estaban ya animando bastante la fiesta antes del plato fuerte.
- Vaya, ahí están esos perdedores.
Kylo se asomó sobre la balconada en la que estaba la zona VIP. Correspondía a un lateral de la sala, donde se situaba el segundo piso en forma de balcón corrido que rodeaba tres cuartas partes de la sala, exceptuando la zona de escenario. Allí tenían barra exclusiva, asientos y una visión fantástica de todo el lugar.
De fondo seguían sonando los Gungans, que poco a poco calentaban la fiesta con sus sonidos "ska" y gamberros. Al haber aún poca gente, pudo localizar rápidamente a los republicanos. Entre ellos estaba el guapito de cara, Dameron, saludando a unos y otros (solamente le falta repartir autógrafos, pensó Kylo con desdén), Newby y una chica que no logró reconocer en un principio por estar de espaldas. Pero en un determinado momento, se dio la vuelta y no pudo evitar un jadeo de sorpresa.
¿Rey?
De nuevo, la joven lucía un aspecto distinto al que le tenía acostumbrado. Siempre llevaba aquellas sudaderas, ropa ancha, rebecas largas de color arena, zapatillas de deporte hechas pedazos y vaqueros de colores tierra. Y sus moños, aquellos sempiternos recogidos triples que eran funcionales, sencillos y prácticos, como todo lo que ella usaba.
Pero hoy estaba distinta, como el día de la fiesta y el paseo en moto. Llevaba una falda de color café claro, con un poco de vuelo, que le llegaba a medio muslo, ajustada a la cintura. Lucía una camiseta blanca con adornos en rojo y unas mangas de mariposa muy cortitas. Al haber aún algo de espacio entre los ocupantes del lugar, pudo ver que completaban su atuendo unas zapatillas blancas de plataforma y un bolso de bandolera en tonos caramelo.
En aquel momento, charlaba animadamente con Finn y vio cómo sonreía ampliamente. Llevaba el cabello suelto, dejando recogida solamente la parte superior en un pequeño moño en la parte trasera. Por el cabello asomaban unos grandes aros dorados que se agitaban levemente a cada movimiento. No supo si era por el atuendo o por lo contenta que parecía, pero realmente, aquella noche, la joven despedía una luz especial.
Un pequeño sol.
Rey era un pequeño sol, que explosionaba cada vez que se cruzaba con él o la hacía enfadar, provocándole supernovas de calidez en el pecho. La misma maldita supernova que le había reventado dentro la noche en que la vio llorar.
Algo en su interior retumbó con fuerza y se llevó la mano allí rápidamente. ¿Estaría atacándole de alguna manera?
Volvió a mirar y no, no parecía que siquiera Rey se hubiese dado cuenta de su presencia. Mejor. Así podría observarla más a gusto.
Vio cómo el grupo se desplazaba hasta otra zona con más espacio y mientras hablaban, los Gungans se despidieron al fin, dando paso a un DJ que empezó a poner música variada mientras tenía lugar el cambio de escenario. Sonaba entonces "Cake by the ocean", del grupo DNCE y Kylo contempló cómo, al llegar al estribillo, Rey empezaba a alzar los brazos y a saltar con los demás, riendo a carcajadas.
Rey, el pequeño sol, brillaba rutilante.
Y sin querer, sin esfuerzo ninguno, la oyó. Probablemente ella tenía las defensas bajas en aquel instante de despreocupación y felicidad, pero parecía importarle poco.
- ¡Esto está fenomenal! Es la primera vez que voy a un concierto. Me he estado perdiendo tantas cosas… Pero tengo que estar agradecida. Tengo suerte.
La canción acabó y hubo cambio de estilo al house. Kylo retiró su mirada para comprobar que Hux y Phasma estaban en la zona de barra, junto a algunos miembros de la patrulla de pasillo de onceavo y duodécimo grado que bailaban ligeramente como con asco y sin ganas, le pareció. Dirigió la vista de nuevo a la pista central y entonces ella giró el rostro, cruzando su mirada con la suya.
Justo en ese momento, la vocalista cantaba:
Is it just all, all,
all in my head, head,
Will I find out, find out,
Before I am dead? (**)
Y en medio de la multitud, se sintieron aislados, rodeados de un borrón de figuras que se movían de un lado a otro. Las luces despedían flashes alrededor de ellos, creando halos multicolores en torno a ambos.
- Hola.
- Hola.
Para qué enfadarse ya. Eran viejos conocidos.
¿Era natural aquella familiaridad?
¿Y era normal que se le revolvieran tanto las tripas?
Una vez más, Rey se sintió intimidada por la mirada de Kylo, pero de un modo totalmente distinto. La desarmaba, pero ya no tenía miedo de él.
Lo que empezaba a asustarla era el furioso latido de su corazón.
