El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXV

Culpable

¡Pit, pat! ¡Pit, pat! ¡Pit, pat!

Las gotas de lluvia siguieron cayendo una tras otra, empapando y golpeteando la ventana de la habitación. Hacía desde ayer en la tarde que la tormenta había comenzado, sin detenerse, aún cuando el día se estaba oscureciendo de nuevo.

-"¿Te duele?"

Los ojos azules despegaron al fin la vista del vidrio empañado, la dueña negando muy despacio con la cabeza mientras cerraba los párpados. No obstante, en cuanto unos dedos largos rozaron su mejilla, echó un respingo.

-"Con esa cara nadie te va a creer –susurró con cierta melancolía, volviendo a su camilla-. Anda, Hayate, debes curarte bien esas heridas."

-"Estoy bien."

-"¡Estoy bien mis polainas!" –una nueva voz resonó en el lugar.

-"¿Arf?" –se extrañó Fate.

La pelirroja entró al cuarto, saludando a su hermana confundida y a una Hayate perdida en algún mundo paralelo. Detrás de ella, venía Chrono, quien con un bufido se dedicó a cerrar la puerta que la otra había abierto de golpe.

Luego de estirar los brazos y dejarse caer a un lado de la rubia, la recién llegada lanzó la toalla en su cabeza a un lugar cualquiera.

-"Cielos, déjame ver eso."

Antes de que la castaña pudiese decir algo, su rostro estaba entre las manos de Arf, quien lo volteaba de un lado a otro para examinarle. Después, su mirada viajó al resto de su cuerpo, hallando uno que otro moretón así como una herida sangrando en la pierna derecha.

Frunció el ceño.

-"¿Has estado caminando con eso así?"

Yagami no respondió, limitándose a sonreír lastimeramente.

-"Fate –llamó Chrono mientras veía de reojo a la ojiazul quieta en la silla-, ¿pero qué fue lo que pasó?"

En tanto su hermana iba a buscar agua, vendajes y desinfectante, ella se dedicó a relatarles todo lo que había sucedido; desde el inofensivo encuentro con los amigos de Nanoha, hasta el incidente con Ian y su jauría.

-"¡Mou, Fate! –chilló la pelirroja, de pie y limpiando con un algodón la mejilla de la africana-. Debiste haberme dicho, ¡yo también quiero conocer a mi cuñada!"

La aludida se sonrojó fuertemente, desviando la vista hacia la toalla abandonada en el suelo.

-"Ya la conoces, Arf –murmuró apenada, tratando de ignorar los quejidos de Hayate y los reproches de la otra para que dejara de moverse-, ¿recuerdas? Casi la conviertes en tu cena."

-"Eh, bueno… -rió nerviosa-. ¿Cómo iba yo a saber que acabaría siendo parte de la familia?"

-"¡Oh, wow, alto ahí! –exclamó Chrono, sentándose al lado de Testarossa y bloqueándole toda atención posible al paño en el piso-. ¡¿Es en serio? ¿Sales con un cordero?"

-"Um… sí."

-"¡No puede ser! ¡Y por qué no me llevaste a conocerla tampoco! –la sujetó de los hombros, sacudiéndola-. Tú sabes que aunque no somos de la misma sangre, ¡te considero como una hermana!"

-"Entonces… ¿no te parece… extraño?"

Fate parpadeó aturdida, sintiendo al fin su estómago recobrar su sitio al ver que el pelinegro la dejaba en paz. Los ojos marinos del chico se posaron en los de la pelirroja, en una mezcla entre duda y seriedad.

La otra se mordió los labios, permitiendo saltar a la vista un pequeño colmillo.

-"Detesto interrumpir su pelea de miradas –gimió Hayate-, ¡pero el alcohol me está matando!"

-"¡Ouch! ¡Lo siento!"

Arf retiró las manos de la cara de la castaña, que respiró aliviada. Enseguida, revolvió el botiquín de nuevo para sacar dos banditas.

-"No es la primera vez que sucede."

-"¿Eh?" –los ojos borgoñas parpadearon de nuevo, aún su dueña confundida.

-"¿No lo recuerdas, Fate?" –le preguntó el hijo de la Directora al poner la mano sobre uno de sus hombros.

-"¿Recordar qué, Chrono?"

-"A nuestra madre" –respondió Arf.

Hubo un largo silencio en el que la cazadora dorada pensó en todas las posibilidades para con aquella respuesta; inclusive, llegó a esperar que alguno de los tres se tirase al suelo entre risas para decirle que todo era una broma.

Pero ninguno –especialmente Hayate-, se rió.

