La joven bruja se quedó un tanto perpleja al leer las últimas líneas escritas. ¿Estaba insinuando Sarah que su corazón fue de nuevo robado por el odioso profesor? Miró los primeros cuadernos, los cuales estaban descansando a un lado y recordó las duras palabras dirigidas al pocionista nada más entrar en Hogwarts. Exhaló un suspiro y miró el reloj, el cual estaba a punto de dar las cinco y media de la mañana. Se desperezó en su sitio y siguió leyendo…

-¡Sarah! ¡Aquí!

Entre la multitud de estudiantes que se concentraban en los carros, pude distinguir la voz y la figura de Isabelle. Se acercó a mí corriendo, con una enorme sonrisa dibujada en sus labios. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, a decir verdad, aunque en su rostro se podían ver algunas arruguitas, símbolo de la madurez. Me abrazó con fuerza ahogando un gritito.

-¡No sabes cuánto me alegro de verte! ¡Por Merlín, hacía tiempo que soñaba con este momento!

A pesar de tener un cuerpo de adulta, su mente aún seguía siendo la niña con la que compartí buenos momentos en mi infancia.

Los demás profesores que me acompañaban miraban la escena un tanto perturbados y a la vez conmovidos (excepto el profesor Snape, por supuesto), pues cabe destacar que Isabelle decía todo esto en italiano.

-Yo también me alegro de verte-respondí en mi lengua natal-Lo siento de veras por no escribirte antes… he estado demasiado ocupada, ya sabes… espero que puedas perdonarme.

-¡Claro que te perdono tonta!-mi amiga soltó una alegre carcajada-Ven, los demás profesores están deseando verte.

Me arrastró lejos de los carruajes, hacia un grupo de magos que controlaban a un conjunto de alumnos que observaban curiosos a los nuestros. A excepción de dos profesores nuevos, los demás me saludaron con afecto. Estaban igual que hacía siete años, solo que más envejecidos.

-¿Dónde está Signor Molinari? Ya sabes, el que dirigía la coral del colegio…-pregunté, recordando al hombre de ojos cálidos que se apenó de mi retirada del coro cuando comencé los EXTASIS.

-Murió hace ya cinco años. Al parecer tenía un reuma bastante grave. Pobrecillo, con lo bien que alegraba las fiestas de Navidad…-me contó Isabelle. Exhalé un suspiro un tanto decepcionante y a la vez triste. Siempre me había caído bien ese hombre.

Dumbledore se acercó a nosotros con los demás profesores. El director de Stregonanco, el cual no había cambiado su aspecto juvenil en absoluto (Isabelle me confió que usaba pócimas rejuvenecedoras todas las noches), lo recibió con los brazos abiertos.

-¡Albus Dumbledore!-exclamó-Benvenuto a nuestro humilde castillo…-hablaba bien inglés, aunque su acento era más pronunciado que el mío-Espero que vuestra estancia en la Escuela de Hechicería Blanca de Stregonanco le sea de su agrado.-esbozó una amplia sonrisa, enseñando todos los dientes blancos como perlas.

-El honor es mío, señor Tabani…-respondió un Dumbledore educado.

-Oh, per favore, llámeme Gianluca, o simplemene, Gian-el hombre estrechó la mano del anciano director frenéticamente-Vengan, vengan. Los alumnos de Beauxbattons ya están aquí, han entrado a calentarse en las chimeneas del Comedor. El banquete está a punto de empezar… a cena tutti!

Todos los alumnos entraron en tropel a través de las grandes puertas de madera que componían el castillo, charlando animadamente en diferentes idiomas. Sentí un hormigueo de nostalgia por todo mi cuerpo. Mi mente rememoró el primer día que pisé esas puertas, asombrándome de las altas bóvedas del castillo y de los fantasmas que habitaban allí y rondaban por éstas con cara de pesar. Entramos en el comedor, el cual estaba ricamente decorado con las banderas de las tres casas. En el fondo, en la mesa donde se sentaban los profesores, los estandartes de Hogwarts, Beauxbattons y Stregonanco precedían el lugar. Vi a una señora muy alta sentada en la mesa, acompañada de otros profesores. Nos la presentaron como Madame Maxime, directora de la Academia francesa. Sus alumnos estaban dispersos por las mesas del comedor, mirando con cierto recelo a su alrededor. Nos sentamos en la mesa, yo entre Minerva y la profesora Sprout, y empezamos a cenar antes de que Gian diera su discurso.