Bueno, Kylo siempre iba acompañado de aquel aura de oscuridad que ponía los pelos de punta a todo bicho viviente. Sería eso.
Is it just all, all,
all in my mind,
´Cause I´m pulling you close,
But should I leave you behind?
Luchó con todas sus fuerzas para mantener sus barreras, pero su mente trabajaba a toda velocidad.
- ¿Por qué no te puedo sacar de mi mente? ¿Por qué, aunque no estemos conectados, no puedo evitar pensar en cómo ayudarte? ¿Por qué parece que te sientes tan solo como yo?
Él seguía mirándola, mientras el mundo danzaba a cámara lenta a su alrededor. Hoy llevaba una camiseta de manga larga en negro con un cuello vuelto muy ancho, que le caía por los hombros y pecho de modo descuidado. La llevaba remangada hasta los codos, dejando ver unas muñequeras de cuero en ambos brazos. Para variar, vestía pantalones y botas negros. Llevaba el pelo algo húmedo (¿gomina, ducha reciente?) y notó que ya casi no se le distinguía la cicatriz. Y por supuesto (debió haber imaginado que pasaría algo así) el joven lucía, colgada por una tira de tela al cuello, una tarjeta que muy probablemente sería un pase VIP. Otro caso de niñato con pasta.
Y entonces (¿veía visiones?) creyó ver cómo, casi imperceptiblemente, el muchacho le hacía una leve seña con la barbilla.
- Disfruta de la noche.
Y rápidamente, se esfumó entre la multitud del piso de arriba.
El mundo volvió a seguir girando a su ritmo normal.
- Bueno, chicos, voy a pedir algo – comentó Rose.
- Anda Finn, pídeme lo del otro día – y Poe le alargó un billete a su compañero.
- Sí, y una tónica para mí – y Paige hizo lo mismo con su hermana.
- La próxima vais vosotros – rezongó Rose – Vamos, Finn.
Con una sonrisa, Rey los vio marcharse. Se esforzaba mucho por "desintonizar" todo lo posible de los pensamientos ajenos siempre que notaba que se dejaba llevar. Le daba mucha vergüenza escuchar intimidades sin querer y se sentía invasora en territorios prohibidos cada vez que penetraba en otras mentes.
Bueno, si entraba en la de Ren le daban náuseas. Eso era otra historia.
Aunque… no siempre era así.
Últimamente, la atmósfera oscura que rodeaba al cuervo se había aclarado a, digamos, un gris humo. En los últimos días, la mente de Kylo parecía un lugar un poquito más saludable. Si hasta tenían conversaciones civilizadas y todo…
Ciertamente, cuando no intentaba fastidiar al personal o se quitaba la máscara de macho alfa emo, Kylo Ren podía llegar a ser un tipo hasta soportable.
Perdió su mirada entre la multitud, evitando la balconada.
- ¿Pero tú te estás oyendo, Rey? ¿Qué te está pasando? Es un amargado que no sabe vivir sin fastidiar al personal… Bueno, últimamente está un poco más amable, pero todo es tan confuso…
- ¡Paso que vamos! – Rose y Finn llegaron abriéndose camino a codazos, cargados cada uno con dos vasos llenos.
El local iba llenándose rápidamente ahora que ya faltaba poco para la fiesta principal. Rey salió de su ensueño y se escabulló rápidamente hacia la barra, mientras decía:
- Voy a pedir yo algo.
Por el camino, iba tan distraída que casi no le dio tiempo a darse cuenta de que iba a pasar junto a Hux y Kylo, que habían bajado a la pista central. Suspiró, apretó los dientes y alzó el mentón al pasar ante ellos, evitando hacer contacto visual. Le costó mucho trabajo no alzar la mirada ante Kylo. Se le hizo raro ignorarle, hacer como si fuera un extraño para ella. Con todo lo que llevaban vivido…
- Vaaaya, pero si la friki tiene piernas… - dijo entonces Hux en voz muy alta y sonriendo ladinamente a su paso – Para eso, habértelas guardado…
De pronto, Kylo, sin moverse un ápice de su posición a la izquierda de Hux (bebiendo de su copa y derritiendo a Rey con la mirada) alzó su brazo derecho hacia atrás y, en un rápido movimiento, le estampó los nudillos a Hux en el esternón, lo cual le hizo soltar la copa. Ante el ruido del cristal al caer, la joven se giró, pero ya solamente vio cómo Hux se doblaba de dolor, mientras Kylo, inexpresivo como siempre, apuraba su vaso y la traspasaba con sus ojos oscuros. La gente que estaba cerca de ellos se retiró al punto, alertada por el estruendo de la copa al estrellarse contra el suelo y las salpicaduras de líquido.