Su hermana mayor le asintió al ojiazul, quien de inmediato salió de la habitación sin decir palabra alguna. Luego de guardar todo en el botiquín, se sentó a su lado.

Cabizbaja y con ambas manos apenas tocándose, como si estuviese todavía dudando sobre si lo que iba a decir, debía o no debía hacerlo.

-"¿Qué pasa con mamá? –se atrevió a preguntar al fin, sujetando la muñeca a su costado-. Se supone que ella murió al darme a luz."

Ante esas palabras, la más grande volteó a verla con una sonrisa decaída. Hayate, ubicada en la silla al frente de ambas, se inclinó hacia delante con curiosidad.

-"¿Y si te dijera que lo único que sabes de ella –desvió la vista al suelo-, es pura mentira?"

-"¿Por qué habrías de mentirme?" –el ceño fruncido así como la vibración alarmante que se camufló en la voz de Fate, le indicaron que ella empezaba a inquietarse.

-"Nunca pensé que fuese muy importante –sonrió de lado y tragó fuerte ante el leve apretón en su mano-. No hasta que te vi con Nanoha…"

-"Espera... –interrumpió Hayate-. No es la primera vez que sucede, ¿acaso quieres decir que…?"

La menor de la familia Testarossa por fin captó la idea, abriendo los ojos con sorpresa mientras su garganta parecía haberse secado. Arf le dedicó una mirada de disculpa, no sólo por lo que había escondido.

Sino por lo que le revelaría también.

-"Eras sólo una lobata, Fate, apenas podías andar y mucho menos abrir los ojos ante la luz del sol –se rió bajito, recordando los primeros momentos a su lado-. Yo apenas tenía el tamaño de un conejo. Pero nuestra madre, Precia Testarossa… ella era la mejor en la escuela…"


"La mañana se mostró brillante, provocando unos cuantos gruñidos que no hicieron más que conseguir la risa de la loba del Mackenzie. Las pupilas violetas viajaron con ternura hacia el cachorro que mantenía las patas delanteras sobre su costado, olfateando el aire a ciegas.

Un largo bostezo se dejó escuchar. La vista pasó ahora a su otra cría, que masticaba ociosamente y veía a su hermana menor con flojera.

-Aww, ¿cómo está mi familia favorita el día de hoy? –alguien más rió.

-¡Linith! –exclamó la hija mayor.

-¡Arf, no le muerdas la oreja a Linith! –fue regañada por su madre-. ¡¿De dónde aprendiste esos modales?

-¡Mou! –chilló la nombrada.

De repente, las orejuelas negras de la madre revolotearon al descubrir de inmediato una sombra diminuta que se asomaba detrás de su amiga el gato montés. Aquél desconocido bulto se pegó instintivamente al pelaje crema y repleto de manchas marrones de Linith.

-¿Qué es eso? –el lobo negro susurró, levantándose y ocasionando que Fate soltase un chillido al caer torpemente al suelo, asustada al haber perdido su soporte.

-La encontré hace poco, mientras salía a cazar –la felina sujetó con su boca a la menuda criatura por el cuello, para llevarla al frente.

El animal se retorció en el aire y tiró arañazos hacia un enemigo invisible. Linith esbozó una sonrisa divertida y la soltó, haciendo que rebotase graciosamente sobre la hierba, para que quedase entre ella y Precia.

Sin embargo, Arf fue más rápida y corrió a su encuentro. Acercó el hocico para olfatearle la cara, logrando así que el cachorro de león gruñera y le lanzase un rasguño fallido.

-¡Arf!

-¡No estoy haciendo nada malo! ¡Lo juro! –ladró en defensa.

Precia rodó los ojos. Viró la cabeza hacia atrás para tomar a Fate y ponerla junto a ella, evitando que se perdiese entre su búsqueda ciega.

-¿Dónde está su familia? –preguntó enseguida.

-No lo sé –murmuró mientras observaba los ojillos azules de león mirarle con curiosidad, y a la vez, cierta seriedad-. Cuando la vi estaba luchando con unas hienas.

-Linith…

-Hubiese muerto si la dejaba sola –se explicó, no despegando la vista del cachorro-. ¿Qué puede hacer un bebé contra un par de hienas, Precia? No podía abandonarla.

-¿Qué vas a decir si alguien pregunta?

-Que soy su familia.

-¿Serás su guardiana, eh?

La loba sonrió de lado, plegando las orejas en tanto un millón de pensamientos cruzaban su cabeza. Criar dos cachorros sola no era problema cuando ambos eran de la misma especie; sin embargo, la criatura que su mejor amiga había rescatado, algún día crecería el doble o el triple que ella.

