Amor Correspondido
Capítulo 26
Hora de Lavar
El andar de Rhonda Wellington Lloyd no perdía gracia incluso cuando sabía que estaba caminando por las sucias y viejas calles de Hillwood y no en una pasarela. Llevando un sedoso vestido de verano rojo y sosteniendo un par de paquetes voluminosos en sus delgados brazos dejó detrás la Calle 58 donde había aparcado su negro Lexus ES 300 y dobló en Lexington para llegar a su destino. Había maldecido suficientes veces Lexington Street a lo largo de su vida como para molestarse con maldecirla una vez más. Dicha calle era demasiado estrecha para ser llamada así, era apenas un callejón, una callejuela si acaso... la chica de cabello azabache resopló al ver el cartel que colgaba afuera del lugar al que pretendía llegar, todavía unos buenos doscientos metros por delante. Luego suspiró... Nadie le había pedido venir aquí en primer lugar... era sólo que cierta conversación la dejó pensando... era algo que simplemente debía hacerse.
Hace dos días había pasado una gran tarde en Manhattan en compañía de no otra que Helga G. Pataki. Helga tenía una cita con el contratista que trabajaba en su negocio; quería supervisar la construcción de sus nuevas tiendas y comprobar que el tipo respetara las cláusulas pactadas desde el principio porque no había trabajado con el tipo antes y no quería sorpresas de última hora. Rhonda le preguntó por qué no contrató a El Rey Constructor sabiendo que había sido él era quien renovó la tienda en Hillwood año pasado, pero Helga dijo que el tipo no tenía la licencia necesaria para trabajar en Manhattan.
Rhonda, por su parte, había planeado llevar al cuidador algunos de las pieles que necesitaban atención antes de que el invierno llegara, pero cambió de idea en el último momento. Aun así, ella tenía una cita en Marcello's para un corte de pelo. Así que se arrastró consigo a Helga, engañándola con la promesa de un helado triple de chocolate pero en lugar de eso la envió directo a las manos de uno de los mejores estilistas en la gran ciudad. Era casi cómico ver lo fácil que podías hacer caer a Helga Pataki con postres. ¿Qué le pasaba a esta chica siempre dispuesta a comer un helado hipercalórico? ¡A los James Brighton-Lewis por ahí no les gustan los traseros gordos!
Minutos más tarde y teniendo las aún delgadas posaderas de la rubia sentadas en una de las sillas lista para ser atendida, ella eligió a rebelarse. Era embarazoso para decir lo menos, pero no se podía negar que era también muy divertido. La chica que solía hacerse cargo de Rhonda estaba un poco retrasada por lo que decidió permanecer cerca de Helga para ayudarle a guardar la compostura porque la rubia afirmaba que su fiel estilista en Boston –esa que mantenía su flequillo justo encima de los ojos- iba a extrañarla. Rhonda le hizo señas para que mantuviera su boca cerrada. Ella podría ser Helga G. Pataki e intimidar gente en cualquier sitio en que hubiera una construcción, pero esa afirmación dicha aquí te hacía lucir oh tan triste y mezquina.
Jessica era la chica tratando de convencer a Helga para que tal vez se hiciera unos reflejos oscuros o lowlights color caramelo en su cabellera 'rubio marfil'. -'Tienes el más aburrido de los rubios, ¿sabes?'. O tal vez elegir un 'rubio fresa' -'Porque debajo de ese leve bronceado se ve que tu piel es pálida como la leche. El Strawberry blonde ayudaría a tu tez'.
Rhonda reía mientras Helga resoplaba; eligiendo atacar en lugar su flequillo en lugar de la cara de la chica delante de ella. 'Las fresas me provocan ronchas' murmuró la rubia. La pobre muchacha estaba a punto de darse por vencida cuando el mismísimo Marcello hizo acto de aparición en el salón y su fuerte personalidad tomó el lugar entero por sorpresa. Helga no fue la excepción. Después de que todos regresaran a sus asuntos otra vez, el artista de la imagen se dio cuenta de lo que estaba pasando y agitó su mano para hacer que Jessica desapareciera del lugar, para gran alivio de la joven estilista.
Marcello las invitó a su oficina, lejos de miradas indiscretas. Rhonda sabía exactamente por qué el hombre hacía eso; ella le había visto hacerlo un par de veces antes. Marcello apenas podía contener su excitación ante la visión de una melena virgen y la de Helga vaya que era virgen y vaya que era 'La Melena'. Por un segundo Rhonda se sintió culpable... ¡sí, en serio!... Pero sólo por un segundo. Hoy sería el día en que Helga Pataki empezaría a cuidar de su cabello y a pagar por su mantenimiento porque el mundo no seguiría su marcha si alguien alguna vez había abandonado este lugar sin un cambio significativo. Helga no volvería a pagar quince dólares por un corte de pelo nunca más... ¡Oopsie! Rhonda pensó mientras que con sus dedos se tocó los sonrientes labios. -¡Oh, Dios mío! Quince dólares, ¿en serio?
Afortunadamente Marcello sabía cómo tratar a las mujeres, incluso las del tipo de Helga. Él comenzó un discurso acerca de cómo en estos tiempos modernos no se puede ser descuidado con la belleza y dejarle todo el trabajo a la Madre Naturaleza porque incluso la suerte y los genes hermosos necesitaban un poco de ayuda. A medida que su perorata profesional se extendía, Helga no sabía dónde esconder la cara al ser muy consciente de la enormidad de su negligencia. Marcello dirigió entonces una Helga más dócil a su privado. Rhonda sonrió ante el predicamento de su amiga.
