El hombre subió las escaleras con dificultad, intentando que las bolsas que sostenía no se les resbalara de los dedos. La puerta del apartamento 530 apenas se abrió y una mujer mayor edad se asomó.

—Buenas noches, señora Wilde.

—¿Desde cuándo tienes un perro?

Frankie tuvo que abstenerse de virar los ojos. Ya se le hacía raro que la mujer no haya preguntado antes. La señora Wilde no hablaba mucho con sus vecinos, pero siempre estaba al tanto de todo lo que pasaba en el edificio. Ya Frankie se había acostumbrado.

—Es el perro de mi hermana, la mujer que ha estado viviendo conmigo. Buenas noches, señora Wilde —se apresuró a decir, dándole la espalda antes de que la mujer volviera a preguntar algo.

Frankie intentó abrir la puerta lo más rápido que pudo. Aún sentía la mirada de Wilde sobre él, observando cada uno de sus movimientos.

—Cálmate, Jo —dejó una de las bolsas en el suelo antes de que se le cayera. El perro dio varias vueltas y regresó al sofá, al lado de la morena que leía una revista.

—¿Estás viendo la televisión o estás leyendo revistas?

—Las dos cosas —se incorporó un poco, mirando por encima de su hombro— ¿Esa fue tu vecina?

—Sí, finalmente me preguntó por ti.

—Las pocas veces que la he visto solo me mira y nunca dice nada.

—No le hagas caso. No tiene otra cosa que hacer desde que quedó viuda. Me da un poco de pena, a decir verdad. Te llegó estas cosas —dejó la correspondencia sobre la mesa y comenzó a sacar la comida china.

—¿Es de Cheng Lee?

—Claro. ¿Qué es? —Preguntó cuando Jane se quedó mirando una tarjeta.

—Es una invitación…

—¿Aja…?

Jane se aclaró la garganta, guardando la tarjeta en el sobre antes de dejarlo con el resto de la correspondencia.

—Es una invitación de Constance. Según Maura tienen esa exposición cada año, una semana antes de Navidades.

—Eso es en como una semana. ¿Entonces Maura te ha invitado?

Jane agarró su comida y buscó una botella de cerveza antes de volver a sentarse en el sofá, con Jo a su lado. Frankie la imitó y se sentó enfrente de ella. La mujer comenzó a comer, consciente de que su hermano aún esperaba una respuesta de ella.

—La invitación viene directamente de Constance, pero Maura me dejó saber hace unas semanas.

Frankie asintió en silencio, cualquier cosa que no fuera trabajo le vendría bien a su hermana. Ya llevaba un mes viviendo con él y apenas había mencionado a Gabriel o cualquier cosa relacionado con su vida personal. Todo era trabajo. Estaba segura que Maura era la única persona que la distraía del trabajo, de vez en cuando, ya que consultaba con la M.E sobre algunos casos y seguían con el caso —del que Jane nunca quería hablar— sin cerrar.

—Ma volvió a preguntar por ti. Piensa que la estás evitando a toda costa, ni siquiera estás contestando sus llamadas y la evitas en el trabajo.

—Lo más que puedo. Ya Frost está cansado de ir por mi café.

—Necesitaras hablar sobre eso con ella en algún momento. Dice que Gabriel no ha contestado sus llamadas tampoco. Tienes que entenderla; eres su hija y, bueno, es nuestra madre.

Jane simplemente lo miró y siguió comiendo antes de tomar un largo trago de cerveza.

—Vamos, Jane. Llevas un mes aquí y apenas has hablado conmigo.

—Apenas coincidimos por el trabajo, Frankie.

Eso fue suficiente para Frankie. El hombre dejó su comida sobre la mesita de café y sostuvo su botella de cerveza con las dos manos, mientras perforaba a su hermana con la mirada. Le tomó varios segundos a Jane para darse cuenta del cambio en actitud en su hermano.

—¿Qué?

—Vamos, Sis. Siempre has podido hablar conmigo de cualquier cosa. Me preocupas.

Jane asintió lentamente e imitó a su hermano, dejando la comida en la mesita.

—¿Qué quieres saber, Frankie? —preguntó, resignada.

