Buenas! Que tal? Yo liadísima. La semana pasada empecé a trabajar y no tengo mucho tiempo por eso el retraso en actualizar. Y si unimos la falta de tiempo con la falta de creatividad la cosa no pinta nada bien.

Y ahora ya hablando del capitulo... me costó muchísimo (debido a la falta de imaginación) por lo que espero que como mínimo os guste.

Siento mucho no contestar reviews de nuevo, pero espero que lo comprendáis...

Un besazo a todos!


Capitulo 26: I Still Standing

El hospital de San Mungo de enfermedades y lesiones mágicas era un ir y venir de gente. Los pasillos parecían un mercado con ofertas. Multitud de medimagos y pacientes andaban arriba y abajo por todo el recinto, aunque curiosamente y por arte de magia, en el sentido literal de la palabra, el pasillo que llevaba a la habitación del enfermo más popular, más conocido, más importante de toda la Gran Bretaña, por no decir del mundo entero, estaba prácticamente desierto.

Harry Potter se encontraba en la habitación 205 de la cuarta planta. La habitación más controlada de todo el hospital, siempre vigilada por un par de aurores y sin que el ministerio lo supiera por unos pocos miembros de la orden del fénix, sin sumarle los amigos de Harry, que hacían guardia día y noche. Y de eso ya hacia 3 días con sus respectivas noches. Y eso era porque Harry Potter todavía no había despertado.

-Voy a entrar como que me llamo Sirius Black – escuchó Remus, que en ese momento estaba dentro de la habitación – ¡soy su padrino y voy a entrar¿te queda claro?

-No puede pasar – dijo el auror con voz firme.

-¿Quién eres TÚ para negarme a MI la entrada? – replicó Sirius casi gritando – ¿dónde te dieron el carne de auror¿Te salió en los cromos de las ranas de chocolate? Para que te enteres, niñato, soy...

-Sirius, no montes el numerito, por favor – dijo Remus sacando la cabeza por la puerta y deteniendo el ataque verbal.

-La verdad es que no me extraña que Voldemort gane fuerzas con estos incompetentes – murmuró Sirius mirando sobre su hombro al auror mientras entraba en la habitación y cerraba la puerta tras suyo con una delicadeza que no pegaba para nada con su estado de ánimo – me ponen enfermo – acabó diciendo dejándose caer en la silla que estaba al lado de la cama de Harry.

-Algún día un auror de esos te va a detener – murmuró Remus.

-¿Cómo está? – preguntó el animago ignorando el comentario de su amigo.

-Como antes, pero yo creo que tiene mejor cara – Remus se acercó también a la cama del chico – la medimaga me ha dicho que puede despertar en cualquier momento – contó – en la revisión de esta mañana ha salido que todas las lesiones internas se han curado muy bien, pero que si no despierta aún es porque esta agotado.

-Fue un insensato...

-Debió ser el último recurso – declaró Remus pensativo.

La cosa fue así: mientras que ellos estaban desesperados por el castillo buscando cualquier método de acción con tal de encontrar a Harry, mientras Sirius al borde de un ataque estaba apunto de lanzar la primera maldición que se le pasara por la cabeza a Snape para que dejara de hacer sus estúpidos comentarios irónicos y mientras Dumbledore hablaba por la chimenea con un amigo suyo especialista en encontrar personas, un fogonazo de luz apareció en el centro del despacho. Cuando la luz desapareció, Harry mal herido estaba tendido en el centro.

Sin perder tiempo lo trasladaron a la enfermería, pero sus heridas eran tan graves que fue necesario llevarlo al hospital.

-Los medimagos aún no se explican como puede seguir con vida, no le quedaba ni gota, ni de energía ni de magia en su cuerpo – siguió Remus, que en un gesto mecánico apartaba los mechones de pelo de la frente de Harry – lo han catalogado como un milagro...

