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Las galletas de tía Adeline no pudieron haber llegado en mejor momento, Boron había llegado justo a la hora del almuerzo, Sev y Teddy no habían entrado a clase de Historia de la magia después de que el pequeño Slytherin se había sentido mal en clase de pociones; los dos niños todavía habían pasado un buen rato sentados en los escalones de la escalera principal del colegio cuando Wulff regresó a los calabozos con el profesor Wallace no habían pasado ni cinco minutos cuando Boron llegó con el paquete de galletas.

Con la primera mordida a las galletas ambos niños se sintieron fantástico, como si cada chispa de chocolate fuera lo que necesitaban.

Están delichiochas- dijo Teddy con la boca llena- la abuela Andomaca no hache galletas tan buenach, ¿me dach otra?

Sev le extendió el paquete de galletas.

Chi hablach con la boca llena chuenach a Cham- contestó con la boca igual de llena Sev

¿Quién?- Teddy tragó una galleta entera- ¿A quién?

A mi hermana Sam- respondió Sev después de devorar su galleta a la vez- Es mi hermana pequeña, no habla muy bien, pero le hice una poción para hablar mejor, bueno, solo fue leche con chocolate y malvaviscos pero ella creyó que era una poción para hablar mejor.

Tal vez le falta confianza- hablaron desde la base de las escaleras.

Diane había llegado con su mochila arrastrando.

Teddy y Sev se miraron con cara de fastidio fingido por unos minutos ¿acaso no podían escaparse nunca de Diane Wood?

No se perdieron de nada en clase de Historia, el profesor Binns dio la hora libre- informó- dejó tarea, fue lo malo.

¿Por qué dio la hora libre?- preguntó Teddy mientras saltaba a Boron para agarrar otra galleta

Al parecer la directora McGonagald mandó llamar a los profesores de primer año… ¡Oh galletas!- Diane tomó una galleta sin preguntar- al menos eso dijo la profesora Sprout- fue lo último que dijo antes de atacar su propia galleta.

Sev tomó otra galleta del paquete aunque no estaba pensando en galletas como sus amigos o como Boron que estaba picoteando la suya. ¿Reunión de todos los profesores de primer año? ¿Para qué se reunirían todos los profesores? Tal vez era paranoia pero ¿tendría algo que ver con él? Porque en verdad sentía que tenía que ver con él…

El último en llegar había sido el profesor Binns atravesando la puerta de la directora McGonagald.

Lamento el retraso- se disculpó- tenía que ver que los alumnos anotaran los deberes antes de retirarme.

En el interior de la oficina de la directora estaba la propia directora McGonagald, la profesora Sprout, la profesora McCutchen, la profesora Rollan, el profesor Wallace y su perro Wulff, el profesor Flitwich, la señora Hotch.

Lamento haber sacado a todos de sus respectivas clases- comenzó la directora McGonagald- no les quitaré mucho tiempo.

El silencio se hizo presente, todos imaginaban el por qué estaban reunidos pero ninguno se atrevía a hablar para interrumpir a la directora.

Como todos saben, este año escolar está con nosotros el joven Snape, Sev. Snape- continuó la directora levantándose de su asiento detrás del escritorio- también, como están enterados, el niño está gravemente enfermo del corazón y me temo ya hemos sido testigos de lo peligrosas que resultan estás crisis…

Antes de que pudiera seguir explicando un bufido por parte del profesor Wallace hizo que todos se giraran a verlo en especial la directora McGonagald que parecía molesta.

¿Sucede algo, profesor Wallace?- preguntó fríamente la directora.

Sí, sí sucede algo- se acomodo en su asiento el profesor de pociones- recibí su mensaje en Finlandia, llegué a Hogwarts y se me puso al tanto de la situación; pero, con todo respeto señorita directora- Silver se acercó al filo de su asiento- no veo que se haga nada a favor del niño…

Una acusación muy grave.

¿Qué no se hace nada a favor del niño?- repitió sin poder creerlo la directora.

En efecto, en primer lugar no sabíamos de la existencia del pequeño Snape hasta que su nombre apareció en la lista de alumnos para este año, es más ni siquiera teníamos conocimiento de que hubiera más Snapes- continuó el profesor Wallace- la condición del niño ni siquiera ha sido analizada por los medigamos de San Mungo, tal vez ellos pudieran ayudar a la medicina muggle; pero, ¿qué hicimos en cuanto llego al Colegio? ¿Le explicamos la situación? No ¿Le explicamos lo que sabíamos de él? No. De acuerdo a la profesora Sprout ¡La familia del niño ni siquiera sabía de la existencia de Hogwarts! Señorita directora, disculpará mi franqueza pero, no veo en qué puede ayudar al niño el que se le oculte su relación con Severus Snape.

