Cap 26 La consulta

Ya desde un siglo mas o menos que escribí XD espero me disculpen la tardanza. Pero he sufrido una "pseudo-depresión" de disque creatividad. Pero he superado eso, y aquí estoy. Por eso, he traído el capitulo que Davis me pidió, donde él será la estrella.

Advertencia hombres: si buscas que hable de la belleza femenina, y hable de lo bellas que son las bubis de Kari, cambia de historia, trataré de ser equilibrada, pero ensalzaré al bello moreno que se merece cariño. Advertidos.

Cuatro años de carrera, y tres de especialidad en urología. La medicina era mi mundo desde hacía ya diez años. Y eso me había corroído las relaciones sociales.

Prodigiosa en lo que hago, con solo seis años ejerciendo profesionalmente, me he vuelto una de las mas solicitadas en este hospital d especialidades de Tokio. Sobre todo porque soy cirujana. Y no hay muchos cirujanos en la rama de urología, no como en obstetricia por ejemplo.

Mi último novio fue un doctor de este hospital. El cual mermó mi dignidad acostándose con la primera estudiante o cualquier enfermera que veía. Harta estaba de todos esos patanes que son los doctores. Tan estudiosos, tan capaces, tantos años de estudio del cuerpo humano, tan pretenciosos, tan vacíos y prejuiciosos, tan pendejos.

Mi experiencia en estos seis años ejerciendo como uróloga recibida, me ha dictado que el corazón no cabe en la vida de una eminencia medica. Todos los grandes doctores que conozco, están llenos de problemas en su relación. Y yo prefiero abstenerme de eso.

El problema es que me hace falta un hombre, alguien a quien masturbar o por lo menos besar. Si, mi problema es el sexo. Tan irónico que atiendo padecimientos en el los genitales masculinos, y no he tenido contacto sexual con uno desde hace mas de cinco años.

La pesadez de mi asquerosa vida privada me absorbía mientras atendía a un anciano con problemas en la vejiga. Bueno, eran esos padecimientos imaginarios que tanto padecen los hipocondriacos.

-ya le dije señor Yamanaka, no tiene nada, solo tome esas píldoras que le receté en pequeñas dosis, tal como el dije hace una semana.

-gracias Dra. Yagami, gracias. –decía con gentileza el hombre mayor mientras retiraba su vieja y corrida existencia de mi presencia.

El sonido de la puerta me hizo torcer los ojos mientras le autorizaba a la enfermera su entrada.

-perdone Dra. Yagami, ya llegó la cita de las tres. Motomiya-san.

-bien, bien. Hazlo pasar y termina con mi sufrimiento. –dije mientras imaginaba al anciano que estaba a punto de entrar con otro padecimiento imaginario.

-muy bien. Puede usted pasar –le escuché indicar a la mujer al tiempo que unos pasos firmes se aproximaban a mí. Pensando que se trataba de un hombre maduro, como todos mis pacientes que no son menores de 40 y tantos, no despegué la vista de mi libreta.

-buenas tardes doctora. –me dijo cortésmente una voz grave, muy masculina y sobre todo, joven, muy joven. (N/a: aquí en México a Davis lo dobla un actor llamado Daniel Ramírez. Voz por excelencia de superhéroes como spider-man. Y yo en lo personal, adoro la voz d ese hombre.) La sorpresa me inundó y una emoción que no entendí del todo. Miré inmediatamente al portador de tan sensual voz, y se trataba de un jovencito de no más de dieciocho años.

-muy buenas tardes, joven ¿en qué le puedo ayudar? –dije con un dejo de coquetería en la voz. Pero por algún motivo él no lo captó.

-muy buenas tardes Dra. Verá, mis estudios universitarios a los que me voy a unir, me piden una revisión detallada de mi cuerpo, y pues tengo que verificar que todo esté bien en mi cuerpo. –dijo el muchacho apenado, se notaba que nunca se había hecho una revisión de este tipo.

-Muy bien, te haré una revisión en la próstata. ¿Me das tu nombre y edad por favor? –dije tratando de recobrar la seriedad el tiempo que me disponía a escribir en mi bloc.