-Hace mucho tiempo que deje de creer en los milagros – susurró Sirius. Estaba convencido de que si Harry seguía con vida, era debido a la profecía. El destino de Harry no era morir a manos de unos mortifagos incompetentes cualquiera (debido al enorme despliegue de energía que Harry había soltado, los funcionarios del ministerio había podido saber con exactitud donde se había desatado la batalla, allí habían encontrado a un buen número de mortifagos, todos inconscientes, los cuales, los agentes del ministerio no habían tardado en apresar)

Un silencio incómodo se apoderó de la habitación. La respiración acompasada de Harry era el único sonido de la sala. Remus seguía acariciando la frente del joven animago mientras Sirius jugueteaba con el borde de la sabana.

-¿Dónde están los chicos? – preguntó el hombre lobo para romper el pesado silencio.

-Los he obligado a que subieran a la cafetería a comer algo. Se pasan demasiadas horas aquí, pero cualquiera los hace volver al castillo – dijo en un tono que pretendía ser divertido, pero que fracasó en el intento.

Hermione, Ron y Yael, llevaban desde el sábado por la noche en el hospital. Solo lo habían abandonado junto a Sirius o Remus, cuando uno de estos dos volvía al castillo por alguna razón, y como ellos se alejaban de la cama de Harry con cuentagotas, llevaban tres días allí y si se les insinuaba que debían ir al colegio, les echaban una mirada asesina que nadie osaba afrontar. Por primera vez en la vida, Hermione había encarado a Dumbledore, con voz firme, diciendo que prefería perder clases y si era necesario suspender los exámenes antes de salir de allí y dejar a Harry solo. Ante esa declaración de intenciones el director se había callado con un brillo divertido en los ojos y no había vuelto a insinuar nada a la chica.

Justo en ese momento alguien llamó a la puerta:

-Soy Nicole ¿puedo pasar? – preguntó la auror y tras el permiso de Sirius la mujer entró. Lucía cansada pero aún y así sonrió a Sirius y a Remus cuando entró.

La auror se acercó a Sirius y sin pensarlo, el animago le dio un leve beso en los labios mientras Remus intentaba esconder su sonrisa.

-Me voy a tomar un café, Padfoot – se excusó el hombre lobo rápidamente. Lo mejor era dejar a esos dos solos – si ocurre algo...

-Te aviso – acabó Black por él. Los dos llevaban los espejos intercomunicador que Sirius y Harry tenían así podían estar en contacto en cualquier momento.

Cuando Remus salió cerrando la puerta tras él, Nicole aprovechó para sentarse encima de Sirius. El hombre tenía aún la vista perdida en la figura de Harry y apenas se había dado cuenta de que tenía el peso de la mujer encima.

-Se pondrá bien – dijo Nicole para sacarle de su ensoñación haciéndole un gesto cariñoso en la mejilla.

-Ya, pero no me gusta verlo así – declaró Sirius.

-Ningún padre debería ver a su hijo en esta situación – dijo Nicole.

Sirius al escuchar eso no supo que contestarle. Simplemente sonrió tristemente y le dio un beso en la mejilla.

-¿Hay alguna noticia del Valle? – le preguntó para cambiar de tema.

-Pues... de hecho he venido para eso. Debes ir allí. Bueno en realidad debería ir Harry pero como no puede y al ser tú su padrino...

-¿Y por qué he de ir?

-Es muy curioso que una de las pocas casas que quedaron en perfecto estado, fuera la vuestra – empezó Nicole en un tono dulce – y los encargados de investigar qué ocurrió querrán preguntaros sobre que tipo de protección tiene la casa.

-La casa tiene los mismos encantamientos que todo el Valle - contestó secamente Sirius – que les pregunten a esos mal nacidos que apresaron el otro día...quizá ellos si que sepan porque no atacaron nuestra casa.

-Sirius – intentó interceder Nicole para tranquilizarlo – hay más. Ayer por la noche interrogamos a algunos testigos, algunos vecinos vuestros y dijeron...

-Dijeron que la casa parecía rodeada por un aura extraña – acabó el animago por ella – lo sé. Tenía el mismo resplandor hace 15 años cuando Voldemort desapareció por primera vez. Lo vi en directo.

