Mente rota, alma quebrada

Una verdad celosamente oculta sale a la luz

Cuando llegaron con Severus al pueblo, los chicos notaron que parecía haber más gente y movimiento que la semana previa. Neville le dirigió una mirada inquieta, Harry lo tranquilizó con una sonrisa.

Severus los llevó a un café que no era el mismo al que habían ido con Remus la semana anterior. Severus les aseguró que ése era el mejor de todos.

—¿Qué es lo que piensan hacer? —inquirió Severus cuando ya estaban sentados.

—No sé. —dijo Harry encogiéndose de hombros al tiempo que bebía un sorbo de su té— Creo que no tenemos que hacer más compras. —agregó con una mirada interrogadora hacia Neville.

—No, a menos que el profesor Snape necesite comprar algo. —respondió Neville sirviéndose una galletita.

—Yo nunca compraría nada en este pueblo de muggles. —declaró Severus con arrogancia.

—Podríamos ir al parque. —propuso Harry sonriéndole. En realidad Severus no estaba ni la mitad de fastidiado que quería dejar ver. Por el contrario, Harry podía percibir que estaba más bien contento.

—A mí me parece bien. —dijo Neville.

Severus llamó a la camarera, pagó y se puso de pie. —Está bien, síganme. —les indicó.

En el parque había un mundo de gente. Un grupo de chicos más o menos de la misma edad de ellos estaban jugando al vóley en una cancha improvisada, una soga hacía las veces de red.

—¿Podemos ir a preguntarles si nos dejan jugar con ellos? —pidió Harry.

—Pueden. —autorizó Severus y acompañó el permiso con un breve gesto de la cabeza.

Harry agarró a Neville de la mano y se lo llevó casi a la rastra. Severus por su parte fue a sentarse en un banco a la sombra. Desde allí iba a poder controlarlos. Había una señora leyendo el diario sentada en el mismo banco. La mujer lo saludó con amabilidad y le ofreció una sección del periódico. Severus aceptó y se lo agradeció.

oOo

Neville se había dejado llevar con mucha reticencia. Sabía que no era bueno para los deportes y no quería que terminaran burlándose de él.

Los chicos que jugaban los aceptaron de inmediato y les explicaron las reglas que no eran muchas ni difíciles por suerte. Neville al principio trataba de casi no tocar la pelota pero cuando venía en su dirección no le quedaba más remedio. Enseguida se dio cuenta de que no lo estaba haciendo tan mal, todas las horas de práctica física durante esas semanas le habían otorgado más agilidad y resistencia. Empezó a sentirse mucho más seguro y puso más el alma en el juego.

oOo

Habían estado jugando durante casi dos horas cuando Harry repentinamente salió del campo de juego. Severus que hacía rato había terminado de leer el diario, los había estado observando y de inmediato se dio cuenta de que había algo que no estaba bien. Se puso de pie y corrió a auxiliarlo. Harry no estaba bien, los ojos parecían desorbitados, estaba rígido, hiperventilaba y tenía el pulso desatado. Se agarró de Severus, pero así y todo cayó de rodillas al suelo.

Severus siseó disgustado y de inmediato le rodeó la mente con sus propios escudos de Oclumencia. Harry se distendió de inmediato y la respiración se le mejoró ostensiblemente. Severus lo alzó en brazos y lo llevó hasta al banco. Le sondeó suavemente la mente. Los escudos de Harry se habían desplomado por completo y había sido abrumado por todas las emociones que en el campo de juego habían sido muchas, demasiadas para tolerarlas todas juntas. Severus lo ayudó a volviera levantar sus escudos. Neville se les acercó, se había despedido de los chicos y había venido a ver qué le pasaba a Harry.

—¿Te sentís mejor? —preguntó Severus.

—Sí, mucho mejor… —respondió con voz débil— Las barreras… desaparecieron de repente… sin ninguna advertencia… de pronto me sentí perdido… no sabía donde estaba y un dolor agudísimo me explotó en la cabeza. Ahora ya no me duele.

—Descansá un rato más y después volveremos a casa.

—Pero, Neville… quizá quiera seguir jugando, me consta que se estaba divirtiendo mucho.

—Así es, Harry. —dijo Neville— Pero por hoy es suficiente… ya habrá otra oportunidad de repetir la experiencia.

Esperaron una media hora sentados en el banco y cuando expresó que ya se encontraba bien, emprendieron el regreso.

oOo

Severus estaba muy preocupado, no alcanzaba a entender del todo lo que había pasado horas antes en el pueblo. ¿Por qué no había salido a socorrerlo alguno de sus alter cuando Harry había empezado a sentirse abrumado? No era concebible que ni Gabriel ni Silas hubieran dejado deliberadamente que la condición de Harry se deteriorara hasta tal punto.

Omi apareció con un pop en el estudio. —La cena estará lista dentro de veinte minutos, amo.

—Andá a avisarles a los chicos para que se vayan preparando.

—Sí, señor.

Severus se reclinó contra el respaldo de la silla y se cubrió los ojos con las manos. Había un dato clave que se le estaba escapando… ¿qué era? Sabía que había algo que faltaba, algo fundamental que desconocía y eso lo irritaba sobremanera. Trató de relajarse y empezó a repasar analíticamente varios recuerdos de cosas que habían ocurrido en las últimas semanas.

Volvió a ver imágenes de Gabriel saliendo a defender a Silas con uñas y dientes cuando Severus había forzado una confrontación con el Slytherin. Gabriel había salido en dos oportunidades a defender a Silas.

Era clara la posición dominante de Silas por encima de los otros alter. Podía forzar a un alter a salir o podía retenerlo según su parecer.

Severus recordó también la oportunidad en que le había preguntado a Silas si lo molestaba saber que en el futuro iba a tener que integrarse con Harry. Silas había contestado ambiguo y sin comprometerse: "Sí y no."

