Capítulo 25.- ¿Un final o un principio?
Empezaba a despertarse al notar como los rayos de sol que entraban por la ventana le daban directamente en la cara. Se estiró todo lo largo que era su cuerpo intentando recordar lo ocurrido el día anterior.
Habían pasado cinco años desde que Lord Voldemort tal como era conocido dejara de existir y un Harry Potter de 22 años se preparaba para el día más importante de su vida.
Todavía estaba sorprendido de que hubiera podido dormir de un solo tirón cuando la noche anterior estaba tan nervioso que no podía ni sentarse un minuto tranquilo.
-Seguro que esto ha sido obra de Shira –murmuró en voz baja al mismo tiempo que apartaba las sábanas de su cama-, pero tengo que reconocer que he podido dormir de un solo tirón.
Continuaba estirándose para desperezarse cuando un pequeño bulto aterrizó sobre él saltando sobre su pecho, lo que terminó de despertarle de forma instantánea.
-Hola papi –un niño de poco más de 5 años de edad, de pelo muy negro y ojos azules, seguía saltando sobre su cuerpo al mismo tiempo que reía sin parar.
-¡Tomy! ¡Pequeño diablillo! –dijo Harry al mismo tiempo que cogía al niño y lo tumbaba sobre la cama haciéndole cosquillas sin parar provocando que el pequeño se retorciera sin poder parar de reír.
Después de terminada la batalla definitiva Harry había adoptado a Tom Riddle como hijo, pasndo a llamarse Tom Potter-Nirha. El pequeño se había revelado como lo que en realidad era, un niño sumamente alegre que buscaba amor a raudales y que daba mucho más cariño que el que recibía. Tomy era un niño muy feliz que adoraba a su papi como le llamaba siempre y Harry adoraba a su hijo adoptivo.
La puerta de la habitación se abrió de nuevo y dos niños rubios de 7 años de edad entraron corriendo lanzándose también contra el joven mago.
-¡Tío Harry! –gritaron los dos que no pudieron librarse de ser atrapados por su adorado tío y sufrir de las mismas cosquillas que su primo Tomy estaba padeciendo.
-Diablillos –Harry reía de pura felicidad- Os habéis propuesto que no pueda seguir durmiendo.
-No papi –decía Tomy-, la abuelita Mara quiere que te despiertes ya, dice que tienes que bajar al salón a desayunar.
-Y los primitos también van a venir a levantarte –dijo Draco con gesto de alguien que contaba algo muy importante.
-Sí –afirmó Lucius-, Sophie, Nicole, Alex y Daniel han dicho que si no bajamos pronto subirán a ayudarnos. Hasta Irene y Maitere quieren subir a despertarte.
-¡Pero si son muy pequeñas!
-Sí, pero el abuelito Albus ha dicho que las traería montando a caballo
En estos cinco años muchas novedades habían ocurrido. Shira y Severus habían tenido dos niñas más, gemelas, a las que pusieron el nombre de Irene y Maitere. Las nirhana habían conseguido eliminar de la mente de Albus Dumbledore todo pensamiento y voluntad oscura y ahora estaba en el castillo de las nirhana en su papel de abuelito bonachón que se dedicaba a malcriar a los niños que estaban en el castillo.
-El abuelo cada día peor que una cabra –se quejó Harry
Para ratificar su afirmación la puerta de la habitación se volvió a abrir pero el joven mago no podía ver a nadie en la puerta por lo que se incorporó para poder tener mejor visión. Lo que se presentó ante sus ojos le hizo empezar a reír casi sin poder contenerse al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
En el marco de la puerta se podía ver al que ahora era Albus Dumbledore gateando a cuatro patas al mismo tiempo que llevaba a sus dos pequeñas nietecitas en la espalda.
-¡Arre abuelito! –gritaba Maitere, una preciosa niña de cabellos muy negros y profundos ojos del mismo color, que estaba sujetando con fuerza el largo cabello blanco del anciano mago.
-¡Corre, corre! –Irene, completamente idéntica a su hermana, se dedicaba, con sus pequeñitos pies, a darle en las caderas del anciano para que fuera más rápido.