-¿Qué es?

-La magia de Gryffindor – contestó en un susurró y haciendo un gesto para que Nicole se apartara, se levantó – la primera vez no entendí a que se debía, no estaba como para pensar en eso, pero cuando ayer Tonks dijo que la casa había salido intacta, en seguida pensé en eso.

-Creo que...

-No pienso ir a ningún sitio, no hasta que Harry despierte – declaró Sirius con voz firme.

-Está bien. Ya hablaré yo con ellos – dijo la auror con voz comprensiva y se acercó al animago que volvía a tener la vista fija en su ahijado.

´´´´´´´

-Ya nos quedamos nosotros – dijo Hermione, que estaba sentada al lado de Remus – iros a cenar algo, si Harry despierta no querrá veros más delgados – añadió haciendo una leve caricia en el brazo del hombre lobo, que sonrió al ver el instinto maternal de la chica.

-Herms tiene razón – afirmó Ron que estaba de pie detrás de la silla de su chica observando como Yael estaba mirando con aspecto ausente por la ventana – si vemos que empieza a despertar, antes de que pestañee dos veces, ya estaréis informados – intentó bromear.

-¿Sabéis? Harry no podía haber encontrado a uno amigos más pesados – dijo Remus que convencido se levantó pesadamente – Padfoot y yo nos vamos a cenar – Sirius lo miró no muy convencido – pero cuando volvamos, vosotros vais a dormir un poco – les advirtió y después de que los tres chicos aceptaran a regañadientes, los dos animagos se fueron asegurando que como máximo en 20 minutos, estaban allí.

Tras que la puerta se cerrara, Hermione se acomodó en la silla y sacó el libro que estaba leyendo aunque siempre manteniendo un ojo en la figura de su amigo.

-Va a despertar dentro de nada, ya verás – dijo Ron acercándose a Yael – ya a pasado lo peor, solo hace falta esperar que recupere un poco las energías para que despierte –no es la primera vez que Harry a estado en la cama después de una "travesura" – el pelirrojo se apoyó en la pared haciendo el gesto de las comillas con las manos.

-Pero nunca había estado en el hospital¿no? – dijo ella en voz baja. Era la primera vez que ella vivía esa situación, con Harry en una enfermería y la sensación no le gustaba para nada.

-Bueno sí, es verdad – concedió – normalmente se quedaba en la enfermeria del colegio. Esta vez se ha pasado un poquito.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

-Mira Yael, todos sabemos quien es Harry, y queramos o no, estas cosas le acostuman a pasar y lo peor de todo es que esto no acabará hasta que los dos se enfrenten – Ron evitó nombrar a Voldemort, la idea de su mejor amigo luchando a vida o muerte contra el peor mago oscuro que había habido en toda la historia le helaba cada gota de sangre.

-Pero es tan...

-¿Injusto? - acabó el pelirrojo por ella – lo sé – Ron puso una mano en el hombro de la chica para darle apoyo y se dirigió hasta la silla donde Hermione no había perdido detalle de la conversación.

´´´´´´

La noche fue larga, y el agotamiento, la angustia, el estrés y las pocas horas de sueño que llevaban acumulando en esos días hizo mella en los dos merodeadores y los tres amigos de Harry que uno a uno fueron cayendo en los tentadores brazos de Morfeo.

Tanto fue así que lo primero que vió Harry cuando abrió los ojos fue a todos ellos dormidos: Ron era el punto de apoyo de Hermione, que dormía prácticamente encima de él y de Yael que apoyaba su cabeza en su hombro. Sus padres, por su parte dormían tirados de cualquier manera en sus sillas.

En un primer momento, Harry estuvo descolocado. No entendía muy bien donde estaba ni porque se encontraba allí, pero el olor característico, la blanquitud que desprendía toda la estancia y el dolor que sintió en su pecho al intentar incorporarse, hizo que recuperara la memoria: estaba en el hospital (estaba convencido que no era la enfermería, había pasado demasiadas noches allí como para no reconocerla a la primera) y la batalla con Malfoy y sus mortifagos llegó a su mente.