Era Silas el que había terminado absorbiendo el daño psicológico que había dejado Kitten. ¿Cómo era posible si era Harry el que la había integrado? Si alguno hubiese querido quitarle una carga de ese tipo a Harry, el mejor candidato para hacer algo así hubiese sido Gabriel.

Harry le hacía mucho caso a Silas. Recurría a Silas con asiduidad para obtener respuestas y consejo. Severus sabía que Harry había querido decirle desde el principio que podía oír a sus alter en su cabeza, pero que se había callado porque Silas así se lo había indicado. Eso era raro… sin lugar a dudas. Se suponía que fuera Silas el que cediera ante los deseos de Harry… y no al revés.

¡Eso era! La revelación repentina lo había sacudido como un relámpago. Empezó a sentir un nudo de miedo en el estómago al comprender finalmente esa cosa indefinida que había venido perturbándolo todos esos días. Silas… Silas tenía más poder que cualquiera de los otros alter… los otros giraban en torno a él, como los planetas alrededor del Sol… Harry también, quizá incluso más que los otros…

Si sus sospechas se confirmaban, no auguraban nada bueno… pero era su obligación confirmarlas… averiguaría todo después de la cena.

oOo

—Te vez estupendo, Nev. —le dijo Harry sonriéndole.

Neville se miró el atuendo y le sonrió a su vez. Aceptó el cumplido pero no se ruborizó. —Gracias, me siento muy bien.

—¿Se permite preguntar? —dijo Harry gratamente sorprendido, pero un poco desconcertado también.

—Es difícil de explicar. —dijo Neville tomando asiento a la mesa— Creo que empecé a ver ciertas cosas de manera distinta.

—Bueno… lo que sea que te haya hecho cambiar la perspectiva, me alegra que ocurriera. —declaró Harry contento. Neville rió.

Severus entró en ese momento al comedor y fue a ocupar su lugar habitual. Omi apareció con la cena y empezó a servir.

—Gracias por llevarnos hoy al pueblo. Nos divertimos mucho. —dijo Harry.

—Sí, muchas gracias. —lo secundó Neville.

—No tienen por qué darlas. —dijo Severus con un breve gesto.

—¿Te parece que voy a llegar alguna vez a dominar lo suficiente la Oclumencia para que esos ataques no se repitan?

—Sin dudas. Sólo has estado practicando poco más de tres semanas. Date tiempo.

—Yo vengo estudiando Meditación durante más tiempo que vos y todavía me cuesta un montón. —apuntó Neville.

Siguieron conversando sobre el juego en el parque. Neville dijo que quizá había sido eso lo que lo había hecho sentir tan bien, lo había hecho sentir seguro porque no le había ido tan mal a pesar de que era la primera vez que jugaba. Estuvieron sopesando la posibilidad de introducir el juego en Hogwarts. Neville opinaba que iba a ser difícil conseguir adeptos puesto que todos estaban tan interesados por el quidditch.

Severus los escuchó charlar prestando atención sólo a medias, sus pensamientos derivaban hacia la sesión que pensaba exigir después de comer.

oOo

—Severus, ¿está todo bien? —preguntó Harry cuando se encaminaban a la salita. Severus le había dicho a Harry que lo acompañara y a Neville le había indicado que se retirara a su habitación.

—Tengo algunas preguntas que debo plantearle a Silas. —respondió Severus indicándole que tomara asiento en el sillón habitual.

Harry obedeció y lo miró con preocupación. —¿Pasa algo?

—Sólo tengo que hacerle unas preguntas. —respondió Severus al tiempo que cerraba la puerta y la aseguraba con magia. Luego fue a sentarse frente a Harry en la silla de costumbre.

—¿Silas se ha metido en líos, señor?

—¿Por qué preguntás?

El rostro de Harry perdió toda expresión durante un segundo, luego salió Gabriel que apretó de inmediato los labios hasta que se transformaron en una fina línea. —¿Qué está tramando, Snape? —demandó— ¿Qué es lo que quiere ahora?

Severus no sabía bien que decir. Se quedó mirándolo en silencio preguntándose qué sería lo que seguramente estarían debatiendo internamente. A Severus no le gustaba que le mintieran, pero lo que más aborrecía era que lo manipularan, y si sus sospechas resultaban ciertas, justamente era eso lo que Silas había estado haciendo con él desde hacía más de un año cuando le había mandado aquella nota.

—Bueno, muchas gracias por la chispeante conversación. Tendremos que repetirla en alguna otra ocasión… —dijo Gabriel con sorna poniéndose de pie, pero antes de que pudiera darse vuelta para enfilar hacia la puerta, Severus lo hizo detener.

—¿Te estás escapando, Gabriel? Eso sí que es sorprendente. ¿Debería empezar a preocuparme por lo que realmente está pasando?

—No me estoy escapando, Snape. —replicó Gabriel taladrándolo con la mirada— Y soy yo el que se está preguntando qué es lo que pasando. ¿Para qué nos trajo acá? ¿Qué es lo que quiere?

—¿Por qué no saliste hoy cuando Harry se vio abrumado por la vorágine de emociones que lo rodeaban? ¿No te importó que pudiera caer desmayado en medio del parque? —dijo Severus frunciendo el ceño pero escrutándolo atentamente con la mirada.

—Ud. estaba allí y fue a auxiliarlo de inmediato. Ud. siempre nos recomendó que nunca interfiriéramos durante las sesiones de terapia. Consideré que el paseo era parte de la terapia. Habría intervenido si las cosas se hubieran escapado de su control. —argumentó Gabriel con tono seguro. Pero la postura delataba la preocupación que sentía. Estaba tratando de ocultarle algo.

—Ya veo. —dijo Severus y se permitió una pequeña sonrisa, helada sonrisa eso sí— Me complace saber que tenés fe en mi habilidad para cuidar a Harry. Voy a tenerlo en cuenta para el futuro.

