N/A: ME DUELE LA VIDA PERO LOS AMO ME ENCANTA AH #soinlovewiththisship


Inspira, expira, inspira, expira.

Oh, ¡vamos! Ya firmaste los papeles, frente a la ley tú ya estás casado, ¿por qué estás tan nervioso?

Es lo que se preguntaba a sí mismo el japonés mientras se arreglaba la chaqueta y la camisa una y otra vez.

Debía tener cuidado de que no se le manchase en la cena, pero no podía parar de tocarlo por el nerviosismo.

-Tranquilo, jeez, estás perfecto. No hace falta tantos nervios.

Kuro se giró, viendo a Zao en la puerta.

-Lo dices porque no te vas a casar tú.

-Puede.- Puso sus manos en los hombros del pelinegro.- Nunca pensé que te casarías antes que yo. O más bien, nunca.

-Sinceramente... Yo tampoco.- Suspiró.- Pero...

-Sí, lo entiendo...

Se quedaron en silencio.

-¿Realmente le amas?

-Por supuesto.- Kuro nunca había respondido tan rápidamente.

Zao sólo asentió.- Te están esperando.

Kuro se levantó, dándose un último vistazo al espejo.

'Es sólo Luciano, oh vamos, ni que fueras a casarte con un desconocido, respira hondo.'

Inspiraba, expiraba.

Cruzó la puerta y entró a la sala donde se celebraría la boda.

Oliver había conseguido la licencia para poder casar a dos personas (o más bien, celebrar) al haber sido concejal en un ayuntamiento de Inglaterra.

Se acercó rápidamente a su puesto, y, de lo tenso que estaba, casi pegó un salto al notar las manos de Lutz en sus hombros sorpresivamente.

-Wow, si que estás nervioso.- Sonrió el alemán.- Todo un show, he tenido que esperar años a que te casases para por fin verte así.

-¿Te divierte?- Respondió casi con molestia.

La sonrisa de Lutz se deshizo un poco, pero volvió a aparecer tras un pequeño silencio.- Oye, no te preocupes. Tú le quieres y él te quiere, aunque no lo admita en voz alta. Veo la manera en la que os miráis. Él no me miraba así cuando estabamos juntos, te lo puedo prometer.- Rió.- Realmente le importas, mucho. Ten cuidado, Kuro. Sois los dos mis amigos, pero Luciano puede ser realmente sensible, aunque no lo parezca.- Se acercó a su oído.- No le dañes. Jamás.

-Sabes que no lo haré. Nunca.

-Lo sé.- Sonrió de nuevo.-Estoy feliz por vosotros, realmente lo estoy. Y es bonito ver como Luciano ama a alguien sin que le duela hacerlo.- Se echó el pelo para atrás de nuevo, una manía que había cogido en la universidad.- Me alegro por los dos. Nunca te había visto tan feliz como ahora. Sonríes más. Os queds bien.- Le guiño el ojo, yendo hacia su sitio en la tercera fila.

Kuro solo se quedó mirando al vacío. ¿Había cambiado mucho su vida Luciano?

Oh sí, lo había hecho.

Y a Kuro, a pesar de no gustarle los cambios, no le importaba en lo más mínimo.

Empezó a abrir y cerrar sus manos para que sus dedos no se engarrotasen, con cuidado de no arrugar demasiado sus guantes, hasta que sonó la música.

No era la canción de boda típica, era una sencilla, como esa ceremonia, Luciano la había elegido, y por consiguiente, Kuro había elegido la de su primer baile.

Cuando Kuro levantó la mirada, se quedó sin aliento.

Luciano llevaba un traje totalmente blanco, con bordados rojos y negros, una parte de su flequillo estaba tras su oreja y, a pesar de que no se había puesto maquillaje, parecía que había salido de una revista de moda prestigiosa.

Kuro sintió sus piernas flaquear ante la belleza andante. Por el amor a los cielos, se iba a casar con un auténtico Dios.

Oliver se inclinó hacia él y le susurró: -Eres un suertudo.

Tenía tanta razón.
Los pasos de Luciano eran lentos pero largos, y en menos de lo que Kuro quería para admirar a su por ser esposo, estaba a su lado, con una sonrisa tímida que iluminaba su rostro.