¿Qué iba a enseñarle, entonces, un gato montés a un pequeño león?

Precia no dijo nada. Bastó una sola mirada a los ojos oscuros de la felina manchada para saber que se quedaría con ella, así como que la protegería tal cual si fuese su propia hija.

-¿Cuál es tu nombre?

El leoncillo apartó su mirar de Linith por fin, viendo a la lobata dorada que dormitaba a los pies de la más grande, en tanto la lupina roja trataba de aproximársele, curiosa.

-Signum –habló por primera vez, enfrentando sin miedo las pupilas violetas de Precia-. Mi nombre es Signum."


-"En aquel momento pensé, '¡genial, alguien con quien jugar!'. Después de todo, tú sólo te la pasabas gimiendo y pidiendo comida –se rió al contemplar el sonrojo que pintaba las mejillas de Fate-. Fue como si de repente, la familia se hiciese más grande. Y entonces… entonces vino Alicia…"


"-¡¿En qué demonios estabas pensando?

-¡Baja la voz! ¡Baja la voz y escúchame! –Linith gritó en susurros, agachando el cuello mientras se cercioraba que no hubiese nadie en los alrededores-. Precia…

-¿Quieres que te maten, cierto? –reprendió la aludida de nueva cuenta, con la voz atorándosele en la garganta.

-No… yo… por favor, ¡por favor, tú de todas las personas, tienes que comprenderme!

-No voy a echarme atrás –una nueva voz interrumpió a ambas.

-¿Alicia? –pronunció Linith.

El lobo negro resopló desesperado en tanto caminaba en círculos chicos. Cuando se detuvo, volteó a ver al gato doméstico blanco que estaba parado al lado de su amiga; los ojos borgoñas fijos en ella, decididos y con ese toque hipnotizante y tramposo de los felinos.

-¿Por qué, Linith? ¿Por qué no pudiste quedarte en Colmillo como debía de ser? –quiso saber Precia.

-Es tarde –contestó, los bigotes blancos doblándose hacia abajo-. Y no me arrepiento de ello…"


-"Salíamos a cazar con Linith, jugábamos y le pedíamos que no se fuera. Era como tener otra madre más –los orbes azules se entrecerraron, posándose en sus manos e ignorando el hecho de que la rubia todavía sujetaba una suya-. Alicia era una bella persona, se parecía bastante a ti, ¿sabes?"

-"Lamento no poder recordarla."

-"Mhmp –negó suavemente-, no es tu culpa. No sólo en tu forma humana, Fate, sino que cuando era un gato, sus orejas, patas y la punta de la cola eran negras; a excepción de una parte de su cara, en lo demás se asemejaba bastante a ti. Mismo color de ojos. Supongo que por eso Signum te cuida mucho."

-"¿Porque me parezco a ella?"

Arf dibujó una sonrisa triste.

-"Y porque jamás pudo salvarla."


"-¿Alicia?

-Hey, ¿qué pasa?

-¿Por qué no puedes quedarte con nosotros?

Los ojos rojos brillaron entonces, una pizca de melancolía asomándose entre los irises negros. Caminó despacio hasta la leoncilla, que dentro de unos tres meses sobrepasaría su estatura; sus movimientos elegantes y finos, como todo felino.

Pasos que, sin darse cuenta, Signum remarcaría con el pasar del tiempo.

-Los jefes de tu madre se enojarían si me ven con ella –explicó, sentándose y lamiendo la cabeza rosa-. Y no queremos eso, ¿verdad?

-¡Alicia! –gruñó, apartándose de la lengua que intentaba peinarla-. ¿Por qué tienen que poner tantas reglas?

-Tiene que ser así –contestó, cerrando los párpados-. Debe… debe de haber un orden, Signum. Yo pertenezco acá.

-Tú perteneces con nosotras –bufó enojada-. ¿Es que no lo ves, Alicia? ¡Ya no quiero ver a Linith llorar en las noches!

El gato guardó silencio, contemplando los orbes cobalto oscilar entre la furia y la angustia contenidas. No obstante, Alicia hizo lo único que podía hacer, lo que tanto la caracterizaba y lo que mejor se le daba.

Sonreír.

Aún si se estuviese quebrando por dentro…

-Está bien, algún día todo será diferente –quiso consolarse también, atrayendo al cachorro junto a ella y juntando mejilla con mejilla-. Y ella ya no volverá a derramar otra lágrima.

-¿Estarás allí?

-Siempre.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo, Signum. Lo prometo.