Un carraspeo se escuchó a su derecha. Sirius empezaba a despertar. Harry giró la cabeza para enfocar a su padrino que se estiraba perezosamente aún sin reparar que él también había despertado.

-Vaya, ya era hora de que despertaras – dijo el joven animago asustando a Sirius que no pudo evitar una exclamación de sorpresa, cosa que despertó a todos.

-¿Estás bien? – preguntó rápidamente Remus que se había levantado rápido como una flecha.

-Hay que ver que bien me cuidáis – bromeó con una sonrisa cansada el chico pero no puedo seguir mirando al hombre lobo porque su vista quedo cubierta por Yael que se lanzó encima suyo sin ningún tipo de reparo.

-¿Estas bien, cariño? – preguntó preocupada cogiendo con sus dos manos la cara de Harry para observarlo.

-Voy a buscar un medimago – dijo Ron y de inmediato salió de la habitación dejando a Yael mirando con mucha atención a su novio.

-Estoy bien – dijo como pudo.

-¿Seguro? – Remus apartó las manos de Yael y las reemplazó por las suyas.

-Estoy cansado y me duele todo, pero estoy bien – insistió pero por tercera vez en 10 segundos un par de manos substituyeron al par anterior. Esta vez era Sirius y lo miraba con una expresión que variaba entre el alivio y el enfado.

-¿Pero te das cuenta lo que ha estado a punto de pasarte? – saltó el animago – ¿no pensaste ni un segundo lo que hacías¿Tú te crees que es normal desaparecer así sin decir nada a nadie¿No se te ocurrió pensar lo mal que lo pasaríamos nosotros sin tener ni rastro de ti?

-Sirius...

-¡No Harry, ni Sirius ni nada¿No pensaste, ni se te pasó por tu mente que podrían estar engañándote?

-Padfoot – intercedió Remus, pero su amigo no se detuvo, pero tampoco Harry pensaba quedarse atrás.

-Pensé que estabas en peligro¿vale? – dijo el chico hablando tan alto como su voz áspera le permitía.

-Pues si hubiese sido verdad, hubiese preferido morir a que arriesgaras tu vida – Sirius detuvo sus gritos pero sin embargo miró más intensamente a Harry. Sus ojos grises no dejaban dudas acerca la veracidad de sus palabras. Lo que estaba diciendo lo sentía de verdad – NUNCA¿me has oído? Nunca arriesgues tu vida por la mía.

Harry no contestó pero tampoco apartó la mirada. No podía prometer eso. Se conocia demasiado como para saber que si la situación se repetía, volvería a actuar de la misma manera.

-¿Me has oído? – repitió el animago pero cuando Harry iba a contestar la puerta de la habitación se abrió dejando paso a Ron, ahora acompañado por una medimaga. Ambos se percataron enseguida de la tensión que reinaba en la sala, por lo que la medimaga los hizo salir a todos de ahí con la excusa de examinar a Harry.

´´´´´´

Aunque Harry mejoraba día a día, los medimagos del hospital no pensaban dejarlo ir tan pronto, para desesperación del chico que encontraba esas 4 tristes paredes blancas muy aburridas.

Hacía ya tres días que había despertado y se encontraba bien, bueno quizá no en disposición de hacer una maratón, pero según su entender lo suficientemente fuerte para como mínimo poder pasear por los pasillos, pero ni eso le dejaban. Según los médicos, sus niveles de energía y magia seguían aumentando correctamente, pero después de esa buena noticia venía el contrapunto y era que no se hiciera la idea de salir del hospital hasta el miércoles de la semana siguiente...y estaban a viernes; el fin de semana se presentaba prometedor...

