Resumen: La imagen de los Guerreros del Fénix. Una reunión complicada. Batalla feroz en que un mortífago descubre un secreto y dos nietas conocen a su abuela.

Descubrimientos Críticos

Luego que los chicos ayudasen a Harry a estabilizarse del problema con su cicatriz, por los cambios temperamentales de Voldemort, y que desayunase descansaron un rato aprovechando que era domingo. A mitad de mañana se reunieron en el cuarto de Greenprairie en que descansaban Neville y Christopher. Allí él les contó con detalle lo ocurrido horas antes cuando se reunió con sus padres.

—No me gusta nada —planteó Hermione pensativa—. Ya tuvimos problemas con el hijo del señor Major cuando nos examinó como medimago y Lily ha demostrado ser muy lista, lo cual nos pondrá en problemas si no le vamos a decir la verdad. —aclaró al ver las expresiones fastidiadas de sus amigos.

—No verá nuestros rostros y estamos prevenidos de ser cuidadosos con ella por lo que ya compartimos en Deercourage. —la contradijo con tranquilidad Luna.

—Incluso creo que sería conveniente que Laurence Major esté presente o cerca durante las pruebas que nos harán —planteó Angela con expresión pícara, sonriendo al ver que todos la miraban con expresión de "¡¿Estás loca?!"—. Estando él no podrá Lily hacernos preguntas sobre lo que encuentren y que ella pueda relacionar con algo que se nos haya escapado en Deercourage que ellos todavía recuerden. Además el solicitar que esté presente como medimago los tranquilizará en cuanto a nuestra salud y como es inefable sólo puede hablar con sus jefes y sus compañeros de investigación sobre lo que lleguen a averiguar. —agregó mirando a Hermione. Sentía curiosidad por la forma en que los ojos de la castaña estaban clavados en su hermanito.

—Hasta ahora nos hemos sabido manejar bien en cuanto a la pérdida parcial de memoria —aportó Ginny, luego de asentir ante el planteamiento de su amiga—. Si a eso le sumamos que el hechizo que nos enseñó Benjy para volver a nuestra época nos hubiese ayudado a lograr regresar, porque de alguna manera contribuyó a debilitar el bloqueo temporal, su ayuda puede ser muy útil para tumbarlo.

—Todavía no sabemos porqué nosotros y nuestros padres dormimos profundamente durante veinticuatro horas sin ninguna explicación —les recordó Jessica preocupada—. La ayuda de un medimago puede ser importante cuando se nos presenten situaciones extrañas por el viaje en el tiempo. —se explicó mejor al ver que todos la miraban interrogantes.

—Lily y Benjy ya saben sobre los Dunedains. Si descubren algo en cuanto a lo que nos está alterando que tenga que ver con eso nos ayudarán a cubrir la situación. —afirmó Luna al ver la expresión pensativa de su novio en cama.

—Pero a Benjy le podemos explicar lo que ocurre, mientras a Lily no —replicó la castaña—. A menos que le digamos la verdad también a ella. —agregó mirando frontalmente a su mejor amigo.

—No hay quien te entienda. Te opusiste mientras estuvimos en Deercourage a que interactuásemos mucho con ellos para que no descubrieran quienes somos. —protestó Harry, que ya había discutido con ella en presencia de Ron por aquello en la madrugada, antes de ir a Londres para reunirse con su padre.

—Porque quienes sobrevivirán a esta guerra no pueden saber quiénes somos, ni mucho menos podíamos permitir que Pettigrew se enterase por un desliz de sus amigos. Pero el caso de tu mamá es similar al de Benjy. —replicó Hermione con firmeza.

—No. Ya oíste lo que nos contaron el director y nuestro amigo sobre su reacción ayer. Hasta papá ha entendido que no le puedo generar la angustia que él vivió cuando descubrió quien soy. —se opuso mirándola con disgusto.

—Lily es distinta a James. Asimilará mejor el saber que eres su hijo. Además que ella no te ha rechazado ni provocado que nos alejemos de ellos. Lo que ha hecho es discutir contigo. Sólo tienes que controlar mejor tu carácter para evitar enfrentamientos con ella. —le rebatió la castaña mirándolo con expresión de regaño.

—Se parece mucho a ti en su independencia —intervino con tono suave Ginny al oírlo gruñir—. Sólo tienes que tener presente eso cuando le plantees algo, pensando en cómo podrías reaccionar tú ante las situaciones.

—También tienes que definir…

—… mejor con Hermione y Ron…

—… la actitud y estrategia nueva…

—… de Los Guerreros del Fénix…

—… Tanto para que nos la expliquen…

—… a nosotros siete como para…

—… analizar las posibles reacciones…

—… de tus papás y Benjy…

—… Así como también las de…

—… los otros miembros de la O.D.F. —expusieron los gemelitos castaños con expresión muy seria, pues estaban de acuerdo con Hermione.

Harry los miró con expresión de regaño, bufando con frustración unos minutos después al ver las expresiones de todos y comprender que estaban de acuerdo con la castaña en que debía decirle la verdad a la mamá.

—De acuerdo, le diré a Lily quien soy —aceptó resignado al notar que todos lo seguían mirando expectantes—. Pero James ya me ha visto sin el pasamontañas y mamá también lo hará, así que sabrán por mi cicatriz que se trata de su hijo cuando el director les revele la profecía de la profesora Trelawney. —hizo un último intento para convencerlos de no hacerlo.

—No necesariamente —le contradijo Neville, sonriendo al ver que todos lo miraban interrogantes—. La profecía dice "le marcará como su igual", pero "Tonto y Ridículo" no tiene ninguna cicatriz en su frente en forma de rayo —agregó con una sonrisa pícara, pues le gustaba decirle al asesino como le había puesto su amigo—. Nosotros sabemos que se refiere a la energía oscura que le transfirió a Harry en el ataque que se producirá el próximo año, pero los de esta época no tienen cómo relacionar esa marca en forma de rayo en la frente de nuestro amigo con lo que aún no ha sucedido.

—Pero está la Profecía Dunedain. Si le comentan a las gemelas o al director podrían atar cabos. —opinó con expresión preocupada Ron.

—Ya antes ellos tres le vieron el rostro a Harry y no llegaron a esa conclusión. Al menos mamá y tía no. —denegó Angela mirando a su hermanito.

—El director sí te observaba el día en que te examinó Jennifer con expresión pensativa, pero al no saber que mi novia tiene la marca de los fénix no pudo sacar ninguna conclusión. —la apoyó George, atrayéndola a su cuerpo en un abrazo.

—Justo ahora él y sus hijas creen que es una de ellas quien dará cumplimiento a la Profecía Dunedain. Posiblemente crean ahora que en un futuro distante porque ninguna de ellas tiene algo que indique que es "la marcada con el fénix" y no conocen a nadie que cumpla con "el marcado con la centella" o con "llama de fuego es". —completó Fred.

—Ya había convencido a papá de no decirle. —se quejó Harry.

—Cedió para que no te alejaras, seguramente con la esperanza de convencerte en unas semanas de decirle. —le contradijo con dulzura Ginny mientras le acariciaba el rebelde pelo negro, sonriendo al verlo suspirar y asentir.

—Como James no sabe aún de los Dunedains, estoy seguro que querrá estar presente durante las pruebas que hagan con nosotros los inefables, cumple con las condiciones que le puso el señor Mithrandir a Angela y se someterá a un Pacto de Silencio sin poner problemas para evitar que Harry se aleje de él, lo mejor será decirle la verdad sobre su ascendencia Dunedain. En esa misma reunión le decimos a Lily que Harry es su hijo, justificando las dos revelaciones como una necesidad para que nos ayuden con Laurence Major y Benjy a volver a nuestro tiempo —planteó Ron con expresión analítica la estrategia a seguir en cuanto a ellos—. Lo que me preocupa es el cabo suelto en que se nos convertirá el medimago.

—Mamá es medimaga, es Dunedain, combate a Voldemort y también morirá en esta guerra. —enumeró Jessica con el tono de voz más firme que logró poner.

—Tía no es impulsiva como mamá. Además tío Remus nos ha contado que a veces se le desaparecía sin decirle a dónde iba, suponiendo él que iba a verse con sus hermanos. Pero mis tíos y él han llegado a la conclusión que no siempre fue para ir con ellos. —comentó Angela con su vista fija en el piso para que no viesen la tristeza en su mirada.

—A ella no tendríamos que explicarle mucho, pero fácilmente deduciría que Electra es su hija —replicó Hermione con expresión dudosa—. Sin embargo también creo que es mejor que esté presente un medimago y Jennifer es menos problema que Laurence Major, tanto desde el punto de vista de nuestra situación actual como en cuanto a una situación a futuro.

—También podría deducir que Angela es su sobrina y no es conveniente que Angelica venga aquí, porque estará alerta después que les borramos los recuerdos al modo Dunedain. Hasta ahora no ha percibido su energía en nosotros, pero si intenta evaluarnos con el don del Manejo de la Energía podría darse cuenta y eso sería grave. —opinó Luna con su sinceridad acostumbrada.

—Yo podría contener a mamá en ese sentido si sólo estamos con ella hasta tres de nosotros, pero sería complicado si estamos todos presentes. Por otro lado estoy segura que Jessica puede convencer a Jennifer de no decirle ni siquiera a su gemela quiénes somos y que viene aquí, porque ella querrá investigar el que mi prima ya no padezca la licantropía. Además sabe que mamá le guarda un secreto grave y la ha encubierto sin preguntarle, por lo que no creo que le moleste ocultarle algo. Las dos van a morir en esta guerra, pero mamá es muy impulsiva y no es conveniente que esté en contacto con nosotros. Mamá no guardaría silencio con papá, mientras que tía sí guardará silencio con tío Remus. —replicó Angela luego de morderse los labios.

—La frialdad con la que estamos hablando esto me da escalofríos. —expresó Christopher en voz alta, sin poder contenerse.

Todos tragaron saliva y bajaron la cabeza al oírlo.

—Papá tiene razón en que no es saludable que nos estemos dejando absorber tanto por las personalidades alternas que creamos para combatir a Voldemort y sus secuaces —rompió el silencio Harry después de varios minutos—. Jessica, será muy duro tener a tu mamá aquí. Peor aún porque tu papá no puede saberlo.

—Lo sé, pero aún así quisiera poder compartir con ella un poco más. —se sinceró mientras lágrimas se escapaban de sus ojos miel.

—Chris & Chris también deberían poder aprovechar la oportunidad de compartir con los padres que prácticamente no conocerán. —opinó Neville de inmediato, apretándole levemente la mano a la chica en señal de apoyo mientras Fred la acunaba.

—Estoy totalmente de acuerdo. Pero los Brown no pueden saber quiénes somos realmente nosotros —afirmó Harry, suspirando al ver que los niños bajaban la cabeza e intentaban infructuosamente ocultar sus lágrimas—. Es por eso que vamos a hablar con ellos y plantearles algo que, según lo poco que compartimos con ellos, estoy seguro que aceptarán —agregó con firmeza, sonriendo al ver a los gemelitos levantar rápidamente sus rostros hacia él y a los otros mirarlo con curiosidad.

