Sin comentarios…


Capítulo 26: La nevada.

Ya era de mañana, la nieve había cubierto todo el pueblo, Brago estaba despierto, de pie, observando por una ventana…nada en realidad, tanto a él como a Arashi ya se les había pasado el efecto que Cymbeline les aplicó.

Arashi despertó después un poco adolorida, vio a Adrián y Cymbeline durmiendo por otro lado y observó tranquilamente al mamodo de la oscuridad. Se levantó y corriendo le rodeó el cuello con los brazos.

-Hola Brago –dijo dándole un beso en la mejilla.

-¿Qué haces? –preguntó el mamodo oscuro limpiándose la cara con la mano.

-Sólo te doy los buenos días.

-Am…¿y quisieras soltarme?

-Uh…lo siento n/n. Es que estoy feliz, hace mucho que no veíamos nieve, ¿verdad? –respondió asomándose por una parte de la ventana.

-Sí…hace tiempo.

Mientras, Adrián, dormido se dio media vuelta y se encimó en Cymbeline, despertándola.

-Adrián, ¡Adrián! –dijo arrojándolo al suelo.

-Auch…¡Ah! ¡¿Ahora qué hice?

-¡Que no hiciste! ¡¿Dormiste a gusto?

-Sí, hasta que me tiraste.

-Pues más vale que no te me vuelvas a encimar. Ah…¿por qué está haciendo tanto frío?

-Em…será porque hay nieve afuera –contestó Arashi interrumpiendo.

-¡¿QUÉ? –gritaron ambos humanos.

-Que hay nieve afuera –volvió a decir la peli-rosa.

-¡¿CÓMO QUE HAY NIEVE? –exclamó Cymbeline.

-¿Qué no captas? ¿O es que ese menso te pasó su cerebro? –preguntó Brago.

-¡Oye! –le reclamó el muchacho.

-No vaya a ser el fin del mundo por una nevada –dijo la mamodo.

Cymbeline y Adrián fueron corriendo a la ventana.

-O.O No manchen, está nevando –dijo el oji-azul.

-¿En serio? No me había dado cuenta –respondió su compañera.

-Imposible… -decía la castaña.

-¿Por qué se sorprenden tanto? –inquirió el mamodo del libro negro.

-¡PORQUE NUNCA HABÍA NEVADO AQUÍ! –respondieron ambos.

-¿Nunca?

-Es más, ni sabemos qué es la nieve –comentó Adrián.

-No tarado, obvio que sabemos qué es la nieve. Lo que quiere decir "mister no me explico nada" es que nunca habíamos presenciado la nieve. Tengo que avisarle al tío Kei –contestó la oji-verde.

Cymbeline bajó corriendo por las escaleras. Adrián, Brago y Arashi la siguieron, pero no se fueron corriendo.

-¡Tío Kei! ¡Tío Kei!

-Oh, hola Cymbeline –respondió el hombre desde la cocina.

-¡Tío! ¡Está nevando!

-¡¿Qué?

-Sí, sí, no es ninguna broma.

Cymbeline lo jaló del brazo hasta la puerta de entrada.

-Oh, Dios mío. Qué raro, no dijeron nada de esto en el pronóstico del clima.

-¿Qué cree que lo haya causado, tío?

-No lo sé, tal vez un cambio climático de última hora.

Adrián llegó corriendo por detrás empujando a Cymbeline y al tío Kei y se arrojó a la nieve.

-¡AAAAH! ¡ESTÁ FRÍA! –gritó el chico.

-No, está caliente U.U –respondió la castaña.

-¿No quieres un abrigo muchacho? –le preguntó el tío Kei.

-Sí, por favor.

-¿Tú quieres uno Cymbeline?

-Sí –respondió también la chica.

Brago y Arashi llegaron por detrás.

-¿Y ustedes? –volvió a preguntar el hombre.

-¿Qué? –inquirieron ambos mamodos.

-¿Quieren un suéter o algo?

-No –respondieron.

