Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling


Capítulo 26- Se disipa la neblina.


Puede que el cuerpo de Hermione estuviera físicamente petrificado, pero su cabeza no. No había hechizo en el mundo más que el avada que consiguiera aquello. No. No podía dejar de pensar. Ese tatuaje que llevaba Draco lo había inventado ella. No el diseño, claro. Sólo el hechizo. Y la única persona a la que se lo había enseñado era Tom. ¿Acaso él se lo habría mostrado a alguien más? ¿Estaría ayudando a parte de los Mortífagos? No tenía ningún motivo para hacerlo. No tenía sentido.

Pero lo cierto es que a medida que Bellatrix Lestrange avanzaba por el Bosque Prohibido con su cuerpo detrás, a más y más conclusiones llegaba. Le había hechizado de manera que su petrificado cuerpo le siguiera elevada en el aire como una tabla. Parecía incluso que se había olvidado de ella. Ambas sabían que no era así. Desde la Gala del Ministro, Bellatrix había deseado encarar a esa mocosa. Y ahora por fin tendría un sinfín de oportunidades.

Hermione trató de mover los brazos, al menos los dedos de las manos. Todo era en vano. Tenía que evitar que siguieran avanzando. No podía dejar que se desaparecieran. Si se desplazaban a otro lugar sus oportunidades de huir se verían diezmadas.

-Por Merlín- maldijo una voz. Demasiado tarde.

-¿Quién es y por qué traes a una alumna, Bellatrix?- inquirió otra- ¿Acaso te has terminado de volver loca?

Sus voces quedaban opacadas tras algo. No podía girar la cabeza así que sólo eran suposiciones. Tal vez un pañuelo o una bufanda.

-¡Gaaaaah!- su grito apenas se reprodujo, de lo que se alegró. Un hombre se había aproximado a su altura y de un movimiento brusco se había agachado y le había apartado los rizos del rostro. Todavía inclinado observó su rostro.

-Me suena…

No eran ni pañuelos ni bufandas, sino máscaras blancas las que opacaban sus palabras. Estaba rodeada de Mortífagos.

-Claro que te suena, idiota- gruñó Bellatrix- Es Hermione Granger.

-¿Qué has hecho ahora, Bella?

Los magos se apartaron un poco, incluso el loco inclinado a su altura. Hablaron bajo y rápido, así que no pudo escuchar más que cuchicheos apresurados y rudos. Ya que no se podía mover trató de usar su peso para inclinarse hacia un lado y hacia otro.

-Bien, yo me ocuparé del resto- escuchó claramente por fin. Una fría mano rodeó su muñeca. Esperaba que con el guante el Mortífago no sintiera su pulso latir desbocado.

-Debería ser yo quien se ocupase- gruñó Bellatrix.

-¿Y deja que la mates por diversión? Ya sabes que todos lo pagaríamos.

-Valdría la pena. Vamos, déjame jugar sólo un poquito- pidió con el tono de una niña pequeña que quería repetir una porción de su tarta preferida-, por fa Lucius.

El chasquido de su desaparición fue toda su respuesta.


Lucius Malfoy. ¿Por qué no le extrañaba? Si tuviera que haber apostado porque alguien fuera Mortífago, hubiera apostado por él. Nada más desaparecerse en un sitio cubierto soltó su muñeca como si le ardiera. Continuó con el hechizo que le levitaba y le hizo que le siguiera de la misma forma que había hecho Bellatrix. Si era sincera, se habría esperado que le llevaran a rastras por el frío suelo. O no tan frío. A través de su pelo podía distinguir unas caras alfombras a lo largo del camino. Bajaron más de una vez unas escaleras en forma de caracol hasta que el mago abrió una puerta y la temperatura cambió. Todo era más frío. Más oscuro. Ojalá pudiera cerrar los ojos. El miedo sería menor y, además, se le estaban secando hasta el punto que ya le estaban doliendo por sólo mantenerlos abiertos.

Finalmente, Lucius se detuvo frente a una verja. El sonido del metal oxidado le indicó que tal vez aquello sería una celda. No iba muy desencaminada.

-Te hemos requisado la varita- advirtió el mago cerrando tras ella. Una vez dentro su cuerpo recuperó la movilidad. Se levantó del suelo aparentando una dignidad que no sentía.

-¿Por qué me habéis traído hasta aquí?

-Yo no puedo responder a tus preguntas. Pronto vendrá la persona indicada para ello.

Se dio la vuelta para marcharse. De verdad le iba a dejar allí encerrada.

-¡Espera!

