XXVI


Durante toda esa primera semana buscaron acomodarse a la vida de la aldea. Con la pesca podrían sobrevivir, tener alimento allí no suponía un problema. Sin embargo no habían decidido todavía cuánto tiempo iban a quedarse, si por siempre o una temporada, y de cuánto sería esa temporada. Siempre sentían que el lugar en el que estaban era de paso.

Todo lugar que visitaban era de paso. La vida misma lo es.

...

Zoro le había robado una botella de sake a Hana cuando esta se había ido al mercado de la aldea, se sentó en el descanso de la parte trasera de la casa para contemplar tan bello paisaje.

El cocinero se había elegido el lugar más bonito del mundo para vivir.

Vio colgando la ropa en una soga a la niña que durante esa semana los había ignorado a todos. Había hablado con Sanji en esos días sobre ella y aunque el cocinero quiso ocultárselo, Zoro pudo ver sin dificultades lo mucho que le dolía que Umi fuera tan inclemente con él. Sin embargo lo había aceptado con el orgullo de siempre cada vez que una mujer le pisoteaba el corazón. Estaba tan acostumbrado. Las mujeres sabían ser crueles cuando se lo proponían.

—¿Tu eres Umi, cierto? —Zoro destapó la botella y dio un largo sorbo antes de seguir hablando—Tu padre se la pasa hablándome de ti, me vuelve loco, a ver si haces algo al respecto. —Guardió silencio y estudió a la niña, lucía ¿intimidada? No, no lo sabía, pero lo miraba con algo de recelo.

Dejó la ropa y se sentó en la madera, a su lado. Por eso Zoro se dio cuenta de que quería escucharlo, pese a que miraba hacia el lado opuesto.

—Durante el viaje no dejó de hablarme de los dos, pero más de ti —tomó otro sorbo, eructando luego—siempre que hablaba de ti eras su "princesa" —dejó la botella con energía sobre la madera, logrando que Umi diera un respingo, de sorpresa o de temor, no lo sabía—Estás siendo muy injusta con él, ¿sabes? —la miró con fiereza, sin ánimos de hacerla llorar ni mucho de inmiscuirse. No pretendía meterse en un tema que le era ajeno, pero había sido más fuerte que él. Era tarde para arrepentirse de haber abierto la boca—Él no te lo va a decir nunca porque… te quiere y no pretende preocuparte —asintió, perdiendo él la mirada—. Tu padre te quiere más que a nada en el mundo, más que a este mar… —"Más que a mí", hubiera agregado de no haber sido por el pedido desesperado de Sanji, tres noches atrás.

Lo amaba, pero Sanji no pretendía decírselos a sus hijos, especialmente porque sabía lo mucho que habían querido a su madre. Jamás le perdonarían que él tuviera a alguien así en su vida.

O al menos era lo que Sanji más temía.

En su momento no le molestó a Zoro, ni tampoco le preguntó si no se sentía a gusto con lo que tenían y lo que eran. Esas eran sandeces que solo se leían en los libros baratos y romanticones. La vida real era así, a veces injusta, a veces agridulce.

Pero sin premeditarlo -desde ya- Umi lo sorprendió. No solo porque había abierto la boca, que no era menos trascendental dadas las circunstancias, sino más bien por lo dicho.

—¿Eres nuestra nueva mamá? —Ante la pregunta de Umi, Zoro escupió el sake, de golpe se había convertido en una fuente humana. ¿De dónde había sacado la niña esa perturbadora idea?—Ice me dijo que los vio… —aclaró con un ligero murmullo—besándose en la boca —se señaló los labios.

Zoro dejó de nuevo la botella y la miró alzando una ceja, la de su ojo tuerto:

—¿A ti te parece que yo luzco como una mamá? —Tenía la camisola abierta dejando entrever las cuantiosas cicatrices, un eructo se le había escapado y tenía esa mirada de rufián que tanto le caracterizaba.

Umi negó con la cabeza, tratando de reprimir la carcajada.

—Yo ya tengo una mamá —precisó con un ligero puchero en los labios—, está muerta, pero ella es mi mamá —miró al frente para notar como el sol se asomaba con todo su fulgor y frunció el ceño—además… no quiero tener una mamá que huele todo el tiempo a sake —lo miró a él, arqueando las cejas desafiante, en un gesto que le hizo recordar mucho a los que Sanji le solía regalar cada tanto—. Mi mamá olía a girasoles.

—Ey… —pidió el hombre, echando la espalda sobre el suelo para dormir una siesta—, no le digas a tu papá que nos vieron… o le dará algo —bostezó—. Dale tiempo… a él le cuestan estas cosas.

Umi asintió poniéndose de pie para terminar de colgar la ropa. Cuando Zoro despertó, después de ese dialogo, lo hizo sintiendo un puntapié en la costilla. Abrió los ojos y vio a Sanji con un cigarrillo en la boca.