—No tiene nada que ver con protegerlo en general. —le espetó Gabriel con brusquedad— Pensé que tratándose de un problema con los escudos era Ud. el más indicado para auxiliarlo dado que es Ud. el que se los está enseñando.

—¿Dónde está Silas? —preguntó Severus con voz muy suave.

—¿Dónde cree Ud.? ¿Llegamos a la hora de las preguntas tontas, Snape?

Snape se quedó mirándolo en silencio. Gabriel había contestado con hosquedad y agresivo pero también había retrocedido un paso al oír la pregunta. Severus lo estaba empujando a un territorio en el que Gabriel no quería aventurarse. No convenía que lo siguiera presionando en la misma dirección o el Gryffindor explotaría. Tendría que probar una vía lateral. —Le había dicho a Silas que era preciso que tuviéramos sesiones de terapia dos veces por semana. Ya han pasado diez días desde la última sesión. Me he mostrado tolerante. Pero no voy a seguir esperando indefinidamente a que se decida a venir a mí.

—Esto lo podemos dejar para mañana, entonces. —dijo Gabriel revoleando los ojos— Harry ha tenido un día muy agitado. Todos deberíamos irnos a dormir.

—La puerta permanecerá cerrada hasta que yo lo decida. —dijo Severus poniéndose de pie— Yo no quiero pelear con vos, Gabriel. Vos confiás en mí para proteger a Harry. Lo dijiste hace un momento. Y también te mostraste de acuerdo conmigo en que Silas no debe esconderse y escapar de su trauma. ¿A qué se debe entonces esta actitud beligerante?

Gabriel cruzó los brazos sobre el pecho y adoptó una instancia de inminente ataque. Había afirmado los pies y se había inclinado ligeramente hacia delante. De repente, su expresión cambió a una de sorpresa y un segundo después se encogió de hombros y descruzó los brazos. —No lo presione, Snape. Se lo estoy advirtiendo muy en serio. —dijo amenazador.

Severus acusó recibo con un breve gesto de asentimiento. Y fue entonces que salió Silas. —Creo recordar que lo último que te había dicho fue que me dejaras de joder. —dijo Silas con una sonrisa— Me resulta difícil creer que quedaras convencido de que iba a volver para otra de tus sesiones.

Silas había adoptado de inmediato una de sus típicas poses lánguidas. Pero Severus notó que los hombros estaban algo cargados y que los ojos verdes se veían oscurecidos y faltos de brillo. Lucía muy cansado… la preocupación de Severus escaló a un nivel más alto. —Yo estaba convencido de que las sesiones eran una necesidad imperativa, te gustara o no. —dijo con tono muy medido al tiempo que le indicaba el sillón con un gesto de la mano.

Silas se quedó mirando el asiento durante un largo minuto, tratando de decidir cuál sería la mejor movida. Finalmente decidió sentarse. Quedarse de pie hubiera sido una ubicación defensiva, como indicando que tenía algo que ocultar. Y si bien él tenía mucho que ocultar, ése no era el punto. El punto era convencer a Snape de que él no tenía nada que ocultar. Obviamente sus sospechas habían escalado de repente por alguna razón, pero Silas creía que podía responder a cualquier pregunta y dejarlo conforme. El único problema era que no podía pensar del todo claramente…

Parpadeó un par de veces y miró a Snape que lo observaba con ojos penetrantes. El silencio se prolongó un minuto al cabo del cual el profesor hizo la primera movida.

—¿Por qué permitiste que Harry llegara al punto del colapso hoy?

Silas parpadeó lentamente y demoró un momento en responder. —No estaba herido. —dijo para ganar tiempo. En realidad no sabía de qué le estaba hablando Snape.

Fue más o menos diez minutos después de que vos mismo te desplomaste, le informó Gabriel muy serio. Creo que tu repentina pérdida de consciencia socavó los escudos de Oclumencia de Harry, que empezaron a desmoronarse. Pero Harry estaba muy entretenido en el juego y no se dio cuenta de lo que estaba pasando. Para cuando lo notó ya era tarde y estaba hundido en el pantano de emociones que lo rodeaban. Logró salir a un costado pero ahí fue cuando sus piernas cedieron. Snape vino enseguida, lo sostuvo y lo rodeó con escudos. Fue un susto pero sin consecuencias graves.

¿Y vos por qué no hiciste nada?, demandó Silas con frialdad.

Yo tampoco me di cuenta de lo que pasaba hasta que fue demasiado tarde, explicó Gabriel. En ese momento estaba ocupado llevándote a vos a tu cuarto. Cuando regresé Harry ya estaba apabullado. Traté de salir pero no pude, su mente era un caos. Y de poco habría servido porque Snape ya lo estaba asistiendo con sus escudos.

—Ése no es el punto. —dijo Severus enfático— Vos habitualmente estás alerta y actuás sin demora ante cualquier irregularidad.

¡No hacía falta que perdieras tiempo acostándome y arropándome!, le recriminó Silas enojado.

¡No me eches a mí la culpa de esto!, le gritó Gabriel el doble de enojado. ¡Hace rato que vengo insistiendo en que tenés que dormir más! ¡No habías dormido durante días! ¿Qué es lo que te tiene tan preocupado, Sy? Yo creía que confiabas en mí. ¿Por qué no me dejás que te ayude con lo que sea que te tiene tan alterado al punto de no dejarte dormir ni siquiera por unas horas?

Ahora no es el momento, Gabe, dijo Silas con tono exhausto. Era la primera vez que usaba el sobrenombre. Gabriel debió de haber quedado pasmado al oírlo puesto que se calló por el momento.

—También es cierto que no actúo excepto que sea necesario. —respondió Silas en voz alta— Y no hacía falta que interviniera. Me sorprende que estés tan fastidiado porque no hicimos nada. Hasta ahora suponía que querías favorecer la independencia de Harry.

Snape sacudió la cabeza. —Yo trato de favorecer la curación. Y si existe un problema interno debe ser considerado y tratado apropiadamente.