—¿Has hablado con Patricia? —la pregunta la tomó por sorpresa, había esperado cualquier cosa menos eso.

—Sí.

—Bien… —Al menos estaba hablando con alguien y Patricia la había ayudado antes. Eso era bueno, muy bueno.

—¿Y Gabriel?

Jane tomó otro sorbo de cerveza.

—¿Qué con él?

Frankie inhaló con fuerza.

—Me traicionó, ya sabías eso. Tal vez por meses, un año, a saber. No importa, ya no me importa Frankie. Había algo que… tenía un mal presentimiento por un tiempo ya, pero nunca pensé que fuera así. Que fuera capaz. Mucho menos hijos.

—¿Qué? ¿Qué acabas de decir? ¿Hijos?

Jane se sacudió de los hombros y Frankie dejó la botella de cerveza al lado de su comida. Jane comenzaba a hacer lo mismo de siempre. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Por eso parecía indiferente. Estaba bloqueando todo lo que había pasado, enfocándose en el trabajo para mantener su mente distraída. Actuaba como si nada hubiera pasado y eso parecía funcionarle, aunque no por siempre. No se daba cuenta, pero él lo notaba; cuando su mirada caía y parecía que estaba en otro mundo. Bloquearse de todas esas emociones no terminaría bien y no solucionaría nada. Le gustaría pensar que solo lo hacía para que nadie le preguntara algo o la consolaran; Jane odiaba eso. Patricia debía estar haciendo su trabajo y eso lo dejaba un poco más tranquilo.

—Va a tener un hijo… ese maldito.

—Ahora todo tiene sentido, hermanito. Gabriel había dejado de molestar con tener un hijo, ahora tiene sentido, ¿ves? No estoy preparada para hablar con Ma de lo del hijo. ¿Cómo crees que reaccionará cuando le diga todo? Obviamente Gabriel no tiene ni los cojones para responder sus llamadas —volvió a agarrar su comida, jugando con los palitos chinos—. Te mostraré algo.

—¿He? —la siguió con la mirada. Jane buscó entre su correspondencia hasta sacar un sobre blanco, y regresó al sofá al lado de su hermano, entregándoselo.

Frankie abrió el sobre y sacó un par de papeles antes de volver a meterlos y dejar el sobre al lado de su cerveza en la mesita. Tanta información de una vez lo estaba dejando sin siquiera poder procesar lo que su hermana le decía en esos momentos.

—Mi abogado se ocupó de apresurar el proceso. La casa se venderá y las pertenecían supongo que las venderé también. Gabriel no las quiso y yo tampoco las quiero. No quiero nada que me recuerde a él.

—Estás divorciada ... —se repitió en voz alta. Su madre moriría al enterarse aunque también entendería una vez que estuviera al tanto del resto.

—Libre como el viento —bromeó con un tono de amargura—. Creo que en unos días puedo mudarme a un apartamento nuevo, me queda cerca del trabajo y el barrio es bueno. ¿Podrás ayudarme? Aunque tengo que comprar casi todo.

—Claro. Jane... Estás haciendo eso de bloquearte...

—Curioso... Eso mismo ha dicho Patricia

—Patricia es buena—pensó en voz alta.

—Claro... ¿Crees que estaría así si no estuviera hablando con alguien? Más que nada es porque Cavannaugh quería asegurarse de que estuviera bien para seguir trabajando... pero sí, ha ayudado. Maura también, ella estaba en el hospital cuando todo pasó...

—Ya...me alegro entonces que tengas un soporte, Sis. Sabes que conmigo puedes contar para lo que sea.

Lo sé Frankie. Solo no quería molestarte con mis cosas pero tal vez justo eso estaba haciendo al no compartir contigo lo que estaba pasando.

—Ma está bien preocupada, ¿cuándo podrás hablar con ella… del resto?

—Lo haré mañana. No te preocupes —decidió entonces, no tendría sentido contarle solo una porción de lo ocurrido.

El celular de Jane vibró sobre la mesita y lo agarró, fijándose en la pantalla, leyendo el mensaje.

—Sabes... Me pregunto quién te escribe cuando pones esas cara —comentó Frankie, jugando con los palitos chinos, intentando agarrar un champiñón.