—Holgazaneando, marimo… —chistó—ve a recolectar fruta o algo. La comida no cae del cielo.

Se sentó a su lado apagando el cigarrillo. Umi hacía rato que había terminado de colgar la ropa. Zoro se frotó los ojos, sentándose.

—¿Qué te pasa? —le preguntó al cocinero, viendo esa minúscula sonrisa que parecía querer decirle algo.

—Umi hoy a la mañana… me habló —ensanchó más la sonrisa—, había olvidado que dulce era su voz.

Zoro apoyó la cabeza en la palma de su mano, en un gesto aun más haragán que el anterior. No iba a romperle las ilusiones a Sanji, que se quedara con la idea de que le había hablado primero a él.

—A ti qué te pasa —fue el turno de Sanji para preguntárselo.

—No sé —suspiró—, hay algo en el ambiente que… me inquieta.

—¿Con qué?

—Luffy —dijo con firmeza, pero sin romper la pose. Cerró los ojos y continuó—Está comportándose raro —se rascó la panza—. Lo conozco bien.

—Sabes ¿no?

—¿Qué cosa?

Pero Sanji no respondió enseguida, buscó otro cigarrillo y por el detalle de encender uno, pocos segundos después de haber apagado el anterior, Zoro supo que tenía algo difícil para decirle. En parte lo intuía, no en vano había sido todos esos años el primer oficial de Monkey D. Luffy.

—Ivankov me contó… —comenzó a hablar, perdiendo la mirada, no era fácil hablar de ellos con Zoro, mirándole a los ojos—Ya sabes… cuando estuve bajo su yugo.

—Ya, no des tanta vuelta y ve al punto —pidió, porque la paciencia para con esos asuntos no era una de sus virtudes. Podía ser paciente para otras cosas, pero no para algo que involucraba de esa manera a su capitán.

Nami y Usopp habían hecho de esa temporada en el All Blue como una luna de miel. Así de cursi como suena. Pero al volver por la tarde luego de su paseo diario se encontraron con la desgarradora realidad.

Fue Robin las que les hizo ver, no solo a ellos dos, sino a todos, que se estaban quedando afuera de algo que podía ser trascendental para la tripulación. Esa noche, lograron acorralar a Luffy y este supo que ya no tenía sentido dilatar más el asunto.

Cuando Zoro golpeó la puerta por la noche, diciéndole a Sanji que Luffy había pedido que todos estuvieran presentes, el cocinero supo que había llegado la hora. Tragó saliva, tomó una chamarra y caminó con él hacia el Sunny.

—No creo estar listo para oírlo —confesó Zoro, luego de un largo silencio.

—Es duro —asintió el cocinero, tomándolo del brazo en señal de confort.

Después de todo estaban ahí, juntos y sintiendo lo mismo.

Una vez que todos estuvieron en la cubierta, Luffy empezó a hablar con una sonrisa, mencionando el incidente con los Tenryuubito's y el afán de estos por dar con ellos y tener su revancha. Él sabía que no podrían quitárselos de encima sin iniciar una guerra como nunca antes vista, que volver a hacerse a la mar era técnicamente imposible en las circunstancias actuales.

Era hora de despedirse, era hora de cerrar esa etapa en sus vidas. Su tripulación había estado con él siempre y le habían ayudado a convertirse en el Rey Pirata.

Sentía que llegado a ese punto era lo único y lo último que podía hacer por ellos. La manera que encontraba para devolverles el favor y permitirles seguir con sus vidas.

—Es por eso que la tripulación se disuelve hoy, ahora —Luffy sonreía, sí, pero estaba soltando palabras muy tristes—, sé que en el fondo nunca dejaremos de ser Mugiwara's, pero es hora de seguir adelante, ¿no les parece? No podemos estar toda la vida escondidos, en algún momento no tendrán más lugares dónde buscar y nos encontrarán.

—Luffy, ¿qué quieres decir con todo esto? —Nami le reprochó sabiendo a lo que se refería, pero tratando de obviarlo, no quería llorar—Tú jamás dirías algo así.

—Que lo mejor, de momento, es que me entregue a la marina —se rascó la cabeza, enseriándose—. De esa forma les haré creer que ellos ganaron y los dejarán en paz.

—¡Eso es una idiotez, Luffy! —Se enojó Usopp—¡¿Te piensas que vamos a dejar que hagas algo así por nosotros?! ¡Nadie te lo pidió!

—Lo sé, sé que nadie me lo pidió —volvió a sonreír—, es algo que yo quiero hacer porque… la verdad es que no me queda mucho tiempo.