Era poco después del mediodía y Harry estaba tumbado boca arriba mirando el techo, solo, aburrido, con los brazos cruzados detrás de la nuca y tarareando una canción la cual no recordaba más que el estribillo. Sus visitas se habían visto reducidas considerablemente. Una vez despierto y de nuevo vivito y coleando, Dumbledore había cerrado el grifo de permisos. Solo podían ir a visitarlo después de clases y ni hablar de quedarse a dormir allí. Esa restricción iba especialmente para Ron, Hermione y Yael. Sirius y Remus tenían alguna excusa más para aparecerse por ahí.

-Me aburro – suspiró Harry por enésima vez en media hora – me aburro, me aburro, me aburro mucho – se quejó – si como mínimo algún auror de la puerta entrara y hablara conmigo – dijo en voz alta, a ver si uno de los dos aurores de la puerta picaba. Pero para sorpresa del Gryffindor no fue un auror quien abrió la puerta, sino que fue una chica morena de pelo rizado y ojos azules que entró con cara traviesa. Harry la miró sorprendido, con una sonrisa enorme en los labios - ¿qué haces aquí?

-Digamos que tienes un padrino al cual el titulo de ahijado le iría mejor – cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama de Harry de inmediato – no quería dejarte solo sin ninguno de nosotros y como ahora tenía clase con ellos, me ha dicho que si venía a hacerte compañía, luego mis notas lo agradecerían – bromeó. Sin ningún tipo de reparo, apartó las sabanas de Harry y se tumbó a su lado. Le dio un beso y tomó la misma posición que la de su novio, es decir mirando el techo - ¿qué hacías?

-Mirar el techo – contestó con simplicidad devolviendo la mirada a la blanca pared.

-Ammm... ¿ y qué¿algo que remarcar?

-Sips – dijo con tono infantil haciendo reír a Yael – hay tres manchas – añadió ya con su voz señalando con el dedo índice donde tres manchitas verdes se podían ver, aunque no al primer vistazo.

Yael, divertida, siguió el juego de Harry, el cual se debía de haber aburrido mucho para lograr ver esas tres manchas.

-¿Y piensas hacer algo al respecto? – tanteó girando la cara hacía él. Sus ojos se encontraron con los verdes de Harry que ya los había bajado del techo al tener algo mucho más bonito que mirar.

-Nada. No voy a quitarle el único pasatiempo al próximo inquilino de esta habitación – dijo con naturalidad y voz seria pero acto seguido rompió a reír siendo acompañado por Yael – me gusta que hayas venido, porque esto esta muy aburrido –dijo dándole un golpecillo simpático en la nariz.

-Pues el colegio sin embargo esta muy divertido – le contó ella – hay miles de rumores de porque estas en el hospital. Pero el Oscar al mejor guión original se lo lleva Katherin Bellis de Slytherin que dice que si estás aquí medio muerto es porque Remus te mordió y que él esta completamente orgulloso de ello, pero no te preocupes - añadió cuando Harry iba a decir algo – Luna, Ron, Hermione y yo ya estamos pensando en algo para quitarle esa estúpida idea de la cabeza.

-Pero es que las fechas no coinciden – dijo todavía aluciando.

-Es una Slytherin, no le pidas que entienda que el hombre lobo solo muerte en luna llena, es más, no le pidas que entienda que es la luna llena – remarcó desesperada. Por norma general los Ravenclaw no se posicionaban nunca ni a favor de Gryffindor ni de Slytherin. Ellos hacían su vida en el castillo y los águilas la suya propia sin meterse en la rivalidad. Pero su relación con Harry había hecho que se sintiera una gran estima por Gryffindor y un gran odio hacia las serpientes, odio que se iba acrecentando poco a poco y que había llegado a límites insospechados al enterarse que había sido el Slytherin Draco Malfoy quien un poco más y mata a SU Harry.

Harry sonrió al intuir el odio de su chica por la casa de las serpientes y se acercó aún más a ella para besarla de forma lenta y cuidadosa, sin prisas, solo disfrutando de esos ratos de intimidad del que ahora disponían.

-¿No te parece emocionante esto? – susurró Harry entre beso y beso – tu y yo, solos, en un sitio diferente al que acostumbramos...