- ¡Come mierda, Huax! – espetó Rey, sacándole el dedo medio al pelirrojo a dos palmos de sus narices. A continuación, se escabulló rápidamente, farfullando maldiciones.
Kylo hizo lo que pudo por evitar la sonrisa. No se había dado cuenta de…
… de lo divertido que era ver a Rey en uno de sus arrebatos…
… siempre y cuando no estuvieran dirigidos a él.
Una vez que ella se hubo alejado y que Hux recuperó el aliento, entre las risas del personal circundante, el muchacho increpó a Kylo:
- ¿Se puede saber a qué cojones ha venido eso?
Por toda respuesta, su compañero se apartó con un movimiento fluido. Pero Hux no lo iba a dejar estar así.
- ¿Me has oído? – y le sujetó el hombro, obligándole a girarse hacia él.
- Voy a comprarte otra copa. Espérame aquí – y Kylo se desprendió de él con un tirón.
En la otra punta de la sala, la barra estaba ya llena y a Rey le costó abrirse paso con algún que otro codazo. Una vez allí, se armó de paciencia y se acodó para esperar.
- Menudo gilipollas – rezongaba para sí, mientras aún le quemaban en los oídos las desagradables palabras de Hux. Pero nadie lograría apartar de su mente el pensamiento de que se veía guapa aquella noche. Todos se lo habían dicho. Hoy estrenaba la camiseta de Finn, aquélla en la que ponía "I´m a Pretty Rebel Girl", Paige la había ayudado a combinar las prendas para dar con un atuendo cómodo y le gustaba la idea de verse diferente por una vez en la vida.
¿Qué narices le importaba la opinión de aquellos dos amargados? Seguro que ninguno se comía un rosco esa noche. Según había oído, Armitage Hux era un pijo insufrible, además de su despreciable afán por pisotear a todo el que considerase por debajo de su liga (lo cual ocurría con, digamos, el 99% de la población y que ella ya había probado en sus carnes). Y físicamente, al menos a ella, le repelía bastante.
Y Kylo… Bueno, ése era un caso aparte. A pesar de su metro noventa, físico de deportista, buenas notas y alto nivel de vida, tenía fama de solitario y no se le había conocido novia. La gente tenía razón en opinar que provocaba repulsión. Y hacían bien en apartarse. Normal, era desagradable, hosco, irascible y un pelín cabroncete…
Solamente ella parecía ser la única que sabía lidiar con él, y que le aguantaba. No sabía si tendría mucha relación con chicas, pero, fuera de la Academia, ella parecía ser la única chica con la que él hablaba más a menudo. Y sin embargo, aquellas conversaciones eran totalmente secretas. Nadie sabía que el presidente del Consejo de la Academia, hijo adoptivo del prestigioso director Snoke, se pasaba ratos hablando con una cualquiera del Republicano, una pobre aprendiz de mecánica de baja estofa que había nacido dios sabe dónde.
- Y sin embargo… Vuelvo a recordar las conversaciones que tenemos estos días… Últimamente está hasta amable y todo. La noche del pozo me ayudó mucho tenerle ahí para contarle todo. Y el paseo en moto… ¡Oh, madre mía, qué pasada! La verdad es que…
Pestañeó rápidamente.
- … Es que se portó genial. Sin más rodeos.
Suspiró. La música subía de volumen y cada vez había más gente. La barra se llenó enseguida.
- Si se portase así con todo el mundo, la gente lo apreciaría un poco más.
Alzó la vista al instante.
- ¿Y por qué se porta así conmigo? ¿Será únicamente porque tengo poderes como él o es que realmente se lleva bien conmigo?
Resopló mientras jugueteaba con una carta de cervezas que tenía a mano, pero la soltó enseguida. Estaba pegajosa. Puaj.
- Lo dicho: Kylo es un rompecabezas. ¿Por qué a veces tengo la sensación de que está reprimido? Como si dentro hubiera algo al que no deja salir… A veces él mismo parece sorprendido de cómo me trata. Tiene buen cuidado de blindar su mente cuando está conmigo, pero lo noto. No sé si lo sabe, pero noto que me esconde muchísimas cosas. Bueno, yo también le oculto cosas a él. Pero supongo que él tiene mucha más mierda que esconder.
Apoyó las manos sobre el mentón, mientras se retiraba un poco a causa de un grupo de chicos que acababa de llegar. Daban muchos gritos y parecían un poco pasados de copas ya a esas alturas de la noche. Uno de ellos la empujó en el costado y ni siquiera se giró a pedir disculpas. Rey aguantó las ganas de increparle, inspiró hondo y miró de nuevo hacia adelante.
- Supongo que necesito seguir practicando tal y como me pidió el profesor – cogió distraídamente una servilleta de cóctel, que había en un dispensador cercano, y empezó a juguetear con ella.