La arrulló, totalmente consciente de que el instante en que las cosas cambiarían, llegaría; al igual que el llanto de Linith se detendría en determinado momento.

Sin embargo, cuando eso pasase, Signum no volvería a verla.

Y ella rompería su promesa."


-"El otoño estaba llegando. Un día, nos encontramos en la recepción de Colmillo Brillante todos los que vivíamos allí. El Director de aquel entonces, salió y comenzó a hablar de cosas que yo no entendía, pero que me hicieron sentir mal…"


"-Lindy, ¿a qué va todo esto?

El aguará guazú miró a la lupina azabache con duda también, ignota del por qué aquella reunión de emergencia. Los ojos azules viajaron hasta la tribuna en lo alto, donde Jail Scaglietti alzaba los brazos y recitaba palabras.

A pesar de que faltaba poco para las fiestas de graduación, estaba totalmente segura que el discurso no tenía que ver con ello.

-Me he enterado de una desastrosa noticia –exclamó el regente de la escuela con pena, llevándose una mano al pecho-. Alguien de aquí ha deshonrado el nombre de nuestra institución. ¡Ha manchado las leyes de nuestros ancestros y ha permanecido en las sombras, viviendo y caminando al lado de un herbívoro como si fuese uno de nosotros!

Los murmullos brotaron de inmediato. Asustados, frustrados, traicionados y perplejos.

Lindy Harlaown desvió la mirada hacia Precia, cuyas fauces se mantenían entreabiertas y cuyos ojos temblaban en vacilación. El cuerpo negro agazapado hacia atrás, en temor.

El lobo azul de los esteros pasó saliva. Su vista permaneció seria, pero en el interior de su corazón, un nombre latía desbocadamente; el nombre de aquélla a quien gracias a la madre de Arf y Fate, también había tenido la oportunidad de conocer y amistar. Y el miedo enterrándose en sus venas ante lo que era inevitable.

Alicia…

-¡Hay un traidor entre nosotros y está allá afuera! Si dejamos que esto continúe, ¿qué comeremos si ellos ya no nos temen? ¿Si nos ven como criaturas bondadosas e inofensivas, si se unen y nos persiguen como hasta ahora los hemos perseguido nosotros?

Las voces se alzaron, frenéticas ante ese solo pensamiento. Jail golpeó el barandal de piedra con ambos puños, y adoptando su forma reptilesca, elevó su elástica figura lóbrega.

-Es el gato montés de las manchas oscuras –silbó fuerte, la lengua bífida batiendo el aire-. ¡Encuéntrenla! ¡Encuentren a Linith y al gato blanco que está con ella, solamente así podremos limpiar el honor de Colmillo Brillante!

-¡Precia!

Lindy gritó al ver a la loba del Mackenzie correr lejos de la multitud para internarse en la oscuridad de la noche. El aguará guazú regresó la vista hasta las alturas, encontrándose con la mirada torva y sedienta de sangre de la anaconda.

-Mátenlas, y sean ustedes los héroes de nuestro mañana…"


La puerta del cuarto se abrió. Chrono se acercó sigilosamente hasta ellas, notando el rostro afectado de Arf y los espasmos que sacudían a Fate; Hayate sosteniendo la otra mano de esta última, como si temiese que en cualquier momento algo malo pudiese pasarle.

Las pupilas borgoñas voltearon a verlo entonces, con un sentimiento tan profundo y desesperado que el pelinegro quiso arrepentirse de haber entrado de nuevo. Seguramente su hermana había terminado de contarle aquello de lo que él mismo se enteró hace mucho por boca de su madre.

Mordiéndose los labios, el chico se decidió de una vez por todas a depositar el álbum que llevaba entre sus manos, sobre el regazo de la rubia.

" – " – "

Los cuchicheos y los murmullos de los estudiantes llegaron hasta sus mullidas orejas; no obstante, ella los ignoró todos. Observó los bajorrelieves color sangre que adornaban algunas pilastras que surgían de repente, repletas de diversos animales que rugían y peleaban con ferocidad.

El incidente del oso el día anterior, junto al relato de Arf sobre la madre de Fate unas horas atrás, volvió a su mente. Por alguna razón, sus ánimos se hallaban cada vez más bajos, como si el anochecer y la lluvia afuera concordasen con su falta de humor.

Soltó un pesado suspiro, las manos escondidas en el interior negro de su chaleco del uniforme; el cual cargaba desabotonado, ganándose una que otra mirada de desaprobación.

Cosa que poco le importó.

-"Un día de estos juro que saldré con sólo una sábana encima" –soltó en voz baja y cambió a su forma animal para sentirse más cómoda.

