Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima

Okay, esta vez seré breve: pronto saldré de vacaciones de invierno así que trataré de utilizar ese tiempo en la elaboración de los capítulos restantes de este fic... porque, aunque quedan varias emociones por vivir todavía, nos vamos acercando al inevitable final de la historia...

Pero más que desanimarlos lo que quiero es que se preparen para lo que vendrá (chan-chan-CHAAAAN xD)

¡Espero que les guste el capítulo!

¿Y dónde nos quedamos?

Ah, si...

G-gray-sa-sama, lo... – Dios, no ahora... no digas te amo ahora, Juvia. No es el momento.

Ya lo sé, tranquila... ahorra tus energías.

Sigo caminando, cuesta abajo, en la soledad de la montaña sin más que la blanca vista a donde quiera que veo. La luz de la luna ilumina este lugar, lo suficiente para caminar, pero no lo suficiente como para hallar con rapidez el camino que nos trajo hasta aquí.

Los ojos de Juvia se mantienen fijos en mí, hasta que ya no lo hacen y comienzo a desesperarme.

Juvia, no te duermas... maldición, Juvia, despierta – sus ojos deambulan hasta volver a mirarme pero parece confundida, somnolienta.

Debo encontrar a alguien, a cualquiera que pueda ayudarme, pero el silbido del viento en la montaña es todo lo que nos acompaña.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

CAPÍTULO 26: Agonía

Horas, segundos... la verdad no sé cuánto tiempo ha pasado desde que comencé a caminar con Juvia en medio de la nieve, pero la piel me duele con el viento helado... no porque no pueda soportar el frío, si no porque las explosiones han dejado mi piel demasiado sensible y herida...

Podrían pasar horas para que encontremos la base de la montaña, pero sigo pensando que es nuestra mejor opción de salir de aquí con vida, por lo que sigo caminando, a pesar del cansancio.

Mi cabeza está confusa, embotada, pesada al igual que mis pies, que se abren paso torpemente entre la nieve.

No sé de dónde pierde sangre Juvia, pero el que tenga la falda húmeda en este clima es una mala idea, ya que eso sólo acelerará su proceso de enfriamiento y el sudor frío que le empapa, haciendo que se peguen cabellos a su frente no ayuda tampoco.

Mi cabeza palpita la ritmo de mi corazón... y me cuesta calcular los pasos a seguir, pero me empujo a pulso contra el viento y la nieve, que no dejan de caer, dejando blancos copos adornando nuestra superficie.

Si supiese que alguien viene a nuestro encuentro, a nuestra ayuda, tal vez pararía y haría un refugio para nosotros, pero nadie vendrá a nuestro encuentro... de hecho nadie sabe que estamos aquí... así que no queda más remedio que seguir adelante, a riesgo de perdernos o causarnos un accidente, porque definitivamente podríamos quedar atrapados en una grieta si sigo avanzando con tan poca visibilidad.

Pero esta táctica no está funcionando tampoco... el moverme a la luz de la luna no nos ha traído buenos resultados y, por lo que veo, solo hay nieve y más nieve a mi alrededor... aquel blanco que una vez me pareció tan conocido se alza ante mí con una cara que no me gusta, cual mortaja para cubrirnos en un respiro.

Siento mi piel húmeda y pegajosa, lo cual es poco auspicioso en este frío, porque aunque no lo note, he hecho demasiado esfuerzo y me puede dar un golpe de calor (menuda contradicción) o llevarme a la deshidratación.

No quiero ni saber cómo lo está sintiendo Juvia con todo esto, quien de por sí no ha de tener tanta resistencia a este clima como yo.

Sólo me observa a mí de vez en cuando, u observa allá arriba al cielo, con agitación.

Gray-sama – Le oigo decir en un susurro, causando que me pare un segundo a mirarla antes de continuar caminando.

¿Sí, Juvia? – Le digo mirando su semblante frío y brillante, casi surrealista.

¿Cuál es esa estrella? – dice apuntando temblorosamente al cielo, a un punto brillante muy cerca de la luna.

Esa estrella es Ankhseram, nombrada así por el Dios de la vida y la muerte – Si creyera en esos Dioses antiguos supongo que ese nombre significaría algo más para mí, pero es sólo un nombre... si no hubiese conocido tantas cosas quizás no sería tan escéptico y, quizás, sólo quizás, estaría orando por la bendición de aquel Dios para nuestra salvación.

¿Y esa otra? – pregunta apuntando a otro de los astros, en un hilo de voz. Se nota que lo hace forzándose a si misma a estar consciente.