»Desde mañana los Guerreros del Fénix nos vamos a presentar ante toda la comunidad mágica como un grupo de jóvenes combatientes que han perdido a sus familiares a manos de mortífagos en el ataque a Bristol ocurrido en febrero, que apenas han recuperado medianamente su salud ha decidido combatirlos. Expondremos que no podemos ir con las autoridades porque perdimos la memoria en el ataque y además estamos protegiendo a unos niños que estaban con nosotros, que no queremos salgan lastimados al atraparlos alguien para usarlos en nuestra contra. Declararemos públicamente quiénes son nuestros enemigos, que haremos lo posible por defender muggles y magos por igual de ellos, y alertaremos a la comunidad mágica sobre no confiar en nadie que se quiera hacer pasar por nosotros, pues siempre nos acompaña al menos un fénix y así podrán identificarnos.

»Luego nos comunicaremos con los Brown para pedirles que los niños puedan estar con ellos de día cuando no estén en el hospital y con nosotros de noche, a menos que estemos en una batalla, con la excusa que puedan observar la evolución de su salud y ayudarnos indirectamente con las nuestras. Los conocemos lo suficiente para estar seguros que saben guardar secretos y también que si les planteamos la situación con cuidado les permitirán a los niños venir todos los días. Por supuesto que levantaremos en casa de ellos protecciones tan fuertes como las que hemos puesto aquí.

»Así tanto los gemelitos como Jessica y yo podremos compartir con los padres que no conoceremos, al menos mientras estemos aquí. También Angela se reunirá con Angelica en privado, con la excusa de necesitar ayuda para aprender a manejar el don del Manejo de la Energía. Eso evitará que involucre a Sirius, el profesor Dumbledore o alguien más que no sea Lily en esas reuniones. Con Neville buscaremos una forma de que esté en contacto con sus padres por medio del interés de Alice en herbología, pero eso nos tomará al menos una semana afinarlo para no crear problemas.

El castaño asintió en seguida, sonriendo ilusionado ante la posibilidad. Sabía que en su caso el contacto no podía ser directo porque sus dos padres eran aurores y Frank era bastante desconfiado. Tendría que pensar con mucho cuidado el cómo hacerlo.

—Me parece muy bien que ustedes seis retomen el contacto directo con sus padres, aunque sólo Jennifer, Lily y James puedan saber que son sus hijos con quienes hablan. Pero ¿Cómo vamos a decirle a toda la comunidad mágica lo que has dicho? —preguntó Hermione.

—¿Estás de acuerdo con lo que he planteado? —le respondió Harry con otra pregunta, tan asombrado como los demás porque ella aceptase todo lo que él había propuesto.

—Sí. Yo estoy de acuerdo siempre y cuando no generemos algún trastorno y no hemos percibido nada con el don del Manejo de la Energía —le respondió ella con una sonrisa—. Ahora respóndeme cómo haremos lo que has dicho.

—Rita Skeeter. —respondió Harry con simpleza, encogiéndose de hombros.

—¡¿ESTÁS LOCO?! —gritaron los otros once chicos a coro.

—Sí, por eso ustedes me nombraron su líder y yo acepté —respondió Harry con una gran sonrisa pícara, riéndose abiertamente ante sus expresiones de estupefacción—. Neville y Ron comentaban hace unos días que los reporteros del periódico muggle en el que trabajan son capaces de cualquier cosa por una exclusiva, más aún si son novatos —empezó a explicarse en cuanto se le pasó el acceso de risa—. Eso me hizo recordar a la odiosa reportera cuya familia es mayormente muggle.

»Justo ahora la tienen sólo haciendo reportajes sociales y cosas de poca importancia, según el punto de vista de los reporteros, así que el poder entrevistarse con Los Guerreros del Fénix será para ella algo así como la oportunidad de un ascenso. No se negará aunque nos considere muy peligrosos.

—Pero ella nunca publica las cosas como son realmente, siempre tergiversa todo. —protestó la castaña.

—Es por eso que la entrevista no será en exclusiva, sino que invitaremos a esa reunión también a Derek Lovegood. —respondió Harry con una amplia sonrisa.

—Papá publicará la verdad. ¿Por qué decirle a Skeeter? —preguntó Luna.

—Porque muy pocos leen la revista de tu papá, mientras que todos están al pendientes de lo que salga en El Profeta —respondió Neville mirando a su novia con cariño, girándose luego a mirar a su amigo—. Pero Skeeter no es la única reportera novata, deberíamos invitar a otro reportero.

—Joan Dryden. —dijeron de inmediato los gemelitos a coro.

—Vamos a investigar cómo se desenvuelve ella actualmente, así como la forma de acercarnos a los tres en esta época tan problemática por la guerra. —indicó a todos Harry, luego de asentir en señal de aprobar lo dicho por su amigo castaño y la sugerencia sobre la periodista de los gemelitos.

—¿Cuál será el planteamiento para nuestros protegidos y amigos? —preguntó Hermione al sonar la alarma de su reloj de pulsera y ver aparecer a Rea pidiendo permiso para llevar al inefable moreno.

—Eso déjenlo de cuenta de su líder desquiciado —respondió Harry sonriente, guiñándoles el ojo derecho al verlos reírse— Pero antes que venga Benjy quiero decirles la forma en que quiero que nos despidamos de nuestros protegidos…

—Muy buenas tardes —llegó saludando con semblante alegre en cuanto aparecieron en la Sala de Prácticas de Deercourage. Su sonrisa se amplió al ver el desconcierto en los rostros de quienes los esperaban y que de inmediato se giraban a mirar interrogantes a Benjy, quien se encogía de hombros y tenía expresión de no entender nada desde que le habían permitido unírseles en Greenprairie—. Debo decirles que nos hemos reunido esta mañana los doce a hablar y hemos decidido que tienen razón en que no debemos seguir permitiendo que sus amigos y la comunidad mágica en general nos vean como T.R. y el señor Crouch nos han presentado hasta ahora.

—Esa es una buena noticia —respondió el director mirándolo analíticamente. Intentaba entender porqué se habían presentado con el chico herido apoyado por el más alto y con los dos niños, además con aquella actitud tan "normalmente juvenil" que no les había visto nunca cuando se iban a reunir con ellos a hablar de algo delicado—. ¿Volverán a esta casa para que los cuidemos mientras podemos devolverlos con sus familiares y dejarán de ir a batallas? —preguntó lentamente, analizando las reacciones de los doce chicos a sus palabras. La risa contenida en varios de ellos lo tenía desconcertado.

—No, señor. No haremos ni lo uno ni lo otro. Tampoco haremos algo para que quien los está traicionando crea que puede intentar hacerles daño sin que lo impidamos. Pero les aseguro que desde mañana nuestra situación será un poco diferente —respondió el chico con picardía, pues era la primera vez que podía mirar al director a la cara y ser él quien guardaba un secreto importante—. También debo comunicarles que nos alejaremos definitivamente de su grupo a excepción de las batallas, pero sólo en cuanto a reuniones de este tipo. Desde ahora la comunicación por medio de los fénix será más fluida con ustedes.

—Lo que has dicho es exactamente lo mismo que planteabas ayer y no veo razón para la estúpida alegría con que se nos están presentando. —gruñó Alastor incapaz de contenerse.

—Disculpe, señor Moody, pero estamos contentos porque hemos conseguido una forma de acercarnos a nuestros familiares sin generar problemas —le respondió Harry con tono respetuoso luego que todos se congelasen por un par de minutos. Los miembros de la O.D.F. esperaban un estallido de mal humor del chico de ojos esmeralda. Los del E.D.H. se entristecieron súbitamente, pues se habían estado jugando bromas antes de la reunión para destensarse—. No es lo que cada uno de nosotros quisiera, pero es más de lo que tenemos actualmente. —agregó mirando a su padre. Desvió la mirada rápidamente para que los otros no se diesen cuenta, pero no antes de ver la muda interrogante en los ojos avellana tras las gafas redondas.

»Tiene razón en que nuestro planteamiento en cuanto a alejarnos de la Orden del Fénix y el mantener nuestra amenaza al traidor de su grupo no ha variado. Pero desde hoy Lily, Alice, Jennifer, Angelica, James, Frank, Remus, Sirius, la profesora McGonagall, el profesor Dumbledore y usted pueden comunicarse con nosotros por medio de los fénix con fluidez, aunque no personalmente. La única persona con la que estaremos en contacto directo, además de algunos de nuestros padres, será Benjy. La situación con el señor Leonel Major la resolveremos por medio de nuestro amigo y dos personas que gozan de nuestra absoluta confianza.

—¿Qué? —preguntaron a coro Lily y James sin poder contenerse.

—Mañana a esta hora sabrá cada uno de ustedes y muchas otras personas lo que hemos decidido hacer. Por ahora sólo puedo decirles eso y que alguien nos ha hecho comprender que no podemos seguir como veníamos hasta ahora —continuó con tranquilidad, como si no les hubiese oído—. Ya no somos los jóvenes que llegaron con el director de Hogwarts quemados y muy mal de salud, pero tampoco los que vivíamos con nuestras familias y amigos antes de que nos viésemos en esa situación.

»Recién que nos fuimos de esta casa definitivamente, luego de lo ocurrido en Kingswood, nos habíamos desenvuelto solamente como los Guerreros del Fénix o como un grupo que buscaba sobrevivir en un mundo ajeno, investigando la forma de volver con los nuestros —continuó explicándose, sonriendo levemente cuando su novia le tomó de la mano y sus amigos se alinearon a sus lados—. No podemos seguir así porque no sabemos cuándo podremos regresar a nuestra época y el estar en permanente espera de algo es dañino para nuestra salud.

»Es por eso que siguiendo el consejo de alguien nos vamos a permitir el vivir un poco más acorde a nuestras edades, lo que no es fácil en nuestra situación ni la de la sociedad mágica actual estando en guerra. Pero nos vamos a esforzar por lograrlo. No sólo porque los niños necesitan un ambiente medianamente sano en que desenvolverse mientras estamos los doce en esta época, sino porque nosotros diez también lo requerimos para no convertirnos en combatientes fríos y opacos —continuó sin dar oportunidad a que lo interrumpiesen, como veía querían hacer—. Es por eso que llegamos con una "estúpida alegría", señor Moody, porque hemos empezado a hacerlo poco antes de venir aquí.

—Pero si regresan a esta casa… —intentó Sirius.

—No podemos, señor Black —lo interrumpió con firmeza, sus esmeraldas fijas en los ojos grises de su padrino, despidiéndose en silencio de él—. Ni ustedes ni nosotros sabemos quién es el traidor de su grupo y ayer vimos claramente que el enemigo ha empezado a buscarnos para asesinarnos. No pondremos a Harry, a Lily y a James en peligro. Tampoco a los demás presentes ni al alumnado de Hogwarts. Desde hoy pasaremos a ser invisibles para la Orden del Fénix aunque seamos en cierta forma más visibles a toda la comunidad mágica. —continuó mientras se despedía mentalmente de Remus, Alice, Frank, la profesora McGonagall, Angelica, el profesor Dumbledore y el auror Moody, con quienes tampoco volvería a compartir en esa época según el planteamiento que había hecho temprano, con los tres últimos nunca más.