Boquiabiertos, todos los profesores tenían la boca abierta ¡Silver se había atrevido a poner en duda el proceder de la directora McGonagald!

Profesor Wallace, entiendo su preocupación- la profesora McGonagald estaba molesta- pero si actuamos de esta manera es por indicaciones del profesor Dumbledore.

Todos se giraron a ver el retrato en ese momento vacío del antiguo director.

Con todo respeto señorita directora- Silver se puso de pie- no dudo de que el director Dumbledore sabe por qué se hacen las cosas pero en mi humilde opinión su procedimiento no siempre es el más idóneo.

Suficiente, había opinado abiertamente estar en contra de las órdenes de los directores de Hogwarts.

Ahora, sí me permite- Silver tomó la correa que Wulff le ponía en las manos- debo regresar a los calabozos a preparar mi siguiente clase… Esperaré sus siguientes instrucciones al respecto de nuestro pequeño señor Snape.

La directora McGonagald estaba tan furiosa que ni siquiera le contestó nada al profesor Wallace cuando éste salió de su oficina.

Silver estaba muy molesto, no estaba de acuerdo con la forma de actuar de la directora McGonagald, no le gustaba que le ocultaran al niño lo poco o mucho que sabían sobre él pero ¿qué podía hacer si habían sido instrucciones del director Dumbledore? ¿Instrucciones de un muerto? Bueno, tal vez los muertos sabían porque regresaban…

Wulff comenzó a gimotear cuando llegaron a la base de las escaleras principales.

Sev, Teddy, Diane y Boron seguían sentados comiendo galletas cuando el perro del profesor Wallace comenzó a lloriquear por su galleta.

Ohhh, ya veo- comentó el profesor Wallace sonriendo- bueno, no lo veo, claro; pero, sí lo entiendo. ¿Todo bien, niños?

Los tres pequeños asintieron.

Solo estamos comiendo galletas- comentó Teddy- ¿gusta una profesor Wallace? Bueno, son de Sev pero no creo que haya problema ¿verdad, Sev?

Sev se levantó para ofrecerle una galleta al profesor.

Muchas gracias, señor Snape- comentó Silver al tomar la galleta- ¿se siente mejor?

Sí, gracias… solo fue un ligero mareo- mintió el pequeño.

Por la cara del profesor Wallace los niños se dieron cuenta de que no le había creído a Sev. Diane también lo miraba confundida ¿marearse con un caldero que olía a chicle?

Señorita Wood, señor Lupin ¿les importaría si les robo al señor Snape por un momento?- sonreía el profesor Wallace.

No, no, ehhh está bien, creo- dijeron a coro ambos Griffindor.

Silver terminó su galleta.

Deliciosas, su madre hace muy buenas galletas, señor Snape- Silver se apoyo en el hombro de Sev- le importaría acompañarme al salón de clases, por favor. Wulff, pórtate bien, no quiero que pelees con otros niños.

El perro solamente bostezo perezosamente mientras Diane le rascaba la orejita.

Y una vez más estaban en los calabozos.

Sev se sentía algo nervioso ¿de qué quería hablar el profesor Wallace? ¿tendría que ver con la reunión que habían tenido con la directora McGonagald? ¡Oh no! ¿Y si habían llegado a la decisión de qué no podían permitirle seguir en Hogwarts por estar enfermo? No, no podían decirle eso, ¿cierto? ¿Y si su padre había pedido que lo regresaran a casa?

Sin poder evitarlo su corazón comenzó a latir muy rápido por el miedo.

Ehhh tranquilo- le llamó el profesor Wallace

Sev no se había dado cuenta de que el profesor había llegado hasta el frente de los pupitres mientras él solamente se había quedado de pie a la entrada del calabozo.

Tranquilo, señor Snape- sonreía el profesor Wallace- hasta acá puedo escucharlo

¿Escuchar qué, profesor?- preguntó Sev obligándose a tranquilizar su corazón.

Boom, boom, boom, boom, boom- repitió el profesor siguiendo el ritmo del corazón de Sev- estoy ciego pero tengo muy buen oído.

Sev estaba asombrado, ni siquiera los doctores sin sus estetoscopios podían escuchar el frenético latido de su corazón.

Como puede ver no hay nada que temer, señor Snape- el profesor tomó asiento del otro lado de su escritorio- por favor, siéntese.