—¿Qué cara? —dejo el móvil a un lado de repente como si hubiera hecho algo indebido.

Frankie sonrió antes de mover la cabeza de un lado a otro.

—Como cuando comíamos esas galletas que solía hacer Ma. Sabíamos que no debíamos pero igual nos la comíamos. Sonríes de esa forma.

Jane permaneció en silencio, mirándolo y pensando en sus palabras.

—¿Qué intentas decir?

Frankie se sacudió de los hombros.

—Que tal vez te sientes culpable por algo. ¿Hay algo más que quieras compartir conmigo?

—Sabes... No sé si esté muy feliz ahora con que quieras ser detective.

—Tomaré eso como un cumplido.

Jane se pasó la mano por su cabello despeinado y asintió como si se estuviera convenciéndose a sí misma.

—Hay algo que... Algo que no le he dicho a nadie, Frankie. Me sentí culpable, como si yo hubiera traicionado también. —Pausó por unos segundos para darse otro trago de cerveza y Frankie la miraba atentamente, intentando mantenerse en silencio—. Yo... No sabía que sentía, creo que aún no lo tengo completamente claro. Lo único que tengo seguro es que siento una atracción. Nada ha pasado. Ni siquiera sabía que sentía algo más que amistad. Fue algo que se me fue haciendo más claro con en tiempo y cuando me encontré en aquel hospital con la amante de Gabriel... No pude evitar pensar, aunque fuera por un instante, que yo no era diferente a él. ¿Acaso eso también es traición? Aún me lo cuestionó.

—Vaya... ¿Aun te sientes de esa forma? Como si estuvieras haciendo algo mal.

—Estoy divorciada. Me encantaría que mis sentimientos fueran tan fáciles de anular como ese matrimonio. A veces siento que lo odio o que no tengo más que reproches...otras veces simplemente no me importa. Pero...hay ocasiones que se siente como un gran peso, como si estuviera reviviendo por primera vez aquel momento en el hospital.

—Esa persona —señaló el celular de su hermana con los palitos chinos— ¿Te hace feliz?
Jane no pudo contener una leve sonrisa antes de asentir.

—Me hace muy feliz, Frankie. No creo que sea justo...me siento egoísta; tomar sin dar nada a cambio.

—Si esa persona de verdad te conoce y te quiere pues entonces sabrá esperar ¿No crees?

Jane asintió lentamente. A veces ella no quería esperar, pero era dolorosamente consciente de sus sentimientos. No deseaba arruinarlo todo por tomar una decisión precipitada. Si daba un paso adelante y se arrepentía no podría dar marcha atrás. No sin arruinarlo todo.

Frankie terminó de cenar y se levantó, recogiendo la botella ya vacía de Jane.

—¿Quieres otra? Creo que la necesitas.

—Y dilo.

—Es difícil ponerme en tus zapatos, pero sé que hablar siempre ayuda, aunque sea un poco.

—Ayuda mucho, hermanito.

—¿Estás segura que quieres hablar con Ma mañana? Podría distraerla o algo.

—¿No me preguntaste hace unos minutos cuándo hablaría con ella porque estaba tan preocupada, esto y aquello?

—Sí, pero, no sé, ¿Te sientes lista para hacerlo?

—Sí. Lo he pensado mucho, después de todo he tenido un mes para hacerlo y estoy realmente sorprendida de que no haya derrumbado tu puerta y exigido una explicación.

Jane corrió descalza desde el baño hasta su cuarto, secándose el pelo con una toalla. Estaba atrasada, pero si se apuraba y Frankie conducía por encima del límite, entonces podría llegar a la hora en la que quedó con Maura.

Su madre estaba sentada en la cama, observándola.

—¿Por qué siempre llegas tarde a eventos? —preguntó y volvió a abrir su revista—. Sabías que tendrías la exposición hace una semana.

—Nunca llego tarde, Ma. Simplemente me apresuro, pero siempre llego a la hora. Más o menos.

—¿Te pondrás el vestido negro o rojo?

—¿Por qué no otro color?

—Bueno, tu ropa interior es negra, no creo que sea conveniente que te pongas el blanco.

La morena se miró de arriba abajo, notando que, de hecho, se había puesto ropa interior negra.