—Obviamente que existe un problema interno. —dijo Silas desdeñoso— De lo contrario no estaríamos acá.

—Basta de enturbiar las aguas y de esquivar la cuestión central. —decidió Snape— Hasta el momento tuve reparos en plantear mis sospechas en voz alta y claramente, pero ahora estoy seguro de que lo que sospechaba es cierto.

Severus relajó la postura y su voz sonó desprovista de toda arista incisiva. —Vos sos la personalidad nuclear, no Harry.

La expresión de Silas permaneció impasible. —Harry es el anfitrión.

—Y yo no dije que no lo fuera. —dijo Severus y suspiró— No sé qué te llevó a hacerlo, pero vos delegaste la responsabilidad de anfitrión y la función de control en tu alter. Pero eso no cambia el hecho de que sos vos la personalidad nuclear.

Silas desvió la mirada y no dijo nada. Gabriel se dio cuenta de que con eso confirmaba lo que acababa de revelar Snape. ¡¿Cómo?!, exclamó atónito. ¿¡De qué está hablando!? ¡¿Qué fue lo que quiso decir?!

—¿Nada de lo que te dije la última vez te afectó siquiera un poco, Silas? Te estoy pidiendo que me dejes ayudarte.

¿Sy?, lo presionó Gabriel. La cosa era demasiado seria, demandaba respuestas, no iba a ceder hasta obtenerlas.

—Está bien… —dijo Silas apretando los dientes. Volvió a mirar a Snape a los ojos. —Es cierto. Pero no veo qué importancia pueda tener.

—Y yo no puedo entender que no la tenga. —replicó Snape con voz neutra— Ni siquiera estoy seguro del sinfín de consecuencias que puede acarrear lo que has hecho… ¿Podés explicarme por qué lo hiciste?

Silas suspiró. No estaba en la mejor condición para hablar de nada, mucho menos de algo como eso. Se sentía exhausto. Y había sido totalmente sincero cuando había dicho que no consideraba que fuera importante. Gabriel, naturalmente, no estaba de acuerdo y estaba atosigándolo exigiendo una explicación. De repente ya no le importó que Snape estuviera delante, se inclinó, apoyó los codos sobre las rodillas y se cubrió la cara con las manos.

—Sólo voy a explicar esto una vez. Y perdoname si repito muchas cosas que ya sabés. Pero el Gryffindor tarado no tiene muchas luces, necesita que le expliquen todo muy detalladamente.

Severus no dijo nada, lo preocupaba sobremanera la postura quebrada que había adoptado Silas. Y a él también le iba a venir bien una recapitulación minuciosa, en ese momento no sabía muy bien dónde estaba parado.

—Crecer con los Dursley no provee un entorno propicio para que un chico cultive su ingenuidad y dulzura. No se ocupaban en absoluto de mí, no me alimentaban bien, dormía y pasaba varias horas encerrado en un armario… en la escuela, Dudley y otros chicos que él incitaba me pegaban… mi primo también me obligaba a que le hiciera todos los deberes… y todos los elogios y el amor eran para él aunque era caprichoso y se portaba pésimo… y a mí me castigaban a diario injustamente a pesar de que hacía todo bien. Yo abrigaba secretas esperanzas y fantasías. No me costaba presumir que los Dursley eran mentirosos y que mis padres no estaban muertos, pero que por alguna razón no podían venir… pero algún día, algún día vendrían a buscarme, amarrarían a los Dursley y harían explotar la casa con ellos dentro y luego los tres juntos marcharíamos juntos bañados por la luz dorada del ocaso a vivir felices a algún lugar maravilloso rodeados de amor y dicha por siempre jamás. Pero ésa era una fantasía que guardaba muy hondo dentro de mí, ni siquiera me daba el gusto de revisitarla muy seguido, por supuesto que jamás se la confié a nadie. La mayor parte del tiempo fui creciendo cínico y amargo, amparándome en mi astucia. Tenía que conformarme con sobrevivir hasta que llegara el día que pudiera manejarme con independencia. La opresión constante podría haberme transformado en iracundo y violento de no haber sido por Demon, el odio y la rabia las canalizaba hacia él y él los absorbía. Podría decirse que eso me ayudó a mantenerme cuerdo, pero al mismo tiempo me volví más frío aun… los arranques de enojo pueden ser purificadores y yo no contaba con esa válvula de escape.

Yo sigo sin entender, dijo Gabriel.

—Permítanme contarles cómo fue que recibí la carta de Hogwarts, tiene mucho que ver con la creación de mi nuevo alter, Harry. Quizá eso aclare un poco las cosas. —dijo Silas riendo amargamente al tiempo que enderezaba la postura. Severus permaneció en silencio y observándolo atentamente.

—Yo estaba en el armario, como era habitual. Tía Petunia estaba ocupada en la cocina y Dudley estaba mirando televisión en la sala. Abrí un poco la puerta para que entrara más luz y saqué mi colección de doce soldaditos, casi todos estaban rotos pero eso no me importaba.

Silas les proyectó a Gabriel y a Snape el recuerdo del combate. Estudió la superficie del terreno ondulante de colinas teniendo en cuenta los datos que le habían aportado sus exploradores. El enemigo contaba con siete hombres desplegados en semicírculo enfrentando a sus tropas. Iba a ser difícil pero confiaba en sus dotes estratégicas para llevarlos al otro lado superando el obstáculo. Les ordenó a dos de sus hombres, los más ágiles y con mejores recursos para defenderse, que se adelantaran y que actuaran como carnada. El avance inesperado desorganizó las filas enemigas, avanzó entonces y pudo atarlos por la espalda. Harry alzó los brazos triunfante… ¡Victoria!