Antes de poder seguir planeando el romper más reglas, un puesto en una de las esquinas de los pasillos llamó su atención. Conforme se iba acercando, las letras anaranjadas del letrero blanco en la parte de arriba se hicieron visibles.

-"Gran Carrera Relámpago…" –musitó, leyendo el anuncio.

-"Así es –rió alguien, que mantenía la cabeza oculta detrás de la barra mientras revolvía varios papeles-. Mañana será el 'gran' día, varios alumnos competirán en el evento por un poco de entretenimiento –volvió a reír-, y créditos extra, claro. ¡Bastantes créditos extra!"

Eso último hizo clic en la mente de Yagami, diciéndose a sí misma que aquello podría levantar sus notas, especialmente en las materias relacionadas a etiqueta y modales; después de todo, no es como si beber cual sediento en el desierto que derrama agua aquí y allá, fuese algo de lo que sus maestros pudiesen regodearse.

-"Oye –habló, suponiendo que aquél era el encargado de dicho concurso-, ¿y qué debo hacer para entrar?"

Hayate subió los cuartos delanteros a la barra, ojeando sin miramientos algunas hojas desperdigadas allí arriba. Ladeó la cabeza y enfocó su vista en la cola larga y lisa de la nutria, que aún se mantenía semioculta revisando archivos.

-"Oh, solamente debes inscribirte, ¿interesada? Aún estás a tiempo –se escuchó un chasquido de dientecillos-. Espérame, ¿sí? Como ya es mañana, ando algo apresurado; en un momento te tomo los datos si gustas."

-"Um… espero" –respondió, descansando entretanto el hocico sobre la madera y mirando todo con aburrimiento. Las banditas que formaban una cruz en su mejilla, incomodándole un poco ante el contacto con la superficie.

Meneó la cola ociosamente mientras seguía escuchando ruidos de cosas moverse, acompañados de alguno que otro quejido. Finalmente, la nutria dejó ver su faz café, suspirando y pasando una de sus cortas patas sobre su rostro.

-"Perdona –se disculpó, sobándose los párpados con un cuarto en tanto el otro sujetaba un formato de inscripción-. Ahora, te agradecería si pudieses darme tu nombre, tu especie y…"

Por primera vez, los ojos oscuros la contemplaron, estudiándola de arriba hacia abajo. En cuanto Hayate estuvo a punto de responder, vio cómo el lutrino escondía rápidamente la hoja.

-"¿Qué pasa?"

De repente, las facciones bonachonas del animal de agua se tensaron, con un ceño pronunciado surgiendo en su rostro. Sin decir nada más, volvió a indagar entre sus cosas.

-"Quiero inscribirme" –pidió el licaón, asomando la cabeza para verle.

-"Lo siento, me equivoqué –respondió secamente-. Vete de aquí, estoy muy ocupado."

-"¿Me equivoqué? –repitió, completamente confundida-. ¿Qué quieres decir? Yo quiero participar en la carrera."

-"No puedes –espetó, saliendo y haciéndole frente-. Anda, largo de aquí, perro. Este evento es para gente seria, no para corrientes que no saben ni lo que es sentarse derecho."

-"¡¿Qué rayos? –gruñó, separando las mandíbulas en un gesto que lucía aterrador-. ¡Hace un momento querías tomarme los datos!"

-"Por eso dije, fue mi error –sacudió los hombros-. Pensé que valdrías mi tiempo, pero no es así. ¿Podrías bajar las patas? El establecimiento no es gratis, y no creo que tengas para pagarlo si lo rayas."

El cánido hizo lo pedido, con la expresión y la mente todavía descolocadas por aquello. ¿Qué estaba sucediendo allí? Al principio creyó que el asunto de venir de fuera era problema privado con los dingos, mas ahora resultaba que cualquiera se lo iba a tomar como asunto personal.

Las miradas y los chismes no le molestaban en absoluto. Pero meterse con ella… ¿por qué en la santa naturaleza todo mundo quería meterse con ella?

-"¡Anótame en esa…!"

-"¿Cállate, quieres? Deja de dar lástima –alguien más se burló, mostrándole una cara de falsa pena-. ¿Por qué no vas y corres en tu madriguera de ratas e insectos?"

-"¿Qué es lo que quieres?"

Los gruñidos empezaron a hacerse presentes en la africana, que le dirigía una mirada feroz al dingo negro que aparecía ahora al frente suyo. Ian tan sólo se rió con elegancia y caminó hasta quedar separados los dos por unos cuantos centímetros.