Notó entonces a alguien tras ella. Uno de los chicos del grupo ruidoso había empezado a bailar, rozándose de modo en absoluto casual contra su cadera. Poniendo los ojos en blanco, Rey se echó a la izquierda, lo cual hizo que el joven se tambaleara un poco y que lo tuvieran que sujetar entre risas y empujones.
La muchacha miró atrás y a otros lados de la barra, pero el tránsito estaba imposible. Mejor quedarse en aquella zona. La camarera parecía haberla visto y ya se dirigía a ella…
La música cambió a un tema electrónico y sugerente. La conocía, solían ponerla en la radio cuando trabajaba en el taller.
You lift my heart up
When the rest of me is down
You, you enchant me,
even when you're not around(***)
De nuevo, otro de los idiotas a su derecha estaba desagradablemente cerca de su costado derecho. Se giró con el odio en los ojos y vio cómo el grupo al completo se reía con grotescos gestos de invitación. Les dio la espalda del modo más ostensible y brusco que supo y se dirigió a la camarera, que por fin esperaba su comanda al otro lado de la barra.
- Una Coca Cola Zero – y la joven asintió mientras se alejaba a prepararle los hielos en el vaso.
- Oye, guapa, no me mires así, que me van a dar ganas de comerte la boca sin avisar.
Rey se giró y vio a uno de los borrachos frente a ella, mientras los demás jaleaban y aplaudían y ella sintió la rabia subirle a los puños.
- Lo que te vas a comer es una patada en la entrepierna como no me dejes en paz.
- ¡Uuuuuuuhh! ¡Qué miedo!
Se giró hacia la barra de nuevo, dándoles una última oportunidad, e inspiró hondo, mientras la energía bullía dentro de ella. Una masa oscura anidó en su pecho, preparada para atacar como una fiera. Esta vez no, pensó. Esta vez voy a controlarme. Y notó cómo la calidad y color de la energía cambiaba lentamente…
Inspira, respira. Casi parecía que el profesor Skywalker estaba allí con ella.
If there are boundaries,
I will try to knock them down
I'm latching on, babe
Now I know what I have found
De pronto, sintió la oscuridad. La envolvió por completo.
Pero, de nuevo, era distinta. Incluso más que las otras ocasiones.
Era una oscuridad reconfortante.
Dejó de percibir el contacto con los chalados de su derecha. Oyó cómo se quejaban y se alejaban. Se giró y vio, casi completamente pegado a su espalda, a Kylo. Estaba literalmente haciendo de muro de contención entre ella y la ruidosa panda que había quedado al otro lado. Miraba a la barra, casi sin ser consciente de su presencia. Su barbilla casi rozaba con su coronilla y vio cómo el largo brazo derecho del joven se apoyaba sobre la barra de modo despreocupado.
La energía de Kylo embistió su psique como un mar embravecido que chocase contra un fuerte acantilado. Percibió perfectamente el blindaje de su mente, las tres vueltas de llave que le había dado a la cámara secreta de sus pensamientos. Y la oscuridad gobernaba todo.
I feel we're close enough
I wanna lock in your love
I think we're close enough
Could I lock in your love, baby?
Pero aquellas vibraciones eran, de nuevo, tumultuosas. Ya no eran la sólida marea que antes la envolvía hasta entumecer sus sentidos por el frío. Había una calidad diferente en aquella membrana de poder.
Había agujeros por los que salía algo de luz.
Era inconfundible, lo sabía porque de aquellas fisuras salía un poder de vibraciones similares al suyo. ¿Cómo podían ser aquellas vibraciones propiedad del chulesco y malnacido líder de la Academia?
Había tormento allí. Aquel poder llegaba a ella en ondas temblorosas, que por su propia fuerza parecían destruirse a sí mismas en cuanto chocaban con las suyas.
Inspiró hondo y ella también reforzó sus barreras. Antes, bailando con los demás, se había despistado un poco, cuando al fin se dio cuenta de que Ren estaba pendiente de su mente. Había alzado su barrera al instante, pero realmente lamentaba tener que hacer aquello en una noche en la que se había prometido disfrutar.
Y Kylo había llegado para estropearlo todo.
Now I got you in my space
I won't let go of you
Got you shackled in my embrace
I'm latching on to you
La joven se giró y le costó trabajo despegarse de la figura del chico. Tuvo que alzar mucho la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos. Lo fulminó con la mirada, mientras él evitaba el contacto visual.
- ¿Qué haces?
- Lo mismo que tú.
- No. ¿Qué haces? ¿Por qué te has puesto en medio?
- Me estaban empujando.
- Oh, sí, claro.
- Sí, claro, ¿qué?
- Que por qué lo has hecho. ¿No hay más sitio? Esto es bien grande.
Kylo frunció el ceño, la miró por fin y se señaló la oreja, vocalizando:
- No te oigo.