—¿Estás enfermo, Luffy-san? —Brook dio un paso al frente, compadeciéndose de la situación. Entendía el fin de Luffy, cualquiera en su situación haría lo mismo—Si estás enfermo, eso no importa… —alzó sus huesudos hombros—puedes vivir hasta que tu cuerpo deje de responder, pero no es justo que entregues tu cabeza solo porque te queda poco tiempo. Vivir es un regalo.

—Ey, Chopper —reclamó Franky, a los gritos y llorando—¡Tú eres médico, di algo!

—Pues —el reno trató de controlar el tono de voz, pero este se le quebraba solo. Lo cierto es que sí, Luffy estaba muriendo y él no era Dios para evitar lo inevitable, por muy buen médico que los demás considerasen que era—… Luffy puede parecer joven por fuera, pero por dentro tiene tantos años como Brook —era cuestión de tiempo para que la bomba dentro de Luffy explotase.

—Ivankov me contó —decidió intervenir Sanji, pero mirándolo a Luffy—, que el tratamiento hormonal resta vida —frunció el ceño reprimiendo la angustia, la situación no le gustaba una mierda, pero sabía que así era y que ellos no podían hacer nada para cambiarlo—, me contó también que contigo lo usó más de una vez. De hecho, me dijo que era un milagro que siguieras con vida.

—Así es —asintió Luffy, sin inmutarse por aquello, después de todo él siempre lo había sabido.

—Eso no importa —reclamó Nami comenzando a llorar, apretó los puños, furiosa por no encontrar nada de qué valerse—. No importa Luffy, Brook lo dijo, puedes vivir el tiempo que te queda con nosotros. ¿Qué más da si es un día, un mes o un año?

—Eso… —exclamó Franky—¡Quédate con nosotros!

—No seas egoísta, Luffy —Usopp se cruzó de brazos, sintiendo un nudo en la garganta.

Sin embargo Luffy negó con calma, aparentemente inconmovible por los ruegos, aunque no fuera así. Ciertamente era lo más difícil que había tenido que hacer en toda su vida, pero quería creer que sus nakama algún día lo entenderían.

Todos sabían que nadie podía contra la terquedad de Luffy, cuando algo se le metía en la cabeza, era imposible hacerle cambiar de parecer.

—¡Ey, Zoro, ¿no vas a decir nada?! ¡Di algo! —Le exigió el tirador, tratando de canalizar la bronca por algún lado—¡Se supone que eres el primer oficial! ¡Hazle entrar en razón, aunque sea a golpes!

Zoro dio la vuelta e intentó irse. La situación lo superaba y si esa era la decisión que había tomado Luffy, no quedaba más que aceptarla.

—Espera, Zoro —lo llamó Luffy—, no te vayas aún —Intentó no mirarlos a los ojos para no sentir el dolor que su propia decisión les provocaba, y buscó darse a entender mejor—, estoy muy orgulloso de ustedes. Siempre lo estuve —alzó los hombros en un gesto algo infantil—, y quiero que tengan la vida que ustedes quieran tener en el futuro. Siendo un Mugiwara o no, eso ya da igual —tomó aire—, dado que voy a morir, quiérase o no… Voy a morir —reiteró.

—Todos vamos a morir algún día, capitán-san —se animó a decir Robin, con un semblante que Luffy nunca antes le había visto, o tal vez solo en Ennies Lobby.

Era un desconsuelo que lo traspasaba de lado a lado. Y no era para menos: el hombre que le había dado mucho más que esperanzas se estaba despidiendo de ella.

—Lo sé, pero en mi caso es distinto —negó— estoy cansado. Hemos vivido muchas aventuras, pero… estoy cansado —asintió—, y quiero descansar sabiendo que ustedes estarán bien. No puedo morir tranquilo sabiendo que ustedes están en peligro.

—Pero…

—Basta, Usopp —le reprendió Luffy—, es la decisión que tomé. Me dejaré atrapar por la marina, aceptaré todos los cargos de la tripulación —Incluso pensaba hasta entregar la fortuna y el título acumulado con tal de que dejaran en paz a su tripulación, pero por supuesto que no iba a compartir con ellos ese pensamiento. No quería dejarlos con una sensación de culpa—. Siempre viví como quise, ahora déjenme morir como yo quiero… —terció con una sonrisa.

Al llanto escandaloso de Franky se le sumó el de Nami, el de Usopp, el de Chopper y hasta el de Brook. Sanji, al igual que Robin, había comenzado a llorar en silencio, uno pitando de su cigarrillo y la otra abrazándose a sí misma como si tuviera frío.

Zoro miró a Luffy y soltó un gruñido.

—Maldición, siempre igual Luffy, haciendo lo que se te canta —se cruzó de brazos cerrando brevemente los ojos—, si esa es la decisión del capitán, no se habla más. Mañana mismo te acompañaré hasta la salida del All Blue.