—Podemos llevarlos a Maidstone o a otro lugar sin que los demás miembros de la Orden del Fénix lo sepan, donde Jennifer pueda ayudarlos con su salud y nosotros darles un hogar tanto a los niños como a ustedes en que se puedan desenvolver con mediana normalidad. —les planteó Remus con evidente preocupación.

—Le puedo asegurar que algún día usted comprenderá el porqué de nuestra decisión de alejarnos hoy y estará de acuerdo conmigo en que fue lo mejor —le respondió Harry con una triste sonrisa—. Adiós amigos, nos seguiremos viendo en las batallas. —se despidió colocando su varita frente a su rostro.

Esperó a que todos sus compañeros se le uniesen para sincronizadamente bajarlas verticalmente frente a sus cuerpos hasta el frente de sus cinturas y luego girarlas hacia el piso, apuntando luego rápidamente hacia el frente y generando entre los doce con sus varitas la "M" de Merlín con chispas. Desaparecieron luego de darles el saludo del mago más respetado por la comunidad mágica.

El silencio en el lugar podía palparse, todos petrificados por la forma en que se habían despedido los chicos de ellos. Los más jóvenes sólo habían visto algo igual en el funeral de Charlus Potter, en que se habían despedido de él de esa manera desde la ministra Bagnold hasta los aurores más jóvenes compañeros del hijo.

—¿Qué se traen entre manos ahora los jóvenes? —le preguntó Alastor frontalmente a Benjy, incapaz de tratarlos de "niñatos" o "chicos" luego de lo que habían hecho.

—No lo sé —respondió el moreno con voz más ronca de lo habitual en él—. Sólo me dijeron antes de venir que habían tomado algunas decisiones importantes y que intentarían despedirse con alegría de ustedes. También que no podría reunirme de nuevo con ellos hasta el martes en la mañana, pero que estuviese pendiente de las noticias de la comunidad mágica.

—El Profeta —murmuró asustada Alice—. Tienen pensado hacer publicar algo ahí. —aseguró antes de dejarle el bebé a su esposo y salir corriendo.

—¡Alice! ¿Qué…? —intentó preguntarle desconcertada la subdirectora.

—Apúrate, tenemos que alcanzarla y ayudarla. —empujó Jennifer a su gemela, que aún estaba congelada mirando al frente.

—Cierto. —reaccionó Angelica, saliendo corriendo tras su amiga rubia.

—Agradeceríamos una explicación. —retuvo Remus rápido a su esposa, alcanzándola gracias a sus reflejos de licántropo, al ver de reojo que Lily le dejaba el bebé a James y salía corriendo tras ellas.

—Joan —respondió Jennifer agitada, con tono de decir algo obvio y expresión de creer que con eso la soltaría su esposo para ir con sus amigas—. Joan Dryden —agregó al ver que no sólo no la soltaba sino que la miraba interrogante, bufando al ver que aún no comprendía—. Si quieren hacer publicar algo veraz en El Profeta es muy probable que la busquen a ella, porque es la periodista novata más seria que tiene ese periódico.

—Una Ravenclaw muy estudiosa y sensata que se mantiene apegada a los buenos principios que le enseñaron sus padres. —afirmó la jefe de la casa de los leones, que muchas veces había hablado con el pequeño jefe de la casa de las águilas sobre ella.

—Creía que Las Protectoras se la llevaban mal con Joan Dryden por el malentendido cuando Edna Prewett y ella hablaban conmigo sobre el T.I.M.O. de Defensa antes del baile. —comentó desubicado Frank. Las dos habían estudiado con él y aquello había generado una discusión ese día con quien ahora era su esposa, aunque luego habían compartido con normalidad en la pequeña fiesta del profesor Slughorn.

—Claro que no, somos excelentes amigas —se rió Jennifer, rodando los ojos al ver que el auror castaño y los tres Merodeadores enarcaban una ceja en señal de incredulidad—. Está bien, confieso que Alice, Angelica y yo las llevamos a medianoche a las dos desarmadas a un aula vacía para "interrogarlas", pero Lily las rescató de nuestras garras y les permitió explicarse, terminando las seis en las cocinas comiendo y hablando de varias cosas.

El director y la subdirectora carraspearon, sonrojándose violentamente la gemela por lo que acababa de decir frente a ellos mientras los demás hacían esfuerzos por contener la risa. Era la primera vez que una de las hijas de Albus confesaba alguna de sus travesuras en el colegio frente a su padre. Peor aún, con otros testigos presentes.

—En El Profeta hay muchos periodistas. ¿Por qué creen que irán los chicos con ella si quieren publicar algo? —planteó Remus para ayudarla a salir del aprieto.

—Porque sólo un novato se arriesgaría a reunirse con ellos para obtener una entrevista con alguien que ha sido calificado de peligroso por el Ministerio de Magia. —respondió Jennifer mirándolo con agradecimiento.

—Espero que no se les ocurra contactar a la odiosa Skeeter si lo que quieren es un periodista novato. —planteó preocupado Sirius.

—Apresúrate. —urgió Remus a su esposa soltándola.

Jennifer asintió y salió corriendo.

El lunes al mediodía los doce veían atónitos el periódico, al igual que quienes los rodeaban en el lugar en que cada uno se encontraba en ese momento. Ese día no sólo El Profeta había sacado una edición extraordinaria a una hora anormal, sino que aparecía en la portada una foto de los doce encapuchados que se hacían llamar Los Guerreros del Fénix con los extraños atuendos que les conocían quienes los habían visto peleando. En las páginas segunda y tercera estaba una entrevista publicada por Joan Dryden.

Las brujas y magos que también leían El Quisquilloso, que pocos meses atrás había lanzado al mercado un atrevido Derek Lovegood, comparaban la versión del periódico con la publicada en la revista, coincidiendo prácticamente las dos.

En la quinta página de El Profeta había algunos comentarios venenosos de Rita Skeeter sobre los encapuchados en un "Reportaje sobre los Guerreros del Fénix". Era evidente para quien leía el periódico con ojo clínico que se había enterado a último minuto de lo que iba a publicar su compañera de trabajo y quiso dejar plasmado algo para aparecer también.

—Esto es una abierta provocación al terrible asesino que se hace llamar Lord Voldemort —comentó Leonel preocupado, sonriendo al llegar a la parte en la cual el chico que lideraba el grupo explicaba porqué le decía T.R.—. Me gusta lo de las iniciales, le empezaré a decir así.

Benjy asintió sin mirarlo. Estaba leyendo con avidez lo publicado por la amiga de Las Protectoras. Gruñó luego mientras leía lo que había escrito la otra reportera, de la que había advertido su amigo de ojos grises.

—Le avisamos a Joan que no debía enterarse Skeeter. —protestó Lily malhumorada, sin pensar en su jefe y sus otros dos compañeros.

—¿Ustedes sabían que harían esto? —preguntó Mintaka.

La pelirroja palideció e iba a responderle cuando vio asombrada aparecer en medio de ellos a Moony. Siguió con sus esmeraldas la trayectoria del ave que se dirigía directamente a Leonel Major, le entregaba un sobre y luego se posaba en el hombro del moreno, como hacían los fénix de los chicos cuando esperaban una respuesta.

—¿Y? —preguntaron a coro Lily, Benjy, Nataly y Mintaka luego de casi diez minutos, en que su jefe había leído varias veces el pergamino dejando escapar de su garganta sólo ruidos que se podían interpretar algunas veces como aprobación y otras como negación, muy nerviosos para seguir esperando.

—Plantean que nos reunamos nosotros cinco y Laurence con ellos después de cada prueba que hagan con Lily y Benjy en presencia de la señorita Jennifer White. Dicen que aunque ella no es inefable están seguros que guardará silencio sobre lo que pueda ocurrir y que se sentirán más cómodos con ustedes tres durante la realización de las prácticas o pruebas, pues los han cuidado desde que Albus los llevó a casa de los Potter —les contó mirando detenidamente el papel una vez más—. Aunque confío en la joven White y hubiese querido que se uniese a nosotros, me preocupa que ella esté presente si vamos a seguir las instrucciones de la señora Maia. Además que aún no se ha graduado de medimaga.

—Los chicos estaban nerviosos por la insistencia de Laurence en verles los rostros y las preguntas que le hizo a Diana. —explicó Benjy al ver que su jefe y su pareja de amigos lo miraban interrogantes, mientras la pelirroja se mordía el labio inferior nerviosa.

—Los chicos están aceptando el que los sometamos a pruebas sin saber de antemano de qué se tratan, seguramente por su confianza en ti y en Lily. —comentó Nataly mirando el pergamino que su jefe releía una vez más.

—Pero el que involucren a alguien que no es de nuestro grupo no es aceptable. Sólo debemos hablar con Laurence para que no presione a los chicos, pues el nerviosismo sería contraproducente en las pruebas. —opinó Mintaka.

—Citaré a la joven White para hablar con ella personalmente sobre esto y también hablaré con Laurence. De ser posible los quiero a los dos presentes, porque el grupo de los chicos es grande y si se presenta algún problema simultáneo en la salud de los doce y está sólo uno de ellos se vería complicado para atenderlos. —decidió Leonel.

Lily y Benjy se miraron preocupados, más el segundo porque recordaba claramente lo ocurrido cuando los chicos intentaron volver a su época de origen con el hechizo que él les enseñó. Los dos asintieron en silencio y siguieron a su jefe con sus compañeros para llevarle la comida a la anciana tras la puerta sellada y hablar con ella. Les preocupaba la salud de la señora Maia, aunque estaban contentos porque Lily podía atravesar el escudo y ayudarla.

El jueves en la noche, a la hora en que llegaban de sus trabajos los que tenían turno en la tarde y el inefable, los chicos bromeaban entre ellos sobre sus vivencias esa semana en sus trabajos y con Benjy de las reacciones en esos días a sus declaraciones. Estaban muy contentos porque Harry se había reunido con el jefe de los inefables y éste aceptó no sólo el que Jennifer fuese quien los asistiese durante las pruebas, sino que Laurence se presentase en éstas exclusivamente si tenían problemas de salud los doce simultáneamente.

Hermione no estaba muy convencida con las reuniones posteriores en casa del señor Major, pero comprendía que no debían presionar demasiado pues el jefe de los inefables había cedido ya en varios puntos.

—Mamá y papá nos han regañado hoy…

—… porque no llevamos completas las…

—… tareas que nos pusieron sobre…

—… Historia de la Magia y Astronomía. —les contaron los gemelitos castaños con expresión de fastidio.

—Bien hecho —replicó Jessica con expresión de regaño—. Así se dedican menos a planear travesuras y se aplican más a los estudios.

—¡Pero hicimos todas las otras! —protestaron los niños a coro.