Rey bufó exasperada y se dio cuenta de que iban a mirarles raro si les veían taladrándose con la mirada con intensidad letal durante varios minutos sin decirse nada. Así que se puso de puntillas, alzó la cabeza a duras penas, acercó su rostro a su oído y le gritó.
- ¿Por qué te has puesto en medio? Me estaban molestando a mí…
Se había dado cuenta de que a Kylo le gustaba que le dijeran las cosas a la cara. Si ella había descubierto algo, no cabían los jueguecitos. Tenía que decirlo.
Now I got you in my space
I won't let go of you
Got you shackled in my embrace
I'm latching on to you
¿Qué colonia era aquella? Olía terriblemente bien… ¿Sería aftershave? Ni idea, ella no sabía de esas cosas.
Cuando la joven se retiró, Kylo la contempló fijamente.
Se había hecho la raya en el ojo. Y llevaba máscara de pestañas. Un poco de colorete y labios de un jugoso color rosa.
¿Jugoso?
Se aseguró de que su barrera mental estuviese bien fija antes de inclinarse hacia ella y hablar cercano a su cuello.
- De nada.
Durante un segundo, cerró los ojos aspirando con deleite.
La muchacha olía maravillosamente. Algo suave, frutal, delicado. ¿Champú o colonia?
Y durante una décima de segundo, un relámpago ardiente cruzó su pecho y le hizo un nudo en el estómago.
Ahora que la tenía corporalmente tan cerca, las vibraciones de poder de la joven eran abrumadoras y como le pasaba últimamente, deseó zambullirse en ellas, hambriento. ¿Pero cómo saborear aquel poder más plenamente? ¿Qué tendría que hacer? Estaba ahí, a unos palmos de ella, muerto de sed, y no podía acceder a más. Quería más de aquello.
Más de ella.
Más.
Más.
Aquella energía era tan agradable y lo hacía sentir tan bien… Y sin embargo, aquellas vibraciones temblaban inconteniblemente.
I'm so encaptured,
got me wrapped up in your touch
Feel so enamored,
hold me tight within your clutch
Bastante tenía ya con controlar aquellos resquicios de luz que inundaban su interior últimamente, pero no contaba con que ella también estuviese pasando otra racha extraña. Curioso, ella solía ser bastante segura a ese respecto. Su presencia era estable, calmada… Y en aquellos instantes, aunque físicamente no se notase, si Kylo tuviera que describir a Rey por su "yo" psíquico, podría asegurar que la joven estaba temblando como una hoja.
De pronto, sin saber por qué, aquel pensamiento de saberla nerviosa, le provocó más calor.
Aquella friki le provocaba ardores, eso era algo que había comprobado desde el primer día que cruzó su camino con el de ella. Pero aquel calor cada vez era menos molesto y por tanto, más perturbador.
Y sin embargo, ahí estaba, medio atontado por su colonia e incapaz de retirar la vista de sus enigmáticos ojos verdosos-caramelo, sombreados por largas pestañas.
How do you do it?
you got me losing every breath
What did you give me
to make my heart beat out my chest?
De sus barreras de poder, mejor no hablar en ese instante. Estaban absolutamente sincronizadas, a cero, sin superponerse la una a la otra. O mejor dicho, mezclándose entre sí de tal modo, que no se podía distinguir dónde acababa él y dónde empezaba ella. Una corriente eléctrica pulsaba bajo la piel de ambos, y sus ojos estaban encadenados a los del otro.
Disfrutar de aquella sensación era todo lo que parecía preocuparles en ese instante. Aquela cercanía inevitable, aquella fuerza que los hizo gravitar momentáneamente el uno hacia ell otro.
Imanes.
Durante un horroroso milisegundo, el Demonio de La Locura de Kylo le torturó con el deseo más estúpido de su vida: el de abrazar a Rey, por si así se imbuía de aquella energía tan brillante. Ver si podía sentir de nuevo lo que sintió cuando fue ella la que lo abrazó en la moto, una semana atrás. Sumergirse en sus vibraciones, oler su cabello, acariciar su piel…
Un momento.
Joder. UN MOMENTO.
¿Oler? ¿Acariciar? ¿Desde cuándo tenía él necesidades físicas de ese calibre?
- Eres de lo que no hay – Rey negó con la cabeza un par de veces. Entonces, la camarera se acercó de nuevo a ella y le alcanzó la bebida. Rey pagó su consumición y le hizo señas a la muchacha de la barra – Le toca a él – y se alejó.
- Tendré que darte las gracias. Porque si quisieras, podrías ser un cacho de pan – y para su sorpresa, la muchacha le dedicó una media sonrisa y se quedó allí parada a su lado.