—Muy Slytherin, ¿no les parece? Sigilo y astucia puestos en juego magistralmente para superar a un enemigo más poderoso. —se permitió una sutil y breve sonrisa— Pero retomemos el relato… Tía Petunia oyó cuando el cartero dejó caer el correo por la ranura. Yo cerré la puerta de inmediato. Poco después oí los gritos exultantes de ella porque Dudley había sacado un seis en la escuela de verano… y como premio prometió comprarle lo que quisiera.

Silas hizo una breve pausa y prosiguió.

Lo que hay que tener en cuenta es que yo le hacía todos los deberes a Dudley. A mí no me molestaba, era mejor eso que estar encerrado en el armario y eran un poco más difíciles que mis deberes. Yo era excelente en la escuela y los maestros empezaron a considerar pasarme a un grado superior. Yo no quería estar en la misma clase de Dudley así que empecé a propósito a contestar equivocadamente en clase y a poner cosas erróneas en los deberes. Y tampoco me convenía tener un rendimiento mejor que Dudley, conociendo a mis tíos no me cabía duda de que también me castigarían por eso.

Hizo otra pausa y rió. —¿Se dan cuenta de con cuánta astucia me manejaba a pesar de mi corta edad? Prosigo: El día siguiente era domingo, los domingos no reparten el correo. Pero fue cuando llegó mi carta de Hogwarts. Tío Vernon me gritó que le llevara lo que fuera que habían deslizado por la ranura, pero yo tiré el sobre en mi armario y fui y le dije que no había encontrado nada. Sabía perfectamente que me la iban a quitar aunque viniera dirigida a mí. La siguiente cosa que recuerdo es que estaba de nuevo en el armario, seguramente hubo un intervalo que había sido cubierto por Boy o Rose. Cuando estaba por sacar la carta del sobre, Dudley abrió la puerta del armario y me descubrió. Sé que forcejeamos, él quería quitármela. Pero no recuerdo nada de lo que pasó después ese día. En los días subsiguientes llegaron muchísimas más cartas, a mi me tenían encerrado todo el tiempo. Riadas de sobres afluían constantemente y un enjambre de lechuzas rodeaba la casa, tío Vernon finalmente explotó y nos llevó a una cabaña desvencijada ubicada en una islita alejada de la costa. Esa noche vino Hagrid y me dijo que era mi cumpleaños, hasta ese momento yo no sabía qué día cumplía años. Me regaló una torta también. Pero lo más importante fue que me contó la verdad sobre mi pasado y sobre el mundo mágico aunque no abundó en demasiados detalles. Al día siguiente me llevó a Diagon, yo hice todo lo posible para pasar inadvertido pero absorbía toda la información posible con avidez, era un mundo totalmente nuevo del que yo no sabía prácticamente nada. La cosa dejó de maravillarme tanto cuando alguien reconoció la cicatriz, la gente empezó a reaccionar raro cuando me veía. Yo no sabía por qué pero sabía que no podía ser nada bueno. Iba a tener que manejarme con muchísimo cuidado.

Silas les proyectó entonces recuerdos de ese día en Diagon: Gringotts, la conversación con Malfoy en la tienda de madame Malkin, la compra de la varita en Ollivander's.

—Le presté particular atención al asunto de las Casas. Me enteré de que Voldemort había sido Slytherin y que él había asesinado a mis padres… y que casi todos los magos malos había salido de Slytherin. Pero cuando Ron me describió las características de las Casas, me di cuenta de que yo correspondía en Slytherin y me empecé a preocupar mucho más. Toda mi vida me habían provocado y humillado, no quería que me metieran en una Casa llena de chicos malos… y yo tampoco quería volverme malo. Me defendería si me atacaban, eso sí. Pero si me dejaban tranquilo y no me jodían estaba dispuesto a ser el más bueno de todos. Estaba además la cuestión de que yo era El Niño Que Sobrevivió. No sabía bien del todo qué implicaba, pero sí que era algo importante y que todos esperaban cosas de mí. Y yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de que no me trataran mal. Me gustó la forma en que me habló Ron en el tren, como si ya fuera mi amigo y no quería perderlo. Y tenía miedo de que, si decepcionaba a todos, me echaran de Hogwarts y me mandaran de vuelta con los Dursley. Así que empecé a tramar un plan para no terminar asignado en Slytherin. Comencé copiando a Ron e insulté a Malfoy, Slytherin como el que más aunque todavía no hubiese sido seleccionado. Pero cuando me pusieron el Sombrero, supe que no lo iba a poder engañar, me iba a poner en Slytherin… me inundó el miedo como nunca antes en mi vida. Me escapé y dejé en mi lugar una parte de mí, la más inocente y la más valiente.

Silas hizo una pausa, respiró hondo un par de veces y continuó.

—Al retraerme al interior tomé consciencia de los otros alter y de que una nueva personalidad acababa de crearse a partir de los atributos que yo había dejado atrás… pero que yo seguía siendo… por ponerlo de algún modo… central… dominante. Harry quedó adelante, en control aparente. Nosotros visualizamos el interior como una habitación común con puertas hacia las habitaciones de cada uno de los alter. Pero en realidad la sala común es la habitación de Harry, nuestro anfitrión. Yo delegué esa función en él. Por eso su habitación es distinta de las otras. Él fue creado para alojarnos a todos. Harry es neutral, puro e inocente y no centrado en sí mismo. La habitación de Harry está abierta a todos y él está allí para todos nosotros. Su imagen nos mantiene seguros y protegidos en el mundo mágico.

¡Merlín!, exclamó Gabriel sin poder creer que todo eso pudiera ser cierto. Pero entonces, ¿por qué yo siento un impulso tan intenso de proteger a Harry?