-¡Caballo mágico en pleno galope! –gritaba Dumbledore intentando satisfacer a las dos niñas.
Como si no hubieran pocos dentro de la enorme habitación Snow entró a la carrera y se lanzó a lamerle la cara a su amado dueño logrado que el pobre muchacho cayera de espaldas en la cama.
-¡Basta! –Harry intentaba que todos pararan y se tranquilizaran pero parecía que era superior a sus posibilidades. Toda su inmensa fuerza nirhana no le servía de nada a la hora de intentar controlar a todos los que allí había.
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Remus Lupin caminaba hacia el inmenso comedor del castillo de las nirhana. Vestía una muy elegante túnica de gala y una sonrisa de felicidad adornaba su rostro.
No iba con prisas, iba despacio, disfrutando del espectáculo que suponía ver el inmenso castillo adornado con sus mejores galas. Todas las nirhana habían trabajado duramente para transformar el castillo, que ya de por sí estaba lleno de adornos y tapices sumamente lujosos.
El licántropo amplió su sonrisa al recordar como un mes antes, Mara, Naica, Neli e Isabel le habían arrancado de su despacho en el ministerio y habían ido a buscarle una túnica de gala especial, el motivo de todo aquello era que hoy se celebraba el matrimonio entre Harry y Elena y él era el encargado de oficiar la ceremonia.
Recordaba aquel día con alegría, pero también con mucha ansiedad. Habían estado horas haciéndole probar infinidad de túnicas hasta que todas coincidieron en una especial y ninguna de aquellas mujeres le había permitido decir ni una sola palabra. Literalmente le había faltado muy poco para convocar a su jefe de aurores y rogarle que por favor lo sacara de allí. Durante la semana siguiente había asegurado a todo aquel que le escuchara que prefería enfrentarse a un numeroso grupo de los extinguidos mortífagos antes que ir de compras con aquellas mujeres.
-Hola tío Remus –saludó un pequeño niño de 6 años al mismo tiempo que el licántropo se inclinaba para darle un cariñoso beso en su sonrojada mejilla.
-Hola Daniel ¿Ya has desayunado?
-No tío Remus. Voy a ver si los primos han podido ya despertar al tío Harry. La tía Neli me ha dicho que le hagamos bajar a desayunar como sea, que tenemos que ponerle muy guapo.
Remus abrió los ojos de pura sorpresa y se dispuso a escapar de aquel pasillo para refugiarse en el salón del castillo. Sabía lo que le esperaba a Harry y sentía verdadera compasión por como todo el mundo iba a estar encima de él sin apenas dejarle respirar.
-Entonces os veré en el comedor –dijo Remus apresurando el paso
El licántropo casi corrió hasta llegar a la amplia estancia en la que sabía estaría seguro de no ser nuevamente rodeado de "fieras mujeres" deseosas que ponerle lo más elegante posible. Sabía que allí estaría Severus y Kraykus y al menos, ya serían tres hombres y no solo uno, aunque cuando lo pensó más detenidamente, se dio cuenta de que si las nirhana al completo se empeñaban en ponerles de mil botones, ninguno de ellos tres podría defenderse de semejante ataque.
-Tranquilo Remus, no están aquí –sonrió Severus al ver el rostro angustiado de su amigo-, al menos todavía.
Remus miró detenidamente a su amigo. Vestía una túnica negra con bordados en oro y plata en el cuello y los puños. Por la cara que ponía Severus, el licántropo supo que le había sucedido lo mismo que a él. Casi tuvo que aguantarse las ganas de reír.
-Ni que estuvierais huyendo de un enemigo atroz –Kraykus reía incluso con sus ojos, muy divertido por las expresiones de sus dos compañeros de mesa.
-Como se nota que no te ha tocado soportar una jornada entera de compras rodeado de mujeres y sin poder decir ni una sola palabra porque si te atrevías a decir algo te encontrabas con un hechizo de silencio –se quejó Severus recordando su pasada experiencia con Natxa y Laica.