—Si se dedican de lunes a viernes…

—… a hacer las tareas y juegos tranquilos…

—… como el snap explosivo…

—… nosotros los ayudamos con las…

—… bromas los sábados a final de tarde. —les ofrecieron los gemelos pelirrojos con expresión pícara.

—¡Muy bonito! —los riñó Jessica con sus manos en su cintura y sus brazos en forma de asa, mirando a su novio con el ceño fruncido.

—Me da escalofríos cuando usas la misma pose de mamá cuando nos regañaba. —comentó Ron fingiendo miedo, cerrando los ojos al darse cuenta del error cometido.

—¿Recuerdas a tu mamá riñéndote? —le preguntó el hombre moreno con interés.

—Creo que ningún accidente mágico…

—… nos podría hacer olvidar…

—… los regaños de mamá porque…

—… son realmente impactantes. —respondieron los gemelos pelirrojos luego de mirarse a los ojos rápidamente.

—A mí también me regañó una vez porque estaba enferma y no me cuidaba —comentó Angela con expresión pensativa—. No recuerdo con claridad los detalles, pero sí que me prometía a mi misma no hacerla enojar de nuevo.

—Yo en cambio la recuerdo es dándome un abrazo cariñoso e invitándome a comer. —intervino Harry con una sonrisa llena de cariño.

—Hoy vimos al esposo llevarle una caja de bombones y un ramo de flores. El niño mayor le decía al papá muy contento que estaba seguro le iban a gustar por el cumpleaños. —contó Ginny con expresión triste.

—Queríamos hacerle llegar algo, pero estando en guerra es difícil sin despertar sospechas. —completó Ron con una expresión similar.

—¿Desde que estaban con Lily y James la recuerdan? —preguntó el inefable, que no iba a permitir que lo distrajesen.

—Sí, pero no su nombre, apellido o el lugar en el que vivíamos. Sólo fragmentos sueltos de ella riñéndonos o mimándonos con unas estupendas comidas. —le respondió Ginny con sus ojos marrones apagados.

—Volveremos a nuestra época y ella hará un banquete de bienvenida que nos alegrará los corazones. —le aseguró Harry atrayéndola hacia él, acunándola y dándole un cariñoso beso en la frente.

—Claro que sí —confirmó el inefable con una suave sonrisa—. Hablando de eso, Lily se ha empeñado en preparar una cena especial y traerla con los elfos, como les avisé al mediodía con Hera. —agregó para distraerlos, mirando al hijo de su amiga con expresión expectante.

Otras once miradas se posaron en Harry, que comprendió porqué no preparaban nada.

—De acuerdo, le diré durante la cena que soy su hijo. —claudicó el chico, rodando los ojos al ver a sus compañeros celebrar con vítores. Sonrió al sentir a su novia removerse en sus brazos para girarse, perdiendo un minuto después la noción de todo lo que le rodeaba al fundirse con ella en un beso apasionado.

Chris & Chris pusieron expresiones de fastidio cuando Jessica y Angela les cubrieron rápidamente los ojos mientras carraspeaban.

—¿Hablarán sólo con Lily y James o incluirán también a Jennifer? —preguntó el inefable al verlos separarse, con expresión avergonzada el chico y pícara la chica.

—Sólo con Lily y James. Con Jennifer hablaremos el sábado en la mañana a solas, para poder manejar esa situación con menos problemas. —le respondió Ron.

—Con los Brown nos ha funcionado, pero también es cierto que ellos tienen menos contacto con los otros. —agregó Harry.

—Aún no entiendo porqué no quieren que se enteren Alice, Frank, Angelica, Sirius y Remus que ustedes son sus hijos, mientras que sí se los permitirán a Jennifer, Lily y James. —comentó el moreno mirándolos interrogante.

—James se enteró por la conversación contigo sobre abuelo que yo soy su hijo. Lily y Jennifer se enterarán para que nos ayuden en las pruebas que quiere hacer el señor Major con nosotros para ayudarnos. De no ser por esos dos motivos ellos tampoco sabrían quiénes somos. —le respondió Harry con tranquilidad, pues ya se esperaba ese planteamiento.

El sonido del teléfono los sobresaltó a todos, pues era la primera vez que lo oían desde que estaban en la casa.

—¿Sí? Buenas noches —respondió Hermione, mientras los demás la miraban intrigados—. Sí… No señor… Mi nombre es Jane Mason… Así es… No se preocupe, yo le aviso a Juliet, a Molly y a James… Gracias a usted por llamar.

—¿Qué? —preguntaron todos a coro al verla colgar el teléfono con expresión pensativa.

—El señor Myers llamó para avisarles que mañana no laborarán porque ha fallecido el padre de la esposa y cerrarán el restaurante por duelo estos tres días. Dice que reabrirán el lunes. —respondió Hermione.

—Entonces aprovecharemos mañana para investigar un lugar en que podamos hacer prácticas de vuelo y Quidditch con relativa seguridad. —planteó de inmediato Ginny, que comprendió la preocupación de la castaña pues para su novio no era conveniente estar inactivo un 31 de octubre.

—Excelente idea. —apoyó de inmediato Ron, que comprendió lo que ocurría por la tristeza que había empañado la mirada de su amigo por unos momentos.

—Avisémosle a Lily que puede venir con Harry, James y los elfos cuando guste, antes que a nuestros pelirrojos se les desate el hambre. —planteó con picardía Angela.

—La verdad es que si se demoran te comeré… a besos. —replicó George con sus ojos brillantes y una amplia sonrisa.

Todos se rieron ante la pausa que había hecho el novio, evidentemente intencional.

Harry envió a Moony con el mensaje para sus padres, pidiéndoles a Hera y Rea que lo acompañasen y ayudasen con el transporte de los invitados. Mientras tanto los otros chicos se pusieron sus pasamontañas.

—Buenas noches. —saludaron a la pareja y los elfos en cuanto los vieron aparecer con el bebé. Comprendieron la expresión de susto de la pelirroja mirando al chico con sus mismos ojos, sonriendo ante la de alegría de las pequeñas criaturas que les habían guardado su secreto.

—Sí, Lily. Yo soy la versión adulta de tu hijo Harry —le confirmó él con tono suave, luego de verla mirar al pequeño en sus brazos y de nuevo a él—. Disculpa que me presente abruptamente sin el pasamontañas, pero si te soy sincero no sabía cómo decirte la verdad.

—Me habías dicho que no se lo dirías —comentó James todavía desconcertado, sonriendo con fingida inocencia cuando su esposa se giró a mirarlo con los ojos entrecerrados—. Yo me enteré casi por accidente, cariño. No te lo dije porque él me pidió que no lo hiciera.

—La noche en que Benjy y tú se bebieron todo lo que hubiese en la biblioteca que contuviese alcohol —afirmó Lily luego de mirarlo fijamente durante un par de minutos directo a los ojos, conteniendo con dificultad la risa al verlo bajar la mirada con expresión de niño regañado y asentir—. Debes haberlo sospechado desde que llegaron con nosotros y confirmado cuando naciste —se giró a decirle a su hijo con seguridad, sonriendo al verlo asentir con expresión de desconcierto—. ¿Por qué ustedes tienen puestos sus pasamontañas? —preguntó de inmediato a los otros chicos.

—Porque si nos ven nuestros rostros ustedes harían preguntas que no debemos responder. —le contestó de inmediato Hermione.

—Como el que Neptuno es Neville, el hijo de Alice y Frank, Diana es hija de Angelica y Sirius, Electra lo es de Jennifer y Remus, los pelirrojos son Weasley, Leto es Lovegood, los niños son Brown y tú eres hija de muggles. ¿Cierto? —planteó Lily con tono tranquilo, como si hablase del clima, mientras todos en la habitación la miraban perplejos.

»Conseguí hace un par de horas unas notas que había tomado desde que ustedes llegaron hasta mediados de julio sobre las posibles familias a las que pertenecían los diez chicos que Albus llevó a Deercourage, con unas apresuradas de agosto con el apellido de los pequeños y la palabra "gemelos" al lado. No sé porqué no anoté que Marte era en realidad Harry y Neptuno era Neville, así como los nombres de los demás, cuando debimos enterarnos al dar a luz Alice y yo. Supongo que no me esperaba el borrado de los recuerdos.

Los chicos la miraban atónitos, mientras James sonreía con orgullo por su esposa y Benjy con la alegría de saber que no se había equivocado con su amiga.

—Eres una pelirroja peligrosa. —comentó Harry sin darse cuenta.

—Las pelirrojas generalmente son peligrosas, hijo. —comentó con diversión James señalando con una cabezadita a la menuda chica de ojos marrones y pelo como el fuego, que los miraba con expresión de estar pensando cómo salir del problema mientras acariciaba con su mano derecha su varita.

—No puedes decirle a nuestros padres. —denegó Jessica con angustia.

—¿Por qué no? —preguntaron a coro los Potter.

—Porque entonces tendríamos que borrarles la memoria de nuevo y rastrear en sus casas las notas que hayan tomado de nosotros —respondió con tono seguro Hermione—, lo que debimos haber hecho. —agregó recriminándose a si misma el no haberlo pensado antes.

—¿Es eso una amenaza? —gruñó Lily enojada.

—No, señora, es lo que nos veremos obligados a hacer si insisten en decirles a sus amigos lo que saben porque no podemos permitir que busquen a sus hijos. —le respondió la castaña, con la mayor firmeza que lograba reunir ante la mirada penetrante de las esmeraldas de la mamá de su mejor amigo.

—Ahora mismo quiero que me expliques porqué esa insistencia tuya desde que llegaste a la casa de alejarnos de nuestros hijos. —le exigió James con tono molesto.

—Porque no podemos modificar la historia y generar un desastre. —le respondió Ron en pose defensiva, desplazándose levemente frente a su prometida sin darse cuenta.

—¿Y por qué están tan seguros que sería eso lo que ocurriría? —planteó Lily con el ceño fruncido—. Ustedes nos han dicho que no tienen recuerdos claros de antes del ataque que los llevó a aparecer en el colegio y es posible que el que ustedes compartan con nosotros, bajo nuestro techo y con el calor familiar que les corresponde, sea precisamente lo que sucederá en nuestro futuro, su pasado —continuó al ver que no le respondían y la miraban fijamente—. No es en lo absoluto lógico que se alejen de nosotros para no modificar la historia pero estén presentándose en batallas a pelear con Voldemort y los mortífagos.

—POR PENSAR ASÍ CASI OCASIONO QUE PAPÁ MURIESE. —explotó Jessica a gritos, empezando a llorar sin control en brazos de su prometido, que la había abrazado e intentaba calmarla.

—Mientras estuvimos en su casa nos contuvimos de decirles la verdad porque Gea recordaba que el profesor Dumbledore la había advertido sobre alterar el pasado, cuando le dio un giratiempos para que pudiese asistir a varias clases. Aunque Diana y yo teníamos problemas para limitarnos en nuestras interacciones con ustedes porque somos un poco impulsivos. —explicó Harry mientras le acariciaba la cabeza a la chica de ojos miel con cariño, al ver que tanto sus padres como Benjy se habían quedado mirándola pálidos.