—Gabriel quiere saber por qué defiende a Harry con tanta pasión y seguramente vos estarás preguntándote por qué yo lo defiendo de igual modo… —Silas se frotó la cara con las manos— …es complicado. Harry no es un actor ni un fantoche. Es una parte real de mí. Era la parte más hondamente oculta dentro de mí, mi inocencia. Y por supuesto es algo que quiero proteger. Es natural que uno quiera proteger su corazón. Yo puse el mío en riesgo porque era preciso pero de ningún modo quiero que resulte dañado. Harry es la parte más vulnerable de mí. Protegerlo es algo reflejo e instintivo. En cuanto a Gabriel… él nació de Harry, aunque fui yo el que inició el proceso de separación. En esa instancia Harry estaba sufriendo y a punto de desmoronarse, yo no podía permitirlo, mi intención era absorber parte él, la parte temeraria que estaba creando el conflicto… pero Harry se me adelantó, creó y liberó a un nuevo alter. Así fue cómo nació Gabriel.

—Y Gabriel está siempre alerta y presto a defenderte. —señaló Snape.

—Es cierto— reconoció Silas con un esbozo de sonrisa— Y nada hay de sorprendente en que sea así.

Humph…, bufó Gabriel.

—¿Cómo es posible que Harry pueda absorber a otros alter? —preguntó Snape.

—Él es el anfitrión y en esencia es mi igual. Tiene todas las habilidades que tengo yo, si bien dado que yo soy la personalidad nuclear, soy yo el que tiene la última palabra. Harry puede crear alter, Gabriel y Kit, y puede reasimilarlos, Kit y Rose. Por eso cuando yo digo que realmente no importa, lo estoy diciendo en serio. No tiene importancia quién es el núcleo y quién el anfitrión. Es indiferente. Esencialmente somos la misma persona.

—Cierto en parte, pero no respecto al tratamiento. —argumentó Severus frunciendo el ceño— Deberías haberme dicho todo esto desde el principio.

¡Eso, eso!, gruñó Gabriel expresando su acuerdo con Snape.

—No cambia nada respecto de la terapia de Harry. —replicó Silas— Vos te mostrate de acuerdo en que fuera yo el manejara el asunto de Kit. Y Boy tiene que ser tratado aparte. Vos te ocupás de Harry y de Boy. Yo me ocupo de mí. Nada cambia.

—Pero estás dejando de lado el hecho fundamental de que vos no estás dispuesto a integrarte con tus otras personalidades. Y eso es un gran obstáculo para la curación, ¿no te parece? —dijo Snape desdeñoso.

—Mirá, yo soy consciente de que lo mejor sería volver a ser una unidad íntegra y completa, pero por el momento no es posible ni aconsejable.

Silas se puso de pie caminó hasta una de las paredes, metió las manos en los bolsillos y se apoyó. —No es posible integrar a Boy, Boy es demente y no hay certeza de que algún día pueda rehabilitarse. Tampoco es aconsejable que me integre con Harry. Nuestra posición en Hogwarts y en el mundo mágico es muy inestable. ¿Qué pasaría si repentinamente cambiara el modo de comportarse? Y en cuanto a Gabriel, también es desaconsejable que nos integremos él y yo, interferiría seriamente con mis funciones reguladoras.

—¿Se te ha ocurrido pensar que la separación de tu… inocencia… como vos la llamás… te hace mucho más proclive a te encamines por el rumbo que te llevará a la perdición… yo ya te lo había advertido, Silas… ¡Es preciso que te integres con Harry!

Silas ya estaba harto de todo eso. Sus ojos ya no lucían cansados, sino duros y fríos. —No me importa, Snape. No sé cuánto más claro querés que te lo ponga. No me importa lo que vos pienses que es mejor para mí. Vos sos sólo uno más de mis profesores. Y si bien reconozco toda la ayuda que nos has prestado y seguís prestándonos, el papel que podés llegar a jugar en nuestra vida tiene sus límites. No tengo inconveniente en que sigas trabajando con Harry y con Boy, pero yo no voy a hacer terapia con vos. Es una decisión definitiva e irrenunciable, mi decisión. Y si vos no podés aceptar eso entonces creo que llegó el momento de que nos vayamos.

Severus se dio cuenta de que había dado un paso en falso. Lo había acorralado, algo que Silas no estaba dispuesto a tolerar. Y era una suerte que Silas hubiese reaccionado tan contenido, quizá porque estaba exhausto. La estrategia que había adoptado era equivocada, tendría que pensar mucho y desplegar otra. Ahora contaba con más información, que todavía no había analizado detenidamente.

Lo más sensato era ceder por el momento. Asintió con un breve gesto y canceló los encantamientos que bloqueaban la puerta.

oOo

Silas entró en la habitación y acerrojó mágicamente la puerta. Lamentaba haberle contado tanto a Snape pero no había tenido otra opción, necesitaba sacárselo de encima. Lo habría tenido respirándole en el cuello constantemente y no podía permitir una distracción de ese tipo cuando tenía tantas cosas entre manos que requerían mucha atención.

Y Gabriel lo habría atosigado igual o más, así que era mejor que él también se hubiera enterado. Probablemente, si no hubiera estado tan cansado le habría soltado una sarta de embustes a Snape y luego le habría dicho la verdad a Gabriel. Pero bueno, las cosas se habían dado de otro modo.

Se desvistió, se puso el piyama, se acostó y suspiró. Su natural inclinación habría sido mentirle también a Gabriel. Pero algún eco de la moraleja de la historia de Snape le había quedado. Y Silas estaba haciendo un esfuerzo para confiar en el estúpido Gryffindor. Podía entender que había algo de cierto en las razones de Snape, despojarse de todo sentimiento podía llegar a constituir un peligro para todos ellos. Ésa era otra razón importante que justificaba que Harry estuviera en la posición de anfitrión. Y aunque había veces en que Silas opinaba diferente de Harry, generalmente se avenía a lo que Harry decidiera.

¿Acaso no había dejado que Harry eligiera a sus amigos? Y dejaba que Harry estuviera con la gente que quería a pesar de que a él lo fastidiaban. Él era inteligente y se manejaba con lógica y controlaba sus propias debilidades y las de los otros alter. Y estaba convencido de que estaba haciendo un muy buen trabajo al respecto. ¿Para qué cambiar las cosas si así como estaban, estaban bien?