El sueño con Severus no se había ido de mi mente tan fácilmente. Evitaba mirar al profesor, pues cuando sus ojos tropezaban con los míos, el rubor invadía mis mejillas. ¿Estaba sintiendo más que respeto por el pocionista? Recordé la manera con la que había tratado a su madre. Esa actitud sensible y preocupada hizo que diera un vuelco mi estómago. La razón me decía que era imposible tener tal sentimiento ante dicho profesor, pues su corazón pertenecía a Lily… pero el mío replicaba que no cerrara esa posibilidad y que Lily estaba… estaba… Aparté esos pensamientos crueles de mi cabeza mientras bebía un buen trago de sidra.

Ludo Bagman reía desde el otro extremo de la mesa junto a uno de los profesores de Stregonanco. Se me hacía demasiado raro no comer en una de las mesas asignadas a los estudiantes. Estaba elevada en una altura considerable como para observar toda la longitud de las mesas. Comprendí la razón por la cual los profesores nos pillaban con antelación a hacer una guerra de comida, la cual estaba exquisita. Comí con gusto los platos típicos de Italia, haciéndome la boca agua y despertó en mí una sensación agradable, como si estuviera rememorando un lejano recuerdo.

Cuando los postres se desvanecieron, Gian puso su varita en su cuello susurrando un sutil "Sonorus".

-Benvenuto! Bienvenues! ¡Bienvenidos! Este año se celebra de nuevo, tras mucho tiempo, el Torneo de los Tres Magos-todos los estudiantes italianos aplaudieron con fuerza, lanzando ovaciones. Los extranjeros los miraban aturdidos y aplaudían cortésmente. El director se dio cuenta de ese detalle y lanzó un nuevo hechizo. Unas cuerdas plateadas se elevaron en el aire y comenzaron a subtitular en inglés y francés lo que había dicho.-Los Jefes del Departamento deJuegos y Deportes Mágicos de los tres colegios han venido a indicarnos las bases del concurso. ¿El premio? ¡La copa de los Tres Magos y mil galeones!-ahora todos aplaudieron con emoción. Se escucharon más ovaciones-Además de fama y gloria para toda la eternidad-más aplausos y gritos-Ahora, cedo la palabra a los representantes de los Ministerios.

Bagman y otros dos hombres se pusieron delante de las mesas. Llevaron un cajón de madera del cual sacaron un cáliz de piedra que desprendía unas llamas azuladas por los bordes, como si estuviera rebosando.

-¡El Cáliz de Fuego!-dijo el representante francés-Un instrumento mágico muy antiguo en el que tendréis que depositar vuestros nombres. El Cáliz es un juez imparcial que elegirá a los tres campeones del Torneo. Una vez elegidos no hay marcha atrás.

Todos mirábamos expectantes la pequeña copa que brillaba con impasibilidad encima del cofre.

-Las pruebas del Torneo consistirán en tres desafíos en los que la astucia, la fuerza y el valor saldrán a la luz en los campeones-el que hablaba era Ludo-¡Pensároslo bien antes de echar vuestro nombre en el Cáliz!

-Estará aquí toda la noche, hasta mañana a la hora de la cena, donde se conocerán a los tres campeones-dijo el representante italiano-A partir de ahí, confiamos que los alumnos de sus respectivos centros les apoyen en todo lo que puedan. Los jueces en las pruebas seremos nosotros tres.

Las palabras de los representantes del Departamento de Deportes Mágicos fueron aplaudidas por todos con entusiasmo. Gian volvió a tomar la palabra, alzando los brazos.

-¡A esperar entonces hasta mañana!-dijo con entusiasmo-Ahora… ¡A dormir tropa!

Los estudiantes se levantaron a la vez, hablando entre ellos. Nuestro grupo se fue directo a los carruajes, donde les esperaban sus habitaciones, al igual que los alumnos de Beauxbatton. Los profesores nos quedamos un poco rezagados hasta que se fueron todos.

-Entonces, que gane el mejor, Albus-dijo Gian, volviendo a sonreír. Madame Maxime compuso una sonrisa de suficiencia.