Después de algunas sugerencias y dejando a Helga en paz por un rato para que deliberara en el espectro de posibilidades presentadas, Marcello hizo que Rhonda tomara la silla para atenderla. La chica de pelo negro azabache estaba en éxtasis. No era una ocurrencia común que Marcello se encargara de los clientes más. Él era un maestro, sin duda, y no sólo porque la gente lo alababa, sino porque ella no podía dejar de observar la forma en que tomaba y manejaba las tijeras, cómo retorcía el cabello; cómo hacía el corte exacto para lograr que cada mechón hiciera exactamente lo que él quería que hiciera. Para darles el movimiento correcto, para hacerlos resplandecer la forma exacta, para que se viera tan vivo... era increíble. Él era increíble. Rhonda observó mientras Helga se mordisqueaba las uñas observando al hombre trabajar hasta que Marcello se dio cuenta y la reprendió. Helga se sacudió en respuesta y se sentó erguida como una niña regañada. Rhonda luchó por reprimir su risa. Esta tarde estaba resultando divertida. Ella creyó que nunca había visto a Helga tan dócil y aprensiva.
Finalmente fue el turno de Helga en "La Silla de los Tormentos'. Helga se decantó por unos lowlights color miel en lo que Marcello llamó su natural rubio platino con visos dorados. '¿Quién te dijo que eras marfil?' Helga señaló a Jessica sin vacilación, consiguiendo su leve venganza. Marcello comenzó a trabajar en la melena de Helga y casi de inmediato sugirió como una mejor opción una combinación de dos reflejos oscuros. Miel y caramelo deberían hacer un mejor trabajo para conseguir que un poco de calidez enmarcara su cara y realzara los hilos naturales de color oro.
La obtención de reflejos, ya fueran claros... u oscuros como en el caso de Helga, tomaba horas. Rhonda lo sabía de primera mano porque había intentado luces en su tierna juventud. Durante todo el segundo y tercer año de prepa ella había llevado el cabello con mechas rubio cenizo. Afortunadamente, eso quedó atrás. Había sido una mala experiencia, porque ella no se sentía como ella misma. Ahora sabía que estaba viviendo las expectativas de alguien más. Rhonda también era ahora capaz de ver que nadie te advertía que tu cabello se sometería a un daño mayor y nunca volvería a ser el mismo. A partir de entonces necesitabas tratamientos caros y mantenimiento continuo. Con el tiempo su pelo volvió a ser todo suyo de nuevo, color natural y todo, pero vaya que había tomado su tiempo y su costo.
"No me malinterpretes, Marcello. Quiero decir, sé que hay gente que se ve muy bien con ellos y sé que realmente les encanta, pero no fue mi caso" Habló con cautela sabiendo que estaba hablando de su trabajo, de cómo se ganaba la vida.
"Sé lo que quieres decir..." Marcello respondió a medias porque su atención estaba de lleno en la rubia sentada en su silla alta. "Creo que los odiaste porque sentías que te habían obligado" Rhonda vaciló "Por cierto, ¿Quién te obligó? ¿Tu madre?"
"Por supuesto que no. Sabes que madre ama a nuestro color de pelo."
"Entonces, ¿quién? ¿Tu novio?"
"¡Nah!" Rhonda agitó su mano con desdén "El tipo que se atreva a sugerirme que cambie no ha nacido todavía" se rió con altivez.
"Fueron sus insufribles amigas, Marcello" Helga interrumpió. Rhonda sonrió al ver los ojos soñolientos de su amiga. "La pandilla de Rhonda de ese entonces estaba llena de mierda"
"¿En serio?" Marcello se echó a reír, mirando apreciativamente la forma en que el cabello recién cortado enmarcaba la cara de Rhonda.
"Así que estás despierta...?" Rhonda le preguntó a la rubia.
"Sí, princesa. ¿Cómo iba a dormir toda apelmazada aquí arriba... con tu voz chillona resonando dentro de mi cráneo... y Marcello tirando de mi pelo cada pocos segundos?" La rubia gimió "Mi cuero cabelludo está todo adolorido"
"Si hubiera sabido que eras una chillona..."
"Yack, yack, yack" Helga simuló hocicos con las manos "Tú a tu trabajo, mariquita. Llevo horas aquí." Rhonda se quedó helada. Hubo una conmoción inicial debida a semejante falta de respeto, pero luego Marcello soltó una risotada fuerte y gutural que alcanzó todo el salón. Rhonda se rió también, aunque nerviosamente, temiendo que Marcello las echara sin miramientos del lugar.
"¡Dios mío! ¡Mira qué boquita! ¿Es la misma boca con la que besas a tu novio?" su voz seguía siendo alegre "Y yo soy derecho, a propósito. ¡Hetero de cabo a rabo!" su voz adquirió un toque de severidad.
"¡Oh...!" Las mejillas de Helga se volvieron de color rosa y luego rojo tomate en un segundo "¡Oops!... Lo siento, Marcello. No lo sabía... estoy tan, tan, tan apenada" sonrió avergonzada y respiró profundamente, jalando la capa en su cuello "Es bueno saberlo. ¡Qué desperdicio si lo fueras!... Quiero decir... No es que haya nada malo en ello. Quiero decir..." La cara de Helga era imposiblemente púrpura ahora. Marcello le observó a través del espejo con una mirada extraña en sus ojos oscuros.