Tal vez todavía era demasiado ingenua. De verdad había esperado que se detuviera. No terminaba de concebir, por mucho que se hubiese imaginado que pudiera ser un Mortífago, que de verdad le abandonaría en esa fría y gran celda. Pese a loque pudiera odiar a los hijos de muggles, ella no era una tercera impersonal, de la que no supiera nada. Había ido al colegio con su hijo, sabía incluso a qué se dedicaba y conocía a su novio. Su novio… Tom.

Se sentó y arrastró hacia el final hasta dar con la pared. Sus manos se cogieron del pelo al mismo tiempo que enterraba la cabeza entre las rodillas. No. Tom no podía estar relacionado con los Mortífagos. Pero, ¿cómo entonces explicaba lo de la marca? Si se lo hubiera dejado a alguien se lo hubiera dicho… O tal vez no. A quién engañaba. Tom era una de las personas más privadas que conocía. Más que ella. Pero él no dejaría que esto hubiera pasado. Otra persona tenía que estar detrás del ataque a todos lo muggles. Cualquier otro. Por el momento se tenía que concentrar en escapar.

Elevó la cabeza hacia los lados. Una tenue luz proveniente de alguna ventana fuera de la celda iluminaba lo justo para que viera quien entraba, mas no lo suficiente como para ver hasta dónde llegaba su nuevo cuarto. Tal vez podría encontrar algún hueco por el que colarse. Si Malfoy le había dejado aquí seguro que le había subestimado. Ese solía ser su error.


Por lo menos habían pasado ya tres horas. No estaba segura. Demasiado tiempo para pensar en tantas posibilidades. Había sido dejada con la expectativa de la llegada de alguien con explicaciones. Y ella las necesitaba, ahora más que nunca. Puede que esa noche no, pero mañana todo el castillo se percataría de su ausencia. Las paranoias de Harry y Ron no tardarían en conducirles tras Draco, y éste seguro que cometía algún fallo que le delataría. Le atraparían y cantaría como un canario dónde se encontraba presa. Sólo tenía que seguir esperando.

Su paciencia se vio recompensada. Ya bien entrada la noche la puerta por fin se volvió a abrir. Un mago tapado con una capa se internó con pasos seguros. Casi no le podía ver con la poca luz que entraba reflejada en la luna. Se detuvo frente a los barrotes y miró hacia la reja. Hermione alzó el rostro sin querer ser menos. Si ese hombre pensaba que iba a implorar, lo llevaba claro.

-Tenía una cena importante antes de que me secuestraran- dijo con voz fría- Así que, si no te importa, me gustaría que me soltaseis para que pueda volver.

Era su mejor arma. Replegar todos sus sentimientos para que el enemigo no lo pudiera usar en su contra. De todas formas era verdad, tenía una cena de celebración que ya se había pospuesto demasiado.

-¿Y bien?- inquirió esperando que aquel extraño hablara. En vez de ello llevó sus manos hacia su capucha y la retiró.

Nadie más que ella pudo escuchar cómo su corazón se rompía en mil pedazos, pero eso no hizo que doliera menos. Su voz se quedó en su garganta y su apariencia se desplomó. Después de todo ya no llegaría tarde a la cena.

-Tu curiosidad siempre te trae problemas.

-Yo…tú…

-Bellatrix y Lucius me han comunicado lo que ha pasado. Luego me ocuparé de ellos.

Hermione se levantó de golpe. Sus piernas estaban dormidas pero eso no impidió que caminara hasta los barrotes, única pieza que le separaba del mago. Se aproximó tanto a ellos como podía y fijó su mirada en la suya. El mago alargó su mano hacia su rostro. Se apartó como si quemara antes de que le tocara.

-¡No!- exclamó la bruja tratando de no perder el equilibrio- ¡Dime quién eres!

El mago ladeó la cabeza.

-Ya sabes quién soy, Hermione.

Negó con la cabeza repetidas veces.

-¡No!

-Hermione…

-¿Cuál es tu puesto? ¿Qué haces aquí?- interrumpió. Volvió a ganar los pasos que había perdido, pero esta vez no se acercó tanto como para que le pudiera tocar. Su pecho estaba vacío así que tuvo que recurrir a su coraje para volver a levantar la vista hacia la de él. Un cruciatus dolería menos.

-Soy el jefe de los Mortífagos.

Un llanto ahogado se quedó en su garganta.

-No…- sus piernas perdieron toda la fuerza que le quedaba y su cuerpo cayó contra el suelo. Su cara se hundió en sus manos, tapando su rostro destrozado del mundo- ¡Me lo prometiste!- Lloró- ¡Yo te defendí! ¡Luché por ti! ¡Lo di todo por ti! ¡¿Cómo has podido, Tom?!

El mago observó el cuerpo derrotado de la chica a sus pies. Abrió la verja sin hacer ningún ruido y se internó dentro.