—Mi ropa interior no importa, no es como si me vaya a quitar el vestido.

Angela se aclaró la garganta, pasando a otra página.

—No lo decía por eso, hija.

Jane tiró la toalla sobre la silla y se miró en el espejo, haciendo una mueca al ver el estado de su pelo.

—Vas a necesitar un secador para ese pelo.

—¿No puedo recogérmelo o algo? No está tan mojado, solo húmedo.

—Podría hacerte unas trenzas y un moño desordenado.

Jane la miró incrédula.

—¿Para una exposición de Constance Isles? Creo que has perdido la cabeza.

—Te puedo asegurar que se verá mucho mejor que cualquier otra cosa que tú harías.

—Vale. Está bien, haz to que tú quieras. ¿Estás segura que no quieres ir conmigo? Haz estado leyendo esas revistas de arte todo este tiempo, sabes más que Frankie, al menos lo disfrutarías más que él.

—La distracción le hará bien a tu hermano.

Jane sostuvo uno de los vestidos en sus manos, apretándolo con fuerza antes de mirar su madre a los ojos.

—Gracias, Ma.

Angela sonrió levemente.

—No puedo creerlo. ¡Hemos llegado tarde! Me aseguraste que llegaríamos a tiempo.

—Es una gallería, Jane. Porque llegues diez minutos tardes no pasará nada. Estoy segura que Maura no estará molesta —decía mientras se acotejaba el moño de la corbata.

—Se ve mal, Frankie.

—¿Viniendo eso de ti? —se rio, entrando en la galería, quedando boquiabierta mirando alrededor—. ¿Estás segura que estoy vestido para la ocasión? Mírate a ti ¿compraste ese vestido? Nunca lo había visto.

—Sí.

—Pues estás hermosa, Sis.

—Ya me dijiste, Frankie —negó con la cabeza, sonriéndole a joven que se acercaba con una bandeja con copas.

—¿Una copa?

—Claro, gracias —sonrió y espero a la reacción de Frankie cuando tomó un sorbo—. Saboréalo porque Constance sirve las mejores bebidas que he tomado.

—¿Esto es gratis?

Jane soltó una carcajada, asintiendo cuando vio a una morena mirándolos. Se acercó un poco más a Frankie, tomando otro sorbo de champaña.

—Creo que aquella morena te está mirando. Disimula un poco. Al lado del cuadro a la derecha.

—¿Vestido azul?

—Ujum. Deberías ir, hablar con ella.

—¿He?

—Eso mismo, idiota. —Le dio un empujoncito y Frankie casi se tropieza, caminando con la copa en la mano.

Jane sonrió complacida cuando su hermano comenzó a hablar con la mujer. Una música instrumental sonaba de fondo y, por primera vez en semanas, se sintió completamente relajada.

"¿Dónde está Maura?" —pensó y casi se ahoga con la champaña al ver que Ella caminaba hacia ella.

—Ella —sonrió y la mujer la tomó por sorpresa al saludarla con un beso en la mejilla.

—Jane, me alegra mucho verte. ¿Cómo has estado?

—Mucho mejor. —Alzó su mano, moviendo sus dedos libres de anillo.

—¿Eso significa lo que creo?

—Exacto.

—Eso se merece otra bebida. —Le hizo una seña a uno de los jóvenes que se acercó con más copas—. ¿Haz probado el Rosé? Es delicioso.

—Hmmm tienes razón. ¿Maura no ha llegado?

—Sí, la última vez que la vi estaba en la galería al otro lado de esa pared allí. Eso fue hace como media hora. Ha estado bastante ocupada atendiendo a los invitados.

—Entonces caminaré por la galería, ¿Todo esto es de Constance?

—Mayoría. Te puedo dar un tour si deseas.

—¿De una experta? Qué privilegio.

—No soy experta, pero lo tomaré como un alago. —Le hizo un gesto con la mano, para que la siguiera.

Las dos mujeres caminaron alrededor de la galería, deteniéndose en cada cuadro, donde Ella le daba una breve explicación sobre la pieza. Varias copas fueron tomadas entre las dos mujeres y Jane comenzó a sentir el calor y el efecto del alcohol. Ella sin duda le podía seguir el ritmo, en sí, ella parecía inafectada por el alcohol y seguía aceptando copa tras copa.