Kylo no pudo evitar mirarla un instante, antes de recuperar la compostura y girarse hacia la camarera, que lo contemplaba con una sonrisa divertida.
I feel we're close enough
I wanna lock in your love
I think we're close enough
Could I lock in your love, baby?
Mientras pedía, percibió a Rey, que aguardaba tras él. Su energía parecía más serena. Se giró un momento, y vio cómo la chica miraba constantemente a todos lados.
Está comprobando que no nos ven juntos.
Por fin se dio cuenta. Claro. Joder. Si alguien volvía a verles hablando, llegarían las preguntas, los comentarios, las sospechas…
De cara a la fachada, ni él ni Rey se hablaban. Eran desconocidos.
Y le resultaba tan extraño… Después de todo lo que llevaban…
- ¿Puedo hablar contigo un momento?
El joven pestañeó, genuinamente confundido y forzó a todas las células de su cuerpo para que no lo traicionasen y le hiciesen girarse hacia ella. La camarera le trajo la comanda y pagó casi sin pensar en lo que hacía. Dio un trago y se giró hacia Rey. La joven contemplaba el lugar con la vista perdida en la masa de gente. Su gesto era el de una ausencia-presencia tan atrayente como enigmática. Pero había que ponerse formales.
- Saca tu móvil.
- ¿Qué? – y Rey le miró, extrañada.
- Haz lo que te digo – y él también sacó el suyo, haciendo como que tecleaba – Haz como que estás escribiendo por WhatsApp.
Ella lo miró de hito en hito, visiblemente cabreada.
- Venga ya… ¿Vas a hacerme esto? Solamente quiero hablar.
- Acabo de leer tu mente y sé que te preocupa que nos vean hablando juntos. Reconócelo.
Examinó el rostro de Rey y se complació al ver el aturdimiento ante la verdad de sus palabras.
- Yo tampoco quiero que me vean contigo.
Extrañamente, aquella frase provocó una sensación curiosa en Rey.
Rechazo. La leyó perfectamente. Y sintió la repentina obligación de añadir alguna cosa más.
- No malinterpretes. Yo también tengo que hablar contigo.
De nuevo, la sorpresa en el rostro de Rey le hizo fruncir el ceño.
- Vamos, hazlo – y Kylo alzó el móvil – Sácalo. Y apártate de mí.
- Qué borde eres, tío. Cuida esos modales.
Por un milisegundo, Kylo experimentó un extraño dolor al pronunciar aquella última frase, mientras veía cómo ella le obedecía y buscaba su móvil en el bolso mientras se alejaba entre la multitud.
Como para corroborar sus palabras, aparecieron algunos cuervos no lejos de allí. Y Rey alcanzó a ver a la alta Paige, que se acercaba a la barra… De pronto el rostro de la joven experimentó un genuino apuro, mientras se retiraba unos metros más.
La cadena se rompió, pero notó la fuerza que lo ataba a ella. ¿Desde cuándo existía aquel poder?
Lo malo de hablar en sus mentes era que no podía verle la cara al reaccionar. Se perdía calidad. Y Rey seguía alejándose. Su calidez empezó a difuminarse entre la masa rugiente de bailarines.
- Ya está. ¿Así está bien?
Había un claro deje de fastidio en la voz mental de Rey.
- Sí. ¿Qué querías decirme?
Alzó la vista y vio cómo ella, unos metros más allá, le hacía caso en lo del móvil y empezaba la comedia. En todo momento procuraron no hacer contacto visual y permanecer con la vista en los móviles.
- Quería pedirte que… ¡Oh, vamos, me resulta muy violento hablar así! ¿En serio tenemos que hacer esto?
Kylo alzó la vista y vio cómo ella le buscaba con la mirada (se estremeció al comprobarlo) y seguidamente, esbozaba un gesto de contrariedad.
- Guay, entonces hablemos de frente. Jodámonos las reputaciones mutuamente. A ti te lincharán por traidora.
- ¿Y a ti?
- Mi vida seguirá igual.
- Ooooh, olvidaba que nadie le tose al gran Kylo Ren. Mis disculpas, Su Alteza.
- Muy graciosa. ¿Qué querías decirme?
Vio cómo Rey se mordía el labio, pero salvo lo que le comunicaba, el resto de su mente era una puerta cerrada.
- Tú primero.
- No, tú lo has dicho antes.
- Argh.
- Estoy esperando.
- Lo siento.
- ¿Qué?
Rey no pudo evitar alzar la vista, estirando el cuello un poco, para encontrarse con el gesto de estupefacción de Kylo. Pero lo disimuló enseguida. Maldita sea, ¿cómo lo hacía?
Suspiró.
- Que lo siento, Kylo. Siento haberme puesto tan borde la otra noche.
