Ep. 26:

Gaara se zambulló y nadó por debajo del agua dos veces el largo de la laguna hasta que finalmente emergió para tomar aire. Había tomado la costumbre de ir a nadar todas las mañanas, pues no soportaba permanecer en el establo a esas horas, ya que Ino había dejado de aparecer por allí antes de sus cabalgatas. No le complacía la idea de que no sólo la había espantado de la caballeriza sino también de su casa; tampoco le gustaba pensar que ella lo hiciera sentir tan culpable, cuando en realidad, no había mucho por lo que tuviera que arrepentirse. Ni siquiera podía recordar cuál había sido el detonante de toda esa situación. Si Ino no le hubiera aclarado la cuestión en aquella única oportunidad que tuvo de verla en casa de su amiga, Gaara aún estaría convencido de que todo había sido un sueño.

Pero no lo había soñado. Realmente le había hecho el amor a Ino Yamanaka. Y había sido muy placentero... hasta el momento de la penetración, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y ella también. El sobresalto que experimentaron echó a perder el placer. Hasta el orgasmo del joven kage, descontrolado e indeseado en ese momento, fue el peor que experimentó en toda su vida. De todas maneras, instintivamente, sabía que pudo haber sido el mejor.

Pero no debió haber ocurrido. Con lo bien que había logrado luchar contra sus emociones desde que la conoció, con un éxito admirable... bueno, o al menos eso creyó. Y si no hubiera bebido tanto sake ese día podría haber insistido en que se fuera del establo en lugar de limitarse a sugerírselo. Claro que tampoco se habría emborrachado si Ino no le hubiera vuelto loco la noche anterior.

Y ahora, ella ni siquiera le permitía cumplir con el honor. Él tampoco quería casarse con una temperamental y caprichosa platinada. Claro que no, ¿pero entonces por qué se enfureció tanto cuando ella le rechazó? ¿Por simple orgullo herido de que la mujer prefiriera a cualquier otro menos a él? Tal vez.

Gaara volvió a sumergirse, tratando de hacer tres largos esta vez, pero no lo consiguió. Sacó la cabeza en la mitad de la laguna, con los pulmones ardiéndole por falta de aire. Tiró la cabeza hacia atrás con gesto violento para quitarse el cabello y la mayor parte del agua de los ojos, pero la imagen que se presentó ante ellos le hizo dudar respecto de la claridad de su visión. Era Ino, que bajaba de Shukaku y se acercaba a la orilla de la laguna... y se metía en ella, con ropa y todo. Siguió avanzando sin detenerse hasta que le alcanzó, y no bien llegó a ese punto, le estrelló una bofetada con mano abierta en la mejilla y luego usó ambos puños para golpearle el pecho.

El pelirrojo permitió que le golpeara por un momento, y luego le preguntó con un tono bastante razonable a pesar de las circunstancias:

- ¿Qué rayos crees que estás haciendo?

Ino le gritó para responder:

- ¡Maldito bastardo podrido! ¡Si no fueras más alto que yo juro que te ahogaría!

- ¿Por qué?

- ¡Porque quiero matarte! - le golpeó una vez más para enfatizar su intención y luego dijo - ¿Por qué no pudiste solamente besarme como te pedí?

- ¿Cuándo?

- ¡Tú sabes cuándo! ¿Por qué tuviste que hacerme el amor?

Gaara casi se echó a reír al escuchar lo absurdo de esa pregunta. Cualquier otra mujer a quien él hubiera besado del mismo modo que la había besado a ella se habría puesto furiosa si no hubiera terminado haciéndole el amor. Por supuesto, ninguna de las otras mujeres era virgen.

- Esa clase de besos que compartimos la otra noche por lo general llevan a hacer el amor, caprichosa - explicó él - ¿Y por qué el ataque ahora? No te enfadaste tanto en el momento que pasó.

- Sí que lo estaba - insistió ella - Meramente me encontraba en un estado emocional tan fuerte que no me di cuenta.

Gaara arqueó una ceja.

- ¿Te ha llevado tres semanas salir de tu estado de conmoción?

Ino volvió a golpearle.

- ¡Me ha llevado todo este tiempo descubrir que has sido mi ruina! ¡Seré una vergüenza! - se lamentó - ¡Seré el gran escándalo!

El dramatismo de la chica pronto le hizo reaccionar. Él había esperado eso; obviamente, ella no.

- ¿Es ésta tu manera cortés de informarme que estás encinta?