-No estabas preparada para escuchar la verdad, Hermione.

-¿Qué verdad?

Porque hasta el momento no sabía qué era real y qué no.

-Que yo creé a los Mortífagos- respondió lentamente, dejando que absorbiera cada palabra en su delicado estado- No pretendo destruir a la raza muggle, no obstante, admito que he usado el odio que muchos magos tienen hacia ellos para unirlos en pos de mi beneficio.

-¿Y cuál es tu objetivo?

Se limpió las lágrimas de los ojos sin dejarse ser intimidada.

-Transformar el mundo mágico en un lugar mejor.

-¿Y por eso me usaste? ¿Para tus planes? ¿Para darte poder como anima aeterum?

Tom se agachó a su altura con una dura mirada.

-Si sólo quisiera haberte usado no habría tenido esta clase de relación contigo. Nuestra relación ha sido y es real, Hermione. Quiero que sigas a mi lado.

Una risa cruel nació en su garganta. Le sorprendió incluso a ella.

-Yo nunca he estado a tu lado, Tom. Todo esto sólo lo prueba. He sido una idiota a la que has manipulado a tu antojo. ¿Cómo pudiste? Hasta has usado mis hechizos para tus Mortífagos- pronunció la palabra con asco.

-Eres capaz de grandes cosas, Hermione. No dejes que los prejuicios te impidan llegar a lo más alto.

-Si tengo que matar a miles de inocentes para llegar a lo más alto, prefiero quedarme donde estoy.

-¿Acaso piensas que mato por matar?- Tom negó la cabeza, todavía de rodillas- Doy órdenes claras de no asesinar a nadie. Los objetivos de los ataques son búsquedas de objetos necesarios y demostración de poder ante un incrédulo mundo mágico. De nada me sirve asesinar muggles. Me es contraproducente, puesto que une a demasiados sectores en mi contra.

-¿Entonces cómo explicas las muertes sucedidas?

¿Ahora le tomaba por idiota?

-Mortífagos que se han dejado llevar por la situación. Otros, creyeron que podían ponerse contra mi poder y me desafiaron. Todos y cada uno de ellos fueron castigados.

Para nada le gustó cómo habló. Con un tono tan insensible como en sus primeros días de profesor. Y entonces fue como si todo encajase, como si la neblina en la que había estado sumergida ese último año se despejara y pudiera mirar hacia atrás y ver el camino serpenteante y tenebroso por el que había caminado.

-Tus años fuera de excedencia… estabas reclutando Mortífagos.

Tom asintió.

-¿Por qué te buscaba el otro día Narcissa en el bar?

-Como madre, intercedió a favor de su hijo, puesto que no estaba segura de que Draco pudiera infiltrarse en el equipo de aurores.

Tanta sinceridad le sentó como un jarrón de agua fría, uno que había estado demasiado tiempo lleno y el que ahora se derramase no hacía sino provocar más preguntas.

-¿Por qué no querías que bebiese nada que me ofreciera Snape?

-Te había echado veritaserum para preguntarte sobre mí. Que él se bebiera la bebida antes de que tú salieras fue un movimiento muy arriesgado por su parte para tratar de conseguir tu confianza. Podrías haberle hecho cualquier pregunta y él te habría respondido la verdad.

-¿Y el primer ataque? ¿Al invernadero?

-Fue obra de Bellatrix y Lucius. Acercar los ataques a Hogwarts formaba parte del plan para demostrar que en ningún lugar se podía estar a salvo y hacer elegir bando a los padres.

-¿Y el ataque a Hogsmeade?

-Fue dirigido por Bellatrix. Ya pagó por semejante desobediencia.

Sabía que había escuchado esa loca voz en algún lugar.

-Un momento…La figura encapuchada que apareció… ¿fuiste tú?

-Sí.

No. Desde el principio todo había sido una mentira. Ella se había entregado en cuerpo y alma a todo aquello contra lo que estaba luchando. Había ayudado sin saberlo en la muerte de tantos inocentes. No era posible. No

-Hermione, sé que ahora te sientes traicionada pero nada ha cambiado. Te quiero a mi lado. Juntos podremos hacer grandes cosas.

No…

-No, Tom- sintió como si su voz saliera sola de su cuerpo-. Te perdoné por tu Horrocrux y podría haberte perdonado casi cualquier cosa, pero no que me mintieras.

La confianza era algo tan difícil de crear y tan fácil de romper. Normalmente aquellas cosas solían ser las más fuertes, hasta que llegaba el momento en el que descubrías la farsa.

Los ojos del mago se tiñeron de un conocido color carmesí. Hacía tanto tiempo que no era protagonista de esa mirada que se abandonó a ella como un bote salvavidas en un mar de memorias. Sus pensamientos se rompieron cuando desvió la mirada hacia la puerta, que se acababa de abrir.