Mentalmente, en otra parcela de su cerebro, estaba mordiéndose la lengua. Maldición, aquello de pedirle perdón era como rebajarse. Pero se había prometido a sí misma algo. Y para ello, Kylo tendría que confiar en ella.
Confiar en ella.
Madre mía, ¿cómo había cambiado todo en aquellos meses para que ahora ella estuviese buscando la confianza del líder de los cuervos? Surrealista.
- No debí decirte esas cosas. Como dijiste, tomaste una decisión, ya eres mayorcito y no soy quién para convencerte de nada.
Kylo permaneció a la escucha, bastante sorprendido. En realidad, estaba maquinando todas las razones posibles por las que ella pudiera estar diciéndole aquello. ¿Estaba siendo sincera de verdad o querría liarle de alguna manera?
¿Pero liarle para qué?
- Joder, Kylo, CLARO que estoy siendo sincera.
Maldición, tenía que guardar mejor su mente.
Pero aquel gesto, era inusitado. Y una parte muy honda de su interior lo agradeció. Porque al pedirle perdón reconocía que lo había jodido. Y no había nada más que a él le gustase que hacer ver a la gente cuán equivocada estaba. Y además, si ella volvía a estar de buenas con él, podrían seguir hablando…
Podría seguir viéndola, alimentando aquella insana curiosidad por la humilde mecánica, aquella retorcida fascinación que tenía por aquella pobre desgraciada que malvivía en un antro, sin pasado y probablemente sin un futuro.
Tenía que responderle.
- Disculpas aceptadas.
Ahora fue él quien alzó la vista, para ver cómo Rey, siendo fiel a su comedia, no levantaba la cabeza del móvil…
… Pero sonreía como aquella noche del paseo en moto.
Por todas las galaxias, aquella sonrisa era más brillante que la supernova de su pecho.
- Prometo no sacar el tema de nuevo.
- Y yo prometo no responderte si lo haces.
Una risita nasal resonó en su mente.
- Te toca.
- Yo también lo siento.
Fue el turno de ella de sorprenderse. Kylo disfrutó a rabiar con sus reacciones.
- Estás pasando por algo "parecido" a lo mío. Creo que a ti te influye más que a mí, pero eso es algo que no tengo ganas de discutir. Sólo quiero que sepas que reconozco que usé un tono inadecuado.
Rey pensó que debía ser condescendiente.
- Está bien, borrón y cuenta nueva.
- Yo no olvido.
- Yo tampoco. Por dios, eres imposible.
- Así soy. Lo tomas o lo dejas.
- Lo mismo te digo. Borde, que eres un borde.
Todo parecía sereno ya entre ellos. Inconscientemente, se miraron con cara de "bueno, ya está, ¿no?", pero Rey recordó la segunda parte de lo que quería decir.
- Quiero que me respondas a algo y que seas sincero. ¿Me lo prometes?
- No, porque depende de la pregunta.
- Argh.
- Vamos, adelante.
De pronto, alguien empujó a Rey por la espalda, haciendo que ella se girase.
- ¡Mierda! – y Kylo vio cómo la cabeza de la joven desaparecía de repente. Se había agachado…
- ¿Qué haces? – y a él le entraron ganas de agacharse también, a ver si veía a Rey entre las piernas de los asistentes… Otra locura como cualquier otra.
La cabeza de la chica emergió de nuevo.
- Jolines, había gente de mi insti por aquí…
- ¿Para qué te escondes?
- Yo qué sé… Instinto…
Kylo se llevó la mano a la frente. Qué chica, por dios…
- La noche del paseo en moto…
Él se puso en alerta. ¿Qué le iba a decir?
- Esa misma tarde, Phasma y otros cuervos vinieron a mi taller y lo destrozaron todo. ¿Tuviste algo que ver?
Rey no se dio cuenta de que había aguantado la respiración. En su fuero interno, deseaba que Kylo le diera una respuesta…
- No, me enteré esa misma noche en la Coruscant, poco antes de encontrarte.
Menos mal.
Dándose la vuelta para asegurarse de que él no la veía, Rey suspiró con una sonrisa estúpida.
Pero el enfado estaba ahí, y recuperó un gesto serio, encarando de nuevo a Kylo.
- Tus amiguitos me jodieron la tarde, ¿sabes?
Kylo sintió un extraño aguijonazo de dolor frío y punzante en las tripas. ¿Qué era aquello?
- No puedes hacer nada en contra de ello. Son libres de hacer lo que quieran.
- Yo también. Me estoy pensando en sacar a la luz las grabaciones que hicimos de Phasma.
Aquella repentina respuesta de Rey hizo que el aguijonazo punzante y helado fuese a más. Sintió la bilis subirle por la garganta mientras examinaba la expresión de la chica. Rey también lo estaba midiendo a él, comprobando que la rabia transformaba su semblante.
- No lo harás. Hicimos un trato.