Alzó la cabeza en orgullo, viéndola desde arriba mientras enseñaba una sonrisa sardónica. Un poco a lo lejos, el resto de la jauría se mantenía atenta a cualquier movimiento de la mestiza.

-"Primero que nada, voy a dejarte algo en claro –habló, despreocupado del todo de las expresiones agresivas en Yagami-. Carim, es una criatura pura como mi clan y yo; está de más decir que es una preciosidad. Tú, en cambio –escupió y empujó con su cabeza aquélla marrón-, no eres más que un pobre perro producto de una aberración."

El lobo pintado le regresó el impulso, en ningún momento acobardándose ante los fuertes bramidos del otro ni por su figura más grande y fornida.

-"Escúchame bien, salvaje, Carim es mía –resopló en su cara, desviándose a un lado suyo para caminar en círculos torno a ella-. Si llego a verte cerca, voy a hacer que lamentes el haber nacido. Me pertenece, ¿comprendido?" –murmuró entre colmillos.

-"Hablas de ella como si fuera una cosa –se mofó, valiéndole un comino si el grupo de caninos detrás de ambos les oía o no-, pero apuesto a que no te sonríe como lo hace conmigo" -le peló los dientes.

-"¡Eres una…!"

¡AUUUUU!

Un gemido escapó de la boca del licaón al sentir una punzada abrir su herida en la pata trasera derecha. De inmediato, asió los colmillos a la oreja negra que estaba a su alcance, consiguiendo con ello que el otro le soltase.

-"Desgraciada perra…"

-"¿La verdad duele, cierto?" –Hayate soltó con odio, las gotas de sangre en sus dientes resbalándose hasta los mosaicos nácar.

En ese momento vio a Ian arrojársele, por lo que separó las cuatro patas y se apoyó firmemente en el piso, preparándose para contraatacar. Faltaban si al caso unas pulgadas de casi nada para que le tocase, cuando le vio detenerse.

La duda se disparó en Hayate.

Los ojos azules contemplaron al canino oscuro morderse a sí mismo una de las patas traseras, mientras ella era derribada por alguno de sus compañeros durante su estupor.

Ian emitió un chillido alto y doloroso.

Sin darse cuenta de lo que ocurría, la africana empezó a retorcerse en el suelo, queriendo quitarse a los otros de encima; apenas se levantó, comenzó a gruñir y a lanzar mordidas.

De pronto, alguien la empujó y ella chocó contra su peor enemigo, perdiendo ambos así el equilibrio.

-"¡AUXILIO! ¡ESTÁ FUERA DE CONTROL!"

Los gritos se esparcieron como fuego y en cosa de segundos todo mundo estaba ladrando o chillando. Los gemidos del jefe de la jauría se incrementaron, con el sonido espantoso atrayendo a los estudiantes y maestros que por ahí pasaban.

-"¡¿Por qué me has atacado? ¡No te hecho nada!"

-"¿Qué diablos…?"

El licaón se puso de pie enseguida. Las orejas y la cola fueron agachadas al momento en que ella veía miles de ojos observarla con desdén.

Su mente volviéndose un caos conforme el desconcierto la invadía.

-"Pobre… ¿pero qué está mal con ella?"

-"¡Yo sabía que no debía entrar con nosotros!"

-"Mira nada más, debe de tener rabia, ¡no te acerques!"

-"¡Deberíamos echarla! ¡Que se regrese con los suyos!"

-"¿Te crees muy valiente, no? ¡Atacando a inocentes, no tienes vergüenza alguna, Yagami!"

Las fauces marrones se abrieron, queriendo gritar que la víctima allí había sido ella; sin embargo, un fuerte golpe que la mandó al piso por tercera vez, la hizo soltar solamente un quejido.

La silueta de Ian, que cojió al ponerse de pie, le miró desde arriba, con la satisfacción bailoteando entre la pena disfrazada.

Furia ardió dentro del lobo pintado, que hizo al instante el ademán de pararse para atacarle.

¡THUD!

Su vientre golpeó los mosaicos de nuevo, robándole otro alarido. De pronto, sintió cómo manos palmeadas enganchaban e inmovilizaban sus extremidades.

Siseos alcanzaron sus oídos…

-"¡¿Qué están haciendo?"

Los ladridos y los quejidos de Hayate se volvieron cada vez más alarmados, el pánico inundando sus pupilas al percibir cómo su hocico era sujetado bruscamente mientras un bozal le era puesto encima.

Los seguros cerrándose y sus patas absolutamente paralizadas.

Miles de ojos observándola.

Chilló una y otra vez, con sus mandíbulas ahora limitadas. A la postre, la sensación de una aguja enterrarse en su cuello la forzó a lanzar un último gimoteo.