»Pero después de la noche de luna llena que pasamos ayudando a aquellos niños recién convertidos en licántropos fue imposible para Electra mantenerse lejos de Remus, sin una razón más sólida que el argumento de Gea para no estar con ustedes. Fue al intentar acercarse a él y a papá para hablarlo, creyendo que ya nos retirábamos de la pelea en que estábamos, que ella… Si Remus hubiese muerto Electra no hubiese nacido y… Eso nos demostró que la advertencia era muy real, por eso se compró esta casa y hemos hecho lo posible por alejarnos de ustedes.

—Participando en las batallas los hemos ayudado a ustedes y a otros, sin que veamos algún cambio drástico en lo que creemos lógico que ocurrirá y nos traerá aquí —continuó Hermione, quitándose su pasamontañas—. Es cierto que no sabemos si estamos alterando el pasado o no al hacerlo, pero intentamos ser cuidadosos y al mismo tiempo seguir luchando por los principios que nos llevaron a crear "Los Guerreros del Fénix".

—Tranquila, pequeña. No es tu culpa lo ocurrido ese día, ya te lo he dicho —intentó James tranquilizar a la chica de ojos miel, indicándole al novio con un movimiento de su cabeza que la sentasen en la silla cercana—. De todos modos puedes estar tranquila. Ni Lily ni yo les diremos a los otros que ustedes son nuestros hijos y los amigos de éstos, hasta que todos estemos de acuerdo en que está bien que ellos lo sepan. —aseguró al notar que los otros chicos estaban mirando con angustia a su esposa.

—Pueden contar con eso —aseguró de inmediato la pelirroja con una maternal sonrisa, que se amplió al ver sus expresiones de alivio—. Mi jefe dijo que ustedes habían pedido que fuese Jennifer quien los asistiera como medimaga en las pruebas que Benjy y yo haremos con ustedes para devolverlos a su tiempo. ¿No le dirán la verdad a ella? —les planteó luego de unos minutos de silencio en la sala de Greenprairie, en que los otros chicos se habían quitado los pasamontañas y la chica de ojos miel se había tranquilizado.

—Pensamos inicialmente no hacerlo. Pero lo que pueda ocurrir durante esas pruebas y un par de incidentes que hemos vivido desde que llegamos a esta época nos obligan a permitir que ella sepa la verdad —le respondió Harry nervioso. Tomó aire profundamente para decir lo demás que había decidido plantearles esa noche—. También nos lleva a que debemos hablar con ustedes tres acerca de un tema muy delicado: los Dunedains.

—¡¿Qué?! —exclamaron a coro Lily y James, desconcertados, asombrados y un poco asustados.

—Harry, esta conversación no va a ser nada fácil. Creo que será mejor llevarla adelante estando presente Jennifer, que nos pueda ayudar con los detalles que desconocemos por nuestro problema de memoria. —se giró a decirle Hermione, que tenía dos días batallando mentalmente con los pros y los contras de hacerlo así.

—¿Chicos? —preguntó Harry mirando a los otros, pues quería oír sus opiniones antes de decidir.

—El problema es que primero tenemos que buscar una forma sutil de decirle quiénes somos y hablar con ella sobre no decirle a papá. —se atrevió a plantear Jessica con voz temblorosa.

—Podríamos ayudarte Leto, Gea, Urano, Mercurio y yo mientras los demás hablan con Lily y James sobre los nombres que estamos usando aquí en la casa, nuestro desenvolvimiento entre los muggles y otras cosas. —planteó Ginny.

—Chris y yo podemos indicarles a nuestros amiguitos elfos la cocina de la casa y lo que puedan necesitar. —propuso la gemelita.

—Eso no es necesario, señorita. Sif, Idun y Tyr podemos organizarnos sin molestarlos. —intervino de inmediato la elfina mayor, poniéndose nerviosa al ver que sus amos la miraban de forma suspicaz.

Lily y James se dieron cuenta en ese momento que los elfos debían saber la verdad desde antes.

—Están en su casa. Por favor organícense en la cocina mientras nosotros hablamos con Lily, James, Benjy y Jennifer —intervino de inmediato Harry, suspirando al ver a los tres elfos hacer una reverencia y movilizarse con las viandas rápidamente hacia la cocina—. Vamos nosotros al comedor mientras ellos cinco hablan aquí con Jennifer. —les planteó a sus padres, su amigo moreno y aquellos de sus amigos que su novia no había nombrado.

—No sé cómo no se me ocurrió preguntarle a los elfos si sabían quiénes eran ustedes. —comentó James con frustración.

—Los habrías puesto en aprietos, porque yo les pedí que no les dijesen nada. Al igual que hicieron Diana y Electra con Dotty y Wykers. —replicó Harry, suspirando al ver a sus padres denegar.

El convencer a Jennifer de no decirle a Remus la verdad no fue fácil, pero cuando terminaron todos de hablar sobre "lo que los chicos recordaban de los Dunedains, sus ascendientes y algunos dones", la vez en que durmieron veinticuatro horas los dieciocho sin explicación y la llegada de los niños cuando intentaron volver a su época, se convencieron que fue una excelente idea la de Hermione. Al estar presente la gemela la conversación no fue tan complicada, después que Benjy explicase lo que sabía por Angelica y los esposos Potter lo que sabían por las gemelas sobre la familia materna de éstas.

Jennifer y los esposos Potter con su bebé volvieron a sus casas rozando la medianoche, mientras que Benjy se quedó a dormir en Greenprairie. Lily y él no les habían podido hablar de la señora Maia porque no podían hacerlo de nada que fuese parte de su trabajo, pero les aseguraron que investigarían exhaustivamente las pruebas que harían con ellos antes de siquiera planteárselas.

A la señora Maia tampoco le hablarían directamente de los chicos, pues Leonel Major les había hecho ver a Lily, Nataly, Mintaka y Benjy que no debían preocuparla estando tan delicada de salud.

—Me tenías muy preocupado. —afirmó Remus apenas vio aparecer a su esposa, de pie junto a la cama matrimonial.

—Lo siento, cariño. Me avisó un familiar de una posible fuente de información sobre la cura para la licantropía que estoy investigando y olvidé por completo dejarte una nota avisándote. —se disculpó Jennifer, diciéndole lo más cercano a la verdad sin romper la promesa que le había hecho a su hija y el Pacto de Silencio con los doce chicos.

—Te amo y confío en ti —le aseguró su esposo con una suave sonrisa, atrapándola de inmediato entre sus brazos mientras cubría su boca con la suya—. Es sólo que estando en guerra no puedo evitar preocuparme al no saber dónde estás. —le susurró con sus labios apenas despegados de los de ella.

—Te prometo que siempre que vaya a verme con alguien de mi familia te avisaré antes. —le aseguró con sus ojos aguamarina fijos en los miel de él, cerrándolos al mismo tiempo que rozaba con sus labios los de su esposo, entregándose ambos a la danza del amor que practicaban desde su primera noche juntos.


—Me parece cruel no decirles a los otros que entre los chicos están sus hijos, especialmente a mi hermano Sirius que desea tanto una familia propia y a Remus que por su licantropía tiene miedo de tenerla. —le comentó James con tono triste a su esposa, acostados abrazados en la cama matrimonial.

—Lo sé, mi amor. Pero después de ver y oír a Electra entiendo perfectamente el porqué los chicos se niegan. —le respondió Lily acariciándole el rostro con cariño.

—Por eso accedí a hacer el Pacto de Silencio que nos pidieron los chicos —confesó él, con sus ojos avellanas entrecerrados intentando verla sin sus lentes—. Pero espero poder convencerlos que ella no tuvo culpa de lo sucedido ese día, que no han alterado nada, que podemos estar todos aquí como la gran familia que soñó abuela Elba mientras los devolvemos a su época. —siguió con tono esperanzado.

—Yo te ayudaré en eso, pero debemos recordar ir con calma con ellos para no alterarlos —le recordó la advertencia de la gemela que pronto se graduaría en medimagia—. ¿Qué piensas de lo que nos dijeron sobre sus sospechas de antepasados Dunedains? —le preguntó nerviosa, pues si conectaba eso con lo dicho por la señora Maia no sólo su esposo tendría familia en el mundo de las gemelas.

—La verdad es que me sorprendió mucho, aunque Jennifer dice que es posible porque algunos de ellos viajaron a nuestro mundo y formaron familias tanto con muggles como con magos —le respondió él con sinceridad, besándole seguidamente la punta de la nariz—. Después investigaré eso con las precauciones debidas, pero justo ahora quiero hacer otra investigación muy a fondo. —le susurró antes de besarla en la boca apasionadamente.

Hermione, Angela, George, Neville y Benjy comían rápidamente el desayuno para irse a sus respectivos trabajos, mientras Luna ayudaba a Chris & Chris a terminar de organizar la mochila con lo que llevarían a casa de los Brown. Hermione y Harry revisaban un mapa de Inglaterra mientras comían distraídamente. Los otros aún dormían.

—Me gusta que quieran distraerse. Pero no es buena idea eso de buscar un sitio en que volar y jugar en sus escobas estando en guerra. —les insistió Benjy.

—Tranquilo, buscaremos un buen lugar y le pondremos buenas protecciones. —le repitió una vez más Harry la respuesta que le venía dando desde la noche antes de acostarse a dormir, en automático de tanto repetirse aquello.

—Las que James y tú nos ayudarán a verificar antes que llevemos a los niños allí. —completó de manera similar Hermione.

El moreno suspiró y denegó.

—¿No podrían dejarlo para mañana u otro día en que yo pueda acompañarlos? —insistió con tono angustiado.

—Hagamos algo. Zeus te acompañará hoy permanentemente, con la excusa que lo estás estudiando por tu trabajo. —planteó Christine.

—Los fénix tienen una forma muy eficaz e inmediata de comunicarse entre ellos. —completó Christopher al ver la expresión de incomprensión del moreno.

—Si llegase a pasarnos algo durante la expedición te enterarás incluso más rápido que los chicos que están en sus trabajos muggles. —explicó Luna al ver que seguía sin entender.

—De acuerdo. —aceptó resignado Benjy, que comprendió no les haría cambiar de parecer. Estaba seguro que habían inventado esa expedición para mantener entretenido a Harry, que parecía deprimido desde el momento en que sus padres se habían despedido de él la noche anterior aunque no entendía el motivo.

—Moody, moviliza a tus hombres de inmediato a Hogsmeade. El director ha suspendido la reunión con la Ministra porque están atacando el pueblo mágico cerca del colegio. —se apresuró a informarle Rufus Scrimgeour, que venía de acompañarla como guardaespaldas, pasando de largo a buscar a sus hombres.

—Tanto tiempo de inactividad de Voldemort ya era mala señal —gruñó el experimentado auror—. Si te apareces allá te suspendo, igual que hará Major con tu amiga. Recuérdalo. —amenazó a Alice, con quien había estado hablando sobre el expediente de uno de los últimos mortífagos arrestados, antes de llamar a gritos a sus otros hombres y desaparecer hacia el pueblo mágico.