-Harry, estamos en un hospital... – dijo Yael separándose de él

-Justo por eso, también tiene que haber un poco de alegría¿no? No todo será tristeza – se defendió pero se calló de inmediato al ver la mirada que le mandó Yael – vale, vale, solo era una idea, una idea loca de un paciente muy aburrido – se separó de ella juguetonamente y volvió a su antigua posición.

Yael sonrió para sí, esa forma de bromear solo podía significar que el chico ya estaba recuperado completamente y además ese Harry divertido y juguetón le recordaba muchísimo al Harry del año anterior, cuando James estaba a su lado.

Aunque también era verdad que apenas había comentado nada de lo que había sucedido. Solo había contado brevemente donde había estado, como había sido la pelea con Malfoy y como había logrado salir a la desesperada de allí.

Sobre el ataque del Valle, a penas había echo ningún comentario. Se había limitado a escuchar y a esconder lo que pensaba en algún rincón de alma, pero ellos tampoco querían presionarlo, aún.

La Ravenclaw se giró hacia su chico y empezó a pasear sus dedos levemente por el pecho de Harry, en una especie de suaves caricias haciendole cosquillas, que por orgullo, el chico, intentaba no reír.

-Que parejita tan mona – dijo una voz femenina desde la puerta ocasionando que los dos se separaran, más por el susto que por lo que estaban haciendo. Era la medimaga que se ocupaba de Harry. Era una mujer joven, no debía tener más de 35 años y para el gusto de Yael, demasiado guapa – venía a ver si estabas bien pero ya veo que sí – dijo sonriendo. Harry le devolvió la sonrisa tímidamente, pero un pellizco en el costado de Yael le hizo retirarla- ¿necesitas algo Harry? – preguntó amablemente.

-No gracias, estoy bien – dijo Harry y la medimaga, con una nueva sonrisa, se fue.

-No gracias, estoy bien – repitió Yael imitando la voz de Harry.

-¿Celosa? – canturreó el Gryffindor.

-¿Yo¿De esa medimaga¡que va! – contestó con mal carácter cruzándose de brazos y poniendo morros.

La verdad era que Yael no era una persona celosa, no en exceso, pero no podía evitar sentir antipatía por esa mujer.

-Ah, pensaba, porque Diana es muy simpática

-¿Diana¿Llamas a esa mujer por su nombre? – saltó Yael ofendida, tanto que Harry no pudo aguantar más la risa.

-Uiii, que malos son los celos – dijo entre risas.

-No estoy celosa.

-Oye¿pero no habíamos quedado que yo era el celoso de la relación? – bromeó, pero Yael seguía enfuruñada con los brazos cruzados mirando hacia la puerta – sino recuerda la que te monté durante estos meses cuando te veía con alguno. Además – intentó de nuevo, esta vez acompañando sus palabras con besos – ¿cómo me iba a mi a gustar esa mujer teniéndote a ti a mi lado¿No ves que tú eres mucho más guapa que ella? Y mucho más divertida y sensible y dulce y...

-Vale, vale deja ya el peloteo – le cortó Yael, pero no pudo esconder que las palabras del chico le habían gustado.

-¿A qué parecía convincente? – dijo Harry con picardía, pero antes de que Yael pudiera contestar ya la tenia apresada entre su cuerpo y el colchón, por lo que no tuvo más remedio que dejarse de reprimendas y corresponder los besos que su novio le brindaba.

´´´´´´´´

Había muchas maneras de definir a Albus Dumbledore, pero en todas y cada una de las definiciones aparecerían las palabras bonachón, simpático, divertido y un largo etcétera alabando su carácter jocoso incluso excéntrico en muchas ocasiones. Pero había algunos rasgos del carácter del director que solo los muy allegados, o los que habían tenido la desgracia de enfrentarse a él conocían. Y ahora, la cara del anciano no tenía nada de las descripciones más comunes.