-¿No tienen frío?

-No –volvieron a decir.

-No somos como los humanos que de todo tienen frío –le reclamó Brago.

-Oh…está bien…

Los 4 salieron y disfrutaron de la nieve, hasta Brago un poco. Adrián le lanzó una gran bola de nieve a Cymbeline cuando estaba distraída, y la hizo enojar mucho.

-Jajajaja. ¡Te di! ¡Te di!

-Muy bien, tú te lo buscaste.

Cymbeline lanzó una bola de nieve también, pero no le dio a Adrián.

-Jaja, fallaste –se burló el muchacho.

-No te apunté a ti tarado –le hizo saber la oji-verde.

Cymbeline le había dado al tronco de un árbol que hizo que se sacudiera y que le tirara toda la nieve que tenía encima de una rama a Adrián.

-¡AAHHH!

-Jaja, qué bien –se burlaba también Arashi.

Cymbeline y Brago sonrieron ligeramente de lado.

-¡MSJDG MDJKX MWSODU MDIDH! –exclamó Adrián.

Traducción: ¡Auxilio, sáquenme de aquí, no puedo respirar y está haciendo mucho frío!

-Ah…no empieces, sabes que no te entiendo –le dijo su mamodo.

Arashi corrió hasta donde estaba Adrián y lo sacó de donde estaba enterrado.

-Ah…gracias Arashi –dijo escupiendo nieve.

-Jaja, no hay de qué.

-No te rías.

-Jaja, lo siento, pero fue muy gracioso.

-Bien, Cymbeline, ahora fuiste tú quien se lo buscó –la amenazó su amigo.

Adrián corrió lo más que pudo hasta Cymbeline sin caerse entre la nieve, pero ella le metió el pie y éste cayó rodando por una pequeña calle que estaba en bajada, cubriéndose de nieve.

-¡AHH! ¡AYUDA!

Cymbeline, Brago y Arashi caminaron hasta llegar colina abajo, donde encontraron a Adrián como un muñeco de nieve.

-JAJAJAJAJAJAJA –reía a carcajadas limpias la mamodo.

Arashi lo levantó y le empezó a colocar más nieve, fue por un sombrero y una zanahoria y se los puso a Adrián.

-Jaja, ahora sí estás listo –se volvió a burlar.

-¿Te diviertes? –inquirió Adrián escupiendo la zanahoria.

-Como nunca.

-Tarado –le dijo Cymbeline.

-Qué amable eres –le respondió el chico.

-Lo sé.

Los 4 volvieron a subir la pequeña colina.

Arashi planeó hacer algo a propósito. Brago estaba distraído, así que la peli-rosa se "cayó" y lo tumbó por la misma colina por donde había caído Adrián.

-¡AAH! –gritaron ambos.

-Ay, ahora ellos no… -se quejaba la castaña.

Brago y Arashi estaban juntos, sepultados bajo la nieve. Brago salió rápido y Arashi seguía enterrada.

-¡Ahh! ¡Sáquenme de aquí!

El mamodo la tomó por el brazo y la sacó.

-Ah, gracias Brago.

-Deberías tener más cuidado, niña torpe.

-¡Ay! Pues hay nieve, no puedo caminar bien.

Los 2 otra vez volvieron a subir la colina.

-Maldición, me estoy congelando. Los espero adentro –dijo Cymbeline.

-Sí, te acompaño –la apoyó el oji-azul.

-Yo no me quiero quedar aquí afuera –respondió también Arashi.

-Ya que…esto estaba aburrido –murmuró el mamodo oscuro.

Dentro de la casa del tío Kei, había 4 tazas de chocolate caliente con malvaviscos.

-¿Volvieron tan pronto? –preguntó el hombre.

-No hay nada que hacer –respondió su sobrina.

-Oh, de acuerdo, beban su chocolate, les calentará el cuerpo.

-Gracias señor tío de Cymbeline –respondió Adrián.

-Dime Kei.

-Sí, gracias señor Kei.