—¿No hay nada de Maura?

—Desafortunadamente no. Hubiera sido un auténtico milagro si tuviéramos algo de Maura esta noche o cualquier otra —decía y tomó un largo trago terminándose lo que le quedaba en la copa cuando, por encima del hombro de Jane, notó a la rubia del otro lado de la galería. Esperó minutos, deseando que la compañía de Maura se alejara de ella antes de avisarle a Jane que la había encontrado. Pero Jane la divisó antes de que eso pasara.

—Ahí esta —dijo Jane, jugando con la copa vacía entre sus dedos. ¿Por qué estaba nerviosa? Maura estaba de espalda mirando un cuadro, con un hombre a su lado. Maura estaba preciosa, estaba de espalda, pero era suficiente para imaginarse lo hermosa que se vería. Le había comentado que se había decidido por un vestido de noche largo, pero no había mencionado nada más. Estaba preciosa en ese vestido blanco, ¿cómo no la había encontrado antes si parecía brillar entre los invitados?

—Anda —dijo Ella, deseando que Jane no supiera quién era el acompañante de Maura.

—Ella, he estado buscándote. —Constance caminaba hacia ella—. ¿Jane? —la siguió con la mirada, cayendo en cuenta que caminaba en dirección a Maura— Oh…

—Sí que "Oh"

—¿Jane sabe?

—No sé. ¿Quién lo invitó?

—Sabes que siempre invitamos su familia todos los años. Están bien, o sea, son amigos…

—Hmmm

Jane se acercó a la rubia y cuando estuvo a punto de anunciar su presencia, Maura se giró, quedando boquiabierta al verla en aquel vestido negro.

—Jane… —sonrió de oreja a oreja, acercándose para abrazarla brevemente, pero con fuerza. Era la primera vez que la veía en persona desde que estuvo en Nueva York. Había llegado a Boston esa misma mañana y había estado muy ocupada con los preparativos de la exposición como para visitarla y Jane no había podido ir al aeropuerto por el caso que estaba trabajando—. ¡Ha! —exclamó al percatarse que no había presentado al hombre que ahora se giraba, mirándolas—. Jane, este es…

—Garrett Fairfield… —susurró, asintiendo sin caer en cuenta que el hombre había extendido su mano para saludarla.

—¿Jane? —murmuró Maura.

—Oh —reaccionó, dándole un apretón de mano.

—¿Detective Rizzoli? —preguntó el hombre, sonriendo—. Si mal no recuerdo he tenido varios encuentros con usted.

—Ya veo que tiene buena memoria.

—No podría olvidarlo.

Jane intentó sonreír, pero no lo logró con mucho éxito. Se sentía aturdida. ¿Acaso Maura había regresado con su ex prometido? No le había dicho nada. ¿Por qué no le diría? ¿Acaso ella no sentía nada? ¿Es posible que todo este tiempo haya estado confundiendo la amistad de Maura por algo más?

Comenzaba a sentirse enferma, como si en cualquier momento fuera a vomitar. No podía ocultar su desconformidad y Maura comenzaba a notarlo.

—¿Jane? —preguntó la rubia y la mujer no pudo hacer más que mirarla.

—Ummm… las dejaré a solas —avisó el hombre.

—¿Te sientes bien? —colocó una de sus manos sobre el hombro de la morena, preocupada.

—¿Estás con él? Era tu prometido —soltó sin pensar, cubriéndose el abdomen con una mano porque sentía que todo en su interior se había volteado.

Maura retiró su mano, dando un paso hacia atrás, observando a la morena y la ola de diferentes emociones que se reflejaban en su rostro en fracciones de segundos.

La rubia ahogó un gemido de sorpresa al caer en cuenta que las palabras y expresión de Jane eran mucho más que un acto de celos. Eran una confirmación.


A/N: Ja! A que nadie se esperaba una actualización tan pronto! Y todo se debe a ustedes, que sepan. Por sus comentarios/MP etc. que siempre me alientan a seguir escribiendo. Espero que este capítulo les haya gustado :)

Saludossss

Isles