La auror rubia había mascullado su inconformidad pero asentido, pues Lily y ella habían tenido que acceder a no presentarse más en batallas los próximos meses en beneficio de sus bebés, para estar con ellos al menos hasta que aprendiesen a hablar y caminar con el menor riesgo posible de dejarlos huérfanos. Claro está que tanto su jefe como el de su amiga no confiaron en sus promesas y dictaminaron que si no hacían caso las suspenderían de sus trabajos y les quitarían sus varitas. Suspiró y se dirigió al piso nueve, en que su bebé y el de su amiga estaban al cuidado de Idun y Tyr en la oficina de Lily.


—Ataque en Hogsmeade con Voldemort a la cabeza. —trasmitió Luna el mensaje de Hera, con sus ojos plateados muy abiertos.

—¡No puede ser! —exclamó Harry al oírla.

—Jessica, Fred y Ron no se nos podrán unir en los próximos veinte minutos. —comentó Hermione luego de mirar su reloj de pulsera.

—Tenemos que avisarle a los Brown que vamos a combatir, para enviar a los niños al refugio tres si no pueden quedarse con ellos. —agregó Ginny apretándole la mano a su prometido, luego de tragar saliva al oír a su amiga rubia.

—Estos días de inactividad de T.R. fue planificando atacar el colegio. —gruñó Neville, enojado y preocupado a partes iguales.

Harry respiró profundamente y asintió. Tenía que obligarse a sacar de su cabeza las imágenes vistas cuando viajó en solitario al futuro, pues debía estar totalmente enfocado en la pelea. Mentalmente se repetía una y otra vez: "El 31 de octubre de 1980 no pasó nada relevante hasta donde sabemos. Sólo es una batalla más en esta época mientras volvemos a la nuestra". Se apresuró a ponerse su equipo de combate mientras Luna viajaba a hablar con los medimagos Brown y volvía.

Angela por su parte hacía uso de su entrenamiento para no pensar en lo visto cuando, acompañada de sus tíos Aragorn y Faramir, hizo el último viaje al momento histórico por el que su mamá se reafirmaría en usar su don del Manejo de la Energía para cederles todo a los veinticuatro.

Luna, Hermione, Neville y George se miraron de reojo un par de veces mientras se organizaron y aparecieron en Hogsmeade, pues les extrañaba el silencio, la tensión y la oscura sombra que pudieron ver en las miradas de sus tres acompañantes, antes de ubicarse las capuchas cubriéndoles el rostro hasta taparles la nariz. Sin embargo tanto ellos como Angela, Ginny y Harry se enfocaron al llegar al pueblo mágico y ver allí a Voldemort con los mortífagos de su círculo interno, banshees y dementores.

—Venus, Gea y yo vamos a ir contra T.R. y su grupo más cercano. Leto y Neptuno por el costado oeste, Diana y Júpiter por el este. Hagan lo posible por salvar vidas pero sin correr riesgos serios y por ningún motivo se vayan a separar. —ordenó Harry con voz firme.

—Sí. —aceptaron sus seis acompañantes al unísono, empezando a desplazarse rápidamente a cubrir las posiciones ordenadas.

James gruñó en voz baja al verlos acercarse al sitio en que combatían a Voldemort y sus mortífagos más cercanos. Le molestaba no haber podido convencerlos de no presentarse más en batallas. No le extrañó ni un poco cuando su hijo con dos de las chicas los desplazaron a Sirius, Frank, Alastor y él para ser ellos quienes los enfrentasen. Sin embargo sonrió con picardía al ver de reojo que varios en el pueblo miraban a los chicos con curiosidad en vez de miedo, comprendiendo que había tenido un efecto positivo la entrevista publicada en El Profeta por Joan Dryden.

—Su tiempo para volver con sus compañeros mortífagos ha terminado. —siseó Voldemort al impertinente encapuchado que se empeñaba en enfrentarle.

—No pierdas tu tiempo con tus patrañas, T.R. Nunca hemos sido ni seremos mortífagos. Nuestras acciones desde que aparecimos hablan más claramente que tu boca de serpiente. —le respondió con tranquilidad Harry.

—Si eso fuese cierto no hubiese sido necesario el teatro que montaste con la periodista novata. —siseó el terrible mago mientras lo atacaba.

—Tú te haces conocer ante quienes nunca han estado en una batalla dejando la marca tenebrosa sobre las casas de tus víctimas solitarias e indefensas. Mis amigos y yo nos presentamos pública y tan abiertamente como nos es posible en las condiciones actuales —le replicó Harry en el mismo tono anterior—. ¿Por qué viniste hoy aquí, T.R.? —preguntó con tono socarrón—. Ya sé que es de Tontos y Ridículos el querer revivir lo vivido en la infancia y juventud, pero no creí que estuvieras tan viejo que te hiciese falta hacer una reunión para recordar tu época colegial. —agregó con evidente burla.

Ginny sonrió, Hermione suspiró y James gruñó, pero los tres siguieron combatiendo a los mortífagos que estaban enfrentando sin decir nada. La lluvia de maldiciones consecutivas que lanzó el terrible mago a quien así lo había tratado, fueron evidencia elocuente sobre lo mucho que lo había enojado lo dicho por el líder de Los Guerreros del Fénix.

Luna y Neville por su parte sonrieron satisfechos cuando las brujas y magos que encontraban en su camino les obedecían las instrucciones que les daban para ponerse a salvo, mientras ellos combatían a mortífagos y dementores por igual. También notaron que los aurores que peleaban cerca de ellos no intentaban arrestarlos, sino que los integraban sutilmente a la táctica de combate que su jefe les había ordenado. Angela y George notaron lo mismo, aunque se mantenían alerta porque a su izquierda se encontraban Scrimgeour, Dawlish y Williamson, pues de los dos primeros desconfiaban.

Ya llevaban casi veinte minutos de combate, en que la situación no avanzaba para los atacantes ni para los defensores, cuando aparecieron los tres encapuchados que faltaban y ocurrió algo que cambiaría el ritmo de combate.

Ron se había dirigido directamente hacia el punto en que su prometida, su hermana y su cuñado peleaban, después de reorganizar a Luna, Neville, Angela y George con Jessica y Fred, para que se distribuyesen uniformemente, empujando a sus enemigos en dirección contraria al colegio y hacia una trampa antiaparición que la chica de ojos miel lo ayudó a generar rápidamente.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —escucharon Angela, Jessica, Fred y George claramente la voz del director a su derecha, mirando hacia allí tan rápidamente como les era posible en medio del combate.

—¡Rayos! —exclamaron a coro al ver a un grupo de casi veinte chicos con uniforme del colegio intentando ponerse a salvo en Honeydukes.

Pero lamentablemente no fueron los únicos que los vieron, pues los tres Lestrange se desplazaron hacia allí con quince mortífagos bien entrenados y cerca de cincuenta novatos. Rodearon rápidamente al director y los estudiantes. También a los jóvenes aurores Gawain Robards y Joseph Savage, que bajo las órdenes de Richard Harris intentaban proteger a los niños y adolescentes del colegio.

Cuando los cuatro chicos lograron abrir un boquete entre el elevado número de mortífagos ya habían caído inconscientes Savage y Harris, así como herido a tres de los chicos mayores que intentaron ayudarlos a defender a los más pequeños. El director peleaba fieramente, al igual que Robards. Sin embargo, justo en ese momento Bellatrix, Rodolphus, Rabastan y otros cinco mortífagos atacaron simultáneamente en dirección a siete niños pequeños que estaban cerca del director y éste se desplazó a protegerlos, alcanzándolo en un costado dos de las más terribles maldiciones, así como otras de menor calibre en el brazo derecho y la pierna izquierda.

Sus nietas y los prometidos de éstas se desplazaron rápidamente a cubrirlo y alejar de allí a los mortífagos. Se les habían unido Luna, Ron y Neville, avisados por el último de lo que ocurría, mientras Ginny y Hermione se quedaban con Harry a combatir a Voldemort, Yaxley, Travers y los mortífagos bien entrenados que los rodeaban.

Robards cayó herido cerca de Albus Dumbledore. Vio con satisfacción que una de las encapuchadas lograba sacar con trasladadores a los chicos que faltaban, como había estado haciendo el director mientras combatía. Había visto también cómo enviaban a los otros dos aurores a San Mungo. Sin embargo le preocupaba el ver al director inmóvil y boca abajo desde casi diez minutos atrás.

—Electra, Diana, Júpiter, sáquenlos de aquí. —les ordenó Ron señalando a los dos heridos. Estaba preocupado por el escudo antiaparición que sobre todo el pueblo mágico acababa de convocar Voldemort, que no permitía tampoco el uso de trasladadores. No debían usar el modo Dunedain estando Robards consciente y con tantos mortífagos alrededor.

Jessica rápidamente le aplicó un hechizo de evaluación y dos sanadores al auror, que estaba más cerca de ella, mientras su prima y su cuñado verificaban el estado de su abuelo.

—Gracias, ya puedo caminar. —le aseguró Gawain a la chica cuando vio que intentaba ayudarlo a incorporarse, no logrando contener una mueca de dolor al levantarse. Tampoco pudo evitar tener que apoyarse en la pared cercana.

—Beba esto y síganos. Le he atendido lo urgente pero no está en condiciones de quedarse a pelear. —le indicó Jessica, apresurándose con los otros al ver los hechizos que le estaban aplicando Angela y George a su inconsciente abuelo.

—Tenemos que sacarlo de aquí para tener tiempo de examinarlo con más calma y atenderlo adecuadamente. —le explicó la chica de pelo negro con evidente preocupación en su tono de voz.

—Yo lo cargo con ayuda de un hechizo levitador. Ustedes dos cubran la retirada. —les sugirió George, haciendo de inmediato lo dicho al verlas asentir.

Snape los siguió sigilosamente mientras un grupo pequeño de novatos intentaba cortarles la retirada, buscando el momento oportuno para atacarlos. Estando a sólo unos metros de la Casa de los Gritos creyó ver su oportunidad, cuando el chico que cargaba al director tuvo que depositarlo en el piso al caer inconsciente el auror y ser herida una de las chicas. Ya se iba a desplazar hacia ellos cuando vio a los tres encapuchados atacar con una terrible fiereza a quienes los seguían dejando inconscientes a todos, incluso algunos heridos. Se agachó tras el arbusto nuevamente y prestó atención, esperando a que llegasen los refuerzos que estaba casi seguro no demorarían.

—Está grave y no podemos seguir huyendo sin atenderlo. —expresó Jessica su angustia al examinar a su abuelo, aplicándole tan rápido como podía un par de hechizos para intentar estabilizarlo.

—Pronto… llegarán… aquí más… mortífagos. —afirmó Angela apretándose el costado izquierdo, pues aunque la herida no era grave le dolía bastante, además de respirar irregular por la agitación de la pelea y la huida.

—Maldición, dementores. —gruñó George al ver a un puñado avanzar hacia ellos.

—Chicos, ¿qué pasó? —preguntó en voz muy baja Albus al recobrar el conocimiento y ver borrosamente las dos figuras encapuchadas volcadas sobre él.