"¡Pataki... cállate! Estás hasta el cuello." Rhonda amonestó a su amiga y le dio una palmada a cada mejilla con simpatía. Estaba caliente. Luego se volvió hacia el estilista. "Habrás de disculpar a mi amiga aquí, Marcello. Helga es como un puercoespín. Pero bajo esa capa rugosa y llena de púas hay una chica muy dulce."
"Sí, puedo ver toda esa dulzura en este momento" Marcello rió con diversión. "Mira esos ojos... tan llenos de vergüenza, los pobres. ¿Cuánta vergüenza pueden un par de ojos contener?"
"¿Así que eres poeta?" Helga preguntó con suavidad, intentando salir del pantano creado por ella misma.
"¿En los de Helga?" Rhonda preguntó con diversión y haciendo caso omiso a la interjección de la rubia. "No lo sé... tal vez diez kilos cada uno" Rhonda rió al ver la reacción de Helga "¿Sabes? Cuando éramos niños solíamos burlarnos de ellos. ¡Son enormes!" la rubia se quejó "y de esa ceja… ¡era un asco!"
"Sí, lo puedo ver." El hombre maduro se rió de nuevo "Debió haber sido una cosa terrible de ver... Pobres, pobres todos esos niños pequeños... huyendo de ella, y qué decir que las pesadillas..."
"¡Hey! Aún sigo aquí."
"Apuesto a que también se reían de estas orejas." agregó Marcello.
"¡Sí!" Rhonda se carcajeó "¿Cómo lo supiste?"
"Basta con mirarlas..." El tipo jaló las dos orejas de la rubia. Helga gimió "Demasiado bajas, ¿ves? ... Me da que su cara es medio decente ahora, pero de niña debió ser algo realmente serio."
"Bueno, sí. Un amigo nuestro solía llamarle Orejas de Chi..."
"¡Ni se te ocurra, Rhonda!" Helga gritó, sus puños hicieron como que le retorcía el cuello. Rhonda se echó a reír al ver Marcello aun observando Helga con curiosidad, como si sopesara cuanto más toleraría.
"¿Qué? ¿Orejas de Chivo?" El hombre se echó a reír. "Bueno, sí. En mi escuela había alguien que tenía esas feas orejas y una sola ceja también..." Marcello aventuró "Pero era un chico." A Helga casi le salía espuma por la boca ahora. Rhonda sabía que si no se levantaba y se iba era porque tenía el pelo empapado con pigmentos y un trabajo inacabado, no por falta de ganas. Estaba furiosa, pero eso no hizo que dejara de reírse de su amiga. Helga estaba recibiendo una cucharada de su propia medicina por una vez en la vida.
"Bueno..." dijo Rhonda finalmente después que su risa cediera "Pero se puede negar que ha mejorado." Los ojos de Helga mostraron falsa gratitud pero Marcello sacudió la cabeza de abundante pelo oscuro de un lado a otro, mirando críticamente a la rubia "¿Ni siquiera un poquito?" la chica de cabello oscuro insistió, sin ocultar su sonrisa.
"No lo sé" dijo el hombre, dudoso "tal vez... aunque todavía se parece a ese chico que te dije. Se llamaba Lars"
Helga entonces explotó.
"Paren ya ustedes dos... ¡idiotas!" ella demandó "¿Cómo es que te acuerdas tanto de él? Tal vez te gustaba... ¡Tal vez veías las florecitas y el arco iris hermosos!" Rhonda gruñó, pero jadeó al instante cuando el hombre hizo girar la silla de Helga y se acercó a la rubia hasta que estuvieron nariz con nariz. La altiva muchacha contuvo su respiración.
"Si fuera una chica, tal vez me habría gustado. Tal vez hubiera tratado de nalguearla de la misma manera que lo voy a hacer contigo una vez que acabemos, ¿entiendes?" luego se retiró. Su mirada fija en los ojos azules de la congelada chica sentada frente a él. Helga parpadeó e hizo un intento de ponerse de pie cuando el tipo la empujo de nuevo a la silla y soltó otra carcajada, volviéndose hacia su mesa de trabajo "¡Ja! ¡Te atrapé!" dijo animado, pero luego usó de nuevo su voz severa volviéndose hacia Helga "Ahora, no te muevas o te prometo que lo haré."
Rhonda observó a ambos con asombro. Marcello estaba trabajando en la limpieza de sus utensilios y otras cosas mientras que una Helga de aspecto gracioso con la cabeza cubierta por una gorra agujereada lo observaba inmóvil y con disgusto. Rhonda hizo un gesto para que se tranquilizara, sabiendo que podía estallar en cualquier segundo.
Últimamente la rubia había sido muy capaz de mantener su ánimo volátil bajo control, al menos delante de la gente correcta, pero ahora estaba a punto de perder la calma por una tontería con Marcello, que era un artista temperamental… y quien tenía tu belleza en sus manos, literalmente. Ofenderlo no era muy inteligente.
Pero por otro lado, Rhonda entendía a Helga hasta cierto punto. Siempre había tenido la impresión de que Marcello era gay, pero ahora que pensaba acerca de eso se daba cuenta de él nunca había dicho que era gay o que tuviera un novio ni nada por el estilo... ni siquiera lo había visto actuar amanerado. Ciertamente admiraba la belleza de la mujer, pero pues ese era su trabajo. A lo mejor todavía estaba en el closet… o tal vez era de hecho derecho como acababa de decir, pero no se podía negar que era muy estiloso para ser considerado un hombre en todo el sentido de la palabra.