-Daisuke, Motomiya Daisuke, Davis de cariño je. –Dijo el chico con su gruesa voz, que me derretía cada vez que él hablaba.- y tengo 18 años.

Mi corazón palpitó y un vértigo se hizo presente en mi estomago, cuando en el instante mismo que dijo su edad, yo lo imaginé poseyendo mi cuerpo con su tórax de deportista descubierto. Sudé frío, pues sabia que revisaría su ano en busca de que todo en su próstata estuviera en orden. Una ambición enfermiza por lamer y penetrar ese esfínter me inundó, nubló mi razón, y la enseñanza moral y tradicional de que es el hombre el que sodomiza, no la mujer.

Su piel mostraba el nerviosismo en cada vello corporal, y el inminente miedo al dolor se apoderó de él. Me comenzó a hacer preguntas sobre el procedimiento que usaría, y mi perversa y enferma pero sobretodo desesperada mente maquiló una muy retorcida idea que me cautivó por lo aprovechada y hasta cierto punto cruel que era. La respuesta que lo confortaba, que todo saldría bien, y que procuraría no lastimarlo, lo hizo calmarse.

-Esta pregunta te incomodará pero es de rutina ¿Has tenido relaciones sexuales recientemente?

-no, nunca he tenido relaciones sexuales. Soy virgen –dijo avergonzado el jovencito. Mi corazón entonces saltó de alegría.

Después de las preguntas de rutina, le pedí que se quitara el pantalón, y el muchacho obedeció, conforme avanzaba el tiempo, su nerviosismo crecía, pude ver tras el biombo como se despojaba de sus prendas, empezando por esa camiseta deportiva con el número 1 en ella, seguido del pantalón corto deportivo color rojo con blanco. Pude visualizar que tras esas ropas, se escondía un cuerpo perfecto: brazos gruesos y trabajados, tórax musculoso, glúteos prominentes y piernas gruesas, propias de un futbolista.

Se puso la bata quirúrgica, y salió del biombo. Nervioso y con la mirada evasiva, temiendo por su virginal ano.

-acomódate boca abajo sobre la camilla. –le ordené con la mayor confianza y dulzura que mis labios pudieron emitir. Respiró nervioso, y obedeció sin reparos. –relájate, o te dolerá mas de la cuenta.

-¿Más de la cuenta? –preguntó preocupado.

-inevitablemente te dolerá, pues meteré un dedo para llegar a tu próstata y tomar una muestra de tejido. Pero si relajas el musculo no padecerás tanto. –me dispuse a cumplir con mi trabajo. Ansiosa por ello, ya estaba. Separé sus glúteos, y rocé con mi mano su dulce entrada, entonces él se movió alejando mi mano.

-¡Espere! Es que no quiero sangrar ¿habrá hemorragia o algo así? ¿Volveré a sentarme cómodamente? ¿Voy a poder tener hijos? –las preguntas evitando del contacto con su recto eran tantas que tuve que tomar una acción drástica.

-¡Tranquilo! No te lastimaré, lo prometo, nada de lo que piensas se hará, es más, usaré una técnica especial para asegurarte comodidad. –dije con una marcada doble intención, que por supuesto el jovencito no notó.

-Gracias Dra. –dijo él aliviado.

Separó sus musculosas piernas color canela, y comencé a acariciar su espalda, para relajar sus nervios. Cosa que empezó a tener efecto en él, cuando me aseguré de que las caricias le estimulaban, sabía dónde tocar, acerqué mi lengua a su recto, y comencé a lamerlo, él al principio se sorprendió, pero el contacto con mi lengua le gustó, tanto que separó más las piernas inconscientemente.

-aahh... mmm- comenzó a gemir despacio. Y apretaba con su puño las sábanas blancas de la camilla. Yo por mi parte, me sentí extraña, nunca le había hecho sexo oral a un hombre, al menos no en el ano. Pero el sabor salado y la virginal piel de ese joven, me hicieron olvidar toda inhibición o regla que dicta la moral, o la ética. Yo disfrutaba del festín que me proporcionaba la juventud y la inocencia de Davis.