Esa es Frehya, nombrada como la Diosa de la belleza y del amor.

– A Juvia le gusta esa – dice recargando su frente en mi pecho mientras la oigo ahogar un pesado suspiro.

– Sí, es bella – le contesto, aunque creo que no se ha percatado de que no he mirado a las estrellas.

Cada minuto que pasa Juvia me parece más pálida y su respiración surge más agitada. Sus ojos vagan de aquí a allá, cerrándose por lo que parecen minutos y luego volviendo a abrirse. Muecas de dolor le surgen de manera repentina, pero no se queja abiertamente de ello y me deja llevarla al decadente paso que llevo en la nieve sin problemas.

Esto pinta mal... no quiero decírselo a Juvia, pero esto no es auspicioso en absoluto. Aprieto los dientes y continúo caminando.

Sé lo liviana que es Juvia, lo ligera que suele sentirse en mis brazos, pero en este momento mis articulaciones duelen del solo hecho de estarla cargando... el cansancio me ha alcanzado y todo parece costarme el doble.

Cada paso me cuesta más esfuerzo, pero me niego a parar, me niego a ceder, porque si dejo que la montaña me gane lo más probable es que no me vuelva a poner en pie nuevamente... he pensado en dejar mi vida atrás más de una vez, pero jamás llevaría a alguien conmigo a ese destino... menos a alguien que me importa tanto.

Siento la lengua seca, como lija y no estoy en condiciones de reponer agua, ya que comer nieve no es una solución en lo absoluto y hemos dejado las cantimploras con los bolsos a los pies de la montaña.

– Gray-sama – dice Juvia repentinamente, en medio de un gran esfuerzo – ¿llegaremos pronto a casa?

No sé cómo decirle lo perdido que estoy, lo mucho que quiero sacarla de aquí y que realmente no veo salida de este interminable manto blanco.

– Juvia, no te preocupes, yo te sacaré de aquí. – le digo sintiéndome en extremo impotente.

Escucho en la lejanía ecos, producidos por el viento... Oh, la montaña es engañosa y mi mente está muy dispuesta ahora a jugarme trucos...

– Lo sé, Juvia confía en Gray-sama. – Indica con rostro cansado y pálido.

No alcanzo a caminar más cuando veo que sus ojos se abren y respira fuerte, como si no pudiese tomar más aire. Va a entrar en shock en cualquier minuto si sigue así...

No me importa mi estado, simplemente la apoyo en la nieve mientras pongo mi camisa en el piso y la recuesto allí mientras creo una pared de hielo que nos cubra del viento helado. Son mis últimas fuerzas y, hasta comienzo a sentir los ecos hablándome una vez más.

– ¡Gray! – escucho al interior de mi cabeza.

– Juvia, despierta, vienen por nosotros ¿lo oyes? – digo sin esperanzas ya, como un juego para mantenerla despierta, porque siento que cada vez está más lejos de mí.

– Gray-sama, no llore – dice tomando mi mejilla con dedos fríos.

No puedo creer que, a pesar de las dificultades, siga siendo ella quien me apoya a mí.

Su mano resbala por mi mejilla y se queda enredada en mi cuello, pero no se mueve, marchita. Me desespero y tomo su pulso en la muñeca, sin poder encontrarlo. Voy a su cuello sin poder encontrar señales de vida allí tampoco...

Grito su nombre y la remezo un poco, pero no responde...

No estoy preparado para esto... no estoy preparado para dejarla partir... no quiero estar solo una vez más.

Sé que si no obtengo ayuda pronto estaré firmando una sentencia de muerte para mí también con esto, pero tengo que intentar traerla de vuelta de alguna forma...

Comienzo a hacer presión en su pecho de manera rítmica, para reanimarla...

Estoy completamente comprometido en la tarea cuando siento que algo me jala a la oscuridad e intento luchar con lo que sea que me haya apartado del lado de Juvia, en medio de la confusión de mis propios pensamientos.

– Ya deja de luchar, idiota, sólo intentamos ayudarla. – Fijo mi vista lo mejor que puedo, hasta distinguir que una de mis manos está enredada en la bufanda de Natsu y, a unos pasos de nosotros, se encuentran Wendy y la dupla de gatos revisando a Juvia.

No puedo más que pensar que estoy soñando y me recuesto de espaldas en la nieve... Se siente fría como el infierno, y quema de la misma manera, lo que me hace saber que no estoy dormido.

Helados caminos siento rodar por mis sienes, pero no sé si las lágrimas se han abierto paso de alegría o de alivio, o tal vez de ambas.