Sev obedeció ¿qué quería el profesor Wallace?

Señor Snape, dicen que se enfrentó a veinte armaduras del colegio- comenzó Silver casualmente- ¿cómo las desarmó?

Sev se removió un poco en su asiento, por qué le preguntaban sobre las armaduras, ¿no se lo habían contado los otros profesores ó la directora McGonagald?

Ehhh, yo…- empezó dudando Sev.

Silver sonrió.

Cuando yo era alumno- continuó el profesor Wallace- tuve la osadía o la locura de hacerle frente a una sola armadura, recuerdo que tenía una maza gigante… No pude con ella, señor Snape y yo ya tenía quince años…

¿La enfrentó aun siendo ciego?- preguntó asombrado Sev.

Al momento el pequeño se dio cuenta de que había cometido una indiscreción.

No, señor Snape- continuó Silver sin molestarse para alivio de Sev- no siempre fui ciego, sabe, hubo un tiempo en el que vi el cielo, las estrellas, a mi madre, a las chicas, sobre todo a las chicas… pero, en fin, el punto es que no todos tenemos la misma habilidad en la magia, el mismo arrojo, la misma valentía, eso nos hace únicos…

¿A dónde quería llegar el profesor?

Madame Pince dijo que ha sacado varios libros sobre Historia de la Magia ¿tiene problemas en la asignatura del profesor Binns?- preguntó el profesor Wallace- no lo culparía es una materia aburridísima.

Oh no, no es para los deberes- contestó Sev.

No sabía que la bibliotecaria les comunicaría a los profesores o a la directora que estaba buscando material de historia en la biblioteca… ¡Pero, claro! Ella había estado presente cuando tuvo la primera decaída por leer esos libros era más que obvio que iba a contarle todo a Madame Pomfrey, a la directora McGonagald o a los profesores.

Ya veo, bueno, no veo- volvió a sonreír el profesor Wallace

"Ya veo, bueno, no veo" parecía ser la expresión favorita del profesor Wallace, ahora fue Sev el que sonrió al menos no parecía tener intención de regañarlo ó pedirle amablemente que dejara de buscar en la biblioteca.

Tengo un libro muy interesante de Historia de la Magia, señor Snape- el profesor se levantó de su asiento- si me permite será un honor prestárselo, tal vez le sea más interesante que los libros de texto del profesor Binns (al menos tiene más ilustraciones)

Sev quedó solo en el calabozo mirando los frascos de vidrio con cosas en su interior que no sabía qué eran, el lugar tenía algo que le gustaba y a la vez le daba miedo, era un lugar tan conocido como la palma de su mano y tan misterioso y desconocido como la selva Amazonas, estaba seguro que no lo estaba imaginando, no, había algo en ese lugar que parecía llamarle y a la vez tratar de alejarlo, su corazón latía muy rápido o despacio y tranquilo dependiendo que veían sus ojos, no dejaba de sentir como si hubiera alguien en ese lugar vigilándolo pero ¿quién? Y aun mejor ¿para qué?

¡Listo! ¡Aquí está!- apareció de pronto el profesor Wallace- disculpará la baba de perro pero Wulff disfruta de este tipo de lecturas.

Sev tomó el libro que el profesor Wallace le ofrecía, al momento lo abrió para empezar a hojearlo…

¡Es un libro en blanco!- exclamó sorprendido.

Por supuesto que es un libro en blanco- sonreía el profesor Wallace mirándolo sin mirarlo con sus ojos grises- ¿cómo podría leer un ciego? Adelante, pase unos días con él… estoy seguro que será de su agrado, le aseguro que las imágenes le encantaran…

Sev aceptó el libro, pensando que sería una descortesía el negarse al favor que le hacía el profesor aunque no entendía qué era lo que podría encontrar en un libro en blanco para ciegos ¿sería algo así como los libros Braille de los muggles?

Muchas gracias, profesor… Eh, yo, tengo que irme…- Sev dio un salto de su asiento.

Por supuesto, además la tarde está hermosa aunque no me sorprendería que lloviera en la noche- comentó el profesor Wallace- ahhh, señor Snape- le detuvo antes de que el pequeño saliera de los calabozos.

¿Sí, profesor?- se giro Sev.

-Señor Snape, ha sido un verdadero placer verlo-no-verlo de nuevo… Que tenga un buen día

-¡Argh!

El gruñido de Mathew se escuchó en toda la casa.

Sam estaba en su habitación jugando con tía Adeline cuando escucharon el gruñido proveniente de la cocina.