—Shhh, tranquilo, guarde sus fuerzas. Sus hijas lo necesitan vivo y sano. Mantenga en mente a Angelica y Jennifer mientras se recupera, de lo demás nos ocupamos nosotros. —le indicó Jessica con tono dulce pero firme.

Snape desde su escondite abrió sus ojos al máximo al oírla. Miró seguidamente a los dementores que el encapuchado estaba combatiendo, dudando si aquello sería una alucinación suya producto de éstos. "Pero no es ningún recuerdo infeliz… aunque justo en este momento no sabría cómo definir lo que acabo de escuchar. Angelica y Jennifer siempre me han afectado desde que… ¿Habrá mi mente generado esto por su presencia? Si el director fuese el padre de las gemelas entonces Angelica… Yo soy un mortífago y… Pero en los siete años que estudiamos… Estamos cerca de Hogwarts y esas repulsivas cosas muy cerca". Empezó a sentir que el frío en la zona se incrementaba bruscamente y maldiciendo internamente se alejó, pues parecía que en cualquier momento las criaturas que su amo había llevado rebasarían a quien las enfrentaba.

—Vamos a llevarlo… a La Casa Flotante… y avisarle con Moony… a la señora Luthien… para que lo atienda… Porque está demasiado grave… para Madam Pomfrey y no podemos… llevarlo al hospital. —le planteó Angela a su prima, su respiración empezando a regularizarse un poco, después de ver de reojo a algunos de los otros chicos muy próximos al lugar en el que estaban.

—Tampoco deberíamos ir allá, pero tienes razón en que es nuestra mejor opción. —comentó Jessica con frustración, apretándole una mano a su abuelo que estaba semiinconsciente y asintiendo.

La chica de ojos grises trasladó de inmediato a los dos al modo Dunedain hasta la habitación que algún día se convertiría en la enfermería de La Casa Flotante. Ayudó a su prima a instalarlo mientras el pequeño fénix llevaba el mensaje y regresaba con la esposa del director y madre de las gemelas, su abuela. Echaron sus capuchas atrás para poder verse a los ojos y entenderse con solamente mirarse mientras organizaban rápido con sus varitas lo necesario cerca de la cama en que lo habían recostado.

—¿Quiénes son ustedes y cómo es que sabían de esta casa? —les preguntó la Dunedain con voz firme al entrar a la habitación a la que la guiase el ave fénix, apuntándoles con su varita y desconfianza tanto en su mirada como en su voz.

—Eso no es lo importante en este momento, señora, sino la salud de su esposo. —le respondió seria Jessica.

—Lo hemos traído porque estamos seguras que usted podrá atenderlo adecuadamente como Guía de la Salud, mientras que para la enfermera del colegio sería difícil atender algo tan grave. —completó Angela con sus ojos azules como tormenta eléctrica fijos en ella. Ya había logrado regularizar totalmente su ritmo respiratorio.

—Les avisaremos a sus hijas tan pronto nos sea posible. —finalizó Jessica con sus ojos miel casi dorados por el enojo.

—Chicas… mis gemelitas… los niños… —murmuró Albus inquieto.

—Tranquilo. Los estudiantes ya están a salvo en el colegio y sus hijas están bien. —le aseguró Angela con tono suave mientras su prima le acariciaba la frente con cariño.

Las dos miraron una vez más a la Dunedain. Se destensaron al ver que cambiaba su expresión de desconfianza por una llena de curiosidad, pero se desplazaba rápidamente hacia ellos tres mientras con su varita convocaba unas pociones y con su mano izquierda otras.

—Vamos. Él está en buenas manos y debemos ayudar a Júpiter y los otros. —apresuró Angela a su prima al verle intenciones de quedarse a asistirla.

—Necesitará ayuda. —la contradijo Jessica con seguridad.

—De acuerdo. Pero regresa tan pronto puedas y mientras estás aquí ten mucho cuidado —le recomendó Angela luego de morderse el labio inferior—. Yo tomaré su lugar para que esos malditos no le den información errada a Voldemort. —agregó con tono feroz.

—Dile a Mercurio que estaré de regreso tan pronto me sea posible. —le pidió Jessica mientras con su varita le aplicaba un rápido hechizo sanador a la herida en el costado.

—Debería quedarse para que su amiga y yo la atendamos adecuadamente, luego de hacerlo con mi esposo. —recomendó Luthien con el tono frío e impersonal que usaba las escasas veces que atendía a desconocidos. Le extrañaba que supiesen de ella y el parentesco de las gemelas con Albus, pero le despertaba desconfianza el que ocultasen sus rostros y que hablasen de batallas.

—Le agradezco el consejo pero debo retirarme. —le respondió con tono respetuoso pero frío Angela, sus ojos azules desafiándola.

Luthien frunció el ceño al ver en aquella mirada algo idéntico a la de su hija Angelica cuando estaba enojada con ella, como la última vez que la vio y discutieron por su decisión de no permanecer en su casa materna. Un leve quejido del herido cortó el cruce de miradas entre Angela y su abuela, saliendo la primera rápidamente del cuarto mientras la segunda se desplazaba a atender a su esposo.

—No sé cómo se me ocurrió traerlo aquí con ella —murmuró la chica de ojos grises con tono molesto, mientras se concentraba en el pasillo para adquirir la apariencia de su abuelo—. Aunque no teníamos muchas opciones. Sólo espero que Electra no se vea en problemas por esto. —agregó mientras modulaba su voz para que sonase igual a la de Albus Dumbledore. Asintió satisfecha al haberlo logrado y reapareció en el sitio en que habían dejado a su novio peleando y protegiendo al auror inconsciente.

La tranquilizó el ver que Luna, Fred, Neville y Ron ya habían llegado allí, ayudándolos a combatir a los dementores y mortífagos que se habían desplazado hasta el lugar. Como no podía imitar el patronus de su abuelo se dedicó a combatir a los secuaces de Voldemort con los movimientos y hechizos que él normalmente usaba. Sonrió internamente al oírlos decir el apellido de su abuelo con temor y empezar a retirarse, ayudando a sus compañeros a empujarlos de nuevo hacia el poblado.

Cuando Voldemort vio de lejos al director de pie y combatiendo maldijo para sus adentros, pues era evidente que su plan había fracasado. Ya no tenía sentido avanzar hacia Hogwarts como había estado haciendo, empujando a quienes lo enfrentaban lenta pero firmemente para que viesen el cadáver de su enemigo. Convocó la marca tenebrosa sobre el poblado y desapareció. Perdió muchos hombres en ese ataque que planeó tan meticulosamente durante meses, no podía seguir arriesgándose sin haber conseguido que sus peones eliminasen a Albus Dumbledore, el único a quien consideraba capaz de detenerlo.

"Tendré que castigar adecuadamente a Yaxley por los errores cometidos con los jóvenes mortífagos novatos, pues sólo así es lógico que se haya escapado el viejo director de la trampa que tan cuidadosamente planeé. Llevar a Hogsmeade a un grupo de estudiantes del colegio y no dejarles ninguna posibilidad de escape no es tan difícil, pues los jóvenes en Halloween sólo piensan en diversión y no en la realidad que les rodea".


—Se desenvuelve usted muy bien como aprendiz de Guía de la Salud. —felicitó Luthien a su acompañante en cuanto su esposo estuvo a salvo y durmiendo profundamente.

—Gracias señora. —le respondió Jessica con tono respetuoso, ya tranquila en cuanto a su abuelo pero ahora muy nerviosa por la mirada inquisitiva de su abuela sobre ella.

—Mi nombre es Luthien. Aunque supongo que usted y su compañera están al tanto pues saben que Albus es mi esposo, como también que Angelica y Jennifer son nuestras hijas. —le planteó la mujer mayor lentamente, analizando sus reacciones, notando que ya no estaba tan molesta como observó cuando llegó pero sí más nerviosa.

—Mi nombre no lo sé, señora Luthien, por un problema que tenemos mis amigos y yo con nuestras memorias. Me desenvuelvo con el seudónimo Electra. —le respondió Jessica mirándola con curiosidad, evadiendo su planteamiento para no generar más preguntas que luego no le podrían responder al director.

La intrigaba la dulzura y delicadeza con que había curado a su abuelo. Siempre había tenido como imagen suya a una mujer fría y calculadora, aunque excelente en su desenvolvimiento como sanadora, por el trato que les dio a sus tíos Brown mientras la ayudaban a atender a su tía y su mamá. Con ellas había sido atenta, pero las reñía mucho.

—Entonces ustedes dos son parte del extraño grupo de jovencitos que llegó al colegio y tiene tan preocupado a Albus —afirmó la Dunedain detallándola más aún—. Si vienen a esta casa los conduciré al Consejo Dunedain para que los ayuden, pues es evidente que saben de nosotros.

Jessica palideció y se quedó paralizada, muy asustada. No se había esperado que su abuela supiese de ellos.

—Mamá, ¿dónde estás? —escucharon las dos claramente la voz preocupada de Aragorn, llamando casi a gritos desde el pasillo.

—Aquí, hijo. —respondió Luthien en voz suficientemente alta sin despegar su mirada de los ojos miel de la chica, notando que su nerviosismo era aún mayor ahora.

—¿Qué tiene papá? —preguntó asustada Eowyn al entrar tras su hermano y verlo en la cama tan pálido.

—Lo hirieron en una batalla en contra del asesino que se hace llamar Lord Voldemort, ése que se empeñaron sus hermanas en ir a enfrentar. Lo trajeron esta joven y otra que se fue a pelear con su apariencia para que crean que sigue allá, de pie y peleando, cuando en realidad lo acabamos de sacar de peligro. —le respondió la madre con evidente enojo.

—¿Por qué el pasamontañas? —le preguntó Aragorn a la chica con tono desconfiado. Si no empuñaba ya su varita era por la tranquilidad con que su mamá se venía desenvolviendo desde que entró allí.

—Seguridad. —le respondió Jessica temblorosa.

—Es uno de los chicos que apareció en el colegio. —informó Luthien a sus hijos mayores y los esposos de éstos.

—Puedes quitártelo y tranquilizarte. No te vamos a lastimar. —le planteó Faramir con tono suave y convincente.

Jessica tragó saliva, retrocedió un paso y denegó, inconscientemente pues su mente consciente estaba bloqueada.

—Tranquila jovenc… —empezó a decirle Arwen, cortándose al oír el ruido de la puerta que se abría tras ella.

—Electra, ¿cómo sig…? —entró preguntando Angela a su prima por la salud de su abuelo, aún con la apariencia y voz de él, deteniéndose bruscamente al ver lo que estaba sucediendo. Su respiración empezó a ser un poco irregular pero se obligó a pensar. Evaluó rápidamente con algunos de sus dones la situación y tomó un par de decisiones. Recuperó su aspecto, con su equipo y pasamontañas, con un suave movimiento de su mano izquierda mientras en la derecha mantenía firmemente agarrada su varita, aunque apuntando al piso. No se colocó la capucha para poder intercambiar miradas con su prima, además de pensar que despertaría menos recelo si le veían los ojos—. La batalla ha terminado —informó con tono templado—. ¿Cómo se encuentra el profesor Dumbledore? —preguntó acercándose lentamente al grupo.