-¿Quién os asegura que no lo he pasado? –el alto hombre los miraba de forma misteriosa- Ya sufrí de eso hace quince días –terminó de confesar-, y si las nirhana os han parecido acaparadoras, mejor que no hayáis conocido en esa experiencia a Molly Weasley y a Erina juntas ¡Ganan a todo un ejército de nirhana!
Los tres hombres se miraron comprensivos ante la horrenda experiencia que les había supuesto ir de compras rodeados de mujeres y sin derecho a decir nada y suspirando con resignación se sentaron quedándose pendientes de que la puerta del comedor se abriera y que alguien entrara y se les uniera.
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Harry ya había podido terminar de vestirse. Llevaba puesto el conjunto de pantalón y túnica negros con bordados en plata en su cuello y una camisa blanca que con la luz emitía reflejos plateados que Shira le había aconsejado y que le quedaba realmente bien.
Cuando casi creía estar sin salvación alguna a causa de las acciones de su hijo y de sus sobrinos, su hermana entró en la habitación poniendo orden con su sola presencia. Shira siempre hablaba a los niños con voz muy suave y cariñosa y todo el mundo se sorprendía al comprobar que todos la obedecían sin excepción alguna. Harry también lograba que todos los niños obedecieran y se comportaran, claro que no siempre, como sucedía en esa ocasión en la que gracias a Shira pudo gozar de unos momentos de tranquilidad en los que ambos hermanos se hicieron mutua compañía.
Caminaba lentamente por uno de los pasillos, iba tranquilo. Todos sus nervios e interminables preguntas sobre el paso que iba a dar habían sido calmados por la paciencia y ternura de su amada hermana y ahora apenas podía notar un solo temblor en su cuerpo.
Al llegar a la altura de una de las salas que estaba cerrada con una puerta pudo escuchar claramente unas risas infantiles.
Sonriendo y con sumo cuidado para que los que estaban en esa sala no se percataran de su presencia abrió la puerta con suavidad, sin hacer un solo ruido. Pero aquella prudencia casi se fue de vacaciones eternas al ver como Albus Dumbledore estaba sentado sobre un taburete y Maitere e Irene le estaban haciendo un nuevo peinado. Al pobre anciano le habían transformado sus largos pelo y barba en infinidad de finas trencitas que terminaban en un diminuto y coqueto lacito rosa. Harry tuvo que hacer auténticos esfuerzos para no empezar a reír a carcajada limpia. La paciencia del anciano mago con esas gemelas era increíble.
-Te estamos dejado muy guapo, abuelito Albus –decía Maitere mientras terminaba de sujetar una trenza de la barba del sufrido abuelo
-Sí, abuelito, serás el más guapo del castillo –afirmó Irene con solemnidad- Maitere ¿Crees que podríamos dejar al tío Harry tan guapo como al abuelito Albus?
Toda la alegría que sentía en esos momentos abandonó el rostro de Harry en décimas de segundo. El joven mago abrió los ojos de puro terror y con sumo cuidado salió de la habitación para evitar ser descubierto y no terminar total y absolutamente trenzado.
Cuando por fin cerró la puerta salió corriendo por el pasillo como si le estuviera persiguiendo el mismísimo diablo pasando al lado de Kronos, la serpiente macho que había decidido quedarse en el castillo al lado de Harry.
La enorme serpiente miró extrañada de dónde había salido su amigo a todo correr y se adentró en la habitación al mismo tiempo que se erguía, presto para parar a quien quiera que osara atacar a la que consideraba su adorada familia. Su movimiento captó la atención de las gemelas que se giraron a ver a la serpiente, que comenzaba a relajarse al ver de quien se trataba.
-¡Kronos! –exclamó Irene, alegre de ver a su amiga- Ven que te voy a poner muy guapo. Te voy a pintar la boca y los ojos para que seas la serpiente más guapa del castillo.