-Nagini- murmuró Hermione sintiéndose cada vez más traicionada- Claro, tú también.

La serpiente miró con un poco de pena en dirección de la chica y luego a su amo.

-Ya essstá todo lisssto- informó en parsel. Obtuvo un asentimiento como respuesta.

-Vamos, Hermione, tus nuevos cuartos están preparados.

La bruja abrió los ojos y se echó ligeramente hacia atrás.

-¿Cómo dices?

-Desde un principio Lucius no te debió de traer aquí. Éste no es tu sitio. He preparado mis cuartos para que se acomoden a ti. Te dije que cuidaba de lo que me pertenece, Hermione.

Una rabia increíble se fue tan rápida como llegó. Al momento la calma había tranquilizado su cuerpo. Veía su respuesta tan clara que no hacía falta sentir esa indignación.

-Me niego.

-¿Ssse encuentra bien?- inquirió Nagini. Decidió responder aun no habiendo entendido a la serpiente.

-No voy a ser tratada de forma distinta. Soy una prisionera y supongo que normalmente éste es el sitio de los prisioneros, así que aquí me quedo.

-Éste no es tu lugar- repitió lugar.

-Es el lugar que quieres para los de mi clase.

Negó con la cabeza.

-Esas ideas son fundadas por tus prejuicios. No busco una sociedad esclavista, busco el fin de un poder asentado, cómodo y obsoleto en su posición.

-La historia ha recibido a demasiados como tú, Tom. Estamos en una época de paz y prosperidad nunca antes vivida. No voy a aliarme con la persona que quiere poner todo ello en peligro.

-¿Paz? ¿A esto le llamas paz? ¿A un mundo que da la espalda a todo aquello por lo que tendría que estar luchando? Todo lo incontrolable es repudiado y rechazado. Todo problema que pone en peligro la calma es ignorado o masacrado de raíz. Dime, Hermione, ¿esta es la paz en la que quieres vivir?

-No- admitió- Pero no va a ser a través de la muerte por la que lo cambie.

-Contigo a mi lado no tendría por qué serlo.

Se quiso tapar los oídos, como una niña pequeña cuando no quería seguir con una discusión. Tom era una persona tan manipuladora, tan empática que resultaba irónico. Él no podía sentir pero sabía usar cada uno de los sentimientos de las demás personas a su antojo.

-Si quieres ese futuro, entonces será conmigo en esta celda.

Tom suspiró y elevó una mano a la altura de su rostro. Acarició su mejilla lentamente, con un cariño que ella ya no creía.

-Ése no es el futuro que he diseñado, Hermione.

Con un sencillo Desmaius el cuerpo de la chica se desplomó. Le agarró antes de que se chocara contra el suelo y le cargó en brazos. Podría llevarle con su varita pero prefería sentir su cuerpo contra el de ella. Aparte de recargar su magia y su poder, se sentía completo por motivos bien diferentes.

No iba a dejar que durmiera en aquella fría celda. Le llevaría a donde debía estar. En su cuarto con él. Se ocuparía de que viese las cosas desde otro punto de vista, y no bajo la perspectiva del metomentodo de Albus Dumbledore. Sabía que ese día llegaría y que ello sería un problema, pero estaba preparado. El futuro iba a cambiar con su bruja a su lado.

Caminó por los pasillos como si poseyera cada paso que daba. Las pocas personas con las que se encontraba se apartaban contra la pared y se inclinaban hacia él. Nadie comentaba la visión de la bruja desmayada en sus brazos y la enorme serpiente siguiéndoles. Si lo hicieran serían castigados en el momento. Había demostrado en más de una ocasión una educación de hierro y un dominio extraordinario de la magia no verbal y sin varita.

Así fue como abrió la puerta a sus cuartos privados. Las cortinas estaban abiertas, dejando pasar la suave luz de la luna. Se dirigió al centro del cuarto y posó a su bruja sobre las mantas descubiertas. Lentamente, le quitó la capa y la ropa de bruja. Sus ojos brillaron con lujuria al ver su desnudo cuerpo bajo él, del que tantas veces había disfrutado. Mas no era el momento. Volvería a disfrutar cuando la bruja también estuviese dispuesta. Cogió una camiseta suya y se la colocó a modo de ropa para dormir. Una vez estuvo cambiaba, le tapó con las mantas y le besó sobre los labios. Que no estuviese despierta para otras cosas no significase que no pudiera besarla. Le observó por unos instantes antes de dar media vuelta y dirigirse hacia una estantería de la pared, con el objetivo de trabajar hasta que su bruja despertara.