Rhonda se encogió de hombros con indiferencia. Después de todo, ella respetaba los credos y maneras de todos. Él podía ser lo que quisiera, en lo que a ella concernía. Una chica entró y comenzó a trabajar en las cejas de Helga. Marcello ya había abandonado la habitación, así que Rhonda y Helga reanudaron la conversación que estaban teniendo antes de entrar en este lugar. Helga estaba haciéndole saber a Rhonda sobre cierto plan que compartía con el insidioso Thaddeus Gammelthorpe. Helga tenía -al menos- la decencia de parecer avergonzada por haber actuado a sus espaldas. En su haber tenía, sin embargo, la certeza de que estaba actuando en nombre del amor.
Amor...
Rhonda se echó a reír, sacudiendo la cabeza. Helga G. Pataki era toda una romántica a pesar de su cínica fachada. Ella todavía tenía la esperanza de que el desequilibrado de su amigo 'ganara' su amor y ellos fueran felices de una vez y para toda la eternidad. Rhonda no tenía expectativas tan grandes acerca del amor ya. El amor duraba poco y ese entendimiento funcionaba bien para ella. Y Thaddeus Curly Gammelthorpe era un ejemplar muy atractivo; tanto que ahora se sentía tentada a ignorar todas sus rarezas y peculiaridades y obsesiones sólo para tener la oportunidad de probarlo. El hecho de que él tenía una relación semi formal no era un obstáculo para ella. ¿Quién no ha cedido antes ante un amor de verano? ¿Quién no ha cometido un error? Ella no tenía a nadie a quien ser fiel, de hecho. Si ella se acercara al cabo al chico en cuestión... o tal vez incluso más allá de sólo acercarse... no sería ella quien estuviera traicionando a alguien, ¿verdad? Ella se lo dejó saber a la rubia.
"Bueno... no sé qué decir..." Helga abrió los ojos, sorprendida, pero parpadeó varias veces y frunció el ceño un segundo más tarde, sólo para ser advertida por la chica que trabajaba en su ceja de que lo evitara "Esa sería tu decisión. Estás advertida, sin embargo. No me vengas más tarde diciendo que no sabías en lo que te metías..." se mordió el labio "...pero yo estoy fuera de toda esta chingadera. No voy a enfrentar la ira de Sarah si ustedes dos…"
"¿Qué? ¿Dormimos juntos? ¿Nos volvemos pareja?" Rhonda hizo un gesto despectivo con su bien cuidada mano. "No pienso en hacerlo público. Tengo una reputación que cuidar, ¿no es así?" le preguntó "Ahora… ¿Qué tan buen amiga eres de la mentada Sarah, por cierto?"
"Coincidimos aquí y allí…" la rubia arrugó sus labios evadiendo su mirada "pero no somos cercanas, si es lo que quieres saber. Aunque ella ya sabe lo de James."
"¿En serio?" Las cejas de Rhonda se elevaron "¿Thaddeus se lo dijo?"
"¿Quién más?" Helga frunció el ceño. "Estos niños tienen la boca muy suelta. ¡Vaya bola de chismosos!"
"¿Qué te dijo?"
Ella se encogió de hombros y luego vaciló "Mmmhmm… ¿Felicitaciones? ... Él es un gran tipo y todo eso…"
"Así que... James sigue llamando?"
Helga gruñó viéndola a través del espejo. "Él sigue llamando... pero no hace promesas acerca de venir pronto. Al menos ya me ha dejado de insistir con que vaya a visitarlo"
"¡Qué tan difícil puede ser ir a DC por un par de días!" Rhonda la regañó. "¡Vas a perder a ese hombre si no lo consientes un poco, Helga!"
"Qué es lo que voy a perder exactamente, ¿eh?" Helga contestó mordaz "¿Ser la chica del mes? No, gracias. Elijo ser sólo su amiga"
"A veces no sé si te das cuenta de lo que está dejando ir..." Rhonda sacudió la cabeza "Es un Brighton-Lewis. Es casi de la realeza por el amor de Dios ¡Es él, de verdad! Mi madre me mataría si fuera yo…" Rhonda suspiró, cansada de lidiar con la actitud de Helga "No lo sé… si fuera sólo un nombre tal vez te daría la razón, pero el hombre tiene todo el paquete… y la manera en que saltan chispas cuando ustedes están juntos."
"Si te gusta tanto tal vez debería hacerme a un lado…" Helga hizo un gesto mientras se levantaba y caminaba alrededor, estirando sus brazos y piernas después de que la chica se fuera. Rhonda sonrió incrédula.
"Él ni siquiera me mira dos veces…"
"¡Por supuesto que no!" Helga fingió estar ofendida "¿Cómo podría hacerlo, si está conmigo?" y luego se dio la vuelta para caminar engreídamente de regreso a su silla. Rhonda se rió y la empujó cuando pasó a su lado. "¡Ay!"
"¡Perra suertuda!"
Helga cayó pesadamente en su silla murmurando sarcásticamente algo que sonaba como 'primera vez en mi vida que yo soy la perra suertuda' cuando Marcello decidió entrar de nuevo en la habitación. Se acercó a Helga y observó los mechones que sobresalían de la gorra.
"¿Qué dije acerca de que no te movieras, eh?" él observó cómo Helga se sentaba de nuevo muy derecha y ponía mala cara, luego se concentró otra vez en su cabeza. Helga le sacó la lengua cuando pensó que no estaba viendo, pero por supuesto que él estaba viendo "Voy a divertirme mucho al rato" dijo con voz cantarina.
"¡En tus sueños, bucko!" Helga entonó también en respuesta.
