Ansiedad.

Eso era lo que Kujo Jotaro sentía al pensar en Kakyoin Noriaki.

Aunque el fuera suyo.

El pecho se le oprimía y definitivamente sentía su respiración cambiar cada vez que el pelirojo pasara por su mente, así fuese una imagen de su rostro, así fuera la mera mención de su nombre en sus pensamientos, así fuera un suspiro que soltaba cada tanto por que su nombre se había pegado tanto a sus pensamientos que aveces le encantaba soltarlo como una muletilla sin motivo. Literalmente decía o pensaba con un "Nori" no importa cual fuera el momento.

Y gracias a eso sentía que el chico lo torturaba, por que se había apoderado de cada rincón de sí para absorberlo y volverlo suyo.

Pero no era culpa de el, Jotaro solo se estaba sugestionando.

El solo pensaba en Kakyoin, el solo repetía su nombre, el solo sentía la imperiosa necesidad de tocarlo y querer pasar un momento juntos.

Eran novios, trabajaban en lugares diferentes pero convivían juntos y salían siempre juntos, tal vez cada tanto Noriaki se reunía con sus amigos o alguno de los 2 tenía algo que hacer pero en general no se separaban el uno del otro y eso hacía pensar al moreno que el pelirojo lo había absorbido, absorbido y tomado como parte de su esencia sin darse cuenta, todo gracias a esa belleza, encanto, carisma y gracia que se portaba.

Y cuando Jotaro se sentía consumido por el pelirojo se paralizaba, bajaba la cabeza y se apagaba, por que no se estaba sintiendo bien alrededor suyo pese a la divina relación que tenían, sabía que se había obsesionado con el sin motivo alguno, bueno, el motivo era que Kakyoin era maravilloso pero Jotaro sabía que esa obsesión le estaba haciendo daño

Como cuando se quedaba en la cama abrazando una almohada sintiendo su cuerpo pesado, incapaz de levantarse en las mañanas al punto de volverse a acostar tan pronto alguna extremidad tocara una sábana. Como cuando se agarraba el pecho y cerraba los ojos susurrando su nombre inconscientemente. Como cuando se quedaba horas mirando sus mensajes y charlas como momentos entre ellos que habían quedado guardados y podía repetir.

Estaba putamente obsesionado y eso le hacía daño.

Quería dejar de pensar en el.

Quería que su corazón dejara de dolerle al recordar sus ojos violetas.

Quería dejar de sentirse ansioso cuando pasaban mucho rato sin hablar y ya quería su atención.

Por que era malditamente incontrolable.

Es por eso que últimamente quería alejar a todos de alrededor de su novio, quería hacerles daño, quería que todos los reconocieran a el como el único que debería estar rodeándole, que todos supieran sus sentimientos que ardían como fuego por el, quería darles una lección, ya no quería que Noriaki fuera quien lo absorbiera, que lo mantuviera obsesionado por si.

Esta vez Jotaro quería dominarlo, y crearle al pelirojo una dependencia tan fuerte como la que el le provoco, una que hasta pudiera llamar violenta y que lo hiciera sufrir al punto de que el aire se le hiciera intoxicante y necesario cuando estaban cerca.

Quería que Noriaki pensara y sufriera por el de la misma manera que el lo hacía.

Podía llamar su atención? No mas de lo que ya hacía, el no era bueno con las palabras o con los sociales. Podía destacar en algo? No realmente, ya le entrego a Noriaki todo lo que podía darle. Podía ser mejor que los demás? Claro que si, todas las personas que transitaban en su vida eran perdedores a comparación suya, y Noriaki aún así no los alejaba, le privaba tiempo de estar juntos para estar con ellos.

Suena estúpido verdad? Cuando incluso eran personas de su trabajo o conocidos con los que había que tratar día a día.

Pero así es una obsesión, es asfixiante y delirante.

Las orejas se le pararon como a un perro cuando escucho el ascensor de su edificio subir, lo cual instantáneamente lo saco de sus pensamientos para mirar el reloj de la pared, desde que había llegado a la casa luego del trabajo cada vez que se quedaba solo con sus pensamientos se hundía en un pozo depresivo, oscuro y vacío, donde no podía creer segundos después de que tan oscurecida estaba su alma, calándole de que aun así fueran deseos verdaderos y no cosas de pensar en caliente.

Unos pasos se escucharon por los pasillos y levanto la cabeza del sofa donde estaba recostado, siempre a la espera de ver al pelirojo cruzar por aquella puerta, y cuando esta se abrió una mirada luminosa y llena de cariño se asomo de entre una cabellera roja, dedicándole una sonrisa.

-Ya llegue, Jojo –susurro Kakyoin dándose la vuelta para cerrar la puerta, y ahí fue donde el corazón del moreno se achico otra vez.

Por que eres tan perfecto.

Por que tu voz me gusta tanto.

Por que quiero estar alrededor tuyo todo el tiempo.

Por que no puedo esperar ni un segundo a tomar tu mano

Por que me gustas tanto?

Kakyoin se acercó hasta el dejando su maletín a un lado del sillón y se sentó en el suelo enfrente suyo, dándole una sonrisa y un besito en la boca, apenas siendo un cálido pico donde Jotaro aprovecho cada segundo para inhalar su esencia a cerezas.

-Has estado de nuevo en el sillón todo el día? Estoy preocupado por ti –últimamente Jotaro tenía una mirada de lo más consternada y dolida encima, por no hablar de cómo la luz en sus ojos se había desvanecido y como su aura se había apagado, teniendo sus hombros y la mirada abajo todo el tiempo, era como si la oscuridad lo hubiera consumido. Le era un poco loco pensar que su fuerte e inmaculable Jotaro estuviera deprimido pero…era lo que podía asumir, era lo que podía detectar, era lo que podía resumir de la poca información que le daba el al hablar, por que el era así, un adorable hombre de pocas palabras pero simple como para entenderle todo.

O al menos esa era la conexión que pensaba que tenían.

-Estoy bien –susurro Jotaro, tomando rápidamente su mano y apretándola, deseando sentir el volumen de sus venas en el frente de su mano contra sus palmas. El no estaba bien, estaba obsesionado, y odiaba estar obsesionado por que lo hacía sentir mal. Su mirada se encontró con la del chico y se paro sobre sus hombros para estirar la cabeza y darle otro pequeño pico, uno que lo tomo por sorpresa pero fue lo suficientemente lindo como para que Kakyoin quisiera repetir en otro más, y otro, y otro, y otro, y otro y así sucesivamente, hasta que el aire caliente de la nariz de Jojo comenzó a picarle contra el bozo, separándose en una risa.

Después de todo de que podía estar deprimido? De su relación perfecta? Del amor que se tenían? De cómo eran intachables juntos? De como se complementaban el uno al otro?

-Te ayudo con la cena? –dijo Jotaro queriendo robar nuevamente de su tiempo y oxigeno, pegándose a el como chicle.

-Claro

Aunque en su inocencia Kakyoin aceptaba por que Jotaro tenía una buena mano para cortar vegetales, la realidad era que el moreno solo quería tenerlo bajo su mirada, intentando tomar tanto de el como lo hacía de la manera que lo había enamorado.