- ¿Y te crees que no voy a romperlo por lo que han hecho?
- Es injusto. Yo cumplí mi parte. La chica Tico ganó ese juicio. Lo que haga Phasma con su tiempo no es cosa mía.
- Tienes razón. Es mía. Y va a pagar por lo que hizo.
Un extraño frenesí se apoderó de Kylo, que había ido in crescendo desde que empezó aquella parte agria de la conversación.
Deseó gritarle que era injusto, que no tenía derecho a aquello. Deseó correr hacia ella, cogerla por las muñecas y hacer que le obedeciera a una sola mirada suya. Que dejase de hacerse la superior, que dejase de retarlo.
Ella lo traspasaba con la mirada, a través de la sala, mientras centenares de cabezas se movían entre ellos. Y sentían casi como si estuviesen solos en el lugar.
A solas con ella y su luz.
- Nadie va a pagar por nada – y hasta ella notó la severidad y fiereza contenida en su voz mental.
- ¿Cómo?
- Me he encargado ya de ese asunto.
De nuevo los ojos de Rey se abrieron desmesuradamente.
- ¿Qué?
- He dicho que me he encargado ya. No quiero que vuelvas a mencionarlo.
- Pero… querría saber…
- He dicho que no. Tendrás que conformarte con eso.
La fijeza de la mirada de él la traspasó como si le hubiese disparado rayos por los ojos. Pero ella le respondió, sosteniéndosela. Y Kylo no lo pudo evitar.
- Es cierto lo que me dijiste la noche en que fuiste al pozo.
- ¿El qué?
- Eres mi digna compañera.
Los eslabones que los unían atravesaron las decenas de figuras en torno a ellos. Eran meras sombras. Ellos eran lo único auténtico que había allí. La energía del otro era lo único tangible en aquel mundo.
Y Kylo le dio la espalda de repente, alejándose hacia las escaleras.
- Que lo pases bien.
Rey observó sus espaldas alejarse, sin saber qué decir. Mientras tanto, cada fibra de su cuerpo gritaba una sola cosa:
- Gracias, cuervo.
Los Mandalorians la armaron buena. Dos horas y veinte minutos de alto voltaje, de saltos, de himnos coreados a voz en grito, de agujetas en los brazos por rodearse de los hombros mientras botaban juntos, de mejillas doloridas de tanto reír, de salpicones de bebidas que dejaron más de una camiseta inservible, de pisotones de los que no duelen porque ni los sientes por la diversión y la euforia…
Dos horas y veinte minutos en los que Kylo perdió la cuenta de cuántas veces se le iba la mirada hacia ella. Intentando descifrar lo que estaría pensando, acertando a leerla a veces. Estudiando por tanto sus gestos, observando cómo interactuaba con la gente. Cuando estaba con él no sonreía tanto... Cuando estaba con él no sacaba tan a menudo aquella luz verdadera, que parecía emerger cuando estaba con los que más quería.
Él no pertenecía allí. Pero sí que sabía que, de algún modo, había entrado a formar parte de su mundo.
Y ella del suyo.
Y, joder, de qué manera.
(*) Extracto de la canción "Where the sky hangs", de Passion Pit.
(**) Canción "All in my head", de Pat Lok feat. Desirée Dawson (Love & Other Remix)
(***) Canción "Latch", de Disclosure. Me parecía que ésta y la anterior, sobre todo, capturaban bien la atmósfera de ese momento, no solamente por la letra (que le va como anillo al dedo), sino por el ritmo y la melodía. El deep house puede llegar a ser una música muy evocadora y sugerente…
N.A.: Escribir la escena del idiota de Lester ha sido liberador, muy divertido. ¡Ole por Rose y por Finn! Y además, he puesto algo de relieve: que no todos los Republicanos son los buenos de la peli. Hay medias tintas, hay gente mala en todos sitios y no siempre por estar en un lugar eres igual que todos. Supongo que por eso Paige tiene fé en la humanidad, aunque estoy segura de que, como se entere de este incidente, ¡Lester va a recibir su tercera tanda de tortas!
El momento Finn+Rose, me ha quedado súper cursi, pero lo he hecho a propósito. Pues, ¿qué sería de un fic de instituto sin la típica escena de baile a la luz de las estrellas? Así que ahí queda.
Sobre la conversación de Kylo y Rey en el concierto... Menudo surrealismo, tener que hablar con el truco ése cutre que se han inventado ambos. Por lo demás, prefiero no pronunciarme y dejar que seáis vosotros quienes comentéis.
Avances para el próximo capítulo: Hay visitas en el taller mecánico y Rey va de sorpresa en sorpresa. Visitaremos un lugar muy bonito que ya ha aparecido en alguna que otra ocasión. Kylo coge al toro por los cuernos y emprende acciones drásticas.