"Estoy seguro que lo necesitas" la rubia se burló y volteó a ver a Rhonda a través del espejo con una mirada preocupada. "Ahora vamos, tenemos que lavarte" y así, el hombre de cabello oscuro tomó a Helga por la muñeca y la obligó a seguirlo a otra habitación.
Rhonda se quedó pensando en lo que hablaron cuando oyó el correr del agua y la grave voz del estilista. Después de varios minutos, salieron. La cabeza de Helga estaba envuelta en la clásica toalla roja del salón.
"Así que… ¿crees que los chicos se den cuenta la próxima vez que te vean?"
"No lo sé. Yo no creo que realmente sepan de qué color es mi cabello" la rubia se sentó en su silla alta de nuevo.
"¿Y qué pasa con él?"
"Nah. No voy a pensar en él por ahora. Voy a explorar el mercado" Helga dijo con regodeo, y luego esbozó una sonrisa "Tal vez debería aceptar la invitación de Joey..."
"¿Joey te invitó a salir? ¿Cuándo?" Rhonda se rió. Helos ahí. Hombres... hombres y su peculiar comportamiento animal.
"Ayer… a una parrillada... en casa de su hermano." Helga rió de nuevo "¿Debería aceptar?"
"No estás para perder tu tiempo, ¿verdad?"
"No lo sé" Helga ironizó "Una parrillada suena tan tentadora..."
"¡Los hombres tienen tan pequeños cerebros y tan grandes…!" Rhonda explotó "¿Por qué ustedes los hombres son así, Marcello? ¿Puedes explicarnos eso?"
"¿Explicar qué exactamente?" Marcello le preguntó fingiendo desinterés.
"¿Es Joey el único que te ha invitado a salir después de J…?" Rhonda comenzó de nuevo.
"¡Ssssssh!" Helga la hizo callar antes de que ella pronunciara el nombre de James. Era increíble la forma en que la rubia cuidaba la reputación de James, incluso cuando él no estaba cerca y era una figura muy conocida y… cuyas relaciones se publicitaban. "Bueno... no exactamente. Recibí una llamada ayer... un chico de tu club..." soltó con cautela.
"¿Un tipo de mi club? ¿Quién exactamente?"
"Andrew algo..." Helga se encogió de hombros "Me dijo que nos presentaste en el Torneo"
"Andrew Campbell... ¿Él te invitó a salir?" Rhonda preguntó asombrada "¡Oh, por Dios!" se tomó un segundo para reaccionar. Bueno, tal vez se tardó más de un segundo. Okay, parecía que no sería problema para Helga encontrar diversión este verano. "¿Cómo consiguió tu número?"
"Esa fue exactamente la primera pregunta que salió de mi boca. Me dijo que estaba en mi formulario de registro." Helga le lanzó una mirada a través del espejo "Le dije que yo ya tengo mi acosador privado; no necesito otro".
"¡Andrew Campbell de los Campbell de la Isla?" Marcello le preguntó Rhonda. Ella asintió con la cabeza. "¡Por Dios niña, mira que te cotizas muy alto!"
"No tengas la idea equivocada, Marcello. Ahí donde la ves, Helga está saliendo con un verdadero partidazo" Rhonda pronunció, luego suspiró. Y luego agregó en una manera más tranquila "… y de eso es exactamente de lo que hablaba. Ahora, como hombre, por favor ilumínanos con su savoir"
"¿Te estás riendo de mí?" preguntó el hombre con voz divertida.
"No, no. Estoy siendo muy seria. Entonces dinos... ¿Por qué los hombres ignoran una chica determinada; luego uno de ellos... la nota... y la corteja...?"
"¿Estamos hablando de ella?" Marcello señaló a Helga.
"En este caso particular, lo estamos" Rhonda asintió con la cabeza "… pero te lo pregunto en general. Bien, como te decía... un hombre la nota y la corteja y así de repente ella es ahora 'oh tan popular' y todo el mundo quiere ligársela… ¿Por qué? ¿Por qué los hombres actúan de esta manera?"
Marcello sonrió con autocomplacencia y las observó con atención.
"No lo sé. ¿Instinto de Competencia, tal vez? Funciona mejor cuando el individuo en cuestión es alguien notable... como un artista o alguien de abolengo o..."
"Un po..."
"¡Hey, hey, hey, hey...!" Helga la miró penetrantemente a través del espejo y Rhonda le devolvió la mirada con la misma intensidad. Entonces el teléfono de Helga sonó. Rhonda alcanzó su bolso y sacó el vibrante aparato. Ella respondió en vista de la incapacidad de Helga para encargarse.
"Sí... ella está ocupada ahora" Rhonda sonrió emocionada, señalando el dispositivo "Soy yo, cariño, Rhonda." bloqueó el micrófono y dijo en voz baja a los otros "¡Oh, mi Dios!" soltó un gritito "es Arnold. Arnold nada más y nada menos." Helga hizo un gesto para que se lo pasara pero Rhonda se alejó de su alcance. Colgó el teléfono segundos más tarde, después de decirle a Arnold que tenían planeado ir al club y divertirse un poco. No sabía qué pensar de su aparente decepción.
"¿Puedes creerlo?" Helga le dio poca importancia a su implicación.
"Es evidente que hay una razón real por la que llamó, Rhonda; y no es para invitarme a salir" Helga dijo molesta.
"Yo lo escuché y su decepción era evidente" dijo con entusiasmo "Todavía no lo puedo creer. Arnold…" suspiró "al fin..."