- Sí, estúpido...

- ¿Cómo sé que estás diciéndome la verdad? - preguntó él.

Ino se quedó mirándole por un momento, incrédula, y luego le volvió la espalda. Se alejó con profundo disgusto, pero no podía desplazarse en el agua con mucha rapidez, de modo que Gaara sólo tuvo que extender un brazo para alcanzarla y así lo hizo.

- Lo lamento, Ino, pero ya ha habido otras mujeres que sostenían que yo era el padre de sus hijos, ¡y no fue así!

- ¿Insinúas que no es posible que el hijo que llevo en mis entrañas sea tuyo?

- Por supuesto que no. Si estás embarazada, más que seguro que es mío y asumiré todas las responsabilidades. Me refiero a si estás segura.

- ¡No, no estoy segura! - le gritó ella - ¿Cómo puedo estarlo tan pronto? Pero tengo una semana de atraso en mi... bueno, tengo atraso, ¡y jamás me sucede!

- No tienes necesidad de ponerte histérica. Por si no lo recuerdas, te propuse matrimonio antes, hubiera o no bebé alguno - Gaara frunció el ceño de nuevo - ¿O no fue así?

La Yamanaka se sorprendió por la pregunta.

- ¿No lo recuerdas?

- Hasta que te vi en casa de los Haruno no estaba seguro de que todo esto hubiera sido un sueño o la pura verdad. Parece que no lo soñé, pero para ser honesto, no puedo recordar con claridad todo lo que sucedió.

- Bueno, no esperes que sea yo quien te refresque la memoria, pues trato de olvidar todo esto.

El joven ahora la tomó con ambas manos para zarandearla un poco.

- Pero algo que sí recuerdo muy bien es que te aconsejé que te fueras del establo, pero tú no me hiciste caso porque evidentemente estabas disfrutando mucho también. Lo único que quieres olvidar es el final de todo eso, y para ser sincero, yo también. Pero como no es posible, no tiene ningún sentido que sigamos lamentándonos.

- Seguiré lamentándome si...

Gaara la sacudió otra vez.

- Ino, no me provoques. ¿Realmente crees que quiero casarme con una damisela caprichosa a la que le importa un rábano todo lo que se relacione conmigo? Pero no me queda otra alternativa y a ti tampoco.

- ¡Pero no es justo! - gritó ella - No puedes ofrecerme la gran casa que yo quería para impresionar a Hiashi-dono. Todo lo que puedes brindarme es mi establo, y tampoco me amas. Seguro que quieres casarte conmigo porque piensas que de ese modo subirás un escalón de los estratos sociales, pero sabes que no te servirá de nada. No te convertirás en un caballero por eso. Para lograrlo necesitas...

- Suficiente, ojou-san - la interrumpió con frialdad - Toda esa autocompasión me da náuseas. ¿Se te ocurrió pensar, al menos una vez, que yo también tenía otras perspectivas para mi vida que no te incluían a ti? ¿Alguna vez piensas en algo que no seas tú misma y lo que tú quieres?

Esa pregunta era injusta y Gaara lo sabía. Todo lo que Sasuke Uchiha le había contado le indicó que a veces Ino tendía a considerar demasiado los sentimientos de los demás, pero su casi histeria ante la posibilidad de tener que casarse con él hizo añicos su orgullo. Por supuesto, desde el punto de vista de la joven, el Ichibi carecía de perspectivas y se hallaba por debajo de quienes poseían título nobiliario; por consiguiente, quedaba excluido como material conyugal. Y si fuera quien Ino pensaba que era, la muchacha tendría toda la razón del mundo.

Sabía que tenía que confesarle toda la verdad... hecho que convertiría toda su desgracia en una causa de algarabía, al menos para ella. ¡Ni loco iba a hacerlo! La rubita había acudido al criador de caballos para satisfacer su curiosidad sexual. Entonces sería con el maldito criador de caballos con quien habría de contraer matrimonio.

Ino se había quedado observándole hecha una furia desde que él le había hecho la pregunta. Tenía las mejillas muy coloradas. ¿Pero cómo se atrevía a criticarla?

- ¿Y quién dijo que voy a casarme contigo? - le preguntó ella - ¿Tienes idea de cuántos caballeros de esta comarca me han pedido matrimonio?

- Y tú, con toda tu arrogancia, les mataste las ilusiones volviéndoles la espalda.