¿Math? ¿Estás bien?- preguntó Adeline elevando la voz para que su cuñado la escuchara.

¡Sí!- gritaron desde la cocina- ¿Puedes venir un momento?

Nena- sonreía Adeline a su sobrina- voy a ayudar a tu papi, creo que las zanahorias son más fuertes que él.

Jijijijiji- Sam dejó las tacitas de té en la alfombra- Sev haría magia.

Adeline asintió.

Sam había dejado de hablar como bebé desde hacía unos días, finalmente después de tantos intentos por parte de los especialistas, de la familia y los maestros de su escuela por fin hablaba como los demás niños de su edad y cuándo le preguntaban cómo lo había logrado ella solo decía "mi hermano hizo magia" así que la magia de su hermano había sido la confianza que Samantha necesitaba para lograr hablar correctamente.

¿Necesitas ayuda, Math?- preguntó Adeline bajando las escaleras- ¿Math?

Solo llegar a la cocina la doctora Moore encontró a Mathew buscando un paño entre los cajones, su mano izquierda estaba sangrando y solo podía utilizar la derecha.

Por todos los cielos, Math- Adeline se adelantó para ayudarle- ¿Qué te pasó?

La cocina no es tierra de hombres- bromeó mientras Adeline le envolvía la mano en un paño- Gracias, se me resbaló la zanahoria y terminé picándome con el cuchillo, no es nada serio.

¿Nada serio?- lo amonestó Adeline- manchaste el suelo. Ahora tendré que limpiarlo antes de que Sam lo vea.

Solo son unas gotas de sangre, no es nada… Pero si necesitaré tu ayuda para terminar la cena- confesó Math.

Descuida, yo me encargo- sonreía Adeline.

En menos de quince minutos el guiso ya estaba en el fuego atendido por Adeline mientras Math la observaba desde la mesa de la cocina.

Gracias por mandarle galletas a Sev- comentó Math.

De nada, fue un placer ¿Te lo contó Boron?- bromeó Adeline.

¿Boron? ¡Va! Ese pollo no me habla solo intenta picarme cada vez que me ve ¡Es un pollo ingrato, ni porque yo lo compré!- contestó el doctor Snape- no, me llegó una nota con el pollo de Sev pero no era su letra, era la de otro niño o bueno otra niña, la escribieron con tinta rosa, que yo sepa Sev no tiene plumas rosas; al parecer la escribieron rápido solo dice "Gracias por las galletas"

Adeline soltó una alegre risa.

Vaya, vaya, nuestro Sev tiene una a-mi-gui-ta…- decía entre risas la doctora Moore.

¿Una amiguita? ¿Y qué intenciones tiene esa señorita con nuestro Sev?- bromeaba ahora el doctor Snape- Debo hablar muy seriamente con sus padres al respecto…

Ambos adultos comenzaron a reír a carcajadas.

Conociéndote Snape irías a decirles a sus padres que su hija intenta "aprovecharse" de tu hijo- seguía riendo la doctora Moore.

De nuestro hijo- corrigió sin darse cuenta Mathew aun riendo.

De golpe las risas de la doctora Moore cesaron.

¿Adeline? ¿Qué paso?- preguntó Math que no entendía porque se había hecho el silencio de pronto.

No, nada, nada, en absoluto… La cena está lista ¿puedo ver la nota de la amiguita de Sev?- preguntó ella quitándose el delantal.

Sí, claro, está todavía en la bolsa de mi gabardina- respondió Math- ¿segura qué estás bien?

¡Qué hizo qué!- gritó Sev

Teddy una vez más se había sentado en la misma mesa de los Slytherin para cenar con Sev.

¡Shhhhhh! ¡Oye! ¡Si te cuento un secreto es para que no lo grites!- Teddy miraba para todos lados con el cabello tan rojo como un tomate.

¡Esa niña, no tenía derecho a utilizar mis pergaminos! ¡Romper mi pergamino!- gruñía Sev.

Ya te lo dije, Diane solo quería agradecer las galletas y cuando te fuiste con el profesor Wallace, bueno, yo pensé que era un detalle bonito para tu mamá- se disculpaba Teddy- no pensé que te molestaría tanto…

¡¿Bonito detalle?! ¡Boron le lleva todas las cartas a mi papá! ¡Sabes cómo se va a poner cuando vea que no es mi letra!- Sev se dejó caer en el banco- Diane está loca…

-¡No estoy loca, Snape!

Sev no pudo evitar dar un salto, Diane estaba de pie justo detrás de él ¡Y lo peor, había escuchado como la llamaba loca!