Pronto, mi bata blanca estorbó, y comencé a estimularme acariciándome los senos. Me ti el primer dedo, y él sintió dolor, peor no fue tan grande. Lo metía y sacaba y pronto metí otro más, pude sentir su próstata y tomé el hisopo, y tomé una muestra. Para después seguir envistiéndolo con mis manos.

La sensación de que era yo al que lo penetraba, aunque sea con las manos, me hizo sentirme distinta. Nueva, llena y plena. Davis babeaba sobre la camilla. Después quitó mis manos, me cargó y me sentó sobre la camilla, moviendo mi falda y deshaciéndose de mi pantaleta, lamió ansiosamente mi entrada, como si no quedará nada más en el mundo. Me arqueé del placer que su lengua inexperta me hacía experimentar.

Sus dedos, posados sobre mis senos, se movían en círculos, apretando mis pezones y subiendo la lengua para lamerlos, me hacía delirar. Miré su pene erecto, ese monstruo que alcanzaba los 20 cm con toda facilidad. Perpleja, como doctora me parecía imposible que un jovencito como él estuviera tan dotado, pero la verdad, en ese momento yo no era doctora, era mujer, esa que tenía mucho tiempo que no era.

Su sexo se introdujo sin aviso dentro de mí. Y la estrechez de mi cavidad vaginal, propia de mi falta de vida sexual, lo hicieron entrar con lentitud. Pero pronto ambos nos acostumbramos al otro. Su falo comenzó a entrar y salir de mi cuerpo con libertad.

La sensación de saber que hacíamos algo incorrecto se convirtió en adrenalina, en dopamina que estimulaba a mi ya no tan joven cerebro, su vigor, su juventud, su inocencia, palpable en el acto erótico me hacían sentir plena.

La llamada de que su erección llegaba a su fin, me hizo detenerme por unos instantes. Me aproximé a su miembro todavía erecto, y comencé a estimularlo oralmente. Su cuerpo producía espasmos, en el momento en que evité la erección con mis manos tomando el prepucio, y halando ligeramente los testículos. Un fuerte alarido lleno de placer salió de su potente voz. La erección no desapareció, y entonces yo me posé sobre él para continuar.

El inexperto jovencito me observaba hacer de él lo que yo quería. Su mente apenas asimilaba lo que le pasaba y no hacia más que quejarse, como el dulce niño que aun era. Me sentaba sobre él, marcaba el ritmo, y él enloquecía con cada movimiento de mi cadera.

Me aproximé a él, y le di un beso cargado de emociones diversas. Sus besos dulce y con más experiencia que su pene, me daban esa satisfacción que ninguno de mis novios me había dado. La respiración aumento su velocidad. Mi cuerpo se erizó con el segundo orgasmo que alcanzaba esa tarde, y su pene parecía tener vida propia por al velocidad que había alcanzado.

Nuestros besos era una manifestación más de nuestras emociones en esos momentos, era un estímulo más. Pronto lo escuché gemir gravemente supe que se vendría pronto.

Se vino dentro de mí. No me importó, como doctora sabia como lidiar con ello. Cayó rendido junto a mí, me miró y sonrió.

-tenías razón, no me dolió –dijo ente jadeos el dulce jovencito.

-no por anda soy una eminencia, niño –dije yo en las mismas condiciones que él.

La puerta sonó y la enfermera me avisó tras ella que ya había llegado la siguiente cita, Davis se vistió frente a mí.

-tienes que venir dentro de tres días para que te dé los resultados de la muestra.

-bueno, creo que tendré que sacrificarme y venir hasta acá ¿no? –dijo con malicia el moreno

-si, no va a haber opción –contesté, sabiendo que esto era el principio de algo más grande.

Fin

¡Ya acabé! Gracias a todos por su infinita paciencia, esperándome tanto tiempo.

Esto fue algo inusual, y distinto, pero me gusta renovarme, probar cosas nuevas y no estancarme. Espero que les haya gustado.

Entre los pendientes, tengo Koukari, kenkeru, Tai x Mimi x Matt, KouKou, un Angemon x T.K., y otros mas que no me acuerdo por el momento, peor que siempre estoy al pendiente de revisar, y n me olvido de otros que están pendientes desde hace tiempo. Lo prometo.

Bueno eso es todo, cuídense y besitos!