Se dejó deslizar hacia el interior empujando a Harry suavemente al exterior. Gabriel lo estaba esperando en la sala común, de brazos cruzados y con muy mala cara.

Silas adoptó una expresión análoga. —¿Qué hay, Gabriel? ¿Qué otra cosa podría haber hecho?

Gabriel dudó un momento entre si ponerse a gritarle enojado por haberle mentido o si encogerse de hombros puesto que después de todo nada había cambiado. Optó por lo segundo porque Silas estaba exhausto y abrumarlo con imprecaciones lo pondría peor.

—No tengo ningún problema en aceptar toda esta mierda de núcleo y anfitrión porque sinceramente me importan un rábano esas boludeces. Sea de una forma o de otra yo siempre voy a seguir acá para ayudar y defender. Pero no puedo aceptar que te niegues a dormir hasta que literalmente te desmayás de cansancio.

—Sí, mamá. —respondió Silas sarcástico.

—Hablo en serio, Sy. Decime lo que está pasando. —dijo Gabriel con una nota amenazadora en el tono.

Silas no contestó de inmediato pero cuando Gabriel ya estaba sopesando la posibilidad de ponerse a pelear para sacarle a la fuerza las respuestas, Silas suspiró y tomó asiento en el otro extremo del sillón. —¿No te parece que ya hablé demasiado por esta noche?

Gabriel encogió los hombros. —¿Planeabas ir a acostarte?

—No precisamente.

—Entonces tenés tiempo para terminar de contarme todo. —dijo Gabriel con una sonrisa pícara— No tenés nada mejor que hacer.

—¿Se trata esto de una extorsión solapada, Gabriel?

—Por una buena causa estoy dispuesto a usar cualquier recurso a mi disposición. —contestó Gabriel riendo.

—Quizá convendría ponerte algunos límites. —comentó Silas distraído.

—Entonces, —retomó Gabriel adoptando un tono serio— ¿cuáles son esas cosas que te han mantenido sin dormir últimamente?

—Te lo voy a contar con una condición. Que me jures por tu honor que no vas a hablar nunca de esto con nadie. —demandó Silas.

—Te lo juro. —prometió Gabriel.

Silas pensó un instante el mejor modo para presentarle las cosas. Estaba dispuesto a confiar en el Gryffindor pero sólo hasta cierto punto, los intercambios epistolares con Draco no formaban parte de la lista. —Estoy preocupado por lo que presencié en la visión. Hace unos días leí en el diario que Bertha Jorkins está desaparecida. Ella trabaja o trabajaba en el Departamento de Relaciones Exteriores y había estado actuando de manera muy rara durante cierto tiempo. Le autorizaron unas semanas de licencia y después desapareció. Temen que esté muerta. Yo sospecho que era la mujer que Voldemort mató en la visión.

—¿Es por eso que vos sos el que tiene las visiones? ¿Por qué sos el núcleo?

—Sí. —contestó Silas con fastidio— ¿Querés que te siga contando o no?

—Sí, sí… quiero… —dijo Gabriel alzando las manos— Seguí, no voy a volver a interrumpirte.

Silas lo miró con incredulidad pero prosiguió. —Me preocupa la posibilidad de que Voldemort esté por hacer una movida importante. Sabemos que está de regreso en Inglaterra y que Wormtail lo está ayudando. Las cuestiones son: ¿Qué era lo que sabía la mujer? ¿Quién había usado el encantamiento de memoria? Lo más probable es que haya sido un mortífago.

—No me gusta nada. —dijo Gabriel frunciendo el ceño— Pero por el momento no podemos hacer nada. Preocuparte por eso y no dormir te va a debilitar. Te conviene descansar para estar en condiciones cuando la ocasión de actuar se presente.

—Reaccionar sin pensar según se presenten las cosas, es tu modus operandi. —dijo Silas desdeñoso— El mío es planear todo con anticipación antes de que todo se vaya a la mierda.

—Silas, tan pronto tengamos más información, vamos a poder planear algo. Pero vos necesitás dormir. ¿Por qué no volvés a la cama?

Silas vaciló por un instante, pero sabía lo testarudo que era Gabriel y que no lo iba a dejar tranquilo, finalmente cedió. Se retiró a su habitación pero no pudo dormir. El conocía más información de la que había compartido con Gabriel. Estaba seguro de que había un complot de los mortífagos en marcha.

Esperó una hora y se aseguró de que Gabriel estuviera durmiendo antes de volver a salir. Fue a la biblioteca y se puso a practicar Oclumencia. Existía la posibilidad que le llegara un nuevo mensaje de Draco a la medianoche.

oOo

Los diez días que faltaban para el cumpleaños de los chicos transcurrieron sin sobresaltos. Severus no trato de presionar a Silas y Silas prefirió adoptar un perfil bajo, más que nada porque estaba cansado. Seguía durmiendo poco a pesar de la insistencia de Gabriel que quería hacerlo descansar a toda costa.

Harry y Neville continuaron con su rutina habitual de entrenamiento y estudio, los dos ignorantes de lo que Severus había descubierto sobre Silas. Severus sabía que en algún momento iba a tener que decírselo a Harry, pero entrtanto prefería esperar hasta que decidiera algún curso de acción factible de aplicar con Silas.

Los chicos habían avanzado mucho con el estudio para ser animagi. Primero tenían que conocer a fondo la naturaleza del encantamiento y los cambios biológicos y psicológicos que inducía. Después iban a tener que preparar una poción reveladora muy compleja que no podía comprarse, la tenía que preparar el que la iba a usar, de lo contrario resultaba inefectiva. Una vez que la poción les revelara su animal interior iban a tener que estudiar exhaustivamente la biología del animal en cuestión. Por último iban a tener que pronunciar el encantamiento de manera efectiva la primera vez, si fallaban la transformación animagus quedaría vedada para ellos de por vida. Estaban a mitad del segundo paso, aprendiendo a preparar la poción. Por suerte las habilidades de ambos en Pociones habían mejorado mucho, Neville por haber ganado mucha más confianza en sí mismo y Harry porque había incorporado los conocimientos de cocina y de Botánica de Rose.