Rápidamente, el sueño empezó a apoderarse de ella.

-"¿Qué estamos haciendo? –oyó el siseo una vez más, distinguiendo la figura borrosa de un reptil frente a ella-. Te enseñamos cuál es tu lugar."

" – " – "

"Los truenos y los relámpagos inundaron el bosque en un canto macabro. Sonidos provenientes de miles de depredadores rugieron con bestialidad, mientras las ramas de árboles y arbustos eran vapuleadas por el viento o por sombras escurridizas.

-¡Linith!

La aludida apareció, escapando por poco de las garras de un leopardo. Apenas alcanzó a Alicia, ambas emprendieron carrera hacia lo más profundo del sitio; volviendo así sordos los gruñidos tétricos y no prestando atención a los ojos amarillos que brillaban entre las penumbras.

Más de una vez las patas traseras resbalaron por el sujetar de zarpas que salían de la nada y que rasgaban la piel. La respiración agitada amortiguando los ruidos de la tormenta así como sus garras se hundían en el lodo y los charcos de agua formados.

Un relámpago alumbró los altos pinos, provocando que Alicia maullase en horror al vislumbrar por segundos la imagen de un zorro aferrado al tronco de uno de ellos.

El gruñido del raposo fue tan breve como el tiempo que le tomó para abalanzarse contra ella.

-¡ALICIA!

Luego de rodar por el pasto, Linith se puso en pie. Jadeando y con el hocico empapado en sangre, sus ojos oscuros contemplaron con impresión el cuello quebrado del animal.

La cara muerta del zorro siendo iluminada por otro relámpago.

-¡Allí están!

El grito las hizo pegar un respingo. Corrieron mucho tiempo, tanto que no importaba si las ramas rozaban las heridas abiertas o si la lluvia fuerte aumentaba el ardor en ellas.

En algún punto, todo pareció volver a la calma. La más chica se acurrucó contra la otra, vigilando cada rincón, temiendo porque en cualquier segundo alguien volviese a sorprenderlas.

-Alicia, tenemos que seguir. No podemos quedarnos aquí.

-¡¿Qué les hicimos a ellos? –sollozó desesperada al admirar el rostro sucio y desmarañado del gato salvaje-. ¡Quiero salir de aquí! ¡Quiero…! ¡Quiero…!

-No… no llores, ¡no llores! –suplicó, las lágrimas empezando a derramarse de sus ojos.

-¿No los veré de nuevo, cierto? –se aferró más, su pequeño cuerpo manchado de lodo temblando-. ¿Arf, Fate… Signum?

-Basta…

-¿Van a matarnos?

-¡No digas eso! ¡No voy a permitir que nada malo te pase!

-Somos tan pequeñas, Linith –gimió dolida y enroscó la cola en temor-. Lamento haberte arruinado la vida. ¡Lo lamento tanto!

-¡Cállate, cállate! –exclamó, posando su cabeza sobre el níveo cuello-. Tenemos una familia, nos tenemos la una a la otra, ¿no debería ser eso suficiente?

-Pero no lo ven –la voz se le fue mientras escondía el rostro en su pecho-. Nadie lo ve… No quiero que esto termine así, Linith, no quiero perderlas. ¡No quiero perderlas! ¡Son todo lo que tengo!

¡CRASH!

La luz hizo resplandecer todo el bosque, revelándole por fin la ubicación de sus compañeras. Los ojos de Precia, que antes habían mostrado alivio, se llenaron de horror al avistar la figura de la serpiente bajar silenciosamente detrás de ambas.

Una de las pupilas del animal rastrero volteó a verla fugazmente.

Luego de que la luz desapareciese y las sombras retornasen, el reptil siseó y abrió la gigantesca boca.

-"¡NOOOOO!"

Los felinos se agazaparon contra la tierra, asustados, observando entre relampagueo y relampagueo la silueta del lobo y de la anaconda pelear; las garras al aire al igual que las mordidas, moviéndose en una danza mortal e increíblemente rápida.

La lupina fue después arrojada al tronco de un pino. Aprovechando el momento, la víbora dio la vuelta y se arrastró velozmente hacia sus presas.

El gato montés cubrió el cuerpo de Alicia de inmediato y cerró los ojos. Los truenos zumbaron en el firmamento.

¡SQUASH!

El cuerpo larguirucho rodeó a la criatura que había atrapado, la presión aumentó en segundos y el sonido de huesos romperse le dio la pauta para separar sus fauces.