- Lo que no significa que no pueda cambiar de opinión, ¿verdad? De modo que puedes llevar a cabo los grandes planes que tenías para tu futuro, porque yo no habré de complicártelos.

Aparentemente Ino habló muy en serio. Gaara se puso furioso y la zarandeó otra vez.

- El sacrificio no te sienta en lo más mínimo, caprichosa. Y tú no te casarás con nadie mientras lleves un hijo mío en tu vientre. Nos fugaremos a Kumogakure*.

- ¡¿Qué?!

- Tu padre nos dará su consentimiento cuando yo hable con él.

- No, no lo hará. ¡Te has vuelto loco! - replicó Ino.

- Eso dará a nuestro matrimonio un matiz romántico. De otra manera, los comentarios de la gente te harían pedazos, contando día a día el tiempo de tu embarazo hasta que dieras a luz.

- De todas maneras me harán pedazos por casarme con un criador de caballos.

- ¿Entonces aceptas?

- No dije eso - murmuró - No viviré en un establo.

- Vivirás donde yo viva.

- Supongo que podríamos compartir mi habitación.

- ¡No voy a mudarme a casa de tu padre! - dijo él con tono terminante.

Ino siguió como si no hubiera escuchado ni una sola palabra.

- Y podría ser costoso, pero podríamos mejorar tu vestuario. Y... oh, ¿pero qué sentido tendría? Jamás nadie te tomaría por un caballero. Además, eres un pendenciero. ¿Te has escuchado hablar?

- Empezaba a pensar que era el único que hablaba - respondió él con antipatía.

- ¡Trato de que hagamos un pacto y tú no me lo permites!

- No, lo que haces es ejercer tu mal hábito: piensas que todo tiene que hacerse a tu manera. Lamento mucho ser yo quien destruya tu burbuja, Ino, pero es la esposa quien debe hacer lo que el marido manda, y no al revés.

- Lo que constituye una buena razón para no casarme contigo. Si me amaras tratarías de complacerme, pero como no me amas harás mi vida desgraciada.

- No te haré desgraciada - le dijo él apretando los dientes - Te haré mi esposa. ¡Y estas dos palabras no son sinónimo!

- En tu caso sí - sostuvo ella con terquedad.

Gaara le quitó las manos de encima antes de que realmente quisiera ahogarla.

- Ve a tu casa y empaca. Nos iremos no bien haya hablado con tu padre.

- Hablas en serio, ¿verdad? - dijo ella algo sorprendida - ¿De verdad crees que obtendrás el permiso de mi padre para casarte conmigo? Estás soñando, Gaara. Él sólo aceptaría si le dijera que es mi deseo. Y el bebé no cambiará las cosas, si es lo que estás pensando. Me buscará otro esposo.

- ¿Entonces dejaremos que él tome la determinación? ¿Si él acepta tú vendrás conmigo?

Ino entrecerró los ojos con suspicacia.

- ¿No estarás planeando alardear con él como lo haces conmigo?

- ¡Yo no alardeo, maldita sea! - gruñó él, hecho que no hizo más que corroborar la teoría de la chica - No tengo intenciones de alardear con tu padre. ¿Hacemos un trato?

- Sí - protestó ella bastante irritada y luego agregó - Pero no tiene objeto que empaque. Él no te dará su consentimiento a menos que yo colabore contigo, y todavía no estoy segura de querer casarme contigo.

- Pero, ¿lo harás si él dice que sí? - preguntó, pues quería tener bien claro el panorama.

- Ya te he contestado.

- Bien. Entonces considérate comprometida - la levantó en brazos y le dio un beso breve pero fuerte, luego la hizo girar y la empujó suavemente en dirección a la orilla.

Ella salió, pero estando a mitad de camino, ya fuera del agua, se volvió para agregar otra cosa más. Fue entonces cuando notó las condiciones en que estaba el pelirrojo.

- ¡Kami-sama, Gaara! ¡Estás desnudo!

Esa expresión de sorpresa no tuvo precio para él. Se había puesto tan furiosa con él que ni siquiera había notado la desnudez del cuerpo con el que tanto se había fascinado. Él reía a carcajadas y no pudo parar, ni siquiera para decirle:

- Y tú te metiste en el agua con toda la ropa puesta.

Menos mal. Ino no habría aceptado esa frase, como tampoco aceptó sus risas.


Kumogakure - en el original, adonde se fugan es a Gretna Green. Las lectoras de novelas románticas sin duda reconocerán el nombre :D