Era martes por la tarde y Dumbledore estaba sentado al lado de la cama del paciente de la habitación 205 con los brazos cruzados y una expresión poco amistosa esperando a que Harry Potter despertara.

No había hablado con el chico desde que despertara y tampoco lo había pasado a ver. Sabía de su evolución a través de Remus y Sirius pero todavía no había hablado con él, pero ahora, cuando al día siguiente recibiría el alta, le parecía conveniente comentar algunas cosas, la primera y más importante, qué había sucedido en realidad, y luego sobre lo que había pasado en el Valle de Godric.

La cara de Harry reflejaba tranquilidad, cosa realmente irónica debido al peso que el chico llevaba en sus espaldas, pero Dumbledore pensó que como mínimo en sueños Harry estaba en paz.

Poco a poco esa cara de tranquilidad se fue volviendo seria hasta que por fin, Harry despertó por completo. Estirándose perezosamente, parpadeó rápidamente para aclarar la vista y descifrar de quién era la figura que estaba sentada a su lado, pero tampoco le hizo falta mucho tiempo, la figura de Albus Dumbledore era reconocible con bastante facilidad.

-Profesor Dumbledore – dijo Harry bastante sorprendido por esa visita. La verdad es que le había extrañado esa súbita falta de interés a su figura.

-Buenas tarde, Harry – saludó Dumbledore con una voz tan seca que hizo que el chico se sorprendiera.

-¿Qué hace usted aquí? – le preguntó con los ojos entrecerrados, preguntándose qué querría en realidad.

-Creo que ha llegado la hora de que hablemos.

-Estoy seguro que todo lo que necesita saber ya se lo habrán contado Remus o Sirius durante estos días – contestó con bastante bordería.

Dumbledore lo miró de forma penetrante como si quisiera leer que pasaba por la cabeza de su alumno y Harry consciente de que con el contacto visual era como se usaba la legilimencia y aunque él era bastante bueno en oclumancia, prefirió apartar la vista.

-No te equivocas, tus padres me contaron qué les explicaste, pero su explicación me pareció...poco profunda.

-¿Usted cree? No creo que se necesite saber mucho más de lo que conté. Malfoy me tendió una trampa, yo piqué y me vi rodeado por un batallón de mortifagos comandados por el niño mimado de Slytherin – contestó de forma desinteresada, irguiéndose en la cama.

-Eso lo sabía, y también sé como lograste salir de allí, pero lo que no sé es como pudiste picar en su anzuelo.

-Será que soy muy inocente – dijo Harry con burla.

-No, Harry, creo que tu inocencia ya empieza a perderse... – le contradijo Dumbledore, levantándose de la silla y situándose a los pies de la cama de Harry - tus poderes han aumentado mucho con la muerte de James – Harry sintió un pinchazo en el pecho por la forma tan cruda de decirlo – cosa que es muy beneficiosa para ti, pero también muy peligrosa para los que estamos a tu alrededor. Sobre todo para tus amigos.

-¿Qué quiere decir?

-No podemos permitir que consigas desaparecerte del castillo con esa facilidad, sin decir donde vas o porque te vas. Eres la piedra angular de todo nuestro destino.

-Ah, ya lo entiendo – exclamó Harry levantándose él también para encarar a su director – usted quiere mantenerme a salvo porque soy el único que puede liberaros de una muerte segura¿no? Solo soy una arma cargada que se ha de guardar entre algodones hasta que se necesite usarla – el tono de Harry se había vuelto frío, hablando con mucha crueldad. Le daba igual que quien estuviese enfrente suyo fuera el mejor mago de toda la historia. Cada vez se sentía más de esa manera, una bomba frágil, pero necesaria para ganar la guerra.

-Se equivoca señor Potter – contestó Dumbledore, remarcando el apellido. Las palabras amistosas se había terminado. El directo estaba sacando su faceta menos conocida – por muy extraño que le parezca veo en usted mucha más que eso.

-Pues muchas veces no lo parece...