En las otras áreas de entrenamiento también les estaba yendo bien. Aunque no era Harry sino Gabriel el que practicaba combate con Severus.

Remus venía casi a diario para entrenar a Neville, a veces se quedaba el resto del día para compartir más tiempo con ellos. Sirius estaba mucho mejor y volvería a quedarse en casa el día antes del cumpleaños. Él y Remus se encargarían de cuidar a Harry hasta el 1º de septiembre después de que Severus se reintegrara a cumplir sus funciones en Hogwarts el 7 de agosto.

Harry y Neville pasaban juntos la mayor parte del tiempo, sabían que pronto iban a tener que separarse durante un mes.

—Todavía me cuesta creer que tengas que irte dentro de dos días. —dijo Harry suspirando. Neville estaba sentado contra el respaldar de la cama y Harry recostado boca abajo.

—El tiempo pasó tan rápido. —dijo Neville, cambió de posición, se recostó junto a Harry y le pasó un brazo rodeándole la espalda— Pero va a hacerme bien volver durante algunas semanas a mi casa. El entrenamiento diario me está matando.

—Te entiendo muy bien. —dijo Harry— Pero nos va a resultar muy útil en el futuro, vale la pena.

—No lo dudo. Estas semanas no fueron nada fáciles pero yo no cambiaría nada.

—Llevás mucho tiempo sin cortarte. —dijo Harry con cautela. Neville se puso un poco tenso.

—No sentí la necesidad. Con un poco de suerte quizá no vuelva a recurrir a eso… aunque a veces lo extraño… pero ya no lo necesito como antes. Creo que comprendí muchas cosas, Remus me ayudó mucho. Aprendí que puedo ser fuerte y que yo soy el que elijo qué hacer con mi vida…

—Estoy muy contento. —dijo Harry— Porque ahora te sentís más seguro… y también porque dejaste de cortarte.

—Gracias, Harry.

—¿Te querés quedar a dormir conmigo esta noche?

—Claro, ¿por qué no?

Los dos se metieron debajo de las mantas.

—Buenas noches, Nev.

—Buenas noches, Harry.

oOo

Silas se bajó de la cama y fue hasta la ventana. Neville roncaba suavemente. Cuando la abrió el pájaro de Draco entró y fue a posarse en el respaldo de una silla. Desvió la cabeza hacia la cama y luego miró a Silas, un brillo intencionado parecía habérsele encendido en los ojos.

—Pajarraco de mente podrida. —masculló Silas. Controló el mensaje como lo hacía habitualmente y después lo desató. El búho voló hacia la ventana y ululó con ecos de risa antes de desaparecer. Silas apretó los labios con desdén. No era sorprendente, sin embargo, era el ave de Draco seguramente esa veta estúpida se le había pegado de su amo.

Querido Shadow:

¿Prófugo con un ex convicto inocente? ¡Merlín, tu vida es un sinfín de vicisitudes peligrosas! Todavía no me explico por qué te preocupaste tanto por ese pollo gigantesco. Y es increíble la suerte que tenés. Debés de tener un dios personal cuidándote… ¡una tormenta mágica te salvó de los dementors! Es increíble que hayas sobrevivido, Shadow. A estas alturas deberías haberte muerto una docena de veces, ¡tenés más vidas que los gatos!

Elegí una historia interesante como pago por el relato de tus aventuras del año pasado. Empieza en Azkaban. ¿Te acordás de que te había comentado sobre rumores de otro que se había fugado? Mi padre hizo algunas discretas averiguaciones, Barty Crouch, Jr. fue el último prisionero que murió, hace unos meses. Si alguien se escapó fingiendo su propia muerte tiene que tratarse de él.

La historia de Junior es muy interesante. Su padre es un mago de la luz, político encumbrado y muy estimado. Es el Jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Durante la primera guerra, Junior fue sindicado como mortífago durante el interrogatorio de otro de los seguidores del Señor Oscuro. Junior lo negó pero luego se fueron sumando muchas más pruebas en su contra. Lo sentenciaron a Azkaban. Al final del juicio, Junior alardeó ante todos que el Señor Oscuro lo vengaría.

Su padre iba a visitarlo al principio, se negaba a aceptar que su hijo se hubiera vuelto maligno. Con el tiempo las visitas fueron haciéndose más espaciadas y finalmente cesaron por completo. Esto ocurrió hace varios años. La fuga de Junior no es de público conocimiento y de los pocos que saben, ninguno tiene idea de quién lo ayudó, ni de dónde se encuentra actualmente.

Fascinante, ¿no es verdad? Es posible que tu padrino pueda aportarte algún dato adicional, él estaba prisionero por entonces, quizá oyó algo. Si llegaras a enterarte de algo más me encantaría que me lo comunicaras, ¡detesto los cabos sueltos!

Tuyo,

Serpentine

Silas frunció el ceño. Así que Junior había sido un mortífago fanático y Bertha de alguna forma se había enterado de que se había escapado. Voldemort se había enterado violándole la mente y había decidido ir a reunirse con su fiel servidor… para que lo ayudara con sus planes… planes que podrían estar relacionados con la Copa Mundial o con el Torneo. Y que seguramente implicaban la muerte de Harry y todos ellos.

De repente se sintió muy cansado y decidió irse a dormir. Pero necesitaba pensar sobre qué contestarle a Draco. Se le habían acabado las historias. Tendría que encontrar otra forma de entretener al rubio, para mantener la fuente de información activa. Pero iba a tener que manejarse con astucia porque no quería revelarle nada de importancia.

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