Helga arqueó una perfectamente delineada ceja y estaba a punto de preguntar algo cuando Marcello intervino.
"Así que, chiquilla…" dijo alegremente "estás llena de sorpresas. Y yo que pensaba que eras una especie de marimacho que vivía bajo una roca y empujaba a la gente para que no se acercara" sonrió con condescendencia.
"¿Qué te hizo pensar eso?" Helga le preguntó ofendida y Rhonda sonrió abiertamente. Esa era exactamente la descripción de Helga... hasta hace un par de semanas.
"Botas de combate, cinturón de macho, severa cola de caballo, cara limpia… ¿debo seguir?"
"¿Qué está mal con mis cosas?" Helga volteó a ver sus zapatos que asomaban por debajo de la capa de plástico.
"Sólo que gritan 'lárgate'. Pero ahora parece que ya has sido…descubierta". Sonrió con satisfacción "¿por quién? me atrevo a preguntar."
Helga se encogió de hombros y le lanzó su mirada de advertencia de marca registrada a Rhonda. Rhonda exhaló y sonrió disculpándose al hombre.
"De todos modos, niña... No necesito decirte que eres una chica muy... atractiva. Es evidente a pesar de tu estilo desaliñado…" Él le lanzó una mirada evaluadora de nuevo.
"Hey, estaba trabajando..."
"¿Dónde? ¿En una construcción?" se burló y se volvió para tomar el secador de pelo "Como quiera…" dijo en voz alta para mantenerla callada "necesitas saber que el lucir bien es una parte importante de quien eres en realidad; de lo que la gente piensa de ti cuando te ven. Es una responsabilidad… y eso debe ser grabado en esta tonta cabecita" dijo, golpeando suavemente la frente de Helga.
"Buena suerte con eso, amigo mío. Helga siempre sido una cabeza de chorlito en ese sentido"
"¿En serio?" él alzó las cejas "¡Qué pena!" Marcello continuó secando el pelo. "Podrías ser muy hermosa."
Helga gruñó. "¿Podría?" él hizo caso omiso de su belicosidad.
Después de algunos minutos más que pasaron trabajando sin hablar debido al ruido del secador, Marcello finalmente preguntó de nuevo.
"Entonces... nunca me dijeron quién es este chico que estás viendo" Volteó la silla de Helga para trabajar con el otro lado de la cabeza, con tijeras y peine en mano mientras trabajaba en su largo "¿Alguien que conozco?"
Helga se encogió de hombros otra vez. Rhonda se estaba cansando de ese juego.
"Por supuesto que lo conoces" dijo "Él es un muy buen partido, muy prominente... y nativo de Hillwood, ¿sabes?"
Marcello alzó las cejas, interesado. Eso era exactamente el tipo de expresiones que hacían pensar a Rhonda que era gay.
"¿Es ricachón? Quiero decir, sé que debería serlo si hizo que un Campbell de la Isla volteara la cabeza por alguien de afuera de su entorno habitual, pero ¿qué tan… rico?" observó a Rhonda, emocionado.
"Mucho" ella le aseguró.
"Rhonda, te lo advierto..."
"¿Y qué vas a hacer?" Rhonda se rió "¿Torcerme el cuello? ¿En serio?"
"Rhonda..."
"En realidad, es uno de los tipos más ricos de la ciudad." agregó.
"¡Rhonda! ¡Cierra el maldito pico!"
"Es uno de los chicos más ricos de la ciudad y nació en Hillwood, mmm... hay sólo un puñado con esas características…. Sabes lo mucho que me encantan los acertijos, ¿verdad cariño?" Bueno, Rhonda no lo sabía antes, pero ahora lo sabía. El rostro de Marcello estaba casi extático. "Bueno, vamos a empezar con la familias... es ese cuya riqueza de familia proviene de las finanzas o uno de los dos industriales, ¿eh?" Marcello observaba a Rhonda vigilante "... o uno de los dos jóvenes políticos... el otro es el aristocrático Rex Smythe-Higgins pero sé que él está contigo..."
"Estaba..." Rhonda pronunció divertida viendo la sonrisa de hombre.
"Así que ahí lo tienen... ¿Es Josh Parker... Mark Allen o... ese chico Eriksson, quien sigue soltero, pero creo que es demasiado viejo... o uno de los chicos Brighton-Lewis..." Su boca se curvó hacia arriba en vista del entusiasmo de Rhonda. "Así que... uno de los Brighton, ¿eh? ¿Quién es él, Helga?" Marcello miró a Helga a través del espejo.
"Es sólo mi amigo, Marcello"
"Sí, puedo ver claramente cómo una chica como tú podría encantar a un hombre como cualquiera de ellos" dijo con sorna "Los dos son muy parecidos, casi gemelos, ¿no? No puedo decir quién es quién cuando están en las noticias, ¿sabes? Pero… quien ganó tu corazón, chiquilla, ¿eh?" le acarició la mejilla a Helga "Él consejero de los conservadores o la esperanza de los inmigrantes ¿Quién es el bueno?"
"¿No esperaras que en serio...?"
"Yo diría que..." el estilista vaciló "... tuvimos a Lauren Carter por aquí el otro día. ¿La conoces?" le preguntó a Rhonda
"¿La actriz?" Rhonda respondió con otra pregunta, escéptica.
"Sí." asintió él "Incipiente actriz, para ser más exactos. Bueno, ella vino aquí recomendada por la agencia de modelos del otro lado de la calle." Señaló el exterior.
"¿Y tu punto es...?" Helga presionó exasperada. Marcello se rió afectadamente de nuevo.
