LO QUE QUIERO (3)
Oohara Airi creía que lo había visto todo…
Pero jamás pensó que vería a Kijima-san con esa mirada desesperada en los ojos.
Allí estaba él, ante la puerta de la habitación de hotel que compartía con Itsumi en Kushimoto, a leguas y leguas de Tokyo, donde se supone que él debería estar, con aspecto de no haber dormido en días y el agua chorreándole de la cabeza a los pies, y las manos tensas aferrándose al umbral.
Pero no la miraba a ella. De hecho ni siquiera la veía… Sus ojos estaban clavados en su compañera, más atrás de ella.
Itsumi tenía la mano en la boca, ahogando una exclamación, puede que un sollozo, a juzgar por las lágrimas de sus ojos.
Airi miró a un lado, miró al otro, suspiró y se hizo a un lado. A Kijima le faltó tiempo para cruzar en dos zancadas la habitación.
—Dame una oportunidad… Déjame demostrarte que soy digno de ti… —dijo él, la voz ronca, suplicante, y tan cerca que Itsumi seguro que podía notar su aliento en la piel. Y también el agua que goteaba de sus ropas…
Airi pone los ojos en blanco. ¡Vamos! Si todo el mundo sabía que hacía meses que a Kijima no se le veía con nadie más que Itsumi… Ni discotecas, ni salidas nocturnas, ni ligues, ni siquiera un tonto coqueteo verbal con alguna compañera… Nada. Nadita… ¿Pero lo sabría ella?
Seguro que no.
Definitivamente no.
—Estoy atado a ti —tomó su mano con delicadeza, como si temiera que ella desapareciera—. Tú eres mi hilo rojo, Itsumi.
Airi echa de menos unas palomitas mientras contempla la escena. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Kijima-san! Si hasta la prensa decía que se había vuelto un chico aburrido, como Tsuruga Ren…
A su amiga finalmente se le escapan las lágrimas, y Kijima, el donjuán reformado y enamorado, seca sus lágrimas con sus dedos, en un gesto tan dulce, tan lleno de ternura, que la muchacha se estremeció bajo su mano.
—Momose Itsumi, tú eres todo lo que quiero.
Eso fue lo último que escuchó Airi mientras tomaba su abrigo y salía de la habitación para dejarlos a solas.
Cuando bajaba en el ascensor para ir al restaurante del hotel —aquellos dos necesitaban un tiempo privado para dejar las cosas claras—, pensaba en que casi podría decirse que Dark Moon, incluso siendo la clase de drama que era, ha sido el foco para la formación de nuevas y extrañas parejas…
Tsuruga y Kyoko, Kijima e Itsumi…
Humm... ¿Quedará alguien para mí?
¿Ogata-san, quizás?
Bueno, sigue soltero…
Sí, cierto, es un poco mayor, pero muy formal…
Con ese aspecto juvenil y delicado… No sé cómo no lo ha pescado alguien…
¿Le gustarán las chicas? ¿Le gustarán los chicos? ¿Le gustaré yo?
Bueno, supongo que solo hay una manera de averiguarlo…