-Le prohíbo terminantemente que siga recurriendo a su poder de desaparición dentro del colegio, Potter. Es un don demasiado poderoso en una manos demasiado inconscientes.

-¿Me lo prohíbe? – repitió Harry asombrado – usted no entiende porque lo hice...

-Lo que no entiendo es como fue capaz de caer en esa trampa y marcharse de esa manera sin avisar a nadie de lo que pasaba su cabeza...

-Lo que yo no entiendo es como usted puede seguir aceptando en su colegio a gente como Malfoy. Todos sabemos que todos los Slytherin son mortifagos, pero sin embargo usted les sigue permitiendo la entrada en la escuela.

-Se equivoca de nuevo señor Potter – le contestó Dumbledore bajando el tono de voz, convirtiéndolo en un susurro – da la casualidad de que los mortifagos que más daño han hecho no eran Slytherins.

-¿Ah no? – contestó Harry escéptico – ¿por ejemplo?

-Por ejemplo Peter Pettigrew.

Esas cuatro palabras cayeron como una losa encima de Harry. Toda la actitud de prepotencia que tenía se esfumó como el humo de un cigarrillo. Miró a Dumbledore que seguía observándolo y asintió de forma imperceptible. Seguidamente se sentó en su cama y escondió la cara entre sus manos.

-No puedo prometerle no volver a utilizar la aparición – dijo – si creo que alguno de mis amigos están en peligro...

-Eres igual que tu padre – dijo Dumbledore para suavizar la situación – el hubiera hecho lo mismo.

-Es por el sacrificio de mi padre que tengo esos poderes, no puedo desaprovecharlos.

-Mientras nos comentes cuales son tus intenciones nos basta – admitió el director – y bueno, que seas un poco más cerebral.

-¿Saben algo de Malfoy? – preguntó Harry mirando de nuevo a Albus.

-No, ni rastro de él. Los mortifagos que apresaron después de tu despliegue de poder no sabían prácticamente nada. No saben ni donde están escondidos los Malfoy, ni los planes de Voldemort, ni nada que tenga un mínimo de interés.

-¿Y qué pasa con el Valle?

-Ese era otro asunto que quería hablar contigo – dijo el anciano director en un tono más suave – hay varios fallecidos de las casas cercanas a la vuestra, bueno a la tuya. Nicole se está encargando del caso y Sirius ha ido un par de veces, pero la casa está en perfecto estado. Por lo que Sirius nos ha dicho...

Entonces Dumbledore le contó sobre la supuesta magia de Gryffindor que cubría la casa y que eso era lo que la había salvado de la destrucción.

Ningún mortifago había sido capturado en esa pequeña emboscada, y no sabían porque habían atacado ese lugar.

-Las teorías de Nicole son que os querían hacer ver que la casa podía ser destruida y haceros recordar el pasado – acabó Dumbledore – pero aunque de alguna manera lo han conseguido, no han logrado su principal objetivo. Destruir el último recuerdo de tu familia.

-¿Puedo ir a verlo? – preguntó.

-No lo sé. Hablaré con Nicole y ella ya te dirá algo. Creo que no tendrá problemas en ir al castillo – dijo Dumbledore pícaramente. Harry pensó si a ese hombre se le escapaba algo alguna vez – debo irme ya. Espero que tu próxima aventura no te lleve al hospital – añadió en todo recriminatorio y después de una mueca de Harry salió de la habitación tarareando una especie de canción.

Harry volvió a tumbarse en la cama mientras negaba con la cabeza con un sentimiento desagradable. Ese hombre siempre lograba desconcertarlo y de alguna manera hacerlo sentir culpable.

Suspiró de forma audible y se puso a mirar a la puerta con la esperanza de que alguien entrara y le hiciera olvidar esa charla. Esperaba con ansias a que llegara el día siguiente cuando por fin le dejarían salir de esa aburrida habitación.

´´´´´´

Eso es todo por hoy. Espero que hayáis disfrutado con el capitulo y que si tardo un poquito en actualizar me perdonéis. Un beso a todos!

Have a nice day!