¡Tú tienes la culpa, Wood!- se giro Sev para enfrentarla- ¡No tenías derecho a romper mi pergamino!

¡Eres un gruñón de primera, Snape!- Diane se cruzó de brazos- ¡Todavía de que agradezco las galletas!

¡Nadie te invitó esas galletas en primer lugar!- volvió al ataque Sev

¡Grosero! ¡Tu mamá no sabe la clase de gruñón que eres!- Diane arrugó la nariz molesta.

¡Mi mamá no hizo las galletas para ti, Wood!- se estaba malhumorando más Sev.

Chicos, no peleen, van a hacer que los prefectos vengan a regañarnos- intervino Teddy intentando calmar la situación- los profesores ya nos están viendo ¿saben?

¡Qué nos vean!- Diane ya estaba enojada- ¡Snape, eres un tonto! ¿Qué te molesta un mugroso pergamino?

¡Me molesta que siempre te estás metiendo en mis cosas, Wood!- Sev no se iba a dejar ganar tan fácil.

¡Tonto! ¡Tonto y doble tonto!- continuó Diane- ¡Eres… eres…! ¡Argh! ¡ERES TAN ENOJÓN COMO UN ADULTO EN PEQUEÑO!¡ERES UN TROLL!

Diane se dio la vuelta enfurecida sin esperar a escuchar la respuesta de Sev, aunque estuviera enojada con Emily era mejor estar con ella en la mesa Griffindor que con el tonto de Snape.

¡Ya ves lo que hiciste!- ahora fue Teddy el que salió a la defensa de Diane.

¡¿Yo?!- Sev no podía creer lo rápido que había pasado de agredido a agresor- ¡Fue ella la que empezó todo!

No tenías motivo para enojarte con ella- continuó Teddy.

¡Ahora estás de su lado! ¡Claro, tenían que ser Griffindor los dos!- continuó Sev sin darse cuenta de que ahora era grosero con Teddy.

¡Ey! ¿Qué tiene que ver que sea Griffindor o no? ¿Somos amigos, recuerdas?- Teddy comenzaba a molestarse- Además si lo has olvidado Slytherin, he estado contigo cuando me has necesitado.

Ahora fue Teddy el que se levantó de la mesa Slytherin.

Sabes, Snape. Diane tiene razón, hay veces en la que eres tan enojón y gruñón como un adulto en miniatura- Teddy tomó su plato aun con sopa y se fue con los demás leones a su propia mesa.

Sev bufó molesto ¡Ahora hasta Teddy estaba enojado con él! ¡Qué tontería!

-¡Auch!

Sev se dobló momentáneamente de dolor, una vez más ese doloroso aguijonazo en el pecho. Cuando volvió a erguirse ya lo estaban viendo todos los chicos Slytherin que estaban en la mesa. Molesto y poniendo cara de pocos amigos él también se levantó de la mesa tomando el libro que el profesor Wallace le había prestado, ya no tenía hambre.

Estúpidos Griffindor, estúpida Diane Wood…- gruñía Sev mientras abandonaba el gran Comedor- estúpido Ted Lupin…

Fue como si alguien le hubiera dado una bofetada que lo hizo perder el equilibrio, un momento estaba caminando fuera del Gran Comedor al siguiente estaba en el suelo ¿qué fue eso? Se preguntó aun de cara al suelo.

- ¡Sev!

Al momento Teddy estaba a su lado, el enfado del pequeño Lupin había desaparecido tan rápido como había llegado, solo ver que Sev salía del comedor fue alcanzarlo para disculparse pero antes de poder alcanzarlo había visto como su amigo perdía el equilibrio y caía al suelo.

¿Estás bien?- preguntó Teddy.

Sí… creo…- musitó Sev mientras su amigo le ayudaba a levantarse.

¿Qué te paso?- Teddy le levantó el libro del suelo.

No lo sé, solo… fue… no lo sé…- Sev se apoyo contra la pared ocultando el rostro entre sus manos- no sé qué pasa… no sé qué me pasa…

Tranquilo- trató de sonreír Teddy- ya ves por ser tan gruñón… yo creo que eso no le hace nada bien a tu corazón…

Sev separó sus manos de su rostro.

¿Qué dijiste?- preguntó Sev con los ojos muy abiertos.

¿Que no le hace bien a tu corazón que seas gruñón?- repitió sin entender Teddy

¡Lupin, eres un genio!- exclamó Sev.

¿Lo soy? Digo, lo soy pero ¿por qué lo soy?- Teddy se rascaba su cabellera azul marino.

Continuara…