-No cgreo que Beauxbattons decepcione egste año…-dijo también en inglés-Seguragmente ganaremos de nuevo, como la última vez…

-No lo dudo, querida…-respondió Dumbledore, sin dejar de sonreír-Aunque nuestros alumnos están también bastante cualificados.

Mientras escuchaba la conversación entre los directores, descubrí a Ludo Bagman observándome con detenimiento mientras charlaba con los demás representantes del ministerio.

Bostezó abiertamente, frotándose los ojos. Descubrió por la ventana que el sol estaba ya saliendo. Kiwer no tardaría mucho en despertarse con el desayuno en una bandeja. Conocía bien el Torneo de los Tres Magos. Ella misma había participado en uno cuando estaba en séptimo. Habían mantenido la regla de que sólo los mayores de edad participarían, pues había ocurrido varias desgracias en Torneos anteriores, una de ellas, el regreso de un Mago Oscuro en el que el famoso Harry Potter estaba implicado. Suspiró pesadamente, colocándose en una postura más cómoda en el sillón. Las fotografías y las cartas se amontonaban a su lado. Sólo quedaba un día para la subasta, por lo que tendría que darse prisa en leer el contenido de los cuadernos antes de que éstos sean pasto del fuego y el olvido…

La noche del día siguiente llegó con velocidad de vértigo. Sin pensarlo, me encontraba de nuevo sentada en la mesa de los profesores del Comedor cenando.

Me había sentado esta vez entre el profesor Snape y Minerva. Comía plácidamente unos tallarines con una salsa pesto riquísima cuando me di cuenta de que el pocionista estaba hablando con alguien.

-Mis clases no son del otro mundo… exijo a mis alumnos el nivel suficiente como para presentarse a los exámenes de EXTASIS. Es una pena que todos los años tenga a una pandilla de alcornoques que no saben cómo coger un cazo, profesora Prévosti

-Oh, profesor, no puede ser tan duro. Los míos tienen una vocación innata para las pociones…

La que había respondido era una voz femenina, dulzona. Hablaba en inglés con un fuerte acento italiano. Me incliné levemente hacia delante y la vi. Tenía el pelo rubio y sus ojos eran de un azul intenso. Su rostro era fino y sus labios, rojos como la sangre, carnosos. Tragué saliva levemente. Me fijé que el profesor Snape no era el único que había reparado en ella. Los alumnos cercanos a la mesa de profesores (los hombres) la miraban con un brillo extraño en los ojos.

-Lo sé…-susurró el profesor, comiendo de nuevo de su plato-Tiene usted suerte…

Lo notaba como absorto en sus pensamientos, embelesado. Fruncí el ceño y miré de nuevo a la mujer. No me sonaba de haberla visto cuando estaba en el colegio, por lo que supuse que era nueva. En aquél momento, noté en mi pecho una especie de quemazón desagradable, acompañada de un sentimiento de derramar mi copa de vino sobre la perfecta cabellera rubia de la mujer y borrarle aquella sonrisa encantadora que eclipsaba a todos los hombres, incluido Severus.

Cuando recuerdo esta escena, no puedo evitar sonreírme. Digamos que fue la primera vez que sentí celos.

Me mantuve en silencio durante toda la noche, notando mis mejillas encendidas. Quería interrumpir la interesantísima conversación que tenían ambos profesores, pero tampoco quería ser tan grosera. Me concentré en mi pudin de chocolate con frutos rojos intentando hacer oídos sordos a la melodiosa voz de la profesora.

Los platos se vaciaron al terminar todos. Ludo Bagman se levantó de su asiento y se dirigió al Cáliz.

-¡Llegó el gran momento!-dijo ante un expectante público. Acarició la copa con cuidado. Con el leve contacto de sus dedos, las llamas azules se tornaron de color rojo y escupieron un papelito tras lanzar varias lenguas de fuego.

-El campeón de Beauxbattons… ¡Dimitri Louvart!

La mesa donde estaban los alumnos de la Academia francesa aplaudieron con énfasis y coreando el nombre del campeón. Un muchacho de piel clara y pelo moreno se levantó y se fue tras una puerta lateral tras un apretón de manos con Ludo. El Cáliz volvió a escupir llamaradas de fuego, sacando otro papelito.

-El campeón de Hogwarts… ¡Anne Abott!

Nuestros alumnos aplaudieron efusivos. La chica de Ravenclaw se levantó con una sonrisa y recorrió el mismo camino que el campeón francés.