—Ya está fuera de peligro. —le respondió la abuela al ver que la otra chica parecía incapaz de hacerlo.

—Esa es una buena noticia. Angelica y Jennifer White vendrán en un par de minutos a verlo, en cuanto sea factible hacerlo sin generar problemas —informó Angela mientras lentamente, con cautela, se acercaba a su prima—. Si nos disculpan Electra y yo nos retiramos.

—No. —negó con firmeza Aragorn, mientras con su mano derecha le ordenaba detenerse.

Angela dejó de avanzar hacia su prima, sus ojos viajando rápidamente entre el rostro del tío que tanto quería, los otros tres y su abuela; por último vio los ojos miel de su prima y comprendió que estaba demasiado asustada para ayudarla.

—Papá me habló de ustedes. También sé que nadie del otro lado del Sello Dunedain sabe de esta casa ni del parentesco entre mis hermanas y él. Es evidente del apellido con el cual las nombraste que estás al tanto que eso es un secreto, así que quiero saber cómo se enteraron. —la interrogó Aragorn con tono firme.

—Desaparece ahora mismo, Electra. —le ordenó Angela con el tono de mando que usaba con ella mientras la entrenaba en la última etapa, rogando internamente que fuese suficiente para que reaccionase y la obedeciese.

Los cinco Dunedains fruncieron el ceño al ver que la otra chica se sobresaltaba, tomaba aire y hacía lo ordenado por su compañera, sacando los cuatro más jóvenes sus varitas.

—Tiene usted razón en que es un secreto que Angelica y Jennifer White son en realidad hijas de Albus Dumbledore —confirmó Angela con fría calma, mientras guardaba su varita en el cinturón de cuero de dragón de su cintura—. Pero no le puedo decir cómo nos enteramos porque no lo sabemos, ya que tenemos lagunas mentales desde que aparecimos en el colegio. —continuó con tranquilidad mientras se acercaba al hombre en cama.

»No sólo sabemos eso, sino de esta casa y también ciertas leyes que debemos respetar. La más importante en el problema en que nos encontramos es que no se debe alterar el pasado viajando en el tiempo. Aunque no llegamos aquí voluntariamente igual debemos tener cuidado con no alterar la frágil línea del continuo espacio tiempo. —afirmó mientras detallaba a su abuelo y lo evaluaba con sus dones tan rápido como le era posible, controlando con su vista periférica a quienes la acompañaban.

—Eres muy joven para lo que acabas de hacer y lo que has dicho. —le planteó Aragorn con tono suave y lleno de curiosidad. Había guardado su varita y esperado en silencio a que terminase, al igual que su esposa, su hermana y su cuñado, mientras su mamá miraba a la chica con el ceño fruncido.

—No han seguido conmigo el procedimiento de entrenamiento normal, porque… —empezó a responderle con tranquilidad.

—… a algunos de nosotros la palabra "normal" no se nos puede aplicar, aunque lo quisiéramos —completó Harry, que entraba en ese momento a la habitación con paso firme y expresión atenta, con su rostro cubierto sólo por su pasamontañas pues había echado su capucha hacia atrás—. Eso no es necesario, señor Aragorn —agregó al ver que con agilidad sacaba de nuevo su varita y le apuntaba con ella, sonriendo al ver que entrecerraba los ojos.

»Por favor, no haga usted eso. Tengo dolor de cabeza y mi Occlumancia no es debida a usted sino al enemigo al que me veo obligado a enfrentar —le pidió con tono tranquilo al darse cuenta que intentaba leerle la mente, continuando su avance seguro y firme hacia su hermanita—. Electra nos dijo muy nerviosa que el profesor ya estaba fuera de peligro, pero que tenías compañía que sentía mucha curiosidad sobre nosotros. —respondió la muda interrogante de los ojos grises de ella.

—¿Cómo están los otros? —preguntó Angela preocupada.

—Mercurio y Leto fueron heridos gravemente, pero ya los saqué de peligro y Venus los está atendiendo —le respondió Harry con sinceridad, sonriéndole con cariño al verla parpadear atónita—. Ahora dame unos minutos para ayudar al profesor y luego nos vamos. —le indicó.

—Deja primero que te ayude a mantenerlo fuera de tu mente y con tu dolor de cabeza. —le respondió ella.

El pasamontañas estaba adherido a la zona de la cicatriz con un tono oscuro, lo que significaba que estaba sangrando y haciendo un esfuerzo enorme para mantener a Voldemort fuera de su mente cuando seguramente estaba furioso. Sabían que estando en La Casa Flotante no le afectaba por medio de la cicatriz, pero también que una vez saliesen de allí sería grave.

—Te lo agradezco. —aceptó Harry con tono cansado y una pequeña sonrisa. Empezaba a sentirse mareado.

Arwen, Eowyn, Faramir y Aragorn intercambiaron miradas preocupadas, mientras Luthien se desplazaba hacia el estante cercano con el ceño fruncido. Los cinco observaron asombrados como la chica envolvía al chico con una burbuja plateada mientras entonaba en voz muy baja un cántico en su lengua materna. Su estupor aumentó cuando al ella finalizar y cesar la burbuja él le sonrió, se giró hacia el hombre en cama y de sus manos se desprendió una energía esmeralda que envolvió a Albus Dumbledore totalmente.

—¿Marte? —preguntó Albus al abrir los ojos y ver al chico con su traje de combate mirándolo atentamente, al poco de cesar la luz esmeralda.

—Descanse usted, profesor. Ya luego con su familia podrá hacer conjeturas sobre lo que ellos le contarán que ha ocurrido desde que cayó herido. —le respondió Harry con una amplia sonrisa, guiñándole el ojo derecho al ver que lo interrogaba con sus ojos azules claros antes de girarse a mirar a quienes los rodeaban y el sitio en que estaba.

—¿Qué hiciste? —le preguntó asustada Angelica. Había llegado con su gemela justo cuando el chico envolvía a su papá con aquella extraña energía esmeralda, la que cesó segundos antes que su padre recobrase el conocimiento.

—Un pequeño truco que use inconscientemente antes y estoy aprendiendo a perfeccionar —le respondió Harry con picardía—. Sólo que no puedo hacerlo cuando estamos rodeados de personas que no saben de los Dunedains, como comprenderás.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Luthien con evidente inquietud.

—Amigos venidos del futuro de manera involuntaria, que mientras logramos volver a nuestra época enfrentamos a quien debe ser detenido —le respondió el chico de ojos esmeraldas con tono respetuoso, abrazando de inmediato a su hermanita al verla de reojo tambalearse—. Debemos retirarnos ya. Disculpen que no podamos responderles más preguntas.

—Esperen jóvenes —los detuvo con tono firme Luthien—. Beban esta poción. Estoy segura que los ayudará. —agregó tendiéndoles dos vasos con poción plateada, que acababa de cambiar por el que había tomado inicialmente para darle al chico, al ver que no desaparecían y la miraban con curiosidad.

—Gracias señora —asintió Harry, tomando primero uno y haciéndoselo beber a Angela, bebiendo luego el otro él—. Los otros chicos deben estar preocupados, debemos irnos ya. Rea estará desde este momento con ustedes hasta que el profesor pueda volver al colegio. —agregó mirando directamente a las gemelas, apretándole levemente el brazo al director.

—Comprendo que deben retirarse, pero debemos vernos luego para conversar sobre algunas cosas. —replicó Aragorn con tono firme.

—Con lo único que me puedo comprometer es con transmitirle su planteamiento a mis compañeros, debatirlo con ellos y avisarle con uno de nuestros fénix nuestra decisión —le respondió Harry con sus esmeraldas clavadas en los ojos aguamarinas de él, sonriendo al verlo asentir con el gesto respetuoso que bien le conocía—. Descanse, profesor, le hace falta —le dijo con tono cariñoso a quien siempre querría como un abuelo—. Hasta luego señores. —se despidió e inclinó levemente la cabeza antes de desaparecer con Angela.

—No me dijiste que esos jóvenes sabían de mis hijos y de esta casa. —le reprochó Luthien a su esposo.

—No lo sabía. —le respondió él en voz baja, con la sinceridad trasluciéndose en sus ojos azules, que se le cerraron un par de minutos después por el cansancio de su cuerpo.

Luthien se preocupó y pasó su mano derecha sobre él para examinarlo. Suspiró con alivio al ver que estaba casi totalmente recuperado de sus heridas pero muy agotado.

—¿Mamá? —preguntó Eowyn preocupada.

—No sé qué hizo el joven, pero su recuperación es asombrosa para las heridas que le infligieron —le respondió en voz baja indicándoles a los seis que se retirasen para dejarlo descansar.

En cuanto salieron le hizo beber con cuidado medio vaso de poción con sabor a chocolate. Vio con curiosidad que aparecía el fénix amigo de su esposo y junto al otro pequeño empezaban a entonar notas suaves.

Eowyn empezó de inmediato a curar a su hermana más tranquila con expresión de regaño contenido, mientras Angelica le pedía con sus ojos aguamarinas a su hermano mayor que las ayudase con el problema que veía venir con la mamá, en el pasillo fuera del cuarto esperando a que saliese ella. Aragorn asintió mirándola con cariño. Le acarició la cabeza mientras abrazaba a Jennifer cuando Eowyn empezó a curar a Angelica.

Arwen y Faramir se prepararon mentalmente para la batalla dialéctica que tendría lugar en breve, en la que sólo participarían si les era requerido, aunque la de ojos esmeraldas además usaría su don mezclado para calmar los ánimos tanto como fuese posible.


—¡¿Están locos?! Claro que no podemos hablar con ellos. —negó con rotundidad Hermione apenas terminar George, Jessica, Angela y Harry de contarles a todos los que estaban despiertos lo ocurrido desde que cayese herido el profesor Dumbledore.

—¿Y te parece que debía haberme negado de inmediato sabiendo como es Aragorn? —le preguntó con una sonrisa pícara Harry.

—No, claro que no. —admitió la castaña a regañadientes.

—Papá Aragorn contó…

—… en una de las reuniones…

—… que sostuvimos para…

—… coordinar el venir a…

—… buscarlos, que nos…

—… habían conocido a…

—… Los Guerreros del Fénix…

—… mamá Arwen, tía Eowyn…

—… papá Faramir y él…

—… Pero que apenas si…

—… pudieron hablar en contadas…

—… ocasiones con nosotros…

—… Y que no sabían casi…

—… nada de nuestra estancia…

—… aquí porque ellos estaban…

—… complicados averiguando…

—… sobre el Dunedain traidor…

—… y con el Entrenamiento Dunedain. —les contaron los gemelitos.

—Los evadiremos tanto como sea posible sin generar problemas con Jennifer, Angelica y el profesor Dumbledore. ¿Qué opinan? —planteó Harry luego de oírlos, tranquilizándose al ver que incluso Hermione asentía en aceptación.