Los ojos oscuros temblaron y Linith sintió que se quedaba muda. La imagen del lobo negro al frente suyo, que se retorcía mientras separaba las fauces y sentía los pulmones ser perforados por sus propias costillas, se proyectó en su mirada gatuna.

Alicia se hizo para atrás, con sus garras rozando frenéticamente el suelo lodoso. Entonces, el felino salvaje le cubrió el rostro.

Cerrando ella misma los párpados para no ver a la anaconda enterrar los gruesos colmillos en la yugular del lobo, cercenando el pelaje negro y desguindando así, con frenesí, casi toda la cabeza del cuello.

El cuerpo inerte de su mejor amiga, que se había atravesado para salvarlas, rebotó al ser soltado. Jail Scaglietti se elevó lentamente, siseando y mostrando la sangre que chorreaba abundante en su boca.

Los relámpagos y los truenos tocaron con furor, en tanto las pupilas negras de Linith reflejaban dos enormes mandíbulas dirigirse hacia ella…

Lindy Harlaown, varios metros más atrás de la escena, sin ser vista aún, retrocedió. Los miembros tiritándole. El pavor y el dolor subiendo por su espalda conforme su mirada no podía despegarse de las sombras dantescas que eran proyectadas en la corteza de los árboles.

Sus grandes orejas blancas escuchando los maullidos aterrorizados y sus ojos azules viendo en los troncos silenciosos la sangre chisporrotear, así como la piel siendo abierta.

-¡Madre, Alicia!

El chillido devolvió al aguará-guazú a la normalidad, quien apresurándose cogió por el cuello al cachorro de león que había querido alcanzar el lugar donde sus madres estaban. El lobo colorado dio la media vuelta de inmediato y tomó a Arf, que también le había seguido hasta allí.

Lindy corrió tan rápido como pudo, cerrando los ojos en el trayecto, y tratando de ignorar en vano los aullidos y gemidos que rompían la quietud del bosque.

El viento que se había levantado con la tormenta destruyéndolo todo. Excepto el leoncillo y la lobata que el lobo de los esteros salvó ese día, apartándolos de cualquier posible incriminación.

Mientras allá atrás, muy adentro entre los altos pinos, tenía que dejar a Alicia y Linith morir..."

" – " – "

La suave brisa le acarició el rostro. Ya había anochecido y ahora ella podía ver la cerca que dividía ambos territorios.

Bajó despacio, deteniéndose enfrente del riachuelo que presenció uno de sus primeros encuentros con Nanoha. Los ojos borgoñas se quedaron fijos en su reflejo, que le devolvía una mirada de sufrimiento y consternación.

Por escasos segundos, el pelaje dorado pasó a ser totalmente negro y ella gimió en espanto.

El aire sopló de nuevo, agitando sus orejas.

Fate se quedó allí, quieta. El pasto crujió del otro lado; vio al cordero levantar la cabeza, con los ojos azules contemplándola. La cazadora sintió el corazón encogérsele.

Pensó en todo los momentos que había pasado con ella. Lo mucho que significaba y lo bastante que la quería.

-"Nanoha…"

Y pensó, también, en el álbum que Chrono le había entregado. Ése que contenía varias fotos de Alicia y Linith, así como de Signum y Arf sonriendo al lado de ellas.

En la última página, sin embargo, aparecía el lobo del Mackenzie y el colorado juntos; con las miradas prendidas y observando de frente hacia la cámara que en aquel tiempo debía de haberles retratado.

Debajo de ésa, había otra fotografía.

Su madre y Lindy, vestidas con el uniforme negro de Colmillo y el distintivo moño rojo. Sonriendo. Con las manos cariñosamente entrelazadas.

Y un clavel rojo entre sus dedos.

Continuará…

Bueno, está de más decir que ya todos saben qué representa el clavel rojo, así que no entraré en detalles. Este capítulo ha quedado más largo que los anteriores; con ayuda de mi beta he podido escatimar cuántos más faltan.

Por ello, también, puede que algunos salgan así de extensos (cosa que no me agrada del todo porque rompe un poco con el patrón que tenía establecido).

Esto lo hago en vista de que la historia se alarga y puede perder la línea en algún punto, lo que ya me ha rondado la cabeza desde hace mucho; e inclusive, agradezco igual a quienes me han señalado esto. Así que voy a esforzarme por relatar los hechos que faltan dentro de una secuencia más breve, que me permita manejar lo que falta, y que a la vez, permita a la historia seguir fluyendo.

Gracias a todas las personas que continúan leyendo y apoyando de una u otra manera este cuentecillo. Espero no decepcionarlos, al menos no tanto =)

Kida Luna.