-Ay muchacho…

Brago subió a la habitación y Cymbeline lo siguió, Adrián y Arashi se quedaron en la sala.

-¿Qué quieres hacer? –le preguntó la castaña.

-¿Cómo qué? –respondió su mamodo.

-No lo sé, por eso te pregunté.

-Esperar…¿qué más? Con esta nieve no se puede caminar bien.

-Bueno…-dijo dándole un sorbo a su taza-. Voy abajo…

-Sí…como quieras.

Mientras en la sala…

-Oye, ¿te puedo preguntar algo? –dijo Arashi.

-¿Qué? –respondió su compañero.

-Recuerdas que el día pasado, le dijiste a Cymbeline que la querías mucho y que no habías tenido el valor de decírselo, ¿verdad?

-Sí, ¿por qué?

-Es que…no parece que Cymbeline haya oído eso.

-¿Por qué lo dices?

-Porque presiento que actuaría de una manera diferente, y está como si no hubiera pasado nada.

-En eso tienes razón…pero creo que el destino lo decidió, ella no debe enterarse de que me gusta.

Cymbeline, estaba detrás de la pared que daba entrada a la sala, al oír esto se le enchinó la piel y tiró su taza al suelo, provocando un fuerte ruido.

Adrián y Arashi caminaron y encontraron a Cymbeline viendo la taza rota en el suelo, con una cara de asombro.

-Cymbeline, yo…yo… -el oji-azul se puso pálido.

-M-Me tengo que ir… -fue lo único que dijo la castaña subiendo las escaleras a toda velocidad.

Cymbeline llegó a la habitación donde estaba Brago, cerró la puerta detrás de ella, se recargó y poco a poco se fue resbalando apoyándose en ella hasta sentarse en el suelo. Tenía la cabeza como mirando hacia arriba, pero con los ojos cerrados y respiraba agitadamente.

-¿Qué traes tú? –preguntó su mamodo confundido.

-¡Ah! –gritó apoyando la cabeza sobre sus rodillas.

Brago decidió ir a ver qué había pasado.

-Quítate –le dijo a la castaña.

-Ah, ya voy –respondió moviéndose y tirándose boca abajo en la cama.

Mientras abajo…

-¿Qué pasó aquí? –preguntó el tío Kei.

-Oh, perdóneme señor, es que…me tropecé y tiré su taza, si no hay problema, yo le reparo el daño –respondió Adrián.

-Oh, no importa, lo que cuenta es que tú estás bien –respondió el hombre, recogiendo los pedazos de taza rotos.

-Gracias señor, lo siento de nuevo.

Arashi y Adrián se sentaron en un sofá.

-Arashi…¿qué voy a hacer? Viste la cara de Cymbeline…escuchó todo lo que te dije –el chico estaba seriamente perturbado.

-Tal vez es como tú dices…es cosa del destino que Cymbeline se enterara de ello.

-Ay…ya no sé –respondió tremendamente frustrado.

-No te preocupes Adrián, todo va a estar bien…

-Eso espero…

Brago llegó hasta la sala.

-Empiecen a hablar, ¿qué pasó aquí? –dijo demandante.

-¡Ah! –gritó Arián yéndose del lugar con las manos en el rostro.

-¿Y bien? –le volvió a decir a Arashi.

-Ah… -suspiró-. Es que Cymbeline oyó lo que le dije a Adrián.

-¿Y qué se supone que le dijiste?

-Lo que Adrián le había dicho a ella…que la quería y bla bla, lo demás. Cymbeline dejó caer una taza al suelo y se fue corriendo y ahora Adrián se va a andar matando por eso.

-Pues que vaya a hablar con ella y punto final.

-¡¿Qué vaya a hablar con ella? ¡¿Estás loco? ¡¿No ves lo que acaba de pasar? –exclamó Adrián desde atrás de la pared.

-Pues por eso es lo que debes hacer, ¿o dejarás de hablar con Cymbeline por lo que sucedió?


Continuará…