Kronos se tensó abriendo su boca de puro espanto y volviendo a erguirse por completo hizo lo que encontró más lógico en esos momentos. Salir huyendo de allí arrastrándose por el suelo del pasillo a tal velocidad que alcanzó a Harry. Quien los mirara no sabrían quien ganaría esa carrera, si Harry corriendo con todas sus fuerzas o Kronos deslizándose todo lo largo que era.
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A media mañana ya todos estaban reunidos en el salón principal del castillo esperando la llegada de la novia que, siguiendo una según Harry absurda tradición, no había podido ser vista durante todo el día.
Dentro estaban todas las nirhana y todos los amigos de la familia. Ron y Hermione también estaban allí. Había costado mucho esfuerzo y paciencia por parte de Elena, pero por fin Harry había perdonado la acción de los dos jóvenes. Aunque no estaban igual que antes ahora podían intercambiar frases y hablar durante unos minutos, aunque todos creían que aunque tardaría todavía un tiempo, los tres jóvenes volverían a estar juntos.
Molly Weasley estaba allí llorando a lágrima viva sin poderse contener mientras que los gemelos, Bill y Charlie intentaban infructuosamente que se tranquilizaran.
Cuando Severus se acercó al grupo con las dos gemelas en brazos, Fred y George retrocedieron un par de pasos.
-¿Se puede saber qué os pasa? –preguntaba Harry a sus amigos sin poder ocultar la risa- Yo creía que adoptaríais a las gemelas como vuestras discípulas.
-Harry –dijo George
-Somos bromistas y nos gusta divertirnos, añadió Fred que mantenía a Erina abrazada por la cintura.
-Pero no somos suicidas –terminaron los dos al mismo tiempo
-Esas niñas –continuó Fred- son una mezcla de los merodeadores y de nosotros mismos.
-No entiendo cómo Severus no se da cuenta –añadió George
-Severus no creo que vea a sus hijas como un peligro ¿verdad? –dijo Harry al mismo tiempo que miraba a su cuñado haciendo carantoñas a las dos niñas que tenía en brazos.
Una suave música señaló el momento en que Elena llegaba al salón y todos se pusieron en sus respectivos asientos al mismo tiempo que Molly aumentaba su caudal de lágrimas.
Shira estaba al lado de Harry y era la encargada de acompañar al novio y ser la madrina de la boda.
Elena iba del brazo de su padre, que sería el padrino de boda. Vestía una magnífica túnica de color blanco con leves adornos de perlas en la parte del cuello y hombros. Era de corte liso y parecía una princesa salida de la edad media. Con pasos suaves llegó a donde su radiante novio la esperaba
Con gran solemnidad Remus Lupin ocupó su lugar como oficiante de la ceremonia y comenzó a recitar los votos que unirían a los dos jóvenes para toda la vida.
Harry miraba embobado a la que ahora era su esposa y sonreía a su hermana. Poco pensaba el joven mago que después de unos horrendos años iba a tener una vida llena de amor y felicidad. Miró a su hijo al que quería con todo su ser, que le guiñó un ojo como dándole ánimos y a sus sobrinos que adoraba.
Mientras Remus terminaba de oficiar la ceremonia intentaba discernir qué era lo que le esperaba de ahora en adelante.
Dando un suave beso sobre la mano de su esposa escuchó el final de la ceremonia que coronaba el día más feliz de su vida.
Fuera lo que fuese lo que ocurriese en aquel mundo mágico, que ahora gozaba de una paz como nunca había disfrutado, solo el futuro le desvelaría los sucesos que tuvieran que venir y de una cosa estaba seguro, él estaría preparado para afrontar todo lo que el destino le deparara.
FIN
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Esta capítulo ha sido ha terminado la historia nirhana que empecé a escribir como pasatiempo y que me atreví a publicar gracias a la insistencia de bunny1986.
Nirhana puede tener continuaciones, eso depende de si os guste que continúe con otras aventuras, vuestra es la decisión.
Muchísimas gracias a todos los que habéis leído esta locura mía y en especial para the angel orf de dreams, Cerberuxs, Clawy, Leahnor Naril Potter, Anfitrite, Luna duSoleil El Pocho y Gandalf Cumbledore.
Espero realmente que os haya gustado.