El inglés sonrió, se aclaró la garganta y comenzó su discurso, pequeño para no alargar más de lo necesario la ceremonia, antes de proceder a los votos de los novios, a pesar de no ser cristianos, habían sido de corazón.

-Luciano... He tardado muchísimo en escribir mis votos, porque no sabía como expresarme realmente aquí. Ahora que lo pienso, no los necesitaba realmente. Tienes razón, soy un desastre.- La sala rió por sus palabras, y a pesar de que todo el cuerpo de Kuro temblaba, siguió hablando.- Te amo. Nunca pensé que podría enamorarme de una persona de esta manera, mucho menos casarme algún día. Hace mucho te comenté que no creía en el matrimonio porque me parecía un lazo innecesario entre dos personas, y a pesar de que esto suena a cliché, siento nerviosismo y alegría por algo en lo que antes no creía.- Respiró hondo y se aclaró la garganta.- Dios, me están temblando las piernas.- Luciano rió.- No puedo prometer nada del futuro, porque nada es seguro en esta vida, pero puedo jurarte que te amo, que no te haré daño nunca y que no me perdonaré si alguna vez lo hago, que seguiré dejando los platos sucios en el lavabo a pesar de comprar un lavavajillas, que me olvidaré de comprarle comida a los gatos y al perro todas las semanas, que haremos noche de pizza y película todos los domingos, que te besaré siempre que me lo pidas, que intentaré animarte cuando estés triste, y que, aunque alguna vez lo olvide, recuerda que te amo.

Luciano tenía lágrimas en sus ojos, y tuvo que secarlas con su mano.

Media sala estaba ya llorando mientras reía, y otra simplemente sonreía ante los votos sinceros.

-Yo...- Comenzó el italiano.- Es difícil superarte, siempre, y lo sabes. En cierta forma es una de las tantas cosas que adoro de ti.- También respiró hondo, tratando de que las lágrimas se fueran.- Mis votos están tan poco preparados como los tuyos, pero espero encontrar las palabras indicadas para improvisarlos.- Se mordió el labio, y Dios, Kuro amaba cuando hacía eso.- Yo... Tampoco puedo prometerte nada del futuro porque me cuesta mantener las promesas por mucho que odie eso... -Puso los ojos en blanco, dando una pequeña risa.- Pero, juro que te amo, que pondré los ojos en blanco sin darme cuenta cuando seas sarcástico, que confundiré todo los nombres de tus libros, que nunca sabré que movimiento hacer en los videojuegos, que te obligaré a hacer la cena fingiendo que me he dormido... Que te dejaré entrar cuando esté triste, que te diré la verdad sobre lo que siento, que aceptaré todos tus besos robados y que te besaré la frente y te pondré una manta cuando te duermes trabajando porque siempre se te olvida que tenemos una cama.- La sala rió de nuevo, en lágrimas junto a Kuro.- Que no miraré tu cajón de los recuerdos sin que tú me lo enseñes, que compartiré mi parte del helado cuando vea que tengas hambre y que seguiré acurrucándome contigo aunque sea verano.

Oliver, quien tenía los ojos y la nariz rojos y una sonrisa enorme habló.- Kuro Honda, ¿aceptas a Luciano Fiorello Vargas como tu esposo, para amarlo y respetarlo, hasta que alguien más guapo y rico venga y se vaya con él?

La sala rió, y Kuro se recordó no invitar a Oliver a ninguna reunión más.- Acepto.- Puso el anillo definitivo en la mano temblorosa de Luciano.

-Luciano, ¿aceptas a Kuro Honda, para amarlo y respetarlo, hasta que muera de un infarto al pasarse veinticuatro horas jugando videojuegos sin parar?

Luciano sólo rió con una sonrisa enorme y asintió con la cabeza.- Sí, aceptó.

-Entonces, por el poder que me han dado los certificados natrimoniales de una página catalogada como poco segura en Google, yo os declaro marido y marido. Podéis sellar el matrimonio con un beso.

Kuro nunca se había sentido tan satisfecho y feliz por un beso, un delicioso beso con lágrimas de alegría, coreado por aplausos y vítores de sus amigos y familiares.

-Te amo.- Susurró el italiano sobre sus labios.

'Dios.' Pensó Kuro. 'Estoy tan enamorado.'