Porque sabía que si seguían dilatando aquella decisión, solo sería más doloroso para todos, incluso para Luffy.

El capitán suspiró aliviado al ver que Zoro, pese a su descontento, le entendía y lo aprobaba. Era lo que necesitaba para irse en paz, porque sabía que su espadachín les ayudaría a los demás a entender el por qué de su decisión.

—Espera un momento, marimo —Sanji lo frenó en el acto—, si vas tú solo lo más probable es que no vuelvas nunca. Tu sentido de orientación es un arma letal para ti mismo en este laberinto de rutas.

—Es verdad —suspiró Nami—, además no podrán navegar en las corrientes sin acabar estrellándose contra algún archipiélago, yo también deberé ir.

—Iremos todo, qué mierda —musitó Usopp, realmente enojado con la situación.

Luffy rió con ganas, porque se daba cuenta de que trataban de aligerarle la pena, pese a que la mochila que ellos mismos cargaban era igualmente o más pesada.

—Gracias, chicos… —dijo Luffy con emoción, agradeciendo que la noche ocultase esa lágrima—Gracias de verdad. Por entenderme…

Todos sentían que en esas palabras que Luffy les estaba agradeciendo mucho más que el simple hecho de entender, aceptar su decisión y acompañarlo hasta la salida.

¿Qué demonios? Si eran ellos los que debían agradecerle a Luffy el que les hubiera ayudado a alcanzar sus sueños y a crecer como individuos. Al destino, por poner a ese chico de goma en sus caminos.

Luffy se fue al otro día, abordando el mini Going Merry. Hubo lágrimas e intentos por hacerlo desistir hasta el último segundo, incluso sabiendo que sería en vano convencerlo. Fue duro y difícil, el momento más complicado para los Sombreros de Paja.

No quisieron saber nada del mundo en los días subsiguientes, pero de todos modos los cuchicheos de las noticias llegaban a ellos como ligeros rumores.

Los aldeanos comentaban que el Rey Pirata se había entregado y aceptado todo los cargos de su tripulación. También contaban que el Rey Pirata había muerto con una enorme sonrisa en los labios. Y que cuando le dieron la oportunidad de arrepentirse por los crímenes cometidos como pirata, sus últimas palabras fueron: "No me arrepiento de nada".


Fin


Me causa gracia que el fic hubiera sido una mera excusa para el epílogo. O sea, casi 30 capítulos nada más que por el epílogo, pero es que no podía presentar esa historia, sin todo esto antes. En fin, que lo terminé, pero en realidad falta el final, final.

Espero estar trayéndolo pronto, por lo menos podemos decir que la tortura llegó a su fin. Cuando traiga el epílogo entenderán mejor algunas cosas de la historia que quedaron sueltas y podrán decir "sí, al fin se terminó".

Muchas gracias por haber leído.

Y gracias a Akxy Ronoa por comentar. ¿Sabes? Yo tengo la idea fija con eso de que Luffy va a morir, de hecho no es la primera vez que toco el tema en un fic, y es que sí, tengo la misma sensación que tú (y que debe tener medio mundo) Oda nos está preparando algo así. Recuerdo muy bien que Ivankov mismo le aclaró que el tratamiento hormonal le restaba años.

Además, una vez que sea el Rey de los Piratas ya sentirá que su misión en la vida (¿?) está completa, ¿qué le queda? Llenar el mundo con muchos Luffy's XD Bueno, se podría decir que el fic no tiene nada de sorprendente, pero justamente por ese lado venía. Pude haber mostrado este final y ya, pero quería contar otra historia. Así que en cuanto pueda trataré de traer el epílogo. Que es lo último y ya, esta historia morirá en el recuerdo y en las páginas de fanfiction punto net.

Gracias también por lo que dices, pero cada vez que alguien me dice algo así pienso ¿y morirme de hambre? No, gracias. El mundo ya tiene suficiente castigo con una Meyer y una James como para una tercera. Me gusta escribir, pero no salgo del promedio. Disfruto haciendo fics, no es que me preocupe si alguien me lee o no si escribo un original, pero… nah! Olvídalo, es el trauma que tengo por estudiar una carrera como lo es Edición. Uno se mete en el mundo de la edición de libros y se da cuenta de muchas cosas. Una de las cosas de las que me di cuenta es que se es escritor escribiendo, publicar o no es algo secundario y que no te hace más o menos escritor que otro. Y no hago historias originales para publicar en la red por el simple hecho de que disfruto más con el fanfiction. Eso no quiere decir que no escriba historias de universos propios, solo que no lo subo a internet (¿se entendió algo de lo que te dije? A esta hora suelo tener la cabeza quemada XD). Un abrazo enorme.

Nos estamos leyendo muy pronto ^^.


25 de octubre de 2012

Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.