"¿Te preocupa que tu hombre esté siendo deshonesto, querida?"
"Es sólo mi amigo, cariño" Helga sonrió con falsedad.
"Por supuesto" la observó fijamente de nuevo "Bueno… ella dijo que iba a encontrarse con Edward aquella noche. Su primera cita, al parecer... y juzgando por tu expresión supongo que el tuyo es el otro, ¿verdad?"
Helga consintió después de algunos segundos, su boca era una delgada línea. "Supongo…"
"¿Quién lo hubiera pensado?" el hombre se burló, pensativo "Pero..." Marcello alzó sus cejas oscuras, con cinismo "sí… ya sé, él es sólo tu amigo" dijo el hombre rápidamente para evitar ser interrumpido. "Nunca creí… pero imagino que es un cliché. Ningún hombre puede dejar de vivirlos, supongo" murmuró con un sonsonete de nuevo.
"Y nunca terminaste de decirnos por qué los hombres actúan de esa manera" Rhonda le preguntó para cambiar el tema. Ella también se estaba cansando de que la gente siempre mencionara el asunto de la edad. ¿Cuál diablos era su problema si a ellos no les importaba, verdad?
"¿Quién soy yo?" desdén llenaba su voz "¿un psiquiatra?" luego hizo un ruido burlón. Él continuó trabajando en la melena de Helga, pero después de unos momentos, añadió "... no sé, Rhonda querida. Quizás hombres la encontraban atractiva pero accesible, como la vecina de al lado, y de repente cuando alguien más viene piensan que podrían perderla" se encogió de hombros "Tal vez es sólo que piensan… si un tipo como James Brighton-Lewis piensa que es atractiva, entonces seguro que es atractiva. ¿Qué sé yo? "
Entonces dejó a un lado las tijeras y peinó a Helga por un rato, luego le pidió ponerse de pie y caminar hasta un punto en la esquina de la habitación donde después de cerrar una puerta deslizante, espejos te rodeaban por los 360 grados. Él encendió las luces y los dos parpadearon a la luz casi cegadora.
"Es luz del día" dijo el hombre, como explicación "Quiero que le eches una buena mirada a tu cabello. Lamentablemente, no tomé fotos del 'antes', pero aquí tienen el 'después'" añadió. Rhonda estaba asombrada. La melena rubia lucía extraordinaria… tan viva… tan tentadora…. Ella no pudo evitar que su propia mano se estirara para alcanzar y tocar lo que parecía oro líquido.
"¡Wow!" Helga soltó sorprendida, dándose vuelta para observar el pelo desde otro punto de vista.
"Aquí" mostró Marcello un lugar donde se podía apreciar su melena de una vista de atrás "y aquí" señaló otro lugar donde su cabello se veía desde arriba. "Tu cabello parece ser neutral con visos dorados a primera vista, pero ya después ves que también tiene un toque de verde en su base. Es muy raro. Hoy tratamos de disminuir ese matiz cenizo y traer un poco de calidez con la miel y sólo pocos hilos finos de caramelo para ayudar a destacar el dorado de tu pelo y de tus ojos" dijo tomando un mechón desde sus raíces. "Lucirá espectacular este verano. Si quieres mantenerlo debes venir de nuevo a finales de septiembre u octubre, pero yo te recomendaría mejor que realces los matices cenicientos durante el invierno para conseguir un look diferente, renovado. Luego traer de vuelta la calidez en primavera."
El estilista continuó platicándoles de la forma en que él entretejió hebras muy finas de color para darle ese aspecto tridimensional. También aconsejó que debiera tomar con toda seriedad el cuidado de su cabello de ahora en adelante; le enseñó la forma de estilizarlo rápidamente y qué productos debería utilizar-por supuesto que el salón los ofrecía- y qué sé yo y Rhonda comenzó a temer por el monto de la cuenta. Después de todo, ella había arrastrado a Helga en esto.
"Debería hacer una cita contigo la próxima vez que venga." dijo cuando ya habían recogido sus bolsos.
El hombre sonrió con condescendencia. "Sabes que ya no atiendo personalmente, amor, a menos que yo quiera…"
"Entonces, ¿a qué debo agradecer hoy?"
"Me encontraste en el humor adecuado…" respondió, divertido y después de elogiar su pelo otra vez se volvió a Helga. "Hay incluso otra sorpresa para ustedes dos en el mostrador."
Rhonda frunció el ceño enfilándose rumbo a la recepcionista, donde de hecho había una verdadera sorpresa. Sólo les habían cargado los productos, pero no el trabajo del genio. La chica sólo se encogió de hombros con indiferencia cuando le preguntó la razón.
"¿Qué puedo hacer por usted?"
Rhonda parpadeó cuando escuchó la voz amable de una mujer. Ella no se había dado cuenta de cómo es que estaba ahora enfrente del mostrador de su destino. Olvidados quedaron los recuerdos del martes anterior y racha de buena suerte de Helga. La amable señora que le sonreía no era la madre de Thad.
Ocultó su decepción al ver a la mujer, pero después de todo no sabía si él todavía ayudaba a sus padres. Era sólo que venir aquí era lo más que ella estaba dispuesta a hacer con el fin de… Rhonda respiró hondo… ¿Con el fin de qué?
"¿Me preguntaba si ustedes todavía trabajan con pieles?" preguntó amable "Hace mucho tiempo tuve una emergencia con un visón y..."