-Y por último pero no menos importante…-Ludo hizo una pausa dramática-El campeón de Stregonanco… ¡Piero Stellini!

Los alumnos de Stregonanco aplaudieron y aclamaron con fuerza mientras que su campeón se reunía con el resto. Los aplausos duraron unos segundos más antes de ser apagados por el Gian.

-¡Ya tenemos a nuestros tres campeones!-exclamó efusivo-La primera prueba del Torneo será el 28 de Noviembre a las 12 del mediodía. ¡No os olvidéis! Y ahora… ¡A la cama todo el mundo!

Los alumnos volvieron a sus respectivos dormitorios hablando con más barullo que la noche anterior. Los tres directores junto a los representantes del ministerio fueron por la puerta donde habían pasado los tres campeones para darles las instrucciones precisas. Los demás profesores nos unimos a nuestros alumnos para ir a los carruajes.

-Bueno, profesor…-la voz melodiosa y odiosa llegó de nuevo a mis oídos-Nos veremos pronto… Sabe que está invitado a mi aula de Pociones. Podríamos intercambiar… conocimientos.

El profesor Snape hizo una pequeña mueca pero no respondió. Ese gesto hizo que una pequeña euforia triunfadora me recorriera momentáneamente. Volví al carromato asignado a los profesores, enfurruñada. ¿Quién se creía esa odiosa mujer para tomarse esas confianzas con los demás profesores?

Vi a lo lejos a Isabelle y me acerqué corriendo a ella.

-¡Ha sido impresionante!-dijo con una enorme sonrisa, dándome un fraternal abrazo-Espero que gane el mejor.

-Sí… espero-dije forzando mi sonrisa, desganada por la escena presenciada durante la cena.

-Ven, vayamos a dar un paseo por los jardines.

Isabelle tiró de mí y nos dirigimos a la salida de la Escuela. El frío otoñal arreciaba, haciendo que sintiera un desagradable escalofrío en mi cuerpo.

-Por cierto, enhorabuena por tu boda-dije tras unos minutos de silencio. Mi amiga sonrió mientras se sentaba en un banco.

-Gracias. La verdad es que estoy bastante ilusionada. ¿Se puede morir de felicidad?-su sonrisa volvió a ensancharse-Tenemos pensado ir a Gran Bretaña de luna de miel.

-Podréis venir a verme a Hogsmeade-propuse, sentándome al lado de ella.

-¡Por supuesto!-Isabelle exhaló un profundo suspiro de satisfacción-¿Y tú? ¿Hay alguien que haya conquistado tu corazón?

La pregunta me pilló desprevenida. Negué lentamente la cabeza, sintiendo de nuevo la tristeza apoderarse en mi interior. Sirius era ya agua pasada, aunque he de admitir que me dolía pensar en él. Me hice el firme propósito de no quedarme anclada en su recuerdo, sino seguir adelante. Y Severus… bueno, aquella noche me había dado cuenta de que los sentimientos que habían florecido hacia él era un simple espejismo.

Esos pensamientos desembocaron en la profesora Prévosti.

-Isa, ¿quién es la profesora Prévosti?-pregunté frunciendo el ceño, mirándola.

-Es la profesora de Pócimas y Antídotos del colegio. Es medio veela ¿sabes? Yo no la soporto.

-Oh…-mi mente encajó todo de tal forma que casi pude escuchar un sutil "click"-Entiendo…

-¿Por qué lo preguntas?-las palabras de mi mejor amiga denotaban curiosidad.

-Por nada… es que la he visto durante la cena y digamos que estaba bien acompañada-comenté intentando sonar neutra.

-Oh… entiendo. ¿Sabes? No todos los hombres estaban pendientes de esa media veela.

Miré a Isabelle interrogante, alzando levemente la ceja. La muchacha rió y se colocó bien un mechón de pelo.

-Vuestro Jefe del Departamento de Deportes Mágicos, ese tal Bagman, no te ha quitado el ojo de encima en toda la noche…

[N/A: holaaa, sé que me vais a lanzar miles de cruciatus por demorar la subida del capítulo, pero es que tengo un problemilla familiar y no he tenido ocasión de escribir. Mil perdones . no ocurrirá más. Gracias a todos los que leen la historia en la sombras :D]