Natsu alumbra el lugar con sus llamas para entibiar a Juvia mientras que Wendy trabaja sobre ella, dejando suaves destellos de luz, pero la extenuación y la falta de líquido ha podido conmigo y siento como el cansancio comienza a llevarme lejos de allí.

Me siento cómodo en medio de la tibieza de otro cuerpo y los deseos de que sea Juvia quien me acuna mientras duermo me llevan consigo... Su aroma, su calor...

Un grito y un golpe me devuelven a la realidad.

– ¿Qué mierda pretendes hacer, cabrón? – Miro confundido, sin saber qué ha pasado, pero veo que Natsu, quien parecía recientemente enojado, ha perdido todo su brío y se deshace por el mareo a un lado.

Lucy me ofrece agua de una cantimplora, con cara de ofuscada, y roja como un tomate, sin darme más explicaciones.

Lentamente comienzo a dar sentido a la escena que se levanta frente a mí. Estamos en una carreta, conducida a toda velocidad por alguien más. Wendy, Charle, Natsu y Lucy están aquí, pero no hay señales de Happy. Juvia, en tanto, parece sufrir en su inconsciencia al fondo del carro.

¿Cómo está Juvia? – pregunto cuando veo que Wendy con semblante cansado aún trabaja en ella.

No se encuentra bien... – Dice mirándome brevemente antes de seguir su tarea – Tiene una herida interna y no consigo detener el sangrado... Algo interfiere con mi magia, pero sólo puedo presumir lo que es... – Me mira profundamente, con ojos casi acusadores, pero no me dice nada al respecto, ni tampoco quiero preguntar... La verdad, no me atrevo a preguntar. – La mantendré estable hasta que lleguemos, pero va a tener que ser operada. Ya enviamos un mensaje al gremio para avisar.

– ¿Happy? – La veo mover la cabeza en una afirmación.

No puedo creer lo cerca que estuve de perderla... pero no puedo sentir que esté a salvo aún.

Deberías preocuparte por tus propias heridas – oigo decir a Lucy a mis espaldas, pero no puedo fijarme en eso ahora, no viendo a Juvia frente a mí en esas condiciones, luchando por salir a flote a pesar de sus heridas.

Miro a Juvia, con su pálida y delicada mano reposando sobre su abdomen y no puedo evitar el impulso de tomarla. Que me digan lo que quieran, pero nadie podría detenerme en este momento... ya no quiero dejarla ni un segundo siquiera, la quiero conmigo... la quiero ahora, la quiero siempre... ¿Dios, por qué tienen que pasar cosas como esta para que entendamos la forma en que apreciamos a los que tenemos cerca?

Bueno, supongo que en cierta manera, irónica y cruel, ya tengo la respuesta que buscaba al salir de Magnolia hace cuatro días.

Repaso sus uñas con mis dedos unas mil veces, notando cada detalle de ellas, como si fuesen a desaparecer en cualquier momento, y tuviese que memorizar cada línea antes de que me fuese arrebatada.

No noto cuando hemos llegado, sólo veo que todos se mueven rápidamente para sacar a Juvia del carro, por lo que me pongo en pie como puedo y los acompaño, pero no estamos en el gremio sino que en un hospital de un pueblo cercano. No tendrá la atención que podría tener con Porlyusica, pero es suficiente como para tratar con la emergencia.

Erza aparece por algún lado, dando órdenes respecto a cómo movilizarnos y veo como Lucy vuelve al carro, como si fuese a buscar algo. Erza y Natsu llevan la improvisada tabla que estamos usando como camilla mientras que Wendy y yo nos mantenemos cada uno a un lado de Juvia, ella imponiéndole sus manos, evitando que sucumba ante la enfermedad y yo prendado de su mano, evitando que se me vaya la vida al soltarla.

Nos reciben varias personas, aunque no miro a nadie.

Pasamos todos juntos por varios pares de puertas, hasta llegar a unas grandes puertas dobles, donde paramos unos momentos porque me piden que la suelte, para entrar a pabellón. Pero no quiero hacerlo...

No, debo ir con ella, chicos, díganles – indico mirando a mi alrededor, topándome con la severa pero compasiva mirada de mis amigos – ella me necesita... tengo que ir con ella.

Siento varias manos luchando conmigo, para apartarme del lado de Juvia, pero no sé ni a quién pertenecen, porque me quito de encima a cualquiera que quiera separarme de ella.

Repentinamente un dolor agudo en la nuca me hace perder la noción de lo que es real.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Siguiente Capítulo: Espera