"Gracias por cubrirme, Lynn" una voz profunda la sorprendió "Ahora ya puedes irte a disfrutar de tu tiempo libre" Rhonda levantó la vista para encontrar exactamente lo que había ido a buscar, y lo encontró exactamente cómo esperaba encontrarlo. Los ajustados pantalones de color beige y esa camisa polo negra cuyas cortas mangas apenas contenían sus bien formados bíceps le cortaban la respiración. Era genial que haya reemplazado las feas gafas de perdedor con unas claras y sin monturas. De esta manera sus hermosos ojos color gris oscuro podían ser admirados. Evocadores era supuestamente el término utilizado por Sarah Phillips para llamarlos. Bueno, ahora esos inquietantes ojos la miraban con un brillo pícaro, un cambio evidente a la adoración que solían mostrarle hace mucho tiempo. Rhonda contuvo la respiración otra vez al darse cuenta de que su corazón latía más rápido que antes.
"Mira lo que trajo el gato..." empezó a ver los abrigos sobre el mostrador "Rhonda-Lloyd... Veo que todavía disfrutas de las manzanas de caramelo" esbozó una sonrisa torcida mientras observaba el de pelaje beige en primer lugar, luego el negro. "Por lo que recuerdo, yo pensaría que aprendiste tu lección hace mucho tiempo" Thad volvió la vista para mirarla a los ojos por un instante eterno, y luego a sus labios. Luego prosiguió con voz profunda y sedosa "Es un asunto peligroso dejarse persuadir por nuestras aficiones favoritas… sobre todo cuando llevamos puesto algo tan delicado."
Así que así era. Thad estaba disfrutando tener el control. 'Sabe a qué he venido'. Rhonda pensó 'Maldita Helga'. Así que andarse por las ramas no era ya el camino… bueno… entonces… ¿seguir su ritmo o ir directamente al cuello? 'Mmmhmm... El camino sinuoso sería más interesante, ¿no?
"Pero... yo no lo estaba usando..." ella empezó con una sonrisa inocente.
"¿No?" preguntó él casi en un murmullo. Ella sacudió la cabeza, sus mechones cortados recientemente bailaron alrededor de su mandíbula "¿Entonces?"
'¡Qué diablos!'
"Bueno, te aseguro que aprendí esa lección, pero…" se mordió el labio inferior y siguió con un ronroneo "Tal vez yo solo… quería… volver a vivir... una semana loca que tuve cuando estaba en cuarto grado…" luchó para mantener su rostro inexpresivo. Por dentro ella estaba bailando de alegría al ver la expresión de asombro de Thaddeus. Sus ojos casi dejaron sus huecos y su boca estaba completamente abierta. Ella entonces se inclinó sobre el mostrador para que su rostro quedara a milímetros del de él. Sus pupilas estaban muy abiertas "¿Sigues ahí?" murmuró contra sus labios y podía sentir su fresco aliento.
"¿Estás segura de esto?" su voz fue lenta y áspera. Su mirada parecía cautelosa. Ella se retractó, observando embelesada como su imagen en miniatura que se reflejaba en las esferas grises se volvía imperceptible mientras sus pupilas se contrajeron.
"¿De qué, exactamente?" se enderezó y luego habló con voz natural otra vez "¿Cuánto tiempo tomará?" señaló las peludas cosas sobre el mostrador.
A Thad le tomó algunos segundos reaccionar a su cambio; luego parpadeó y miró distraídamente hacia el mostrador y luego a ella una vez más.
"Tres días" su voz seguía siendo ronca. Rhonda sonrió.
"¿Tres días?" ella hizo un mohín decepcionado "Dejaré la ciudad el próximo miércoles…"
"Todavía hay suficiente tiempo…"
"No si quiero sacar algo de provecho a mis últimos días en la ciudad…" se calló, mirándole apreciativamente y sonriendo con picardía al verlo tragar saliva. 'No tan anormal ya, según veo'. Luego extendió sus dedos y le tocó el pecho oh- pero tan ligeramente. Se sentía tentadoramente firme "¿Puedes ver que se entreguen a salvo en mi casa mañana por la noche?" luego su voz se volvió sensual mientras desplegaba sus dedos sobre la tela de su polo negra "Voy a estar toda solita y aburriéndome a muerte".
Después de dirigirle una última sonrisa ganadora al chico dejó el lugar y se alejó rápidamente. Se echó a reír luego al recordar su expresión atónita en respuesta a sus últimas palabras. Sus ojos grises se abrieron y su sonrisa creció tanto que hizo que Rhonda recordara al gato gordo y glotón al que le gustaba molestar a Cenicienta y su expresión de regocijo cuando Lady Tremaine llamaba a la pobre chica justo antes de encomendarle las peores tareas.
¡Oh, por Dios! Todavía estaba loco.
No poseo Hey Arnold!
No poseo Cenicienta, Lady Tremaine ni cualquier otra MR mencionada hasta aquí. Sólo los Personajes Originales y el plot.
Gracias a todos por leer y un agradecimiento muy especial a los que dejan reviews: Miss Cerezo, sweet-sol, MarHelga, letifiesta, Gelygirl, diana carolina y hel201, Isabellagodos y Orkidea16. A todo escritor incipiente de aquí le encanta recibir retroalimentación por su trabajo. Significa mucho en verdad.
Este es el primero de tres capítulos que se publicarán esta semana. Los puntos de vista de Sheena y Bob vienen llegando. En inglés se publicarán también el 30 y 31 en los próximos días.
Nos vemos /Seeya
Publicado: 7 de diciembre de 2012 en inglés.
En español el 18 de febrero de 2013.
